Lo sé, lo sé. Demasiado tiempo ha pasado, ¡demasiado! Lo siento muchísimo, de verdad. ¡Espero que todos estén bien! ¡Que estén siguiendo las indicaciones y se estén quedando en casa! ¡Espero de corazón que todos se encuentren bien! Yo aún por el momento, todavía estaba yendo a trabajar por eso no subí capítulo… a esta semana… a los meses anteriores… no sé, hay veces que siento que mi trabajo me absorbe la inspiración.
Pero bueno, ya estamos aquí.
¡Por favor cuídense todos y todas! ¡LOS AMO!
La idea no es mía, pero la trama sí.
Los personajes no me perteneces. Son del mundo de J. K. Rowling.
Octubre 11, 1997
Vestíbulo de Hogwarts.
2:32.ª.m
-Y espero que éste... incidente no se vuelva a repetir, jóvenes -el murmullo que componía la severa voz de Severus Snape provocó un escalofrío en Padma, aunque no se estuviera dirigiendo a ella.
Había estado investigando más sobre el tema de los hombres lobo, y porque razón Theodore Nott, en estos pocos días, había estado más compuesto que nunca cuando hacía poco que había sido luna llena. No tenía sentido alguno. Así que había ido a la biblioteca de Hogwarts como todas las noches para buscar más, un libro que no hubiera visto en las cinco veces anteriores, pero no había encontrado nada.
Ni siquiera de ese hechizo que Nott había usado en Blaise u algo parecido.
Cuando se disponía a regresar a la sala Común de Ravenclaw, sumida en sus pensamientos, la voz de Ginny Weasley, histérica y furibunda la había alarmado. Poniendo sus sentidos en alerta, con varita en mano, recorrió el resto del pasillo pasando por la puerta del Gran Comedor para llegar al vestíbulo.
Ginny Weasley, con el rostro enrojecido y las túnicas manchadas de tierra y lodo, despotricaba contra el director de Hogwarts, Severus Snape. El hombre, flanqueado por Minerva McGonagall y Madame Pomfrey, miraba sin inmutarse a la Gryffindor. A un lado de ella, Hannah Abbott, blanca y llorosa, era sostenida por Seammus Finnigan y Dean Thomas, que miraban iracundos al director.
Hermione Granger, a dos pasos de los Gryffindor y la Hufflepuff, miraba con gesto desinteresado la discusión que Ginevra estaba encabezando. Estaba de brazos cruzados, con la túnica de Slytherin envuelta alrededor de ellos y la melena de rizos castaños más inhibida que había visto en años.
Gregory Goyle estaba parado detrás de ella, cargando sobre su espalda a Susan Bones que a primera vista parecía estar desmayada, pero al mirarla fijamente después de unos segundos, podías verla temblando y sollozando en voz baja. El chico no llevaba puesta su túnica y la camisa blanca, al igual que el resto de la de los estudiantes, estaba manchada de tierra.
La imponente figura de Hagrid estaba detrás de ellos, con su semblante oscurecido y una ballesta colgando de su enorme mano.
Padma recordaba vagamente que esa mañana el director de Hogwarts había anunciado delante de todos que los seis estudiantes de las tres casas distintas sufrirían un castigo por haber entrado a las cámaras del director sin permiso alguno. El castigo, ayudar al guardabosques, Hagrid, a vigilar las criaturas del bosque Prohibido. Todos habían cuchicheado en voz baja mientras los hermanos Carrow sonreían con malicia y el resto del profesorado miraban con reprimenda al director o con alarma a los estudiantes.
Pero nadie dijo nada.
Los Gryffindor, atropellándose unos a otros, no habían parado de quejarse con Snape, y en palabras sueltas, Padma creía haber escuchado algo parecido a Dementores. Al final, el director Snape los había callado con una mirada penetrante y les había recordado que era su culpa por haberse inmiscuido en su despacho.
Después de un par de reproches más por parte de los distintos bandos, todos habían tomado una dirección distinta. Goyle, cargando con Bones, se había dirigido junto a Thomas, Finnigan y Abbott con Madame Pomfrey encabezándoles hacía la enfermería. Hermione Granger había hecho una incómoda reverencia a Snape y se había apresurado hacia donde Padma se escondía, aunque ella había girado hacia su izquierda, dirigiéndose hacia las mazmorras de Slytherin.
Snape se había dirigido hacia las escaleras, con Minerva McGonagall pisándole los talones, murmurando y recriminando en voz baja el castigo dado a los estudiantes. Ginny, en cambio, se había quedado unos instantes en el vestíbulo, hablando con Hagrid antes de seguir a ambos profesores, que ya se habían perdido en el laberinto que eran las escaleras.
Padma repasó sus siguientes pasos al menos dos veces en su cabeza antes de guardar su varita en el bolsillo de su túnica y prácticamente correr detrás de Ginny. La Gryffindor la miró brevemente sin detenerse, las largas piernas de Padma, por primera vez en toda su vida, le sirvieron de algo. Alcanzó a Ginny justo cuando las escaleras cambiaban de rumbo. La pelirroja se giró a verla, de brazos cruzados y con los labios apretados.
Padma, fingiendo desinterés, se pasó los dedos por la enredada y larga cabellera, que si era posible, superaba la de Ginny, y miró hacía al frente.
-¿Estas bien..? -dudo, diciéndose que tuvo que haber empezado con un simple hola, o un: ¡que fría noche! O simplemente...
-Sí, a diferencia de Hannah y Susan, los dementores no lograron alcanzarme -escuchó bien. Habían dicho: Dementores, curioso. No creyó que el director Snape realmente permitiera que esas crudas criaturas se acercaran tanto a los estudiantes.
Recabó, Ginny había seguido su línea del pensamiento.
Padma carraspeó ligeramente y dejo las hebras de su cabello en paz, llevando una de sus manos a la barandilla de las escaleras y con la otra alisó las arrugas inexistentes de su chaleco.
-El profesor Lupin una vez mencionó que el chocolate ayuda -dijo, tratando de parecer demasiado normal, casi sonando forzada. Volvió a carraspear. - Recuerdo que Harry nos había mostrado como conjurar un Patronus...
-Por si no te habías dado cuenta, Patil, no llevo ninguna varita -masculló la pelirroja.
-¡Oh! -era obvio que les prohibirán llevar varitas. El director Snape quería que entendieran la lección. Enfrentarse a Dementores sin varitas haría que cualquier vena de heroísmo se apagara- Blaise es capaz de conjurar uno sin varita. -mintió.
-¡Cómo si no lo supiera! ¡De esa manera me atacó cuando iba en cuarto! -¡Bingo! Ginny le dirigió una mirada de desconfianza- No te fíes de él.
-Escuché de ello... -murmuró, sin dejar ver mucho- ¿Te atacó por la espalda no? -la miró por debajo de las pestañas.
La mirada de Ginny brilló con enojo.
-¡Sí! ¡Esa serpiente rastrera! -masculló, indignada- ¡Confiaba en él! A diferencia de Malfoy y Crabbe que siempre me dieron mala espina, Zabini era distinto... -se cruzó de brazos y resopló mientras pasaban a la siguiente escalera- ... resultó ser igual que el resto de los de su especie.
-Mhmm... -Padma miró las familiares pinturas en las paredes mientras se mordía el labio- Parvati dijo que fue la misma noche cuando atacaron a Harry Potter y sus amigos en el Bosque Prohibido... ya sabes -tragó-, cuando El-que-no-debe-ser-nombrado regresó.
-¡Mentira! -Ginny la fulminó con la mirada. Padma jadeo, ¡lo había echado a perder todo!- Él regresó antes, sólo que el Ministerio no lo había aceptado, ¡él mató a Diggory! -suspiró con pesadez- Pero sí, Zabini me atacó la misma noche que cuando atacaron a Harry -su voz tembló- Estábamos tratando de salvar a Sirius y... -miró a Padma, con duda en sus ojos.
-Lo siento -se disculpó- No quería entrometerme -dijo, justo cuando llegaban a la desviación que llevaba a la Torre de Ravenclaw. Padma se bajó ahí y, para su suerte, Ginny también lo hizo.
-No, está bien... -suspiró, recargándose en la barandilla, mirando a las escaleras moverse- Ron me contó que varios Desmaius golpearon a Harry en el pecho, por distintos lados del Bosque Prohibido -dijo- Nunca les vio el rostro, ya que segundos después un destello rojo lo golpeó a él -Ginny se encogió de hombros, mirando a Padma que se había parado a un lado suyo- ¿Curioso no?
Padma asintió.
-Nosotros solo tratábamos de proteger al padrino de Harry -prosiguió- Pero esa noche, por lo visto, nada estaba a nuestro favor.
-¿Qué hacían en el Bosque Prohibido?
-El plan era buscar Thestrals, y luego volar hacia el Ministerio de Magia -se encogió de hombros- Mi papá dice que gracias a ese... ataque y al que Zabini me haya hechizado, el Innombrable pudo ser visto por el ministerio. Cayó en su propia trampa.
-Que extraño... -dijo Padma, casi ausente- ¿Donde los atacaron... es donde los Dementores se encuentran?
Ginny negó.
-No, donde atacaron a Harry fue en otro lado del bosque, casi en el territorio de las Acromantulas -dijo, frunciendo el ceño- Todo derecho de donde se encuentra la cabaña de Hagrid. Veinte minutos caminando, a lo mucho... ¿por qué preguntas? -Padma se encogió de hombros bajo el escrutinio de Ginny.
-Ya sabes, Ravenclaw -se dio toquecitos al emblema bordado sobre su pecho- La curiosidad nos matará algún día... -mencionó, con una tensa sonrisa antes de girarse sobre sus talones y caminar por el pasadizo que la llevaría a la torre- ¡Buenas noches! -se despidió.
Siguió caminando un largo plazo, subiendo otras escaleras en forma de caracol hasta encontrarse con una puerta sin pomo con un aldaba de bronce en forma de águila.
Si me tienes, quieres compartirme. Si me compartes, no me tienes. ¿Qué soy?
La voz, aunque melodiosa, siempre le había causado un escalofrío a Padma. Había una nota petulante en como cuestionaba a los estudiantes.
-Un secreto -murmuró.
El sonido de la cerradura (aunque no hubiera ninguna) resonó contra las paredes de ladrillos. Una amplia sala circular con una alfombra azul medianoche, ventanas de arco adornado con suave seda azul y bronce, y un techo abovedado pintado con estrellas le dio la bienvenida. La habitación está equipada con mesas, sillas, estanterías y, y por la puerta que conduce a los dormitorios se encuentra una estatua de Rowena Ravenclaw de mármol blanco. Padma, tan acostumbrada a ello, camino hacia las escaleras que la llevarían a su dormitorio.
Al entrar dentro de éste, sus compañeras ya estaban dormidas, como esperaba. Caminó entre las sombras hasta su cama y cerró las cortinas alrededor de ella, sacando un pergamino en blanco de debajo de la almohada.
-¡Lumos! -susurró, haciendo aparecer una ligera luz en su varita- Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas -las palabras parecieron despertar algún tipo de secreto que ocultaba el pergamino. La tinta empezó a recorrer de lado a lado el viejo papel hasta formar la leyenda de los Merodeadores de Hogwarts. Abriendo, rápidamente busco el nombre de Blaise hasta que lo encontró en el dormitorio que le pertenecía en la Torre de Premios anuales.
