/shingeki-no-kyojin/

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-To Hell and Back..!

Alec despertó temprano la mañana siguiente. Jace no lo había despertado para su turno vigilando la entrada a la cueva. Maldijo por lo bajo a su Parabatai y a sí mismo por no despertar. Pero la mordida de Simon lo había dejado bastante cansado. Se enderezó en su lugar y miró al rededor, el fuego seguía ardiendo en medio de todos. Clary y Simon estaban recostados del otro lado de la fogata, e Izzy a su lado seguía durmiendo plácidamente. Soltó un suspiro antes de ponerse de pie y dirigirse hacia el túnel donde suponía estaba su Parabatai. Sentía una ligera punzada en la cabeza y la boca seca. Supuso que ese era su castigo por terminarse la botella de vino el día anterior. Ya iría después a meter la cabeza entera a esa fuente de agua potable que Clary y Jace habían encontrado. Aunque se lo pensó dos veces al llegar junto a su Parabatai y encontrarlo limpio, como si hubiese tomado un baño, y con una boba sonrisa en el rostro.

-Oh, por el Ángel, basta- dijo Alec, negando con la cabeza al llegar junto a Jace. El rubio se puso de pie, mirando a su Parabatai, confundido.

-Qué?- le preguntó alzando una ceja.

-Deja de sonreír estúpidamente- le dijo Alec cruzándose de brazos.

-No sonrío estúpidamente- dijo Jace.

-Claro que lo haces, y se por qué, así que basta- Alec se acomodó el arco sobre su hombro y hecho una mirada hacia afuera.

-Sabes por qué? De verdad?- preguntó Jace, sin creerle una palabra.

-Sí, se que pasó algo entre tú y Clary- dijo Alec mirando al rubio con las cejas juntas. Jace palideció inmediatamente.

-Acaso... nos...

-Claro que no!- saltó Alec, alarmado. Jace respiró tranquilo- pero puedo verlo en tu rostro, está claro, como un libro completamente abierto y pornográfico.

-Bueno, quien sabe que nos depare el futuro a corto plazo- dijo Jace, encogiéndose de hombros- quien sabe y no logremos volver.

-Cierra la boca, todos volveremos- dijo Alec seriamente. Jace lo miró con algo de culpa. El ojaizul soltó un suspiro, negando con la cabeza- te juro que si no tuviera una resaca horrible no tocaría esa agua.

-Quien te manda a beberte toda la botella de mi botiquín medico- le dijo Jace, son una sonrisa. Alec bufó.

-Y por qué no me despertarte para relevarte?- le preguntó cambiando el tema.

-Supuse que la pérdida de sangre te habría dejado agotado- respondió Jace.

-Todos estamos agotados- el dijo Alec a modo de regaño. Jace no podía estar forzando tanto a su cuerpo solo por dejar a los demás descansar un poco más. Pero el rubio lo ignoró.

-Además, Clary me dejó bastante despierto- dijo Jace con la sonrisa boba de vuelta a sus labios.

-Ya basta, solo porque ya puedo hablar sobre sexo abiertamente, no quiere decir que quiero saber los detalles de tus encuentros con Clary- dijo Alec fingiendo un escalofrío. Jace sonrió ampliamente, era verdad, su Parabatai ya podía con esos temas sin problema- como sea, pasó algo interesante?

-Nada, los demonios ignoraban por completo la entrada, la runa de Clary funciona- explicó Jace. Podían ver unos cuantos demonios por aquí y por allá, moviéndose lentamente o volando de un lado para otro sin prestarles atención.

-Bien, eso es bueno- dijo Alec, mirando su reloj. En realidad no sabía cómo funcionaba el tiempo en ese lugar, pero según sus cálculos llevaban ahí ya día y medio.

-Además- dijo Jace haciendo una seña a Alec para que lo siguiera- ven.

-Jace, a donde...- pero el rubio ya había salido de la cueva y se deslizaba colima abajo con cuidado. El ojiazul se apresuró a seguirlo, acomodándose su arco al hombro. Jace medio rodeó la colina en donde estaba la cueva donde se ocultaban. Ambos se escondieron detrás de un par de rocas- que sucede?

-Volví a utilizar la pulsera de Jonathan para rastrearlo, no está demasiado lejos hacia allá, y mira- Jace sacó su estela y le pidió el brazo a Alec, para dibujarle una runa. Alec se levantó la manga de su suéter y puso su piel expuesta frente a su Parabatai, con la palma hacia abajo, evitando mostrar sus cicatrices. Jace dibujó una runa para mirar de lejos antes de señalarle a una dirección- fíjate bien, allá, justo enseguida de esa colina.

Alec forzó la vista y su runa se activó. Allá donde señalaba Jace, justo en medio de un par de colinas, había un edificio. Era un edificio grande y hecho de piedra, con una reja a su alrededor, protegiéndolo, parecía un enrome y oscuro Instituto Nefilim, y había unos cuantos demonios voladores circulando a su alrededor. Miró un poco más al rededor, si la señal de Jonathan venía de esa dirección, ese era el único lugar en el que podría estarse ocultando, no había absolutamente nada más que eso en kilómetros y kilómetros a la distancia.

-Está ahí- dijo Alec con voz segura, parpadeando rápidamente para recuperar su visión normal.

-Estoy seguro de que esos demonios voladores están resguardando el lugar- dijo Jace, cruzándose de brazos- con Izzy herida nos tomara un poco más de tiempo llegar. Pero conociéndola podremos apretar el paso y llegar ahí en unas horas.

-No la presionemos mucho, quien sabe que encontraremos allá, no podemos llegar agotados- dijo Alec antes de girarse y volver a andar con cuidado hacia la entrada, asegurándose que ningún demonio los siguiera.

-Se puede saber por qué salieron sin avisarle a nadie?- la severa voz de Isabelle llamó su atención. La chica estaba de pie a la entrada de la cueva, mirándolos seriamente con los brazos cruzados.

-Izzy, como te sientes?- preguntó Alec, acercándose a su hermana.

-Estoy bien, completamente sana- respondió la menor, dándose una palmada en el muslo, donde el demonio la había herido- ahora, respondan. Por qué salieron de la cueva sin decir nada y dejando desprotegida la entrada?

-Clary puso un glamur en la entrada, los demonios no pueden verla- le dijo Jace quitándole importancia.

-Aja, entonces a donde fueron?- preguntó Clary, uniéndose a Izzy con los brazos cruzados. Jace y Alec miraron a los tres frente a ellos, las chicas los miraban molestas y Simon, intentando verse igual de serio, se cruzó de brazos también, ganándose un manotazo por parte de Jace, haciéndolo descruzarlos.

-Creemos haber encontrado el lugar en donde esta Jonathan- dijo el rubio. Los otros tres lo miraron sorprendido- recojamos todo, tenemos que partir.

Después de tomar sus pertenencias, apagar el fuego y prepararse con runas por todo el cuerpo, salieron de la cueva y comenzaron a andar. Durante el camino, Jace comenzó a explicar un elaborado, complicado e inútil plan que había estado desarrollando toda la noche anterior mientras vigilaba la fortaleza en la que se escondía Jonathan. Después de mil y una pregunta por parte de los demás, Jace se rindió y decidieron pensar en un plan menos difícil.

-Primero que nada debemos entrar en el lugar- dijo Simon- no podremos hacer nada si Jonathan nos descubre merodeando en los alrededores.

-Ahora tu eres el estratega?- preguntó Jace, alzando las cejas.

-Tengo años y años de experiencia jugando Calabozos y Dragones- le dijo Simon altaneramente. El rubio abrió la boca para replicar.

-Simon tiene razón- dijo Izzy interrumpiendo a Jace- si ve que estamos tan cerca, quien sabe que podría hacerles a los prisioneros.

