Capítulo 28: Peleas familiares

12 años tras.

Haine, de cinco años, miraba a sus padres sin comprender el por qué lloraban tanto. Como ella cuando la mandan a dormir temprano sin que lean un cuento de misterio. Hoy llegaba su hermanito, ¿No? ¡Hay que celebrar!

Haine, ven aquí corazón. — Dice su padre Ryan al notarla. La pequeña se acerca y se deja cargar por él y que la apriete en sus brazos. — Lo siento princesa de los detectives, pero tu hermano no puede estar con nosotros.

¿Por qué? ¿No le caímos bien?

No Miss Marple, tu hermanito se fue al cielo para ser un ángel.

Eso no tiene sentido.

Papá, son los abuelos los que van al cielo, no los bebés porque son muy jóvenes.

No siempre son solo los abuelos quienes van al cielo, uno es necesitado allá arriba en cualquier edad.

No es justo, ¿Por qué el Señor quisiera a mi hermano? A él no le sirve, a mí sí.

Nosotros no tenemos la capacidad de entender una mente tan compleja como la de nuestro Señor, no podemos tener una respuesta… lo único que sé es que tu hermano Alphonse está en un lugar mejor, no tendrá que ser atacado de la negatividad de la gente… y siempre estará con nosotros, cuidándonos.

Es un bebé, sólo cagan y babean.

Es un ángel bebé, ellos pueden mucho más que un adulto… será tu ángel guardián y cuando estés en problemas, él te va a salvar.


Presente.

Honda Umiko, se podría decir que es de las pocas personas del mundo de la magia que Kyouya puede llamar amiga. De largo pelo color aguamarina hasta la cintura, adornado con trenzas y pequeñas conchas de mar; ojos plateados que uno creería literalmente ver estrellas allí; y una piel idéntica al chocolate caliente. Viste un vestido blanco hasta los tobillos, sin mangas y bastante veraniego a pesar que están en temperaturas altas, y unas sandalias estilo romano de color dorado.

Pero, por muy amiga suya que sea, le sorprende mucho su llegada no detectada y lo peor es que no está de humor para ver a su otra mitad de la especie luego de todo este embrollo.

—¿Qué haces aquí?

—Vine a ayudarte. — Sin perturbarse de su mal humor. — Y a decirte que tu familia te está ocultando información con respecto a tu madre.

—Vaya, que novedad.

—Ahorra tu sarcasmo conmigo, que voy a llevarlos con esa bruja secretaria.

—No hasta que me digas qué esta pasando.

—¿Estás desconfiando de mí?

—No es personal, sino lo que aprendí: somos traicioneros hasta con nuestra propia sangre.

—Nunca te di motivos para dudar de mí, soy tu mejor amiga… tu mejor amiga bruja. — Se autocorrige.

Bien, debe admitir que tiene un punto fiable, aunque le cuesta ahora mismo recordarlo. Por suerte tiene a Kaho, quien corre a los brazos de Umiko muy contenta de verla, tomando también la decisión familiar de confiar en la peliazul. Aunque honestamente no puede controlarse en reprochárselo en la mente, el ser demasiado confiada a estas alturas del partido… pero no puede discriminarla, Umiko es de las pocas personas que no discrimina a la pequeña por su falta de poder. Umiko la alza en sus brazos, sonriendo contenta de su energía.

—Hola brujita, luego te voy a enseñar a crear mariposas mensajeras a cambio que me cuentes algo bueno que se haya pasado.

—Muy bien Umiko dinos lo que pasa.

—No te pongas celoso solo porque Kaho me ha mostrado más aprecio que tú.

—Umiko. — Reprocha mientras su padre sólo se ríe.

—Primero debemos limpiar tu casa, no sabemos si ha puesto Asami-san más encantamiento.

—¿Asami? — No entiende por qué aquel nombre provoca en Saguru una expresión de asombro. — ¿Quién es ella?

—Tu tía… pero no hagas más preguntas y ayuda. — Pasando olímpicamente las miradas incrédulas de los hermanos.

