Disclaimer: No me pertenece ningún elemento de FFVII. Esta historia es escrita por placer y sin ánimo de lucro.
El porqué de las cosas
Capítulo 34
"Acuerdos y desacuerdos"
Por Lady Yomi
Puente de la Nave "Viento Fuerte". Minutos después del amanecer.
—Está lloviendo a cántaros... —musitó Tifa, de pie ante el ventanal frontal—. ¿Es seguro volar con este clima, Cid?
—¡Claro que sí! Estamos en una aeronave, no un bote.
Tifa torció los labios y puso los ojos en blanco:
—Ya lo sé. Me refería a la tormenta. ¿Las corrientes de aire no son peligrosas?
—Lo son cuando están presentes. —Señaló el radar meteorológico—. Esto no es más que un aguacero pesado. Es pura lluvia y nada más.
—Ah, ya veo.
—Sí. Mideel es una zona lluviosa, especialmente cuando llega el monzón. —Se giró hacia el panel de control—. Ah, espera. Parece que llegó un mensaje.
—¿De quién? —Nanaki se adelantó, invadido por un extraño presentimiento que no estaba dispuesto a ignorar.
—Del viejo Bugenhagen.
—¿El abuelo? —El felino avanzó a grandes saltos que lo llevaron rápidamente de un extremo a otro del puente—. ¿Qué sucede con él?
—¿Sabes leer?
Nanaki hizo un mohín, visiblemente ofendido:
—¡Por supuesto que sí! ¡No soy un crío ignorante!
—Entonces más te vale enterarte por ti mismo. No me gusta transmitir malas noticias.
Nanaki se acercó al monitor y retrocedió como si lo hubieran abofeteado al leer el mensaje:
—¡No! ¡No puede ser!
—¿Qué pasó? —preguntó Vincent desde el rincón que ocupaba.
—¡Mi abuelo está gravemente enfermo! —Le dirigió una mirada suplicante a Cid—: ¡Por favor, señor Highwind! ¡Le ruego que me lleve a Cañón Cosmo para verlo!
—¡Ni hablar! ¿Crees que mi nave es un puto taxi?
—¡No pretendo abusar de su amabilidad, pero jamás viajé solo y temo perderme si trato de llegar por mi cuenta!
Vincent se interpuso entre ambos, dirigiéndole una mirada severa al piloto:
—No puedes negarte a llevarlo, Cid. Si no fuera por su ayuda seguiríamos presos en Junon.
—¡¿Vas a pagar el combustible que gastaremos en darle la vuelta al jodido océano?! ¡Si no lo harás entonces vuelve a tu apestoso rincón!
—No olvidé lo que dijiste en la celda. —Se cruzó de brazos—. ¿Qué ocurrió con tu resolución de no darle la espalda a los que sufren?
—Yo... —Cid cerró la boca de golpe, apretando el cigarrillo que fumaba entre los dientes amarillentos—. ¡¿Y qué si lo dije?! ¡¿Tengo que dar el brazo a torcer por culpa de cada maldita cosa que se me ocurre decir frente a ti?!
—Conoces la respuesta.
—¡Ah, por favor! —Se pasó una mano por el cabello, posando la mirada en la figura cabizbaja de Nanaki—. ¿Estás seguro de que tu abuelo no tiene una gripe y ya? A la gente mayor le encanta exagerar sus dolencias para llamar la atención.
—No. El abuelo jamás haría eso. —El felino meneó la cabeza con seguridad—. Le gusta fanfarronear sobre lo joven que se siente a pesar de rayar los ciento treinta años. Es por eso que me preocupa oírlo hablar sobre una enfermedad.
—Cañón Cosmo queda del otro lado del planeta. —Tifa se acercó a Nanaki—. Cloud nos necesita, no podemos desviarnos así.
—Podríamos dividirnos en dos equipos —propuso Vincent—. Tomaré el Potrillo y lo acompañaré a Cañón Cosmo mientras ustedes siguen el viaje a Mideel en Viento Fuerte.
—Eso suena bastante razonable —concedió Tifa.
—Vaya... —Nanaki se giró hacia el pistolero—. Te lo agradezco de todo corazón, Vincent. No olvidaré este favor.
—Ni lo menciones. Es lo mínimo que puedo hacer para pagarte lo de Junon.
