-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-Edom..!

El salón de música del Instituto de Nueva York estaba decorado con banderas azules que portaban la llama de la familia Lightwood. Las mesas de los invitados estaban finamente decoradas con cristales y brillos de todos colores. Los invitados iban vestidos con elegancia y frescura. La muisca clásica se escuchaba tenue mientras las personas hablaban en murmullos. Una fuente de chocolate decoraba una mesa de postres, la cual Max atacaba en ese momento a toda velocidad antes de que su madre lo descubriera. Alec sonrió cariñosamente al verlo escabullirse debajo del mantel con al menos 7 pedazos de pasteles distintos.

-Te diviertes, cariño?- se giró al escuchar la voz de su novio en su oído.

-Magnus- dijo con una enorme sonrisa en el rostro. El Brujo sonrió también y se adelantó para besarlo suavemente en los labios. Se separaron lentamente, mirándose a los ojos.

-Oh, va por mas- murmuró el Brujo mirando por encima del hombro de Alec. El Nefilim se giró para ver a Max, sacando la mano por debajo del mantel para tomar a ciegas un par de cupcakes.

-Deberíamos detenerlo, no va a dormir nada esta noche con tanta azúcar- dijo Alec pretendiendo ir hacia su hermanito, pero Magnus lo detuvo tirándolo del brazo y abrazándolo fuertemente.

-Yo sé de otra persona que no va a dormir nada esta noche- ronroneó suavemente al oído del ojiazul, haciéndolo sonrojarse a más no poder.
-Magnus!- lo regañó Alec, sin dejar de sonreír. Ambos rieron sin dejar de abrazarse.

-Atención, por favor! Su atención- Alec se giró, para mirar a su padre. Estaba de pie junto a una de las mesas y llevaba una copa de champagne en la mano- quisiera proponer un brindis.

Todos los presentes se pusieron de pie, fue entonces que Alec comenzó a recorrer el lugar con la mirada y ver quiénes eran todas esas personas. Su familia estaba en la mesa junto a su padre, su madre y Michael, uno a cada lado de él, ambos habían tomado sus copas también. En esa mesa estaban Jia y Patrick Penhallow. Isabelle y Jace estaban en la mesa de enseguida, con John y Clary y Simon sentados ahí también. En otra mesa vio a los coloridos amigos de Magnus. Catarina, con su piel azul; Ragnor Fell, de piel verde; Camille, tan pálida como la nieve; todos de pie y con sus copas en la mano. Max corría hacia una mesa un poco más alejada, parecía una segunda mesa de postres, pero en realidad era la mesa en la que estaban sentados los niños, Max, todos los pequeños Blackthorn y unos cuantos más.

-Los reunimos aquí el día de hoy para celebrar un acontecimiento maravilloso- escuchó a su padre dirigirse hacia la multitud. Magnus llamó su atención para entregarle una copa de champagne- el día de hoy, mi hijo, Alexander Gideon Lightwood, se comprometió en matrimonio con su pareja, Magnus Bane- aplausos, silbidos y uno que otro "Wohoo!" por parte de John y Jace se dejaron escuchar. Alec se sonrojó y Magnus alzó su copa como agradecimiento- quiero que levantemos nuestras copas, por mi hijo, del que estamos sumamente orgullosos y deseamos toda la felicidad del mundo.

-Por Alexander y Magnus, que tengan un matrimonio feliz y pleno- dijo Maryse, levantando su copa y mirando con una radiante sonrisa hacia su hijo.

-Por Alexander y Magnus!- exclamaron todos los presentes, niños incluidos.

-Por Alexander y Magnus- escuchó una potente voz resonar a su espalda. Se giró y vio a Valentine, sentado en una mesa junto a Jocelyn y Luke. Alec lo miró confundido durante unos segundos, pero Magnus tomó su mano en ese momento y dejó de prestarle atención. El Brujo lo llevó hasta las mesas para recibir las felicitaciones de todos los invitados. Después de lo que le pareció una eternidad de pasar de abrazo en abrazo y dando las gracias a todo el que veía.

Al fin las personas comenzaron a disiparse y pudo volver a disfrutar de la fiesta. Se giró para mirar a Magnus que ya terminaba de agradecer por su asistencia a una pareja. Si no se equivocaba, ese era el Hermano Zachariah y a la chica la había visto en alguna de las fotos que Magnus tenía en su departamento. Magnus se encontró con la mirada azul y le sonrió ampliamente. Alec también sonrió y se acercó a su prometido. Antes de que llegara junto a él, el Brujo extendió su mano, invitando al Nefilim a que la tomara.

-Anda, vamos- Alec tomó la mano de Magnus sin dudar y se dejó llevar escaleras arriba, hasta su habitación.

-No deberíamos irnos de la fiesta- le dijo Alec cerrando la puerta con cuidado- la hicieron para nosotros.

-De verdad?- preguntó Magnus, tronando los dedos y desapareciendo su ropa quedando solo en unos pequeños y ajustados boxers negros.

-Tal vez no nos extrañen- dijo Alec encogiéndose de hombros antes de lanzarse a por Magnus. El Brujo rió abrazándose al cuello del Nefilim y dejándose llevar hacia la cama. Entre besos, risas y tropezones, ambos se dejaron caer sobre la cama de Alec. El ojiazul se movió hasta quedar sentado a horcajadas sobre Magnus, inclinándose para besarlo tiernamente. Las manos de Magnus se apresuraron a desabotonar la camisa del ojiazul, mientras este se enfocaba en besar cada centímetro de la piel bronceada del pecho del Brujo.

-Nunca pensé que llegaríamos tan lejos tan rápido- murmuró Magnus, terminando con los botones y sacándole la prenda a Alec de un tirón. El Nefilim movió los brazos para que la camisa saliera fácilmente, sin separar sus labios de la piel de Magnus.

-Por qué? Te guardabas para el matrimonio?- preguntó Alec en tono burlesco, separándose un poco mientras se desabotonaba los pantalones.

-No por mí, por ti- respondió Magnus soltando una risita y enredando sus piernas en la cintura de Alec, dejando espacio para que el Nefilim pudiera quitarse los pantalones.

-Por mi?- preguntó el menor, dejando sus pantalones y levantando la mirada hacia los ojos de gato. Magnus sonrió ampliamente y comenzó a besarle el cuello a su prometido, restándole importancia a todo lo demás. Alec se quedó quieto un momento, pensando en lo que Magnus acababa de decir. El Brujo mordió su clavícula en ese momento haciendo que las palabras comenzaran a borrarse en su cabeza. Alec abrazó con fuerza a Magnus, besando su cuello también.

-No puedo esperar a nuestra luna de miel en Islandia- susurró Magnus a su oído, esta vez causando que Alec reaccionara en verdad.

-Como?- preguntó el ojiazul, separándose rápidamente del mayor. Magnus, quedándose con un beso al aire, lo miró algo confundido.

-Sí, iremos a las aguas termales en las montañas de Reikiavik, recuerdas?- preguntó Magnus, algo confundido por la reacción. Alec se enderezó en la cama, mirando al rededor. Esa era su habitación, si, pero no su habitación en el Instituto de Nueva York, esa era mas... fría- Alec?

-Esto está mal- susurró el chico poniéndose de pie.

-De que hablas, cariño? Ven a la cama- dijo Magnus, sentándose en la cama y mirando a Alec dar vueltas por el lugar, intentando descifrar que era lo que faltaba.

