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Strength..!
Alec se había quedado en shock mirando la escena e imaginando todo tipo de situaciones horribles que podría estar sufriendo Magnus en ese momento. Jonathan lo tenía, lo tenía a él y al resto de representantes Subterráneos. Sintió que sus ojos comenzaban a picarle e intentó ocultar sus lagrimas, pero no podía moverse. Seguía mirando la silla donde debía sentarse el Brujo deseando con todas sus fuerzas que de pronto hubiese una explosión de purpurina y Magnus apareciera diciendo una de sus típicas bromas sarcásticas hacia la Cónsul.
Robert se había acercado a toda prisa a hablar un segundo con Jia. La familia Lightwood había estado tan distraída con la situación de los Wayland que no se habían preocupado porque Jace no llegara a dormir. Habían asumido que se había quedado con Clary. Y ahora se enteraba que los representantes Subterráneos no habían sido los únicos atacados la noche anterior. Robert regresó hacia su hijo a paso rápido y sacó a Alec de la sala del Gard casi arrastrando. El chico seguía ido pensando en Magnus. El mayor giró a Alec bruscamente para que reaccionara y lo mirara a los ojos.
-Hijo, escúchame- dijo Robert firmemente- necesito que vayas a casa y...
-Alec!- Jace entró en el Gard en ese instante, seguido de la pelirroja y Simon.
-Se puede saber en dónde te metiste anoche?!- saltó Robert al ver a su hijo rubio acercarse a ellos trotando.
-Gracias al Ángel, estaba con Clary. Quien sabe lo que Jonathan le habría hecho si no...
-Por qué no fuiste a decirme todo inmediatamente, un mensaje de fuego a Jia no es suficiente!- lo regañó el hombre.
-De verdad es el momento de discutir mi falta de responsabilidad? Que sucedió aquí? Por qué tanto alboroto?- preguntó el rubio mirando hacia donde estaba Jia, discutiendo con otros dos Cazadores de Sombras.
-Magnus...- murmuró Alec en voz baja.
-Qué?- Jace se acercó a su Parabatai y puso una mano sobre su hombro, notando por primera vez lo pálido y preocupado que se miraba.
-Cazadores de Sombras, silencio, por favor!- la voz de Jia se escuchó por toda la sala como si hubiese utilizado un micrófono. Robert se apresuró a acercarse a ella, siendo el Inquisidor sustituto tenía que ayudarla. Todos los presentes guardaron silencio y pusieron atención- a pesar de los comentarios que han hecho, no, esto no es una venganza. No tuvimos éxito ni en el ataque al Instituto de Londres ni en la batalla en la Ciudadela. El Instituto de Londres estaba protegido de una forma que ni siquiera nosotros comprendemos. Y en la ciudadela Jonathan asesinó a 30 de nosotros e hirió a 10, él apenas si perdió a 15 Oscurecidos.
-De no haber sido porque Jonathan atacó a Jace y el Fuego Celestial se hizo presente, estoy seguro de que los Oscuros hubiesen acabado con nuestra tropa- siguió Robert- fuimos muy conservadores con el numero de guerreros que enviamos a luchar. Hemos estimado que Jonathan Morgenstern ahora cuenta con al menso 400 guerreros Oscurecidos. Si atacamos ahora, con todos los Cazadores de Sombras que somos, él perderá.
-Entonces debemos atacar antes de que incremente su ejército- exclamó Diana Wrayburn desde una esquina de la habitación.
-No podemos atacar lo que no podemos encontrar- dijo Jia, mirando a la mujer- y Jonathan está muy bien escondido, por ahora su mejor estrategia es atacarnos por grupos. Esperar a que enviemos a un grupo a cazar algún demonio o cazarlo a él. No podemos separarnos, no podemos dejar Idris, eso es lo que él quiere.
-Eso haremos entonces? Quedarnos aquí mientras él esta allá afuera? Nos esperará lo que sea necesario, él no es quien está atrapado- dijo Nasreen Choudhury.
-Por suerte para nosotros, sabemos que Jonathan no tiene tanta paciencia- respondió Jia- tenemos que suponer que atacará, y cuando lo haga, lo superaremos en número.
-No podemos basar nuestro futuro en su paciencia- apuntó Lazlo Balogh, del Instituto d Budapest- dejamos los Institutos, dejamos nuestros hogares! Sin nosotros quien protegerá el mundo? Tenemos una obligación, una orden del cielo. No podemos hacerlo dese Idris.
-La reunión de hoy era para tratar ese tema con los representantes Subterráneos- respondió Robert- ellos son los que siguen allá afuera, son los que pueden ayudarnos. Pediríamos su cooperación para mantener los Acuerdos. El Consejo lo pediría esta mañana...