Cómo siempre, y en todo lo que lo incluía a él, Padma no pensó. Actuó.
-¡Patronus! -una especie de hilo plateado salió de su varita hasta convertirse en un Pavo Real. Majestuoso y orgulloso- Busca a Blaise, dile... -dudo-... que he encontrado una pista de sus sueños. Necesito que venga aquí. -El pavo real sacudió sus elegantes plumas y corrió fuera de las cortinas, dejándola en una tenue luz que su varita producía- ¡Nox!
Se recostó boca arriba, con las manos en la varita descansando sobre su estómago.
¿Qué haría una vez que Blaise llegara? ¿Le diría la verdad sobre que mató a Fenrir Greyback? ¿O solo mencionaría que vio aquel escenario en sus sueños? ¿Y si aquello despertaba algún tipo de recuerdo? ¿Estaba lista para destrozar la mente de Blaise de esa manera?
¿Y si no ocurría nada? ¿Si los Dementores los atrapaba antes de llegar? ¿O alguna acromantula? También habían centauros... y criaturas aún más malignas que ellos. ¿Qué haría una vez llegarán ahí? ¿Sólo esperaría a que el lugar despertara algo en Blaise? ¿O tendría que usar algún hechizo de rastreo? ¿Qué posibilidad había de que los Slytherin hubieran limpiado todo bien? Sin dejar retazos... de cabo a rabo.
¿Debería cambiarse? ¿O el uniforme estaba bien? Tal vez algún hechizo de camuflaje... se enderezó.
-Travesura realizada -la tinta se desvaneció mientras volvía a colocar el mapa debajo de la almohada.
Atando su largo cabello en un moño ajustado, salió de su cama y caminó en puntillas a su baúl, buscando algunos jeans. Recordaba que Parvati había mencionado que eran la moda en el mundo muggle y su madre, siempre complaciente, los había comprado. Para ambas.
Quitándose la túnica y el chaleco, justo después de colocarse un suéter de cuello alto color negro, la ventana posicionada a unos diez pasos de ella sonó con dos golpes. Los ojos de Padma rápidamente cayeron sobre la figura de Blaise, montada en una Saeta de Fuego, con una sonrisa maliciosa y ojos somnolientos.
Las mejillas de Padma enrojecieron... él no la había visto medio desnuda... ¿o sí?
Negó con la cabeza, cerró el baúl y se colocó de nuevo su túnica. Tomando su varita reparó en un hechizo climático sobre ella y guardó la varita en el bolsillo trasero mientras caminaba hacia Blaise.
Abrió la ventana.
-¿Quieres salir de la torre, Rapunzel? -preguntó con una ceja enarcada, tendiéndole una mano. Padma frunció la nariz.
-Mi cabello no es tan largo como para que escales de él o tan rubio para que te deslumbre -dijo, tomó la mano ofrecida y pasó una pierna sobre el hueco de la ventana. La mano de Blaise era cálida y fuerte, reconfortante.
No sintió miedo alguno mientras salía como alguna clase de ladrona por la ventana y se montaba en la escoba detrás de Blaise, abrazándolo con fuerza mientras el chico entrecerraba la ventana con cuidado.
-¿A dónde princesa Jazmín?
-Basta, Aladdín -dijo, susurrando contra la ancha espalda de Blaise mientras ésta se sacudía gracias a las risas del morocho- Al Bosque Prohibido, derecho de donde se encuentra la cabaña de Hagrid.
-Como la reina lo declare -dijo, virando la escoba hacia su izquierda, volando encima del prado de Hogwarts.
Padma admiró, como muchas otras veces, aunque con una perspectiva diferente, el lago negro de Hogwarts que por alguna extraña razón parecía mantener una calma fría, como algún tipo de monstruo a la espera de su siguiente víctima. El campo de Quidditch parecía sumido en una espesa neblina, abandonado.
Sobrevolaron por los jardines de Herbología mientras se dirigían al bosque prohibido.
-¿Alguna vez habías hecho esto antes? -la voz de Blaise sonó ronca, aún sobre por encima del sonido del viento.
-¿Te refiere a montar una escoba o a montar una escoba junto a un chico mientras nos dirigimos al bosque prohibido? -Blaise rio.
-Ambos.
-No
-¿No a qué?
-A ambos -dijo, sintiendo el viento golpear su rostro a pesar de que el cuerpo de Blaise la protegía de la mayoría de las ráfagas frías. Sabía que era una buena idea recoger su cabello.
-Yo tampoco -dijo Blaise, animado- O al menos, no recuerdo haberlo hecho -una risa forzada salió de su garganta- ¿Es muy romántico no? El chico más sexy de Hogwarts dándote un paseo nocturno por los alrededores del castillo.
Por alguna extraña razón, Padma asintió.
-Sí, romántico -dijo, sin un atisbo de risa- Me pregunto cuantas chicas desearían estar justo aquí, contigo.
-No muchas, soy un mortífago, ¿recuerdas? -Padma se tensó, un toque fantasma... casi parecido al calor de una mano posarse sobre las suyas que estaban envueltas alrededor de la cintura de Blaise. O tal vez sí, tal vez sí la había tocado.- Me alegro de ser el primero en llevarte a una cita romántica por el bosque -no había rastro alguno de burla en su voz.
-Sí, yo también -admitió. Quedaron sumidos en un cómodo silencio. Había veces en que Padma se preguntaba si era así como se sentía estar enamorada... ¿o era atracción? No estaba segura, nunca había sentido ni una ni otra, pero Blaise... Blaise despertaba algo en ella... algo casi... primitivo.
Sobrevolaron por los altos árboles que conformaban el bosque prohibido, el oscuro manto de la noche los abrigaba. Padma miró hacia los cielos, viendo las decenas de figuras de dementores que se confundían entre el oscuro cielo, solamente iluminado por las estrellas lejanas y uno que otro fuego proveniente del castillo. Cuando estaban a punto de llegar al punto que Ginny había mencionado anteriormente, fueron descendiendo con parsimonia.
Al tocar la húmeda tierra, las entumecidas piernas de Padma casi provocaron que fuera a dar de bruces al suelo, pero el moreno logró retenerla del brazo antes de que ocurriera un penoso accidente. Se golpeó las piernas con firmeza mientras Blaise escondía la escoba detrás de unos setos.
-Y bien, ¿qué hacemos aquí? -cuestionó el Slytherin.
-La segunda vez... que me pediste que me adentrará en tus sueños, me encontré con el rostro de Ginny Weasley -no sé perdió la reacción del cuerpo de Blaise al tensarse, para después meter las manos dentro de los bolsillos del pantalón y fingir desinterés.
-¿Weasley? ¿La pelirroja?
Como si no supieras quién es Ginny Weasley, pensó.
-Sí -respondió- Después de aquel encuentro entre tú y ella...
-¿Qué encuentro? -interrumpió Blaise, esta vez el interés en su voz predominó.
-Cuando tú la... atacaste -admitió, desviando la mirada al ver la decepción en los ojos del chico- Logre ver... -dudo- ... un atisbo del bosque prohibido -mintió. Aún no estaba lista para admitir a Blaise que él había matado a alguien. Que él había arrebatado una vida... pero, entonces, ¿qué hacían ahí?- Así que investigue un poco con Ginny y...
-¿Tú le dijiste sobre mis sueños? ¿Le contaste? -la furia impregnó las palabras dichas, pero Padma no retrocedió ni se alteró. Blaise no le haría daño, o, al menos, no por el momento.
-No, no le dije nada -posó sus ojos en los de Blaise- No fue necesario, ella esta ávida... -¡una serpiente rastrera!- ... de contarme todo -¡igual a los de su especie!- Mencionó que al mismo tiempo que tú la atacabas, Harry Potter estaba en este bosque. Y también fue atacado -evaluó a Blaise. El chico parecía tratar de juntar las piezas, pero, su mente tan destrozada no parecía querer colaborar- Quiero ver si hay algún rastro... algún indicio de que ocurrió algo aquí -sacando su varita, conjuro-: ¡Respice ad eam!
Una luz naranja, del tamaño de una snitch dorada, emergió de la varita de Padma. La luz pareció dudar unos segundos antes de dirigirse hacia donde Blaise se encontraba parado, pasó a un lado del moreno, y continuó derecho.
El Slytherin enarcó una ceja.
-Un hechizo sencillo, buscará lo que yo quiero que busque -respondió, siguiendo la luz.
Caminaron recto por alrededor de cinco o seis minutos, la luz giró a su derecha y los llevó por un camino sinuoso al menos otros siete minutos, después de ello se detuvo de la nada y desapareció.
-Creo que hemos llegado.
-Yo no veo nada -admitió Blaise exasperado después de unos segundos. Padma suspiró con pesadez; Blaise tenía razón. No había nada.
Era lo mismo que siete minutos atrás: unos árboles altos, gruesos y con aspecto amenazante. La tierra húmeda por la noche y los setos a la altura de la cintura de Padma. Nada y todo a la vez.
-No me gusta este lugar -siseo Blaise mientras Padma caminaba de un lado a otro, como si tratara de encontrar alguna pista dejada por los Slytherin. ¡Que estúpida! ¡Como si Malfoy, con ayuda de Granger, fueran a dejar rastro alguno de lo ocurrido en ese bosque!
Una ráfaga de aire revoloteó alrededor de ellos, haciendo que los arbustos se movieran y llamaran la atención de Padma. Recordaba el sueño, recordaba los gritos y el miedo que sintió... un escalofrío la recorrió mientras su mirada estaba fija en un arbusto en específico, justo del cual Fenrir Greyback había salido para intentar acabar con la vida de Theodore Nott.
Sin darse cuenta, sus pies la habían guiado hacia el arbusto de forma irregular y más oscuro que el resto. Parecía quemado, como si algún tipo de fuego lo hubiera consumido... donde Malfoy había calcinado el cuerpo de Fenrir Greyback.
Padma estiró el brazo, aferrando su varita con la otra mano. Estaba a punto de tocar las hojas quemadas y muertas cuando el grito de Blaise le congeló la sangre.
-¡Theo! -Padma se giró con prisa, viendo a un Blaise confundido y alterado. Sus ojos estaban nublados y parecía estar dentro de algún tipo de alucinación; con su varita apuntaba hacia donde Padma se encontraba. La Ravenclaw dejó salir un grito ahogado, corriendo hacia el chico antes de que la maldición que Blaise había soltado hace dos años volviera a atacar. Solo que esta vez a ella.
-¡Blaise! ¡Blaise reacciona! -gritó, sacudiéndolo con fuerza por la camisa. La cabeza del chico iba hacia adelante y hacia atrás, como una muñeca de trapo, aunque su varita aún seguía apuntando hacia el arbusto- ¡BLAISE! -volvió a gritar al mismo tiempo que impactaba su palma contra la mejilla del chico.
Su cabeza rebotó otra vez, solo que hacía a un lado y su varita se escurrió entre sus dedos. Segundos después y con los jadeos de Padma como los únicos ruidos en el bosque, la mirada de Blaise se enfocó en la chica. Nítida.