-No está bien- dijo el Nefilim, yendo hacia la ventana. Esa habitación era de otro Instituto. Un Instituto desolado que nadie visitaba nunca y que era más como una prisión. Alec se detuvo frente a la ventana y, en lugar de los enormes rascacielos comunes en el paisaje Neoyorquino, se encontró con nada más que explanadas de nieve y cielo gris. Su corazón comenzó a acelerarse.

-Alec?- el chico se giró hacia la voz de Magnus, que lo esperaba sentado en la cama con una cámara fotográfica vieja en las manos, esa misma cámara que...

-Aldergold- murmuró el chico sintiendo que se le revolvía el estomago, y no había sido solo por el remolino de colores en que se había convertido la habitación en la que había estado con Magnus.

Se tambaleó cayendo de rodillas cuando al fin el torbellino terminó y se encontró en una explanada de piedras y polvo, un mundo completamente muerto y gris. El hedor a basura hizo que su estomago, ya revuelto, diera una punzada de dolor. Al girar la cabeza se encontró con la razón de su alucinación, una enorme criatura negra con cientos de ojos amarillos y vacios lo miraba desde una colina. La criatura emitió un gruñido escalofriante y se lanzó colina abajo hacia el ojiazul. Alec solo tuvo un segundo para reaccionar, tomando su arco y lanzando una certera flecha hacia la enorme cantidad de ojos. Con un lastimero chillido, el demonio se retorció de dolor cuando la flecha se enterró en uno de sus ojos. Alec se quedó quieto donde estaba, observando como la enorme masa negra rodaba por la colina hasta quedar inmóvil a sus pies.

Sacando una segunda flecha y poniéndola en posición, Alec se giró para observar el paisaje. Era todo completamente gris y muerto. El cielo amarillento no tenía ni una sola nube y el sol se miraba anaranjado brillante. Comenzó a entrar en pánico al no ver a ninguno de los otros cuatro. Lo mas rápido que pudo, subió la colina por la que había caído el demonio. Una ola de alivio lo invadió al ver a su hermana en la cima de la colina, arrodillada en el suelo y luchando por ponerse en pie.

-Iz!- el ojiazul corrió hacia la chica y se arrodilló a su lado, abrazándola con un brazo para ayudarla a ponerse de pie- estas bien?

-Qué pasó?- preguntó la chica, mirando a su alrededor, confundida- y... John?

-John no esta aquí. Era un demonio, creo que nos atrapó en cuanto pasamos a este mundo- respondió Alec, mirando al rededor y dándose cuenta que Simon, Clary y Jace estaban un poco más lejos, poniéndose de pie también.

-Demonio? Es ese?- preguntó Izzy, mirando a lo lejos el cadáver negro del demonio con la flecha de Alec sobresaliendo en su cuerpo- por qué no desaparece?

-Esta debe ser su dimensión de origen- respondió Jace, acercándose a ellos- supongo que si mueren aquí, mueren totalmente.

-Oigan, alguien vio por donde llegamos?- preguntó Clary, mirando a su alrededor en búsqueda del oscuro túnel por el que habían llegado. Alec miró a su alrededor. No había absolutamente nada a su alrededor, nada por al menos unos cuantos kilómetros.

-Creo que no hay camino de vuelta- dijo en voz baja, los demás lo miraron- al menos no desde aquí, no por el túnel. Creo que se cerró después de que pasamos.

-Así que es un viaje solo de ida- dijo Clary con un temblor en la voz.

-No necesariamente- remarcó Simon- si Jonathan puede entrar y salir de este lugar a voluntad debe tener una forma. Así que debemos seguir con lo que vinimos a hacer y encontrarlo.

-El vampiro tiene razón. Y no puedo creer que acabo de decir eso- dijo Jace negando con la cabeza mientras sacaba un brazalete de Jonathan y que él había conservado después de haber regresado de su estadía con él- debemos enfocarnos en nuestra misión.

-Por qué traes eso aquí? Como sabes que Jonathan no lo tiene monitoreado o algo?- preguntó Izzy, frunciendo las cejas.

-Es lo único que tenemos para rastrearlo- respondió Jace encogiéndose de hombros.

-Podríamos rastrear a otra persona- dijo Simon- en este lugar no creo que tenga a los prisioneros esparcidos por todos lados.

-A tu madre, Clary- dijo Izzy, acercándose a la pelirroja.

-No... no traigo nada de mi mamá- respondió Clary, mirándola como disculpa.

-Alec trae la bufanda de Magnus- dijo Simon, señalando al ojiazul. Los otros tres también lo miraron, provocando que se sonrojara a más no poder- erm.. la recuerdo, Magnus la llevaba puesta el día de Azazel. La arrojaba sobre su hombro constantemente golpeándome en la cara cada vez, quejándose de lo sucia que había quedado su sala.

-En realidad es mía- dijo Alec, jugueteando con la tela de la bufanda azul entre sus dedos- me la regaló... hace unas semanas.

-De todos modos, no se puede rastrear a un Brujo- dijo Jace, quitando la atención de su Parabatai al ver que ya comenzaban a sonrojársele las orejas también- necesitamos esta pulsera- Jace utilizó una runa mientras todos lo miraban concentrarse. Solo unos segundos después, abrió los ojos para mirarlos nuevamente- no está muy lejos, un día o quizás dos de caminata. En esa dirección.

-Bien, vamos entonces- dijo Alec comenzando a caminar. Jace lo miró sorprendido, Alec casi nunca tomaba el control en las misiones. Se giró hacia Izzy para mirarla con una ceja alzada, la chica solo se encogió de hombros y siguió a su hermano mayor. Los cinco emprendieron camino hacia donde Jace había señalado. El ojiazul aferró la bufanda con una mano mirando hacia el horizonte, hacia donde se encontraba Magnus. Tenía que llegar a él. Tenía que liberarlo. Tenía que disculparse y abrazarlo y besarlo. Sintió las lagrimas picarle en los ojos pero se mordió fuertemente el labio para apartarlas. No lloraría, tenía que ser fuerte, por Magnus.

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Magnus movió sus manos, intentando aliviar el dolor que las cadenas en sus muñecas provocaban. Raphael estaba junto a él, intentando soltar las cadenas que aprisionaban al Brujo, sin mucho éxito. Luke estaba de pie junto a la única y delgada ventana en la parte trasera de la celda. Los tres habían sido drogados durante la cena que habían tenido entre los representantes Subterráneos. Habían caído desmayados y habían despertado en ese lugar, sin rastro de Meliorn ni de Jocelyn.

-No entiendo, por qué te encadenaron a ti y no a nosotros? De todos modos ya estamos encerrados- dijo Raphael, soltando la cadena con molestia.

-Es porque Magnus necesita sus manos para hacer magia- respondió Luke sin dejar de intentar mirar hacia afuera. Raphael miró al Brujo, sorprendido- las cadenas no se lo permiten.

-Es una lástima- dijo Magnus encogiéndose de hombros- si Jonathan hubiese hecho su tarea, sabría que no necesitaba encadenarme para impedirme hacer magia. No puedo hacer magia aquí.

-Que quieres decir? No estamos en Idris?- peguntó Raphael, mirando ahora a Luke.

-La tierra es demasiado gris, el cielo demasiado amarillo. Definitivamente no estamos en Idris- dijo Luke, mirando hacia el cielo.

-Claro, tenía que ser mi suerte- murmuró Magnus con una risa seca.

-Sabes en donde estamos?- preguntó Luke, al fin mirando a los otros dos en la celda.

-Estamos en Edom- respondió Magnus- una dimensión demoniaca.