—¿Puedo ir con ustedes? —Sadie dio un paso al frente, dedicándole una sonrisa amable al felino—. Tengo muchísimas ganas de visitar el cañón.
—¡Oh! —Nanaki asintió—. ¡Claro! Recuerdo que te interesaba ver el telescopio del abuelo.
—Exactamente. Y también me gustaría conocerlo a él.
Zack puso los ojos en blanco al oírla y descruzó los brazos para unirse al pequeño grupo que acababa de formarse en el centro de la sala. ¿Es que no podía quedarse quieta en un sólo sitio?
—Voy con ustedes —murmuró a regañadientes—. Aunque Minerva sabe que lo último que quiero es perderme el regreso de Cloud.
—¿Y por qué no te quedas, entonces? —Sadie le dirigió una mirada cansada—. Nadie te pidió que vinieras.
—Lo habría hecho si no insistieras en ponerte en peligro a cada segundo que pasa.
—¿Peligro? ¿En una villa rústica de peregrinación?
—Las Armas andan rampantes por el mundo y Cañón Cosmo no es inmune a su poder. Viste lo que hizo Zafiro en la fortaleza de Junon, ¿qué crees que pasaría si una de esas cosas atacara la meseta?
—De ocurrir tu presencia no cambiaría las cosas, Zack.
—No. Pero al menos tendría la satisfacción de reprochártelo antes de morir.
—¡Tienes la cabeza más dura que el escudo de Odin! ¡Ya te dije que puedo cuidarme yo sola!
—¡Si eso fuera cierto no estarías usando ese estúpido cabestrillo!
—¡¿Vas a echármelo en cara hasta que muera?!
—¡Sí! ¡Y lo hago para que no pase pronto!
—Por lo más sagrado. —Vincent se interpuso entre los dos—. ¿Quieren dejar de pelear? Saldremos al mediodía, si no están en el hangar del Potrillo para entonces nos iremos sin ustedes dos.
—Genial. Haré mi equipaje enseguida. —Sadie se giró sobre los talones para retirarse, pero Zack la sujetó por la muñeca con más incertidumbre de la que se atrevía a demostrar.
—Sad. Estoy hablando en serio, no es momento para viajes de placer.
—Necesitas dejar de subestimarme. —Se soltó del agarre—. Que haya tenido un accidente no significa que sea una desvalida. Puedo ir a dónde se me antoje cuando se me antoje.
Zack se limitó a suspirar por lo bajo, abandonando la cabina para escapar de las miradas curiosas de sus compañeros. Dio un respingo al recordar que Aerith solía quejarse de que no le prestaba atención, mientras que Sadie se le escurría como agua entre las manos cada vez que podía.
Pensó con fastidio en que nunca terminaría de entender a las mujeres.
Sede central de Shinra, Midgar. Cinco años atrás.
—¡Eh, Sadie! ¡Con permiso! —Zack se metió al consultorio de su psicóloga sin esperar una respuesta. La sonrisa que adornaba su rostro se desvaneció cuando la vio sentada en un rincón de la habitación, con el cabello blanquecino desparramado sobre el rostro y la espalda encorvada hacia adelante.
Escuchó un sollozo escapar de su garganta, pero tuvo que esperar al segundo para confirmar que no era un invento de su imaginación. ¿La chica de carácter más estable que conocía estaba llorando? ¡Imposible! ¿Cómo podría tener problemas alguien que sabía resolver los ajenos tan bien como ella lo hacía?
—¡Oye, no! —Se acercó tras superar la sorpresa, inclinándose para tratar de buscarle la mirada. Hizo el amague de sujetarle el hombro, pero el movimiento se quedó a medio camino—. ¿Qué pasa? ¿Por qué estás llorando?
—¡Oh! —Lo miró como una presa que reconoce a su predador; con los ojos abiertos de par en par al percatarse de su presencia—. ¡Zack! ¿Qué... haces aquí?
—Ya es hora de la consulta. —Apretó los labios en una línea, dejando caer los hombros al agregar—: Pero parece que necesitas que te escuchen más que yo.
—No, no... —Se pasó el pañuelo que sujetaba sobre los ojos, manchándose una mejilla de rímel por error—. Es una tontería.
—¿Mis problemas también son tonterías?
—Claro que no.
—¿Entonces por qué lo serían los tuyos?
