Disclaimer: Los personajes de Harry Potter son propiedad de J.K. Rowling. No hay ninguna intención de lucro ni de infringir el copyright. La trama es enteramente mía así como los personajes originales que puedan llegar a aparecer.


N/A: Buenas, buenas!

Este capítulo va dedicado a una lectora (Emma2503) muy amorosa de esta historia, pero más que eso, es una amiga del alma, de esas que se tienen a distancia, quien también ha participado de esta historia ayudándome a diseñar el contrato que Hermione les hizo firmar a todos, hace ya unos cuantos capítulos atrás. ¡Mercedes Fernández, FELIZ CUMPLEAÑOS QUERIDA AMIGA! Este es mi humilde regalo para alegrarte un poco en tu día especial. A nadie le gusta pasar su cumpleaños en cuarentena, pero hay que aplaudir la responsabilidad social! Asique le pido a quienes me leen, que dejen su cariño a Mercedes, ya sea por este medio o Facebook a quienes le tengan de amiga.

Espero que la cuarentena no les tenga muy mal. Hay que cuidar la psique en estos momentos, ya que es MUY probable que la sociedad esté desarrollando un Síndrome de Ansiedad Generalizada. Porfa, mediten, hagan algo de ejercicio, mantengan la calma Y QUEDENSÉ EN CASA!

Prometo el capitulo 26 y el 27 MUY PRONTO (con suerte esta semana) para ayudarles a distraer sus mentes de tanto caos.

Les amo, y les estoy profundamente agradecida por su apoyo, todas/os son maravillosas/os. Con cad palabra que me regalan me hacen más feliz…

Un agradecimiento muy profundo y especial por sus MULTIPLES reviews a: Reva4 (Vania sos vos? ajaja) , floriponcio , Singderella (te pasaste, increíble, mil gracias por comentarme tanto y con tanto amor). Chicas… no solo me dejaron más de un mensaje, sino que, además sus palabras fueron profundas y enriquecedoras.

Emma2503 (Merce, mi amora) gracias a vos también por escribirme cosas tan bellas, siento que tengo una conexión muy especial con vos en esta historia.

Gracias totales para Mary, quien tan dedicada y genia que es, revisó este capítulo 2 veces. Tu apoyo es importantísimo y te estaré eternamente agradecida.

LAVENSÉ LAS MANOS!


Los Límites de Hermione Granger

Capitulo 25:

—¡Muchacho estúpido!—dijo el profesor de pociones dejando aflorar su intolerancia. Era posible palpar su enojo simplemente estando junto a él.

—Pues a mí me parece bastante valiente de su parte —refuté, saltando en su defensa.

—Sólo un gryffindor podría pensar así —refunfuñó sin siquiera mirarme. Estaba plenamente concentrado en tomar el pulso de Harry, quien, por fin, había dejado de temblar.

—Gracias por defender a mi hijo, Srta. Granger. Pero Severus tiene razón. Fue estúpido de su parte hacer lo que hizo —alegó la Sra. Malfoy, quien repetía los mismo cuidados y observaciones que Snape, pero sobre el inconsciente cuerpo de Draco.

—¿Qué es, exactamente, eso que hizo? —preguntó Ron con voz curiosa y cargada de preocupación, lo que provocó en mí algo de empatía. Le abracé de costado para darle un poco de confort.

La Sra. Malfoy se enderezó, pasando sus manos por las telas de su falda. Se la veía relajada, pero un poco cohibida. A pesar de toda su elegancia arraigada y décadas de tener una autoestima alta, y hasta snob, hoy en día parecía otra persona, una muy distinta a la que conocimos en el callejón Diagon. Y una más humana, sin duda. Los días que llevaba habitando en el castillo, a pesar de solitarios, debieron de haberle servido bastante para desintoxicarse de la asquerosa magia que seguro emanaba Voldemort. Se la veía más sana, sin duda.

