-Capitulo 8-
-Buscando una dulce redención-
Y lo he sabido por todo este tiempo. Todas mis esperanzas, todas mis palabras esta escritas en las señales, pero tu estas en el camino, guiándome a casa.
Las personas que rodeaban la pelea llevaban rato sin ocultar su sorpresa. Comentaban entre ellos, lanzaban exclamaciones, inclusive algunos sufrían las colisiones de las armas cada vez que estas golpeaban.
Diana era una luchadora formidable, acetaba todos sus golpes con enorme fuerza y ninguno de ellos parecía ser de casualidad. Todos sus movimientos pensados mientras sus ojos portaban una pasión que era difícil de entender para los presentes.
Pero era Leona la que tenía a todos impresionados. Era verdad que a simple vista la chica no parecía hacer nada más que limitarse a resistir los golpes de la otra, pero era justamente eso lo increíble del asunto.
Entre las personas del reino que se habían acercado a observar había muchos hombres corpulentos, algunos soldados de la reina y uno que otro habilidoso con las armas, fueron justamente estos lo que comentaban a los menos conocedores sobre el asunto, lo difícil y meticuloso que era lo que hacia la del sol.
Leona ponía el escudo cada vez que Diana golpeaba, y de no llegar a lograrlo, la esquivaba con gran habilidad.
Llevaban así por lo menos media hora y la Solari parecía poder seguir por otra media hora más. Estaba concentrada y lúcida, tranquila inclusive.
No se podía decir lo mismo de Diana.
La de pelo blanco jadeaba, pero más allá del cansancio por estar constantemente atacando, parecía mas bien traer una fatiga mental.
Cualquiera en lugar de Leona ya estaría muerto, imposible resistir tanto. Era justamente esa idea lo que le molestaba. Por ser Leona, una solari entrenada, la elegida del sol, estaba resistiendo.
—Me estoy cansando de esta estupidez— comentó al alejarse un poco, tomando aire con disimulo.
—Genial… empezaba a preocuparme que nunca lo hicieras— comentó con gracia la del sol, mirándola con una sonrisa que enfureció a la otra.
"Aquí viene de vuelta" pensó viendo como Diana hacía bailar su espada antes de abalanzarse contra ella.
Aunque no lo pareciera, Leona tenía un plan.
Era verdad que los ataques de Diana eran realmente duros y constantes, y eso la incapacitaba de atacar, pero era justamente eso lo que no hacía falta.
Leona conocía bien las habilidades de Diana. Sabía que en una lucha con espadas la de la Luna la destruiría en cuestión de segundos. Era más rápida, más ágil y superior en todo lo que ofensiva significara, era por eso que la espada corta que había elegido no significaba nada para ella.
No, desde el primer momento, inclusive antes, cuando caminaba con Diana rumbo al depósito, el plan de que todo giraría en torno a su escudo y su capacidad para resistir era lo que la podría llevar a la victoria.
Aun así, no era nada fácil.
Su antebrazo sangraba gracias a los constante golpes de Diana, el escudo estaba firmemente agarrado a él, pero no la protegía de las repercusiones por los impactos. Se las ingenó para taparse con un trapo la herida, apenas y mal atado, pero lo que sea que sirva para que la de la luna no notara esto.
En el momento que Diana supiera que también estaba cansada y lastimada, parte de su plan se desmoronaría.
En varios momentos la rubia también había logrado golpearla, empujarla y tirarla, pero nada lo suficientemente grave como para que influyera en su defensa pronta y futura.
El nuevo golpe hizo que el acero retumbara, el brazo de Leona le hizo notar su malestar y esta apretó la mandíbula para ignorar el dolor.
Resistió otra seguidilla de 3 golpes y obtuvo un corto respiro de la otra. Estaba llegando a su límite, era ahora o nunca.
Diana volvió a posicionarse para atacar de nuevo, pero entonces rápidamente vio como el escudo se acercaba a su pecho. No pudo dar el golpe que deseaba, lejos de eso, perdió el equilibrio por la embestida.
Se posiciono de vuelta, pero no supo qué hacer cuando la espada corta de Leona trató de clavarse en su pecho.