—Eso no tiene nada que ver. —Inspiró profundamente, poniéndose de pie para contemplar el exterior a través del ventanal—. Un montón de cosas insignificantes acabó por formar una avalancha de emociones. Estoy muy estresada últimamente.
—Ya. Pero tiene que haber algo que haya desencadenado el incidente. ¿Cómo es que le dicen? ¡Ah, ya sé! —Sonrió—. ¡La gota que derramó el vaso!
Sadie lo miró por encima del hombro:
—Que haya tenido efectos devastadores no significa que deje de ser una gota carente de importancia.
—Que sea una gota carente de importancia no significa que no te haya hecho llorar.
—¡Oh, Zack! —Juró oírla reír, pero no pudo precisarlo ya que había vuelto a darle la espalda—. ¿Por qué te empeñas tanto en ayudar a los demás? ¿No te cansas de estar siempre dando, dando y dando... sólo para recibir un montón de indiferencia a cambio?
—¿Indiferencia? —Se dejó caer en la silla que antes ocupara ella—. ¿Por qué dices eso? Me han agradecido muchas veces por mis servicios. ¡Mira! ¡Hasta me ascendieron a primera clase! Puede que no estuviera muy feliz al principio, pero es obvio que me lo gané a base de dedicación y trabajo duro.
—Es evidente que no tienes ni idea de lo que piensan los otros Soldados de ti.
—¿De veras? —Frunció el ceño—. ¿Qué dicen?
—Te dije varias veces que no puedo quebrar el secreto profesional.
—¡Vamos, Sadie! ¿Hace cuánto tiempo que me atiendo contigo? —Toda severidad desapareció de su rostro al agregar—: Somos amigos, ¿no?
—¿Cómo lo seríamos? Primero; sería inapropiado y segundo; no sabes nada de mí.
—Hmm, sé algunas cosas.
—¿Ah, sí? —Volteó hacia él. Sus ojos estaban irritados, pero libres de lágrimas—. ¿Cómo cuales?
—Pues... —Se llevó una mano al mentón—. Sé que estás preocupada por ese tipo que desapareció.
La psicóloga retrocedió un paso y su espalda chocó suavemente contra el cristal de la ventana. Había olvidado que Zack la siguió el día que se introdujo en los suburbios para reunir información acerca del paradero de Angeal.
—Ah. Mi paciente, sí —musitó—. Pero no te permito que uses información que conseguiste a través de medios ilícitos.
—¿Cómo que ilícitos?
—Me seguiste sin mi autorización. Tienes suerte de que no te denunciara con el director Deusericus.
—Ay, Sad. —Zack puso los ojos en blanco—. ¿Todavía sigues molesta por eso? Te dije que estaba desesperado por-
—No me interesan tus excusas —lo interrumpió—. Eres demasiado metiche para tu propio bien.
—Habla la psicóloga que me pregunta como me siento cuarenta veces por minuto.
—Es mi trabajo. —No pudo evitar sonreír al añadir—: Tú lo haces por vocación.
—Nada es grato si no se hace con pasión. —Se encogió de hombros—. Aunque sé que pensamos diferente al respecto.
—¿De qué hablas?
—Crees que soy demasiado tonto como para notarlo, pero puedo ver que te conduces como un pequeño androide obediente por la vida. —Le dirigió una mirada profunda, de esas que sólo usaba cuando se deshacía de su fachada de tipo despreocupado—. Hay algo que no está del todo bien en ti, Sadie. Es casi como si jugaras a ser una psicóloga de Shinra.
La piel se le erizó al oírlo y se frotó los antebrazos con las palmas de las manos en un esfuerzo por tranquilizarse. Zack era mucho más perceptivo de lo que dejaba ver a simple vista y necesitaba ser extremadamente cuidadosa con ese aspecto de su personalidad.
—Es el cumpleaños de mi madre —soltó por impulso, demasiado deseosa de cambiar de tema como para pensar con claridad—. Está muerta y... por eso estaba llorando.
Los ojos de Zack se cerraron de golpe y su mandíbula se torció a un lado a causa de la revelación. Se sintió terriblemente culpable por acusarla de ser una máquina sin corazón y el arrepentimiento lo llevó a ponerse de pie de un salto antes de cerrar la distancia entre ambos:
—¡Sadie, lo siento! ¡Yo... no lo sabía!