—Bueno, Sr. Weasley —comenzó a explicar la mujer—, según lo que me relataron recién, Draco practicó Legeremancia en el Sr. Potter. Y luego de un... ¿un minuto habían dicho? —preguntó, a lo que asentimos al unísono con mi amigo—. Bien, Draco perdió el conocimiento por completo y el Sr. Potter dejó de convulsionar. Entonces, he de suponer que mi hijo ha practicado lo que se llama Legeremancia Subplanar…

—¿Legeremancia Subplanar? ¿Qué es eso? —interrumpí.

Jamás había oído hablar de algo así. Y no me extrañaba, puesto que nunca me enfoqué en el estudio de las magias mentales. Bueno, era hora de cambiar ese hecho.

—Por más entretenido y gratificante que sea ver a la Srta. Granger desconocer sobre un tópico por primera vez en la vida, preferiría que nos concentráramos en resolver que causó, en primer lugar, dichas convulsiones en Potter —intervino Snape con su típico tono arrastrado.

Bufé algo indignada, pero hice un esfuerzo por dejarlo pasar, llamando a Luna, quien estaba con el resto de mis compañeros a unos cuantos metros, para que trajera la diadema.

Luna se acercó tentativa, con los ojos enormes llenos de miedo.

—Encontramos la Diadema de Rowena Ravenclaw, señor. La diadema perdida —le dijo la muchacha, extendiendo la pieza metálica al profesor, quien dio unos pasos para acercarse más a ella—. Harry la tomó e inmediatamente comenzó su crisis.

Snape sujetó la diadema con un leve gesto de reverencia. Sorpresa y devoción plagaron su rostro. La Sra. Malfoy cubría sus labios, con sus ojos bien abiertos. Evidentemente, ellos también habían quedado pasmados.

—Harry mencionó que le dolía la cicatriz, señor. Y ya sabe, ha habido precedentes donde Harry tiene una conexión con Voldemort en momentos así —mencioné, ignorando la tensión que manifestaron los dos adultos cuando dije el nombre del maldito Innombrable.

Snape volvió a acercarse, con la diadema entre sus manos, a las camillas improvisadas en las que yacían Harry y Draco. Entonces, el primero, de inmediato, comenzó a temblar levemente.

—¡No! ¡Ponga esa cosa lejos de él! —gritó Ron—. ¿No ve que le hace daño?

Snape hizo caso, no sin antes asesinar con la mirada a mi amigo. Pero, a pesar de que el profesor se alejó, Harry continuó temblando.

De pronto, sin previo aviso, los dos muchachos se incorporaron, tomando una sonora bocanada de aire como cuando uno ha estado demasiado tiempo debajo del agua. Ambos levantaron sus torsos, quedando sentados con cara de espanto.

—Te dije que era su maldita voz —acusó Harry, con voz ronca y desgastada por los gritos que emitió durante las convulsiones—. Te dije que era él, Malfoy.


—No lo sé, algo no me cierra, Filius.

Mi abatimiento se evidenciaba en mi tono de voz y, también, en el hecho de que estuviese abrazando una copa de cognac entre mis manos como si fuera lo único que me pudiese proporcionar entereza en este mundo.

De la noche a la mañana, todo parecía haber cambiado. Sentía que ya no vivía en un colegio lleno de alumnos. No. Vivía en un castillo que daba techo a batallas con magos oscuros y hombres lobo; a niños que, en vez de actuar como tales, actuaban como soldados encubiertos; y, lamentablemente, a un director que no había sido capaz de evitar que sucediera todo esto.

Y, a pesar de que año tras año sucedían hechos ridículos, extraños e inesperados, esta vez había algo que no me cerraba.

Para empezar, Albus, había declarado a Severus "Destituido de la Orden del Fénix" luego de años de intentar convencernos de que era de confianza. Y, en segundo lugar, sin siquiera dar una explicación real, porque "ya no es un miembro útil para la Orden" definitivamente no contaba como una explicación. Algo no estaba siendo dicho, algo no me resultaba coherente. Después de todo, Severus era el único con acceso a información real sobre el Innombrable y sus fuerzas.

Y cuando algo no me resulta coherente, se vuelve imperante que descubra el porqué.

—Concuerdo, Minerva —respondió mi amigo y colega desde hacía tantos años—. Pero, aun así, no me parece buena idea ignorar las sugerencias de Dumbledore.

