Disclaimer: No me pertenece ningún elemento de FFVII. Esta historia es escrita por placer y sin ánimo de lucro.


El porqué de las cosas

Capítulo 35

"Obsequio planetario"

Por Lady Yomi


Arribaron a Cañón Cosmo a las cinco de la tarde y el portero no se demoró en conducirlos a lo alto de la meseta donde yacía la casita que pertenecía al sabio Bugenhagen. El anciano estaba acostado en su cama, cubierto por decenas de cobertores coloridos que habían sido tejidos por las manos expertas de los artesanos del lugar.

—Les presento a mi querido abuelo —declaró Nanaki cuando todos acabaron de ingresar al recinto—. Es un hombre increíble que sabe muchas cosas difíciles de explicar.

—¡Jo, jo, joooo! —Rió el viejecito al escucharlo, con la voz cascada por el cansancio que se había apoderado de su cuerpo—. ¡Temo decir que quien no sabe explicar algo de forma sencilla no lo conoce en realidad! ¿Acaso tienes dudas sobre alguno de los conceptos que te he transmitido, mi querido nieto?

—¡N, no! —Nanaki se sentó sobre las patas traseras, sumamente avergonzado de su error—. ¡Quise decir que... conoces muchas cosas ocultas! ¡Y que no es... fácil comprenderlas!

—No te disculpes, hijo de Seto —lo animó—. Aún eres un niño, te parecerán igual de sencillas que a mí en unas pocas décadas más.

—No soy un niño. —Torció el hocico al notar las miradas curiosas de sus compañeros—. Tengo cuarenta y ocho años, abuelo.

—¡Jo, jo, joooo! —Bugenhagen se dirigió a todos los presentes—. La tribu de Nanaki posee una longevidad impresionante, por lo que cuarenta y ocho años distan de acercarse siquiera a su máximo potencial. Comparado con un humano como ustedes, mi nieto sólo tiene la madurez de un chico de quince o dieciséis primaveras.

—¿Quince? —Zack posó los ojos sobre el lomo de la criatura—. Pensé que-

—¿Qué era un adulto? —El viejo meneó la cabeza—. Da esa impresión porque tiene una personalidad muy reservada y profunda.

—Abuelo... me estás avergonzando frente a mis amigos. —Nanaki dio un respingo a la vez que se sacudía para aliviar la tensión que recorría cada músculo de su cuerpo—. Es la segunda vez que te pones a... compartir tus respetables anécdotas sobre mi persona. ¿Olvidas que hablaste de lo mismo cuando visitamos el cañón con Cloud y los demás?

—¿Eso dije?

—Sí, abuelo.

—Ah, pero este es un grupo distinto —explicó mientras sus ojos cercados por arrugas se movían sobre los rostros de Vincent, Reeve, Zack y Sadie—. No conozco a ninguna de estas personas.

—El viejo no parece tan enfermo —gruñó Vincent por lo bajo—. ¿No que se estaba muriendo?

—¿Muriendo? ¡Jo, jo, jooo! —Sus hombros de agitaron por debajo de los cobertores—. ¡Espero que no! ¡Pero a Elan le gusta exagerar!

—¿Quién es Elan? —Vincent se volvió hacia Nanaki con las cejas fruncidas ante la revelación.

—Es el hombre que nos condujo al cuarto del abuelo.

—¿El portero?

—También es el cuidador del abuelo, el cocinero de la tribu y el mejor interprete de banyo después del viejo Bill.

Vincent puso los ojos en blanco al oírlo:

—Por los santos Turcos del infierno. Esto fue una pérdida de tiempo catastrófica.

—Personalmente, me alivia que el abuelo sólo tenga una mala gripe —replicó Nanaki con una sonrisa que reveló la totalidad de sus colmillos amarillentos—. ¡Pelearé con ánimos renovados sabiendo que su bienestar depende de mí!

—Perdóname si no me pongo a saltar de la alegría.

—Al final Cid tenía razón... —murmuró Sadie por lo bajo—. Tenemos que volver a Mideel cuanto antes.

—No deberían marcharse tan pronto. —Bugenhagen apoyó la cabeza en la almohada, sonriendo de forma misteriosa al agregar—: Los designios del destino gustan de pasar por casualidades con mayor frecuencia de la que se cree.

Todos se lo quedaron viendo estupefactos y Nanaki fue el único que se atrevió a preguntar:

—¿A qué te refieres?

—¡Jo, jo, joooo! —exclamó elevando los brazos por encima de la cabeza—. ¡Al llamado del planeta! ¡¿Qué más?!