Jace miró a su Parabatai palidecer por completo al tiempo que aferraba su arco con la mano. El Herondale simplemente asintió, dispuesto a escuchar lo que el vampiro diría.

-Cuando un enemigo te supera en número debes infiltrarte primero para poder llegar a los altos mandos y así acabar con ellos desde el centro- dijo Simon.

-Entonces debemos entrar a la guarida de Jonathan y acercarnos a él lo suficiente para acabarlo... sin que se dé cuenta?- preguntó Alec sin creer la tontera que estaba diciendo Simon.

-Exacto- dijo el vampiro, provocando que Izzy, Alec y Jace lo miraran con una ceja alzada- pero como nos superan en número, debemos hacerlo de manera sigilosa. Lo mejor es atraer a un grupo pequeño de Oscuros, así poder con ellos fácilmente y quitarles la ropa.

-Y así podrán regresar a la fortaleza completamente desnudos y que su vergüenza afecte negativamente el ánimo del ejercito?- preguntó Jace sarcásticamente, pensando que la idea de Simon era descabellada. El vampiro rodó los ojos al ver que los hermanos Lightwood tampoco encontraban su idea nada útil.

-Estoy casi segura de que lo que Simon quiere decir es que les quitemos su ropa y la usemos nosotros como disfraz- explicó Clary- de ese modo podremos pasar por Oscuros y entrar en el lugar más fácilmente- los otros tres Nefilim miraron a la pelirroja sorprendidos, ahora fue Clary quien rodó los ojos- eso pasa en toda película de acción existente.

-Nosotros no vemos películas- dijo Alec.

-Bueno, no creo que Jonathan vea películas tampoco, así que supongo funcionará- dijo Izzy encogiéndose de hombros.

-Bien, de acuerdo, seguiremos la idea de Simon- dijo Jace, acelerando el paso un poco.

-De verdad?- preguntó el vampiro, sorprendido.

-Sí, es una buena idea- dijo Jace, sorprendiendo incluso a Alec- después de entrar, nuestra prioridad es encontrar a los prisioneros. Si encuentran a alguno, vayan afuera, nos veremos en el lado oeste del edificio y de ahí encontraremos una forma de salir.

-Espera, y si nos topamos con Jonathan? Seguimos con el plan de confiar ciegamente en tu nuevo y milagroso control sobre el Fuego Celestial?- preguntó Izzy. Jace y Clary se miraron un momento.

-Exacto- respondió Jace, sin detenerse.

-Oh, bien, solo quería confirmar- asintió la chica, siguiendo al rubio.

Caminaron un par de horas más, rodeando un poco el lugar para llegar por el lado de la colina y no ser vistos. Jace podía ser un estratega exagerado, pero sabia como moverse. Los llevaba por la ladera de la colina, ocultándose entre rocas escarpadas y troncos muertos. Solo habían encontrado a un Oscuro, a quien Alec se encargó de despachar rápidamente con una flecha al pecho. Ocultaron el cadáver rápidamente por si otro Oscuro pasaba por ahí no llamara la atención. Se quedaron ocultos detrás de una gran piedra y Alec sacó la ultima botella de agua.

-Es lo último- dijo dando un trago antes de pasársela a su hermana. Izzy también bebió y le tendió la botella a Simon, quien negó, pues él no necesitaba agua. Clary tomó la botella y bebió antes de tendérsela a Jace.

-Se acabó- dijo el rubio al terminarse el liquido, lanzando la botella a un lado- algo menos que cargar.

-No tires basura- dijo Clary, mas por simple reflejo que por otra cosa.

-De verdad? Que no tire basura en este basurero?- preguntó Jace alzando una ceja. Alec rodó los ojos.

-Quien sabe y alguien pase por aquí y lo vea y...

-Shh- los chitó Simon. Jace se giró hacia él, dispuesto a replicar, pero Izzy le golpeó el brazo para que callara.

-Qué pasa?- preguntó la chica Lightwood mirando al vampiro.

-Alguien viene, humano- respondió Simon, todos se agazaparon en sus lugares, ocultos tras la roca, listos para atacar.

-Como sabes que es humano?- preguntó Clary, sacando su espada.

-Sangre- respondió el vampiro- la sangre de los demonios huele diferente. Son personas... Nefilim, pero no...

-Oscuros- dijo Alec, tomando una flecha y poniéndola en posición. Jace tomó un cuchillo serafín y asomó un poco la cabeza por encima de la roca.

-Sí, son cinco- les dijo en voz baja.

-Numero perfecto- sonrió Alec, como un depredador acorralando a su presa. Antes de que alguien pudiera decir algo mas, el ojiazul ya se había movido hacia el lado y abandonado la protección de las rocas.

-Alec?- Jace miró a su Parabatai, sorprendido. Alec nunca era el primero en actuar, mucho menos sin saber si había algún plan. Compartió una mirada preocupada con Isabelle antes de impulsarse hacia arriba, saltando por encima de las rocas para ayudar al mayor. Izzy lo siguió saltando de igual manera. Después de una rápida y fácil batalla, acabaron con los cinco Oscurecidos y prosiguieron a quitarles las chamarras y capas.

-Esto me va a quedar enorme- dijo Clary mientras se ponía la chamarra de la mujer más delgada y cortaba las mangas con un cuchillo para que no le cubrieran todas las manos. Izzy había conseguido una básicamente de su talla, mientras que Alec no había podido hacer mucho y se había quedado con la chamarra del hombre más grande, que le quedaba enorme a lo ancho y las mangas cortas. Jace, al ser más ancho en los hombros que Simon, había ganado la chamarra del segundo hombre y el vampiro había que tenido que cortar un poco las costuras de la chamarra de la tercera mujer para poder tener movilidad.

-Listos todos? Andando- dijo Alec, ocultando su arco debajo de la capa que le había quitado al Oscuro. Jace se apresuro a caminar a la par con Alec, para poder hablar con él.

-Alec, tranquilo, seguro Magnus esta aquí y está bien- le dijo Jace en voz baja. Escuchaba a Izzy hablar con Clary atrás, pero no les puso atención.

-Lo sé, por qué crees que quiero entrar ya- le dijo Alec, sin dejar de mirar hacia el edificio y dar grandes zancadas. Jace soltó un suspiro.

-Cálmate, Alec. Estamos en medio de una batalla, recuerda- le dijo seriamente el rubio- debemos mantener la mente fría, si algo nos pasa, quien va a ayudar a Magnus?

Alec lo miró, deteniéndose unos segundos. Respiró profundamente antes de seguir caminando, un poco más despacio y con cuidado. Clary se había subido la capucha, su cabello rojo resaltaba en medio de todo el gris. Al llegar a la cima de la pequeña colina, dieron con un terreno llano frente a la enorme fortaleza de Jonathan. Ahí también había un par de Oscuros rondando, parecían hacer sus guardias. Se subieron las capuchas y, lo más seguros que pudieron, se movieron entre las sombras intentando no parecer sospechosos.

-Sepárense un poco, los Oscuros no andan en grupos- susurró Jace a los demás, todos se abrieron entre sí, sin alejarse mucho y sin dejar de seguirse con la vista- vamos adentro.

Caminaron a paso rápido hacia la puerta principal. Unos cuantos Oscuros les pasaron por un lado, sin prestarles la mínima atención. Llegaron hasta las enormes puertas de la entrada y Clary se adelantó para hacer una runa de apertura, pero todos se sorprendieron cuando las puertas se abrieron ante ellos, sin el mínimo toque. La pelirroja miró a Jace, quien simplemente se encogió de hombros, ya no les quedaba más que avanzar.

