Aquella voz firme, obligo a Angel a soltarlo, apretó sus brazos alrededor suyo mientras retrocedía, justo en ese momento se sentía humillado; lo había vuelto a arruinar por su gran boca y no sabía como arreglarlo y el hecho de saber que entre ambos no habría nada más que una relación arruinada, lo destruía por dentro.
En ese momento se odiaba más que nunca.
—Angel —llamo Alastor acercándose a él, viendo como el chico se perdía cada vez más en sus pensamientos—, creo que una vez te dije que eras muy tonto por no haberte ido cuando tuviste la oportunidad de hacerlo —comentó acercándose hasta tomarlo por los hombros superiores.
Angel al escucharle, miró la sonrisa divertida de Alastor, logrando que un vuelco se instaurara en su corazón.
—Si vuelves a hacer una estupidez como casi meterte con alguien, matare a ese alguien delante de ti —amenazó sin borrar su sonrisa—, no habrá segunda oportunidades —advirtió divertido.
Angel entonces sintió como su boca se curvó en una sonrisa inevitable.
—¡Eres un estúpido! —le gritó empujándolo, se dio la vuelta y caminó hacia la cama totalmente apenado. Había caído completamente en la trampa de Alastor y es que al nunca haberlo visto bromear ni mentirle de ninguna manera, no pudo pensar que la forma en la que le hablaba era mentira.
Alastor solo se rió, pero rió con ganas, casi torciendose de la risa por ver a Angel totalmente avergonzado.
—¡Ese es tu castigo! —bromeo Alastor sosteniendo su estómago, era tan hilarante que Angel hubiera caído completamente en su jugarreta—, tal vez a la próxima pienses las cosas dos veces antes de hacerlas, corazón. O mejor aún, recuerdes quien es tu novio —puntualizó guiñandole un ojo.
—¡Vete a la mierda! —vociferó molesto y avergonzado tirándose en la cama—, ¿como pudiste decirme toda esa mieda? —gruño desde la cama sintiendo su cara cada vez más caliente por recordar todo lo que le dijo desesperado por que no lo dejara.
Alastor estaba haciendo un esfuerzo por no seguir riendo.
—No era cierto Angel —dijo tratando de calmarlo—, nunca podría tocarte de esa forma, yo si te valoro lo suficiente como para no intentarlo —comentó sentándose en la cama más cerca de lo que Angel hubiera querido—, pero era en serio cuando te dije que necesitamos hablar, en esa parte no mentí.
Angel, quien tenía la cara hundida en las sábanas, levantó un poco el rostro y vió de reojo a Alastor, encontrándose con una suave sonrisa en su rostro.
—¿Entonces no estás molesto porque lo que pasó? —preguntó cauteloso.
—Mi sombra ya se encargó del tipo, no tengo porqué —Angel abrió la boca sorprendido, incorporándose un poco en la cama—, tienes razón, debo dejar de vigilarte, pero me preocupa que hagas cosas... como esas por ejemplo —quiso justificarse pero ni él mismo pudo dar la razón real del porque seguía enviando a su sombra tras el chico.
—¡Alastor! —chillo Angel ante tan vaga contestación.
Alastor solo le sonrió.
—Tenemos mucho trabajo por delante, pero primero lo primero —aclaro mirando a Angel—, Angel, dada tu naturaleza y la mía, considero pertinente hablar sobre un tema que estoy seguro te ha estado atormentando los últimos días; sexo.
Angel entonces se cruzó de piernas sobre la cama.
—¿¡Tendremos la charla?! —rió con sarcasmo aún resentido por la cruel broma de su novio—, ¿de que quieres hablar exactamente? —preguntó curioso ladeando levemente la cabeza.
—Angel, ¿aún quieres hacer el amor conmigo? —cuando lo pregunto, evitó hacer contacto visual y encontró mucho más interesante ver la mesita de noche aún costado de la cama, ese tipo de cuestiones aún le eran muy incómodas de tratar.
Angel casi sintió como si se atragantara con su saliva, no se había referido a estar juntos como sexo, dijo hacer el amor y el que usara esas palabras casi había logrado que tuviera un orgasmo seco.
—¡Mierda sí! —grito totalmente feliz, saltando un poco en su sitio.
Alastor negó suavemente con la cabeza.
—¿Sabes que aún es muy pronto no? —volvió a preguntar Alastor mirándolo de reojo con una sonrisa burlona en su rostro tras ver como la expresión jovial de Angel cambiaba a una menos animada—, solo llevamos un mes juntos y estamos hablando de mí.
—Mierda sí... —repitió poco entusiasmado—, no olvido que eres un virgen total Alastor —rió tras decirlo logrando una peculiar expresión de sorpresa en el rostro de Alastor.
—Yo no-
—Al, no engañas a nadie, sé que eres virgen, al menos aquí abajo lo eres —puntualizó enarcando una ceja.
—Bien, tu ganas, no puedo negarlo, pero eso no tiene que ver con que no me guste el sexo —aclaro mirándolo—, necesito más tiempo.
—¿Qué tanto?
—Mucho tiempo.
Ante aquella respuesta, se inquietó, ¿qué tanto era mucho tiempo?