—¿El planeta? —Zack frunció el ceño. La afirmación hizo eco de las palabras que Jenova robara de los labios de la última Cetra—. ¿Qué sabes tú de eso?

—¡Sólo lo que me confió la doncella todopoderosa que viaja a través del planeta!

—Todopoderosa. —Zack tragó saliva, inquieto al reconocer el epíteto que solían usar los súbditos de la calamidad—. ¿Se refiere a Jenova?

Bugenhagen chilló y su rostro se contrajo en una mueca de asco infinito al responder:

—¡ESA ALIMAÑA NO POSEE PODER PROPIO! ¡TODO LO QUE TIENE LO ROBÓ DE LAS MANOS DE MINERVA!

—¡Abuelo! —Nanaki se paró sobre sus patas traseras, sujetando al viejo con las delanteras para evitar que siguiera retorciéndose sobre el colchón—. ¡Te harás daño, tranquilízate por favor!

—¡¿Cómo pueden confundir a nuestra salvadora con ese parásito endemoniado?! —jadeó—. ¡Llamarla Todopoderosa es un insulto a la memoria de los Cetra!

—No puede ser. —Sadie se acercó—. ¿Usted está al tanto... de lo que ocurrió con Aerith?

—Lo estoy. —Se pasó una mano por su larga barba blanca, meneando la cabeza al recordar el sacrificio de la jovencita—. El planeta me lo ha comunicado todo.

—¿El planeta? —Sadie parpadeó varias veces—. ¿Es usted un Cetra?

—¡Claro que no! —Bugenhagen soltó aire entre los labios—. Pero cuando se vive tanto como yo se tiene mucho tiempo para desarrollar ciertas habilidades. ¡Es más! Tendría que estar sordo para no escuchar los ruegos de nuestra madre durante un tiempo de semejantes calamidades.

—Entonces cuando se refiere a la Todopoderosa... —teorizó Sadie—. ¿Habla de Gaia?

—¡No! —El anciano elevó los dos brazos al aire, provocando que sus visitantes retrocedieran un paso a causa de la sorpresa—. ¡Escuchen! ¡Escuchen el llanto del planeta! ¡¿Cómo podría una entidad omnipotente sufrir en las manos de una plaga tan vil como Jenova?!

Un gemido ahogado que pareció surgir de las profundidades de un océano lejano se dejó oír desde todas partes.

—¿Qué fue eso? —Sadie se acercó por instinto a sus camaradas, inquieta por la naturaleza del lamento que le erizó los vellos de la piel.

—¡Jo, jo, joooo! —Bugenhagen enseñó las palmas—. ¿No escucharon lo que acabo de decir? Es el llanto del planeta. La angustia que lo invadió durante los tiempos de los Cetra no lo abandonó todavía.

—Es culpa de ese maldito meteorito. —Zack chasqueó la lengua, frustrado ante la revelación—. No conseguimos evitar que Sephiroth lo invocara y no podremos detenerlo a menos que recuperemos a sagrado.

—¿Perdieron la materia blanca? —Bugenhagen le dirigió una mirada de soslayo y a Zack se le hizo obvio que el anciano sabía que guardaba la reliquia en uno de los bolsillos de su chaqueta—. Vaya, menuda pena.

—Sí, ¿verdad? —Se rascó la nuca, confundido. ¿Por qué se hacía el desentendido?

—La doncella me confió que la corriente vital se agita bajo la tierra que pisamos. Las almas innumerables que la componen se debaten entre si invertir la batalla a nuestro favor, o permitir que el orden natural de las cosas acabe con la raza que tanto daño le ha causado al planeta que la engendró.

—¿Qué? —Reeve se adelantó, con el rostro iluminado por la esperanza de contar con una forma de revertir el apocalípsis—. ¿Qué podemos hacer para ponerlas de nuestro lado?

—No puedo darme el lujo de hablar en nombre de nuestra madre —se excusó Bugenhagen—. Soy un simple mensajero que transmite los hechos según los ve. Lo único que sé es que nadie conocerá la paz mientras el planeta no la tenga primero.

—Esto es culpa de Jenova —soltó Sadie con determinación—. El planeta no nos castigaría después de todos los sacrificios que hicimos por él.

Zack se la quedó viendo en silencio, intrigado por la forma en la que defendía su punto de vista. Ella era muy devota de Avalancha, pero siempre desde una posición lógica y material. Verla hablar con pasión acerca de un concepto tan intangible como la consciencia del planeta era completamente nuevo para él.