El movimiento de defensa le salió por inercia, su propio sable fue al encuentro y, chocando con fuerza de arriba hacia abajo, bajó rápidamente la espada de Leona al piso, haciendo que se clavara en la tierra.
Diana no entendía el movimiento, eso le daba una clara ventaja al tener aun su espada, pero cuando descubrió en qué posición había quedado realmente, ya fue tarde.
Leona dejo caer su peso junto con el escudo a la empuñadura del sable, haciendo que Diana gritara sin evitarlo al sentir como su muñeca era destrozada por el peso del escudo.
Ya sin gracia, pero con una enorme ira que aun la impulsaba, golpeo el rostro de Leona con su cabeza, haciendo que la otra se quejara de dolor y se alejara.
Esto le dio tiempo de tomar su sable y saltar hacia atrás.
Podía ver como Leona se refregaba el rostro, le sangraba la nariz, pero más allá de eso no le había hecho el gran daño, ya hasta se ponía en posición con su escudo en alto nuevamente.
Diana apretó la mandíbula, ni siquiera quería ver en que condiciones quedó su muñeca, así que sencillamente pasó su sable a su mano no hábil y escondió la herida detrás de su espalda.
Leona vio el gesto y cambio la posición. Ya no llevaba el escudo en alto, ahora mostraba su espada.
—Maldita… oportunista…— se quejó Diana, entendiendo que ahora, finalmente, la otra lucharía con su espada.
La del sol no se confió, sabía que Diana seguía siendo muy peligrosa, pero ahora podía hacerle frente con su habilidad de espada y podría luchar más ofensivamente.
—¡¿Qué esperas?!
El grito de Diana fue la señal para ella, corriendo a toda velocidad, para hacer chocar sus espadas.
Sólo un par de golpes y supo que tenía el encuentro ganado, Diana no lo resistiría.
La de la luna era ágil para defenderse de los intentos de Leona por atacarla, pero no tenia la misma fuerza para ser tan ofensiva como antes, ni por asomo, y cuando en un par de movimientos dejó su cabeza descubierta, Leona aprovechó para embestirla con su escudo.
El primer golpe en la cabeza la hizo retroceder. La solari al vio tambalearse, inclusive con su mano ensangrentada trató de tocarse la frente para apaciguar el dolor.
"Ahora" pensó, poniendo su escudo de frente, inclinándose para tomar mas fuerza, avanzando con toda su velocidad hasta que su escudo chocó con Diana, tirándola hacia atrás, haciendo volar su sable, mientras su cuerpo caía sin gracia dando vueltas en el pasto.
La cabeza le dolía y al abrir los ojos todo daba vueltas, trató de poner su mano en el suelo para reincorporarse, pero un punzante dolor en la muñeca hizo que cayera de vuelta.
—No lo intentes.
Escuchó lo que se le decía mientras su mirada se posaba en el brillo de una espada que apuntaba a su cuello.
Leona estaba en frente de ella, con su espada firmemente agarrada, en su otra mano llevaba su sable y el escudo aun colgaba de su antebrazo.
—Ríndete— le pidió sin moverse. Todos estaban en silencio por primera vez en todo lo que duro el encuentro.
—Yo me rindo— dijo sin dar vueltas la de la luna.
Leona sonrió y alejó su espada de inmediato, clavándola en el suelo, justo al lado suyo y también dejando el sable a un lado. Extendió una mano a Diana y esperó.
La chica la miraba molesta desde el suelo, pero terminó por extender su mano sana. Se agarraron de los antebrazos y Leona la ayudó a pararse.
A lo lejos pudieron escuchar los aplausos de la multitud, Leona los ignoró por unos momentos, aun mirando a Diana.
—Luchaste muy bien— la felicitó, y Diana, aunque molesta, sabía que la chica estaba siendo honesta.
—Tú también…— concordó, aun sosteniendo el brazo de la otra— felicidades.
—Si, escuche a los guardias hablar de eso.
La reina aún acomodaba algunos papeles en su escritorio cuando decidió descansar su vista mirando hacia arriba y dejando reposar su cuello en el cómodo sillón.
—Una lástima, me hubiera gustado verlo. Las supervisaste bien, espero.