—No seas ingenuo, Filius. Esas fueron órdenes en formato de sugerencia. Siempre usa esa técnica y no estoy dispuesta a dejarme manipular tan fácilmente esta vez. Albus nos oculta algo, lo sé muy dentro en mis entrañas —le dije algo exasperada—. Él está muy equivocado si pretende que me quede de brazos cruzados, observando y vigilando a un puñado de alumnos —continúe agitando mi mano hacia un costado, como desvalidando la idea de espiar a mis estudiantes—, que por cierto, ya no me sorprende que se trate de Potter, Weasley y Granger. Aunque esta vez sí me sorprendió que mencionara al muchacho Malfoy. Y, por experiencias pasadas, sí esos cuatro se juntan en una misma oración, es sinónimo de problemas.

Filius rio roncamente, levantando su propia copa de cognac en un gesto de acuerdo.

—Además —continué con mi discurso, escupiendo las palabras con algo de despecho—, ¿cómo puede ser que Albus esté tan tranquilo a sabiendas de la presencia de mortífagos en el colegio? ¡¿Cómo?! ¡Inconscientes o no, son un peligro! ¡No puedo tolerarlo, Filius! ¡No puedo! ¡Hay niños aquí! Niños a los que dedico, dedicamos, nuestras vidas. Y me siento en la obligación, ¡no, en la necesidad!, de protegerlos.

—Comprendo, Minerva. Pero Dumbledore nos aseguró que pronto se organizaría para expulsar a estos condenables del castillo —comentó, levantando su mano izquierda en son de paz—. Y también comprendo que tu instinto de leona no te deje tranquila y te impulse a tomar decisiones arriesgadas. Absolutamente gryffindor de tu parte, por cierto —sonrió burlona pero cariñosamente—. Entonces, ¿qué propones? ¿Hacer todo lo contrario a lo que Albus nos sugirió?

—¡Ordenó, Filius! No te olvides que eso no fue una sugerencia —reclamé algo irritada—. Y ya deja de señalar mis atributos de gryffindor. Pareces un adolescente, por Merlín.

—Si quieres convencerme para que te siga en tus ideas…

—No quiero convencerte de nada, eres libre de hacer lo que quieras. Pero sé que harás lo correcto. Si queremos proteger a nuestros alumnos, debemos saber lo que ocurre con precisión. Y si queremos precisión, debemos encontrar la fuente de información original. Y, ¿quiénes serían esa fuente? —razoné con mi amigo. Y, sin esperar respuesta a mi pregunta, ya que la respuesta era demasiado obvia, continué—. Si queremos hacer lo mejor posible por ellos, debemos entablar una comunicación fluida. Sería una irresponsabilidad ir por ahí, vigilándolos sin saber qué, exactamente, hay que vigilar. Son tan jóvenes —sollocé acongojada de repente. Me sentía un fracaso como Jefa de Casa, profesora y, primordialmente, adulta responsable—. No deberían estar enfrentando este tipo de situaciones.

El pequeño profesor de encantamientos posó su arrugada y alargada mano sobre la mía para darme algo de consuelo.

—De acuerdo, Minerva —dijo con tono decidido—. ¿Con quién sugieres que hablemos primero?

Asentí, un poco menos tensa. Limpié la lágrima solitaria que se había quedado atrapada en la base de mis gafas y luego volqué el contenido que restaba en la copa directo en mi garganta.

—No podemos ser muy obvios, el director se daría cuenta al instante cuáles son nuestras intenciones. Y si bien no creo que él pueda hacer nada para evitarlo, preferiría que pase desapercibido —pensé en voz alta, trazando un plan en mi mente.

—Concuerdo. Tendrá que ser de forma discreta. Debemos generar un encuentro privado, pero como si fuera un hecho ordinario, con uno solo de ellos —aportó Filius con rostro pensativo.

—La Srta. Granger sería la más adecuada, ¿no crees? —le pregunté casi convencida de que estaría de acuerdo conmigo.

