Cuenta regresiva

Sumario: Desde que era muy joven, Draco sabía que sólo sería cuestión de tiempo para que el Señor Tenebroso fuese a buscarlo.

Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.

Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Presagios

Mientras Harry Potter, en las mazmorras, intentaba descifrar el problema en que se había metido por cuenta propia, Draco Malfoy, en una de las aulas vacías, se encontraba en otra clase de predicamento.

Había evitado, gracias a la intervención del director y la cara de pocos amigos de Snape, la primera entrevista de Skeeter acerca del Torneo de los Tres Magos. Había evitado las fotos en la Primera Prueba, porque la profesora A fue estricta respecto a que la reportera no entrase a la tienda de los Campeones y los molestase antes, durante o después de la prueba.

Pero fue ingenuo de su parte creer que podía evitarla por siempre.

Draco dio un paso más lejos, ella uno más cerca. La vuelapluma escribía sobre el pergamino, por sí misma, y la cámara se mantenía en alto por levitación. Lo había atrapado a mitad del pasillo, de vuelta de la biblioteca a la Torre de Gryffindor, con Neville y Blaise. Aún llevaba uno de los cómics muggles de ese héroe que se ponía una máscara de murciélago y era tan sombrío como su padrino, entre las manos.

Merlín los salvase.

Skeeter hizo ademán de extender una mano hacia su rostro y se apartó por reflejo. Cubriéndose la cicatriz de media luna, pegó por completo la espalda a la pared.

Un quejido la detuvo. Blaise se metió en medio, apartándole el brazo lejos de él, y sacudió la cabeza.

—Si tiene preguntas, se las puede hacer a un paso de distancia.

La bruja estrechó los ojos.

—¿Soy una molestia?

—Sí —Draco intentó reprenderlo, pero él volvió a fruncirle el ceño, por lo que tuvo que darle un codazo y negar para que se detuviese. Blaise bufó y se cruzó de brazos.

Las preguntas de Skeeter resultaron absurdas, irrelevantes. Quería hacerlo hablar sobre un supuesto trauma (que no tenía) y lo hizo participar en el Torneo, no le creyó que no hubiese sido quien puso su nombre en el Cáliz de Fuego, y parecía dispuesta a ahondar más en el tema de su vida familiar y los recuerdos que tenía de su niñez.

Draco tenía ganas de fundirse contra una de las paredes, sólo para evitarla. Sin pensarlo, extendió la mano y tanteó a un lado, buscando a Blaise por ayuda, para que la alejase en base a gruñidos, de ser necesarios.

Se sorprendió cuando notó que era Neville quien se interponía, manteniéndolo detrás de su espalda. Levantó los brazos cuando la bruja estuvo a punto de moverlo, pidiéndole que se calmase con un gesto.

—Por favor, señorita Skeeter, llegamos tarde al club de duelo —Le explicaba, con suavidad—. Como usted entenderá, nuestras responsabilidades- las que Draco tiene con los menores de Gryffindor…

Aquello capturó su atención. Cuando salieron del aula, la reportera se quedaba atrás, con la promesa de tener algunas fotografías en primer plano de uno de los duelos de prácticas de esa semana. Neville le pasó un brazo sobre los hombros, dio un vistazo hacia atrás, y tiró de él para sacarlo de ese pasillo.

—No sabía si ibas a empezar a hiperventilar, o le ibas a lanzar una maldición…—Comentó, en voz baja, casi contra su oído. Él meneó la cabeza.

—Merlín, ¿escuchaste lo que dijo? ¡Mi madre...Mortífaga! ¡Mi madre no era una Mortífaga! Sí, bueno- padre fue coaccionado para serlo, y mi padrino tiene una Marca Tenebrosa y- ¡pero madre jamás la tuvo! Yo lo sabría si, pues- si ella...

—Prácticamente te preguntó si no sabías si Narcissa pensó en entregarte cuando eras un bebé —Blaise tenía el ceño fruncido. Caminaba detrás de ambos—, o si Snape intentó acabar contigo cuando aún no podías defenderte, en venganza a lo que le hiciste a su Señor.

—¡Ridículo!

A Draco le ardía el rostro de pura rabia, le picaban los dedos por las ganas de tomar la varita y la garganta le quemaba por el chillido poco digno que dio, pero no pudo lograr que le importase.

—Snape no es el mejor hombre del mundo, no será perfecto, y asustará a muchos, pero sigue siendo mi padrino, y jamás haría algo para dañarme…

—Ni siquiera yo habría pensado eso de él —Se calló de forma automática, por la tranquila respuesta que dio Neville. Al ver a su amigo, este se encogió de hombros con una pequeña sonrisa avergonzada—. Tu padrino me da miedo, Draco.