Entraron en una habitación completamente a oscura. La puerta detrás de ellos se cerró lentamente y se encontraron en oscuridad completa, solo el látigo de Isabelle iluminaba un poco el lugar. Al final de lo que parecía ser ese recibidor, pudieron ver una rendija de luz escaparse de debajo de una puerta. Jace tocó los hombros de todos y susurró que fueran hacia esa luz. Simon, al ser el que podía ver mejor en la oscuridad, tomó la delantera. Caminaron en fila india, siguiendo cada paso del vampiro. Alec iba en la retaguardia, con el arco listo para acabar con cualquier obstáculo que se le presentara ahora que estaba tan cerca de Magnus.

Al llegar a la puerta, todos se juntaron frente a ella, preparándose para lo que fuera que encontraran del otro lado. Después de un "Listos?" por parte de Jace, él y Alec empujaron las puertas y todos entraron rápidamente, con las armas listas. Del otro lado había una gran habitación iluminada, con altos ventanales y dos escaleras de mármol en espiral que se perdían en las alturas. Pero no había ningún ejercito. De hecho, en el lugar solo había una persona.

-Clary, Clary- dijo Jonathan con una sonrisa salvaje en los labios- pensé que eras mas lista.

-Mas lista que qué?- preguntó Clary, todos tenían las armas listas para atacar en cualquier instante- estamos aquí, dentro de tu fortaleza. Somos cinco y tu solo uno.

Alec se apresuró a cerrar la puerta por la que habían entrado. Jonathan no se les iba a escapar de ahí. Acabarían con él y luego encontraría a Magnus. Lo encontraría y lo llevaría de nuevo a casa. Jonathan soltó una risita burlona ante el comentario de Clary.

-Y se supone que debo estar sorprendido?- preguntó sonriendo- desde que entraron a este mundo supe que estaban aquí, la reina me lo dijo, si. Pero desde que llegaron no han hecho nada más que gritar su presencia. Esa enorme fogata de fuego dorado no fue nada sutil. Quiero decir, siempre supe que todos ustedes eran idiotas. Incluso Jace. Hermano mío, eres guapo, pero para nada inteligente. Ni que decir de los Lightwood, generaciones de idiotas. Pero nosotros, Clary...

-No me mencionaste a mi- dijo Simon fríamente. Jonathan arrastró una mirada de asco hacia el Subterráneo.

-Tú sigues apareciendo como ese centavo inútil en el monedero del que no te puedes deshacer- dijo Jonathan- por cierto, lo sentiste? Cuando maté a ese vampiro que te dio segunda vida?

-Raphael- murmuró Simon. Si, había sentido un terrible dolor en el pecho la noche anterior mientras hacía guardia en la entrada de la cueva, pero no había tenido idea de que había sido.

-Es el resultado que obtienen a negarse ante mi poder- dijo Jonathan, encogiéndose de hombros. Alec palideció de inmediato, sabía que Magnus nunca se uniría a Jonathan, sin importar que.

-Y los demás?- preguntó el ojiazul con la voz más segura que pudo encontrar. Jace e Izzy lo miraron preocupados- Magnus... Luke...

-Nuestra madre- dijo Clary seriamente. Jonathan sonrió amargamente.

-Ella no es mi madre- dijo antes de encogerse de hombros- ella está viva. Pero el Brujo y el Licántropo, no estoy seguro. Hace rato que no me paso por su celda. Aunque ahora que lo recuerdo, el Brujo no estaba nada bien, creo que esta dimensión le sienta fatal. Probablemente ya esté muerto ahora- sin poder contenerse, Alec preparó una flecha y la lanzó directo a la cabeza de Jonathan. El chico la atrapó sin esfuerzo alguno con la mano justo antes de que impactara y soltó una risa burlona- niño malo. Intentas matarme aquí? En mi fortaleza? Insisto, son idiotas, todos son idiotas.

Con un movimiento rápido de su muñeca, Jonathan partió en dos la flecha de Alec, con un sonido seco, como de un disparo. En ese momento, la puerta detrás de ellos, por la que habían entrado, se abrió y montones de Oscuros comenzaron a entrar. Con una velocidad que no creyó poseer, Alec volvió a girarse con una flecha lista apuntando a Jonathan, pero, a pesar de moverse lo más rápido posible, el chico Morgenstern ya había desaparecido. El ojiazul chasqueó la lengua, pero no tuvo tiempo de lamentarse.

-Alec, muévete!- Isabelle tiró de su brazo, haciéndolo correr hacia una de las escaleras.

-De prisa, abajo!- exclamaba Simon, esperándolos para bajar con ellos.

-Jace- dijo Alec, volteando a buscar a su Parabatai. Izzy lo empujó para que bajara a paso rápido.

-Los Oscuros nos separaron, ellos corrieron hacia arriba- explicó Simon rápidamente, sin dejar de correr por las escaleras. Siguieron al vampiro por oscuros pasillos rápidamente, zigzagueando por el lugar, rápidamente los pasos de los Oscuros se fueron escuchando mas y mas lejos.

-Creo que los perdimos- dijo Isabelle, haciendo que los dos varones se detuvieran. Ella y Alec respiraban agitados, todo el polvo que habían aspirado esos últimos días en esa dimensión no era buena para su cuerpo. Simon miró en hacia adelante, el pasillo se separaba en otro pasillo y una puerta.

-Bien, ahora qué?- preguntó Simon.

-Tu dinos. Simon, escuchas o hueles algo?- preguntó Izzy, acercándose al Diurno.

-Encuentra un olor diferente- le dijo Alec- sangre de Licántropo, o de Nefilim, o...

-Serge Luten's Borneo 1834- dijo Simon, mirando hacia la puerta cerrada a su derecha.

-Qué?- preguntaron los hermanos Lightwood al unísono.

-Accidentalmente rompí una botella de esa colonia en el baño de Magnus- dijo Simon, dirigiéndose a la puerta- aun le debo $135 dólares por ella. No podría olvidar el olor.

-Lo hueles aquí?- preguntó Izzy, siguiéndolo.

-Por aquí- respondió Simon señalando la puerta- y dudo mucho que algún Oscuro use colonia de $150 dólares.

Los tres entraron con cuidado por la puerta, asegurándose de que no hubieran Oscuros del otro lado. Caminaron rápidamente por el pasillo al que los llevaba hasta que dieron con lo que esperaban, celdas. Escucharon voces en las celdas del final y Alec no pudo evitar soltar la carrera. Estaba tan preocupado, tan desesperado, frustrado. Magnus tenía que estar ahí, tenía que estarlo y tenía que estar vivo. Al llegar a la ultima celda se encontró con un rostro familiar pegado a los barrotes.

-Que están haciendo aquí?!- saltó Luke al verlos a los tres.

-Luke, estas bien?- preguntó Simon, pero Alec no les puso atención. Todo lo que veía era a Magnus.

Su Magnus estaba ahí, en la celda, y estaba vivo, o algo así. El Brujo estaba en el suelo, encadenado de ambas manos y lucía sumamente pálido y agotado. Sacó un cuchillo serafín de su cinturón y rompió el seguro de la reja de un brusco movimiento. Abrió la reja y pasó de largo al Hombre Lobo para arrodillarse al lado de su novio. Sentía que el corazón se le saldría del pecho. Todo el miedo, desesperación e incertidumbre que había sentido esos últimos días le llegó nuevamente, de golpe. Sintió unas enormes ganas de llorar, pero se contuvo. Magnus estaba vivo, estaba ahí, a su alcance, pero en una situación muy peligrosa. No era el momento de ponerse a llorar, seguían en peligro y él no iba a dejar que nada malo le sucediera a su Brujo.

-Magnus? Mags- murmuró mientras tomaba con cuidado la cabeza del Brujo y la posaba sobre su regazo. Los ojos de gato se abrieron lentamente, mirándolo como si estuviera dentro de un sueño.

