¡Estoy retomando!
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Disclaimer: Los personajes y ambientes de Naruto no me pertenecen, son propiedad del gran Masashi Kishimoto. La trama de la historia sí me pertenece.
Referencias de lectura:
- (Pensamientos) - (Sakura interna) - (Sakura oscura)
- Flash back - Sueños.
- 0-0-0-0-0 Cambio de escena.
Ojos en la espalda
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Parte XXIV
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Kakashi salió de sus cavilaciones cuando una reconfortante brisa fresca lo devolvió al lugar en el que estaba. No había pasado mucho tiempo de haber abandonado la oficina del Hokage por lo que aún su mente intentaba digerir toda la información nueva adquirida; totalmente inesperada para él, cabe destacar. Ahora todo respecto a su alumna tenía más sentido para Kakashi.
– ¡¿De dónde obtuvo ese Sharingan?!
– (Después de todo, ella era…) –pensó para sus adentros luego de recordar aquella escena en medio de la primer batalla contra Zabuza.
Ahora comprendía la razón de esas y algunas otras acciones por parte de Sakura: su actitud con la revelación de su Sharingan izquierdo; sus avanzados conocimientos; su forma de analizar cada aspecto, cosa o situación que la rodeaban; entre otras cosas que ella había dejado entrever apenas, sólo perceptible para alguien muy observador pero que aun así era muy difícil de ver si no estabas relacionado con el contexto. Realmente era una niña brillante y una experta en el arte del engaño.
–Bueno. Creo que ya es suficiente por un día –murmuró solamente para él, soltando un suspiro agotado.
El sol continuaba cayendo hacia el horizonte mientras el sensei se disponía a informar a sus alumnos restantes sobre el entrenamiento del día siguiente, para luego partir hacia un lugar incierto para ellos. Ambos jóvenes se mantuvieron en un silencio sepulcral una vez quedaron solos en el puesto de comida preferido del equipo. Ninguno tenía apetito y la cuenta ya había sido cubierta por lo que era una pérdida de tiempo continuar allí; más ninguno se atrevía siquiera a respirar demasiado fuerte como para romper aquél mutismo que los rodeaba.
El Uzumaki fue quien se armó de valor y rompió el silencio.
–Oye… Sasuke –murmuró para su compañero, Sasuke le miró de soslayo–. Es genial, ¿verdad? Lo de Sakura-chan.
–… –Sasuke no dijo nada al respecto y apartó la vista, pensativo.
–Sakura-chan es especial. Siempre pensé de esa manera, desde que me sonrió la primera vez que la vi –aguardó silencio unos segundos antes de agregar–: También pienso que oculta cosas. Su mirada muestra mucho más de lo que ella cree. Pero no la presionaré al respecto, esperaré hasta que se sienta lista para decírnoslo. Después de todo somos amigos.
Naruto le regaló su más grande sonrisa de "todo estará bien" y se marchó del puesto de ramen con los brazos tras su cabeza, caminando despreocupadamente con los ojos cerrados como sólo él sabía.
Sasuke decidió hacer lo mismo que el rubio y marcharse de allí. Tomó un rumbo incierto por las calles de la aldea mientras estaba perdido en sus pensamientos.
No sabía cómo sentirse, estaba comenzando a agobiarse por los sentimientos que lo consumían últimamente. Su cabeza por momentos se llenaba de pensamientos de odio relacionado con su objetivo de venganza, luego eso se esfumaba lentamente ante lo agradable que podía ser compartir tiempo con su equipo, aclarando su panorama y alejando de a poco su dolor. Pero después esos pensamientos se tornaban tan oscuros que hasta él mismo no se reconocía, el motivo –susurrado por aquella voz en su cabeza–: ver a sus compañeros hacerse fuertes. El progreso tan rápido de Naruto, el que era el tonto de la clase estaba alcanzándole, a él, un Uchiha. Y ahora Sakura, si el Hokage la había elegido…
Naruto tenía razón, ella debía esconder algo, por no decir todo su potencial, no cualquiera se convertía en Hokage.
Tenía miedo de ver sus espaldas y entender que él se estaba quedando atrás. Eso no era aceptable, él debía hacerse fuerte a como diera lugar. Se lo debía a su familia, a su clan. No podía dejar impune al responsable de tanta sangre derramada. Su odio resurgía con más fulgor que antes. Pero también los odiaba a ellos. Nada se comparaba con el dolor de ver morir a tu familia, esas imágenes implantadas por Itachi seguían tan frescas en su cabeza como aquél día.