—Lo sé, pero-

—Pero —Volvió a cortarlo. Draco parpadeaba, aturdido porque hubiese funcionado dos veces seguidas— he visto cómo te trata. Y cómo tú hablas de él. Uno- uno no habla así de alguien que le haya hecho daño, ¿cierto?

De pronto, más calmado, Draco se rio y lo rodeó con un brazo también.

—Eres tan dulce que me asqueas, Nev.

—Sí, sí, tú también eres tan dulce —Lo observó boquiabierto por la respuesta irónica. Fue su turno de reírse.

—¡Por fin estás aprendiendo algo de mí!

—Merlín —Intervino Blaise, con una pesada exhalación—, no aprendas nada de él. El mundo no podrá con dos princesitas.

Se le olvidaron las palabras de Skeeter antes de que hubiesen alcanzado el retrato de la Dama Gorda, mientras le explicaba a Blaise por qué era maravilloso que Neville fuese influenciado por él, y este daba respuestas ambiguas, se reía o se encogía de hombros.

Al día siguiente, saldría un artículo relacionado al Torneo con una foto de Blaise, parado a un lado de su madre en el patio, mirando en otra dirección, y una de Neville rodeándole los hombros a Draco y él estirándose para desordenarle el cabello. Skeeter tenía las teorías más locas debajo de cada una de ellas, pero las que más risas les sacaron a los Gryffindor en la Sala Común, fue la insinuación de que la profesora A hubiese puesto el nombre de su propio hijo en el Cáliz, y que Neville y Draco eran pareja.

Ante eso último, sin pensar, Draco haría uno de los comentarios que luego levantaría las primeras sospechas entre sus amigos. Estaba inclinado hacia adelante en uno de los cómodos sillones frente a la chimenea, con los codos apoyados en las rodillas, y al recargar el rostro en las palmas, añadió:

—La verdad es que me gustaría salir con alguien de ojos verdes, son- ya saben, son bonitos, ¿no? Es un color bonito…

0—

Draco se hallaba medio dormido cuando escuchó la cortina del dosel moverse unos centímetros y sintió el peso que hundía uno de los lados de su colchón. Se estiró por costumbre y buscó el pelaje suave de Leonis, que se retorció bajo su palma y se echó a un lado.

Estaba a punto de hacerle un comentario burlón, acerca de cuánto tiempo podía pasar abajo divirtiéndose dentro de un laboratorio de pociones, como para volver a esa hora, cuando la lengua áspera pasó por su mejilla y le arrancó un quejido. El peso sobre la cama se hizo más notable y las cobijas se movieron cuando ocurrió el cambio; para entonces, Draco parpadeaba y luchaba por enfocar la vista, y notó a tiempo que Regulus le pedía silencio con un gesto.

—¿Draco? —Balbuceó Neville, desde alguna parte. Ron, en la otra cama, roncaba con fuerza, y ni Seamus ni Dean debían estar conscientes de lo que pasaba—. Oí la puerta...

—Leonis la empujó —Replicó, enseguida. Regulus asintió para demostrarle que la excusa era apropiada—, acaba de llegar.

Su amigo soltó otro balbuceo y ambos contuvieron la respiración, hasta oír el arrastre de tela sobre la cama cuando se dio la vuelta. Ahí, Regulus repitió el gesto de silencio, y pasó las mantas por encima de las cabezas de los dos. Con un hechizo, las alzó y formó una estructura redonda, similar a una cápsula de tela, sobre ellos, y le arrojó un encantamiento para que no se pudiese oír desde afuera.

Draco arqueó las cejas, en una pregunta silenciosa, y recibió los trozos de papel que le entregó. Giró y se acostó boca abajo, con los codos sobre el colchón, para leer con mayor comodidad.

"Fleur Delacour. Beauxbatons"

"Viktor Krum. Durmstrang"

"Draco Malfoy. Hogwarts"

Estaban chamuscados en los bordes y los tres tenían caligrafías diferentes. Al hacerse una idea de lo que eran, se volvió hacia su primo, que asintió.

—Estaban escondidos en la oficina de Dumbledore —Regulus se recostó boca abajo también, a su lado—, estoy seguro de que son del Cáliz. Huelen igual —Olfateó el aire, resoplando después, sólo para mostrar su punto—. Pero no me explico por qué los tenía, por qué no cambió un nombre o por qué conservarlos, si-

—Fleur entró. Blaise dijo que Krum era el preferido para entrar por Durmstrang —Recordó, en un susurro—, era algo casi decidido ya. Ni siquiera tenían otros Campeones, Karkaroff les había dicho que no entrasen si no creían ser más capaces que Viktor, y pocos tenían el ego así de alto.