—Recuerdo los días en los que profesaba una cuota similar de fe en la humanidad. —El anciano torció los labios—. En mi juventud fui un empleado respetable de Shinra. Setenta años atrás la corporación resultaba un faro de esperanza para el progreso de nuestra especie. Si el Presidente llegó a donde estaba, fue gracias a que nació parado sobre la espalda de hombres mucho más nobles y listos que él. El profesor Gast fue uno de ellos —añadió—. Era un amigo que colaboró en la creación del triste proyecto Jenova. Creímos tener una muestra invaluable de células Cetra entre las manos, pero jugamos con los siniestros despojos del enemigo sin saberlo.

—El profesor Gast —murmuró Vincent, reconociendo el nombre de inmediato—. Si no me equivoco era parte del equipo de Hojo en el área de investigación evolutiva de Shinra.

—Correcto. Pero ese no es el único detalle que lo convierte en un elemento importante de la historia. Verás, él fue el padre de la señorita Aerith.

—¿Qué? —El pistolero empalideció—. Entonces la madre era-

—La señorita Ifalna, sí. Su adorable asistente de laboratorio. Ella estuvo muchos años bajo mi tutela así que la recomendé para el trabajo. —Chasqueó la lengua al agregar—: No hay día en que no me arrepienta de mi decisión.

—¿Cuál de ellos dos era el Cetra?

—Ifalna, por supuesto.

—Aerith me dijo... —Zack se llevó una mano a la frente y tomó aire antes de hablar, pues el recuerdo de la voz de su ex novia narrando la historia de sus progenitores le estrujaba el corazón—. Dijo que sus padres estaban en desacuerdo con las políticas consumistas de Shinra.

—Lo estaban. —Bugenhagen asintió—. Y lamentablemente la consciencia de Gast lo convirtió en el enemigo número uno de Ciretan Hojo, quien no escatimó esfuerzos para darle caza y asesinarlo después.

—¿Hojo lo mató?

—Sí. —El anciano suspiró—. Y luego secuestró a la señorita Ifalna y a la pequeña Aerith para someterlas a terribles experimentos. Si no fuera por la valentía de la madre; ella y su hija se habrían quedado ahí dentro para siempre. Yo escapé de Midgar mucho antes de que Gast se atreviera a hacerlo, por lo que no me enteré de nada hasta que fue demasiado tarde.

—Ya veo. —Zack asintió con la cabeza gacha—. Es una injusticia que esa basura de Hojo haya escapado como si nada. Aún tiene... muchísimas cosas por las que pagar.

—No te apresures, muchacho. Hojo es codicioso hasta la médula y no pasará mucho tiempo antes de que regrese para atiborrarse con el festín que Jenova dejó pasar. Mientras exista algo de lo que aprovecharse... habrá un Hojo para vencer.

—Eso no suena muy alentador. —Se atrevió a decir Sadie desde el fondo—. ¿Acaso su doncella no tiene mejores noticias para compartir?

—¡Jo, jo, joooo! ¡Estaba esperando a que alguien hiciera esa pregunta! —exclamó Bugenhagen mientras realizaba una ridícula danza de celebración—. La doncella que viaja a través del planeta se ha detenido en un sitio familiar para despedirse de la única persona que no estuvo allí cuando se fue a dormir. Dice tener un obsequio especial para compensar el dolor del adiós.

La afirmación bastó para solventar las dudas de todos los presentes; el anciano no podía referirse a otra persona excepto a la joven cuya pérdida se esmeraban por superar.

—¿Dónde está ese lugar? —preguntó Sadie, estrechando sus propias manos en un intento por apaciguar el mar de emociones que se apoderó de su corazón. Estaba consciente de su ausencia en el funeral de Aerith y le aterraba que su mejor amiga se convirtiera en un espíritu errante por su culpa. —Sé que esto sonará un poco loco, pero... creo que la escuché preguntarme algo en Viento Fuerte.

—¿Es en serio? —Zack se giró rápidamente en su dirección, instándola a que respondiera mientras agitaba las manos frente a su torso—. ¿Por qué te lo guardaste? ¿Qué fue lo que te dijo?

—Me preguntó si podría visitarla. —Meneó la cabeza sin despegar la mirada de sus propios pies—. La escuché como si estuviera a mi lado, pero temí estar alucinando otra vez. No quería darle esperanzas infundadas a los demás.

—¡Jo, jo, joooo! —Bugenhagen cruzó ambos brazos sobre el pecho, asintiendo para sí mismo—. Entonces tendrán que darse prisa y acompañar a esta muchacha al estanque de la Ciudad Olvidada. Si esperan demasiado perderán la oportunidad de darle uso al obsequio que pone a su disposición.