—Pero puedo hacer otro tipo de cosas para compensarlo —dijo mirando la cara de espanto de Angel, ya sabía que reaccionaría así, era completamente normal, después de todo era una persona hipersexual, despedía un aura de lujuria con cada paso que daba y las miradas siempre se posaban en él a donde quiera que fuera; eso era algo que Alastor sabía muy bien y era por eso mismo, que se armó de valor para tocar un tema que se juró, nunca hablaría con nadie.
—¿Como que? ¿Darme besitos de buenas noches? Al no te ofendas, pero ya ni los niños dan besos así —jugueteo un poco con su cabello, acomodandolo.
—Di que no te he arrancado la cara al besarte —bromeo al decirlo palmeando la cama a su costado.
Ante aquella respuesta Angel comenzó a reír.
—Touche —dijo con sarcasmo—, ¿entonces? —insistió acercándose un poco más a Alastor.
—Bueno, no los he usado para eso... —Alastor llegado ese punto se estaba arrepintiendo un poco de lo que estaba por decir, pero de alguna manera tenía que compensar su falta de atracción sexual—, pero tengo tentáculos que-
—¡No se diga mas! —soltó emocionado— ¡eso es super excitante Al! ¡Siempre he querido intentarlo!
Alastor rió incómodo, esperaba una reacción menos vigorizante, sin embargo no podía negar que le resultaba inquietantemente adorable el brillo en los ojos de Angel.
—También, podría mas-masturbarte —dijo cada vez más incómodo—, aunque tu tendrías que guiarme y-
—¿Harías eso por mi? —dijo de pronto Angel con la boca abierta de la sorpresa.
—Si quieres yo-
—¡Pero le quitas lo divertido si solo yo disfruto! —rió acercándose más hacia Alastor—, ¿cuando podré tocarte yo a ti? —preguntó sentándose a horcajadas sobre las piernas de Alastor, este ya esperaba ese movimiento por lo que ni se molestó en quitarselo de encima.
—Ya lo estas haciendo —musitó sujetándolo de las caderas, si lo conocía bien, sabía que en cualquier momento comenzaría a mover las caderas y dado lo que pasó la última vez, no quería repetir tan pronto ese experimento fallido.
—Sabes a qué me refiero —insistió rodeando con un par de brazos el cuello de Alastor.
—Hagamoslo por pasos —pidió mirando la sonrisa divertida de Angel, sin querer había comenzado a acariciar las caderas de Angel, no lo hacía con malicia y para su suerte, Angel ya lo sabía.
—¿Pasos? —musitó pensativo mirando con curiosas como Alastor se tomaba lentamente, la libertad para tocarlo—, ¡paso número uno! Los besos.
—Ya te he besado.
—BESARME BIEN —aclaró ya sabiendo que diría eso—, si pasamos ese paso, vienen las manitas calientes, luego el juego previo y por último un gran jonrón —dijo emocionado con una enorme sonrisa en el rostro.
Alastor colocó una de sus manos sobre su rostro. No debió darle cuerda pero era débil a él.
—Angel.
—No empezaremos hoy, no estoy de humor luego de tu estúpida broma —dijo cruzando sus brazos libres.
Alastor rodó los ojos divertido antes de retirar su mano de su rostro.
—Que infantil eres —soltó tras un momento recargando la frente en el mullido pecho de Angel.
Angel iba a agregar una de sus bromas sarcásticas pero el ver a Alastor tan derrotado lo hizo callarse, últimamente se veía cansado y sabía que era su culpa.
—¿Estamos bien Ali? —pregunto mirando a Alastor demasiado cómodo pese a la posición.
—Si, pero necesito que pongas de tu parte, recuerda que-
—Una relación es cosa de dos no de uno, ya se, ya se —le cortó pasando una mano por el cabello de Alastor, acomodando uno que otro mechón suelto. Alastor no se sentía muy convencido, pero al menos ahora había cumplido con hablar con Angel, eso ya lo dejaba un poco tranquilo.
—Angel —llamó levantando su rostro de el suave pecho de Angel.
—¿Dime? —dijo con una sonrisita por ver el rostro de Alastor tan cerca del suyo y a esa distancia, pudo apreciar mucho mejor las ojeras de este, definitivamente Alastor necesitaba descansar.
—Me gustas mucho —musitó haciendo que una gran sonrisa se colara en el rostro de Angel al mismo tiempo que un suave rojo se posaba en sus mejillas.
Angel ahora veía más claramente el sacrificio que Alastor hacía por él, en más de un sentido y por ello mismo, se juró en ese preciso momento, que le daría su espacio pese a la disposición de este, ya no quería seguir empujandolo, quería que él lo hiciera por iniciativa propia y no porque se lo pidiera.
—Debo darte crédito, ¿qué tanto te dolio la lengua? —rió al decirlo soportado las inmensas ganas que tenía de besarlo.
—Mucho —bromeó en respuesta volviendo a ocultar su rostro en el pecho de Angel, rodeo la cintura de este y lo pego a él.
Alastor suspiro sintiendo la caricia de Angel.
Solo un poco más Angel, solo un poco más y todo estará bien