—Claro, por supuesto— contestó de inmediato Kela— aunque era difícil para cualquiera allí saber en qué momento alguna de las dos estaba en un peligro moderado o no.
—Supongo que se tomaron muy en serio el enfrentamiento.
—Sin ninguna duda, pero no podría decir si había en ellas algún deseo de matar a la otra.
—Esperemos que no— comentó con tranquilidad la mujer— ¿Leona salió victoriosa?
—Así es, su majestad. Inclusive luego del enfrentamiento, Diana respetó la victoria de la otra chica y ambas se separaron sin ningún remordimiento aparente.
—Excelente. ¿Pusiste a disposición de ambas los sanadores reales?
—No hizo falta, su majestad. A Diana la atendieron inmediatamente los curanderos del templo, al estar ella en tierras sagradas Lunari favoreció rápidamente a la curación de las heridas. En cuando a la forajida, vi y comprobé que Azutra se encargó de ella, llevándola a su hogar inclusive.
—Ah… así que Leona se hizo de amistades curiosas en el reino en este tiempo.
—Muchos aquí le han tomado cariño con facilidad.
—Tú no tanto ¿No es así?
—Mi opinión sobre la solari no debería de importar en absoluto, su majestad.
La reina miró con inquebrantable paz al hombre. Lo conocía bien, no había de que preocuparse y, seguramente, su juicio frente a Leona venia sencillamente de la horrible primera impresión que los solari y su ejercito lograron al entrar el reino.
—Bien. Azutra es una maga de confianza, estoy segura que se encargará bien de Leona. Aún así, en estos días estate atento a sus heridas y cómo evolucionan.
—Si, su majestad.
—¿Alguna novedad respecto al hechizo que las hizo pequeñas y como avanza?
—Ambas parecen haber crecido de forma equitativa, inclusive fue muy notorio en estos últimos días. Bajo mi supervisión no noté que ninguna hiciera algo al respecto, aunque ahora…
—¿Sí?
—Creo que se llevan un poco mejor, su majestad.
Leona caminaba con una sonrisa esa mañana. Había desayunado en el pueblo junto a otros chicos que aún no dejaban de hablar sobre la pelea que presenciaron el día de ayer.
Sus heridas curaron bastante bien, aunque aún llevaba vendada la mano y un par de dedos, junto con un parche médico al costado de su frente, se sentía como si nada, inclusive la idea de tener un nuevo enfrentamiento la ponía inquieta.
Regresó al templo, decidida a buscar a Diana.
Sabía que era pronto para pedirle una nueva pelea, pero no la había visto desde el enfrentamiento y sentía la necesidad de ver a aquella persona que había hecho latir su corazón tan fuertemente después de tanto tiempo.
—¡Diana!
La aludida dio un pequeño salto en el sillón donde se encontraba.
—Agh…— exclamó con hastío al ver como la otra sonreía triunfante por haber logrado tomarla de sorpresa.
—¿Qué estas leyendo? — preguntó tirándose al suelo, acomodándose cerca del sillón.
—Un libro.
—Eso ya lo sé, pero ¿Sobre qué?
—Sobre los Lunari.
—Eso también lo podía deducir— se quejó la del sol, viendo algunos símbolos que ya reconocía en la tapa del libro.
—¿Entonces para qué preguntas?
—Quería saber sobre qué cosa de los Lunari… esta vez.
—Nada que sea interesante para ti, te lo aseguro.
—Oh…— exclamó sin desanimarse. Su mirada paseaba por el rostro nuevamente concentrado de Diana y el libro, hasta que notó la venda que llevaba— ¿Cómo está tu muñeca?
Leona recordaba como su plan consistía en lastimar esa zona de su oponente, pero creyó en última instancia que no fue capaz de controlar a la perfección el peso y el golpe. En unos segundos de temor, creyó inclusive que había llegado a cortarle la mano a Diana.
—Estoy bien.
—¿Te duele? — preguntó, pero no obtuvo respuesta— conozco una mujer en el pueblo, Su nombre es Azutra. Ella me ayudó con mis heridas, tiene una familia hermosa, me hizo de comer y todo. Le ayudé la semana pasada con su rebaño de…
—Sé quien es.