—Pero tú fuiste primero —Apuntó Regulus. Draco asintió al pensar en el día de la elección del Cáliz—. Y Dumbledore hizo una larga pausa, ¿recuerdas? Al leer el nombre del Campeón de Durmstrang.

Arrugó el entrecejo.

—¿Crees que lo hacía a propósito? Que- —Draco gesticuló y bufó al no estar seguro de cómo decirlo—. Tal vez Blaise entró para seguirme. Tal vez Dumbledore…

Pero, incluso si era verdad, no explicaba por qué él entró.

Dumbledore había lucido en serio sorprendido cuando leyó su nombre. Pálido, los ojos enormes detrás de las gafas de media luna.

Y luego estaba la reacción en la Sala de los Trofeos. Si lo pensaba lo suficiente, podía jurar que todavía le dolían un poco los hombros; no fue un agarre normal, había magia ahí, magia que presionaba y lastimaba, y se salía de control. Dumbledore jamás se salía de control.

—Leyó el nombre equivocado —Pronunció, despacio, porque oírse a sí mismo lo ayudaba a manejar el hilo de un pensamiento que comenzaba a tomar forma dentro de su cabeza—. Pero si no hubiese querido que alguien lo supiese, hubiese hecho desaparecer los trozos que salieron del Cáliz, ¿no?

Regulus guardó silencio un momento. Cuando se fijó en él, en busca de una respuesta que no tenía para sí mismo, su primo apoyó la cabeza en su almohada, de lado.

—No lo sé, Draco. A veces simplemente no hay quien entienda a Dumbledore, ¿sabes?

—¿Crees que esté intentando decirme algo, sin decirlo?

—Dumbledore siempre dice las cosas sin decirlas —Regulus ahogó un débil quejido y enterró más el rostro en la almohada. Unos segundos más tarde, volvió a ladear la cabeza para verlo—. En estos días que lo estuve mirando y siguiendo, eso fue lo único extraño que encontré acerca de Dumbledore. Bueno —Una breve pausa, en la que parecía sopesar otro detalle, entrecerrando los ojos—, eso y su insistencia por ir a casa de los Longbottom.

Draco lo sopesó.

—¿Qué quiere hacer en la casa de Neville?

—Quiere volver a revisarla —Y luego debió caer en cuenta de algo más, porque se alzó lo suficiente para que quedasen cara a cara—. Quiere llevarte a ti y que vuelvan a revisarla.

El niño-que-vivió se durmió esa noche con muchas más preguntas que respuestas.

Soñó que era un niño pequeño, de unos cinco o seis años. Se trataba de un recuerdo difuso, lejano, en que se veía a sí mismo reflejado en un espejo de extrañas inscripciones, y detrás de él, se encontraban Lucius y Narcissa Malfoy, saludándolo.

En ese punto, sueño y realidad diferían. Dentro de su memoria, Dumbledore se acercaba por detrás, le colocaba una cobija encima, y se sentaba a su lado, dejando que la larga túnica que usaba para dormir se arremolinase a su alrededor en el suelo.

¿Qué te llama tanto la atención de este espejo, Draco? —Preguntaba, dentro de sus recuerdos. Y el niño que fue no dudaba en contestar.

Padre y madre están ahí —E incluso señaló hacia donde se aparecían, detrás de ambos. Tras unos instantes, miraba hacia un lado—. ¿Qué es ese espejo, Albus?

Su padrino solía reprenderlo por llamar así al mago; a él no parecía importarle. En cambio, se reía. A medida que el viejo director le contestaba, el pequeño Draco se inclinaba más hacia un lado, con todo el aire confidente que era capaz de reunir a su edad.

¿Y qué ve usted que quiera tanto?

Él hacía una breve pausa, luego hablaba, más sombrío.

A una persona que amaba, hace mucho tiempo.

¿Ya no la ama?

Uno no deja de amar, amar de verdad, a alguien, Draco.

En el recuerdo, ambos permanecían en silencio durante varios segundos. Luego Dumbledore se ponía de pie, y le ofrecía una mano. Al sujetarlo, lo ayudaba a levantarse también, y los dos caminaban hacia las cocinas para que los elfos les diesen caramelos, mientras Draco hacía preguntas sobre cómo fueron sus padres en el colegio y el director cuestionaba si Leonis estaba con Snape, que era el único motivo por el que podían explicarse que el pequeño deambulase a medianoche por el castillo, solo.

En el sueño, sin embargo, ambos se quedaban callados. En cierto momento, Dumbledore se levantaba y se iba, dejándolo allí, de nuevo solo y a oscuras, e incluso el espejo de Oesed borraba la imagen de sus padres.

Draco tendría seis años y se quedaba solo en el mundo.

No era un sueño agradable.