-Pues buena suerte con eso, teniendo en cuenta que los representantes Subterráneos han desaparecido- dijo Josiane Pontmercy. La sala quedó en silencio ante la declaración de la mujer. Alec se tensó notoriamente y Jace le tomó la mano firmemente para darle apoyo moral.
-Eso no lo sabemos- aclaró Jia- tenemos guardias buscándolos ahora y...
-Jonathan ha escrito justo frente a sus asientos!- gritó un hombre moreno que tenía un brazo vendado- Veni. Nos ha atacado justo en el corazón del Gard! Es una amenaza clara!
-Pero no nos atacó a nosotros- lo interrumpió Diana- atacó a los representantes Subterráneos.
-Atacar a nuestros aliados es atacarnos a nosotros- dijo Robert firmemente.
-Ni siquiera sabemos que les ocurrió!- saltó un hombre entre la gente- podrían estar perfectamente...
-Entonces, por qué no están aquí?- preguntó Alec en voz alta y clara. Jace se sorprendió al escucharlo alzar la voz. Alec miraba al hombre con ojos furiosos- ellos son miembros del Consejo y tienen todos los derechos que eso conlleva!
-Alec tiene razón, no podemos...- Jia se interrumpido por un jadeo de sorpresa. Uno de los guardias que Jia tenía a su espalda la había atrapado por el brazo y había puesto un cuchillo en su garganta. Todos los presentes exclamaron sorprendidos.
-Nefilim!- gritó el hombre que había sujetado a Jia. Bajó su capucha y todos pudieron ver los ojos vacios y las marcas rojas de los Oscurecidos- permanezcan en donde están o su Cónsul morirá!- todos soltaron un grito alarmado al ver que un hilo de sangre salía del cuello de Jia, ahí donde la hoja del cuchillo tocaba la piel- silencio! Óiganme, Cazadores de Sombras! Nadie está seguro, ni siquiera los mensajeros del cielo. Tal es el alcance de la Copa Infernal y de aquel que la sostiene.
-Que quiere?- preguntó Robert, mirando a Jia angustiado- el hijo de Valentine, que quiere de nosotros?
-Oh, quiere muchas cosas- respondió el Oscurecido- pero por ahora se conforma con que le entreguen a su hermana y a su "mejor amigo". Clarissa Morgenstern y Jace Herondale. Así evitaran el desastre.
-Somos Nefilim- dijo Robert fríamente- no comercializamos con los nuestros.
-Nosotros tenemos en nuestra posesión a cinco de sus aliados- fue la respuesta del Oscuro- Meliorn de los seres mágicos; Raphael Santiago de los hijos de la noche; Luke Garroway de los hijos de la Luna; Jocelyn Morgenstern de los hijos del Ángel; y Magnus Bane de los hijos de Lilith. Si no nos dan a Clarissa y Jonathan, sus aliados sufrirán una muerte dolorosa. Y cuando el mundo Subterráneo se entere que sacrificaron a sus representantes por no querer entregar a los suyos, se volverán en su contra. Dudo que puedan luchar contra nosotros, los de la Copa Infernal, y todos los Subterráneos unidos.
Alec pasó saliva pesadamente, apretando la mano de Jace que seguía sosteniendo. Entregar a Jace para que Magnus volviera sano y salvo? Elegir entre su Parabatai y su pareja. Era una elección imposible.
-Es un estúpido- saltó Kadir desde en frente- ningún Subterráneo nos culpará por no entregar a nuestros niños a ese asesino!
-Oh, pero no los matará, tienen su palabra- dijo el Oscuro con una sonrisa fría- Clarissa es su familia, y Jace... él sabe lo que hizo. Solo quiere tenerlos a su lado, no los dañará.
Jace se giró hacia Clary y le acarició la mejilla suavemente, la pelirroja lo miró confundida. Con un último apretón a la mano de Alec, Jace de adelantó rápidamente hacia donde estaba el Oscuro.
-Yo iré!- gritó el rubio y su voz resonó en el silencio de la sala- iré voluntariamente con Jonathan. Pero deja a Clary fuera de esto. Permite que se quede y llévame solo a mí.
-Jace, no- exclamó Alec, pero su voz se perdió entre el montón. Todos habían alzado la voz ante la declaración de Jace. El rubio se plantó frente al Oscuro con las manos en alto, mostrando que no llevaba armas consigo. Pero el hombre simplemente soltó una risotada.
-No habrá trato sin Clarissa- dijo- Jonathan exige tenerlos a los dos.