-¿Pero que...? -preguntó, tomando la ardiente mejilla con su mano derecha y mirando confundido a Padma- ¿Por qué...? -se calló.
-¿Has recordado algo? -la mirada del Slytherin pareció perforarla antes de que, con lentitud, negara con la cabeza.
-No -dijo en voz alta, desviando la mirada hacia el arbusto quemado- No he recordado nada -susurró.
Dormitorios de Ravenclaw.
4:17.ª.m
Mientras Padma acomodaba metódicamente sus mantas para acostarse después de un largo y tedioso encuentro, un pensamiento insistente se negaba a salir de su cabeza.
Palpó tres veces la almohada para darle cierto volumen, se metió debajo de las mantas solo con su ropa interior puesta y se giró a su costado derecho, viendo las cortinas de tonos azules mientras trataba de no pensar... tratando de ignorar ese tedioso pensamiento que se negaba a retroceder.
Entendía que Blaise tuviera ciertos problemas de confianza. Perder la memoria y no saber en concreto de qué lado estás, debe ser terriblemente doloroso. Sobre todo, cuando uno y otro insistían en que eran ellos quienes tenían la razón. Pero, creía, que después de todo ese tiempo... Blaise confiaba en ella...
... entonces...
... ¿por qué tenía el terrible presentimiento de que Blaise le había mentido?
Enfermería de Hogwarts.
7:20.ª.m
Podía recordar el duro y borracho rostro de su padre. De mandíbula cuadrada y fuerte, cejas gruesas y oscuras; una mirada perdida en alcohol de orbes color cafés. Una nariz aguileña, como si se la hubiera roto un par de veces. Cabello castaño revuelto.
Lo recordaba alto, más alto que él y gordo, terriblemente gordo. Tal vez, si no se hubiera dejado llevar por los crueles comentarios de Blaise, Gregory posiblemente hubiera terminado como su padre. Había una manera distinta en que se veía un estómago de un alcohólico a un hombre gordo, en su humilde opinión, recordaba que su estómago se veía grotesco. Sí, repugnante.
Su padre nunca lo había mirado de una manera distinta al odio, o la mirada alcoholizada o al triste llanto que muchas veces le había provocado un incómodo y furioso sentimiento. La primera vez que vio llorar a su padre, después de una cruenta paliza que le había dado a su mamá fue cuando empezó que odiarlo. No fue cuando le rompió el brazo cuando tenía siete años, o cuando le soltó tal puñetazo que le quebró la nariz a los diez años.
No, fue cuando lo vio llorar. ¿Cómo se atrevía a llorar por algo que él mismo provocó? No tenía sentido, ningún sentido. Esa imagen era la que se había quedado grabada a fuego en su memoria. Arrodillado a un lado de su madre, un borracho violento que lloraba por ver a su mujer inconsciente en el suelo; con su grotesca panza sacudiéndose por el llanto... ¡oh! Lo recordaba con tanta nitidez... en cambio, su madre... ¡por Dios! ¡No recordaba el rostro de su madre! ¡Por más que trataba y trataba de recordar no era más que un rostro borroso! No recordaba cuando la había empezado a olvidar.
El sólo pensarla le provocaba un nudo en la garganta y unas terribles ganas de llorar. Así que la había censurado en su memoria, y ahora... ahora no recordaba como era el rostro de su hermosa madre. Por qué lo era, hermosa.
Así que viendo las decenas de pecas que adornaban la nariz y mejillas. Barbilla y frente, unos hermosos ojos castaños y un opaco color rojizo en su cabellera; unas finas cejas y una puntiaguda nariz... el terrible sonrojo que subía por su delgado cuello... Gregory se forzaba a recordarla. A grabarla con fuego en su memoria, si era capaz de recordar al bastardo borracho, ¿por qué a ella no?
-¿Tengo algo pegado en el rostro? -preguntó Susan, avergonzada hasta la médula. ¿Había babeado dormida? Recordaba haber caído desmayada después de que el dementor le revolvió el cerebro, sacando a relucir el asesinato de su tía Amelia. Luego, cuando Ginny había despotricado contra el director Snape haciéndola reaccionar, cayó en un terrible llanto que no había parado ni cuando Gregory la depósito en la cama de la enfermería. No recordaba haberse quedado dormida, pero cuando abrió sus párpados lo primero que se encontró fue el rostro del Slytherin y su intensa mirada sobre su rostro. Estaba sentado en un taburete justo a un lado de su cama.
-Nada -su voz salió baja y ronca, aún sin detener su escrutinio.
Susan estaba segura de que un avergonzado sonrojo cubría su rostro y con cada segundo que pasaba aumentaba.
Tragó con fuerza, tratando de pasar discretamente su mano por las comisuras de sus labios en un intento de averiguar si había baba en ellos, pero Gregory no se inmutó.
-¿Entonces... por qué me miras? -preguntó, con un nudo de anticipación en su estómago. Había estado enamorada de Gregory Goyle desde quinto año, cuando a la mitad del pasillo sus ojos se encontraron y los fuegos artificiales explotaron alrededor de ellos. ¡Fue amor a primera vista! O, al menos, lo había sido para Susan.
-Trato de grabarte en mi memoria -susurró.
Susan soltó un grito ahogado, aferrándose con fuerza a la sábana blanca que estaba envuelta alrededor de ella. ¿¡Lo escuchó bien!? ¿Él trataba de recordarla a la perfección!?
¡No saltes al precipicio, Susan! Tal vez no se refería a ello.
-¿Por qué? -respondió con el mismo tono, a pesar de que en su cerebro los fuegos artificiales ya estaban volando.
-Por si algún día te pierdo -respondió, provocando un escalofrío en Susan cuando estiró su brazo y rozó su mejilla con sus nudillos- No quiero perderte.
-Yo... tú... -sentía la garganta seca, ¿estaba soñando?- Yo...
-No necesitas responder, Susan -aclaro Gregory, retirando su mano de la mejilla de la chica y sentándose recto en el taburete- Sólo aclaraba un hecho -sonrió, ligeramente incómodo.
Susan no sabía en qué momento hablar con Gregory había dejado de ser tan sencillo. Hacía solo un año que Gregory y ella iban juntos a todos lados, contándose pequeños secretos y anécdotas de los cursos pasados y en cuestión de solo un día el Slytherin... la había ignorado. Repelido, esquivado. Y en vez de que ella tratara de averiguar qué ocurría, lo dejó, creyendo que tal vez solo necesitaba tiempo para volver a acostumbrarse a sus viejos amigos.
Se equivocó, ella solo había sido un escape de salida mientras no tuviera a sus amigos cerca.
Ahora ya no sabía como reaccionar ante él. Lo había querido tanto y ahora que lo tenía ahí, al alcance de su mano... no sabía que hacer.
El Slytherin se levantó en todo su esplendor. De brazos gruesos y hombros anchos, como mínimo una cabeza más alto que ella, cabello rapado y ojos cansados. No quedaba nada del Gregory que ella conocía, éste Gregory se veía más... sombrío que el chico del que ella se enamoró.
-Debo irme -anunció, metiendo ambas manos en los bolsillos de su pantalón muggle y sonriendo con recato.
Susan apretó las sábanas blancas entre sus puños y le sonrió con la misma rigidez.
-Gracias por sacarme del Bosque Prohibido y por protegerme -dijo. El Slytherin se encogió de hombros.
-No hay por qué -hizo un asentimiento de cabeza y empujando ligeramente la cortina que separaba una camilla de la otra, se fue. Dejando a Susan con un sentimiento de pérdida.
¿Qué he hecho?
La cortina de su lado izquierdo hizo un ruido metálico mientras las argollas que se sostenían del tubo de metal se empujaban unas a otras. Susan se giró, encontrándose casi de inmediato con el rostro de Hannah, un poco blanco y enfermizo.
-Eres una estúpida.
-¡Lo sé! -lloriqueo, bajando con premura de su camilla y saltando sobre la de Hannah. Aferro la cintura de la Hufflepuff en un fuerte abrazo y lloró contra sus ropas.
-¡Él prácticamente se te declaro y tú lo rechazaste!
-¡No lo hice! -sollozó, sorbiendo su nariz.
-¡Te quedaste muda!
-¡Ay! ¡Lo hice!
Hannah rio bajito mientras Susan seguía llorando. Intentó consolar a su pobre amigo, pero era tan… ¡estúpido! ¿!Qué demonios les pasaba a estos dos chicos!? ¿Cómo es que el amor podía ser tan complicado?
-¡Yah...! ¡Yah...! -cantó Hannah- Todo va a estar bien, ya podrás hablar con él más al rato.
Susan lloró; por alguna extraña razón sentía como si no pudiera volver a tener una oportunidad como aquella... ¿y si Gregory ya se había arrepentido? Soltó un jadeo ahogado, ¿¡qué había hecho!?
Octubre, 17. 1997
Dormitorios de Slytherin.
6:13 p.m.
El cepillo de marfil se deslizaba con bastante facilidad por los rulos de Hermione. Su largo cabello castaño brillaba como si un halo permanente lo acompañara. Ondas y ondas de grueso y hermoso cabello que antes no era más que un conjunto de rizos estropeados.
-Mi mamá solía cepillarme el cabello cuando era niña -murmuró Hermione, sintiendo el roce del cepillo contra su cráneo- Todas las noches, pero aún así a la mañana siguiente volvía a encresparse como… bueno, ya sabes…
Pansy sonrió.
-Mi mamá también -deslizó el cepillo por las ondas castañas- Me refiero a que también solía cepillarme el cabello, aproximadamente hasta que cumplí los once, unas semanas antes de entrar a Hogwarts.
-¿Sabías que terminarías en Slytherin? -preguntó. Pansy asintió.
-Obviamente, toda mi familia ha ido a Slytherin…. ¿y tú?
-Ni de coña -se rio, pegando sus piernas a su pecho y abrazándolas con fuerza- Pensé que iría a Ravenclaw, o a Gryffindor como mucho.
-Ug, ¡Gryffindor! -se mofó Pansy, volviendo a acomodarse sobre la cama. Las rodillas habían empezado a temblarle así que decidió sentarse como Hermione había estado sentada unos momentos antes. Volvió a cepillar el cabello de la Slytherin- Me siento ofendida en mil maneras distintas.
-¡Ni lo digas! -carcajeo Hermione, llevándose las manos al rostro y soltando un grito. Se giró, arrastrando las cobijas con sus piernas y miró a Pansy. Había una sonrisa maliciosa en su rostro- ¿Te imaginas? ¡Podría haber terminado siendo amiga de Potter y Weasel!
-El cerebro del trío de oro -se burló, recibiendo un golpe por parte de Hermione- Draco te odiaría, definitivamente. ¡Todos! -dijo en forma de burla.
La sonrisa de Hermione se perdió.
-Sí, supongo que si -hizo una mueca- Me alegro que el sombrero me haya puesto en Slytherin -dijo, desviando la mirada hacia las sábanas.
Pansy suspiró, dejó el cepillo sobre la cama y sostuvo la barbilla de Hermione, obligándola a mirarla.