—¿Aerith te dejó saber la naturaleza de ese regalo? —preguntó Vincent sin demasiada emoción. La vida lo había decepcionado tantas veces como para aniquilar cualquier atisbo innato de entusiasmo o curiosidad.

—No. Pero tengo plena confianza en su proceder.

—Igual yo. —Sadie elevó la mirada, cerrando el puño de su brazo sano con determinación—: Vamos al continente del norte.


Continente del norte. Ciudad Olvidada.

Zack, Sadie, Vincent, Nanaki y Reeve ingresaron al bosque que rodeaba la Ciudad Olvidada cuando la luna llevaba rato sobre sus cabezas, brillando como un faro mortecino que palidecía junto al resplandor que emitían los árboles sagrados que se elevaban alrededor.

La luz de la pantalla del PHS de Sadie se sumó al conjunto segundos antes de que su dueña se lamentara:

—Estoy tan preocupada por Cissnei.

—¿Por qué? —Zack observó el aparato—. ¿No contesta tus llamadas?

—Ni siquiera los mensajes —negó—. No sé nada de ella desde que nos separamos en el cráter del norte.

—Puede que tema que los de Shinra se hagan pasar por ti para localizarla.

—Es bastante probable. Pero, ¿qué tal si su desaparición tiene algo que ver con la traición de Kunsel? —Sadie se mordió el labio inferior, con la mirada fija en el estanque que yacía al fin del camino—. Estoy decidida a no perder a nadie más, pero parece que todo se tuerce y se requiebra con cada paso al frente que damos.

—Kunsel no es un bastardo egoísta —murmuró Zack a su pesar, pues también le dolía la ofensa cometida por el Soldado—. Si se alió con Shinra lo hizo por desesperación, no por maldad.

—¿Y eso hace que las consecuencias resulten menos perjudiciales para nosotros? No. Su falta de malas intenciones no nos libra de las de Shinra; Kunsel nos entregó sin tener la certeza de que se reuniría con esa vieja del demonio. Si llega a pasarle algo malo a Cissnei por su culpa-

—¿Qué? —la interrumpió—. ¿Lo matarás?

—Yo... —Sadie suspiró, sin dejar de caminar—. No lo sé.

—¿No lo sabes o prefieres no decirlo?

—Un poco de ambas.

—Ya. —Zack torció los labios—. Me enteré de que Cissnei obró como doble agente. ¿Hace mucho que la conoces?

—Angeal me la presentó cuando ingresé a Avalancha. Jessie y ella eran un par de hermanas mayores que me inspiraban a ser fuerte y arriesgada. —Desvió la mirada y apuró el paso al agregar—: No quiero que Cissnei desaparezca como Jessie. Estoy harta de que todo el mundo se desvanezca en el aire de un momento a otro.

Zack estuvo a punto de decir algo, pero lo distrajo el chillido que soltó Reeve tras acercarse a la orilla del estanque:

—¡Por todos los cielos! —exclamó con el rostro pálido por la sorpresa—. ¡Vengan! ¡Hay... algo sumergido en el fondo del agua!

—Hmm. —Vincent se asomó por encima de su hombro—. ¿Te refieres a esa esfera de luz verdosa?

—¡Claro que sí! ¿E, esa cosa estaba así cuando se fueron?

—Para nada. El lago lucía mucho más... estable.

—¡¿Y por qué no te sorprende?! —Reeve retrocedió hasta cubrirse detrás de la imponente figura del pistolero—. ¡P, puede tratarse de un monstruo!

—Imposible. —Vincent entrecerró los ojos—. No percibo ni un gramo de hostilidad en el aire.

—Eso es una bola de mako. —Nanaki olisqueó el ambiente, posicionándose junto a los recién llegados—. Está en un estado tan puro como el de las famosas fuentes que existen en lo alto del monte Nibel.

—¿Cómo creen que haya llegado hasta ahí? —Reeve se rascó la nuca—. ¿Una filtración subterránea, quizá?

—No. —Sadie se adelantó, quitándose la chaqueta de cuero para arrojarla sobre el tronco quebrado de un árbol cercano—. Aerith dijo que nos esperaría aquí. Esto tiene que estar relacionado con ella.

—¿Qué estás haciendo? —Zack arrugó la nariz por un instante, preguntándose cual era la obsesión de Sadie por desvestirse de imprevisto. No tardó mucho en entender sus intenciones y la situación lo llenó de desesperación—: ¡Espera un momento! ¡No estarás pensando en meterte al agua!

