Yuuri despertó primero, observando con atención el hermoso rostro de su esposo, delineando las facciones del otro suavemente con sus dedos para luego llegar hasta su cabello y acariciarlo con lentitud para que este comenzara a despertar. Poco a poco, Yuri fue abriendo sus ojos, dejando ver aquel color verde en ellos, dejando hipnotizado a Yuuri por un momento. Literalmente, perdido en su mirada.
La verdad era que la escena no tenía mucho de hermosa, ambos con los cabellos totalmente alborotados, marcas de besos por todo el cuerpo que se tornaban moradas, ojeras por dormir poco, restos de saliva y ojos llorosos al haber despertado recién. Pero a la vista de un enamorado, todo eso se veía perfecto; el cabello se veía en un perfecto alboroto, los ojos llorosos solo acentuaban su mirada haciéndolo ver tierno, las marcas de beso hacían que el otro se sintiera orgulloso de haber marcado lo que era suyo y las ojeras… bueno, aquello pasaba desapercibido por completo. Incluso el aliento mañanero era algo a lo que no le tomaban mucha importancia.
El rubio sonrió mientras volvía a cerrar los ojos, sobando su cabeza contra la mano que acariciaba su pelo, tal y como un gato haría. Casi podías oírlo ronronear. Al parecer le relajaba estar sin nadie más alrededor ya que si bien amaba a su familia, no le hacía mal tener un día completamente a solas con Yuuri, su Yuuri.
Aquel día permanecerían en el hotel, ya entrada la noche volverían a su hogar para hacer las maletas, puesto que su luna de miel sería más un viaje familiar. Irían a Japón junto al abuelo y los señores Katsuki, Yuri quería conocer el lugar y era un buen momento ya que ambos tenían días libres que sus trabajos les otorgaban como fuero por su matrimonio recién adquirido.
Aprovecharon de golosear y no solo con los alimentos, se dedicaron por completo el uno al otro ya que después de todo, su relación comenzó ya con un hijo entre ellos y eso conllevaba a que no tuvieron la típica etapa de noviazgo donde se conocen de a poco y sin interrupciones. A ninguno le importaba realmente la forma en que se habían conocido, pero ahora aprovecharían el tiempo que tuvieran disponible para ellos.
—Con Otabek más cerca, Vitya ya no exige tanta atención nuestra —mencionó Yuuri mientras se alistaban para dejar el lugar y el rubio gruñó por lo bajo. Claro que no quería la atención de ellos, era un adolescente hormonal que solo quería a su novio cerca y no precisamente para conversar sobre la vida.
Yuuri solo soltó una pequeña risita, Yuri era un celoso inconsciente. Siempre había pensado que se enojaba a sabiendas de lo que hacía, pero con el tiempo había notado que solo le salía de manera natural y sin poder contenerse.
Esa noche volvieron a casa encontrándose con Nikolai y Hiroko cocinando, mientras Víctor intentaba aprender sobre aquella fusión que intentaban hacer ambos entre la comida japonesa y la rusa. Piroshkis de katsudon, sonaban tan deliciosos como sabían.
Otabek estaba en la sala manteniendo una conversación con Toshiya, al parecer a ambos les gustaba hablar sobre la historia del mundo, así que se dedicaban a compartir opiniones sobre ello, además de que el nuevo abuelo preguntaba sobre las intenciones que el moreno tenía con su joven nieto. El señor Katsuki se dio cuenta de que Otabek iba en serio con Víctor y eso lo tranquilizó, después de todo el chico de cabello platinado era su nieto y le había tomado un cariño único.
— ¡Ya llegamos! —tuvo que decir Yuri en voz alta ya que nadie se había percatado de la presencia de ambos, cada quien metido en sus propios asuntos.
— ¡¿Y qué quieres?! ¡¿Un premio?! —gritó Víctor asomando su cabeza desde la cocina mientras reía. Corrió hacia sus padres, abrazando primero a Yuuri y notando las marcas en su cuello— eres tan malo —le dijo a su padre rubio mirándolo feo.
— ¿Qué hay de mi? También me dejó varias —se excusó Yuri mientras apuntaba su propio cuello haciendo reír a su esposo por la discusión tan infantil.
Fueron a la habitación a arreglar las maletas, Yuuri arregló las maletas realmente, para luego cenar en familia. Al día siguiente viajarían todos a Japón y el vuelo saldría en la noche, por lo que podían comer y dormir bastante hasta que tuviesen que viajar.
Nikolai se sentía a gusto con los padres de Yuuri, estos le habían contado sobre sus errores al creer que su hijo no era normal y el mayor solo les dijo que por lo menos se habían dado cuenta a tiempo, ya que si no, se habrían perdido de mucho.
La noche transcurrió tranquila, siendo Vitya el primero en caer apoyando la cabeza en el regazo de su novio y dando pie para que todos dieran por terminada la reunión. Yuri llevó a los señores Katsuki a su hotel en el auto, acordando la hora que se encontrarían al día siguiente mientras Otabek llevaba a su novio a la habitación, arropándolo bien y besando su frente para luego despedirse de Yuuri.
—Muchas gracias por la invitación y felicidades —le dijo al japonés con su habitual tono serio.