Y verlos a ellos tan sonrientes, tan despreocupados, tan ajenos…
Sin embargo, eran momentos como ese, en los que su cabeza era un remolino de pensamientos y sentimientos que no podía procesar ni distinguir qué estaba bien, qué estaba mal y qué era lo correcto para su camino de vengador. Saber sobre la historia de Sakura, aunque haya sido solo un poco…
Paró de caminar abruptamente y se tomó la cabeza con las manos, le dolía. Cuando sintió que la molestia se esfumaba, se permitió mirar a su alrededor. Su corazón dio un vuelco, bombeando más rápido que antes. Estaba en un camino muy conocido para él, a escasos metros de esa entrada. Y no estaba solo, sus ojos se ensancharon un poco.
Esa persona estaba ahí.
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Por segunda vez en el día Sakura se encontraba frente al escritorio de la máxima autoridad de la aldea. No iba a admitirlo jamás, pero estaba realmente nerviosa.
Iba a seguir los pasos de su hermano mayor.
Saber que iba a hacer el mismo trabajo que su hermano hacía cuando ella apenas era un infante que no quería más que su atención en aquél tiempo, le hacía pensar en muchas cosas. Lo primero que dominaba: ¿qué diría Ryosuke al respecto? ¿Y sus padres? Estaba segura que sus padres estarían orgullosos de ella; su padre le daría su visto bueno aunque su mirada expresaría preocupación, era su pequeña princesa después de todo; su madre sería otro cantar, apostaría sus ojos a que pegaría el grito en el cielo –tal y como había hecho con su hermano– pero luego lo aceptaría y la apoyaría dándole consejos sobre cómo tratar sus heridas de la mejor forma.
Ahora que lo pensaba con detenimiento, ella tenía la misma edad que Ryosuke cuando se convirtió en ANBU.
¿Podría ella siquiera… llenar sus zapatos?
Era consciente de la vara tan alta que había dejado su hermano mayor. La desazón reinó en su cuerpo por unos segundos, más sin embargo se esfumó de su mente al instante siguiente. No dejaría que esos pensamientos la desviaran de su objetivo, ella había decidido aquello después de todo. Sea como sea, daría su mejor esfuerzo. Se lo debía a Ryosuke, su adorado hermano mayor.
–Sakura-chan –la voz del viejo Hokage la devolvió a la realidad–. Toma. Este es tu uniforme.
Sakura parpadeó un par de veces, asintió y tomó el paquete que contenía la ropa y armadura de ANBU.
–Ésta será tu máscara –le dijo al tiempo que se la extendía, era la típica máscara blanca ANBU. Al tomarla, Sakura pudo apreciar las finas líneas azules y verdes que formaban el dibujo por el cual sería reconocida entre los que serían sus colegas: el rostro de un dragón–. Cuando portes esta máscara serás Ryū. Ese era el seudónimo de tu hermano. Su máscara también era igual a esta.
La niña de cabello rosa observó ensimismada el objeto, tocando con sutileza las líneas del dibujo. Su corazón latía a mil por segundo. Muchos sentimientos se habían removido en su interior a raíz de la decisión que había tomado.
– (Hermano mayor…) –se dijo en su mente.
–Ven a verme mañana a primera hora con el uniforme puesto –Sakura miró al anciano con atención –. Se te pondrá el tatuaje y te asignaré a un equipo que ha estado trabajando exclusivamente bajo mis órdenes. Recientemente han perdido a un miembro en una misión… Es una triste pérdida, pero tú tomarás su lugar –hizo una pausa antes de continuar –. Tu cabello será un problema por lo que deberás usar un Jutsu para cambiarlo de color. Eso es todo, Sakura-chan. Puedes retirarte.
–Sí, Hokage-sama –musitó con determinación. Sacó un pergamino de su bolsa de armas, lo extendió en el suelo y puso las cosas que había recibido en medio de éste para luego hacer un Jutsu y sellar todo dentro del pergamino, para un transporte más cómodo. Al terminar, lo guardó e hizo una reverencia antes de hablar–. Debo descubrir si lo que he elegido es la razón de mi existencia, de portar este poder… Voy a dar mi mejor esfuerzo.