Estuvieron toda la hora como si estuvieran en una obra de teatro, actuando como personas que hablan de cosas que les han pasado desde la última vez que se vieron, todo con el fin de que la tal Asami no descubra que la han pillado, por lo que la familia Hakuba ha descubierto que Umiko andaba en África cuidando a niños desnutridos y disminuyendo las sequias todo lo que podía sin llamar la atención. Lo mismo hizo en Irak y en Venezuela ya que sus padres le habían prohibido matar a Maduro ya que éste hombres les provee a los brujos humanos para sus experimentos. Al final optan que es mejor no apagar los embrujos de la invasora o podría sospechar y escapar, por lo tanto Umiko crea una ilusión que provoca que otro mago o bruja vea a personas jugar tranquilos a las cartas.

—¿Ahora me van a explicar que es eso que la secretaria es mi tía perdida?

—¿De verdad tenemos una tía? — Pregunta la pequeña a su padre, quien sólo puede acariciarle la cabeza en respuesta.

—Saraya es sólo una humana y tu cuñada, Saguru-san, al saber que la contrataste, invadió su casa, la embrujó y ahora cree que es su pariente. Así se queda en su casa sin llamar sospechas, le roba su apariencia y va a trabajar por ella a su oficina y vigilarlo.

—Y luego empieza a planear la manera de entrar a mi casa y llegar a Kaho. — Finaliza el hombre mayor, muy molesto ahora por saber a quién debe golpear. — Jamás creí que Asami volvería después lo de la boda… pero no entiendo que quiere de mi hija, casi toda la familia ha sugerido a Akako que debería… ya sabes.

Matarla.

Por suerte… o desgracia, todos entendieron lo que había omitido.

—Admito que no lo sé… pero si sé dónde encontrarla.

—¿No tiene father los datos en su oficina? — Pregunta Kaho mientras arruga la nariz por algo bastante obvio.

—Me temo que es falsa.

—Llévanos. — Ordena Kyouya buscando su abrigo y el de su hermana. — Iremos en auto y mantendremos el perfil bajo.

—¿Quieres llevar a Kaho y a Saguru-san?

—Alguien tiene que manejar.

—Kyouya…

—Papá debe venir conmigo porque así será como si me diera permiso de andar a estas horas fuera de la casa… además, ya se ha metido en peleas de brujos y salir ganando. — Explica mientras ayuda a su hermanita abrigarse. — Y esta también es pelea de Kaho, se metieron en su mente después de todo.

Los brujos y el humano se dirigen al auto de Saguru y emprenden marcha a su misión.

Umiko da las indicaciones y tardaron treinta minutos en llegar a su destino. Bueno, ella les hizo estacionar varias cuadras lejos, cerca de los restaurantes por si eran observados y así dan el aspecto que salieron en busca de un lugar dónde comer. Y dieron vueltas alrededor con el fin que se vea más creíble, esperando la oportunidad en desaparecer de allí.

El truco para ganarles a brujos poderosos es usar mucha paciencia porque tienden a ser confiados y engreídos.

Salieron de los barrios de comida y acabaron en alguna zona residencial. Tardaron una media hora en llegar a una casa de dos pisos, pintada de color lavanda y un jardín que se nota la dedicación, pero los Hakuba notaron sin problema la planta de Ricino y otras especies dañinas ocultas entre las rosas.

Umiko es quien toca la puerta, no tardan en oír pasos y les abre Saraya. La verdadera Saraya. Sonreía amablemente, preguntándoles que se les ofrecía. De respuesta, la adolescente levanta una mano y con un chasquido, la mujer pierde el conocimiento y desploma. Se hubiera golpeado fuerte en el piso si Kyouya no la hubiera atrapado.

—Delicadeza. — Se queja en un susurro.

—Te puede oír. — Alega llevando un dedo a los labios.

Dejaron a la humana tendida en el sofá. Kaho, murmurando una disculpa, la cubre con una manta que había allí mientras Umiko empieza a hablar con la voz de Saraya.

—Asami-sama, la cena está servida.

Pasaron minutos que les fueron eternos hasta que por fin escuchan pasos. Por el ruido, anda usando tacones, y anda bajando la escalera con mucha elegancia y seguridad de sí misma.