Jace cerró los puños con furia. Eso era ridículo. Jonathan solo los quería junto a él para sus retorcidos juegos mentales. No se preocupaba por ellos, no se preocupaba por los Oscuros, lo único que le importaba era el poder y lo que podía hacer con el. Escuchó un forcejeo detrás de él y se giró para mirar a Clary. Simon la sujetaba del brazo, deteniéndola. Supo lo que la chica planeaba de inmediato. Negó con la cabeza firmemente y formuló un "No" con los labios.
-Danos tiempo- dijo Robert- al menos algo de tiempo para votar.
-Tiempo? Por qué les daría Jonathan tiempo?- preguntó el Oscuro al tiempo que apartaba el cuchillo del cuello de Jia y lo sostenía en alto, listo para enterrarlo en el pecho de la Cónsul. Un sonido seco y agudo cortó el aire. Jace vio algo brillante pasar junto a él, oyó el sonido de metal contra metal cuando una flecha se estrelló contra el cuchillo en la mano del Oscurecido, haciéndolo soltarlo. Giró su cabeza y vio a Alec con su arco en alto, la cuerda aun vibraba.
El Oscuro soltó un gruñido furioso y se tambaleo hacia atrás con la mano sangrando, la flecha había rozado sus dedos. Después todo sucedió muy rápido. Jace se había hecho con un cuchillo serafín y lo había encendido mientras avanzaba intentando llegar al Oscuro, pero sintió a alguien taclearlo por la espalda. Al girarse para gritarle a quien lo había detenido, se detuvo al ver los preocupados ojos azules de su Parabatai, que lo abrazaba por la cintura. En ese momento, el estrado en donde el Oscuro y Jia estaban de pie comenzó a incendiarse. La Cónsul saltó del estrado rápidamente para salvarse.
-Dos días, Nefilim! Tienes dos días para decidir su destino! Y luego todos arderán! Arderán con los fuegos del Infierno y las cenizas de Edom cubrirán sus huesos!
Todos se quedaron en silencio, mirando y asimilando sus palabras. Las llamas fueron consumiéndose poco a poco, terminando por rodear el mensaje de Jonathan, que seguía claro frente a las sillas de los representantes Subterráneos. VENI. He llegado.
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El grupo de adolescentes había vuelto a la casa de los Lightwood. Después de explicar todo lo que había pasado a Maryse, esta salió rápidamente a explicarle las cosas a Michael y a mandar a Izzy de vuelta a casa. También se había llevado a Max con ella. El niño estaría a salvo y, tenía que admitirlo, estorbaba menos estando con Michael y John. Todos se quedaron en la sala, Simon y Clary hablaban en voz baja mientras Alec ponía un par de Iratzes a Jace. Su tacleada había lastimado a su Parabatai más de lo que había previsto.
-No puedo creer que me rompieras la muñeca- dijo Jace extendiendo su brazo y dejando que Alec lo marcara.
-Torcida. Te la torcí, no rompí- se excusó Alec sin perder la concentración en el Iratze.
-Pero fue un muy buen tiro- dijo Jace en voz baja- diste justo en el cuchillo del Oscuro desde bastante lejos, y eso que el hombre no dejaba de moverse. Un tiro limpio, ni siquiera rozó a Jia.
-Estaba motivado- dijo Alec, terminando el Iratze y bajando la mirada mientras guardaba su estela. Jace se giró a mirarlo. Magnus. A pesar de que su Parabatai había peleado con el Brujo, estaba seguro de que eso no significaba el fin de la relación. Era una pelea normal de pareja. Alec estaba preocupado por Magnus, y tenía que aceptar que él también lo estaba.
-Alec, iré- dijo firmemente mirando los ojos ensombrecidos de su Parabatai- sabes que iré.
-Crees que eso me tranquiliza? Que te entregues a Jonathan?- preguntó Alec negando con la cabeza.
-Tal vez sea la única forma de salvar a Magnus- dijo Jace seriamente. Alec sabía que su Parabatai estaba dispuesto a lo que sea con tal de verlo bien, de evitarle más dolor y sufrimiento. Pero esa vez no podía hacer nada. Alec no podía elegir entre perder a su Parabatai o a su pareja, era simplemente imposible, sufriría de ambos modos.
-No eres solo tú, Jace. Estas dispuesto a intercambiar la vida de Clary también?- preguntó el ojiazul. Jace sintió que le enterraban una daga en el pecho.
-No, no podría hacer eso- respondió Jace, bajando la mirada, sintiéndose una vez más impotente al no poder ayudar a su Parabatai.