-Oh, mi Alec- dijo Magnus con voz rasposa y baja, pero sonreía. Al ver esos enormes y azules ojos cargados de angustia brillar sobre él, de pronto Magnus ya no se sintió cansado. Ya no se sentía enfermo, ni enojado o amargado. Un enorme alivio lo llenó y alzó una delgada y débil mano para acariciar la mejilla de Alec- pero que maravilloso sueño.

-Magnus- repitió Alec con desesperación. Escuchaba a su hermana y a Simon hablar con Luke detrás de él, pero los ignoraba- estas bien? estas herido?- preguntó al Brujo mientras ponía una mano en su frente revisando su temperatura. No parecía tener fiebre, pero aun así se miraba enfermo y extremadamente pálido. Se apresuró a tomar de nuevo el cuchillo serafín de su cinturón- tranquilo, ya te libero, no te muevas.

-Espera- Magnus detuvo a Alec débilmente, sosteniéndolo por la muñeca. A Alec ni siquiera le importó que la mano de Magnus se cerrara al rededor de su muñeca- llámalo Raphael. Es un nombre de Ángel

-Raphael- murmuró Alec con voz suave. El cuchillo serafín se iluminó rápidamente. El Nefilim dio en las cadenas de adamas que sujetaban a Magnus y estas se rompieron fácilmente con el filo del cuchillo serafín. Alec soltó el cuchillo y tomó a Magnus por los hombros, dispuesto a ayudarlo a ponerse de pie. Pero Magnus tenía otra idea, pasó una mano por la espalda de Alec, tirando de él para que se inclinara y bajara hasta su altura antes de besarlo. Lo besó con fuerza, torpeza y determinación. El ojiazul se quedó inmóvil por la sorpresa un segundo antes de responder el beso. Sintió la mano de Magnus perderse entre su cabello, y él movió las propias de los huesudos hombros hasta posarlas en la nuca del Brujo, sosteniéndolo mientras lo besaba hasta dejarlo sin aliento. Finalmente, Magnus se separó con una pequeña sonrisa en los labios y los ojos brillantes. Rodeó a Alec con los brazos y ocultó el rostro en el cuello del Nefilim.

-Alec- comenzó a decir en voz baja. El chico lo sostuvo fuertemente contra si- quédate aquí conmigo.

-Mags, tenemos que irnos, los Oscuros nos persiguen- le dijo el ojiazul en voz suave.

-Solo un ratito- pidió Magnus, separándose un poco y cerrando los ojos.

-Magnus, hay Oscuros por todos lados- dijo Isabelle firmemente- ahora que encontramos por lo que venimos, tenemos que salir de aquí.

-Jocelyn- dijo Luke- aun nos falta Jocelyn.

-Tiene razón- dijo Simon- no podemos dejarla.

-Cierto- dijo Izzy, sacando una espada de su cinturón y tendiéndosela a Luke antes de tomar el cuchillo serafín que Alec había dejado encendido- la encontraremos antes de volver a la salida.

-Afuera?- preguntó Simon, si mal no recordaba, había un montón de demonios afuera que seguramente Sebastian ya tendría en alerta.

-Claro que afuera, recuerda el plan- lo riñó Izzy.

-Claro, claro, el plan- dijo Simon, asintiendo torpemente.

-Cuál es el plan?- preguntó Luke, con una ceja alzada.

-Una vez que todos estemos afuera, encontraremos un modo de regresar a casa- dijo Alec ayudando a Magnus a sentarse.

-Debemos encontrar a Jocelyn y salir de aquí, rápido- dijo Izzy, mirando a su hermano y al Brujo.

-Puedes mantenerte en pie?- preguntó Alec a Magnus con ternura. El Brujo asintió sin ganas. Alec lo ayudó a ponerse de pie con cuidado, aguantó casi diez segundos antes de que las piernas le fallaran y cayera hacia adelante, tosiendo fuertemente- Magnus!

Alec se fue hacia adelante con él, amortiguándole la caída. Izzy se acercó e intentó ayudar, pero su hermano la detuvo con un movimiento de la mano. Magnus apartó a Alec un poco cuando el chico intentó ayudarlo a enderezarse.

-Tienen que irse sin mí, yo solo los haré ir más lentos- dijo Magnus con voz rasposa. Alec negó inmediatamente.

-Por supuesto que no, no te dejaré- dijo el ojiazul firmemente- pero no lo entiendo, que te hizo Jonathan?

-Esta dimensión está matando a Magnus- explicó Luke, cuando Magnus se rehusó a responder- hay algo en ella que tiene que ver con su padre que lo está debilitando.

-Tu padre- susurró Alec, Magnus simplemente bajó la cabeza con la mirada al suelo- tienes que salir de aquí, te pondrás bien. Voy a ayudarte- le dijo a Magnus deteniéndolo para enderezarlo antes de girarse hacia su hermana- ustedes vayan por Jocelyn, yo me quedaré con Magnus e iremos directo afuera, búsquenos allá.

-Alec...

-Por favor, Izzy- interrumpió el ojiazul a su hermana. Simon puso una mano en el hombro de la chica y le susurró algo al oído. Entonces Isabelle asintió.

-De acuerdo, nos vemos afuera- le dijo a su hermano antes de girarse y salir de la celda, con Simon y Luke pisándole los talones.

-Vamos- le dijo el ojiazul a Magnus con suavidad, mientras lo ayudaba a ponerse de pie. Con mucho esfuerzo logró ponerse de pie y colgarse de Alec casi por completo. El chico se acomodó uno de sus largos brazos sobre los hombros para equilibrar el peso.

-A pesar de que adelgacé mucho...- dijo Magnus a modo de broma. Pero era verdad, estaba terriblemente delgado, la camisa se le holgaba en las costillas y los pómulos se le marcaban mucho más que antes.

-Está bien, apóyate en mi, voy a sacarte de aquí- dijo Alec firmemente antes de comenzar a caminar con cuidado fuera de la celda. Magnus movió sus piernas lo mejor que pudo, sin poder evitar mirar el rostro de su novio con aire soñador. Su Nefilim había llegado hasta el infierno para rescatarlo, y estaba decidido a hacerlo. Sintió unas ganas tremendas de abrazarlo y besarlo pero sabía que no era buen momento, tenían que salir de ahí, y al paso que iban no podían darse lujo de perder preciados segundos.

Alec sostuvo a Magnus casi a peso muerto por todo el camino. A pesar de no recordar la cantidad de vueltas y escaleras que habían tomado cuando huían de los Oscuros, sabía que la entrada estaba del lado este, con una runa logró dar con el este y tomaba todos los pasillos posibles en esa dirección y las escaleras que fueran hacia arriba. Ambos rogaban a todos los Ángeles, Dioses, Deidades y Demonios que existieran porque no se les cruzaran los Oscuros. Con Magnus en ese estado no les sería posible huir, mucho menos luchar. Ya llevaban cerca de diez minutos caminando al paso mas rápido que la fuerza de Magnus permitía cuando el Brujo se dio cuenta de algo.

-Los muros se cierran- dijo el de ojos de gato con voz débil. Alec, que ya sentía su cuerpo comenzar a dolerle y fallarle debido al cansancio, acomodó mejor a Magnus para que se enderezara un poco recargado en él.

-Todo está bien- dijo el Nefilim con voz suave- no te preocupes, estarás bien, solo debemos llegar a...

-Alec, no estoy alucinando- lo interrumpió Magnus con voz sorprendentemente firme- los muros... se cierran.

Alec se fijó nuevamente y sintió que el pánico lo invadía. Magnus tenía razón, las paredes vibraban y se movían, se estaban cerrando hacia ellos, como un compactador de basura. Comenzó a caminar un poco más a prisa, pero Magnus resbaló y se fue contra una de las paredes, soltando un jadeo de dolor. El ojiazul fue hacia él, asustado, y lo colgó de él sin cuidado, tenía que sacarlo de ese pasillo o morirían aplastados.