—Bien. ¿Por qué no hablas con ella? Puedo acompañarte, si te duele aun la muñeca estoy segura que hará que te sientas mejor.
—Estoy bien, ya te lo dije. Y recibí atención del templo y sus curanderos. No tienes porqué…— comenzó a decir, pero ahora se detuvo para mirar con curiosidad a la de pelo castaño.
"¿Preocuparte?"
La palabra tenia sentido si miraba a la otra chica. Leona parecía genuinamente interesada en su muñeca, y ya no portaba la misma sonrisa con la que la había asustado.
—Como sea— comentó, escondiendo su muñeca de la mirada de la otra— ¿Qué quieres?
—No quiero nada.
—¿Y para qué vienes a buscarme? — preguntó con algo de molestia, tomando su libro nuevamente, aunque le costaba manipularlo con sólo una mano— estoy ocupada.
Leona no contestó, se levantó y se posicionó cerca de Diana, mirando con curiosidad la pagina en donde estaba. La otra chica se sintió incómoda por la proximidad, pero fuera de hacer una exclamación molesta, no hizo más para alejar a la otra.
—Aún no entiendo cómo leer estas cosas del todo— comentó con pesar.
—Obviamente.
—Pero supongo que estás averiguando sobre el mecanismo que desvela lugares secretos ¿no es así? Como el de mi habitación.
—Bueno, si… no es del todo acertado, pero si, me he estado orientando a ese lado.
—¿Y el talismán?
—No es un talismán— corrigió— bueno, es algo difícil de explicar, pero tómalo como si fuera un simple collar.
Diana explicaba esto mientras dejaba el libro y tomaba de uno de sus bolsillos el collar, admirándolo nuevamente.
—Es muy bonito ¿Verdad? — preguntó Leona, viéndolo también.
—Lo es.
—Deberías usarlo.
—¿Qué? No, no podría.
—¿Por qué no?
—¿Usar algo preciado de alguien muerto? — preguntó con gracia— no, creo que paso. Encima alguien tan arraigado a un templo y con historia. Quizás hasta quede maldita.
—Estás exagerando.
—Por supuesto que no, es más…— comentó viendo de reojo a la otra— ¿Nadie te comentó sobre el espectro que se aparece en el balcón de la esposa de Erios?
—¿El… espectro?
—Si, se dice que cuando llueve, y la luz de la luna se vuelve débil… lo suficientemente débil para cuidar el templo, los espíritus logran salir y manifestarse.
—Espera… ¿La habitación de la esposa…? ¡¿No es donde yo me estoy quedando?!
—Ah… es verdad. Es exactamente esa habitación.
—¡Estás mintiendo!
—No estoy mintiendo— comentó fingiendo inocencia y desinterés— si no me crees deberías preguntarles a tus amigos… seguro a ellos si les vas a creer.
—No es que no te crea… ¡Es que te conozco! ¡Solo quieres asustarme! — finalizó convencida, quitándole a Diana el collar— ¡Y no lo vas a lograr!
—Lo que tú digas…
Con esto, Diana volvió a abrir el libro y trató de concentrarse de nuevo en este.
Leona la miró con cierta desconfianza, pero luego notó la muñeca de la otra chica y se olvidó de sus palabras.
Viendo que no lograría nada de la de la luna volvió a contemplar el collar.
"Yo también creo que es bonito"
Le tomó menos de lo que pensaba a Leona dar con la información sobre el collar.
Fue a uno de los negocios del reino, donde vivía un artesano con el que se había familiarizado. El hombre vio en la pieza un gran trabajo, hecho con materiales de la zona que Leona podría conseguir y recrear si ella lo deseaba, de la misma forma.
Lo más difícil de conseguir, según el hombre, era la luna llena que se dejaba envolver por una media luna en el centro.
Le explicó a Leona que se trataba de una piedra muy especial que sólo se conseguía en una travesía de un día por uno de los valles a un costado del reino.
Era una piedra popular, pero traerla en cantidades estaba penado por la ley del reino. Sólo se podría traer una pequeña porción, lo suficiente para hacer el collar que Leona trataba de recrear.
El resto era sencillamente plata, inclusive era común que los lugareños modificaran las monedas de ese material para hacer costosas figuras y adornos.
