Se fueron al hotel apenas terminó la fiesta, ambos contentos por todo lo que había sucedido, encontrando perfecto todo lo que se relacionaba con la boda. No podría haber salido mejor, sobre todo porque Otabek devolvió la liga y Yuri se sintió más tranquilo teniéndola en su poder, aunque ni Yuuri ni Vitya estaban enterados de ello, había sido algo así como un pacto entre caballeros. Entre suegro y yerno.

Yuri estaba impaciente, quería sentir pronto el cuerpo de su amado, aún si no había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo hicieron. Esta vez era especial aunque a él mismo le parecía cursi pensarlo de esa manera. Esta sería su primera vez estando casados.

Apenas vieron lo de su reservación, Yuuri se puso a correr hacia el elevador, sacándole la lengua a un sorprendido rubio y presionando el botón para que las puertas se cerraran dejando a su esposo fuera. Yuri solo frunció el ceño, chasqueando la lengua y decidiéndose a ir por las escaleras, subiendo los escalones de dos en dos para llegar con rapidez. Por suerte sus piernas eran largas y le ayudaban.

Cuando llegó arriba pudo ver a Yuuri apoyando su espalda contra la puerta y riendo— olvidé robarte la tarjeta —le dijo divertido, pero el rubio no rio, se acercó a paso lento, mirándolo fijamente como si quisiera intimidarlo cosa que no consiguió. Levantó a Yuuri desde las piernas y se lo puso al hombro para luego abrir la puerta y entrar con él de esa manera. Lo tiró sin nada de delicadeza a la cama, agitado por subir con rapidez y por cargar al azabache.

Tú eres un cerdo travieso, hay que castigarte —le dijo mientras se subía al colchón para posicionarse sobre el cuerpo de su pareja y comenzar a besarlo con hambre.

Sí esa es tu manera de castigar, me comportare peor —no había bebido hasta emborracharse, pero si para estar un poco más desinhibido de lo normal.

El rubio le sonrió de lado, esa era una de las facetas que le encantaba de Yuuri. Volvió a besarlo mientras sentía como su esposo estaba igual de desesperado ya que con dificultad le desabrochaba la camisa— te ayudo —habló alejándose un poco para desabotonar su camisa y quitársela, dejando ver su torso delgado, pero bien trabajado. Pudo ver el deseo en los ojos de Yuuri cosa que le encantaba.

Te falta esto —el japonés levantó su pie ya descalzo y lo puso sobre la entrepierna de Yuri, siempre con su vista fija en él.

El ruso no perdió tiempo y se quitó el pantalón, quedando solo en ropa interior para luego comenzar a desvestir a su pareja. Debían estar en igualdad de condiciones o esto no sería justo.

Mientras desabotonaba la camisa ajena, aprovechaba de dejar húmedos besos por todo el torso de Yuuri, logrando que comenzara a jadear lo cual le indicaba que todo iba bien. Llegó hasta el borde del pantalón y vio la notoria erección que requería de su atención. Mordió por sobre la tela, logrando que Yuuri soltara un gemido y se retorciera un poco. Desabrochó la prenda para luego quitarla por completo, notando la humedad en el bóxer de su chico, el pre-semen comenzaba a brotar y eso solo causaba en él unas enormes ganas de probarlo.

Le quitó la ropa interior con agilidad, dejando ver el miembro erecto de su esposo, con su dedo índice tomó un poco de aquel liquido que tanto quería saborear para luego llevarlo hasta su boca y lamerlo. Yuuri observaba con atención, sintiéndose cada vez mas excitado por la imagen frente a sus ojos— vkusno —salió de los labios del rubio al encontrar delicioso aquel sabor. Yuuri seguía sin desviar su mirada, se la hacía tan erótico que no podía apartar la vista, quería mas de él, pero sería paciente y esperaría por sus movimientos, después de todo tenían toda la noche para disfrutar el uno del otro.

Yuri comenzó a masturbar con delicadeza el miembro frente a él, lenta y tortuosamente con la sola intención de torturar al japonés lo cual consiguió en poco tiempo. Lo supo porque el azabache comenzó a mover sus caderas con impaciencia mientras soltaba uno que otro jadeo como indicación de que comenzaba a excitarse más. El rubio sonrió de lado y aumentó el ritmo de su mano hasta que vio que su amado estaba a punto de llegar al orgasmo, entonces se detuvo logrando que Yuuri soltara un quejido de frustración al no haber llegado al final— aún no es el momento, amor —la última palabra hizo que el japonés casi se derritiera ahí mismo.

El ruso se levantó de su lugar, haciendo que el espacio que quedo vacío comenzara a sentirse frío para Yuuri— apresúrate —pidió con voz suave, no quería ser demandante, pero lo necesitaba ahí cerca. Yuri sonrió más amplio mientras de uno de los bolsillos de su ropa sacaba una pequeña botellita de lubricante, quería hacer sentir bien a su pareja en todo momento.

Volvió a ponerse entre las piernas del azabache, girándolo con agilidad para que quedara boca abajo, vertiendo en su mano una cuantiosa cantidad de aquel liquido y otro poco dejándolo escurrir entre las nalgas de su esposo. Yuuri se estremeció al sentir frío, pero pronto se le pasó al tener un dedo intruso rosando su entrada y esparciendo el líquido. Aquel dígito comenzó a hacer círculos en ese lugar al que solo podía llegar el rubio para luego introducirse de una sola vez, obligando al otro a soltar un gemido bastante excitante para los oídos de Yuri quien prosiguió con su tarea, sacando y metiendo su dedo para poco a poco ir añadiendo un segundo y luego un tercero, asegurándose de que el lugar quedara lo suficientemente dilatado para recibir su miembro, el cual ya estaba listo para entrar en acción.