-Jonathan- murmuró Magnus con una mueca de dolor mientras se dejaba arrastrar por Alec- Jonathan está haciendo esto.

-No puede ser, él no hace magia para controlarlo todo- dijo Alec algo desesperado. Se movió un poco más a prisa, provocando que Magnus soltara un jadeo de dolor.

-Podría... podría hacerlo, si sellara las fronteras entre dimensiones- dijo Magnus, aliviado al ver que habían llegado a una escalera y dejaban atrás el pasillo compactándose. Subieron a pequeños pasos- si lo hace, podría controlar todo lo que sucede en este mundo.

-No lo logrará, no lo dejaremos, tranquilo, no va a...- llegaron al final de la escalera y una puerta se abrió ante ellos. Daba directamente a la sala a la que habían entrado al inicio, con Jonathan y las escaleras.

-Magnus, Alec- ambos se giraron, Magnus con mucha lentitud, hacia la voz. Jocelyn y Luke llegaban corriendo por otro pasillo- por el Ángel, Magnus...

-Estoy bien- murmuró el Brujo.

-Ya lo oyeron! Está bien!- todos miraron dentro de la habitación que se había abierto. Jonathan estaba ahí, al igual que sus Oscuros, aplaudiendo complacido al verlos llegar. Dentro también estaban Jace, Simon e Izzy. Y para su horror, Clary estaba sentada en un trono con Jonathan detrás de ella, luciendo encantado- adelante, pasen. Ya que estamos todos reunidos, que comience la fiesta!

-Mamá- murmuró Clary, tan bajo que nadie pudo escucharla. Todos la miraban incrédulos, la chica había aceptado la oferta de su hermano, se había unido a él para reinar el infierno ellos dos.

-Bienvenidos, habitantes de Edom- dijo Jonathan en voz alta, con una gran sonrisa en el rostro- bienvenidos a su nuevo mundo.

Jonathan se apartó del trono donde estaba Clary y, antes de que cualquier otro pudiese reaccionar, Alec se apartó de Magnus y se movió rápidamente tomando su arco y preparando una flecha, disparándola apenas terminó de tirar de ella. Jonathan ni siquiera hizo un esfuerzo por apartarse del camino, la flecha le dio directo en el pecho. Se escucharon los gritos de horror entre los Oscuros. Pero Jonathan se movió lentamente, arrancando la flecha de su pecho y mirando a Alec con desprecio.

-Estúpido. No puedes matarme. Nada bajo el cielo puede hacerlo- escupió el rubio, lanzando la flecha a los pies de Alec. El ojiazul movió los ojos para mirar a Jace un instante, y Jonathan lo notó- claro, su guerrero con el Fuego Celestial. Lástima que ya no lo tiene, verdad? Lo gastó todo en ese demonio que los atacó ayer, no es cierto, Jace?

-Qué?- preguntó Isabelle, incrédula. Jace simplemente desvió la mirada.

-No se los dijo? El poder del Fuego Celestial lo ha dejado- se burló Jonathan, regocijándose con los rostros de horror frente a él- no tienen nada que funcione contra mi ahora.

-Jace- dijo Izzy, aun sin creer, pero el rubio seguía evitándolos con la mirada.

-Bueno, ahora que ya saben que no pueden hacer nada y están mas tranquilos- dijo Jonathan, mirando a Izzy bajar su látigo, resignada, y a Alec bajar el arco- creo que es momento de que me devuelvas mi brazalete, hermano. Es momento de devolver al César lo que es del César. Devuélveme mis cosas, incluida mi hermana.

-No!- sorprendiendo a todos, el grito no fue de Jace, sino de Jocelyn- Clary, no! No hagas esto! No aceptes quedarte con él.

-Tengo que hacerlo- dijo Clary en voz alta- no lo entienden? Si no lo hago los matará a todos. Destruirá todo. Convertirá nuestro mundo en esto- dijo haciendo un gesto hacia la ventana, mostrando el devastado mundo que era Edom- vale la pena. Me quedaré con él y aprenderé, no dañará a nadie.

-Piensas que podrás controlarlo, cambiarlo, pero yo conozco a los hombres Morgenstern- dijo Jocelyn, desesperada- no funcionará...

-La vida del mundo entero está en mis manos, mamá- dijo Clary con muchísima tristeza- elijo lo que él elige.

-Ella ya eligió, hermano- dijo Jonathan, extendiendo su mano hacia Jace. Todos miraban en silencio sin saber que mas hacer. Jonathan había sellado toda salida ahora, los Oscuros los rodeaban y los superaban muchísimo en número, Clary había aceptado su destino fatalista y Jace había perdido el Fuego Celestial. El chico Herondale se quitó el brazalete y lo puso en la palma de la mano extendida de Jonahtan.

-Clary es tuya- dijo en voz baja pero clara.

-Jace!- saltaron Isabelle y Simon.

-Ya lo oyeron- dijo Jonathan dando una palmada- todos, arrodíllense ante su reina.

Los Oscurecidos cayeron de rodillas de inmediato, con la cabeza gacha. La ultima en arrodillarse fue Amatis, la hermana de Luke, pero no agachó la cabeza. Luke miraba a su hermana con horror, era la primea vez que la veía como Oscura, a pesar de que ya se lo había dicho Clary. La mujer se giró hacia ellos e hizo una mueca cruel.

-Obedezcan- dijo firmemente- arrodíllense o los mataré.

Magnus, que hasta ese momento se había estado sosteniendo de Alec, rodó los ojos y se dejó caer de rodillas lo más elegante que pudo a pesar de estar cada minuto más débil. El ojiazul miró a su novio antes de imitarlo, Isabelle siguió a su hermano y después Simon. Luke fue el último, tirando de la madre de Clary para que se hincara también. Jace solo había doblado una rodilla y seguía con la mirada desviada hacia el otro lado de la habitación.

-Ven, hermana, únete a mi- Clary se puso de pie y se acercó a Jonathan, quien la tomó de las muñecas y la presentó ante todos- díselos, diles que aceptas esta elección.

-Lo acepto- dijo Clary, mirando los ojos negros de Jonathan- si, lo hago.

-Entonces bésame- dijo Jonathan, haciendo que todos lo miraran, todos menos Jace- bésame como si me amaras.

Clary miró a todos, preocupada e incómoda. Alec podía verlo, podía sentir por lo que Clary estaba pasando en ese momento. La obligaban a hacer algo que ella no quería. Algo que solo se debía hacer con la persona que querías, con alguien que amabas, no porque alguien te lo ordenara. Cerró los ojos con frustración unos segundos antes de mirar a su Parabatai, seguro Jace no dejaría que algo así sucediera. Pero el rubio no miraba, tenía la vista fija en un punto del suelo frente a él, con los puños fuertemente cerrados a los costados.

-Abrázame, por favor- escucharon el susurro de Clary, y después todo pasó muy rápido.

Jonathan abrazaba el pequeño cuerpo de Clary con una sonrisa de triunfo en el rostro, y la pelirroja se movió rápidamente, desfundando su espada, Heosphoros, y blandiéndola para hundirla en el pecho de Jonathan, atravesándole justo el corazón. Jonathan se fue hacia atrás un par de pasos, luciendo sorprendido. Hubo un destello y el rubio sacó la espada de su pecho, pretendiendo hacer lo mismo que había hecho con la flecha de Alec, pero esa vez era diferente.

-Que... es... esto?- preguntó Jonathan al sentir que la herida ardía. Un brillo dorado salía de su pecho.

-El Fuego Celestial, guardado en la hoja de la espada- dijo Clary, retrocediendo un par de pasos.