-Y yo no te pediría que lo hicieras- aclaró Alec- esto es lo que Jonathan quiere. Ponernos los unos contra nosotros para separarnos. Grupos pequeños, recuerdas? No podemos permitirlo.
-Desde cuando eres tan sabio?- preguntó Jace con una risa seca y burlona. Alec también sonrió.
-El día que yo sea sabio será el día que dejes de ser imprudente- le dijo Alec. Jace estuvo por discutir, pero en ese momento la puerta se abrió e Izzy entró a toda prisa, seguida por una pequeña rubia que llevaba una espada atada a la espalda.
-Emma?- preguntó Clary al ver a la chica.
-Isabelle, secuestraste a Emma Carstairs?- preguntó Jace, todos se acercaron en la sala, juntándose entre sí para escuchar.
-No secuestré nada. Me la encontré trepando hacia el segundo piso de la casa- explicó Izzy, cruzándose de brazos y mirando a la menor. Emma se sonrojó solo un poco.
-Pensé que estaban arriba- dijo Emma, mirando a Clary.
-Y decidiste no tocar la puerta por...?- preguntó Jace alzando una ceja.
-Déjala, Jace. Que sucede, Emma? Por qué viniste hasta acá?- preguntó Clary, indicándole a la rubia que se sentara a su lado.
-No se supone que tu y los chicos Blackthorn no tienen permitido salir? Es peligroso- preguntó Alec cruzándose de brazos. Emma lo miró y pasó saliva. Alec era el único que estaba de pie, y era muy alto, ella se sentía aun más pequeña junto a él- no te asustes, no voy a acusarte.
-No estoy asustada- dijo la pequeña rápidamente. Alec le sonrió cariñosamente, como un hermano mayor mira a los menores- vine aquí por que necesitan ayuda, y yo tengo información.
-Qué tipo de información?- preguntó Jace, mirando cómo, inconscientemente, los labios de Emma se curvaban hacia arriba al pensar que estaba ayudando a los mayores a salvar el mundo.
-Ese hombre, el que atacó a la Cónsul, lo reconocí. Estuvo en el ataque al Instituto de Los Ángeles- explicó Emma pasando saliva pesadamente- dijo ese nombre otra vez, el nombre del lugar donde arderíamos, Edom...
-Es otro nombre para el Infierno, no es un lugar real- aclaró Alec. Emma lo miró y negó con la cabeza.
-Es un lugar real- afirmó la chica- los escuché cuando atacaron el Instituto. Una de ellos dijo que llevarían a Mark a Edom para sacrificarlo. Lo mencionaron varias veces, hablaban de el como si fuera un lugar real.
-Edom- repitió Clary mirando a los demás. Jace y Alec se miraron un segundo antes de que el ojiazul saliera a paso rápido rumbo al estudio de sus padres, donde guardaban los libros.
-Emma, le has dicho esta información a alguien más?- preguntó Jace seriamente. La niña se mordió el labio antes de negar con la cabeza- por qué no?
-La Clave me ha decepcionado- declaró Emma firmemente- de demasiadas maneras en tal solo un par de días, ya no confío... nosotros nos estamos quedando con los Penhallow, escuche a Jia y Patrick y a otros mientras hablaban. Discutían sobre si debían entregar a Clary y Jace, como si ellos tuvieran derecho a esa decisión.
-Clary y Jace se entregaron. Prácticamente les rogaron que los entregaran...
-Pero no es su decisión!- interrumpió Emma a Simon- no tienen porque discutirlo como si tuvieran voto. No tenían por que habernos sometido a la Espada Mortal. No tienen porque ignorar la muerte de mis...
Emma se quedó en silencio y los demás no la presionaron. Alec regresó a la sala en ese momento con un libro en las manos, le hizo una seña a su Parabatai y Jace supo que había encontrado algo. Izzy se acercó a su hermano rápidamente, ante la curiosa mirada de Emma.
-Los que discutían sobre si entregarnos a Clary y a mí, dijeron cuando? Mencionaron alguna otra cosa?- preguntó Jace, intentando distraer a la pequeña.
-No, no dijeron nada de eso, pero seguían discutiendo cuando me fui- explicó Emma. Izzy y Alec hablaban en cuchicheos y ahora Simon también los miraba curioso.
-Gracias por decirnos a nosotros esta información, Emma. Es de gran ayuda. Muchísima ayuda a decir verdad. Pero creo que ya debes volver, comenzaran a preguntarse donde estas- dijo Jace mirando a la chica con una sonrisa. Emma miró a Clary y la pelirroja asintió. Soltando un pequeño suspiro, Emma se puso de pie y, con una última curiosa mirada al libro que sostenía Alec, salió de la casa de los Lightwood y comenzó a trotar calle arriba hacia la de los Penhallow.
