Poliandría

XXXIII

—Preparen los caballos, no podemos esperar una autorización de mi padre, iremos al frente— afianzó el agarre en su katana —Arroja el cuerpo a la fosa y quemalos— finalizó alejándose de la escena, sintiendo pánico al verse tan vulnerable. Una flecha mortífera que pudo costarle la vida

Los preparativos estaban a la mitad cuando un par de soldados entraron a la tienda de Akane —Majestad— ambos hicieron una reverencia —Hemos seguido el rastro del arquero, su campamento se haya asentado en una aldea, tienen recursos y suministros que los mismos pobladores les proveen, al parecer están sometidos

—¿Son muchos?— quiso saber

—Es la villa completa su majestad ¿Deberíamos atacar de noche?— cuestionó el soldado —Los tomaríamos por sorpresa

Akane miró a Sasuke en busca de una respuesta, el hombre suspiró —Creo que es necesario esperar a su alteza Soun, agrupar a los refuerzos y enviar un tratado de paz antes de atacar. Si es una aldea habrá hombres, mujeres y niños inocentes— hizo una pausa mientras la joven lo sopesaba —No somos mercenarios, somos la salvación de esa gente— puntualizó

Akane estaba a punto de cometer una locura había ordenado alistar al ejército para una batalla, era un alivio que Sasuke estuviera ahí para evitarlo —Tienes razón, esperaremos a que las tropas de mi padre y el general Saotome lleguen, por el momento, dile a los soldados que pueden descansar— se quitó el caso peinando su cabellera con los dedos —Necesito recolectar a un grupo de hombres para ir a esa aldea

Sarutoru estaba histérico, jamás en todo el tiempo que llevaba sirviendo para la familia real había visto semejante desastre. Ranma y Mousse tuvieron una una riña de niveles preocupantes

El joven de cabellera larga tenía la sangre hirviendo después de ver como Shampoo estaba demasiado cerca del otro muchacho. Su mente de había nublado cuando lo vió acorralarla y gritarle. Las lágrimas brotaron de sus astutos ojos cuando el de la trenza comenzó a disculparse

Mousse se lanzó sin mucho cuidado, mientras más daño le hubiese causado, mejor. El resto intentó separarlos más no fue posible después de un rato que parecía eterno

Ambos habían terminado con lesiones graves que requerían atención médica, algunos de sus compañeros se burlaron diciendo que no tenían control de sus pensamientos y que jamás llegarían a ser esposos de una emperatriz; aquello no podía importarles menos, los dos jóvenes tenían declarada una enemistad peligrosa

—Será la última vez que los vea haciendo algo como esto— les reprendió Sarutoru delante suyo —Ya va siendo hora de que se enteren de su posición ¡Ustedes no pueden causar problemas de este tamaño!— reclamó —Safron, por favor atiendelos

El aludido asintió comenzando a limpiarles los raspones, cortes y demás lesiones, ambos azabaches se tiraban miradas de odio mezclado con dolor gracias a los tópicos aplicados en su piel lastimada

—Hoy se quedarán sin cenar— fué el dictamen del encargado antes de irse

—Eres un imbécil Saotome, desearás jamás haber molestado a Shampoo— le espetó Mousse con reto en los ojos —Te lo advierto, aléjate

—Mira Mousse, no me importa Shampoo en lo más mínimo, es ella quien tiene algo mío que es muy preciado, si tanto te preocupa ¿Por qué no haces que me lo devuelva?— inquirio de regreso, completamente enfadado. Aquella mujer había jugado bien sus cartas, Ranma era un joven de tradiciones que respetaba mucho a las mujeres, no obstante Shampoo lo había llevado a su límite burlándose de él

—No inventes excusas, está claro que fue tu culpa. No lo niegues

Ranma de pronto se levantó sorprendiendo a los dos, Safron se alejó temiendo una nueva pelea —No tengo porqué darte explicaciones a tí— se dió la vuelta —Estás ciego— dicho eso último se marchó