—No importa. —Se encogió de hombros, desviando la mirada a un lado—. Fue hace mucho tiempo y generalmente no me afecta demasiado.
—Pero fue la gota que desencadenó la avalancha, ¿eh?
La joven se atrevió a mirarlo directo a los ojos, sintiendo que el brillo verdoso que los cubría la reconfortaba de una manera misteriosa. Era muy similar al de los reactores de mako que solían iluminar el barrio donde creció.
—Exactamente. Después de todo, las lágrimas no son más que un mecanismo saludable para liberar tensión acumulada.
—Sean saludables o no... —Le dio una palmadita amistosa en el hombro, atreviéndose a tocarla por primera vez en la vida—. Espero no volver a verlas. Puedes cambiar los roles y usarme de psicólogo antes de llegar a esos extremos, ¿sabes? Si las cosas van mal, sólo búscame y charlaremos como hicimos ahora.
—Oh, no... —Sadie negó con la cabeza, apartándose rápidamente de su alcance para buscar la planilla de evaluación—. Esto no es más que un incidente aislado, te prometo que no volverá a pasar.
Nave "Viento Fuerte", ocho de la mañana. Cinco años después.
Zack suspiró tras recordar la lejana ocasión en la que estuvo a punto de vislumbrar a la Sadie verdadera, abandonando el catre que ocupaba al entender que no conseguiría calmarse hasta pasar un rato a solas con ella. La ansiedad que lo carcomía sólo podría disminuir ante el abrigo de su presencia tranquilizadora.
Husmeó en todas las habitaciones disponibles, la sala de conferencias y hasta el establo de chocobos, pero no la encontró por ninguna parte. Estaba a punto de rendirse cuando notó que Yuffie regresaba desde la cubierta, con el rostro pálido y sudoroso a causa de una dolencia que le resultaba desconocida.
—¡Hey, Yuff! —la saludó con una mezcla de curiosidad y diversión en la mirada—. ¿Qué diablos te pasa? Parece que hubieras comido un plato entero de mariscos con salsa picante.
—¿Es tan obvio que estoy a punto de lanzar hasta las tripas? —Se sujetó de la barandilla de la escalera por la que acababa de descender—. Odio volar, navegar, viajar en coche... ¡cualquier cosa que implique no usar mis propios pies para atravesar distancias largas! El mareo... ¡es insoportable!
—Ah, diablos. —Hizo un mohín—. Cloud tiene el mismo problema que tú, ¿sabes?
—Imposible. ¿Un tipo tan duro como él? —Se llevó la palma de la mano a la boca para contener una arcada.
—Sí. Sufría como un condenado cada vez que le tocaba viajar en barco o en avión. ¡Espera a que lo encontremos y no te sentirás tan fuera de lugar!
—Gracias por la oferta, pero prefiero vomitar sin compañía. —Le dio la espalda para alejarse penosamente en dirección a su propio camerino.
—¡Oye, un momento! ¿No has visto a Sadie? Hace rato que la estoy buscando sin éxito.
—¿Sadie? —Señaló la escalera—. Estaba conmigo afuera. Observábamos el océano juntas desde lo alto pero... creo que no debí mirar hacia abajo.
—Ah, con razón no la encontraba. No sabía que ustedes dos fueran amigas.
—No es para tanto. —Yuffie desvió la mirada—. Sólo le hice una pequeña petición antes de que se marche al cañón.
—¿Qué petición?
—Ninguna que le interese a un Soldado metiche como tú. —Hizo un mohín, negándose a compartir la charla que mantuvo con Sadie. Le había suplicado que evitara que Vincent abusara de sus transformaciones, aclarando que no estaba preocupada por su seguridad, sino ante la posibilidad de que no usara sus esferas de materia lo suficiente como para subirlas de nivel.
—¿Tienes que ser siempre tan grosera? Tenía curiosidad, nada más.
—¿No estabas preocupado por encontrar a Sadie? Date prisa antes de que empiece a llover y se largue de ahí.
—De acuerdo, de acuerdo. —Le dio una palmadita en la cabeza que la hizo tambalearse todavía más—. ¡Gracias, Yuff! ¡Te debo una!