—Tú la conoces mejor que yo, Minerva. Pero si tuviese que elegir a alguien de ese grupo, sería a ella. Suele ser la más informada de entre sus amigos. Y si bien creo que podemos confiar en el veredicto de alumnos de mi casa, el epicentro de los problemas suele ser Potter. Hermione Granger es la opción más adecuada para conseguir la información más legítima. Esa chica consume libros y retiene información como nadie que haya conocido en mi vida.

Se me escapó una carcajada, la cual retuve lo más rápido posible, aparentando aclararme la garganta. Pero ya era tarde. Mi amigo ya me miraba con diversión cómplice, dejando a la vista cuanto me conocía. Cuánto conocía realmente a la Minerva McGonagall que se quitaba la máscara de estricta sobriedad.

—Grandioso, Filius —festejé con una palmadita que nacía de un repentino entusiasmo—. Sabía que la curiosidad y la lógica bastarían para convencerte —y, luego, rebatí con sorna—: Absolutamente ravenclaw de tu parte, por cierto.


Luego de que la Sra. Malfoy lograra convencer a Harry de aceptar el Filtro Somnífero, que Snape había traído de su almacén privado, y de que se fuera -prácticamente arrastrado por Ron- a dormir para reparar su mente, nos encontramos reorganizando la noche.

Al principio, fue un poco caótico. Me sentía un poco abrumada para tomar decisiones sin la presencia de mis mejores amigos a mi lado. Demasiadas personas estaban: "Hermione, esto", "Hermione, aquello", sin siquiera dejarme responder. Y pronto comencé a desesperarme. Pero, por suerte, un muy atento y proactivo Draco consiguió retener al grupo más demandante para que yo pudiese hablar con el par de adultos que había en la enorme sala.

Aunque los ravenclaw siguieron un poco reluctantes de trabajar con Draco, pronto dejaron sus viejos prejuicios a un lado y se apartaron a la sección, cerca de la entrada, donde habían distribuido los asientos encontrados por la sala.

Finalmente, se decidió que yo haría guardia con Dean y Neville -quienes aún no despegaba sus pies de sus puestos junto a los mortífagos- hasta la medianoche, cuando llegarían los gemelos Weasley para hacer el turno del resto de la noche. Así, quienes teníamos que ir a clases a la mañana siguiente, podíamos dormir. Luego, avisé, a través del Galeón encantado, que en la madrugada deberían venir Alicia y Lee para relevar a los gemelos.

Para cuando se hicieron las diez, la mayoría de los ravenclaw también se habían retirado a descansar, excepto por Luna, quien aguardaba pacientemente para hablar sobre la diadema; diadema que acunaba en sus manos con cuidado y un dejo de pena en su mirada perdida. Según lo que Draco había debatido con el grupo, varios habían declarado que no creían que esta fuese la original Diadema de Rowena, puesto que: ¿por qué tendría ese efecto en Harry? Se supone que no es un objeto oscuro. Pero no Luna. Ella estaba convencida de que era legítima.

El profesor Snape trajo a colación un tema que habíamos olvidado. Uno muy importante y urgente. Voldemort esperaba respuestas y probablemente estaría fúrico para cuando las noticias, cualquier noticia, le llegara. Después de todo, hacía alrededor de dieciocho horas que sus mortífagos se habían marchado. Además, Snape mismo insistía en que debía volver a la Mansión Malfoy y reportar lo sucedido.

Por supuesto, no reportaría lo verdaderamente sucedido. No. El plan era declararlos como "desaparecidos y sin rastros". Se inventaría una historia; historia que Draco y Theodore reforzarían con una pequeña actuación para así colaborar con la delicada memoria que Snape debía crear para cuando Voldemort arremetiera en su mente con su brutal Legeremancia.

Y, esta vez, Voldemort, no daría pie al rechazo, a la negación. Esta vez, sospecharía demasiado si Snape se negaba a mostrar sus recuerdos, por más respeto que le hubiese tenido hasta ahora.

Por lo que discutía el cuarteto de slytherin, no era fácil crear una memoria falsa y, aún más difícil, que ésta fuera creíble. La Sra. Malfoy debatía ferozmente con el profesor sobre cómo darle realismo, apuntando con precisión en los detalles más minúsculos posibles. Como, por ejemplo, la escenografía y el vestuario, las posturas corporales y expresiones de rostro. Entre tanto, Theodore y Draco practicaban expresiones de rostro y pensaban en los diálogos, riendo y burlándose uno del otro.