-Yo también -sonrió. Los labios de Hermione poco a poco fueron formando una sonrisa antes de que, con los brazos abiertos, la castaña se lanzara sobre su amiga. Pansy soltó un grito estridente mientras Hermione reía a carcajada abierta, ambas golpeando el colchón.
Ni un minuto después, y aún entre risas, la puerta del dormitorio se abrió. Theodore Nott, con solo los pantalones del uniforme puesto y el cabello a la altura de los hombros, completamente alborotado, aferraba su varita con una mano.
-¿¡Qué!? ¿¡Qué es!? -exigió.
Hermione rodó sobre su costado, mirando a su hermano. Era obvio que estaba a la mitad de algo con Luna Lovegood, ya que ni siquiera llevaba abrochado el pantalón. A diferencia de Draco, Theo tenía una complexión delgada, saludable en pocas palabras. Nada de lo que había sido desde que fue mordido… enfermizo.
-¡Woah! ¡Lovegood y tú realmente tienen sexo! -chilló Pansy, mirando boquiabierta el torso de Theo- Y yo pensando que se guardaba para el matrimonio… ¡Oh! ¡Por Cirse! Dime que usan protección -dijo con una mueca de asco.
La mirada de alerta en el rostro de Theo fue cambiando poco a poco a una de confusión antes de que mirara con enojo a Pansy. Sacudió su varita e instantes después dos almohadas golpearon los rostros de ambas chicas.
-¡THEODORE! -chillaron.
-¡Pensé que las estaban asesinando! -gritó.
Hermione lanzó la almohada lejos, riéndose bajito mientras volvía a sentarse.
-Como si alguien pudiera ser capaz de romper mis barreas mágicas.
-Creo que estas sobreestimando tu magia.
-Hagamos un duelo y te lo demuestro.
Theo hizo una mueca, suspiró y negó con la cabeza. Se adentró en la habitación y se dejó caer en la misma cama donde estaban Hermione y Pansy, para al final recostarse en ella. Se tapo los ojos con el interior de su codo mientras Hermione alborotaba su cabello con una mano y Pansy dejaba caer la almohada, antes conjurada por él, contra su torso desnudo.
-¡Fuera de aquí! -siseo Pansy, empujando sus pies contra sus costillas- ¡Regresa con Lovegood!
-Luna va a dormir con los Ravenclaw hoy, por lo visto alguien fue de chismoso con Flitwick sobre el hecho de que hace días no duerme en la torre de los cuervos.
-¡Oh por la sangre de los sagrados veintiocho! ¿¡Te estabas masturbando!? -chilló Hermione, alejado su mano del desorden que era la cabellera de Theo.
-¡Que asco! -chilló Pansy, alejando sus pies del cuerpo de Theo.
-Justo eso hacía, ¿no quieres sentir? -Pansy no pudo alejarse con suficiente rapidez del castaño. Su mano se enrolló alrededor del tobillo de la pelinegra y lo jalo de vuelta a su cuerpo.
-¡No! ¡Que asco! ¡Suéltame! -chilló, con la risa acompañando su grito- ¡Más te vale que esa no sea la mano con la que…!
-Soy zurdo, así que tú dime -se mofó, girándose en un intento de arrastrar a Pansy debajo suyo mientras Hermione se reía a carcajada abierta.
-¡No! ¡Theo! ¡Que asco! ¡Suéltame ya! ¡Suéltame! ¡Suéltame! -se sacudía con fuerza de un lado a otro, pero el agarre del castaño no cedía- ¡Ya! ¡Para! -grito entre risas.
-¿¡Qué!? ¿¡Qué es!? -por segunda vez en el día, otro Slytherin interrumpió la escena. Gregory entró prácticamente desnudo en el cuarto que compartían con el resto de los estudiantes. Su crucifijo de plata era una de las dos prendas que portaba, la segunda era una toalla envuelta alrededor de su cadera y que era sostenida por su mano derecha, con la izquierda sostenía su varita y apuntaba hacia Theo, Pansy y Hermione. Las gotas de agua se escurrían por su poderoso y ancho pecho, brazos y piernas.
Había tenido mucha prisa al salir.
-¡Oh por Cirse! -chilló Pansy, pateando a Theo en las costillas para que la soltara mientras se sentaba. El castaño soltó un jadeo ahogado y soltó el tobillo de la chica- ¡Tienes más músculos que Vincent!
-¡No quiero saber cuantos músculos tiene tu esposo! -escupió Hermione, riéndose mientras, perdiendo ya la cuenta, volvió a sentarse. Theo a diferencia de ambas chicas, prefirió quedarse acostado en la cama.
-¡Pero tiene más que Vincent! -recorrió a Gregory con la mirada. En cambio, el Slytherin parecía completamente confundido.
-Pero… ¿qué…? -boqueó.
-Ni lo intentes, hermano -se mofó, Theo, entrelazando sus manos por debajo de su cabeza- Están locas -dos almohadas se impactaron contra su rostro ni tres segundos después.
Gregory miró por momentos a sus tres amigos, a ambas chicas chillándole a Theo y la sonrisa del mismo al haber logrado su cometido, molestarlas. Bajó su varita y negó mientras una lenta sonrisa iluminaba su rostro. Enrolló bien la toalla mientras caminaba a sus amigos y dándole una vuelta a la cama se dejó caer detrás de Hermione, su codo enterrado en el colchón y su mano sosteniendo su cabeza.
-¿Y Lovegood? -preguntó antes de que Pansy y Hermione elevaran aún más el pleito.
-Con los Ravenclaw -respondió Theo y soltando un suspiro se restregó contra las cobijas- ¿Disfrutando la ducha?
-No tanto como tú disfrutabas tu momento a solas -rio, viendo como se encontraba el chico en plena semidesnudes.
-¡O que por los…! -Theo bufó- Yo no soy Blaise que está obsesionado con su mano.
-Lo que tú digas, hermano… -se burló.
Los cuatro Slytherin se quedaron callados unos minutos. Hermione mantenía su mirada en Theo al igual que Pansy y Gregory, casi con miedo de hablar. Decir algo que rompiera el momento entre ellos, regresar a las constantes peleas que los mantenían despiertos por las noches desde que regresaron a Hogwarts.
-Hay veces… -dijo Theo- … que desearía no haber seguido a Potter y su grupo de inútiles inadaptados al Bosque Prohibido -admitió después de lo que pareció una eternidad.
-Yo desearía nunca haber peleado con mi mamá -dijo Gregory después de unos segundos, pasando los dedos por la larga y brillante cabellera de Hermione, que en la posición que se encontraba sentada, le daba la espalda- Haberle dicho lo mucho que la amaba… -tragó.
-Vincent -susurró, Pansy, abrazando su estómago y a la nueva vida que se estaba formando dentro de ella- Desearía nunca haberme casado con él -el aire de sorpresa entre sus amigos era obvio- O al menos, no a esta edad. Que hubiera sido decisión mía y solo mía.
-Te entiendo -murmuró Theo, estirando su brazo y apretando la pierna de Pansy con cariño- No tienes porque justificarte.
Hermione miró a Pansy y pensó en la terrible carga que ahora tenía que soportar. Ella no había perdido a alguien como Gregory, o había sido maldecida como Theo. Odiada como Vincent o utilizada como Draco… prisionera como Pansy.
-A veces… desearía nunca haber salido de la Casa de los Gritos -admitió después de unos segundos- Ya saben, ser felices ahí en una burbuja de tiempo.
Volvieron a quedarse callados. No había necesidad de llenar los silencios, así siempre había sido con ellos. Podían hablar durante horas y luego quedarse callados el doble de ese tiempo, porque no necesitas llenar cada momento con quien te sientes cómodo. Solo necesitas que esa persona este ahí.
-¿Creen que lo que dice "El Quisquilloso" sea cierto? -preguntó Pansy- Que… que Vincent mató a Ojoloco Moddy.
-En una batalla, Pans, no te tiene tiempo de pensar -respondió Theo- Durante… durante La Masacre del Callejón Diagon… -Hermione se estremeció- ¡Por Salazar! ¡Tú lo viste! Las maldiciones volaban por todos lados y eso que nos enfrentábamos a un grupo desarmado -se pasó la mano por el torso desnudo, mirando fijamente al techo- No quiero ni imaginarme como ha de ser en una batalla real.
-Habrá tenido sus razones -dijo Hermione.
-O habrá sido un error -tres pares de ojos cayeron sobre Gregory, incluyendo los de Theo que prácticamente se retorció en la cama hasta poder ver al Slytherin, en una postura demasiado inusual- Digo… -se encogió de hombros- Todo es posible. Nadie es malo por naturaleza… no creo que simplemente porque le conviniera decidiera matarlo…
-Te puse como cebo -soltó Hermione, interrumpiendo a Gregory. Todos giraron hacía la castaña, más confundidos que antes. Hermione cerró los ojos y suspiró- Dices que nadie es malo… que no por que nos convenga empujamos a alguien a las vías de tren -abrió los ojos, abnegados en lagrimas y miró a Theo. El chico tragó- Draco dijo que necesitábamos que la Orden confiara en nosotros… confiara de verdad…
-¿De qué…?
-Desde un inicio era obvio que descubrirían que teníamos a un infiltrado, sobre todo si les pasábamos ubicaciones de ataques e información confidencial -parpadeo, alejando las lágrimas pero sin desviar la vista de Theo- Él no podía ser, la Orden no lo creería… no después de que supuestamente mató a Narcisa… -miró a Pansy- Vincent era otro cabo que no podrían juntar, no es la figura que usualmente representa a alguien que sigue sus propia reglas, no cuando siempre hace lo que Draco pide… y Pansy, Pansy nunca llegaría a ser tan importante en las filas… necesitaba a alguien que fuera…
-… perfecto para el papel -Theo rio, sin gracia alguna- ¿Cómo es que siempre terminamos haciendo lo que Draco quiere?
-Por que Draco sabe lo que hace -defendió Pansy- ¿O realmente creíste que te dejó volver de a gratis a Hogwarts?
-A ti te dejó -dijo con enojo. La pelinegra negó.
-Yo ya cumplí mi propósito, ¿o crees que casarme con Vincent fue para protegerme? -se burló- Desde que mi padre empezó a buscarme un esposo, Draco sabía lo que tenía que hacer… yo era el pase para aquel que decidiera formar parte del circulo interno de Lord Oscuro y con mi padre muerto…
-Tu esposo usaría tu lugar… -Hermione suspiró- ¿Cuándo Draco empezó a usarnos como piezas en un tablero de ajedrez?
-Desde que decidimos seguirlo hasta las fosas del infierno -Gregory escondió su crucifijo dentro de la palma de su mano.
-Ajá -Theo estaba tan furioso, ¿¡cómo se atrevía!?- Mientras tanto ¿él qué? Bebe whisky de fuego y charla con Lord Oscuro -despotricó.
Hermione negó.
-Lo que haga Draco por el momento no nos interesa -dijo, recibiendo una mirada furibunda por parte de Theo- El problema ahora es, ¿realmente quieres hacer esto ahora?
Theo suspiró.
-No tengo de otra, ¿o sí? -resopló- Draco ya lo decidió.