Yuffie se limitó a gruñir por lo bajo como toda respuesta y Zack no esperó ni un minuto más antes de subir a cubierta. Era una persona impaciente a la que le fastidiaba necesitar la atención de alguien y no contar con ella. Este aspecto de su personalidad lo hacía perseverante, pero impetuoso.
Afortunadamente, no tardó mucho en divisar al objeto de sus anhelos. Sadie tenía el codo libre apoyado en la baranda perimetral y los ojos cerrados. Entre sus manos sujetaba el lazo de cabello de Aerith con el que cubrieron la herida de su brazo después del ataque de Sephiroth en el templo de los ancianos.
La tela color rosa era casi invisible debajo de las manchas oscuras de sangre seca que lo cubrían por completo.
Zack se acercó con la mirada fija en la seda que se agitaba por el viento y lo hizo de una forma tan sigilosa como para causarle un susto tremendo a su compañera:
—¡Por el Dios del cielo! —exclamó Sadie en un jadeo de terror, sujetándose de la barandilla con una sola mano—. ¡¿Hace cuánto qué estás aquí?!
—Perdona, no quise asustarte. —Meneó la cabeza al recordar que no todos tenían los sentidos tan desarrollados como él—. Mira si te llegas a caer de la nave por mi culpa.
—¿Gracias por preocuparte por mí, supongo? —Le sonrió, pero la confundió descubrir que él no devolvía el gesto como acostumbraba a hacer—. Eh, Zack. ¿Qué pasa? ¿Por qué la cara larga?
El ex Soldado bajó la mirada hasta el cabestrillo que le sostenía el antebrazo:
—Estás peor que la última vez que te vi. ¿Por qué viniste, Sad? Te pedí que te quedaras atrás. Ahora podrías estar en casa de mis padres; relajándote y poniéndote mejor.
Sadie frunció el ceño gravemente, dándole la espalda para seguir contemplando el cielo nublado que parecía dispuesto a engullirlos de un mordisco. La lluvia volvería a caer de un momento a otro:
—¿Otra vez con eso?
—No estás sola, Sadie. Los días de vivir en la calle no van a regresar —continuó Zack, sintiéndose más y más frustrado ante la terquedad que la caracterizaba—. Tienes que dejar de romperte el alma de esta manera. ¿No te dije varias veces que no eres una herramienta?
La última frase pareció quebrar la muralla que los separaba y a Zack lo sorprendió notar que los dedos de Sadie temblaban sobre el barandal. Quiso agregar algo más, pero la joven se giró violentamente hacia él. Sus ojos se llenaron de lágrimas de rabia cuando confesó:
—¡Me importan un bledo las razones y los porqués de los demás! ¡Quiero vivir para mí misma y defender mis propios sueños!
Se sorprendió por un breve instante, pero la preocupación que lo embargaba lo obligó a responder:
—¡¿Tu sueño es morir?! ¡Porque eso es lo que te espera si sigues actuando de forma tan despreocupada! ¡La vida es preciosa y deberías valorarla más!
—¡Eso mismo le dije a Aerith... y mira como terminó! —Se pasó el puño sano por el rostro en un esfuerzo inútil por secar la humedad que le dificultaba la visión—. ¡Las vidas ajenas siempre le fueron más preciosas que la suya, y ese es un ejemplo que no deberíamos sentir vergüenza de seguir! ¡Jamás volveré a criticar a los que no temen luchar por una causa justa! ¡Si puedo ser la mitad de devota que Aerith... entonces lo seré!
—¡¿Devota a qué?! ¡Por Dios! ¡¿A Avalancha?! ¡¿A Angeal?! ¡¿Qué razón puedes tener para sacrificar tu vida, Sadie?! ¡Aerith no tuvo opción, tú sí!
—¡No la tengo! —sollozó—. ¡¿Quieres que me siente a comer helado con tus padres mientras estás peleando por salvar el mundo?!
—¡Claro que sí! ¡Prefiero eso a que te pongas en riesgo por estar en desventaja!
—¡Ya te dije que me importa una mierda lo que quieras tú! —Elevó la voz como pocas veces lo hacía, mostrando un grado de emoción que tomó desprevenido a su oyente—. ¡¿No entiendes que eres parte del sueño que me interesa defender ahora?! ¡Es mi elección y la abrazaré aunque seas el primero que se oponga a ella!
Zack se quedó pasmado y parpadeó varias veces antes de lograr articular un débil "¿Qué?" por lo bajo.