Shampoo estaba en los baños con las demás doncellas, alardeando de cómo dos hombres se peleaban por su atención. Torcia la historia como le daba la gana logrando impresionar a algunas —Entonces Ranma ¿Está enamorado de tí?— preguntó Akari sin creerle mucho

—Por supuesto ¿Por qué otra razón tendría que pelearse con Mousse? Quizá ahora está confundido pero pronto dará el primer paso, estoy segura— le reiteró enjuagando su cuerpo

—No estaría muy convencida de eso, ese concubino quiere mucho a la princesa. Sé que le dejó llevarse una prenda suya a la guerra— intervino Ukyo, aunque hablaba sobre ese obvio afecto, ella también sentía una espina de celos. Ranma había impactado en ella, quería un hombre con esa seguridad

—Akane ya no está aquí, no sabemos si vuelva para empezar— se encogió de hombros —Así que no veo el problema en que se fije en otra persona

Al resto estuvo de acuerdo, quisieran o no, el destino de la princesa era incierto

Soun llegaba al campamento de su hija con un día de retraso, los caminos destruidos le impedían a las carreras avanzar con velocidad. El número de transportes con víveres se había ido disminuyendo conforme visitaban aldeas atacadas

En cuanto llegó dejó a Tatewaki como encargado de organizar a sus hombres. Fué directamente a la tienda de estrategias donde su hija discutía las posiciones del ejército

—Su Majestad— se inclinó para recibirlo —Tenemos una importante noticia— Sasuke se hizo a un lado para dejarlo ver los mapas —Hay una aldea aledaña que está dentro del bosque donde se albergan una gran cantidad de rebeldes. Al parecer tienen rehenes

—Son los que han atacado la región— asumió el hombre —¿Cuál es tu opinión?

—Creo que sería bueno hacerle caso a mi consejero, intentaremos penetrar de manera pacífica en el poblado con un tratado de paz— informó —Por eso necesito que me des permiso para negociar con ellos

—Irás con un grupo de guardias— anticipó como última condición —Puedes retirarte— Akane tenía experiencia con las órdenes informales de Soun, así que dándole un saludo respetuoso salió de ahí —Bien señores, quiero que se divida una parte del ejército en tres, cubriremos la mayor cantidad de flancos en caso de que la negociación salga mal

La peliazul estaba a lado de su yegua en el río, el animal bebía la pacífica agua mientras su dueña se lavaba la cara un poco más adelante. Akane se secó el rostro tirándose a la sombra de un cerezo que le ofrecía sombra. De su maleta sacó pinceles, tinta y papel

Enrolló el pergamino caminado al campamento para dárselo al mensajero —Destino, Ranma Saotome— le ordenó dejándolo marchar

Al día siguiente la soberana se preparaba con la armadura de su madre y dos jabalíes como ofrenda para el tratado de paz. Acompañada de su escolta partió rumbo la susodichaaldea; su padre esperó hasta verla adentrarse en el bosque para ordenar que el ejército de refuerzo le siguiera

Con cautela, el grupo de mensajeros llegó hasta la entrada de aquella villa, la gente inmediatamente atisbó su llegada gracias al chillido de los jabalíes y relinchares de los caballos. El estandarte del imperio Poliandría se rebatía con el viento desde más astas sostenidas por los soldados

—¡Habitantes de este poblado!— gritó llamando la atención de la gente, de inmediato se hizo el cuchicheo entre ellos, se alejaron mientras las madres ocultaban a los niños detrás de ellas —¡Solicito hablar con su lider!— exclamó sin bajarse de la yegua —¡Hemos venido de manera pacífica!— se bajó del animal tomando la cuerda de los dos jabalíes —¡Hemos traído una ofrenda!—

—No queremos ofrendas de la familia imperial— un hombre robusto con el pelo cano —Vayanse de la aldea— reclamó saliendo de entre la multitud —Esta tierra ya no es de ustedes, no es necesario que vengan aquí

—Con todo respeto— se acercó aún más —No es nuestra intención incomodarlos, venimos a hablar como gente civilizada para evitar que sigan atacando las aldeas vecinas