Agarró a Yuuri por las caderas para dejarlo en la posición correcta, alineó su miembro con la entrada de su chico sintiendo como este palpitaba en anticipación. Las ganas de volverse uno nuevamente con Yuuri comenzaban a apoderarse de él por completo, ya que si bien lo habían hecho antes muchas veces, esta era la primera después de casarse y aunque sonara tonto, quería que esta noche fuera memorable para ambos.

Se introdujo de a poco, sin ser brusco para no terminar tan rápido, pero tampoco yendo lento para no desesperarlo ni desesperarse él mismo. Yuuri podía sentir con satisfacción como era llenado de una vez por todas, ansiaba sentirlo dentro de él, sentirse suyo… sentirlo suyo.

El japonés meneó sus caderas en una clara muestra de que Yuri podía continuar con el acto, el rubio no esperó más y comenzó a penetrar a su pareja a un ritmo constante, sintiendo como las paredes internas de este lo apresaban deliciosamente. Sintiendo como el calor del cuerpo ajeno lo hacía sentir pleno. Yuuri era su droga. Sabía que sin él podría vivir, ya que antes de conocerlo lo había hecho, pero después de haberlo probado sería difícil dejarlo ir y acostumbrarse a estar si él, por ello lo cuidaría siempre y se entregaría a él las veces que fuesen necesarias.

Siguió penetrándolo mientras acariciaba con una mano el cuerpo de su amado hasta llegar a su pecho, aplicando fuerza para levantarlo y que la espalda de este quedara apegada a su propio pecho. Necesitaba con urgencia alcanzar sus labios, besarlo y transmitirle todos sus sentimientos a través de ese acto tan íntimo, a través de aquello que solo hacían entre ellos. Metió su lengua en la boca ajena, devorando sus gemidos mientras aumentaba las embestidas. Se sentía tan bien tenerlo apegado a su cuerpo, sentirlo suyo… sentirse suyo.

El rubio comenzó a masturbar el miembro de su pareja, intentando sincronizarse con el ritmo en que lo embestía mientras lograba tocar aquel punto dentro de Yuuri que lo obligó a separarse del beso para gemir con fuerza— ¡Justo ahí!... Yuratchka, ahí —le indicó y el rubio no dudó ni un segundo en arremeter contra ese lugar, volviendo a la posición anterior donde Yuuri estaba boca abajo contra el colchón, solo que esta vez se retorcía de una manera impresionante, aferrándose a las sabanas al sentir tanto placer.

Yuri se inclinó hacia adelante, comenzando a gruñir bajo y dejando mordidas sobre los hombros y cuello de su esposo. Sintiéndose extasiado por como este lo apretaba, dándose cuenta de que pronto llegaría al final. Masturbo con más ímpetu la erección de su chico, esperando que ambos pudieran llegar a su orgasmo.

El rubio se corrió primero dentro de su pareja, llenándolo por completo mientras mordía con fuerza su hombro derecho. Aún después de acabar su mano no se detuvo, logrando que al poco tiempo el japonés también llegara al final, gimiendo su nombre para luego caer sobre el colchón.

Ambos agitados, ambos cansados, ambos felices.

Yuri salió suavemente del interior de su pareja para recostarse a su lado y correr los cabellos de la frente ajena para poder ver bien el hermoso rostro de su chico después de hacer el amor— eres hermoso —le habló mirándolo a los ojos— te amo, Yuuri, no me arrepiento de haberte conocido —dijo mientras dejaba su mano sobre la mejilla del otro.

Yuuri sonrió contento, se sentía tan bien el haber encontrado a alguien como el rubio. Alguien a quien amaba y que lo amaba de vuelta, alguien con quien se sentía protegido, pero a quien también quería cuidar. Había tenido suerte, tenía una hermosa familia.

También te amo, Yuratchka —respondió con una linda sonrisa sobre sus labios mientras ponía su mano sobre la que estaba en su mejilla, con la intención de tomarla y acercarla a sus labios para besar el dorso de esta. Entrelazo sus dedos y acercó su rostro al de Yuri para dejar un suave beso en sus labios— soy feliz de haberte conocido.

Sabían que no todo sería color de rosa, en las parejas siempre habían discusiones y diferencias de opinión. Solo esperaban que el amor fuera suficiente para superar cualquier diferencia en sus vidas, aunque si habían logrado superar la brecha sobre el género de ambos y el hecho de que Yuri jamás se imagino estando con otro hombre, cualquier otro problema debía ser fácil para ellos. Solo tenían que mantenerse unidos, tener en mente que se amaban aún si habían diferencias.

Aquella noche volvieron a hacerlo un par de veces más, cambiando las posiciones, conversando entre un acto y otro, imaginando el futuro y planeando nuevas cosas para sus vidas. Pretendían hacer muchas cosas desde ese punto, sabían que tenían el apoyo de todos quienes les importaban y con eso les bastaba y aún si el mundo estuviera en contra, no dejarían que nadie derrumbara sus sueños y proyectos.

࿂Continuará࿂