—Espero que esta vez te haya salido bien.

—Pues lo siento. — Dijeron tanto Umiko como Kyouya con sonrisas de victoria.

Asami, sorprendida, trata de atacar, pero ellos ya cuentan con la ventaja a su favor. Umiko la empujó a la pared gracias a una brisa que crea con su mano y Kyouya, con sólo pensarlo, las plantas del jardín cobraron vida, entraron a través de las ventanas, rompiendo los cristales, y amarraron a la bruja por todo su cuerpo, dejando sólo la cabeza.

Los hermanos Hakuba, apenas analizan el aspecto físico de la mujer, abren sus ojos y boca en señal de asombro.

Esa mujer no es la hermana de su madre.

Es su gemela.

El mismo cabello violeta oscuro, aunque lo lleva más corto que su madre en vida, y los mismos ojos de color rubí… esos ojos que no se ven para nada contentos de ver a sus sobrinos ni a su cuñado.

Saguru, en cambio, es el primero en enfrentarla, colocándose frente a ella de brazos cruzados, y muy cabreado, pero sin perder la compostura.

—Debí sospecharlo.

—Vamos cuñado, ¿Me vas a negar que no estuviste cautivado de mí? —Ronronea con coquetería a pesar de la situación.

—Mejor explícame tus intenciones de querer traumar a mi hija con pesadillas.

—Adorable la niña. — Desvía su atención en la susodicha, quien aun asimila el parecido. — Tiene la belleza de nuestra familia, no hay duda. — A pesar que la está elogiando, su rostro habla de otra cosa: desprecio. — Por desgracia, es tan débil e inservible como tu lado de la familia.

Saguru, para sorpresa de sus hijos, le planta a Asami un puñetazo directo en la cara. No es normal en él llegar a la violencia, eso habla mucho a qué nivel de enojo se encuentra. Puede que aquello vaya en contra de su ética de caballero inglés pero ahora mismo no le interesa su ética, sólo importa para él que esa mujer lastimó psicológicamente a Kaho.

Asami hace gestos faciales con la esperanza de disminuir el dolor. Ignora la sangre que le cae en la nariz y se comporta como si no hubiera sido doloroso cuando en realidad fue como si la golpearan con una sartén.

Ya planeara como vengarse de su cuñado.

Le guste o no a su gemela.

—No sé por qué tanto escándalo, ni mi madre le dio importancia en cuando le conté mi plan.

—Mejor deja de provocarnos tía. — Escupe Kyouya la última palabra, quedando al lado de su padre. — Porque tal cómo a ti no te importó lastimar a Kaho, yo no tengo problema en usar mis manos para arrancarte el corazón.

Su padre, su hermana y su amiga se sorprenden, mirando incrédulos a Kyouya. ¿Está hablando en serio? No es posible que haya llegado tan lejos con la magia por sí mismo, sin un adulto que lo guie correctamente (y ya se había negado en varias ocasiones en el pasado a maestros brujos que querían entrenar al prodigio Koizumi) y por pasar más tiempo con mortales. Claro, Kaho es consciente de sus habilidades, pero jamás se espero que llegara a tal extremo.

—¡Niisama! — Lo agarra de la mano, preocupada. — ¡Por favor, no!

—¡Kyouya, eso ya es pasarse, incluso para ti! — Exclama Umiko.

—¿De verdad? — Se burla su tía. — Pues hazlo, sé el brujo que anhelas ser… anda, arráncamelo y mátame.

—Kyouya, no caigas en el juego de Asami. — Saguru le habla en el tono que usa un padre a la hora de reprender. — Sé listo.

—Vamos sobrino, demuestra lo que ocurre cuando se meten con la familia. Sin excepciones.

—¿Acaso tu plan es suicidarte? — Kyouya se encoge de hombros, imitando la actitud de superioridad maligna de su madre. — ¿Quién soy yo para detenerlo?

Con el grito de Kaho y Umiko de fondo, el detective entierra su mano en el pecho de Asami, atravesándola, disfrutando el oírla gemir de dolor, se le nota en la sonrisa, y saca algo rojo que parece ser nada menos que un corazón. Incluso palpita y chorrea algo de sangre.