—¿Por qué no? —Se deshizo de sus botas y sus guantes en un parpadear—. ¿Quieres que me quede mirando el paisaje?

—N, no. Pero tampoco que te arrojes en lo que bien podría ser un charco asesino de mako. ¿Has visto lo que le pasa a los reclutas que no toleran la infusión del programa Soldado? ¡No se necesita más que media jeringa de jugo para chuparles el alma!

—Estás exagerando.

—¡¿Exagerando?! ¡Ni en un millón de años! —Zack se interpuso entre el estanque y su compañera—. ¡El mako no es asunto de broma! ¡Lo sé de primera mano!

Sadie extendió una mano para señalar la superficie del lago, gesticulando lentamente al explicar:

—La sustancia está concentrada en el medio. Me limitaré a acercarme sin tocarla, ¿satisfecho?

—¡Por supuesto que no! —Dejó caer los brazos junto al cuerpo—. No estoy bromeando, Sadie. Conocí a alguien que estuvo muy enfermo por culpa de esa porquería.

Sadie parpadeó un par de veces, sorprendida por la revelación:

—¿Quién?

—Cloud. Después de que Hojo experimentó con nosotros dos en Nibelheim.

—Oh.

—Un simple "oh" no lo resume, Sad. Cloud no podía hablar, caminar, o comer por sí mismo. Tuve que... encargarme de todo para mantenerlo con vida durante el año en el que huimos de Shinra. —Se llevó las manos a la cintura y meneó la cabeza sin levantar la mirada del suelo—. No sé como hizo para recuperarse y llegar a Midgar después de que me asesinaron. Hay tantas cosas que no comprendo sobre el mako, pero no estoy dispuesto a descubrirlas a costa de tu salud.

—Zack, yo... —Sadie se llevó la mano libre al pecho—. Perdona. No quise traerte malos recuerdos.

—No importa. Sé que me he portado como un idiota por lo de tu brazo, pero tengo motivos de sobra para desconfiar de esa bola de-

—¡Vincent se metió al agua! —chilló Reeve en un tono agudo que provocó que Nanaki aplastara las orejas contra el cráneo—. ¡Deténgalo antes de que no pueda hablar, caminar, o comer por sí mismo!

—¡Ah, me llevan todos los diablos! —gruñó Zack al descubrir que la figura sombría de Vincent se desplazaba plácidamente a través del estanque. Su cabello lo seguía como un manto lúgubre de sombras flotantes—. ¡Vincent! ¡¿Qué mierda estás haciendo?! ¡¿No escuchaste nada de lo que dije?!

El ex Turco no se molestó en voltear al responder:

—Lo oí. Pero supuse que estaríamos a salvo si evitábamos tocar el material radioactivo de tus pesadillas.

—Les abro mi corazón y me toman el pelo —refunfuñó—. ¡De acuerdo! ¡Salten de cabeza si se les antoja, pero no pretendan que les limpie el trasero cuando no puedan hacerlo sin ayuda!

—No creo que Aerith nos guiara a una trampa mortal —explicó Nanaki tras mojarse las patas delanteras en la orilla—. Sé que es difícil escapar de los malos recuerdos, Zack, pero se hará más sencillo si permites que tus amigos te indiquen el camino para salir del laberinto en el que te aprisionan.

—Es más fácil decirlo que hacerlo. —Disimuló la sonrisa que le inspiró el consejo amable del felino—. Confiar en las cosas que no controlas se complica según pasan los años.

—Creí que te gustaban los desafíos.

Se encogió de hombros, soplando para apartar un par de mechones rebeldes de su rostro:

—Empiezo a preferir lo predecible.

—Al abuelo le gusta decir que todo desafío se vuelve rutina si lo practicas la cantidad necesaria de veces.

—Ese es un buen punto de vista.

—No me cansaré de repetir que el abuelo es un hombre muy sabio.

Sadie buscó la mirada de Zack, que permanecía fija en la misteriosa esfera sumergida de mako:

—Entonces, ¿vienes con nosotros o te encargarás de Reeve?

—Voy con ustedes, pero sólo en caso de que algo salga mal. No me muero por nadar en la tumba de un ser querido.

—No seas dramático. Si Aerith estuviera aquí sería la primera en saltar al estanque. —Le dio una palmada de ánimo en la espalda antes de girarse hacia Nanaki—. ¿Quieres quedarte en tierra? Alguien tiene que cuidar de Reeve.