Octubre, 23. 1997
Tienda de varitas de Ollivander.
12:34 p.m.
Habían recuerdos, pequeños fragmentos de su pasado, que recordaba con más nitidez que otros. Por ejemplo, cuando conoció a Hermione Granger por primera vez. La brillante niña de pelo rizado, dientes frontales ligeramente más largos que el resto… su altivez y soberbia con la que les había hablado. Estaba seguro que la pequeña niña quedaría seleccionada para la casa de las serpientes.
Y no se equivocó, aunque claro, no se había esperado que fuera una nacida de muggles.
No recordaba con exactitud los acontecimientos de segundo año, pero recordaba el terrible miedo recorriendo su sangre pura. El terror que lo acompañaba cada noche gracias al imbécil de su padre que creyó era buena idea dejar un Horrocrux en las manos de una mocosa de primer año.
También recordaba, como una especie de flashes, cuando Blaise fue golpeado por el Sectumsempra. Como había dicho antes, había recuerdos más nítidos que otros, recuerdos que estaban tan arraigados en su memoria que inclusive recordaba lo dicho aquel día.
Espino, veinticinco coma cuatro centímetros, pelo de unicornio. Elástica.
Su padre había estado muy orgulloso, su madre, contenta. Ollivander lo había descifrado muy bien; no había necesitado estar ahí más de cinco minutos. A pesar de las cientas de cajas que habían dentro de la tienta, Ollivander encontró la varita de Draco casi hasta el fondo. No se desvió, no miró otras antes. Sólo había necesitado un vistazo al rostro puntiagudo y pálido de Draco para dirigirse al estante donde estaría quien acompañaría al Slytherin el resto de su vida. O al menos, hasta que James Potter se la arrebato de entre las manos. ¿Es que podría haber sido más estúpido?
Detrás suyo, aproximadamente a unos dos metros, Vincent golpeo una caja con la punta de su bota, sacando a Draco de sus recuerdos.
Aún en cuclillas, con una polvorienta, vieja y aplastada caja entre sus manos, giró ligeramente el rostro para mirar a su mejor amigo. Vincent Crabbe, el pequeño niño regordete que lo había seguido hasta el fondo de la alcantarilla estaba allí, parado. Con el cabello rapado, los gruesos y anchos hombros ocultos por su capa de mortífago. Una sombra de aquel niño, no era más que eso.
Ligeramente inclinado sobre su pierna derecha ya que la izquierda no podía sostenerlo, miraba los estantes destrozados de la tienda. Habían tenido que ir en busca de nuevas varitas ya que la suyas ahora no estaban a su disposición. La Orden tenía la suya y Voldemort la de Vincent.
Él no había sido el encargado de buscar a Ollivander, aquel encargo había estado a manos de Dolohov y no había hecho un buen trabajo en pasar desapercibido. La puerta había sido arracada con un Bombarda y las ventanas había explotado gracias a la ráfaga del hechizo. Ollivander ni siquiera había tenido la oportunidad de esconderse, eso era obvio.
La barra de madera que separaba a Ollivander de sus clientes estaba quemada, con un gran hueco que Dolohov había dejado para sacar a rastras a el pobre hombre. Y, como si aquella humillación no hubiera sido suficiente, habían hecho volar los estantes donde Ollivander guardaba sus varitas. Cientas y cientas de cajas tiradas por todos lados, los estantes que lograron salvarse, estaban derrumbados unos encima de otros en un grotesco espectáculo de piezas de domino gigantes.
-¿Ollivander habrá logrado crear un hechizo que podamos utilizar para encontrar nuevas varitas? -preguntó Vincent, recargándose contra la negruzca barra- Ya sabes, habrá tenido alguno para encontrar las varitas así, como si nada. Solo te veía y pum -chasqueo sus dedos- sabía cual escoger.
-Lo dudo -murmuro Draco, mirando otra vez la caja entre sus manos mientras la abría. Una varita muy parecida a la de Gregory reposaba entre un pequeño cojín color escarlata- Él las fabricaba, supongo que… -sacó la varita, la blandió y una mota de polvo salió de la punta de la misma. Suspiró abatido y la dejó caer al suelo junto con su caja- … las conocía demasiado bien.
-Son demasiadas.
-Alguno magos son mejores que otros -dijo, levantándose. Miró a su alrededor y se acercó a una caja que, por arte de magia, se había quedado en su lugar. A diferencia de sus hermanas, que habían caído al suelo. Tomo la caja entre sus manos y la abrió. No era muy distinta a la suya.
Dejó caer la caja al suelo y tomando ambos extremos de la varita intentó doblarla. No, totalmente rígida. Dándole la espalda a Vincent una vez más, sacudió la varita y el estante del fondo empezó a enderezarse hasta regresar a su posición original. Las cajas que estaba alrededor del estante empezaron a levantarse hasta apilarse una encima de otra, regresando a lo que eran antes de que Dolohov se inmiscuyera en sus vidas.
-¿Serías capaz?
-¿De qué? -preguntó, mirando a Vincent y caminando hacia él, con cuidado de no caerse por las cajas en el suelo.
-De matar a Lucius.
Draco se tensó. No lo había pensado, o más bien, se había negado a pensar en ello. Asesinar no era su fuerte, tal vez torturar o desgarrar, pero la única vez que había llegado tan lejos fue cuando tuvo que matar a Marcus… no, no tenía porque matarlo, pero así fue como sucedió al final y no había nada que pudiera cambiarlo.
Pateó una caja en su camino sin desviar la vista del mortífago.
-Todos somos capaces de matar a alguien.
-Una cosa es matar a Marcus y otra muy distinta a tu padre.
-Retrocede, Vincent. Estas tocando un punto sin retorno.
Vincent se tensó, pero no desvió la mirada de los fríos ojos de Draco.
-Sabes que te seguiré al mismo infierno si es necesario -masculló, cruzándose de brazos en un gesto de desinterés. Draco tenía una varita, él no y ninguno tenía el poder suficiente para conjurar sin una- Sólo necesito saber hasta donde llegaremos.
-¿Para qué? -entrecerró los ojos con desconfianza- ¿Para qué necesitas saber?
-Para saber hasta donde Gregory tiene que rezar por nosotros -Draco inclinó ligeramente su cabeza, analizando al mortífago. Negó y empezó a reírse. Una risa ronca.
-Por la sangre de Salazar Slytherin -rio, rascando su mejilla con la punta de la varita. Se quedaron callados incluso unos minutos después de que Draco dejó de reírse- No lo sé, Vincent -admitió, desviando la mirada hacia las ventanas sin vidrios- No sé si sea capaz de matarlo, pero sé que él lo hará.
-¿Qué cosa?
-Matarme -murmuro, un dolor palpitante en su pecho- Él cree que mate a madre -dijo- Y ya sea cierto o no, él aún me creyó capaz de hacerlo. Ese es el problema.
-Entonces déjame matarlo -susurró Vincent, alejándose de la quemada barra. Caminó dos pasos con una mueca de dolor en el rostro y una cojera en el pie derecho- Yo lo haré.
-No -negó, deteniendo el doloroso andar de Vincent con un mano en su ancho hombro- Mataste a Ojoloco y mira lo que te hizo -dijo, señalando el demacrado rostro del muchacho. Vincent desvió la mirada- Sé que fue un error, pero eso no quita lo que hemos hecho.
-Yo… yo… ¡mierda! -Draco retrocedió un paso, mientras Vincent soltaba una patada contra un estante caído- Iré a Azkaban. Cuando esto acabe y si sobrevivo, sabes que iré a Azkaban. Algún miembro de la Orden me habrá visto y yo… -apretó sus puños- … yo…
-No dejaré que eso ocurra, Vincent -Draco guardó su varita en el bolsillo de su túnica antes de forzar a Vincent a mirarlo. Tomó el rostro de su amigo entre sus manos y lo miró directamente- Escúchame -Vincent abrió los ojos, atormentado. Draco tragó- Una vez que todo esto termine; te sacaré de aquí.
-¿Qué…?
-No puedes quedarte en el mundo mágico y eso lo sabes -susurró- Tendrás un hijo, y que me parta un Crucio si dejó que ese niño se críe mediante Pansy. Sería muy mimado.
Vincent rio. Draco le soltó el rostro mientras el otro sorbia sin gracia alguna.
-Tú y Pansy irán al mundo muggle. Nadie los buscara ahí.
Se miraron unos segundos.
-¿Y tú? ¿Qué pasara contigo?
Draco sonrió. Su patentada, petulante y engreída media sonrisa que era más una mueca que sonrisa.
-¿Conmigo? -palmeo el brazo de Vincent- Fratello, seré el maldito salvador del mundo mágico. Potter me besara los pies -se mofó.
Vicent rodó los ojos. Claro, no podría ser de otra manera.
Un estruendo fuera de la tienda llamó la atención de ambos mortífagos.
-Escoge una varita -ordenó el rubio, rozado su brazo con el de su amigo y se apresuró fuera de la tienda de varitas.
El Callejón Diagon no había sido el mismo después de la masacre que había encabezado Draco contra el grupo de los rebeldes de Slytherin. Con sus calles desoladas, algunos negocios reducidos a escombros y otros que habían preferido cerrar, parecía más una imitación del callejón Knockturn… sólo que sin las tiendas de dudosa procedencia.
La mayoría de los negocios no había vuelto a abrir después de la masacre con la terrible excepción del Banco de Gringotts, el Caldero Chorreante y Sortilegios Weasley. Draco había visto a los gemelos Weasley en aquel pueblo muggle hace días y por lo visto, ningún auror hasta el momento se había atrevido a arrestarlos por su relación con Potter. Si Voldemort pensaba que el par de pelirrojos lo llevaría hacia el escondite de Potter estaba muy equivocado.
Negó con la cabeza y chaqueo la lengua; él los hubiera arrestado desde el primer día. A toda la familia Weasley en vez de dejarla continuar con su vida como si nada hubiera pasado.
Mirando los escombros que resultaron de la explosión que destruyó Flourish & Blotts, Héctor mantenía un libro abierto entre sus manos, con la vista fija en sus chamuscadas páginas como si tratara de adivinar que había estado escrito allí antes de que el fuego las consumiera.
-Les dije que no hicieran escandalo -siseo el platinado, girándose para mirar a los dos hombres lobos que custodiaban la entrada a la tienda de Ollivander.
Zed se estremeció ante el tono utilizado por Draco, William se tensó y miró de reojo a los hombres lobo que esculcaban entre las piedras y libros.
-No hay nadie en un perímetro de cien metros, Malfoy -dijo con total reverencia, mirando los lustrosos zapatos de su amo- Los chicos solo querían divertirse un poco… -el mortífago enarcó una ceja. El hombre lobo tragó- No volverá a repetirse…
-Vincent aún necesita encontrar una varita digna de él -siseo Draco, viendo que por fin había llamado la atención de Héctor y Xavier que botando lo que tenían en la mano caminaron hacia él- ¿Cuándo se supone que Billy llegará con los suyos? -preguntó- A Lord Oscuro no le gusta esperar.
Zed tragó, todos ahí sabían que no respondían ante Lord Tenebroso, pero en momentos como ese debían mantener las apariencias.