—Curioso que no este negro o podrido.

—¿Te has vuelto loco? — Exclama Umiko.

—No, sólo está siguiendo el camino de su madre, el correcto. — Dice Asami sonriendo con orgullo hacia el prodigio. — Hazlo.

Saguru agarra a su hijo del codo y lo tira con la fuerza necesaria de tenerlo frente a frente a los ojos. Ambos se miran con seriedad, por motivos diferentes; el menor por venganza, el mayor por advertirle en no hacer una estupidez que se arrepentirá luego (o sea, cuando sea castigado hasta que tenga sesenta años). Luego, para asombro de Umiko y Kaho, el inglés adulto asiente, comprensivo, y lo suelta, dejándolo libre en hacer lo que quiera.

—¿Father?

El adolescente no parece querer escuchar, sólo anda atento al corazón en su mano que le ensucia a causa de la sangre. Escucha a su tía repetirle que le rompa el corazón y la mate… y, al parecer, le hace caso. Presiona con fuerza, escuchándole el quejido de su tía retumbar en el cuarto…

… pero no la mata.

—Si no me equivoco, tener el corazón de alguien, esa persona se convierte en esclavo, ¿No? eso hiciste con la humana de Saraya-san. — Sonríe triunfal al verla ahora preocupada. — Por eso querías que te mate, lo prefieres sobre ser manipulada y por eso me presionabas, jugando con mi rabia. — Ahora es turno de su padre sonreír con orgullo, él se había dado cuento sin dificultad de las intenciones de tía y sobrino. Su hermanita y amiga suspiraron aliviadas. — ¿Por qué molestarme en matarte si puedo disfrutar el verte humillada? Eso es lo que disfrutamos los Koizumi: esclavizar. — Mueve su mano libre y las plantas dejan de aprisionarla. Ya no hay necesidad de mantenerla atada ni vigilada. — Ahora… ¿Cuáles son tus intenciones…Koizumi Asami?

Al principio Asami se resiste pero es inútil, nadie tiene voluntad en cuando le quitan el corazón.

—Mi plan, el por qué hice todo esto, fue para averiguar lo que realmente paso con mi hermana.

—Akako-san está muerta, no tienes que torturar a una niña por eso. — Reprocha Umiko.

—Por favor, ella no tiene nada de importante, es una deshonra para la familia.

—Pues esta deshonra como la llamas tú se ha resistido a tu magia. — Contraataca Saguru con burla, sabiendo que le ha apuñalado a su orgullo.

—Es una basura. — Mira de nuevo a la niña, con odio. A pesar de andar asustada, Kaho se resiste en no desviar la vista. — Sirves mejor a la familia estando muerta, muy distinto de nuestro Kyouya, el prodigio que hemos esperado por muchos siglos.

Otro puñetazo en la cara, y está vez por cortesía del adolescente.

—No-la-insultes. — Deletrea cada palabra con amenaza, sus ojos hablan de la rabia que siente. — No me hagas darle a mi padre tu corazón… se que lo disfrutara más que yo.

—¡Maldito sobrino!

—¿Acaso no querías que fuera un Koizumi? — Su sonrisa burlona es una mezcla perfecta de sus dos progenitores, incluso Asami logra ver una ilusión de su hermana detrás de él, al lado de su marido, y colocando una mano en el hombro del chico, orgullosa. — Pues eso es lo que estoy haciendo.

—Asami, ¿Qué sabes de mi esposa? — Cuestiona Saguru mientras alza sus cejas en desconfianza. — ¿O prefieres averiguar cómo es que la conquiste? — Dice con una sonrisa que no promete un final feliz.

—Responde su pregunta.

—Akako sigue con vida.

Silencio total. Es como si un ser superior hubiera puesta pausa… o el mute.

Definitivamente es lo último que se esperaban oír. Todos los espectadores están con los ojos bien abiertos por la sorpresa. A Kaho le caen lágrimas sin darse cuenta, pensar en la posibilidad que sea cierto le llega al corazón, una esperanza peligrosa… muy al contrario de su hermano, Kyouya se cabrea por la pobre excusa de mierda que da.