-Como lo sabes?- preguntó Luke. Raphael lo miró de reojo.

-Lo siento en la sangre- Magnus suspiró y se movió hasta quedar sentado de piernas cruzadas y con las cadenas frente a él.

-Estas bien?- preguntó el Hombre Lobo, mirando lo pálido y agotado que se veía Magnus.

-Sí, estoy bien- respondió Magnus, cerrando los ojos. Raphael y Luke compartieron una mirada de preocupación, pero no dijeron nada más. Luke miró a Magnus unos segundos y después volvió su atención hacia afuera.

-Así que aquí es donde Jonathan se ha estado ocultando, por eso no podíamos localizarlo- dijo Luke, cruzándose de brazos- esta es su base de operaciones.

-O tal vez es solo un lugar abandonado en el que nos deja para podrirnos- dijo Raphael, sentándose en una esquina, alejado de la ventana y con la espalda pegada a la pared de piedra.

-No, no se tomaría esa molestia- repuso Luke- si nos quisiera muertos ya estaríamos muertos. No le gusta perder el tiempo. Tiene un plan importante y nos necesita vivos. Aunque no se que...

Luke guardó silencio y bajó la mirada. Magnus lo vio y supo inmediatamente lo que pensaba. Los tres sabían que Meliorn los había traicionado. Después de todo, las hadas habían sido las que habían organizado la cena y les habían dado el vino para dormirlos. Pero Jocelyn no estaba con las hadas, eso era seguro. Luke se preguntaba que habría sido de ella.

-No le hará daño- dijo Magnus, volviendo su mirada hacia las cadenas- me refiero a Jocelyn.

-Podría- dijo Raphael como quien no quiere la cosa. Magnus lo miró como advertencia- que? Está bastante loco.

-Se que Jonathan no le hará daño a Jocelyn- aseguró Magnus mirando a Raphael fijamente, el vampiro simplemente se encogió de hombros. El Brujo volvió su atención hacia Luke- no lo hará, porque es la madre de Clary. Si bien a Jonathan no le importa su propia madre, sabe que tiene una ventaja al tenerla a ella. Puede que sea impaciente e irracional, pero no es estúpido. No renunciará a tener la ventaja tan fácilmente.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Caminaron durante lo que parecieron horas, todos estaban completamente agotados. El terreno era irregular y no había ningún sendero que seguir, así que pasaban por piedras, colinas y planicies cubiertas de pegajoso alquitrán. Todo era seco y caliente, como el cráter de un volcán. Los cinco tenían el rostro y ropas cubiertos de polvo y cenizas. Y para empeorarlo todo, las runas que se aplicaban no duraban mucho. Se desvanecían de su piel mas rápido que lo normal, por lo que su efecto no era el mismo.

-Racionen el agua- dijo Alec al ver que Izzy daba un trago a su botella y una pequeña gota se escapaba de sus labios y caía al suelo. Una gota que en ese lugar era invaluable- no sabemos cuánto estaremos aquí.

-Las runas de velocidad se desvanecen demasiado rápido- se quejó Clary, mirando su antebrazo.

-A este paso nos tomará tres días llegar hasta Jonathan- dijo Jace, marcando nuevamente la runa para localizar al chico Morgenstern.

-Podremos andar en la noche también, usaremos runas de vigilia, las replicaremos cada hora- dijo Isabelle.

-Cuando las runas de vigilia pierden efecto caes en picada- dijo Jace negando con la cabeza- no podemos enfrentar a Jonathan sintiéndonos como si tuviéramos resaca.

-En ese caso tenemos que buscar un lugar en donde descansar, necesitamos dormir- dijo Alec, recorriendo el lugar con la mirada. No había nada más que rocas y una montaña no muy lejos de ahí.

-Que tal una de esas cuevas?- preguntó Simon, señalando las cuevas que se lograban ver montaña arriba.

-Claro, estamos en una dimensión demoniaca y tu quieres ir a meterte a un agujero oscuro, a saber que vivirá ahí dentro- dijo Jace, rodando los ojos.

-Solo era una sugerencia, no te veo a ti dando ideas- se quejó Simon.

-Porque yo si pienso las cosas con detenimiento y no nada más digo lo primero que se me viene a la cabeza- replicó Jace. Simon abrió la boca para responder, pero Alec lo interrumpió.

-En primer lugar, Jace, tu nunca piensas nada con detenimiento, no te engañes- dijo Alec, caminando para comenzar a subir la montaña- y segundo, la idea de Simon es la única que tenemos ahora, así que vamos a intentarlo.

-Y si vive algo dentro?- preguntó Clary, siguiendo al mayor.

-Entonces lo sacamos y ya, necesitamos refugio- dijo Alec firmemente sin dejar de subir la montaña. Esta vez fue Clary la que compartió una mirada con Jace. Alec no se estaba comportando como Alec. Todos siguieron al ojiazul montaña arriba hasta la entrada una de las cuevas. Preparando sus armas entraron con cuidado. Avanzaron solo unos cuantos metros hasta encontrarse con una reja. Una reja de metal, grabada con cientos de runas de protección- maldición, no es lo suficientemente profunda.

-Pero es un techo- dijo Simon.

-No podemos dormir aquí- apoyó Jace a su Parabatai, yendo hacia la reja y moviéndola firmemente- si algún demonio quiere entrar, por mas guardia que montemos, nos tomaría por sorpresa, estaríamos en desventaja al estar adormilados.

-Por lo menos podríamos descansar un rato, sentados, quiero decir- dijo Clary. Estaba tan cansada que con lanzarse al suelo y recargar la cabeza sobre una piedra se sentiría como en un spa.

-Y si...- la propuesta de Isabelle murió en sus labios cuando Jace, con un golpe bastante rudo, abrió la reja de par en par- y si seguimos explorando la cueva?

-Excelente idea, Iz- sonrió Jace a la chica.

Avanzaron con cuidado dentro de la cueva, habían cerrado la reja despacio, lo suficientemente suave como para poder abrirla fácilmente si necesitaban huir, pero lo suficientemente firme como para no dejar pasar a ningún demonio que deambulara por ahí. Caminaron unos cinco minutos hasta que llegaron a un área circular más amplia, claramente esculpida por manos humanas. El techo estaba lleno de gemas blancas que titilaban e iluminaban el lugar, en el centro del lugar había un hueco para hacer fogatas.

-Creo que utilizaban este lugar como escondite- dijo Alec, inspeccionando el hueco lleno de cenizas de hacia años.

-Estoy segura que así era, todas las runas que hemos visto hasta ahora son de protección- dijo Clary caminando hacia el otro lado del lugar, donde un túnel se abría a su derecha. Jace se quitó su mochila y la lanzó a un lado del lugar de la fogata.

-Esta noche dormiremos aquí- dijo el rubio, mirando al rededor.

-Estás seguro de que estaremos bien?- preguntó Alec, mirando los dos túneles que se abrían frente a ellos- aparte del túnel por el que llegamos aún hay otros dos.

-Recorreremos los túneles. Clary y yo iremos por este- dijo señalando el que estaba junto a la pelirroja- Izzy y Simon, investiguen aquel.

-Bien- dijo la chica, dejando su mochila en el piso y sacando dos cuchillos serafines para ponerlos en su cinturón.

-Iré con ustedes- dijo Alec dirigiéndose a Izzy y Simon.

-Alec, quédate aquí, cuida las cosas- dijo Jace, deteniendo a su Parabatai. Alec lo miró con ojos entrecerrados- haz una fogata, cocínanos algo de comer.