-Billy ya ha de estar llegando al territorio -murmuró Xavier, inclinando la cabeza ligeramente hacia la figura del platinado. El chico se tensó, miró a su alrededor y fulminó al hombre lobo con la mirada.
-Te he dicho mil veces que no hagas eso en público.
-Lo siento, am… -Xavier se mordió la lengua- No tardaran, una vez que Fisher vea lo que nos has obsequiado, traerá a todos los hombres lobos de cada rincón del país… -murmuró algo en voz tan baja que le fue imposible a Draco captarlo.
-Te recuerdo que no tengo tus habilidades, Xavier -se llevó una mano a la sien, estaba empezando a dolerle.
-Te seremos fieles -repitió Héctor, mirando con solemnidad al joven mortífago- Hasta el final de nuestros tiempos.
Draco miró cada par de ojos con atención, todos de el mismo color amarillento. Los sentimientos de lealtad y obediencia que desbordaban por las pupilas. Hombres que habían sido encadenados ante la imagen de monstruos. Y ahora eran suyos para dirigir… al menos, hasta que Theo pudiera tomar el control de su manada.
El mortífago asintió hacia los hombres lobo mientras Vincent, cojeando, salía de la tienda de Ollivander blandiendo una varita. Sus ojos chocaron con los del rubio y luego miro a los hombres lobo que mantenían su atención en el platinado.
-¿Listo? -Vincent asintió, Draco se giró hacia William- Lidera el camino, William.
-¿A dónde?
Draco compartió una mirada con Vincent.
-A Hogwarts... Hay algo que el director Snape quiere que hagamos por él.
Aula de Artes Oscuras.
1:16 p.m.
Conforme los días pasaban, una terrible incertidumbre golpeaba a Hermione desde el fondo de sus entrañas. ¿Y si Draco estaba empezando a formar sus propios planes? ¿Sin consultarle? No es que ella no confiara en él, pero estar dentro de las filas de los mortífagos podría corromper a cualquiera. Mira a Vincent, había matado a Ojoloco Moody, uno de los mejores aurores de todos los tiempos y un gran elemento de la Orden. ¿Y qué era la Orden sin Ojoloco? Sólo una bola de Weasley reunidos y sus amistades. Potter… Potter sólo había sido el niño que tuvo la pésima suerte de ser tomado como el igual de Voldemort.
Habían acordado que harían todo lo posible para ayudar a la Orden… entonces, ¿por qué Vincent mató a Ojoloco? ¿Draco se lo habría ordenado?
-¿Sigues sin entender por qué Dumbledore te legó el libro? -preguntó Gregory con voz baja, logrando sacar a Hermione de sus pensamientos. La chica sacudió ligeramente su cabeza, haciendo revolotear un poco su coleta alta; mirando momentáneamente el libro de cuentos sobre su escritorio para terminar mirando a su amigo.
-Sí -intentó regalarle una sonrisa, pero terminó formando una mueca- Yo sólo… -suspiró, mirando las páginas abiertas del libro una vez más- Sigo sin entender por qué razón un libro de cuentos infantiles era tan importante para él -murmuró- Tal vez, sólo estaba jugando conmigo, ¿no crees? -preguntó, dándose cuenta de que Gregory no había mantenido su atención en ella- ¡Greg! -siseo.
-Mira -sus ojos estaban puestos sobre las figuras de Blaise y Patil, sentados hasta el frente de la clase, a unos escritorios de Pansy y Theo. Blaise parecía estar sumido en sus pensamientos, dibujando sobre su pergamino líneas sin contexto y con la mirada preocupada de Patil sobre él- Parece que Blaise tuvo una recaída…
-Tal vez sólo pelearon -Hermione se encogió de hombros, sosteniendo su barbilla con su puño y desviando su mirada hacia donde Ginevra Weasley estaba sentada. Ella también miraba fijamente a Blaise y Patil, sin prestar atención a lo que Finnigan y Thomas conspiraban junto a Bones, Abbott y otros miembros del E.D.
-Sí, tal vez… -Gregory negó, miró otra vez el libro sobre la mesa de Hermione.
-De todas formas, Mirthy lo está siguiendo, si ocurre algo malo ella nos lo hará saber -intentó consolarlo, poniendo una mano sobre su duro antebrazo. El rostro de Gregory estaba deformado por su ceño fruncido.
-¿Eso siempre ha estado allí? -preguntó, señalando con su dedo índice la parte superior de la página que Hermione había leído demasiadas veces.
-Sí -suspiró, soltando el antebrazo de Gregory- Pensé que era una runa, pero no aparece en el silabario -se encogió de hombros- Tal vez es alguna clase de ojo. Está dibujado con tinta; por lo que supongo que Dumbledore tuvo que haberlo añadido…
-Las Reliquias de la Muerte… -susurró, toda su atención puesta en el dibujo- El padre de Blaise le dejó un libro donde se relataba La Fábula de los Tres Hermanos cuando murió… Había un símbolo como éste -rozó el símbolo- que estaba grabado en todas las páginas del libro… recuerdo que una vez Theo le preguntó qué significaba. Blaise nos contó una historia, contada antes por su padre.
-La Fábula de los Tres Hermanos -repitió, mirando el título escrito en runas.
-Supongo que ya lo has leído -Hermione asintió, pasando sus dedos por las palabras plasmadas con tinta.
-Había una vez tres hermanos que viajaban a la hora del crepúsculo por una solitaria y sinuosa carretera… -Gregory se recargo sobre el escritorio, con los brazos cruzados y mirando a Hermione. La chica negó, divertida- No me lo harás leerlo, ¿cierto?
-Después de que Blaise nos lo leyó, solía pedirle a mi madre que lo hiciera… -sus ojos se nublaron- … todas las noches, durante dos años.
Hermione suspiró.
-Claro, usa la carta de lástima -replicó burlona, sacándole una risa a Gregory- … Los hermanos llegaron a un río demasiado peligroso para cruzarlo. Pero como los tres hermanos eran diestros en las artes mágicas, no tuvieron más que agitar sus varitas e hicieron aparecer un puente para salvar las traicioneras aguas. Cuando se hallaban hacia la mitad del puente, una figura encapuchada les cerró el paso… Y la Muerte les habló… -Gregory había cerrado los ojos, escuchando atentamente a su mejor amiga y recordando esa noche tormentosa hace muchos años- Estaba contrariada porque acababa de perder tres posibles víctimas, ya que normalmente los viajeros se ahogaban en el río. Pero ella fue muy astuta, y fingiendo felicitar a los tres hermanos por sus poderes mágicos, les dijo que cada uno tenía opción a un premio por haber sido lo bastante listo para eludirla.
Así pues, el hermano mayor, que era un hombre muy combativo, pidió la varita mágica más poderosa que existiera, una varita capaz de hacerle ganar todos los duelos a su propietario, en definitiva, ¡una varita digna de un mago que había vencido a la Muerte! Ésta se encaminó hacia un saúco que había a la orilla del río, hizo una varita con una rama y se la entregó.
A continuación, el hermano mediano, que era muy arrogante, quiso humillar aún más a la Muerte, y pidió que le concediera el poder de devolver la vida a los muertos. La Muerte tomó una piedra de la orilla del río y se la entregó, diciéndole que la piedra tendría el poder de resucitar a los difuntos.
Por último, la Muerte le preguntó al hermano menor qué deseaba. Éste era el más humilde y también el más sensato de los tres, y no se fiaba de nadie. Así que le pidió algo que le permitiera marcharse de aquel lugar sin que ella pudiera seguirlo. Y la Muerte, de mala gana, le entregó su propia capa invisible.
Entonces la Muerte se apartó y dejó que los tres hermanos siguieran su camino. Y así lo hicieron ellos mientras comentaban, maravillados, la aventura que acababan de vivir y admiraban los regalos que les había dado la Muerte. A su debido tiempo, se separaron y cada uno se dirigió a su propio destino.
El hermano mayor siguió viajando algo más de una semana, y al llegar a una aldea lejana buscó a un mago con el que mantenía una grave disputa. Naturalmente, armado con la Varita de Saúco, era inevitable que ganara el duelo que se produjo. Tras matar a su enemigo y dejarlo tendido en el suelo, se dirigió a una posada, donde se jactó por todo lo alto de su poderosa varita mágica que le había arrebatado a la propia Muerte, y de lo invencible que se había vuelto gracias a ella.
Esa misma noche, otro mago se acercó con sigilo mientras el hermano mayor yacía, borracho como una cuba, en su cama, le robó la varita y, por si acaso, le cortó el cuello. Y así fue como la Muerte se llevó al hermano mayor.
Entretanto, el hermano mediano llegó a su casa, donde vivía solo. Una vez allí, tomó la piedra que tenía en el poder de revivir a los muertos y la hizo girar tres veces en la mano. Para su asombro y placer, vio aparecer ante él la figura de la muchacha con quien se habría casado si ella no hubiera muerto prematuramente.
Pero la muchacha estaba triste y distante, separada de él por una especie de velo. Pese a que había regresado al mundo de los mortales, no pertenecía a él y por eso sufría. Al fin, el hombre enloqueció a causa de su desesperada nostalgia y se suicidó para reunirse de una vez por todas con su amada. Y así fue como la Muerte se llevó al hermano mediano.
Después buscó al hermano menor durante años, pero nunca logró encontrarlo. Cuando éste tuvo una edad muy avanzada, se quitó por fin la capa invisible y se la regaló a su hijo. Y entonces recibió a la Muerte como si fuera una vieja amiga, y se marchó con ella de buen grado. Y así, como iguales, ambos se alejaron de la vida.
No fue sino hasta que terminó aquel corto relato, que Hermione se dio cuenta de lo silencioso que estaba el aula de Artes Oscuras. Un terrible miedo le caló los huesos, levantó la vista temerosa de encontrar al mortífago Carrow al frente de la clase, pero no lo encontró por ningún lado. En cambio, todos los ojos estaban puestos sobre ella. Los estudiantes de las distintas casas miraban con atención a la Slytherin, algunos con los ojos desenfocados apenas saliendo del relato.
Recorrió rostro tras rostro hasta encontrarse el único que mostraba un rictus de terror total. Blaise Zabini la veía como si se hubiera encontrado de frente con un fantasma. Su rostro estaba cenizo, sus labios abiertos como si intentara decir algo y sus ojos brillaban con miedo. Un escalofrío recorrió a Hermione, ¿había despertado algo en el joven mortífago?
-Vaya, ¿quién lo diría? La sangre sucia sabe los cuentos de los magos -se mofó Pansy, que había percibido el cambio en el ambiente entre Blaise y Hermione. El hechizo pareció romperse alrededor del aula.
-Metete en tus propios asuntos, mortífaga -espetó Gregory, sentándose recto y fulminando a la chica con la mirada. Pansy rodó los ojos, se giró sobre su asiento y le mostró el dedo corazón a Gregory.
Poco a poco los demás estudiantes fueron retomando sus asuntos, pero Hermione no apartó la mirada de Blaise. El moreno se giró sobre su asiento y Patil, a un lado suyo, miró confundida a la castaña antes de recargarse contra el hombro de Blaise y susurrar palabras en voz baja.
