Después de haber probado una vez, todas las noches de esa semana las dedicaron a estar juntos de esa manera. Mientras de día paseaban y tenían citas, en la noche podían ser uno de la manera que más les gustaba, debían aprovechar ahora, ya que cuando los Yuris llegaran ya no habría tanta facilidad para poder hacer esas cosas.

Víctor se debatía entre sí contarle a Yuuri sobre lo sucedido o no, sabía que este lo entendería mejor que nadie, pero que también ahora lo miraba con ojos de padre además de los de amigo y no quería algún tipo de regaño de su parte. Al final decidió que si siempre le contaba todo, sería estúpido ocultar un acontecimiento tan importante, después de todo ya estaba hecho y no podría deshacerlo aunque los demás quisieran.

La semana se le pasó rápidamente al platinado, sintiendo como su cuerpo y rutina diaria iban acostumbrándose a su novio, el problema vendría al separarse, ya que nuevamente no se verían tan seguido debido a los estudios y otras actividades, pero tendría que saber cómo lidiar con eso.

La última semana que estuvieron en Rusia, la utilizaron para aprovechar el tiempo con Nikolai además de tener una que otra salida nocturna sin la preocupación de que Víctor esperara en casa. El rubio llamó a diario a su hijo para saber lo justo y necesario, no tenía ganas de enterarse sobre detalles ni cosas que lo llevaran a imaginar a su hijo en situaciones que para él se tornaban repulsivas, ya que era su sangre. Por su parte Yuuri hacía dos video llamadas diarias a su pequeño donde le daba los "buenos días" y las "buenas noches".

El japonés no le había dicho a Víctor, pero ya notaba lo que saltaba a simple vista, como que dormía con la camiseta de Otabek o que siempre se escuchaba la voz del moreno cerca cuando respondía, por lo que se notaba que estaban en la misma cama, además de las marcas rojizas en el cuello del platinado que denotaban algo más que solo besos inocentes.

A Yuuri no le importaba mucho, sabía que esto pasaría y Otabek se veía como un buen chico aún si no duraban para toda la vida, sería una hermosa experiencia y un feliz recuerdo al final.

Por otro lado, el azabache se alegraba de conocer más sobre Yuri cuando bebé y niño, viendo álbumes familiares que el abuelo había conservado y que el rubio se avergonzaba de que existieran. Nikolai por su parte se sentía feliz de ver que su nieto tenía una buena pareja y se daba cuenta no por cómo era Yuuri, sino por como era su Yuratchka cuando estaba con Yuuri, porque si una persona podía volver al feroz tigre un tierno gatito con solo una par de palabras, significaba que era adecuada para su nieto.

El abuelo no solo aceptó a Yuuri como novio de su joven rubio, sino que también lo ayudó con un plan que este fue armando en a medida que su estadía en Rusia se iba acortando— abuelo, necesito que lo distraigas para poder organizar todo.

Ya me lo has dicho diez veces, Yuratchka, solo ve y déjame el resto a mi —respondió cinco días antes de que los chicos tuvieran que marcharse y es que su nieto ya le había pedido ese favor varias veces, pero nunca concretaba el plan, ya que nunca dejaba solo al japonés. Esta vez sí cumplió y se escabulló mientras Nikolai hablaba con su novio para distraerlo.

¿Dónde está Yura? —preguntó como si intuyera que algo sucedía, pero el abuelo tenía experiencia ocultando secretos.

Le pedí que fuera por unos encargos y no quiso dejarme solo, por eso salió sin avisarte, muchacho —el japonés entendió a lo que se refería, ya que no se despegaba del rubio nunca y si sabía que saldría, este lo hubiese acompañado.

Esperaron todo el día, el abuelo diciéndole que el encargo era lejos porque era en la casa de un amigo que no veía hace mucho y Yuuri no creyendo que un hombre tan bueno como Nikolai pudiera mentirle, simplemente se dejó convencer. En la noche el rubio llegó con un paquete para Nikolai el cual se lo llevó a su habitación para abrirlo, no había nada más que unos dulces dentro ya que Yuri debía llegar con algo para no hacer que su novio sospechara.

Tres días antes de que su estadía en Rusia llegara a su fin, Yuri ya tenía todo listo. Había contactado con la familia del japonés y Vitya, además de enseñarle a su abuelo a usar correctamente el teléfono para lo que planeaba y es que quería que todos supieran lo que sucedería.

El rubio invitó a Yuuri a una cita, una nada fuera de lo común ya que era un almuerzo en un restaurante y era algo que esos días habían hecho seguido, solo que esta vez estaban sin Nikolai. El abuelo había dicho que necesitaba descansar un poco más ese día y los Yuris le dieron su espacio, el japonés pensaba que era normal, ya que habían invadido en cierto modo su casa y Nikolai estaba acostumbrado a vivir solo.