—Gracias a ti por venir, ten —le dijo a Otabek mientras le pasaba su boleto de avión— como es una sorpresa no quise pasártelo antes —el moreno sonrió, había conseguido unos días tras el aviso de Yuuri de que irían a Japón y que estaba invitado. Todos acordaron que sería una sorpresa para el platinado— recuerda que debes estar puntual, te estaremos esperando.
—Gracias —Otabek se atrevió a abrazar a Yuuri puesto que se sentía parte de la familia, el problema fue que justo en ese instante entró el rubio a casa encontrándose con el par de azabaches abrazados cerca de la puerta.
—Me voy cinco minutos y ya quieres robarte a mi esposo —dijo en tono de broma, no iba a negar que le daba celos, pero Otabek había demostrado ser un buen chico y al ver el pasaje en su mano supo que el abrazo era de agradecimiento.
El moreno se separó del japonés de inmediato— lo siento —se disculpó al instante— muchas gracias por todo, nos vemos mañana — estrechó la mano del rubio y se retiró rápidamente.
Yuuri regañó a su esposo por hacer sentir tan avergonzado a Otabek, mientras este solo lo tomaba por sobre su hombro como si fuera un saco. Yuuri pataleo pidiendo entre risas que lo bajara mientras Nikolai observaba la escena y se iba a su habitación.
—No te bajaré, eres un cerdo promiscuo que se deja tocar por cualquiera —respondió también riendo— tengo que imponer orden.
Así fue como entre risas y juegos se fueron a dormir, quedándose abrazados y haciéndose cosquillas de vez en cuando. Terminaron cayendo dormidos.
Llegaron con apuro al aeropuerto, encontrándose con los señores Katsuki y Otabek. El moreno fue el primero en llegar, así que esperó pacientemente a los demás, Víctor al verlo corrió hacia él casi botándolo al tirarse sobre su novio, la felicidad lo invadía por completo al no esperarse que este iría con ellos a aquel viaje. Todos sonrieron cómplices, el platinado estaba demasiado feliz como para notarlo o atar cabos, solo quería pasarlo bien con Otabek en Japón.
El viaje fue bastante relajado, cada quien enfrascado en su propia conversación. Los Yuris hablando seriamente sobre cuando sería prudente hablar con el abuelo sobre el tema de su estadía con ellos, cuando le pedirían que viviera cerca de ellos ya que sabían que este no quería incomodar viviendo en la misma casa.
Otabek y Víctor iban imaginando el futuro de ambos, el platinado hablando sobre cosas utópicas como si el mundo fuera color de rosa y no dándose cuenta de que no todo era perfecto. El moreno lo dejaba planear el futuro aún sí sabía que tal vez llegaría un momento en que Víctor conociera más personas y la relación de ambos acabaría, ya que al menor todavía le quedaba mucho por vivir. El "para siempre" no era algo que existiera realmente, aunque podían intentar que durara lo máximo posible.
Al llegar a Japón se dirigieron a Karatsu* a las aguas termales, el negocio que tenía la familia y con el cual se habían logrado sustentar por tanto tiempo. Los tres rusos estaban asombrados con el lugar, por su parte, Yuuri hace tiempo que no lo visitaba, pero el lugar seguía tal cual como lo recordaba.
Habían tres habitaciones extras por lo que en una dormiría Nikolai, en otra los Yuris y en la última Otabek con Víctor. Todos esperaron que el rubio dijera algo, pero aquello no sucedió, después de todo no podían hacer más de lo que ya habían hecho quedándose solos una semana mientras ellos estaban en Rusia.
Cinco días duraría su estadía ahí, por lo que aprovecharían de ir a la playa, bañarse en las aguas termales y visitar una pista de patinaje que quedaba cerca del lugar. Habría tiempo para todo, así que por ahora solo se dedicarían a desempacar, cambiar su ropa por las cómodas yukatas del lugar y comer algo ya que tenían mucha hambre.
Hiroko no perdió tiempo y preparó katsudon para todos. Los demás parecían muertos, prácticamente acostados sobre la mesa por el cansancio del viaje, pero ella sabía que aquella comida terminaría animándolos a todos.
Después de comer tan deliciosa comida, reposaron un rato para luego ir todos juntos a las aguas termales. Víctor se metió tal y como venia al mundo mientras el resto se cubría con una toalla. Después de convivir con Chris casi a diario, el pudor no era algo que ocupara su mente cuando estaba con su familia o personas de confianza. Menos ahora que su novio lo conocía por completo.
— ¡Víctor! —lo regañó Yuuri, pero no fue escuchado, el chico simplemente se metió en el agua de esa manera mientras un avergonzado Otabek miraba a otra dirección. Era una tortura saber que su novio estaba así y no podía mirar con detenimiento por respeto a la familia de este.
Yuri solo se relajó, después de todo a eso habían ido a aquel lugar y Nikolai junto a Toshiya rieron por como ocurrían las cosas. Definitivamente se estaban llevando bien y todo estaba saliendo como debía.
࿂Continuará࿂
*Karatsu: estuve viendo páginas de internet sobre en que se basaron para crear Hasetsu ya que aquella ciudad solo existe en "Yuri! on Ice". Bueno, Karatsu es la ciudad inspirada para Hasetsu la cual dispone también de un castillo y una playa.
Fuente: /c/yurioniceofficial/page/blog/informacion-sobre-hasetsu/wnwq_KbuouWwEXj1r6veZ6ElqVvEr2kD3v