El animal lo observó con desprecio, frunciendo el ceño ante la petición:

—Oh, es verdad. Olvidé que es un mero ejecutivo sin posibilidades de supervivencia.

—¡¿Qué dices?! —Reeve hizo un mohín—. ¡Puedo defenderme perfectamente con la ayuda de Cait Sith!

Nanaki esbozó una sonrisa socarrona:

—¿En serio? Entonces te dejaré por tu cuenta, titiritero. Pero ten mucho cuidado con las emboscadas de la tribu Bound Fat; no existen curas para el hechizo "Sentencia de muerte" y ninguno de nosotros estará cerca para sanarte con una pluma de fénix.

—¡N, no! ¡Nunca dije que te fueras! ¡Sólo... quiero dejar en claro que soy perfectamente capaz de valerme por mi cuenta! ¡Jamás menospreciaría la compañía de nadie! ¡Soy un individuo en extremo sociable!

—Quizá malinterpreté la oración.

—¡Claro que lo hiciste!

Zack aguantó la risa tras observar la pequeña discusión que acontecía a sus espaldas; nunca dejaría de divertirle lo mal que se llevaban esos dos. Se movió a través del estanque y no tardó en darle alcance a Sadie y Vincent, quienes observaban la esfera luminosa con el agua a la altura del pecho.

El interior del estanque se sentía tibio y vibrante; un estado completamente opuesto al que presentó durante el funeral de la última Cetra. La temperatura del líquido no concordaba con la del aire helado que le besaba las orejas.

—¿Estás viendo lo mismo que nosotros, Zack? —le preguntó Sadie con los ojos abiertos de par en par—. Hay... un cuerpo en medio de la luz.

—No puede ser. —Retrocedió un paso al distinguir la silueta oscura que flotaba debajo de las decenas de cables incorpóreos que se pegaban a su piel. Su rizada cabellera castaña se había enredado en torno a su rostro como una elaborada mortaja de algas opacas—. ¿Aerith?

—Esto es ridículo —murmuró Vincent por lo bajo—. No evidencia signos de deterioro, pero lleva más de una semana muerta.

—Los hilos de la corriente vital están preservando su cuerpo —señaló Sadie tras un rápido chapuzón que le permitió divisar la escena con claridad—. Mira su estómago, Vincent; incluso la herida sanó.

—Imposible. —El pistolero se hundió en el agua para comprobar la afirmación de su compañera.

Zack tragó saliva por la impresión que le generó la escena. No pudo evitar pensar en que estaban profanando la tumba de quien supo ser su primer amor y tuvo que hacer uso de todas sus fuerzas para contener la arcada que lo dobló en dos:

—Oye, Vincent. ¿Es realmente necesario que hagas eso? —le preguntó cuando volvió a salir a la superficie—. Deberíamos dejarla descansar. Ya ha tenido suficiente.

—No, esto no es normal. Anda, tienes que verlo por ti mismo.

—Estás loco.

—La herida ya no está; no verás nada que pueda perturbarte.

—¿Acaso escuchas lo que dices? ¡Está muerta! ¡¿Existe algo más perturbador que eso?!

—Sumérgete, Zack —aconsejó Sadie—. Vincent tiene razón, pero no le creerás hasta que lo veas con tus propios ojos.

—Esto es una falta de respeto y vamos a pudrirnos en el infierno por ello. —Dio un respingo, hundiéndose en lo profundo tras inhalar una bocanada de aire congelado que le irritó la garganta. Fue en ese momento que la materia que yacía en el bolsillo de su chaqueta entró en contacto con el agua del estanque, provocando un estallido lumínico que tomó a todos los presentes por sorpresa.

Dejó escapar el aliento que guardaba en los pulmones cuando presenció la serie de latidos que llevó la luz de la esfera de mako que animaba el cuerpo de Aerith al interior de la canica de cristal que se elevó frente a su nariz, girando un par de veces antes de volver a caer hacia el fondo del estanque.

Zack sujetó a sagrado para impedir que se perdiera, saliendo rápidamente al exterior para enfrentar las miradas acusadoras de sus dos compañeros de equipo:

—¡Su alma! —soltó sin notar la desconfianza que se apoderó de Vincent y Sadie tras descubrir que tenía la materia perdida en su poder. Toda su atención estaba puesta en la reliquia que brillaba como una estrella sobre sus palmas mojadas—. ¡Su alma cargó a sagrado! ¡Con esto podemos salvar el planeta!

Sadie le arrebató el objeto de un manotazo, con el ceño terriblemente fruncido al exclamar:

—¡¿Sabías en dónde estaba y no dijiste nada?!