-Cocinar algo de comer?- preguntó Alec en tono de pocos amigos.

-Si, dicen que hornear es relajante, haz un pay- sonrió Jace, tomando un cuchillo serafín antes de girarse y adentrarse por el túnel de la derecha con Clary. Izzy miró a su hermano mayor con una sonrisa antes de encogerse de hombros y perderse por el otro pasillo junto con Simon. Alec bufó molesto mientras se sentaba en el suelo junto al hueco y comenzaba a llenarlo con unas cuantas hojas del libro que había llevado, murmurando unos cuantos insultos hacia su Parabatai.

Encendió la fogata y comenzó a desempacar las cosas para dormir esa noche, todos habían llevado una manta para ponerla en el suelo, así que se dedicó a tenderlas en el suelo y sacar algo de comida y agua para todos, encontrándose con una botella de vino en una de las mochilas. Bien, si Jace quería que se relajara, entonces se relajaría. Utilizando un cuchillo fino, descorchó el vino y comenzó a darle tragos. Nunca le había gustado el alcohol, pero sentía que lo necesitaba en su organismo en ese momento. Estaba recostado sobre su manta y ya llevaba media botella cuando Clary y Jace regresaron.

-No hice un pay, por tres razones- dijo Alec levantando tres dedos- uno, porque no tengo ningún ingrediente para hacer un pay. Dos, porque no se cómo hacer un pay.

Esperó mientras Jace se quitaba la espada y la apoyaba en la pared de la cueva.

-Y tres?- preguntó el rubio. Alec tomó la botella de vino y miró a Jace con una sonrisa de autosuficiencia.

-Porque no soy tu perra- respondió el ojiazul, claramente contento consigo mismo, dándole un trago a la botella de vino. Clary soltó una risita y Jace rodó los ojos sin poder ocultar una pequeña sonrisa.

-Sabes que traje el vino para utilizarlo como antiséptico?- dijo Jace, sentándose en su manta.

-No hay suficiente alcohol en el vino para usarlo como antiséptico- le dijo Alec, sentándose sin soltar la botella- hubieras traído vodka o whiskey.

-El conocedor de alcoholes ha hablado- dijo Jace. Alec simplemente le sonrió.

-Ese túnel es seguro, es un camino sin salida y termina en una fuente de agua potable- explicó Clary, sentándose junto a Jace.

-Seguros que es potable?- preguntó Alec, enderezándose sobre su manta.

-Sí, hice que Jace la probara y sigue vivo- dijo la pelirroja, tomando un pedazo de manzana. Izzy llegó en ese momento, ella y Simon salieron a toda prisa del túnel por el que se habían ido.

-Este túnel termina en una reja igual a por la que entramos, pero está rota- explicó la chica rápidamente- hay demonios voladores, no están cerca, pero no debemos arriesgarnos.

-Haremos guardias- dijo Alec, poniéndose de pie y dándole un último trago a la botella de vino- yo voy primero.

-Te acompaño, es mejor que vayamos de dos en dos- dijo Jace, poniéndose de pie también. Clary lo miró detenidamente, sabía que Jace odiaba ver a Alec así. Quería asegurarse de que su Parabatai estuviese bien y no cometiera alguna locura.

Jace y Alec caminaron rápidamente por el túnel hasta llegar a la reja que habían mencionado Izzy y Simon. Después de mirar afuera y ver que los demonios no prestaban atención a esa cueva en particular, ambos se acomodaron uno frente al otro, con sus espaldas recargadas contra la pared de piedra. En el cielo había tres lunas, grandes y brillantes. Su reflejo rojizo iluminaba el paisaje terroríficamente.

Jace miró a su Parabatai. Las lunas en el cielo proyectaban sombras en su rostro. Tenía el cabello sucio y enredado, y su típica camisa rota. Sus ojos azules estaban fijos en el cielo color purpura, y fue solo cuando vio el brillo de unas finas lagrimas que contenía que se dio cuenta. Se dio cuenta de todo lo que su mejor amigo estaba conteniendo. Recordó el modo en que Alec había matado al caballero hada, rápido, frio y despiadado. Nada de eso era Alec. Y sin embargo, no se había molestado en detenerse un segundo a investigar que sucedía. De donde provenía toda esa rabia, dolor y miedo?

-Alec, escucha, si no estás bien debes decirlo- dijo Jace en voz clara y tranquila- estamos bajo mucha presión, pero debemos soportar lo mejor que...

-Que si no estoy bien?- preguntó el ojiazul- quieres que te diga todo lo malo que me pasa, Jace? Siempre es hablar y hablar contigo. Hablar no me va a regresar a Magnus!

Hubo un silencio profundo después de la declaración del Nefilim. Alec respiraba pesadamente, con los ojos brillantes. Parecía molesto, o desesperado, Jace no lo sabía. Alec cerró los ojos fuertemente y se mordió el labio para calmarse. El rubio permaneció en silencio, dándole tiempo para calmarse y que pudiera hablar nuevamente.

-Lo único que me lo devolverá ahora es luchar- siguió Alec, mirando hacia afuera de la cueva- las batallas siempre se deben pelear con la mente fría calculadora, es lo que intento hacer.

-Alec...

-Se que en todos estos años siempre he sido débil- Jace quiso replicar, pero Alec no lo dejó- se que siempre me he quedado al margen, no solo de las batallas, sino de cualquier situación. No quería... no quería que me lastimaran mas- el rubio miró a su Parabatai fijamente, dejando que se desahogara- me daba miedo... pero después llegó Magnus.

-Que fue diferente con él?- peguntó Jace. Esa pregunta había rondado en su cabeza desde que se había dado cuenta que su mejor amigo sentía atracción por el Brujo, pero nunca se atrevió a preguntarlo- por qué Magnus?

-No lo sé, yo... no lo sé, Jace. Por qué Clary?- preguntó Alec, mirándolo al fin. A Jace le sorprendió la pregunta- tu también, siempre te habías cerrado a sentir algo por alguna chica. Me daba cuenta de ello. Pero cuando llegó Clary, todo fue diferente. Eso me pasó con Magnus.

-Es solo... quiero decir...

-Mi situación es diferente, si- afirmó Alec con una sonrisa triste, volviendo a mirar hacia el cielo- no fue inmediato, como ustedes. Pero Magnus ha hecho todo por mí. Le debo tanto...

-Lo estas salvando como pago y agradecimiento de todo lo que te ha ayudado?- preguntó Jace frunciendo las cejas.

-No, Jace. Yo...- Alec soltó un suspiro. Por debajo de todo el polvo y sudor que cubría el pálido rostro de Alec, Jace pudo ver como se sonrojaba- yo lo amo.

Jace sintió un nudo en la garganta. Alec amaba a Magnus. Había pasado tanto tiempo...tantas cosas desde que Alec se había "enamorado" la última vez. No sabía cómo sentirse al respecto. Sabía que el ojiazul no daría su amor fácilmente después de todo lo que había sufrido. Y ahora, saber que Magnus había logrado abrirse paso en el delicado corazón de su mejor amigo, tenía una mezcla de furia y felicidad demasiado extraña formándose en su pecho.

Sintió algo de pánico invadirlo al pensarlo. Su Parabatai había vuelto a abrir su corazón a alguien. No solo a alguien, al jodido Gran Brujo de Brooklyn. Fiesta, desenfreno y purpurina. No pudo elegir una persona mas... centrada, para enamorarse? Sacudió la cabeza soltando un suspiro. Pensó en todo lo que había pasado con Magnus en esos pocos meses que llevaban conociéndolo. Magnus estaba loco, si, pero era buena persona. Era muy bueno con Alec, lo cuidaba tanto como los miembros de su familia. Tenía que admitirlo, Magnus pasaba todas sus pruebas y peros.

