Alastor había regresado más débil que las últimas veces y en esta ocasión, fue Husk quien le encontró al escuchar un fuerte ruido en las escaleras. Al ver a Alastor medio tirado, medio intentando sostenerse del barandal, supuso que su portal no alcanzó a abrirse en la habitación dando como resultado un fuerte golpe.

Husk se apresuró a ayudarlo e intento llevarlo en la dirección contrario pero un gruñido por parte de Alastor le detuvo.

—Cuarto, ahora —pidió Alastor sin verle, sosteniéndose de sus brazos.

Al principio dudo si ayudarlo a subir las escaleras o si era mejor llevarlo a la cocina para que comiera algo, pero al ver como este solo insistia en que quería ir a su habitación y ver a Angel, no tuvo más remedio que acatar sus órdenes y ayudarlo a subir, donde tropezón tras tropezón, lograron subir hasta donde debían hacerlo.

Inclusive Husk considero volar desde fuera del edificio y dejarlo tras entrar por la ventana con tal de no subir los pisos, maldecía que el elevador se hubiera descompuesto esa semana, pero su pereza de transformarse le gano y termino subiendo con Alastor a cuestas. Claro que eso no impidió que a medio camino se arrepintiera de tener que tratar con un Alastor que pareciera intoxicado.

Apenas llegar a la habitación de este, la abrió de golpe, sobresaltando a Angel, quien se quitó su cubre ojos para ver como Alastor se apoyaba en Husk, ambos se veían agitados y uno más divertido que él otro. Husk avanzó a paso decidido hacia donde Angel ya salía de la cama.

—Ten tu mierda —vociferó Husk con el ceño fruncido.

—Gracias gatito —rió Alastor luego de que este lo arrojara sobre la cama con nada de delicadeza. Angel le dió las gracias a Husk y esto solo frunció el ceño en respuesta.

Aún le parecía increíble que Alastor hubiera cambiado tanto por alguien como Angel, pero no lo juzgaría, el amor a veces tomaba formas muy raras y se expresaba de maneras aún más extrañas.

—Espero que tengas un buen plan para salirte de esta mierda, Alastor —comentó antes de azotar la puerta, dejando a ambos demonios solos en el cuarto.

Angel le ayudó a acomodarse bien en la cama, lo cual Alastor agradeció, no se sentía con ánimos de nada, ni siquiera de comer; ya solo debía ceder quinientas almas más y todo acabaría pero su cuerpo ya estaba tan débil que no se creía capaz de soportar una transacción más.

—Puedes parar, ¿sabes? —le dijo Angel quitando un mechón de cabello de la frente de Alastor tras acomodarlo sobre sus muslos, por lo que la imagen de un chico blanquecino preocupado por él era lo único que el demonio de la radio podía ver en ese momento.

—Es muy tarde para eso, corazón —comentó estirando su mano derecha hasta acariciar el rostro de Angel con delicadeza.

Este suspiro un poco antes de colocar una de sus manos sobre la de Alastor. Se había dado cuenta con el paso de las noches que Alastor se volvía extrañamente dócil y amable cuando estaba debil, debil al grado que ni siquiera quería comer y al día siguiente se le tenía que llevar un buffet entero a la cama y prácticamente obligarlo a ingerir alimentos.

Tal como en ese momento, eran esa clase de caricias que Angel amaba en silencio y no se sentía con el derecho de pedir. Después de todo, ese problema había nacido por culpa suya y Alastor estaba pagando por él.

—¿Te has visto en un espejo últimamente? Te ves más viejo —bromeó riendo un poco al decirlo apretando suavemente la mano de Alastor—, todo por tu maldita terquedad.

Alastor frunció levemente el entrecejo.

—Auch, hieres mi orgullo —dijo con sarcasmo apretando suavemente la mejilla de Angel, este sonrió ante la caricia—, lindura, ¿puedo acostarme en tu pecho?

Esa era otra cosa que había notado Angel, la fijación de Alastor por su mullido pecho; no lo culpaba, todos sus clientes morían por tocarlo y deleitarse con la suavidad y comodidad de este, pero le era tan dulce el como cada noche Alastor se lo pedía siempre con caballerosidad.

—Claro —murmuró con una suave sonrisa en el rostro. Con cuidado retiró la mano de Alastor de su rostro, lo ayudó a incorporarse y se acostó boca arriba en la cama. Con ayuda de sus manos acostó a Alastor sobre él, de modo que ambos estuvieran cómodos.

Este hundió la cara en el pecho inmediatamente al verse en aquel sitio. Un fuerte suspiro se liberó de Alastor, mientras esté rodeaba el torso de Angel con sus brazos, apretando suavemente a su pareja.

—Gracias —apenas murmurar esa palabra, se quedó profundamente dormido.

Y ahí estaba Angel, acariciando su espalda, dejándolo dormir. Disfrutaba de esos pequeños momentos en los cuales Alastor no parecía tan dispuesto a querer acabar con la vida de todos si se metían con su espacio personal; y lo haría más si las peticiones de Alasor no tuvieran detrás un cansancio abismal.

Angel se encontró pensando inevitablemente en la docilidad de su pareja. No quería pensar que hubiera otra razón por la cual Alastor había cambiado tan abruptamente, pero en su interior cierta inquietud prevalecía y lo estaba consumiendo lentamente.

Y era esa preocupación la que lo estaba consumiendo lentamente.

—Perdón Alastor —musito tapando con un par de manos su rostro. De pronto su ansiedad comenzó a hacer estragos en él mientras sentía como sus silenciosas lágrimas bajaban por sus mejillas, apretó el cuerpo de Alastor contra el suyo, solo sabiendo que así podría protegerle aunque fuera un poco.