-Entonces? Le contaremos a Jia lo que nos dijo Emma?- preguntó Clary, girándose hacia los demás una vez que vio a Emma por la ventana girar en una esquina.
-Eso depende, tenemos tres opciones- respondió Jace, poniéndose de pie y yendo hacia los hermanos Lightwood- uno, si Jia y los demás no quieren entregarnos entonces nos encerraran en una jaula hasta que Jonathan decida venir por nosotros. Dos, si Jia y los demás deciden entregarnos entonces no hay más que hacer. Tres, podríamos utilizar esta información para nosotros, si es que sirve de algo. Alec?
-Edom es el nombre de uno de los reinos demoniacos- explicó Alec- la Biblia y los textos Enochianos mencionan a Edom como un páramo sombrío, aquí- dijo señalando una de las páginas del libro- hay muchas leyendas sobre Lilith y Edom; que su destierro fue en ese lugar, que gobierna junto al demonio Asmodeous.
-Lilith protege a Jonathan- dijo Clary- si fuera a algún reino demoniaco, sería el suyo.
-Pero no hay forma de viajar a los reinos demoniacos- dijo Jace negando con la cabeza- usar portales de un lugar a otro en este mundo es una cosa, pero...
-Creo que hay un modo- dijo Alec y todos se giraron a mirarlo- es un camino que no ha sido cerrado porque esta mas allá de la jurisdicción de nuestras leyes. Es antiguo, mucho más que los Cazadores de Sombras. Está en la corte Seelie y lo vigilan los seres mágicos. Ningún humano ha puesto pie ahí en más de cien años.
Todos se quedaron en silencio ante las palabras de Alec. El ojiazul cerró el libro y lo dejó sobre la mesita de centro. Izzy se mordía sus ya destrozadas uñas con la mirada fija en Jace, que se paseaba por la sala pensando en sus opciones. Clary también lo miraba, preocupada, Jace caminaba de un lado a otro mientras abría y cerraba los puños, murmurando para sí.
-No hay otra forma de llegar? Un portal?- preguntó Jace a Alec.
-No somos demonios. Y los portales solo nos transportan en una dimensión.
-Y que hay de Clary? Puede experimentar con las runas...
-No pienso hacerlo- aclaró rápidamente la pelirroja- no los arriesgaré.
-Bien, bien, de acuerdo- dijo Jace dando otro par de vueltas por la sala antes de mirar a Clary de nuevo- puedes abrir un portal a la corte Seelie, verdad?
-Si- respondió ella- eso sí puedo hacerlo, he estado ahí. Pero no nos han invitado, ya sabes que a las hadas no les gustan las incursiones en su territorio, estaríamos a salvo?
-Nada de plural, voy a ir solo- dijo Jace firmemente. Alec se puso de pie, furioso, y se acercó a Jace.
-Lo sabía, joder! Que lo sabía! Y no. De ninguna manera te voy a dejar ir solo- dijo Alec cruzándose de brazos. Jace parpadeó un par de veces, confundido.
-Desde cuando dices "joder"?- preguntó el rubio.
-Desde que la maldita situación lo amerita, "joder"!- repitió Alec- yo pensaba que le daríamos esta información a la Clave.
-No podemos perder el tiempo tratando de convencer a la Clave- le dijo Jace- sabes que nos escucharan, lo discutirán, harán una junta, votarán, y elaborarán un plan. No tenemos tiempo. Luke, Jocelyn, Raphael y Magnus no tienen tiempo.
-Sé lo que estas pensando, Jace- le dijo Clary con dolor en la voz- piensas que al tener el Fuego Celestial en ti, eres el único que puede contra Jonathan. Y te preocupas por mi mamá y los demás. Dime, si tu estas luchando con Jonathan, quien los ayudará a ellos? Quién los va a liberar?
-Yo los...
-En cuanto Jonathan se dé cuenta de que estas ahí por él, va a ordenar a sus oscuros que ataquen a los prisioneros. Es la base de todo villano de película- dijo Simon- es un milagro que les concediera dos días de vida en lo que la Clave pensaba sus opciones.
-Voy a...
-No me voy a quedar aquí parado mientras Magnus corre peligro- dijo Alec con voz fría y adulta, todos lo miraron- ve sin mí y violaras todos nuestro juramento Parabatai, me ofenderás como Cazador de Sombras y no respetaras el hecho de que esta también es mi guerra- Jace lo miró asombrado- no tienes que protegerme, no esta vez.