Ahora había comenzado a horrorizarse consigo mismo y su falta de atención como Parabatai. Se había jurado a si mismo cuidar a Alec por siempre, no dejar que nada ni nadie lo lastimara mas. Pero no había pensado en lo que su Parabatai estaría sintiendo desde que se habían llevado a los prisioneros. Ahora que sabia los sentimientos de Alec hacia Magnus, se horrorizó al pensar en cómo sería cada hora, cada minuto para él, sin saber si Magnus estaba vivo o muerto.

-Vamos a encontrarlo, Alec- dijo Jace firmemente, moviéndose hacia adelante y tomando la mano de su Parabatai- te lo juro por el Ángel. Lo encontraremos y estará bien- dijo Jace, Alec lo miró con los ojos brillantes- volveremos a casa y podrán ir a mimar al gato que sabrá Raziel con quien se quedó- Alec no pudo reprimir una risa. Jace también sonrió, pero algo afuera de la cueva llamó su atención- viste eso?

-Qué? No vi nada- dijo Alec, enseriándose rápidamente y siguiendo la mirada del menor.

-Luces, están brillando sobre algo- dijo Jace poniéndose de pie- espera aquí y vigila la entrada. Iré a echar un vistazo.

-Jace, no...- comenzó Alec, pero Jace ya había soltado la carrera montaña abajo.

El ojiazul maldijo por lo bajo mientras sacaba una flecha y la ponía en posición, vigilando que nada se acercara a su Parabatai. Observó a Jace a lo lejos, acercándose a una cosa que no lograba distinguir. Si era un demonio era solo uno, Jace podría con él. Bajo el arco sin quitar la flecha, por si veía alguna otra cosa. Estudió claramente los movimientos de su Parabatai, se había acercado demasiado a la cosa frente a él, y no estaba en posición de ataque. De pronto, todo brilló y el fuego envolvió a su Parabatai.

El terror lo invadió al ver que un torbellino de fuego dorado envolvía a Jace y aumentaba su intensidad a cada segundo. El Fuego Celestial había salido del cuerpo de Jace y él no tenía idea de cómo controlarlo. Necesitaban algo más poderoso que ellos. Poder angelical, Clary. Dejó su arco a un lado y echó a correr por el túnel, gritando por la pelirroja para que despertara. Ella sabría qué hacer, ella tenía una runa para eso, debía tenerla. Cuando llegó a donde estaba el resto, ya habían comenzado a ponerse de pie.

-Clary! Ven rápido, trae tu estela!- exclamó Alec, apenas frenando para dar media vuelta y volver por el túnel, los otros tres lo siguieron rápidamente.

-Alec, que pasó?- preguntó Izzy mientras corrían.

-Jace, no lo sé, el Fuego Celestial- respondió el ojiazul, haciendo que todos aceleraran el paso. Llegaron nuevamente al final del túnel y los otros tres adolescentes soltaron un jadeo de sorpresa. Alec maldijo por lo bajo al ver que la llamarada había aumentado- Jace esta ahí dentro.

-Va a quemarlo todo- dijo Simon, mirando como los pocos demonios que volaban cerca comenzaban a inquietarse y a alejarse del fuego.

-No puede controlarlo- le dijo Alec.

-El Fuego Celestial... lo consumió?- preguntó Isabelle, asustada.

-No, aun siento mi runa Parabatai, Jace esta con vida, pero debemos hacer algo- respondió Alec, tomándose el hombro con una mano, ahí en donde su runa cosquilleaba. Clary, que se había mantenido en silencio y bastante concentrada en todo ese rato, de pronto soltó la carrera colina abajo. Alec se dispuso a seguirla, pero Clary lo detuvo.

-Quédate aquí! No sé si funcione- gritó la pelirroja sin dejar de correr, mientras le mostraba una nueva runa en su brazo- asegúrate de que los demonios no se acerquen!

Alec se detuvo, apretando los puños con fuerza. Los demonios que estaban cerca se mantenían alejados, pero claramente sentían curiosidad por la gran llamarada de fuego dorado que había aparecido de la nada. Sintió a Simon e Izzy llegar a su lado. Los tres miraron a Clary perderse dentro del fuego y esperaron, rezando por que los dos chicos estuviesen bien. El ojiazul podía escuchar a los dos menores detrás de él hablando en cuchicheos. Alec dio un par de vacilantes pasos hacia el frente antes de que un fuerte dolor en su hombro lo doblara. Izzy soltó un grito cuando una potente llamarada salió a lo alto del fuego.

-Alec! Alec!- la chica se acercó a su hermano mayor al verlo caer al suelo de rodillas. El mayor soltó un gruñido antes de enderezarse y tirar del cuello de su camisa hasta su hombro.

-Mi runa Parabatai, puedes verla?- preguntó con voz entrecortada. Isabelle movió la tela bruscamente para lograr quitarla del camino.

-Sí, sí, aquí esta- respondió Izzy, sintiendo un gran alivio invadirla.

-Sentí que algo cambiaba- declaró Alec, acomodándose la camisa- voy a bajar.

-No!- Izzy lo tomó del brazo, evitando que se moviera.

-Miren- Simon llegó hasta ellos, mirando colina abajo. Los Lightwood siguieron la mirada del vampiro y se dieron cuenta que las llamas comenzaban a apagarse. De pronto lograron ver dos siluetas entre el humo y los restos del fuego. Clary y Jace caminaban lentamente hacia ellos. Alec soltó un enorme suspiro al tiempo que Izzy y Simon soltaban la carrera hacia los otros dos. La chica se lanzó sobre Jace, quien la atrapó en el aire y la abrazó fuertemente. El vampiro hizo lo mismo con Clary. Alec llegó junto a ellos y abrazó a Jace por sobre Izzy, dejándola en medio de un abrazo sándwich. Cuando todos se calmaron y terminaron de abrazarse, Alec fue el primero en hablar.

-Me alegra mucho que estén bien, de verdad, pero creo que nosotros tres nos merecemos una explicación- demandó el mayor a Clary y Jace- como fue que perdiste el control del Fuego Celestial? Te atacaron?

-Fue un demonio. Tomó la forma de... bueno, hizo un buen trabajo en provocarme y hacerme perder el control- declaró Jace- Clary me ayudó a controlarlo de nuevo.

-Así nada mas? Lo controlaste como si nada?- dijo Izzy, algo confundida. Después de todo ese tiempo que Jace había estudiado y meditado como controlar el Fuego Celestial en él, Clary le había enseñado a hacerlo en solo segundos?

-Bueno, quiero decir, no se controlarlo, controlarlo, totalmente, pero...

-Cuidado!- Simon saltó sobre Isabelle y Clary, lanzándolas al suelo. Con la alegría de tener a Clary y Jace sanos y salvos, ninguno se había dado cuenta que uno de los demonios voladores que se había mantenido alejado por el Fuego Celestial, ahora se había acercado, curioso por saber lo que había sucedido, y los había encontrado en medio de la nada y con la guardia baja. Jace y Alec se lanzaron hacia un lado, esquivando por poco las garras del demonio.

-Que demonio es ese?- preguntó Clary. Si bien no tenía tanto tiempo estudiando demonios como los Lightwood, estaba segura que nunca había visto un demonio así en los libros de la biblioteca.