Si nuestra intención era que Voldemort se tragase el cuento de que sus mortífagos habían desaparecido por completo, Snape tendría que presentarle un recuerdo perfecto.

Se pasaron casi una hora ensayando y actuando, recluidos en la parte trasera de la sala donde, todavía, las manos de Luna no habían llegado a poner orden. Inclusive, el armario evanescente había sido colocado, en su tamaño normal, junto a ellos para hacerlo más creíble.

El profesor declaró que se marcharía a recorrer distintas partes del castillo y sus terrenos para acoplar a la historia y memoria ficticia, otra parte del relato, como por ejemplo que él había dedicado toda la noche a rastrear a los mortífagos por Hogwarts. Luego de eso, volvería a Borgins & Burkes para concluir el último entramado de todo el tejido que implicaba esta memoria falsa, para así, llevársela a Voldemort esta misma noche.

Por un lado, me sentía insegura con este plan. Es decir, era brillante, pero arriesgado. Nunca había oído sobre la posibilidad de crear memorias falsas para que fuesen vistas en la mente como reales. Pero el convencimiento de los slytherin al hablar de la idea, y, después, ver cómo la estaban ejecutando, me otorgaba un sentido de tranquilidad y confianza.

Snape comenzó a prepararse para retirarse de la sala, pero antes de dejarlo ir, la Sra. Malfoy lo tomó por sorpresa, probando su mente hasta sentirse satisfecha con un Legilimens tras otro.

—Es perfecta —aprobó la Sra. Malfoy con una sonrisa extasiada y maliciosa; sonrisa que me recordó a su hijo—, sólo falta que agregues las escenografías de tu supuesta búsqueda de mortífagos y podrás presentarte ante El Señor Oscuro —concluyó, sacudiendo y acomodando sus faldas.

Y, con eso, Snape se fue.

Para cuando se hicieron las once y media de la noche, Draco también había sido enviado a la cama, llevándose consigo a Theodore. Pero antes de partir, se volvió unos pasos, llamándome en voz alta y agitando su brazo para que me acercara.

—¿Qué ocurre, chicos? —pregunté llegando hasta ellos.

—Te espero afuera, Draco. No tardes. Adiós, Granger —dijo sobriamente Theodore, antes de cruzar y cerrar la puerta.

Me quedé algo confundida, pero dicha confusión no duró mucho ya que una mano tiró de mi muñeca hacia el costado.

—Quiero mi beso de buenas noches, y me importa un comino que mi madre se encuentre en la sala —declaró, rodeando mi cintura con sus manos y empujándome hasta que mi espalda chocó contra el destartalado mueble que nos ocultaba del resto de los habitantes de la sala.

Quise decirle algo, aunque fuera una tonta y coqueta frase, pero no tuve oportunidad pues sus labios sellaron los míos en un impetuoso beso.

Acalladas mis palabras, no me quedó más remedio que contener mis suspiros. No fuera a ser que su madre se enterara de esto.

Su mano derecha tomó mi nuca y la izquierda rodeó mi cintura en un gesto cálido de abrazo. Rodeé su cuello con mis brazos, colocándome en puntas de pie, pues quería sentirlo más cerca, a la vez que separaba mis labios para darle paso a su suave lengua.

El beso era lánguido y profundo, proporcionándome un calor no tanto pasional, más bien íntimo. Nos mecíamos sutilmente en los brazos del otro mientras nuestras bocas compartían el aliento.

Lo sentí apretar sus manos contra mí cuerpo, como dando aviso de su retirada. Sonreí, apoyando mi mejilla contra la suya. Deposité un beso en la línea de su mandíbula y él me respondió con uno tierno y sonoro contra mi mejilla.

Nos separamos, viéndonos fijo a los ojos, y, por un momento, pensé que volvería a abrazarme fervientemente. Pero no, dio un paso atrás y se marchó en dirección a la puerta, dejándome con las ganas.