-Alec, nunca violaría nuestro juramento. Eres uno de los mejores Cazadores de Sombras que conozco...
-Y por eso iremos contigo- lo interrumpió Isabelle- nos necesitas a Alec y a mí para cubrir tu espalda, como siempre hemos hecho. Necesitas el poder de las runas de Clary, y la fuerza de Simon. Esta no es solo tu guerra, Jace. Se metió con los padres de Clary, con los amigos de Simon, le arrebató a Magnus a Alec, hirió a mi John. Esta guerra es más importante para nosotros cinco, Jace. Lo sabes.
Todos se quedaron en silencio ante la declaración de Isabelle. Jace los miró a todos. Simon tenía una mano sobre el hombro de Clary, ambos lo miraban con seriedad. Isabelle tenía los ojos brillantes, llenos de lagrimas, pero su expresión era decidida, lista para atacar en cuanto dieran la señal. Alec... nunca había visto esa expresión en el rostro de su Parabatai. Alec usualmente se mantenía al margen de las cosas, cabeza baja, mirada preocupada, intentaba hacer que su cuerpo se viera más pequeño, ocultarse y pasar desapercibido. Ahora, Alec estaba erguido, con los hombros tensos y los puños fuertemente cerrados. La determinación y el coraje en su expresión era casi palpable. Jace sintió que su corazón se aceleraba al verlo. Alec estaba dispuesto a salir de su burbuja por Magnus. El Brujo lo necesitaba y Alec estaba dispuesto a dejar todos sus miedos e inseguridades a un lado con tal de ir a ayudarlo.
-Gracias- murmuró Jace, aclarándose la garganta- de acuerdo, es hora de movernos. Pónganse sus trajes de combate, tomen mochilas y prepárense para un viaje por tierra: agua, algo de comida, estelas, armas y de mas. Y tu- dijo señalando a Simon antes de seguir a Alec escaleras arriba- se que no necesitas comida, pero deberías llevar sangre embotellada, no creo que haya nada que puedas... comer, allá a donde vamos.
-Siempre estarán ustedes- dijo Simon con una pequeña sonrisa. Todos lo miraron con ojos entrecerrados, el vampiro se aclaró la garganta- tengo reserva de sangre en casa de Raphael.
Todos salieron disparados en direcciones diferentes. Diez minutos después, todos volvían a la sala, armados y con mochilas al hombro. Clary se movió rápido, tenía que sacarlos de Idris antes de que cualquier adulto pudiera detenerlos. Después de un par de trazos con su estela en la pared, un portal apareció frente a ellos. Jace tomó su mano antes de cruzar, seguido por todos los demás.
Llegaron al reino Seelie en silencio y comenzaron a moverse rápidamente. Las runas de camuflaje no servían con los seres mágicos, así que debían evitar ser vistos. Todos siguieron a Jace por el túnel, era el único que aparentemente sabia a donde ir. Al llegar al final, a una red tejida de enredaderas y flores, se detuvieron, escuchando con atención la melodiosa voz de la Reina Seelie en la habitación contigua.
-Meliorn, de que quieres hablar? Hay noticias de los prisioneros Subterráneos?- Alec aspiró fuertemente, sosteniendo su arco con mayor fuerza y sintiendo la horrible necesitad de entrar ahí y exigir respuestas, pero sabía que eso no funcionaria.
-Si no me equivoco, mi señora- dijo Meliorn- tenemos visita.
Jace fue el primero en reaccionar. Con un movimiento de su cuchillo serafín, cortó la enredadera que cubría el paso y entro en la sala, seguido de los hermanos Lightwood, listos para atacar y por ultimo Clary y Simon. La reina Seelie emitió un siseo molesto, como un gato, y se encogió en su diván. Meliorn se apresuró a llevar una mano hacia su espada, pero Alec lo apuntó directamente con una de sus flechas y el caballero hada se detuvo.
-Como osan entrar a la corte sin ser llamados?!- exclamó la reina- este es el mayor de los crímenes! Una violación a la Ley del Convenio...
-No te atrevas a hablar de la Ley de Convenio- gritó Jace, su cuchillo serafín brilló fuertemente- tú que has asesinado, mentido y hecho prisioneros a los representantes Subterráneos en el Consejo. Te has aliado con fuerzas malignas y pagaras por ello.
-La reina de la corte Seelie no paga- replicó ella.
-Todo el mundo paga- le dijo Jace firmemente dando un salto sorprendente y aterrizando sobre ella, su cuchillo serafín puesto directo en el cuello de la reina- como lo hiciste? Meliorn juró que estabas del lado de los Nefilim.