La idea de visitar un valle, más cuando el dijeron que el camino era duro y empinado, no hizo más que entusiasmar a la joven.
Tuvo la ayuda del mismo artesano, que planeaba hacer el viaje en busca de otros materiales, para la travesía.
"Demasiado tranquilo" pensó, dejando de lado su libro, viendo los jardines internos del templo.
Ya le parecía raro no tener la compañía de la del sol en el desayuno, pero esta también se había ausentado al almuerzo y ya anocheciendo no la veía por ningún lado.
Volvió a su libro, tratando de olvidarse de la chica, cuando sintió que una de las puertas cercana a donde estaba se abría.
Miró insistentemente al pasillo oscuro, hasta que la figura de una mujer alta, con una sonrisa gentil, se detuvo a su lado.
Diana no pudo evitar suspirar al ver a Claonte, una de las sabias que habitualmente se encargaba de la cocina del lugar.
—Perdone por desilusionarla— se disculpó la mujer a modo de saludo.
—No se de que hablas— contestó con cierta vergüenza, tratando de encontrar de nuevo el renglón donde se había quedado.
—Oh, me pareció que esperaba ver a alguien más.
—No, en absoluto.
—Bien…
La mujer parecía dispuesta a seguir su camino cuando Diana la interrumpió.
—¿No sabes dónde está?
—¿Quién? — preguntó con fingida inocencia, viendo como la rubia parecía debatirse en seguir cuestionando o dejar pasar su intriga.
—Leona— terminó diciendo, sintiéndose tonta de inmediato— No que realmente me interese, es solo que odiaría enterarme que hizo alguna estupidez de la que luego deba hacerme responsable y limpiar su desastre.
—Ah… ¿Tanto problema le ocasiona?
—Desde que puso un pie levantando a los guardianes, hasta la destrucción parcial de la biblioteca del templo… sí, yo creo que podría catalogarla de "problemática".
—Pensé que comenzaban a llevarse mejor.
—No tengo ni idea de porque alguien pensaría eso.
La mujer vio como la niña se distraía mirando el campo ahora, dejando su libro de lado.
—Salió a explorar el Valle de la Piedra Cambiante, si tiene suerte en su travesía volvería por la mañana.
—¿Por qué fue hasta allí?
—¿Quién sabe? Ella es particularmente inquieta.
—Y que lo digas…
—Quizás simplemente sintió curiosidad.
—Ya veo… gracias.
La mujer bajó un poco su cabeza en dirección a Diana, en un gesto de respeto, y retomó su camino, dejándola sola nuevamente.
Pero, aun así, no supo nada de Leona hasta la tarde del día siguiente, cuando la misma mujer le comentó que la del sol había desayunado en el templo, pero lo abandonó apenas pudo en dirección al pueblo.
"Algo se trae"
Ese era el pensamiento que la mantuvo ocupada el resto del día. Le molestaba, pero no podía evitar pensar en ella.
—Necesito ir al pueblo para comprar algunas cosas…
—¡Yo voy!
Claonte y los sabios con los que hablaba se interrumpió para mirar a Diana.
—Seguro necesitaras… ayuda ¿Verdad? — Trató de justificarse— vamos.
Diana caminó con la mujer hasta esa noche. Ya habían visitado algunos negocios y creía que estaban a punto de terminar.
No había logrado ver a Leona en todo ese tiempo.
Ya daba por fracasada su misión de encontrarse, cuando fue Leona justamente la que entró luego al negocio donde estaban, caminando hacia ella.
—Te vi caminando en las calles, justo estaba buscándote— se anunció apenas llegar al frente de la rubia.
—Yo... también estaba… buscándote… creo…— contestó no sabiendo que responder a la sonrisa de la otra.
—¿De verdad? — preguntó sin mermar su entusiasmo frente a la duda de la otra— eso es genial, hay algo que quiero darte.
Leona saco con cuidado de un pequeño saco que traía con ella un objeto brillante. Diana estuvo a punto de decirle sobre el viejo collar que habían encontrado, pero no tardo nada en saber que se trataba de uno nuevo.
El collar brillaba en su reluciente plata y la piedra estaba cuidadamente calada dando la forma de luna llena.