El Tercero le asintió sonriendo y la vio salir de su despacho. Su rostro se transformó en uno de leve preocupación mientras se dirigía a la ventana para segundos después ver la silueta de la muchacha caminar por las calles de la villa hasta desaparecer de su campo de visión. Suspiró con cansancio. Esperaba que lo que estaba haciendo fuera lo correcto, para la pequeña Sakura, para la aldea.
Sakura caminaba como una autómata por las calles de Konoha, la noche estaba haciendo acto de presencia con las primeras estrellas en el manto que poco a poco se oscurecía con la ida del astro rey. No dejaba de darle vuelta a sus pensamientos; meditando, reflexionando, cuestionando.
Apretó la bolsa de armas –donde había guardado el pergamino aquél–, sin detenerse por nada; era prácticamente invisible entre la población que circulaba en los caminos abarrotados de puestos comerciales. Unos metros más adelante se desvió hacia la izquierda, en un atajo que separaba el leve ajetreo nocturno con una zona que poco a poco comenzaba a ser silenciosa debido al casi nulo tránsito que allí había. La razón: el abandonado distrito Uchiha.
La pequeña Uchiha caminó hasta la que una vez había sido una imponente entrada, adornada a ambos lados por aquel abanico blanco y rojo, la insignia de un clan legendario. Se paró allí, intentando recrear la imagen de lo que antes había sido el sitio. No pudo. Una pesadez se instaló en su pecho; dolía. Ella nunca conoció la gloria del clan. La imagen lúgubre y sombría era lo único que podía ver ante sus ojos. Lo que antes era un sitio que había albergado a poderosos ninjas, alegre, con vida, ahora no era más que la cuna de historias espeluznantes y de muerte para asustar a los infantes de la época.
Se acercó más. Con un delicadeza extrema posó su mano derecha en la imagen del abanico, la pared estaba resquebrajada y la pintura estaba comenzando a desaparecer. La añoranza y aflicción se apoderaron de su ser.
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Sasuke estaba ahí clavado al suelo, mirando a su compañera de equipo en la entrada a su antiguo hogar. Ella estaba ensimismada en sus pensamientos. Fue consciente del aura de pesadumbre que la envolvió al tocar la pared, casi como una caricia. La mente de Sasuke se puso en blanco, más su corazón latió con fuerza, retumbando en sus oídos.
Sin saber qué hacer o cómo interpretar el accionar de ella, se decantó por acercarse.
–Sakura –la llamó casi como un susurro–. ¿Qué…?
–Alguna vez… te preguntaste… ¿Qué habría pasado si hubieras sido más fuerte? –Sasuke pudo ver por primera vez la gran tristeza que se reflejaba en los ojos de Sakura, que seguía viendo al dibujo–. ¿Si hubieras… sido capaz de evitarlo?
Las muertes de sus padres y hermano mayor inundaban la mente de Sakura al decir esas palabras.
El Uchiha exhaló con asombro ante las palabras de Sakura. El pecho se le oprimió de forma dolorosa al recordar de nuevo aquella noche en la que su familia pereció a manos de su hermano mayor. Se mordió el labio inferior con fuerza y bajó la mirada para no exteriorizar sus sentimientos, su dolor. De todos modos, no pudo evitar apretar su camisa a la altura del pecho –del corazón– con su mano derecha.
Sakura despertó de su propio mundo de sufrimiento al ver movimiento a un costado suyo. Se maldijo de mil maneras al comprender lo que había hecho. Estúpida. Mil veces estúpida. De todas las cosas que podrían haber salido de su boca, tuvo que decirle eso a su compañero de equipo, a él.
Lo vio, tan vulnerable, tan desolado, tan solo. No pudo evitar reprimirse, así que lo hizo. Se armó de valor y lo abrazó.
Lo abrazó con todas sus fuerzas, poniendo todos sus sentimientos.
Ah… ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que había hecho aquello? Años. Sakura fue consciente por primera vez de su propia soledad. Y dolió. Dolió muchísimo. Y no pudo evitarlo tampoco.
Lloró. No fueron más que dos lágrimas, pero lo hizo. Dos gruesas y saladas lágrimas salieron de sus hermosos ojos.
Sasuke sintió el nudo en su garganta acrecentarse, y fue aún peor al oírla hipar cerca de su oído. Sakura… Su Sakura lloraba. ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué lo abrazaba? ¿Por qué podía sentir ese dolor tan abrumador de ella? ¿Por qué sufría? Ella no tenía que sufrir, a fin de cuentas, ella se refería a la muerte su clan ¿no? Ella no tenía nada que ver. No tenía derecho. El que sufría era él. Así que ¿por qué? ¿Por qué dolía tanto ser consciente del dolor de ella?