Jonathan miró la espada de Clary antes de lanzarla al suelo. Soltó un grito de dolor y todo su cuerpo comenzó a brillar. Sus venas y arterias se marcaban en la piel con un brillo dorado. Los Oscuros gritaban a la par con él, aparentemente sufriendo de lo mismo, caían sin vida uno a uno rápidamente. Jonathan tropezó hacia atrás y cayó al suelo de espaldas. Una gran llamarada salió del pecho de Jonathan antes de que todo terminara. Todos los Oscuros habían muerto, y el cuerpo del rubio estaba a unos metros de Clary.

-Que fue...- Simon no pudo seguir preguntando. Clary caía de rodillas junto al cuerpo de Jonathan y había comenzado a soltar silenciosas lagrimas, Jocelyn corrió hasta su hija. Alec miró a su Parabatai, que ya se ponía de pie y le tendía una mano a Izzy para que hiciera lo mismo. Qué demonios había pasado? El ojiazul se giró hacia Magnus. El Brujo no lucía nada bien.

-Magnus- lo hizo recargarse en él una vez más- quieres ponerte de pie?

-Tendrás que ayudarme- dijo el Brujo, intentando sonreír, pero apenas le salió el gesto. Alec asintió rápidamente.

-Yo te ayudaré, necesitas energía? Puedes tomarla también- dijo Alec mientras batallaba para poner al débil Subterráneo de pie junto a él.

-No puedo hacer magia, cariño, no puedo tomar energía de otra persona si no puedo realizar el hechizo- Alec se regañó mentalmente por recordar ese detalle.

-Tengo que sacarte de aquí, no te preocupes, Clary va a...

-Clary no puede hacer portales, no a nuestra dimensión- explicó Magnus, llamando la atención de Simon e Isabelle.

-Que quieres decir?- preguntó la chica, acercándose a ellos.

-Jonathan cerró todo... todos los accesos a Edom- explicó Magnus con voz cansada- no hay manera de que nosotros podamos abrirnos camino a Idris.

Se hizo un silencio sepulcral. Jace y Clary se unieron al grupo también, dejando a Jocelyn y Luke junto al cuerpo de Jonathan. La mujer lloraba la muerte de su hijo nuevamente, un hijo que pensó que nunca tendría y que había logrado conocer por al menos unos segundos al final. Clary había hablado con Jonathan antes de que todos llegaran, le había explicado como había cerrado todo camino a otras dimensiones, ni con la ayuda de las Hadas lograrían salir.

-No hay manera de que "nosotros" podamos abrir camino a Idris?- preguntó Alec, analizando las palabras del Brujo.

-Eso es lo que dije- afirmó Magnus- no hay modo de reabrir las fronteras.

-No, dijiste que no había modo que nosotros lo hiciéramos, lo que quiere decir que puede haber alguien más que si sea capaz- dijo Jace, entendiendo el punto al que quería llegar su Parabatai. Magnus los miró a todos seriamente. Los chicos lo miraban esperanzados.

-Hay cosas peores que la muerte- les dijo sinceramente.

-Creo que deberías dejar que nosotros decidiéramos eso- dijo Simon. Magnus se pasó una mano por el rostro con frustración.

-Por Lilith, he pasado toda mi vida sin tener que recurrir a esto, excepto una vez, cando aprendí la lección. Y no es una lección que quiero que aprendan ustedes- les dijo Magnus seriamente.

-Pero sobreviviste la lección- dijo Clary- es lo único que tenemos, Magnus, una oportunidad de regresar a nuestras vidas.

-Apostar mi propia vida es una cosa, pero apostar la de todos ustedes...

-Si no intentamos nada, igual moriremos aquí de todos modos- dijo Jace señalando una de las ventanas- en este mundo solo hay demonios y una minúscula fuente de agua. Es apostar o perder. Ninguna es buena opción.

-Corramos el riesgo- dijo Isabelle y los otros adolescentes asintieron.

-La mayoría gana- dijo Magnus cerrando los ojos con pena- sabían que hay un viejo refrán en el submundo sobre... los... como iba? Bah, los perros locos y los Nefilim nunca entienden, algo así.

-Magnus...- pero Magnus detuvo a Alec con un movimiento de la mano, negó con la cabeza suavemente antes de alejarse de ellos un par de pasos. Los anillos, que ahora quedaban algo flojos en sus largos dedos, destellaron cuando unió sus manos frente a él, como para orar, y cerró los ojos.

-Padre mío- comenzó, y Alec jadeó fuertemente por la sorpresa- que estas en el infierno, malaventurado sea tu nombre, Trae a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad tanto en Edom como en el Infierno. No perdones mis pecados porque en ese fuego de fuegos no habrá cariño, ni compasión, ni redención. Padre mío, que haces la guerra en lo alto y en lo bajo, ven a mi ahora; te llamo como tu hijo y asumo la responsabilidad por invocarte.

Todos quedaron en silencio después de eso. Magnus abrió los ojos, sin expresión, y miró a los cinco chicos frente a él. Todos estaban sumamente sorprendidos y, tenían que admitirlo, algo asustados.

-Por el Ángel- murmuró Alec.

-No- dijo una voz justo detrás de ellos- definitivamente no por su Ángel.

Todos se giraron y no pudieron evitar retroceder un paso. Un hombre alto y tan pálido como un hueso estaba de pie ante ellos. Vestía un pulcro traje blanco. Su rostro era humano, piel blanca y pómulos afilados, aunque más que cabello tenía una corona de alambre de espino. Y sus ojos, sus ojos eran de un verde dorado, con las pupilas verticales... igual a los de un gato. Su mirada se posó en Magnus y sonrió, sus dientes eran afilados, como los de un felino.

-Padre- dijo Magnus con voz firme- viniste.

-Hijo mío- dijo el demonio, abriendo los brazos a modo de bienvenida- ha pasado tanto tiempo desde la última vez que me llamaste. Comenzaba a creer que no me llamarías nunca más.

-Ese era el plan- le dijo Magnus secamente.

-Tus palabras me hieren- se quejó el hombre antes de girarse con una afilada sonrisa hacia los demás- soy Asmodeus. Uno de los Nueve Príncipes del Infierno.

-Eres... eres el padre de Magnus?- preguntó Alec, con voz estrangulada antes de girarse hacia el Subterráneo. Quien simplemente bajó la cabeza, agotado.

-No sé porque se sorprenden- dijo Asmodeus encogiéndose de hombros- ya saben que para hacer a un Brujo se necesita una mamá y un demonio. Y cuando la mamá se atonta solo un poco...

-Basta, no quiero que me des la plática de las abejas y las flores- lo interrumpió Magnus, soltando un suspiro exasperado- vamos directo al grano. Edom es uno de tus reinos, tienes control sobre él.

-Me has estado investigando?- preguntó Asmodeus con falsa sospecha.

-Puedes abrir una puerta, no? Enviarnos de vuelta al Idris de nuestro mundo?

-Dudas de mi poder? Te daré una demostración- dijo el Demonio. Se giró hacia Luke y Jocelyn, que seguían junto al cuerpo de Jonathan. Después de un tronido de los blancos dedos, el licántropo y la pelirroja desaparecieron, llevándose el cadáver de Jonathan con ellos.

-Mamá!- gritó Clary, intentando ir hacia allá, pero Jace la detuvo.

-Listo, están en su mundo- declaró Asmodeus dando una palmada- los dos primeros son la muestra gratis. Para los otros...- miró a Magnus casi hambriento- tendrán que pagar.

-Pagar?- preguntó Alec, mirando de Magnus a su padre, confundido.

-Sé lo que quieres- dijo el Brujo con voz tensa- y puedes tenerlo. Pero debes jurar por la Estrella Matutina que enviaras a todos mis amigos a Idris, a todos, y nunca volverás a molestarlos. No te deberán nada.

Asmodeus sonrió ampliamente, mostrando sus afilados dientes. Alec se movió rápidamente, parándose frente a Magnus.