—¿Verdad que me quedo muy bien? — comentó con cierto orgullo la del sol, ignorando su entorno, de haberlo hecho hubiera notado como todos parecen ponerles atención a ambas.
—¿Para qué hiciste una imitación del collar?
El tono que usaba la de la luna no era lo que Leona esperaba, así que trató de ser clara.
—Bueno… no quise plagiarlo o algo así— comenzó disculpándose, creyendo que quizás ese era el problema— pero vi que te gustaba y pensé en hacer uno para ti… así que busque… la misma piedra…
Su voz comenzó a bajar a medida que notaba a las personas en el lugar. En efecto la miraban a ella, pero con diferentes expresiones en su rostro. La mayoría sorprendidos, otros codeándose y comentando algo que Leona no podía entender. Inclusive reconoció a Claonte, quien se tapaba la boca con una mano, imposible saber si estaba asustada o le daba gracia el asunto.
Finalmente volvió a ver a Diana, quien también parecía notar que tenía la atención en ella, y su rostro se contrariaba y ponía rojo.
—¡Dios! ¿Qué tan idiota puedes llegar a ser?
—¿Eh?
—¡No quiero tu estúpido collar! ¡Aléjate de mí vista! — gritó finalmente pasando por su lado, no sin antes hacer que su hombro chocara a propósito y bruscamente contra el de Leona.
Salió rápidamente del negocio, huyendo de la vista de todos.
—¡Diana! ¡Espera!
Escuchaba a Leona siguiéndola, y le pareció que sus gritos solo llamaban más la atención de los peatones.
—¡Diana! — la llamó tomándola de la muñeca, obligándola a encararla— espera, no es el mismo collar, hice este nuevo para ti.
—¡Dios, cállate!
—¡¿Qué pasa contigo?! ¡No sabes lo que tuve que hacer para conseguir la piedra y…!
—¡Solo estas empeorando las cosas, cállate! ¡Te dije que no quiero el estúpido collar! — gritó superada por la situación, empujando a la otra para que la soltara.
La espalda de Leona tocó una pila de manzanas, haciendo caer un par de su puesto, pero teniendo cuidado de no arruinar el stand del verdulero, aun así, ya habían llamado la atención de varios.
—¡Dios, que imbécil eres, Diana! — contestó enojada, no comprendiendo lo que pasaba, pero teniendo en claro que ahora compartían el mismo humor.
—¡La imbécil eres tú! ¡No vuelvas a acercarte a mí!
—¡¿Quién querría acercarte a ti, lunática?! ¡Lo único que sabes hacer es eso! ¡Empujar a la gente!
—¡Entonces hazle caso a esa poca inteligencia que le quedan a los solari y quédate lejos! — contestó de inmediato, volteándose.
—¡Bien! — le gritó, asegurándose que la escuchara, pero solo pudo verle la espalda y como desaparecía por las calles.
Leona apretaba en su puño el collar. Sentía ganas de llorar de lo molesta que estaba, pero también por toda la situación. El ver a las personas que se encontraban en el negocio salían a descubrir el desenlace, solo la hizo sentir más avergonzada por todo.
—Su majestad, lamento molestarla a tan entradas horas de la noche, pero tiene una… "solicitud"
La reina se relajaba en la sala de estar, con algunas doncellas, tomando un tentempié antes de la hora de dormir.
Podía ver a Leona a espalda del soldado, portaba una expresión molesta y parecía impaciente.
—Ya veo. Escuchare la solicitud.
—Si, su majestad—Contestó de inmediato, haciéndose a un lado para dejar pasar a la solari.
—¿Leona? — la invitó la reina, con un ademan de mano para que se acercara.
—Perdone la molestia— comenzó la chica— pero he decidido cambiar de opinión respecto a mi estadía aquí.
—¿Ah sí?
—Sí, aun debo quedarme… hasta que reciba ordenes que digan lo contrario de mis superiores, pero quiero aceptar la oferta que usted me hizo antes, y pasar mis días en alguna habitación del palacio en vez de seguir en el templo— habló con algo de torpeza.
La reina podía ver el enojo, mezclando con la necesidad de no ofenderla, lo que le causo gracia, pero trató de disimular.