—¡Lo que oíste, grandísimo idiota! —Sadie frunció el ceño, apretando el agarre sobre la baranda de la que se sujetaba—. ¡Dijiste que tenía que ser mi propia persona y es exactamente lo que estoy haciendo! ¡Te guste o no, voy a seguir a tu lado hasta el final!
—Estás demente... —Se refregó el rostro con una de sus manos enguantadas—. ¿Acaso escuchas lo que dices?
—¡Claro que lo hago! ¡Y si tanto temes que me hagan daño entonces trata de portarte como un héroe y cuídame la espalda cuando lo necesite!
—¡Maldición, Sadie! ¿No ves que estoy haciendo precisamente eso?
—¡No! ¡Lo que estás haciendo es tratando de dejarme atrás igual que todos los demás! —Entrecerró los ojos, bajando la voz—. Angeal dijo que era peligroso y dejé que su interés por protegerme primara ante mi necesidad de estar con él. Aerith dijo que estaría a salvo y me convenció de permitir que se uniera a Avalancha. Los perdí a ambos por poner mi opinión en último lugar y no voy a cometer el mismo error una tercera vez. No dejaré el grupo; iré con ustedes aunque tenga que hacerlo en pedazos.
Se hizo un silencio largo entre los dos que finalmente fue interrumpido por una risa desganada de Zack:
—Parece que tú y yo hemos cambiado bastante desde que tuvimos aquella discusión acerca de los héroes y los sacrificios que gustaban de cometer.
Sadie asintió con la mirada fija en sus botas desgastadas:
—Es verdad... el tiempo suele cambiar a las personas.
—¿Sabes? —Se acercó para recostarse junto a ella en la baranda—. Hablando de cambios inesperados; hace poco recuperé mi alma.
—¿Qué?
—Hablé con el Zack original durante la semana en la que estuve dormido y los dos accedimos a trabajar juntos de ahora en adelante. Me pidió que no desperdiciara esta segunda oportunidad y Gaia sabe que no lo pienso hacer.
—¿Estás seguro... de que no fue un sueño y nada más?
—Aférrate a todas las teorías que complazcan a tu cerebro de doctora nerd, pero tengo experiencia de primera mano que confirma mis declaraciones.
—Que sea experiencia de primera mano no la hace más fiable.
—Quizá no, pero en algo tenemos que creer. —Hizo un mohín—. Lo único extraño es que siempre supuse que me sentiría diferente al recuperar mi alma, pero en realidad es como si nada hubiera cambiado. A lo mejor vivir en este cuerpo de mentira no trabajó en contra del hombre que me programaron para ser.
—Zack. —Sadie frunció el ceño—. No saques conclusiones apresuradas. ¿Qué tal si la famosa Jenova está metiéndose con tu cabeza otra vez? Podría haberse hecho pasar por tu yo verdadero sin problema alguno.
—¡Vamos! —Se giró para obsequiarle una de sus sonrisas más despampanantes—. Reconocería una cara tan guapa como la mía en cualquier lado. Este tipo de atractivo viene de fábrica.
Sadie desvió la mirada, soltando una risa grave por lo bajo:
—Una fábrica de pesadillas, dirás.
—¡Eh! ¡¿No estabas jurándome tu amor eterno hace cinco minutos?!
—¿Amor eterno? —Evitó mirarlo para ocultar el rubor que acudió a sus mejillas—. Nunca dije nada como eso. Mi fidelidad está con Avalancha en conjunto y no contigo como individuo.
—Bah. —Se enfurruñó, cruzando ambos brazos sobre el pecho de forma caprichosa—. Si sigues hablando así jamás te volveré a pedir que salgas conmigo.
Sadie soltó otra risa al oírle:
—Ahórrame el placer, chico de campo.
—Ni modo. Cuando estás de malas eres imposible. Llámame en cuanto se te pase el mal humor. —Se apartó de la cerca, alejándose con una frustración que no hacía sino acrecentar la curiosidad que le dejó el discurso de su acompañante. Trató de atribuir este sentimiento al hecho de que ella ni siquiera se molestó en felicitarlo por recuperar su espíritu, pero muy dentro suyo sospechaba que se debía a algo más profundo y esquivo.