-No lo sé- declaró Alec y Clary se preocupó. Para que Alec no supiera un tipo de demonio debía ser uno excepcionalmente raro.

-No importa que clase es, solo matémoslo- dijo Jace, sacando un cuchillo serafín de su cinturón. Alec, con la desesperación con la que había corrido, había olvidado su arco en la cueva, así que sacó también un cuchillo serafín.

-Acabemos con el antes de que vengan más!- dijo Izzy, soltando su látigo y preparándose para luchar. El demonio era enorme, el cuerpo alargado y blanquecino como el de una larva media al menos unos 15 metros, pero ambos extremos terminaban en una enorme boca llena de hileras e hileras de dientes de tiburón. la parte superior de la criatura estaba cubierta por cientos de alas pequeñas que terminaban en garras. No tenía patas tenía una asquerosa baba verdosa saliendo de ambas bocas, suponían era veneno. El demonio aterrizó junto a ellos, formando un semi circulo con su cuerpo y gruñendo con ambas bocas en dirección al grupo de adolescentes.

-Acabemos con él!- saltó Jace antes de arremeter contra el demonio, era enorme, pero entre todos podrían contra él.

Isabelle enredó su látigo en lo que podría considerarse como uno de los cuellos de la criatura, intentando mantener una de las bocas controlada mientras Alec se acercaba por un lado, dispuesto a enterrar su cuchillo serafín. Simon se movía con mucha rapidez, llamando la atención de la otra boca, cosa difícil ya que la criatura no tenía ojos visibles. Jace y Clary intentaban acercarse por ambos lados y así cortar al monstruo por la mitad, pero ninguno de sus planes funcionó. Con un brusco movimiento, el demonio levantó uno de sus extremos, el que Izzy sostenía con su látigo, y emitió un sonoro gruñido. Isabelle no soltó su látigo y soltó un grito cuando sintió que sus pies se despegaban del suelo.

-Izzy!- gritó Alec cuando su hermana volaba por los aires mientras movía su látigo para desenrollarlo del cuerpo de la criatura. El mayor corrió, siguiendo el trayecto de la chica con la mirada, y la atrapó antes de que impactara contra el suelo.

El demonio volvió al suelo y fijó su atención en Jace. El rubio se puso en posición de ataque, listo para esquivar a la enorme criatura. Saltó hacia un lado al ver que el demonio escupía en su dirección. Le había escupido veneno, como una cobra. Jace se enderezó y saltó nuevamente, aterrizando sobre la espalda del gusano. Movió el cuchillo serafín, logrando cortar varias de las alas de la criatura. El demonio no pareció sentir la perdida de alas, pero un movimiento de Alec llamó su atención y arremetió contra el ojiazul. El rubio saltó hacia el suelo cuando el demonio se movió bruscamente en dirección a su Parabatai. Sus botas dieron contra el suelo cubierto del veneno que había escupido el demonio, pero había algo más duro. Bajó la mirada y se fijó bien, la criatura no solo le había escupido veneno, también había lanzado dientes en el proceso, grandes y afilados, como dagas.

-Cuidado! Puede lanzar los dientes fuera de su boca!- exclamó Jace hacia los demás.

El demonio se preparó para escupir mas veneno con dientes hacia Alec, pero Clary le lanzó una daga y esta se enterró en un costado de su boca, haciendo que el demonio se medio girara y su ataque fallara, dándole tiempo al ojiazul de moverse rápidamente y cortar otro puñado de alas. El enorme gusano no pareció registrar la nueva pérdida de miembros, pero si pareció enfurecerse. Soltó gruñidos de sus dos bocas y se convulsionó bruscamente, haciendo que todos retrocedieran. El movimiento provocó que la tierra temblara y un pequeño derrumbe se diera desde la montaña donde estaba la cueva.

-Simon!- gritó Isabelle al ver que el vampiro estaba en la trayectoria de las rocas cayendo. La chica se movió con rapidez, maniobrando para que su látigo se enredara en uno de los brazos del Diurno y tirando de él para quitarlo del lugar, pero la distracción le costó caro.

De una de sus bocas, el demonio escupió veneno en dirección de Isabelle. La chica intentó esquivarlo, pero no fue lo suficientemente rápida y el veneno combinado con dientes le dio en el muslo derecho. Izzy soltó un grito de dolor y cayó al suelo cuando le falló la pierna. Clary había corrido a ayudar a Simon mientras que Alec se apresuraba a llegar hasta su hermana.

-Izzy!- Alec llegó al lado de la chica y se arrodilló a su lado. La menor había sacado torpemente los colmillos que se le habían enterrado en la pierna.

-Estoy bien- murmuró la chica antes de desfallecer.

-Isabelle!- Alec intentó despertarla, pero la respiración de su hermana se escuchaba agitada.

-Alec! Llévatela!- gritó Jace sin dejar de seguir los movimientos del demonio con la mirada. Alec obedeció al instante, tomando a su hermana en brazos y corriendo colina arriba hacia la cueva lo mas rápido que pudo. Escuchaba la lucha detrás de él, pero no se detuvo, la sangre no dejaba de brotar por montones de la herida en la pierna de Isabelle. Tenía que llegar a la cueva y aplicar todos los Iratzes posibles. Alec tropezó y cayó hacia el frente, girándose y metiendo la mano lo mejor que pudo para que Izzy no se lastimara, la chica soltó un gemido de dolor por el brusco movimiento.

-Izzy, tranquila, resiste- murmuró Alec, recobrando el equilibrio y acelerando el paso. Entró en la cueva, casi corriendo hasta el área donde descansaban. Dejó a Isabelle sobre una manta en el suelo y sacó su estela a prisa. Trazó un Iratze en la piel descubierta de la chica, el cual se desvaneció rápidamente- no, no, no...

Alec trazó otro Iratze, escuchó los pasos acelerados de los demás por el túnel. No les puso atención cuando llegaron a su lado y se lanzaron al rededor de Izzy, mirándola preocupados. Isabelle soltó un suspiro entrecortado. El Iratze que Alec había dibujado desapareció nuevamente. Alec tomó la cabeza de su hermana y la acomodó sobre su regazo antes de girarse hacia la pelirroja.

-Clary! Clary, haz algo! Un Iratze poderoso o una runa nueva, por favor- rogó Alec. Tenía la boca seca y los ojos brillantes. Clary pasó saliva pesadamente y sacó su estela. Todos observaban en silencio. La sangre salía lentamente ahora de la herida de Isabelle, preocupándolos mas. La pelirroja trazó un Iratze sobre la piel de Izzy, pero desapareció al igual que los que había dibujado Alec. Lo intentó de nuevo, con el mismo resultado.

-No puedo hacerlo- susurró la chica, negando con la cabeza- no puedo hacer una lo suficientemente fuerte.

-No eres tú, es el veneno- dijo Jace, tomando la mano de Isabelle entre las suyas- el veneno de demonio en su sangre no permite que las runas la ayuden.

-Algo tiene que funcionar!- saltó Simon. Clary tenía su estela en la mano, seguía concentrándose en crear una runa nueva para ayudar a Isabelle, pero no le llegaba nada. La respiración de la chica Lightwood era cada vez mas entrecortada. Alec estaba inclinado sobre su hermana, pegando su frente a la de ella.