—Así que… Ya no quieres quedarte en el templo de la luna ¿No es así?
—Así es.
—¿Puedo preguntar la razón?
—Creo que es lo mejor para Diana… molesto a Diana todo el tiempo ¿No es así? Pues ella también me molesta a mí. Es mejor si estamos lejos.
—Creí que tu misión era vigilar a Diana…
—Lo es. Y lo hare. — le aseguro—… de lejos.
—No le veo mucho sentido a eso, pero si lo que te inquieta es hospedarte en el templo, mi oferta de quedarte aquí aun sigue en pie… si es lo que en verdad deseas.
—¡Lo es! ¡Muchas gracias!
—Mi placer— contestó con gentileza la reina, pero al ver que Leona no se movía de su lugar, trató de indagar mas en el asunto— ¿Hay algo más que te moleste?
—No, lo lamento de nuevo. Me retiro.
—¿Leona? — la interrumpió antes de que pudiera hacer otra cosa—Solo por curiosidad, y claro si tu quieres confiarme eso… ¿Qué fue exactamente lo que te hizo cambiar de opinión ahora?
—Creí que…— comenzó apresuradamente, pero luego se detuvo no sabiendo como seguir— no se que creí, pero luego recordé como es la verdadera naturaleza de Diana ¡Y la detesto! Y esta bien ¡Porque se que ella me detesta también! Así que nos destruiremos la una a la otra sin que nada se pueda hacer al respecto. Por algo el sol y la luna son contrarios. ¡Tiene sentido! Y ya dejare de luchar contra eso porque… ¡Diana es tan imbécil que no la soporto!
—Ella suele… tener un temperamento peculiar, no voy a negar eso— comentó con cautela la reina, viendo como la niña simpatizaba más con esa idea.
—Me pase dos días haciendo un estúpido collar ¡Para ella! — confesó finalmente, y la reina parecía notar que el enojo se combinaba con cierta tristeza en esto— y ni siquiera lo quiso ver ¡Incluso me empujo! Pero hasta antes de eso… hablábamos, y luchamos sin necesidad de matarnos, y… ella me dijo que era "inteligente" y me felicito porque pude entender algo de los Lunari… ¡Y luego me grita que soy una idiota frente a todos!
La reina escuchaba el relato mientras hacia seña a una de sus doncellas para que sirvieran otra taza de té a la mesa.
—Dices que ella actuó irascible solo por un collar… no suena a algo que ella haría… o que alguien haría en general.
—¡¿Verdad?! ¡Es porque está loca!
—Acércate— ordenó con calma, mientras ponía la taza cerca de la chica, para que pudiera tomarla y calmarse— ¿Hay algo de particular en este "collar" que quisiste darle?
—¿Cómo saberlo?
—¿Lo tienes aquí?
Leona dudo por unos segundos, pero luego sacó el collar que hizo de uno de sus bolsillos. Antes lo tenia bien cuidado en telas y todo, pero desde tan fuerte rechazo hasta sentía que odiaba al objeto ahora.
La reina aun así lo volvió a tomar con cuidado, como si se tratara de algo muy valioso solo por el hecho de ser Leona quien lo había moldeado.
Sonrió mostrándole al par de doncella el collar, las cuales no lograron evitar sonreír con gracia al instante, entendiéndolo también.
—Así que Diana se enfureció y huyo ¿Eh? — preguntó mirando como Leona le daba un buen sorbo a su té.
—Sí.
—No la culpes, en realidad la sorprendiste mucho.
—¿Qué?
—Veo que hiciste el collar de plata y Killen.
—Si, el artesano me dijo que esa piedra estaba prohibida en grandes cantidades, así que solo tomara lo que necesitara… espero no haber infringido ninguna regla.
—No te preocupes, no lo hiciste. Lamentablemente veo que no te explicaron bien el "asunto" con la piedra de Killen.
—Lo que me dijeron es lo único que sé. Que se encuentra en un valle próximo y que mucho la buscan para trabajarla, lo que hace complicada la obtención es justamente la regla que evita traerla en cantidades.