-Ésas son las Reliquias de la Muerte -explicó Gregory. A continuación tomó la pluma de Hermione, sacó un trozo de pergamino de su mochila y las enumeró-: La Varita de Sauco -y trazó una línea vertical en el pergamino-; la Piedra de la Resurrección -y dibujó un círculo encima de la línea-, y la Capa Invisible -y, al trazarla, encerró la línea y el círculo en un triángulo componiendo en símbolo que estaba grabado en el libro de Albus Dumbledore- Las tres juntas son las Reliquias de la Muerte.
-Pero en la fábula no se menciona esa expresión -observó Hermione.
-No, por supuesto que no -Gregory se encogió de hombros- Pero Blaise solía llamarlas así, supongo que cuando era niño creía en esas cosas -miró de reojo al susodicho- Solía decir que su padre creía que, quien juntara esas tres reliquias, se convertiría en el amo de la muerte. Su padre las buscó por mucho tiempo -suspiró- Pero nunca encontró ninguna.
-Por que es un cuento infantil.
-Gellert Grindelwald utilizó durante mucho tiempo el símbolo de las Reliquias de la Muerte como escudo -dijo- Las buscó durante toda su vida; es lo que solía contestarnos Blaise cuando lo increpábamos sobre el tema.
Hermione resopló, se cruzo de hombros y se recargó contra el respaldo de su silla.
-No me dirás que en enserio crees que Albus Dumbledore… -susurró el nombre- … uno de los magos más poderosos de todos los tiempos creía en estas tonterías. Al igual que Grindelwald que creó caos y destrucción. Buscando liberar a los magos y brujas para mostrarse ante la sociedad muggle… y utilizaba el símbolo de un cuento infantil como escudo -su voz estaba llena de hastío. Gregory levantó ambos brazos en defensa.
-Oye, yo sólo te cuento lo que Blaise nos contó en su tiempo -se defendió- Tal vez Dumbledore era un creyente, al igual que Alessio Zabini y Gellert Grindelwald… no es más que un cuento, pero esta bien tener fe de vez en cuando.
-Ahí vas -Hermione suspiró y cerró el libro sobre su escritorio- No me harás ir a rezar contigo al árbol suficiente es con que Snape nos haya mandado a llevarle la Copa de Helga Hufflepuff sin consultarnos primero -despotricó.
-No estaba de más intentar -Gregory rio.
Despacho del director de Hogwarts.
2:14 p.m.
Podía ver como el líquido de color ámbar se escurría de un envase a otro, con el sonido que hacia al caer como único acompañante del silencio; sus orbes negros como la noche puestos sobre los dos estudiantes de Slytherin que habían decidido seguir a las filas de mortífagos en vez de regresar a Hogwarts un año más.
Ninguno habló, solo se miraban entre ellos a la espera de que Snape decidiera hablar. Cuando los tres vasos estuvieron servidos con la misma cantidad de whisky de fuego, hizo levitar dos de ellos hacia ambos jóvenes y bebió del tercero, sintiendo el familiar ardor recorrer su garganta.
-¿Cómo está sanando esa pierna? -preguntó justo después de que Vincent le dio un trago a su bebida. El joven miró a su acompañante, pero éste se negó a regresarle la mirada, ya que toda su atención estaba puesta sobre su mentor.
-Mal… -admitió después de darse cuenta que Draco no intercedería por él- No esta sanando sólo… -dudó- … solo cicatrizó.
Snape asintió, comprensivo.
-¿Te ha llegado a palpitar? ¿O doler?
-Todo el tiempo -contestó Draco antes de que Vincent pudiera hacerlo- Le quedó una cojera.
El antiguo maestro de Pociones y actual director de Hogwarts suspiró, cerró los ojos y recargó su frente contra sus manos entrelazadas.
-Lo siento mucho.
-Usted no tiene la culpa, profesor Snape -respondió Vincent, removiéndose en su asiento y mirando de reojo a Draco.
-Es lo que trato de decirme día con día, pero nunca termino de convencerme -respondió. Draco frunció el ceño y Vincent carraspeo incómodo. Los ojos de Snape volvieron a encontrase con los de Vincent- ¿Qué ocurrió con Alastor? Dicen por ahí que Dolohov lo mató antes de ser aplastado por un gigante, y otros que dicen que lo mataste tú.
-Fue un accidente -respondieron a la par- … El hechizo era contra Rowle, pero el gigante… tropezó contra mi fuego maligno y… el suelo tembló… -Vincent tragó - … No quería matarlo, sólo… el hechizo erró.
-Esta bien -Snape asintió, tomó otro trago de aquel líquido ámbar y miró a Draco- Sé que hablamos muy poco la última vez que nos vimos y se dijeron cosas cruciales que cambiaran el rumbo de esta guerra -Draco se removió, sabía hacia donde se dirigía Snape- ¿Qué estas haciendo para buscar a tu padre?
-Nada -desvió la mirada.
-Draco…
-Si lo busco y luego lo encuentro -miró a Snape- Él se esconde con Potter, no quiero ser yo quién guíe a Lord Oscuro hacia Gafas. Él no puede encontrarlo, o todo esto será para nada -siseo.
-Estamos cada vez más cerca -continuó Snape- La Orden ya tiene el guardapelo.
-Sí, ¿y? -Draco se burló- Ni siquiera sabemos como destruirlos, ¿cómo demonios lo sabrán ellos?
-La espada de Godric Gryffindor puede destruir a los Horrocrux.
-¿Disculpa? -intercedió Vincent, tan sorprendido como Draco- ¿Cómo es que la espada…?
-Hermione lo descubrió -señaló con la barbilla hacia donde estaba la espada, colocada justo al centro de una mesita de cristal, en medio de tres sillones color esmeralda. Vincent y Draco miraron la caja de la reluciente espada antes de volver su atención a Snape.
-El veneno de basilisco es una de las cosas que puede destruir un Horrocrux, según me informó Hermione -dijo- Y la espada tiene la habilidad de adquirir toda esencia que la haga más fuerte.
-Entonces, ¿por qué le hemos entregado el guardapelo a la Orden? -inquirió Vincent- Pudimos haberlo destruido nosotros mismos.
-No es tan simple -respondió Snape- Creo que los objetos deben ser abiertos para mostrar al Horrocrux en su verdadera forma… y creo que sólo se puede mediante el pársel.
-Y ninguno de nosotros conoce esa lengua -bufó Vincent.
-¿Por qué no se nos informó nada de esto? -preguntó Draco, cruzándose de brazos- Apareciste dándonos una simple charla donde mencionabas que Theo despertó y que debía encontrar a mi padre por órdenes de Lord Oscuro, ¿pero no de como destruir un Horrocrux?
-Han ocurrido muchas cosas, Draco.
-¿Sí? -se rio- ¿Cómo qué? ¿Las cañerías dejaron de funcionar? ¿McGonagall adquirió un sentido de moda?
-Blaise se está volviendo cada vez más osado -respondió, ignorando la bulla- Ve a Bellatrix cada semana.
-La tía Bella está loca, y después del fiasco de la aldea muggle, Lord Oscuro la ha de despreciar aún más. No es un peligro.
-No la subestimes, Draco.
-No lo hago -escupió con furia- Pero si Vincent y yo nos estamos jugando el pellejo, al menos tenemos el derecho de que no nos oculten nada.
-¿Cómo tú decidiste entregar a Theo a la Orden?
Draco rodó los ojos y soltó un soplido nada elegante.
-Usted estuvo de acuerdo -le recordó Draco- Usted dijo que Theo era el más apto para ocupar aquel papel.
-Pero nunca lo consultaste con él -contraataco Snape.
-Bueno, no esperaba que tomara una siesta de lo más linda durante dos semanas -bufó- Tenía cosas más importantes que hacer que susurrarle al oído entre sueños.
-Siempre hay cosas más importantes, ¿no, Draco? -antes de que Theo tuviera tiempo de terminar su frase; Draco y Vincent ya se habían levantado en toda su altura, empujando ambas sillas en el proceso y apuntando con su varita a los recién llegados.
Theo llevaba puesto el uniforme de Slytherin, a excepción de su túnica y su chaleco. El cabello le había crecido un par de centímetros y lo llevaba sujeto detrás de las orejas gracias a la ayuda de lo que suponía era una diadema muggle. Había recuperado su bronceado natural y algo de peso. Pansy estaba parada a un lado suyo y al igual que su amigo le faltaba portar su chaleco y su túnica. Su cabello rozaba sus hombros con un corte prefecto y aún no había signo alguno que delatara su embarazo. Gregory estaba parado detrás de Pansy, una cabeza más alto que la chica y rebasaba por unos pocos centímetros al castaño. Se veía más intimidante de lo que Draco recordaba.
Y por último estaba Hermione Granger, con sus rizos sostenidos en una coleta alta, con el uniforme planchado a la perfección y el emblema de Prefecto y Premio Anual brillando encima del escudo de Slytherin de su chaleco. A diferencia de Theo, parecía haber perdido peso y unas terribles ojeras se mostraban aún sobre el maquillaje. Tenía un mohín de enojo adornando sus labios.
-¿Por qué siento que nos estamos perdiendo de algo? -siseo Draco, bajando su varita y mirando el rostro plagado de enojo de Theo. Vincent, en cambio, no bajo ni un milímetro su varita.
Un escalofrío recorrió la espalda del platinado.
-¿Dónde estaban? -preguntó Pansy, envolviendo sus brazos alrededor de su estómago.
-Resolviendo algunos asuntos.
-¿Qué clase de asuntos? -increpó Hermione cruzándose de brazos. Draco entrecerró los ojos hacia la castaña.
-Sólo… asuntos.
Theo soltó una carcajada cruel.
-Antes solías confiarnos todo.
-Antes no teníamos a un traidor entre nosotros.
-¿Es eso? -Hermione rio, pero Draco no soltó su desconfianza- Claro que es eso -negó con la cabeza- Así que, si Blaise se volvió un traidor, cualquiera puede hacerlo… ¿qué hay de Vincent? ¿De él no desconfías? -escupió.
-Vincent se juega el pellejo igual que yo.
-¿Lo mataste? -preguntó Pansy antes de que alguno pudiera gritarle a Draco- El Quisquilloso dice que mataste a Ojoloco.
-Pansy…. -Snape intentó interceder.
-¿En serio vas a creer lo que dice esa mierda de periódico? -se mofó Draco.
Theo se movió un paso, sus ojos tomaron un color amarillo al que Draco ya le había perdido el miedo. Con que de ahí venían…
-¿Lo hiciste? ¿Realmente lo mataste? -Pansy siguió preguntando. Draco no necesito mirar a Vincent para saber que respuesta había dado, con sólo ver la devastación en tres de los cuatro rostros que estaban frente a él fue suficiente- ¡Cirse!
-¡Oh por Dios! -jadeo Gregory, perdiendo la sangre del rostro.
-Fue un accidente -intentó defenderse.
-¡Claro! Accidentalmente le soltaste un Avada Kedavra -Hermione tenía las manos en puños- ¡A Alastor Moody! ¡El auror más valioso de la Orden del Fénix! Posiblemente la reina en el tablero de ajedrez.