La sonrisa se borró del rostro de Zack apenas comprendió el reclamo. Soltó un suspiro y se pasó una mano por la cabellera empapada antes de explicar:

—No pude decírtelo antes, Sad. Quería hacerlo, pero no frente a los demás. ¿No me pidieron Cissnei y tú que la mantuviera lejos del alcance de Cloud?

—Sí, pero no tenías porque ocultarla de todo Avalancha.

—Tú habrías hecho lo mismo en mi lugar. ¿Qué tal si alguien más nos traicionaba? Ya tuve suficiente con lo de Kunsel y Cloud.

—Portarte como un lobo solitario no va- —se interrumpió a sí misma cuando el cuerpo de Aerith volvió a sumergirse en el lago. Apagándose con la misma velocidad que lo hizo la casi inexistente cortina de mako a su alrededor—. ¡Demonios! ¡No podemos dejarla ir así!

—No puede ser de otra manera. —Zack intercambió una mirada fugaz con Vincent para reforzar su opinión—. Este era el obsequio al que ella se refería. Aerith continuó el ritual después de la muerte para asegurarse de que sagrado cumpliera con su objetivo.

—¡Dije que no! —Sadie guardó la materia en el bolsillo izquierdo de su pantalón, retrocediendo en dirección a la orilla—. ¡No voy a permitir que se sacrifique otra vez!

—¡Por todas las invocaciones del cielo! —Zack le dio un golpe a la superficie del agua, sobrepasado por la frustración que lo invadía—. ¡Está muerta, Sad! ¡Muerta! ¡¿Quieres seguir escondiendo a sagrado mientras chocamos con meteorito?! ¡Si el planeta se destruye incluso su espíritu desaparecerá!

—¡Mira quien habla de ocultar a sagrado! No olvides que tú también moriste, Zack. Y sin embargo estás disfrutando de la vida que ofreciste a cambio del bienestar de tu mejor amigo.

—Eso no tiene nada que ver.

—Si había un cuerpo para ti también encontraremos uno para ella. —Abandonó el estanque y se secó el rostro con la manga de la chaqueta que pendía sobre el tronco quebrado donde la había dejado.

—Ya no podemos hacerlo. ¿Olvidas que las copias se inmolaron en el cráter del norte?

—Pero el hombre que las clonó no saltó con ellas.

Zack se detuvo en el borde del estanque:

—¿Hojo?

—Aerith demostró que la ciencia no puede resolverlo todo por sí sola, pero los científicos de Shinra han probado una y otra vez que la tecnología basada en magia es la fuerza más poderosa del mundo. —Sujetó a sagrado entre los dedos, observando largamente el brillo blanquecino que se revolvía en su interior—. Le llevaremos el espíritu de Aerith y lo obligaremos a clonarla.

—¿Y si no puede? —Zack se apartó para evitar que Vincent lo empapara al retorcer la capa que le cubría los hombros—. Si la revivimos se anulará la carga de sagrado y la condenaremos a morir junto al resto de la humanidad. ¿Cómo detendremos a meteorito sin la materia blanca?

Sadie resopló por lo bajo, cerrando la distancia entre ambos con desgano:

—Me tomó de la mano, Zack. ¡La sentí! Aerith es un miembro de Avalancha y nosotros nunca dejamos a nadie atrás. Tal como te traje a ti... la traeré a ella, lo sé.

—Es increíble que esté siendo el más racional de los dos para variar. —Suspiró—. Pero tampoco puedo dejarla morir. Mucho menos si existe la posibilidad de salvarla. Aunque ella nos odie por arruinar sus planes al despertar; esto es lo que Cloud hubiera querido.

—¡Exacto! ¿Cómo le diríamos a la cara que desperdiciamos la oportunidad de revivirla? ¡Jamás nos lo perdonaría! ¡Tenemos que ir a Midgar y dar con el paradero de Ciretan Hojo!

Zack asintió, estrujándose los dedos de la mano izquierda al declarar:

—De acuerdo, Sad. Hagamos el intento. Sé que no me faltarán ideas para poner a ese tipejo asqueroso de nuestro lado.

—No comprendo la conversación —murmuró Nanaki cuando Reeve y él se reunieron con el resto del equipo—. Creí que les tomaría más tiempo descubrir el propósito de la bola de mako, pero puedo ver que esa explosión nos devolvió la elusiva materia salvadora.

—El espíritu de Aerith está aquí adentro —explicó Sadie, inclinándose para acercar la esfera al hocico del felino—. Lo llevaremos con un científico para que le busque un cuerpo habitable.