-Meliorn es mitad hada. Puede mentir- confesó la reina al verse atrapada.
-Por eso lo querías a él como representante en el Consejo- dijo Clary- porque puede mentir.
-Debería cortarte el cuello en este mismo instante- dijo Jace entre dientes, lleno de furia.
-No te atreverías. Si lo haces todos los seres mágicos se alzaran contra ti y tu raza por el resto de la eternidad- dijo la reina, sin moverse, sintiendo el cuchillo en su cuello.
-Acaso no lo están ahora?- le preguntó el rubio- has estado ayudando a Jonathan todo este tiempo. Crees que la Clave estará muy feliz con eso?
-Puede que escucharas una conversación ajena, pequeño Nefilim- dijo- pero si los matamos antes de que le digan algo a la Clave, entonces nadie lo sabrá...
Meliorn dio un paso hacia Jace y Alec soltó su flecha, dándole en la pierna y tirándolo al suelo. El ojiazul se movió mientras tomaba otra flecha y la preparaba. Meliorn se retorcía de dolor en el suelo. Alec se plantó firmemente sobre él, apuntando su flecha al pecho del caballero hada.
-Dinos como liberar a Magnus- exigió el ojiazul, con los ojos llenos de furia y desesperación- como liberamos a los prisioneros. Hazlo o te convierto en un alfiletero.
-No te diré nada- respondió Meliorn, sosteniendo su pierna herida- tortúrame, mátame, haz lo que quieras, pero no traicionaré a mi reina.
-De todos modos no importa lo que te diga- dijo Izzy a su hermano- puede mentir, recuerdas?
-Cierto. Entonces muere, mentiroso- dijo Alec con el rostro ensombrecido al tiempo que soltaba la flecha y esta se enterraba en el pecho del hada, acabando con su vida al instante. La reina gritó, y esto alertó a todas las demás hadas del lugar. Clary pudo escuchar pasos apresurados y gritos desde el túnel por el que habían llegado. Se apresuró a tomar su estela y, con ayuda de Simon, logró hacer que una runa cerrara el pasillo por el que habían entrado, impidiendo el paso a las otras hadas y dejando solo un acceso libre.
-Cerrarás ese también?- preguntó Simon, y Clary negó.
-Por ahí llegó Meliorn y también se fue el jefe de la Caza Salvaje, debe ser por ahí por donde podemos acceder a Edom- respondió Clary.
-Jace- dijo Alec con voz firme- dile a la reina lo que queremos y que si nos lo da, la dejaremos vivir.
-Pequeño niño arquero- dijo la reina, sonriendo fríamente a Alec- te he subestimado. Agudas son las flechas de un corazón roto.
Alec se tensó, pero no dijo nada. En su lugar, volvió a tomar una flecha y la preparó en su arco.
-Nos has subestimado a todos. Tú y tu arrogancia. Los seres mágicos son un pueblo antiguo, un pueblo bueno. Tú no eres digna de regirlos. Bajo tu mando acabaran todos así- dijo Alec señalando con un movimiento de la cabeza el cadáver de Meliorn.
-Tú eres el que lo mató, no yo- repuso la reina Seelie.
-Todo el mundo paga- replicó Alec mirándola fijamente.
-Queremos que nos muestres el camino al reino demoniaco Edom- dijo Jace, llamando la atención de la reina nuevamente- queremos paso libre por el. Lo recorreremos para entrar y lo recorreremos para volver a tu reino.
-Muy bien- dijo la reina, sonriendo levemente y moviéndose para ponerse de pie- los conduciré al camino hacia el reino demoniaco.
Jace siguió a la reina Seelie por el acceso que quedaba descubierto, llevaba el cuchillo serafín aun en la mano y lo presionaba levemente en la espalda del hada. Alec se puso junto a él, con la flecha aun puesta en posición pero sin tensar el arco, listo. Isabelle siguió a sus hermanos en silencio y detrás de ella, Simon y Clary cuchicheaban entre sí. El pasillo era completamente oscuro y frio. Anduvieron en silencio por casi media hora hasta llegar a un lugar más amplio y levemente iluminado. Después de eso, el camino se dividía en tres. Los tres pasillos eran diferentes, pero igual de oscuros.
-Hemos llegado. Pueden adivinad el camino correcto?- preguntó la reina, sin girarse hacia ellos, mirando los tres pasillos frente a ella. Alec se adelantó un par de pasos.
-No somos idiotas. Puede que a las hadas no les guste compartir sus secretos, pero en muchas ocasiones los secretos se han escapado de su reino hacia los Mundanos. Solo se debe poner mas atención a los detalles- dijo Alec mirando los tres caminos- en la balada "Thomas, El Rimador", se habla sobre un hombre raptado por la reina de las Hadas...