-No, qué estás diciendo?- preguntó Alec, aun sin entender del todo lo que sucedía- por qué hablas como si tu no regresarás con nosotros?

-"En casa de mi padre hay muchas mansiones"- dijo Asmodeus sin dejar de sonreír. Jace palideció al instante y parecía a punto de vomitar.

-No... Magnus, no pensará llevarte con él al...

-Infierno? No precisamente- lo interrumpió Asmodeus- como ya dijo Magnus, Edom es uno de mis reinos. Lo compartía con Lilith, y luego su chiquillo lo tomó e hizo un desastre con el. Hace falta energía para mantener un reino. Nosotros conseguimos nuestra energía de diversas fuentes, pero no hay nada mejor que obtenerla directamente de una vida. Y una vida inmortal es la mejor de todas.

Alec sintió un vacío en el estomago. El padre de Magnus quería su vida? Palideció aun más de lo que ya estaba. Jace le echó una miradita a su Parabatai antes de volver a mirar a Asmodeus con odio. Alec miró a Magnus un segundo, el Brujo miraba a su padre con expresión cansada y triste. No. No permitiría que nada le pasara a Magnus, lo llevaría a casa y estarían bien, los dos. Sus músculos, que hasta el momento estaban gritando quejas, se tensaron nuevamente cuando se movió y se interpuso entre el Subterráneo y su padre demonio. Todos los demás también se habían movido igual que él, incluso Simon.

-Quieres arrebatarle la vida a tu propio hijo?- preguntó Clary, con asco. Asmodeus rió.

-Míralos, Magnus!- exclamó el demonio- estos niños te quieren y quieren protegerte! Quien lo hubiera pensado! No te preocupes, en tu lapida aquí en Edom me aseguraré que escriban: "Magnus Bane, amado por los Nefilim".

-No lo tocarás- dijo Alec con voz de hierro- es nuestro trabajo matar demonios, incluso Príncipes del Infierno. Y tú te lo estas ganando.

-Oh, han hecho un excelente trabajo, debo admitir- asintió Asmodeus, cruzándose de brazos- en menos de un año ya acabaron con Abbadon, casi terminan con Azazel, y a mi querida Lilith la mandaron al vacío- dijo rodando los ojos- pero no tengo intensión de asesinar a Magnus. Eso sería sucio y tonto, si lo quisiera muerto podría haberlo hecho en cualquier momento en su mundo. Lo que necesito es que me entregue su vida por voluntad propia, así es como funciona.

-Pero es tu hijo- dijo Isabelle, sin entender la fría crueldad.

-Y se quedará conmigo- repuso Asmodeus- en... espíritu, por así decirlo.

Alec se giró hacia Magnus rápidamente. El Brujo tenía las manos en los bolsillos, mirando lo que sucedía sin mucha esperanza. Sabía lo que tenía que hacer. Por ellos, por esos ojos azules que lo miraban preocupados. Se preparó para lo que venía, porque sabía que Alec no lo dejaría sin luchar.

-No puedes- dijo el Nefilim con la voz más firme que pudo encontrar- dijo que tienes que entregar tu vida por voluntad propia. Dile que no.

-No puedo decir que no, Alexander- le dijo Magnus, mirándolo fijamente a los ojos- si lo hago, nos quedaremos aquí. En este mundo desolado moriremos todos.

-Bueno, pues ninguno de nosotros entregará tu vida para salvarnos- dijo Jace firmemente. Magnus miró a los otros cuatro, se habían medio girado hacia él. El Brujo vio la determinación en los jóvenes rostros y supo que ninguno estaba dispuesto a dejarlo ir, ni siquiera por salvar sus propias vidas.

-Es mi vida, mi decisión- dijo Magnus, mirándolos a todos y los chicos bajaron la mirada, derrotados. Sabían que el Brujo tenía razón, sin importar si ellos querían o no, él tenía la última palabra.

-Magnus, no...

-Escúchame, Alexander- lo interrumpió Magnus, tomándole las manos con suavidad. Los demás apartaron la mirada. Había tanto amor en esas palabras que se sentía como una intromisión escucharlas- he vivido muchísimos años, y no, no me parecen suficientes. Quiero seguir viviendo, más que nada por ti, Alec. Nunca había querido vivir tanto que estos últimos meses contigo.

-Entonces tienes que regresar, regresa conmigo- la voz de Alec había comenzado a quebrarse, y las lagrimas inundaban sus ojos. Magnus pasó saliva pesadamente, tenía que mantenerse firme.

-No puedo hacerlo, Alec. Tengo que salvarlos, yo me quedaré pero ustedes tendrán la oportunidad de vivir- le dijo Magnus suavemente. Alec negó con la cabeza.

-Entonces me quedaré contigo- dijo Alec, soltando lagrimas silenciosas, mirando fijamente los ojos del Brujo- al menos déjame quedarme.

-No puedes quedarte aquí conmigo- Magnus acarició la mejilla de Alec suavemente- no quedará nada de mí. En cuanto me quite mi inmortalidad, mis cuatrocientos años llegaran a mi cuerpo. Solo seré polvo.

-No, por favor- Alec, aferrándose a los hombros del Brujo mientras soltaba pequeños sollozos- por favor, por favor, Magnus. Te necesito.

-Cariño, mírate- le dijo Magnus tomando el rostro de Alec entre sus manos, haciendo que lo mirara a los ojos- mira lo lejos que has llegado. Lo fuerte que eres.

-No lo soy, por favor...

-Claro que lo eres- le aseguró el Brujo, limpiando las lagrimas en las mejillas de Alec con sus pulgares- todo lo que has avanzado, te has recuperado. Y todo lo que has aprendido...

-No me he recuperado- dijo Alec cerrando sus manos al rededor de las muñecas del Brujo, haciendo que presionara mas sus palmas contra sus mejillas húmedas- no puedo hacerlo, no sin ti...

-Eres sumamente fuerte, Alexander- le dijo Magnus con suavidad, y Alec soltó un sollozo.

-Te amo- dijo Alec, con la mirada borrosa debido a las lagrimas, fija en el Brujo. Magnus sintió que su corazón le daba vueltas en el pecho- te amo, te amo tanto y lamento mucho no habértelo dicho antes. Yo...

Magnus se adelantó y besó a Alec tiernamente en los labios. Su Nefilim lo amaba, y esa era otra enorme y pesada razón por la cual debía quedarse y salvarlo. Se aferraron el uno al otro con todo lo que tenían. Magnus intentando decirle al Nefilim que todo lo que estaba haciendo lo hacía por amor, porque él también lo amaba y no se perdonaría que muriera con solo 18 años vividos. Tenía que ver todas las cosas buenas de la vida. Tenía que amar, que disfrutar, tenía que hacer tantas cosas aun. Alec respondía al beso con desesperación, entendimiento. Entendiendo que Magnus no cambiaría de opinión. Y eso le dolía más que cualquier otra cosa que hubiera experimentado en su vida.

Jace sentía que alguien le enterraba una daga directo al corazón y la removía intentando triturarlo. Por qué tenía que sufrir su Parabatai? Ya había sufrido suficiente en su vida. Y Magnus. Su única participación en esa guerra había sido debido a su amor por Alec. No era nada justo. Isabelle lloraba en silencio y Clary le había tomado la mano. Magnus y Alec se separaron, el Brujo pegó su frente a la de Alec unos segundos, mirando los ojos azules una última vez antes de girarse hacia su padre, que estaba de brazos cruzados y daba en el suelo con el pie impacientemente.

-Muy bien- dijo Magnus en voz alta. Alec estaba aferrado al borde de la camisa de Magnus, como si siguiera intentando detenerlo, pero no dijo nada- está bien, te doy mi inmortalidad. Estoy...

-Estoy dispuesto.