Tragó con dificultad y le correspondió. La abrazó. La estrechó con fuerza y escondió su rostro en el hueco de su hombro y cuello.
–Descuida, Sasuke… –le escuchó murmurar–. Estamos juntos en esto.
Él se sorprendió por esas palabras, pero más le sorprendió sentirse reconfortado por ellas. No sabía por qué, pero ya no quería cuestionarse nada más. Era mucho para un día, estaba cansado.
Permanecieron unos largos segundos más en esa posición, sin moverse un solo milímetro, solo disfrutando de la calidez del otro, buscando el propio consuelo en ello.
Fue Sakura quien lenta y delicadamente rompió aquel contacto. Se limpió el rostro con el dorso de la mano y observó de nuevo el abanico blanco y rojo en la pared. Sasuke puso toda su atención en ella, internamente anhelando el calor que se había esfumado al separarse.
–Yo… no nací en Konoha, ¿sabes? –comenzó ella, hablando con delicadeza, casi un susurro; no sabía por qué pero quería decirle eso a él, sentía que se lo debía–. Mis padres… murieron por protegerme cuando tenía cinco años. Mi hermano mayor y yo quedamos solos.
– ¿Hermano mayor? –Sasuke no pudo evitar preguntar, con desconcierto.
–Ryosuke… era su nombre –y le dio una pequeña sonrisa de tristeza. Volvió su mirada al frente y tocó el abanico–. Él murió aquella noche…
Sasuke lo entendió, entendió a qué se refería con aquella noche. La noche en la que el clan Uchiha pereció. Entonces pudo relacionar su dolor con el motivo de su presencia allí. Tenía sentido para él. ¿Qué otra cosa podría ser?
–Murió por protegerme –continuó Sakura–. Hokage-sama me encontró y me trajo a Konoha. Conocí a Naruto, a Kakashi-sensei. Y pude conocerte, Sasuke-kun –le sonrió, una sonrisa real.
El corazón de él dio un vuelco, pero esta vez no era de dolor, era cálido, como el abrazo que le había dado.
–Es por eso que quiero ser fuerte. Quiero fortalecerme para que nadie pueda arrebatarme a mis personas preciadas nunca más.
La determinación rebosaba en sus brillantes ojos jades. El fuego que encendía su mirada era casi palpable. La Voluntad de Fuego estaba ahí.
–Sasuke-kun –le llamó con firmeza; ambos se miraron fijamente a los ojos. Sasuke presentía que ese sería un momento importante para ambos, para él–. Quiero que hagamos un pacto. ¡Vamos a hacernos fuertes juntos! ¿Qué dices?
El alma de Sasuke se fue a sus pies de la impresión. Nunca esperó que ella le propusiera algo como eso, porque no eran simples palabras de camaradería, no. Ella realmente le estaba proponiendo que se hicieran fuertes juntos –lo veía en su mirada– y todo lo que ello implicaba. En otras palabras, le estaba ofreciendo poder; lo que él tanto ansiaba. Y lo estaba haciendo ni más ni menos que frente al barrio Uchiha, frente a su insignia. Era todo muy simbólico.
–Sí –aceptó con seriedad después de segundos largos de silencio, ambos se estrecharon fuertemente las manos luego de aquello.
Sakura sonrió, él sonrió, el pacto estaba hecho. Sakura se despidió fugazmente y se fue corriendo a su casa; él se quedó ahí observando su espalda hasta desaparecer.
El muchacho giró su rostro para mirar el abanico Uchiha, lo acarició como anteriormente había hecho su compañera, después su mano se convirtió en puño. Estaba decidido, se iba a hacer fuerte a como diera lugar.
Sakura lo haría para proteger lo que le quedaba; él lo haría para proteger la memoria de lo que había perdido. Dos caminos distintos, pero que caminarían juntos. Al menos por el momento.
Bueno… Quizás él también pelearía por lo que tenía ahora –la imagen del equipo siete vino a su mente–, él tampoco quería perder a nadie más.
Sí. Definitivamente, estaba decidido. Pelearía por ambos: por la vida y por la muerte.
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Gracias por leer!
-04/04/2020-