Recomponerme me llevó unos minutos, pues este, quizás, había sido el encuentro más destartalante de mi vida. El calor que me había generado esta despedida se concentraba en el centro de mi pecho. Y si bien ese calor se derramaba hasta mi entrepierna, generando un rastro de implacable cosquilleo, era la sensación de contento y añoranza la que me envolvía ardientemente.

Se había sentido hermoso y quería más de ello. Quería más de esa intimidad y acercamiento. Quería más de ese calor tan desconcertante.

Suspiré profundamente. Y me volví al centro de la sala.

Ahora no es el momento, Hermione. Si eres paciente, algún día llegará.

Solo quedábamos nosotras tres, Luna, la Sra. Malfoy y yo, además de mis dos compañeros de gryffindor, quienes revisaban las intravenosas después de haber agregado una nueva dosis de poción diluida en cada suero.

Nos acercamos a Luna. Se encontraba sentada en la improvisada "sala de estar".

—Un gusto conocerla, Sra. Malfoy —dijo cordialmente estirando su mano para saludarla—. Soy Luna Lovegood.

—Encantada. Sus rasgos son la perfecta mezcla entre sus padres... Espero Xenophilius se encuentre bien —respondió con cortesía innata—. Fuimos compañeros durante nuestros años en Hogwarts, y también tuvimos algo parecido a una amistad en ocasiones especiales donde compartimos tiempo. Ya sabe, Srta. Lovegood, mi familia ha sido muy irracional respecto a las relaciones humanas y, lamentablemente, sólo pude charlar con su padre durante los trabajos grupales obligatorios. Charlas interesantes, eso sí.

Luna sonrió con alegría unos segundos, pero pronto su rostro mutó nuevamente a la seriedad que poseía previamente. Su boca, apretada en una firme mueca, evidenciaba la real preocupación y ansiedad que debía estar carcomiéndole las tripas. Finalmente, me dedicó una mirada implorante antes de alcanzarme la diadema.

—Hermione, sé que tú si vas a creerme. Debes creerme. Estoy segura que esta es la diadema legítima. Algo en mi interior me lo dice y… —hizo una pausa, observando nuestro alrededor, como buscando alguna respuesta oculta— nadie me cree realmente, ni mis propios compañeros de casa. Todos piensan que es un objeto oscuro que le hará daño a Harry. Y puede que sea verdad, puede que tengan razón, al fin y al cabo, pero... no lo sé —espetó angustiosamente. Sus ojos, saltones de por sí, se abrían aún más ampliamente que nunca, cargados con lágrimas que todavía no caían. Respiró profundamente antes de seguir hablando—. Puedo oírle susurrar cuando la sostengo por un rato, y por ello sé que es la diadema legítima.

Oírle Susurrar… Eso era algo entre espeluznante e intrigante.

Sopesé la pieza de joyería fina, la giré para verla de todos sus ángulos, la arrimé a mi oído sin oír nada, y, sin embargo, no me sentía capaz de llegar a ninguna conclusión por el momento.

De lo único que estaba segura era que a Harry le afectaba y que podía sentirla vibrar con un aura que describiría como negra.

—No lo sé, Luna. Realmente conozco muy poco sobre la famosa diadema de Ravenclaw. Pero sí sé que esta tiara —la elevé en el aire con mi mano— tiene magia oscura, si es que no una relación con Voldemort. Ya viste cómo reaccionó Harry.

—Pero…

—Escucha —la interrumpí—, puedes quedarte tranquila. No podremos hacer nada con ella más que analizarla por ahora. Hasta que no sepamos de qué se trata, sería estúpido deshacernos de ella. La deberemos custodiar y mantener lejos de Harry. Probablemente, la debamos conservar en secreto —comenté esto último mirando a los ojos a Luna y la Sra. Malfoy, quien observaba nuestra interacción con interés.

—De acuerdo —dijo de modo apresurado, agitando su cabeza en asentimiento. Sus grandes ojos parecían suplicantes—. ¿Puedo ser yo quien custodie la diadema, Hermione? Prometo cuidarla y ayudar en lo necesario para descubrir de qué se trata su evidente oscuridad.