-No fue rapto- dijo la reina- él vino voluntariamente...
-En la balada explica que la reina lo llevó a un lugar que se divide en tres caminos- siguió explicando Alec- uno que va al Cielo, otro al país de las Hadas, y el tercero va al Infierno. "Y ves tú ese estrecho sendero, cubierto de espesos espinos y arbustos? Es el camino de la virtud".
-Ese lleva al mundo de los Mundanos- aclaró la reina- tu gente lo encuentra lo suficientemente celestial.
-El siguiente- dijo Alec, señalando el segundo pasillo, cubierto de hojas- ese es el que lleva al país de las hadas. Y ese otro es el camino al Infierno, es el que debemos tomar.
-Vaya, nunca pensé que diría si a ese comentario- dijo Simon en voz baja, mirando hacia el pasillo al Infierno.
-Debemos asegurarnos de tener el factor sorpresa a nuestro favor- dijo Jace, retorciendo el cuchillo serafín en la espalda de la reina- debes jurar que no le mencionaras a nadie, ni tú ni tu pueblo, nada sobre nosotros. Júralo. Se lo que las promesas significan para tu pueblo.
-Lo juro- dijo la reina, rodando los ojos- juro que nadie en mi corte, por palabra o acto, informará que hayan venido aquí.
Jace se aparto de la reina y avanzó junto a Alec hacia el pasillo.
-Se que crees que nos estas enviando a la muerte- dijo Jace antes de adentrarse en la oscuridad- pero no moriremos con tanta facilidad. No perderemos esta guerra. Y cuando salgamos victoriosos, haremos que tú y tu gente sangren por lo que han hecho.
La sonrisa en los labios de la reina desapareció. El grupo de chicos se adentro por el oscuro pasillo a paso lento pero seguro. El lugar era tan sombrío como el anterior, casi no podían ver hacia donde iban. Simon, gracias a su visión de vampiro, era el que mejor podía ver. Sin dejar de avanzar, miró a Alec. Era tan extraño verlo tan activo durante una misión. El ojiazul usualmente se dedicaba a quedarse detrás y proteger a sus hermanos, siempre en la penumbra, sin llamar la atención. Pero ahora, la determinación en sus ojos era increíble. Hacía uso de todas sus habilidades y fuerza para recuperar a Magnus.
Todos se adentraron en el oscuro pasillo en silencio. Estaban listos para atacar de ser necesario. Simon dejó de mirar a Alec y vio hacia el frente, donde algo había llamado su atención. Era algo extraño, como un conjunto de sombras arremolinándose. Como un portal, pero en lugar de emitir luz emitía solo sombras. Con un movimiento de sus brazos detuvo a Izzy y Clary.
-Chicos, esperen- llamó a Alec y Jace- no se si pueden verlo, pero hay algo... algo al final del túnel.
-Una luz?- preguntó Jace sarcásticamente, ganándose un golpe de su Parabatai.
-Ouch! Alec!- se quejó Clary.
-Lo siento, pensé que eras Jace- se disculpó el mayor, sonrojándose un poco.
-No es una luz, es todo lo contrario- dijo Simon moviéndose y girando a todos en una misma dirección, pidiéndoles que se enfocaran hacia el frente.
Después de un poco de esfuerzo en sus ojos, todos pudieron verlo. Oscuridad. El túnel acababa en un torbellino de oscuridad. Todos se acercaron lentamente, sin dejar de mirar la cortina de sombras moverse. Mirando hacia lo desconocido. Alec miraba boquiabierto las sombras en movimiento.
-Esta es la mayor locura que hemos hecho- dijo Alec.
-Y si no podemos regresar jamás?- preguntó Izzy sin apartarla mirada de las sombras, pensando en John, en sus padres.
-Iremos, y regresaremos con todos los demás junto a nosotros- dijo Jace firmemente, mirando a su Parabatai. Alec asintió con seguridad y tomó la mano de Jace y con la otra tomó la de su hermana. Jace tomó la mano de Clary y ella la de Simon.
-Estaremos juntos- dijo la pelirroja claramente- cruzaremos juntos y estaremos juntos del otro lado, de acuerdo?
Nadie contestó, pero todos apretaron el agarre en sus manos, dando seguridad al de al lado e intentando darse valor. Avanzaron hacia las sombras todos juntos y se dejaron llevar por el remolino de sombras que se los tragó en cuanto el primer pie del grupo tuvo contacto con ellas.
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