—Es una regla que se puso aquí hace siglos debido a los problemas que ocasiono en la época— comenzó a explicar la reina— veras, la piedra si que es popular y muy bonita, como ya habrás notado, trajo muchas complicaciones a los artesanos que la trabajaron hace tiempo.
—¿Complicaciones?
—Bueno, algunos lo ven así, otro lo ven como una bendición, supongo que es subjetivo. Lo cierto es que las mujeres de esos artesanos tuvieron que lidiar con embarazos múltiples alrededor de una década.
—¿…que?
—Y no solo sus mujeres, sino los vecinos y los negocios que se encontraban cerca de donde se vendían las artesanías con Killen, todos esos hogares tuvieron un significativo aumento en su número familiar.
—Me temo que no entiendo.
—La piedra tiene fuertes atributos de fertilidad y una influencia afrodisiaca moderada. En pequeñas cantidades no es peligrosa pero cuando se expone a un grupo a grandes cantidades puede traer consecuencias inesperadas.
—Oh… no lo sabía.
—¿Cómo podrías saberlo? — la tranquilizó la reina— pero eso no es todo. Te dije que la piedra seguía siendo muy popular. Hoy por hoy se sigue usando en algunos eventos y rituales… personales.
—¿Rituales… personales?
—De cortejo.
La reina pudo ver que Leona aun no terminaba de entender todo, parecía no ser capaz de unir todas las piezas.
—Hay una tradición aquí— comenzó a explicar— los jóvenes cuando tienen pareja, y quieren demostrar que están listos para la siguiente etapa, se meten en la travesía de ir a conseguir una pequeña cantidad de Killen para trabajarla y hacer un presente para su interés amoroso. De esta forma, si su pareja acepta el regalo, le esta diciendo que también lo está.
—¿Cómo… la siguiente etapa? ¿Casarse? — trató de adivinar Leona.
—Copular, más bien. Para el matrimonio tenemos también nuestras tradiciones como en toda cultura, pero aquí la piedra Killen es bien conocida por lo otro. Al ser un objeto que ayuda a la energía sexual y vital de la persona, se la usa para ese propósito. También es una señal de que la pareja desea estar unida hasta tener descendencia, demostrándole a todos que la relación va en serio, por eso es normal presumirla en hermosos anillos, pulseras o… collares— terminó lo ultimo devolviendo el collar a Leona.
—Así que el collar que trate de imitar… ¿Era un regalo… romántico?
—Sin lugar a dudas— contestó la reina aun con una sonrisa, tratando de imaginarse la cara de la Lunari al recibirlo de Leona— ¿Entiendes entonces porque Diana se molestó tanto?
La chica parecía entender con el pasar de los segundos, pero no contestó nada. La reina rio un poco al ver que aun no lo cazaba del todo.
—Leona, prácticamente hiciste una declaración de amor al intentar regalarle a Diana un collar como este— dijo, aclarando las dudas de la chica, que ya comenzaba a mostrar un sonrojo— mas bien, frente a todos, dejaste en claro que ya estas en una especie de relación con ella y que estas listas para… "avanzar" aún más.
Las otras dos doncellas se unieron al humor de su mayor, aun tratando de no hacer sentir incomoda por su inocencia a la castaña, caso perdido, pues la chica ahora era muy consciente de todo.
La reina trataba de retomar su té, pero una nueva sonrisa aparecía solo imaginándose de lo que Diana estaría haciendo aun en estos momentos.
Nota del autor:
Este fue un cap un poco mas largo solo porque se que me tarde en escribirlo. Estuve rindiendo varios exámenes importantes durante estas semanas. Se me exigió mucho en este tiempo y solo ahora pude darme el tiempo de retomar mis novelas.
Ojalá este capítulo los encuentre a todos bien. Soy muy consciente de lo que pasa en el mundo y por eso también se que no es tan grave. Traten de informarse bien y tomar en serio las medidas cada país disponga para ustedes. No se alteren, hay mucha falsa información y paranoia, sean más listo que eso.
Escribiré más supongo por este asunto de la cuarentena, y si alguno pasa por algo o se siente mal o quieren simplemente escribir, siempre están mi inbox (contesto cuando wattpad se acuerda de avisarme o cuando yo me acuerdo de mirar el buzon, pero contesto XD )
Love u all.