La rebelde se dispuso a retirarse al interior de la nave (más para librarse de la llovizna que por seguir el rumbo de su ofendido compañero), cuando una fuerte racha de viento la enredó en un abrazo tenaz, impidiéndole dar un sólo paso más. Se le pusieron los pelos de punta al distinguir una voz familiar que acarició sus oídos al preguntar:
«—¿Vendrás a visitarme, Sadie?»
Retrocedió a tropezones al reconocer el tono inconfundible de Aerith envuelto en la brisa, y en su desconcierto acabó por resbalar sobre un charco de agua; perdiendo el poco equilibrio que le otorgaba su brazo manco. Fue entonces que una mano translúcida surgió de la nada para sujetar la suya y ayudarla a mantenerse de pie, evitando con esto que se fuera de bruces contra el suelo.
Sadie se agitó como si tuviera un enjambre de abejas asesinas encima, alejándose hasta el extremo contrario de la nave en un parpadear. Se quedó inmóvil; jadeando en un rincón. Con el rostro pálido y la mano entumecida por un hormigueo eléctrico que no se despegaba de su piel.
Hangar del hidroavión "Potrillo". Mediodía.
—¡No puedes impedir que los acompañe! —se quejó Reeve—. ¡Siempre quise conocer al sabio Bugenhagen! ¡Nadie sabe tanto de tecnología como él!
—¿Qué pasa aquí? —preguntó Nanaki al llegar al punto de reunión. Esperaba encontrarse con Zack, Vincent y Sadie, pero le sorprendió contar con la presencia adicional del titiritero de Cait Sith—. ¿Él también va con nosotros?
—Claro que no —negó Vincent—. Tu abuelo es un fugitivo de Shinra y no quiero a ningún doble agente cerca suyo.
—¡No soy un espía! —se defendió Reeve—. ¿Es que no bastó mi discurso frente a la prensa de Junon para probar que soy leal a la causa?
—Deberíamos darle una oportunidad —agregó Sadie—. Él ayudó a Yuffie y a Zack a escapar. Creo que ya demostró con creces que no es un traidor.
—Sí. De no ser por Reeve todavía estaría metido en ese espantoso cajón de metal —concedió Zack.
—Es raro que ustedes dos coincidan en algo —se burló Nanaki, soltando una risa cascada al posar los ojos sobre los rostros avergonzados de sus compañeros—. Pero tengo que darles la razón.
—No te lo tomes tan a la ligera —lo previno Vincent—. A los Turcos les dará igual si pasaron cincuenta años desde que Bugenhagen abandonó las instalaciones. Mientras viva, lo cazarán.
—¡Oh, vamos! ¿Qué tengo que hacer para que te fíes de mí? —Reeve se pasó una mano por el cabello, frustrado por la actitud de su camarada—. Sé que no tuviste la chance de oír lo que le confesé al mundo, pero de hacerlo sabrías que rompí todo lazo con Shinra. Fuiste un Turco en el pasado, ¿verdad, Vince? ¿Por qué te resulta tan difícil creer que alguien más podría seguir el mismo rumbo que tú?
—Porque nadie sabe de las penurias que me tocó vivir —musitó con una frialdad sobrecogedora—. Tu sufrimiento no es más que una gota de agua en el océano de mi dolor.
Se hizo un silencio incómodo entre los presentes que fue interrumpido por la risa áspera de Nanaki:
—Eso fue dramático hasta para tus propios estándares, Vincent. El abuelo dice que jamás deben compararse las penas propias con las ajenas. —Se acercó a Reeve y asintió con la cabeza antes de agregar—: Puedes venir. Pero sólo porque le agradabas mucho a la señorita Aerith. Ella te dejó seguirnos al templo así que yo obraré igual en su memoria.
—¡Oh, muchísimas gracias, Nanaki! —El felino le inspiró una ternura tan grande que tuvo que contenerse para no acariciarle la nariz—. ¡Prometo que no te decepcionaré!
—Espero que no. Estoy muy preocupado por el abuelo.
—Descuida. —Sadie arrojó el bolso de viaje al interior de la cabina del Potrillo antes de empezar a darle vueltas a la hélice—. Ya aterrizamos. Sólo queda abrir la compuerta del hangar y abordar el avión. Estaremos allí en un par de horas.