—Nuestra gente está muy bien con nuestro ritmo de vida actual— habló tembloroso

—Su gente ni siquiera sabe que los rebeldes de Tohoku están aquí

—Claro que saben que están aquí— respondió entonces otro hombre también saliendo de la contingencia —Esta aldea pertenece a los pobladores de Tohoku, todos han venido desde allá para poder asentarnos aquí— informó también acercándose —No tienen nada que hacer aquí, princesa de Nerima

—Claro que tengo— lo encaró sin temor alguno. Le vió la cara llena de cicatrices pequeñas, había perdido la mitad de una ceja gracias a un corte que le impedía al vello crecer nuevamente —Mi gente es quien me necesita. Han arrasado y asesinado a muchas personas inocentes. No puedo pasar por alto su avance violento, no quiero que haya gente sufriendo— arreó a los jabalíes —Por eso vamos a hablarlo antes de que se derrame sangre

—Pase usted entonces— la invitó con una sonrisa sacarrona —Solo si está dispuesta a escuchar nuestras quejas

La joven pasó a lado de la gente sintiendo como las miradas se clavaban en su espalda —Estoy dispuesta— los tres guardianes la acompañaron dentro de una cabaña haciendo que el tiempo pareciera interminable. Despues de tres horas por fin salía de aquella casita con el ceño fruncido

Las personas la observaban irse pero no todos querían conformarse con verla marcha igual que llegó. Una lugareña tomó valor para gritarle —¡Majestad por favor sálvenos! ¡Nos han maltrado a todos! ¡Han matado a nuestras familias!— vociferó llena de pánico. El eco de su voz se vió apagado por la mordaza que un mercenario le puso en la boca

—Morihebi— Akane, sacó su katana de la funda, empuñandola hacia el atacante de la muchacha —Suéltala

—Entonces eso del tratado de paz fue una mentira ¿Princesa?

—No, pero no puedo ignorar a mi pueblo pidiéndome ayuda— recalcó —Déjala libre

—El una pena su alteza, eminencia del combate— se acercó tomando también su espada —Las negociaciones terminaron— se acercó a ella con un semblante divertido. Por la entrada dos hombres herian a sus caballos. El relinchar sonó poderoso cuando el pelaje blanco se manchó de sangre —Ahora no tienes escapatoria ¿Qué vas a hacer? ¿Llorar?

—¡Ame!— sus ojos avellanas se llenaron de rabia —Si he de morir aquí, lo haré con honor— declaró molesta

—Eso no va a ser necesario, Majestad— Kuno salía de un matorral —Usted deberá dirigir esta nación. Recuerdelo

El ejército imperial salía de sus escondites rodeando la villa

Morihebi palideció un poco —Como quiera Majestad...

Las paredes blanquecinas del Palacio recibían al mensajero. El hombre recién llegado se identificó con los mensajes para los familiares de los soldados en guerra y se dedicó a repartirlos

—Ranma Saotome— lo llamó Sarutoru a la hora de dormir —Te ha llegado correspondencia— le entregó el papel enrollado alejándose de ahí. El azabache entró a su habitación acomodandose en el futón. Sacó la carta comenzando a leer

Ranma

Es primavera, las hojas revisten los árboles de verde y el cielo azul me recuerda a tus ojos

Estamos en una región lejana, nos ha tomado un mes llegar hasta aquí pero hemos podido recuperar algunos poblados. La protección que me prestaste me acompaña a todos lados. Me acompaña para no sentirme débil ¿Cómo está yendote en las clases? Lamento no estar ahí para ver cómo te conviertes en un gurrero

Te echo de menos

-Akane

—Akane— susurró había ya sido mes y medio desde que la campaña dió inicio, en consecuencia, mes y medio sin ver a la princesa. Extrañaba saberla protegida, a tan solo un edificio de distancia, verla repentinamente en los pasillos y compartir el baño con ella —Yo también te echo de menos— además hacía un mes que Shampoo tenía su anillo, se sintió culpable por no saberlo proteger —Mañana voy a recuperarlo, sin duda alguna lo voy a recuperar

Continuará...