-¡Esto no es un maldito juego, Hermione! -gritó Vincent, el rostro rojo por la furia. Gregory sacó su varita, apuntando al mortífago- ¡Es una maldita guerra! ¡Y en las guerras hay bajas! ¡No puedes seguir un maldito libreto como si todo fuera a salir a la perfección! -la punta de la varita de Vincent empezó a sacar chispas. Theo y Hermione sacaron sus varitas al instante, Pansy se escondió detrás de la figura de Theo.
Draco avanzó un paso hacia sus amigos, con las manos en alto.
-No es lo que parece -dijo- Son varitas nuevas, muy maleables. Aún no sabemos manejarlas.
-Con las nuestras era muy simple -Gregory no apartó sus ojos de Vincent, pero Theo apuntó con su varita a Draco.
-Deberíamos tranquilizarnos todos… -Snape se levantó de su silla y rodeo el escritorio.
-El director Snape tiene razón, vamos a tranquilizarnos… -pidió Draco.
-¿Ahora quieres tranquilizarte? Vincent estaba a punto de hechizarnos a todos.
-Ya te dije que son varitas nuevas -siseo Draco, fulminando a Theo con la mirada- Es difícil controlarlas.
-Entonces debería controlar sus problemas de ira.
-¿¡Yo!? -Vincent se rio- ¡No fui yo quien le dio una paliza a Blaise porque quería joderme a Lovegood!
-¡No fui yo quien manipuló a Pansy para poder acostarme con ella! -Pansy soltó un grito ahogado y el rostro de Theo mostró una mueca de malicia pura.
-Mierda, ¡retrocede Theo! -Draco se plantó delante de Vincent, que se había quedado plasmado con la acusación- No sabes como pasaron las cosas realmente, no tienes derecho alguno a opinar sobre este asunto.
-¿Me vas a decir que miento? ¿Me vas a decir que no fue contigo y te convenció de desposar a Pansy? ¿Así ganabas un asiento más entre las filas de Vold…?
-¡No digas su nombre! -gritó Draco- ¡Hay un puto Tabú con su nombre! ¿¡Qué quieres hacer!? ¿¡Matarnos a todos!?
-¡Todo esto no son más que jugadas para ti! ¡Malditos peones a los que puedes manipular a tu antojo! -Theo se movió con velocidad asombrosa, clavándole la varita mágica al cuello de Draco. Vincent se movió detrás de Draco, y Gregory avanzó dos pasos más.
-No, Vincent. Detente… -siseo sin despegar su mirada de la amarillenta de Theo.
-Theodore… -Snape miraba a ambos bandos, tratando de averiguar como interceder para no enojar al otro.
-¡Me utilizaste! -le escupió a la cara- No solo pusiste mi vida y la de Hermione en peligro al entregarnos a la Orden, sino que también arriesgaste la de Luna. ¿Y todo para qué? ¿Para que Potter pueda salir ileso de esta guerra?
-Si Potter muere antes de que destruyamos los Horrocrux no nos servirá de nada -siseo Draco- Viviremos en un mundo controlado por sangre pura, ¿es eso lo que quieres, Theo? ¿Vivir con el miedo constante de que alguien te apuñale por la espalda…? ¿O a la pequeña Luna? Alguien que es catalogada como traidora a la sangre gracias a la infinita lealtad que le tiene Xenophillus Lovegood a la causa de Potter -preguntó, viendo los colmillos que sobresalían de los labios de Theo gracias a su gruñido.
El castaño empujó a Draco con fuerza, haciéndolo caer al suelo. El platinado reprimió un grito de dolor al sentir el hueso de su hombro tronar, habiendo recibido parte del impacto al golpear el suelo.
-¿Esa va a ser tu respuesta? -espetó Theo- Morir en el intento o vivir en un mundo plagado de sangre puras controlado por Tom Riddle.
-Vivir en una realidad donde Harry Potter sea el salvador del mundo mágico y nosotros héroes -siseo Draco, parándose con dificultad y un brazo inerte- ¿O crees que nos estamos jugando el pellejo de a gratis?
-Pues no parece que tú estés haciendo algo -Gregory tenía la mirada puesta en el hueso zafado.
-¿¡Qué no he hecho nada!? -gritó Draco, perdiendo la paciencia- ¡No soy yo quien se oculta detrás de las paredes del castillo!
-Draco… -Snape miraba la furia desbordarse del platinado, temiendo que dijera algo de lo que después pudiera arrepentirse.
-¡No soy yo quien cree que puede rezarle a un Dios inexistente y mágicamente salvarnos a todos! -Hermione tragó aire, eso no había sido justo- ¡No soy yo quién puede dormir toda la maldita noche sin miedo a que un maldito mortífago me corte el cuello! ¡Sin tener miedo a que Lord Oscuro le de por practicar su maldición Cruciatus en nosotros! ¡Que lo peor que puede pasarme es que McGonagall decida ponerme un Insuficiente en el puto EXTASIS! -su pecho subía y bajaba con fuerza- ¿¡Quieres saber que he hecho, pequeño pedazo de idiota!?
-Es suficiente, Draco…
-¡Cierra la maldita boca, Hermione! -aulló- ¡Todos ustedes me tienen arto! ¡Quejándose infinitamente sobre lo mala que es la vida dentro del castillo! ¡Pobre de mí! ¡Al que miran mal en cada esquina! -Hermione lo miró indignada- ¡Al menos no han intentado matarte! ¡Al menos no tienes que cuidar que Bellatrix te apuñale a la mitad de la noche! ¡No han tenido que ir a una maldita batalla! ¡No han tenido que asesinar a Marcus por el bien de los Slytherin! ¡Verle la maldita cara a Lord Tenebroso todos los putos días! ¡Ni el puto Sirius Black les ha arrancado el brazo de una mordida! ¡JODER! -Draco soltó un puñetazo con su brazo bueno contra la pared, se sentía tan enojado. ¿Qué derecho tenían ellos a encararlo? ¡Sobre todo cuando había intentado protegerlos! ¿¡Cómo se atrevían!?
Todos se habían quedado callados ante la declaración de Draco, mirando al platinado golpear una y otra vez el muro de piedra hasta que dejó una mancha de sangre sobre los ladrillos. Respiraba con dificultad, pero en ningún momento sacó su varita para apuntarlos con ella. Sólo se quedó ahí, dándoles la espalda y temblando de enojo.
Vincent bajó su varita, la necesidad de atacar a Theo se había esfumado, pero sentía el enojo de Draco como suyo. Todo estaba saliendo tan terriblemente mal y aún así ellos creían tener el derecho de increparlos cuando lo único que habían hecho era descubrir como destruir los Horrocrux. Y cuando por fin lo hicieron, se negaron a advertirles… ¿por qué? ¿qué habían hecho mal?
Negó con la cabeza, dejando salir un suspiro tembloroso y cojeo hacia su amigo, el único que parecía tener en ese momento. Fue doloroso, y difícil… esos cuantos pasos le costaron el alma y el orgullo al saber que la atención todos en el despacho había pasado a él.
En algún momento Draco había recargado su frente contra el muro de piedra, y no fue hasta que Vincent estuvo detrás suyo que se dio cuenta que no temblaba de enojo, si no de llanto. Draco estaba llorando, y al igual que hace unos días, el otro no sabía que hacer para detener las lágrimas.
Tomó su hombro.
-Va a doler.
-Sólo hazlo, maldita sea -sollozó.
Por segunda vez, tomando ambas partes de la lesión, las presionó con fuerza hasta que por fin se juntaron, con un chasquido horrible que pensó ya había olvidado.
-¡JODER! -aulló, llevándose un puño a la boca y mordiéndolo con fuerza. Probando su sangre.
Vincent se giró hacia Snape.
-¿Por qué nos ha mandado a llamar? -podía ver la miseria brillando en los ojos del director, pero en ese momento no estaba de ánimos para consolar a nadie… ni siquiera sabía hacerlo.
-Deberíamos sentarnos y tranquilizarnos un…
-¡Maldita sea, Snape! -Draco se giró. Las lágrimas, ya sean de dolor o de furia, se deslizaban por sus pálidas mejillas- Dinos para qué nos necesitabas, quiero largarme cuanto antes de este asqueroso castillo -espetó, limpiándose el rostro con el brazo bueno.
Snape admiró la tristeza y furia que oprimía al chico, así que decidió terminar por el momento todo ese asunto.
-Lord Oscuro me pidió que guardara la Copa de Helga Hufflepuff en mi bóveda, ya que no confía más en Bellatrix -miró a Hermione- Deberíamos dejar que Potter encuentre, aunque sea una sola reliquia si no queremos que la Orden empiece a sospechar -sus ojos chocaron contra los del platinado- En algún momento tendrás que ir al Ministerio para redactar una orden de búsqueda y captura para tu padre… Arthur Weasley sigue trabajando ahí -prosiguió- Podrías hacerlo sospechar… también llevarás la espada…
-Y dejaremos todo ensamblado para Potter -dedujo el mortífago. Snape asintió- Bien, dame la maldita copa -sus ojos cayeron en los de Hermione- Vincent, toma la espada. No quiero hacer dos viajes en vano.
Hermione guardó su varita para poder sacar la Copa de Helga Hufflepuff que el profesor Snape le había mandado a buscar. Caminó hacia donde se encontraba parado su… novio y se la tendió, aún envuelta en el trapo con las iniciales de Blaise. Draco tomó solo la copa.
-Deberías llevarla guardada en algo, tus emociones ahorita están descontroladas…
-Te importan una mierda mis emociones, Granger -escupió, provocando un escalofrío en la castaña. Vincent ya iba de camino a él, cargando la espada. Draco miró una vez más al director- El patriarca de los Weasley, espero que no sea tan estúpido como si progre….
-No lo es…
Draco asintió y haciendo una incomoda reverencia a Snape, se dirigió junto a Vincent hacia la chimenea.
-Espera… -pidió Snape- Le prepararé una pócima a Vincent para el dolor…
-No es necesario, director -Draco ya había desaparecido por las llamas verdes- No es más que un pellizco -miró de reojo a Pansy. La chica se movió contra Theo, negándose a regresarle la mirada- Un jodido pellizco -murmuró en voz baja, tomó un puñado de polvos flu-: ¡Gringotts! -el imponente cuerpo de Vincent desapareció entre las llamas.
La Fábula de los Tres Hermanos la he tomado tal cual del libro de: Harry Potter y las Reliquias de la Muerte.
¿Qué les pareció? Ajá, ¡los he dejado con la boca abierta! Pero, era cuestión de tiempo para que todo explotara entre los chicos. Todas estas mentiras y engaños iban a tomar factura en cualquier momento. Era normal que la bomba explotara.
Díganme, ¿Qué les pareció? ¿Son #teamDraco o #teamTheo?
¡Déjenme sus Review! Es lo que hace que me levante cada mañana, se los juro. Leo todos y cada uno de ellos, ¡me hacen el día! ¡me super emocionan! Estaba pensado en hacer un nuevo fic, ¿ustedes qué piensan? Algo así como Draco Malfoy y el Cáliz de Fuego, ¿ya alguno escrito? ¡Cuéntenme! ¡Los amo!