-Izzy, por favor. No me dejes, por favor, quédate conmigo- pedía el hermano mayor en voz baja. Jace aferraba la mano de Isabelle como si pudiera pasarle su energía y así sanarla. Simon los miró, él podía hacer eso, podía ayudar a Isabelle a sanarse. El vampiro se llevó su propia muñeca a la boca y mordió fuertemente, abriendo sus venas y dejando su sangre fluir. Alec lo miró acercar su herida a la pierna de Isabelle y quiso detenerlo.

-Que estas...

-Espera, Alec- lo detuvo Jace, dejando que la sangre de Simon cayera sobre la herida de la chica- podría funcionar, he oído que en ocasiones funciona...

En ese momento, Isabelle, aun inconsciente, comenzó a convulsionarse en los brazos de su hermano. Alec se aferró a ella, evitando que se golpeara contra el suelo. El ojiazul estaba a punto de gritarle a Simon cuando se dio cuenta de que la herida en la pierna de Izzy había comenzado a sanar. Debajo de la mezcla de sangre de Simon y la de ella, podía verse la rosada piel nueva que cubría la fea herida que había causado el demonio. Jace puso una mano sobre el hombro de Alec y ambos sonrieron.

Isabelle abrió los ojos poco a poco, confundida. Su tez pálida ganaba color rápidamente y recuperaba fuerzas con cada segundo. Bajó la mirada hacia su pierna y se dio cuenta de lo que sucedía. Su propia herida y la herida en la muñeca de Simon estaban sanando a la par. Miró a sus hermanos por encima de su cabeza, le sonreían aliviados. Soltó un pequeño suspiro, mirando al rededor y vio a Simon llevarse la muñeca de nuevo a los labios para volver a abrir la herida.

-Simon, no!- saltó Izzy, intentando incorporarse mientras se recargaba en Alec, pero no lo logró. Clary entendió el mensaje y se lanzó sobre su mejor amigo, deteniéndolo.

-Ya está bien- le dijo la pelirroja, tomándole las manos- Isabelle está bien.

Clary se llevó a Simon un poco alejado de los Lightwood y lo sentó recargándolo en la pared de piedra. Jace y Alec no les pusieron mucha atención, estaban encorvados sobre Izzy, abrazándola y hablando en susurros. Clary se ocupó de su amigo. Simon estaba pálido y débil, y las venas se le marcaban en la piel, negras y retorcidas. El vampiro había perdido mucha sangre mientras ayudaba a Izzy, y Clary lo sabía. Jace, después de asegurarse que Isabelle estuviera recuperándose por completo, se puso de pie y fue junto a los otros dos.

Unos minutos después de comenzar a recuperarse, Izzy volvió a caer dormida. La herida ya había sanado casi por completo, aunque aun se miraba la carne enrojecida en el punto que había cortado el demonio. Alec envolvió a su hermana en su propia manta y tomó su chamarra para enrollarla y hacer una almohada para ella. Levantó la mirada hacia los demás. Parecían discutir sobre algo. Acomodó la almohada improvisada bajo la cabeza de Isabelle y se enderezó para escuchar la conversación de los otros.

-Las botellas se rompieron, necesitas sangre, así que bebe la sangre!- decía Jace, extendiendo su brazo frente al rostro de Simon.

-Creo que beber tu sangre ahora es prácticamente beber lava de un volcán- dijo Simon firmemente mirando a Jace- así que no gracias. No quiero quemarme por completo de adentro hacia afuera.

-Entonces yo- dijo Clary acercándose a su mejor amigo- necesitas comer, Simon, no voy a dejar que te mates de hambre.

-Técnicamente...

-Si haces otra broma sobre muertos, voy a...

-Matarme?- saltó Simon con una sonrisa.

-Se acabó- Jace amenazó con sacar un cuchillo serafín de su cinturón, pero Clary lo detuvo rápidamente.

-Jace! Basta!- después de un poco de forcejeo, Jace se cruzó de brazos y soltó un bufido, alejándose del Diurno- Simon, tienes que comer- dijo Clary con tono de maestra de preescolar.

-Que estoy bien! No necesito morderlos- dijo Simon exasperado. Clary estuvo por replicar pero Alec ya había tenido suficiente.

-Oh, por el amor de Dios, basta- dijo Alec, poniéndose de pie y dejando a su hermana para acercarse a los demás- yo lo haré.

-No, Alec- dijo Jace inmediatamente.

-Izzy está demasiado débil. Jace, tu sangre quemará a Simon. Y Clary, Simon no te quiere beber sabrá Raziel por qué, así que solo quedo yo- le dijo Alec firmemente- está bien, Simon necesita sangre.

-Pero Alec...

-Estaré bien- dijo el ojiazul, acercándose a su Parabatai y hablándole en voz baja- solo me morderá unos segundos, no hagas escándalo.

-Te va a morder el cuello, Alec- dijo Jace, igual en voz baja y mirándolo fijamente.

-Solo unos segundos- repitió Alec- no me va a pasar nada. A ti también te mordió una vez.

-Sabes que no es eso a lo que me refiero- dijo Jace, soltando un suspiro. Alec lo miró unos segundos en silencio.

-Voy a estar bien- afirmó Alec, girándose y dirigiéndose al vampiro.

-Estoy bien- repitió Simon, todos miraron lo grisácea que se miraba su piel y las grandes ojeras que tenia.

-No estás nada bien- lo regañó Clary.

-Solo bebe, Simon, lo necesitas- dijo Alec, acercándose a él. El Vampiro soltó un suspiro y se adelantó hacia Alec, pero estaba tan débil se tropezó con una piedra y se fue hacia adelante. El ojiazul lo detuvo por los hombros rápidamente, ayudándolo a mantener el equilibrio. Simon notó lo fuerte que lo sostenía el Nefilim, estaba tenso. Miró a su alrededor y vio a Clary y Jace mirarlos fijamente, y a Alec, que parecía estar preparándose para que le lanzaran una cubeta de agua fría encima. Observó como el ojiazul giraba la cabeza para dejar su cuello expuesto, como si se preparara para la incómoda consulta con un medico.

-No, espera, no puedo hacerlo- dijo el Diurno, negando con la cabeza.

-Soy tu ultima opción, sabes?- le dijo Alec, frunciendo las cejas.

-Acaso eras tan quisquilloso con la comida cuando eras Mundano?- preguntó Jace, rodando los ojos.

-No es eso- respondió Simon, mirándolo con ojos entrecerrados- no pretendo hacerlo en frente de todos.

-Lewis, es comida, solo come!- dijo Clary, lanzando los brazos al aire. Alec la miró con una ceja alzada- erm... no quiero decir que solo seas comida Alec...

-Me dices que nunca has ido a un restaurante y comido delante de otras personas?- preguntó Jace, cruzándose de brazos.

-No es eso! Tu y Clary están mirando como si fuera un espectáculo.

-Ppff... como si fuera la primera vez que veo a un vampiro alimentarse- bufó Jace, luciendo desinteresado. Simon abrió la boca para responderle, pero Alec no se lo permitió.

-Oh, por el Ángel- soltó Alec, exasperado, tomando a Simon por el brazo y dirigiéndolo por uno de los pasillos de la cueva, alejándose de Clary y Jace. Caminaron un buen tramo antes de que Simon lo detuviera.

-Aquí está bien, ya estamos lo suficientemente alejados- dijo Simon, mirando hacia atrás por el túnel. Alec se detuvo unos cuantos pasos más allá, abriendo y cerrando los dedos de su mano izquierda, mejor que lo mordiera en la mano que menos utilizaba. No sabía cómo se sentiría si le mordían la muñeca, no iba a ser lindo. Cerró el puño fuertemente antes de girarse hacia el Vampiro. No lo pensaría mucho, era mejor así, acabar con todo eso lo antes posible.