—Eso... se oye un tanto macabro. ¿Crees que la señorita Aerith estaría de acuerdo con semejante proceder?

—Ah... supongo que no perdemos nada con probar. —La rebelde se encogió de hombros, ansiosa por disimular la incomodidad que le generaba la pregunta. Aerith ofreció su vida voluntariamente para salvar a la humanidad, y reflexionar acerca de ese sacrificio le recordó la charla telefónica que compartieron durante su primer viaje a Gongaga:

«—¿Qué harías si... alguien a quien amas deja este mundo y... a cambio te dan a un muñeco que se ve y habla como él? —musitó la voz lejana de Aerith desde el otro lado de la línea.

—Bah, mira a quien le preguntas eso... —Sadie chasqueó la lengua—. Daría una pierna por poder escuchar a alguna de las personas que se fueron decir mi nombre al menos una vez.

—Sí. Pero no es real, Sadie.

—¿Por qué siempre estás pensando en el bien mayor? ¿No te sientes mal al respecto?

—Ese es un lujo que no me puedo permitir. Algún día me entenderás. —Forzó una sonrisa, apartándose del tubo—. Ahora tengo que irme, tenemos mucho trabajo que hacer.

—Aerith... déjame decir algo más.

—Lo siento, ya no puedo seguir. Cuídate mucho, estaré pensando en ti.»

—¿Estás segura? —La inquietud de Nanaki se impuso sobre los recuerdos de Sadie—. En mi opinión tenemos mucho que perder. ¿Cómo detendremos a meteorito sin la asistencia de sagrado?

—Esa era mi principal objeción —exclamó Zack mientras se frotaba el cabello vigorosamente con el exterior de su chaqueta camuflada—. Hasta que entendí que la ausencia de Cloud no quita que sea el líder del grupo. Él dijo que haría lo que sea para traerla de vuelta y eso vamos a hacer.

—Estoy de acuerdo con el joven Fair. —Reeve dio un paso al frente—. Shinra sacrificó a los desvalidos en pos del progreso, pero Avalancha demostrará que se pueden encontrar soluciones impensadas en las condiciones más extremas. —Su mirada se encontró con la de Vincent, quien todavía seguía escurriendo su capa junto a la orilla—. Resignarse al sacrificio de Aerith sería entendible si no estuviera en nuestras manos remediarlo, pero de hacerlo ahora les aseguro que nos arrepentiríamos durante cada día de nuestras vidas prestadas.

—El abuelo suele decir que quien salva a una persona salva al mundo entero —suspiró Nanaki, meneando la cabeza un par de veces antes de añadir—: Pero es una frase que no puede aplicarse en todos los casos. ¿Qué pasa si jamás damos con la solución? No quiero verla morir otra vez. Tampoco al abuelo o... a ninguno de ustedes.

—No lo harás. —Vincent tomó la palabra por primera vez, acercándose para darle una ligera palmadita en la cabeza—. Bugenhagen dijo que las almas que componen la corriente vital se debaten entre si ayudarnos o no. ¿Quién sabe? A lo mejor nuestro esfuerzo se ve recompensado con su favor.

El grupo entero se giró hacia el pistolero, confundidos por el inusual gesto de afecto que acababa de obsequiarle a Nanaki. Reeve fue el único que sonrió al oír la información que tanto interés le había generado durante la tarde pasada:

—¡Buen punto! ¡Ahora sólo nos queda dar con ese científico de pacotilla! —Se aclaró la garganta antes de preguntar—: ¿Sabes dónde encontrar a Ciretan Hojo?

Los labios de Vincent se arquearon en una sonrisa que contrastó con la oscuridad que se apoderó de sus pupilas al responder:

—Siempre lo he sabido.


Nota de autor:

Me siento dichosa de poder compartir esta parte de la historia con ustedes (a la que bautizaremos como: "Guerra mundial J: La Cetra zombi" XD). Hojo volverá a las andanzas en la próxima entrega, lo que agradará a quienes me dejaron saber lo mucho que les divierte mi forma de retratarlo. ;)

Hablando de eso; aprovecho para agradecerle de todo corazón a "Celine0292", "ShimoDuck", "Cerulean1990", "Ari Kuma", "Kratossoul", "Mariavaldez", "Tati-san" y "NescentVanitas" (de Wattpad) por el apoyo, la buena onda y la atención que le dedican al fic. ¡Recibir sus opiniones hace que cada hora de esfuerzo valga la pena!