¿Por qué tan lejos? —Preguntó el japonés al ver que no iban a un restaurante de la localidad— ¿A dónde me raptas, Plisetsky? —interrogó bromeando.

Oye, katsudon, no arruines la sorpresa —respondió con una sonrisa ladina en el rostro— solo quiero que conozcas un poco más, es todo.

Comieron con normalidad, entre risas y comentarios sobre el lugar, además de que Yuuri comentara lo mucho que le gustaba Rusia y que le parecía un lindo lugar para ir de vez en cuando. La comida pasó en un abrir y cerrar de ojos, pagaron la cuenta y el ruso le dijo a su novio que le tenía una sorpresa, por lo que Yuuri internamente se entusiasmó. Volvieron a viajar, llegando a un lugar con globos aerostáticos que tenían forma de corazón, parecía demasiado meloso como para que fuera la idea de Yuri, pero el azabache se sorprendió al darse cuenta de que en verdad el rubio tenía planeado que subieran juntos a uno.

Una vez arriba del canasto, Yuri puso su celular bien asegurado en un lugar del globo que era para eso, activando en las redes sociales la sección donde se podía grabar en directo y así todos sus conocidos que estuvieran conectados verían el viaje también. Más bien, las reacciones de quienes realizaban la actividad.

Yuuri admiró el paisaje una vez que el globo iba aumentando la altura, observando con detenimiento todo el lugar mientras el rubio apuntaba lugares y le explicaba cómo se llamaban y alguna característica de este—para la próxima, me toca mostrarte Japón —le dijo a su novio con una hermosa sonrisa en los labios y es que casi nunca viajaba a su país natal, pero pensaba que debía ser hermoso ir con las personas que mas amaba.

Un sonrojo adorno las mejillas del rubio al escuchar aquello— me parece perfecto —respondió, ambos lado a lado mirando la lejanía mientras pensaban en cosas totalmente distintas, pero que llegaban al mismo punto. Estaban felices de estar junto al otro y no quería separarse nunca— entonces la próxima vez será en nuestra luna de miel ¿Qué te parece? —soltó de repente Yuri, nuevamente asumiendo que la respuesta sería afirmativa a una pregunta que nunca realizó.

Yuuri lo miró al principio como si no entendiera lo que decía, hasta que sus ojos se encontraron con los verdes y el rostro serio de su novio le confirmó lo que pensaba. Esto no era un juego— Yura, tú…

Como si fuera una película, el ruso sacó de su bolsillo una cajita de terciopelo negro, la abrió y dentro de ella un hermoso anillo de compromiso yacía ahí— Yuuri Katsuki ¿Tendrías el honor de ser mi esposo? —Preguntó sonriendo al ver la cara llena de asombro del japonés— ¿y soportarme por el resto de nuestras vidas?

Yuuri cubrió su rostro con ambas manos, mientras lágrimas de felicidad se deslizaban por sus mejillas. Solo Yuri podía hacer una proposición tan hermosa a su pareja del mismo sexo en un país tan homofóbico. Asintió con la cabeza para luego sentir como una de sus manos era jalada con poca sutileza.

Responde correctamente, nuestro hijo, padres y abuelo están viéndonos —habló q la vez que apuntaba el celular y solo entonces Yuuri cayó en cuenta de que había más de un involucrado en toda esta situación.

Acepto aguantar tu mal humor, por siempre —respondió lanzándose a los brazos de su prometido quien lo recibió con gusto para luego apartarlo y ponerle el anillo. Ahora era suyo y lo sería para siempre una vez que se casaran.

Fuera de ese globo, en un país diferente, unos padres lloraban de felicidad al ver que su hijo iba a casarse y tener una familia que jamás pensaron lograría obtener. Se sentían llenos al poder ver a su hijo tan feliz.

Por otro lado, Víctor alegaba a su novio el poco romanticismo de su padre y de que si seguía así él mismo arruinaría su boda y conseguiría un mejor novio para Yuuri, a lo cual el moreno solo reía internamente. Se notaba que Vitya amaba demasiado a su segundo padre y solo quería lo mejor para él, pero no se daba cuenta que Yuuri podía ver a través de las palabras del rubio y rescatar el amor que había en ellas.

Nikolai había aprendido a llegar desde su celular al lugar desde donde podía ver la grabación en directo, se sentía orgulloso de que su nieto estuviera comprometido, aunque no fuera la manera más amorosa. Así era su Yuratchka y así lo amaba su nuevo nieto, Yuuri, nada más importaba en esos momentos, ya que eso era algo solo de ellos dos y si estaban bien con la situación nadie tenía porque criticar, ni las palabras, ni el cómo se realizó.

Ambos Yuris aprovecharon de saludar a los Katsuki en Japón, prometiendo una pronta visita. Ambos Yuris imaginando lo mismo… adoptar una niña japonesa no se veía nada mal, después de todo ya tenían a un pequeño y revoltoso ruso en sus vidas.

࿂Continuará࿂