-Puede ser la mano?- preguntó Alec, controlando su voz lo mejor que pudo. No le daba miedo que lo mordiera Simon, el chico tenía que alimentarse después de haber perdido tanta sangre, pero si le preocupaba la reacción que su propio cuerpo tendría.

-Supongo que sí, quiero decir, puedo morder donde sea, aunque es mejor el cuello o muñecas- Alec se estremeció y Simon se dio cuenta de ello- pero claro que puede ser en la mano, solo tengo que... ya sabes... succionar mas fuerte- dijo Simon, sintiéndose incomodo. Alec lo miró con una ceja alzada- solo dame tu mano.

Alec respiró profundamente moviendo la mano rápidamente, antes de arrepentirse, para ponerla sobre la mano extendida de Simon. Estaba bien, era Simon, había salvado a su hermana, se lo debía, tenía que hacerlo. El Vampiro cerró los dedos de su otra mano en la muñeca de Alec para mantenerlo en posición y el ojiazul cerró los ojos con fuerza. Simon, que ya estaba inclinado, listo para morder, no lo vio. El Nefilim dio grandes respiros intentando calmarse, pero en cuanto los colmillos del Diurno se enterraron en su carne, inconscientemente Simon apretó su agarre con mucha más fuerza.

No fue el dolor de la mordida lo que alteró a Alec, sino la fuerza con la que estaba tomando su muñeca. Comenzó a respirar agitado, aun con los ojos cerrados, no quería ver a Simon alimentándose de él, pero tampoco podía evitar que los recuerdos llegaran a él. Tenía que aguantar, tenía que dejar que Simon se alimentara, necesitaba sangre. Tenía que soportar ese agarre a su muñeca. Ese agarre vicioso, desesperado. El agarre hacia algo que no quieres dejar escapar. Exactamente el agarre que Aldergold aplicaba mientras disfrutaba de lastimarlo... justo como Simon disfrutaba ahora...

-Ya... por favor, por favor!- Simon soltó a Alec de inmediato, retrocediendo un par de pasos. El ojiazul se alejó del Vampiro, dándole la espalda y acunando su mano herida contra el pecho.

-Lo siento! Alec, lo lamento tanto! Es solo... a veces... oh perdón, algunas veces no puedo controlarme una vez que comienzo a beber. Te lastimé, estas bien?- Alec se aplicó un rápido Iratze, pensando que el dolor de la aplicación de la runa podría distraerlo. Respiró profundamente, escuchando la histeria de Simon desatarse a su espalda.

-Estoy bien- susurró Alec, tan bajo que Simon no logró escucharlo.

-Necesitas que llame a Jace? Oh por Diugh... Lo lamento muchísimo, te mordí demasiado profundo no es así? Sigue doliendo? Voy por Clary- Simon estuvo por echarse a correr por el túnel, pero Alec lo detuvo.

-Simon- el Vampiro se giró hacia el mayor, que aun le daba la espalda, mirándolo preocupado- estoy bien- dijo Alec, mostrándole como la herida en su mano ya había comenzado a cerrar gracias al Iratze- estoy bien, no te preocupes, no fue la mordida.

-Eh?- el menor seguía medio girado para ir a buscar a Jace. Alec se giró hacia él mientras guardaba su estela- seguro?

-Sí, solo... no me gusta que me tomen por las muñecas- dijo Alec en voz baja y la mirada pegada al suelo. Simon comprendió de inmediato y sintió que el pecho se le llenaba de angustia.

-Alec...

-Está bien- lo interrumpido el Nefilim- estoy bien, no lo sabías, no hay problema, vamos.

Alec emprendió camino de regreso hacia donde estaban los demás. Simon lo siguió lentamente, sin poder quitarse ese sentimiento de culpa del pecho. El ojaizul miraba al Diurno de reojo, dándose cuenta de lo que pasaba. Soltó un suspiro, negando con la cabeza. Simon siempre lo había tratado normal, como a cualquier otro chico, no quería que él también comenzara a tratarlo como si fuera de cristal. Antes de doblar la última curva para llegar a donde estaba la fogata, Alec se giró y se plantó frente a Simon.

-Basta- le dijo firmemente, el menor lo miró confundido- estoy bien, son reacciones idiotas que aun no puedo controlar, pero lo haré. No fue tu culpa, no hiciste nada malo.

-Alec, tus reacciones no son idio...

-Y ahora esto? Ya tengo suficiente con las platicas de superación personal de mis hermanos, no quiero que todos mis amigos comiencen a dármelas también- lo interrumpió Alec, rodando los ojos. Simon lo miró con incredulidad.

-Soy tu amigo?- el ojiazul lo miró fijamente, parpadeando algo confundido. Simon lo miraba sonriente. Alec no pudo más que sonreír, negando con la cabeza.

-Después de cierto número de veces en que pensé que nunca más te volvería a ver y de pronto apareces nuevamente, supongo que es una de esas amistades forzadas que no se pueden evitar- respondió el ojiazul, encogiéndose de hombros.

-Tu familia no me quiso adoptar, así que tuve que emplear otros métodos para ser tu amigo- dijo Simon sin dejar de sonreír. Alec soltó una risa- entonces, todo bien?

-Si, Simon, todo bien- dijo Alec con una leve sonrisa. Se giró para volver con los demás, pero se detuvo a medio paso- solo... no le digas a Jace. Ya sabes cómo se pone cuando le da fiebre de mamá gallina.

-Ni una palabra- dijo Simon, cerrando sus labios con un cierre invisible. Alec asintió antes de volver a andar. Al llegar a la cámara amplia, Jace estaba inclinado sobre Izzy, cubriéndola con una manta, mientras Clary acomodaba su propia manta del otro lado de la fogata.

-Y bien?- preguntó Jace al verlos acercarse. Alec simplemente asintió, medio escondiendo su mano herida.

-No fue una cena de langosta, pero nada mal- dijo Simon, dándose golpecitos en la panza.

-Te sientes mejor?- preguntó Clary a su amigo.

-Sip, mucho mejor- respondió Simon, en realidad se miraba mejor. Con los ojos brillantes y la piel blanca en lugar de ceniza.

-Como sigue?- preguntó Alec, hincándose junto a Jace enseguida de Isabelle.

-Sigue dormida, estará bien- dijo el rubio. Alec acarició la cabeza de su hermana- Clary hizo una runa de glamur en la entrada de la cueva, los demonios no podrán verla.

-Aun así, creo que es mejor que alguien este de guardia- dijo Clary, sin querer que toda su seguridad dependiera de una de sus runas.

-Yo empezaré, me siento sumamente despierto- dijo Simon, dirigiéndose al pasillo que llevaba a la reja rota.

-De acuerdo, yo te relevaré más tarde- dijo Jace, levantándose y yendo hacia Clary, que ya estaba recostada sobre su manta. Simon hizo un saludo militar y se perdió por el pasillo de la cueva. Alec se acomodó junto a su hermana, sin dejar de asegurarse que estuviese cómoda y que pudiera respirar bien. Soltó un suspiro, cubriendo a Izzy hasta el cuello con su manta y después la abrazó suavemente. Enterró el rostro en el cabello de su hermana, a pesar de que estaba sucio y lleno de polvo, seguía oliendo a Izzy, a lavanda con miel. Cerró los ojos deseando con todas sus fuerzas volver a oler el sándalo pronto.

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