—Luna, no tienes que prometer nada, sé que lo harás muy bien. Por supuesto que puedes cuidarla. Sólo recuerda no acercarla mucho a Harry, ¿sí? Y está prohibido para cualquiera colocarla en su cabeza. No sabemos que puede ocasionarnos. De hecho, preferiría que nadie más la toque —dije levantando mi varita.

La caja original en la que la diadema había sido hallada voló lentamente, desde la mesa redonda en el centro de la sala hasta mis manos, con un silencioso Wingardium Leviosa. Depositándola en su interior, sonreía a Luna, quien recibió la caja con rostro solemne, cerrando y sellando la tapa con un movimiento de su propia varita.

—Resolveremos esto Hermione —asintió con aire decidido.

Y se marchó con la caja miniaturizada en su bolsillo interno y pasito rimbombante. Tan Luna, tan Lovegood.

—Srta. Granger —dijo a mi lado Narcisa Malfoy, con la mirada fija y aguda sobre la espalda de mi amiga, quien se perdía por los escombros de objetos perdidos que estaban a la distancia—, no me mal interprete, pero veo pertinente mencionar una inquietud.

La miré extrañada y curiosa, ladeando mi cabeza. Entonces, percibiendo mi completa atención, ella prosiguió.

—Temo que le ha dado un objeto peligroso, si es que no poderoso, a una jovencita bastante distraída.

—Luna no es en absoluto distraída. Simplemente presta atención a otras cosas. Y le aseguro que ella es capaz de llegar a excelentes, y precisas, conclusiones al observar su entorno. La gente la considera una loca, inclusive me la presentaron como Lunática Lovegood. Pero luego de un tiempo, aprendí a confiar en su juicio.

—Comprendo. Pero, aun así, ¿cómo está usted segura de que la muchacha no se llevará la diadema y hará lo que le plazca con ella? Disculpe mi atrevimiento, pero ni siquiera le hizo hacer un juramento —continuó la mujer, mirándome a los ojos con algo de reproche.

—Luna es incapaz de traicionar así —le comenté intentando hacerle ver—. De todas maneras, si hay un juramento de por medio, un juramento que indirectamente evitará que Luna haga algo así.

—¿Ah, sí? —preguntó sorprendida.

—Sí —respondí coquetamente con una sonrisa legítima.

—Ya veo —concluyó la Sra. Malfoy.

¿Qué habrá sido eso que vio? No tenía cómo saberlo. Pero la mujer parecía estar pensando algo que le generaba gracia porque, con mirada perdida y ojos entrecerrados, comenzó a reír suavemente negando con la cabeza, como si algo le generará asombro.


—¡¿DESAPARECIDOS, SEVERUS?! —bramó Lord Voldemort en un tono increíblemente agudo, perforando así mis oídos y los de los poco presentes en el salón de los Malfoy, donde residía su trono y recibía a sus mortífagos—. ¡NO ME MIENTAS!

Apenas había recuperado el aliento de la violenta penetración que el Sr. Tenebroso había incurrido sobre mi mente. Fúrico y ávido por noticias, había tomado mi cerebro y lo había hecho añicos, revolviendo y retorciendo mis memorias para encontrar algo oculto, un dejo de mentiras, una trampa, lo que fuera. Pero luego de media hora de practicar en mí la más sádica Legeremancia que jamás viví, soltó mi mente y comenzó a gritar.

—¡¿Cómo es posible?! ¡ES IMPOSIBLE!

Gritaba y gritaba mientras clavaba con fuerza una y otra vez su dedo en su propia marca tenebrosa, seguro en un intento de convocar a los mortífagos que, yo sabía, se encontraban en coma. Entre tanto, los demás nos acobardábamos a sus pies. Nadie quería ser el receptor de su ira. Nunca. Menos ahora, cuando se le había informado de la sorprendente desaparición de nueve de sus mortífagos más leales y fuertes.

Lamentablemente, al saberme el mensajero, al ser yo quien portaba las malas noticias, tarde o temprano sufrirá su viciosa magia. Y probablemente también volvería a arremeter contra mi mente. Porque, para Lord Voldemort, es imposible concebir una traición. Demasiado seguro de sí mismo y del poder que sostiene sobre las vidas de sus seguidores. Demasiado seguro de su fina selección de magos para batallar sus conquistas.