—¿Qué estás haciendo? No puedes conducir en ese... —Zack se interrumpió a sí mismo en un esfuerzo por no volver a ofenderla. Había decidido encontrar la forma de ser atento sin tratarla como una inútil—. Es decir... ¿Quieres que yo conduzca? Piloteé dos o tres avionetas en la academia.
—¿Ah, sí? —Sadie parpadeó, sorprendida por la forma en la que reformuló la objeción. Se alejó del aparato para mirarlo de pies a cabeza—. Los Soldados hacen de todo, ¿eh?
—Todo excepto animar fiestas infantiles —bromeó—. Ninguno se resiste a probar suerte con la piñata y los resultados son desgarradores. Los caramelos masticables que salen disparados como metralla y los cuerpos blandos de los niños no hacen buena combinación.
La joven soltó una risa leve, meneando la cabeza antes de ocupar el asiento de copiloto:
—Espero que los de tu clase empleen más sutileza con los instrumentos aéreos; la idea es llegar enteros al cañón.
—Lo intentaré, pero no prometo nada. —Le devolvió la sonrisa, sentándose a su lado mientras se ocupaba de encender las numerosas palancas que componían el tablero—. Esta cosa es tan vieja como Cid.
—Apuesto a que estaba en mejores condiciones antes del accidente en Ciudad Cohete. Tifa dijo que les dispararon con todo lo que tenían.
—Sí, es obvio que el sujeto cuida bien de sus juguetes. Casi me arroja por la borda cuando apoyé las botas embarradas sobre el marco de la ventana.
Sadie se colocó un par de auriculares en la cabeza y le pasó el otro a su compañero:
—Oye, Zack.
—¿Hmm? —Tomó las orejeras sin mirarla y se las colgó detrás del cuello.
—Gracias por respetar mi decisión.
—¿Acaso me dejaste opción? —Sus labios se arquearon en una sonrisa amarga y las luces doradas del radar se reflejaron sobre sus pupilas esquivas—. La respeto, pero no la apruebo ni la aprobaré.
—Lo sé. —Sadie suspiró, fijando la mirada en el frente—. Pero aún así me alegra estar aquí, contigo.
Zack se sintió tentado a responder que a él también le animaba su compañía, pero se decantó por guardar silencio mientras concentraba toda su atención en el despegue.
Nanaki torció el hocico desde el asiento trasero al notar las dificultades que tenía Reeve para subirse al vehículo. El arquitecto colgaba ridículamente de la punta de los dedos, balanceándose en el aire sin conseguir impulsarse hacia arriba:
—Cait Sith trepa mejor que tú —se burló—. ¿Seguro que puedes abordar por ti mismo?
—¡C, claro que puedo! ¡Sólo... estoy un poco oxidado! —Sonrió por detrás de las gruesas gotas de sudor que le resbalaban sobre la frente— ¡Culpa al trabajo de oficina y... a la falta de ejercicio!
Vincent puso los ojos en blanco al pasar junto a él, moviendo su guantelete dorado por debajo del pie de Reeve para darle un empujón que lo mandó de cabeza al fondo de la cabina.
—¡Oh! ¡G, gracias! —chilló sin lograr incorporarse. Sus piernas flacas se agitaban ridículamente en el aire—. ¡Agradezco la atención! ¡Aunque... estaba a punto de lograrlo por mi cuenta!
—Al cuerno con mis buenas intenciones —murmuró el ex Turco al inferir que el único asiento disponible yacía junto al del accidentado pasajero que empezaba a detestar—. Este viaje va a ser un asco.
Nota de autor:
¡Fin del capítulo! Esta entrega fue más sencilla de escribir que la anterior y por eso me tardé menos tiempo en actualizar. Gran parte del crédito se debe a que las escenas estaban delineadas de antemano en el planeamiento, y sólo tuve que editarlas un poco tras incorporarlas al episodio. :)
Agradezco a mis queridos lectores "Celine0292", "Cerulean1990", "Kratossoul", "Mariavaldez", "Tati-san" y "NescentVanitas" (de Wattpad), por el afecto y la dedicación que le destinan a mis humildes escritos. Mi salud empeoró en las últimas semanas, pero tengo el sincero deseo de continuar este fanfic más allá de cualquier percance que me toque enfrentar.
Quedo a la espera de sus valiosos comentarios, críticas y apoyo. ¡Gracias por estar del otro lado!