Todos se sorprendieron al escuchar a Simon. Simon que hasta el momento había estado tan callado que casi habían olvidado que estaba ahí. Isabelle se aferró ahora a la mano de Clary. Sabiendo lo que haría el vampiro diurno. Alec apartó las lagrimas de sus ojos de un manotazo, mirando incrédulo a Simon, que estaba de pie justo frente a Asmodeus. Jace miró de su Parabatai a su novia, preocupado.

-Que es esto?- preguntó el demonio, alzando las cejas.

-Simon, no!- saltó Izzy firmemente. El vampiro se giró hacia ellos.

-Yo también tengo una vida inmortal. Magnus no es el único- dijo Simon claramente antes de volverse hacia el demonio- toma la mía.

-Ah, he escuchado de ti- dijo Asmodeus, dando un paso hacia Simon. El chico se obligó a no retroceder- un vampiro normal no es interesante, pero un diurno! Tienes el poder del sol en tus venas. Sol y vida eterna, eso sí es poder!

-Si- afirmó Simon- toma mi inmortalidad en lugar de la de Magnus, te la doy. Estoy dispuesto.

-Simon!- gritó Clary, pero el vampiro la miró con una mirada que decía "Ya lo dije, está hecho".

-Dios, Simon, no- murmuró Magnus con pesar. Alec se aferró a la mano del Brujo.

-Está bien, solo tengo 17 años- dijo Simon mirando al resto del grupo- si me quitan mi inmortalidad solo me llegaran estos meses que he sido inmortal, podré vivir mi vida.

-No vivirás tu vida, Simon!- saltó Isabelle- si te quitan tu inmortalidad serás un cadáver. Eres un no muerto!

-Pero que chica más estúpida- dijo Asmodeus rodando los ojos- soy un Príncipe del Infierno. Crees que no puedo invertir la transformación de un humano a vampiro? Que no puedo hacer que su corazón lata de nuevo? Es un juego de niños. Pero...

-Que es lo que quieres?- preguntó Magnus. Su padre ya había puesto sus ojos en Simon y sabía que no desistiría- todo lo que tú hagas requiere un pago.

-Al igual que tu, hijo mío- sonrió Asmodeus- y me he enterado que eres bastante carero. Aprendiste bien de tu padre.

-Que quieres?- preguntó esta vez Simon.

-Tus recuerdos- dijo Asmodeus, mirando los ojos café de Simon.

-Que tienen los demonios con los recuerdos?- preguntó el vampiro, rodando los ojos.

-Nosotros podemos alimentarnos de recuerdos humanos, pero deben ser cedidos voluntariamente. Son... deliciosos- explicó Asmodeus, relamiéndose los labios inconscientemente- les concederé lo que quieren, regresar a su mundo, todos- añadió mirando a Magnus- y no volveré a molestarlos, ni me deberán nada. A cambio tomaré la inmortalidad y recuerdos del vampiro diurno desde el momento en que ingresó al mundo de las sombras.

-Pero... entonces no recordaré a ninguno de ellos- dijo Simon, mirando al grupo detrás de él.

-Siempre sacando los peores trucos a mitad del juego- dijo Magnus, mirando a su padre con odio.

-Oye, le devolveré su vida! Podrá vivir la aburrida vida de un Mundano normal sin tener al problema pelirrojo junto a él- dijo Asmodeus señalando a Clary. La chica miró a Simon con desesperación, el vampiro apretaba los puños fuertemente a los costados.

-Definitivamente no, no hay trato!- saltó Jace al ver que Clary temblaba de impotencia.

-Bien, entonces todos morirán aquí- dijo el demonio, encogiéndose de hombros- no tienen muchas jugadas posibles, saben?

-Yo...

-Nah, Magnus, pasaste de moda hace cinco minutos- lo interrumpió Asmodeus- ahora quiero al diurno o nada.

-Eso es infantil- dijo Simon sin mucha gana, estaba resignándose a perder sus recuerdos ya.

-Tal vez, pero ustedes también lo están siendo, quieren todo por nada, eso no se vale- le dijo el demonio- que son unos cuantos recuerdos por las vidas de todos ustedes?

-No son "unos cuantos" recuerdos- dijo Clary, molesta- estamos hablando de hacerlo olvidar quien es, todo lo que ha aprendido...

-Sí, no es delicioso?- dijo Asmodeus con una sonrisa que la hizo sentir un escalofrío- todo está listo ya. El diurno volverá al mundo Mundano, y ahí nadie recordará a Clary en absoluto, de ese modo todo se equilibrará. Que dices, diurno?

-No!- gritó Clary, intentando lanzarse por Simon, pero Jace la detuvo, abrazándola por la espalda.

-Es la decisión de Simon- susurró el rubio al oído de la chica- tenemos que respetarla.

Magnus aferró la mano de Alec con más fuerza y el ojiazul lo miró. El Brujo miraba con pesar a Simon, como si se sintiera culpable por lo que estaba pasando. Alec sintió una punzada de culpa en su pecho al sentirse aliviado de no perder a Magnus. Por supuesto que no se alegraba que Simon se fuera. Como había dicho antes, era su amigo. Volvió su vista al vampiro, que en ese momento se tomaba el pecho, como si le doliera el corazón.

-Que está pasando?- preguntó Alec en voz baja. Magnus se giró hacia él, mirándolo fijamente a los ojos- Magnus?

Una niebla blanca comenzó a cubrirlo todo. A lo lejos podía escuchar los gritos de dolor de Simon, y la voz de Clary llamando a su mejor amigo. Intentó buscar a su hermana y Parabatai con la mirada, pero todo se había vuelto blanco y brillante. Sintió que la mano de Magnus desaparecía de su agarre y comenzó a entrar en pánico. Intentó girarse, moverse en alguna dirección, pero no parecía que hubiera un arriba o abajo en esa niebla blanca. Intentó gritar, pero su voz no se escuchaba. Pasaron unos cuantos segundos más antes de que su espalda diera contra la tierra. Comenzó a escuchar el caos que había a su alrededor, confundiéndolo aun mas.

-Alec!- miró hacia arriba y vio el rostro preocupado de su padre, ayudándolo a incorporarse- Alexander! Estas bien?!

-Papá?- preguntó Alec, confundido. Miró a su alrededor y logró ver a su hermana, siendo ayudada por su madre. Y a Jace, que se detenía de Michael mientras intentaba llegar hasta Clary, que lloraba en el suelo con Jocelyn abrazándola. No había señal alguna de Simon- Magnus?

-Tranquilo, te pondrás bien- le dijo Robert mientras lo ayudaba a sentarse y le acariciaba la cabeza, dando gracias a todos los Ángeles por que sus hijos habían vuelto con vida.

-Magnus?- volvió a preguntarle a su padre, pero Robert no tenía cabeza para Magnus en ese momento, tres de sus hijos habían vuelto del infierno. Alec miró hacia todos lados, con el corazón latiéndole a mil por hora. Una figura azul llamó su atención y se giró rápidamente para mirarla.

-Por Lilith, Magnus, que te pasó?- preguntó Catarina, lanzándose de rodillas al lado del de ojos de gato y sosteniéndolo para que no callera.

-Edom me pasó- murmuró el Brujo dejándose caer en los brazos de su amiga con una leve sonrisa en los labios- quiero dormir.

-No te preocupes, te pondrás bien, tranquilo- Catarina tomó una de las manos de Magnus y una llama blanca las envolvió, le estaba dando su energía. Alec se sintió aliviado. Magnus estaba recibiendo ayuda. Jace e Izzy estaban recibiendo ayuda. Sintió un gran alivio apoderarse de él y fue entonces que todo el cansancio lo golpeó como una bola de demolición. Se dejó caer hacia atrás mientras los ojos se le cerraban. Vagamente escuchó a su padre gritar su nombre y lo último que vio fue a un montón de Hermanos Silenciosos acercándose a ellos.

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