Irónico que un puñado de adolescentes inexpertos tomaran por sorpresa a nueve mortífagos adultos.

Y ese fue mi último pensamiento coherente de la noche, porque durante largas horas sufrí un ardido y constante dolor. Viví un Crucio tras otro, teniendo a modo de descanso la sádica presencia de Lord Voldemort en mi mente, martillando cada rincón para encontrar un acceso a mis barreras personales, las cuales quebró sin problemas bajo mi propia supervisión. Le permití ver los recuerdos más humillantes de mi vida con tal de que creyese que por fin podía dominarme con Legeremancia. Le permití ver mis debilidades y miedos, solo con el fin de que creyera en la memoria ficticia. Le permití de todo, y lo hice tranquilo, puesto que había una barrera nueva y perfecta. Non Potes Decire se había arraigado a mi mente desde la noche del ritual, más fuerte que cualquier defensa de Oclumancia, e invisible para todo aquel que no hubiera sido incluido en el ritual.

Dudaba mucho que la Srta. Granger previera este tipo de resultados al diseñar el ritual. De hecho, dudaba en sobremanera que la Srta. Granger haya predicho varias de las consecuencias de sus actos. Pero eso no le quitaba lo admirable, creativo y preciso de sus conductas y decisiones. Por más que me encontrara en un estado de miseria y tortura durante horas, no podía sentir más que regocijo de saberme participe de tales hazañas.

Y, por primera vez en años -casi décadas-, desplomado y adolorido en el frío suelo de la ennegrecida Mansión, pensé en el futuro de nuestra comunidad y sentí esperanzas.

Las piezas del juego de poder habían cambiado de color y dichas piezas eran controladas por espíritus jóvenes y libres de maldad o sed de control, espíritus renovados y resilientes, capaces de cambiar y ver el mundo con ojos críticos. Eran espíritus revolucionarios que buscaban la paz. Espíritus armados y listos para conquistar su derecho al bienestar.


Insisto…. LAVENSÉ LAS MANOS!

Ahora, las hermosas Notas de Editora (algunas, porque no saben todas las que me deja Mary)

— ¿Qué es, exactamente, eso que hizo? — preguntó Ron con voz curiosa y cargada de preocupación.

N/E: No sé por qué tengo la impresión de que muchos de tus lectores se están preguntando lo mismo jajaja

Mi abatimiento se evidenciaba en mi tono de voz y, también, en el hecho de que estuviese abrazando una copa de cognac entre mis manos como si fuera lo único que me pudiese proporcionar entereza en este mundo

N/E: Una copa de vino hace eso por mí.

— No seas ingenuo, Filius. Esas fueron órdenes en formato de sugerencia. Siempre usa esa técnica y no estoy dispuesta a dejarme manipular tan fácilmente esta vez.

N/E: Me enamoré de ella con estas dos oraciones, lol.

— Luna no es en absoluto distraída. Simplemente presta atención a otras cosas.

N/E: ¡Esto describe muy bien a Luna!

Dudaba mucho que la Srta. Granger previera este tipo de resultados al diseñar el ritual. De hecho, dudaba en sobremanera que la Srta. Granger haya predicho varias de las consecuencias de sus actos. Pero eso no le quitaba lo admirable, creativo y preciso de sus conductas y decisiones. Por más que me encontrara en un estado de miseria y tortura durante horas, no podía sentir más que regocijo de saberme participe de tales hazañas.

N/E: Otro más que se está enamorando de ella… ¡Broma!

Neville, Ron y yo entramos a la oscurecida aula y nos encontramos con Malfoy y … Nott.

N/E: AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH

N/A: La elocuencia ante la emoción… Me encanta!

Me encimé contra él, como si realmente estuviéramos discutiendo. Con mi cara bien pegada a la suya y mueca de enojo, respondí gruñendo:

— A las cinco, esta tarde, en La Sala.

N/E: Esto es tan Drarry que me va a dar algo


Sus críticas y opiniones son bienvenidas,

no nos abandonemos,

ya les amo!

Abrazos Cósmicos!