—Mi madre… — Kaho se frota los ojos con la manga de su abrigo. — My mother is alive?

—¡Es imposible! — Umiko apoya las manos en las caderas y ve a su amigo. — Lo es, ¿Verdad?

—¡Claro que es imposible! ¡Está mintiendo! — Grita mientras presiona más el corazón, enojado y disfrutando de su dolor. — ¡Está muerta! ¡Yo mismo lo vi! ¡Y lo que muere no puede regresar a la vida! — Cada vez la presión es más intenso y se regodea de como la voz de su tía se desgarra como prueba de la clase de agonía que debe estar pasando siendo "esclava" de un adolescente cabreado. — ¡Debería mat…!

—No miente querido. — Esa voz tranquila, para nada alta o perturbada, consigue callarlo y calmar las olas oscuras. — Tienes su corazón, ¿Recuerdas? No puede mentir.

Todos dirigen su atención visual en la misma dirección, encontrando a Chie sentada al lado de la inconsciente Saraya mientras toma una taza de té.

—Abuela… — Murmura Kaho guiándose por sus traumas y se aferra a su padre.

—¿Qué haces aquí?

—Primero debes calmarte un poco Kyouya o harás algo que de seguro te lamentaras más adelante.


Clarisse da el permiso a su nieta de dar el acto final en su dormitorio, por eso todos se encuentran allí ahora. A los Ryuuzaki les extraña ver a Haine usar un par de pendientes que les cuelga una estrella, si no las llevaba puestas en la mañana; en cambio los Mouri sospechan que es uno de los experimentos del profesor Agasa.

—¿Por qué estamos aquí molestando a la abuela? — Kate se cruza de brazos. — Dijeron que resolviste el caso pero no hay nada que saber, fue el tío Esteban.

—¿No escuchaste lo que dijo esta mañana? — Su hermano la mira muy irritado. — No ha acabado aun el caso.

—¿Cómo? pero si es obvio. — Camilo lleva sus manos a los bolsillos, molesto de andar perdiendo el tiempo. — Mi padre fue un cobarde que prefirió suicidarse que ir a prisión por sus crímenes, ¿No?

—No. — Haine lo mira con seriedad, llamando su atención porque hasta la mañana se veía distinta… débil, quizás depresiva… pero ahora ya no. Tiene el mismo carácter fuerte y determinado que lo ha sacado de casillas durante años. — A tu padre lo mataron. — Ahora su primo se sorprende, imposible de creerlo. — Tú mismo lo has dicho, es un cobarde… por lo tanto no tiene las agallas para hacerlo.

—¿Entonces? — Estela rompe la tensión provocada por ambos. — ¿Quién fue?

Haine no responde, se toma el tiempo de ver a cada uno… consciente que las cosas cambiaran en el momento que abra la boca. Sus manos, en forma de puños, tiemblan y presionan con tanta fuerza que no le sorprendería que las uñas le provoquen alguna herida.

—Respira Haine. — La voz de Shinta en sus oídos calma su ajetreado y asustado corazón. — Puedes hacerlo, estoy aquí contigo.

Pero no físicamente, es lo que le hubiera gustado poder decir, pero al menos tiene su voz y es mejor que nada. Cierra los ojos y respira hondo, con el fin de ponerse en modo detective… y lo demuestra al abrirlos y sólo demostrar seguridad y determinación en sus ojos zafiros.

—Vayamos por parte como dice Jack el Destripador. — Lleva sus manos a las caderas y sonríe. — Empecemos por el homicidio del tío Albert.

Hace una señal al inspector y éste levanta de una mesa nada menos que una katana. No la misma del caso pero si una parecida del mismo grosor en el filo.

—Como ya les dije, mi tío no podía suicidarse por la forma en cómo estaba la katana y sus manos… pero hay más. — Agarra la katana al mismo tiempo que dos oficiales, cargando un saco de boxeo que Richard dejo que usaran para el saco luego que su sobrina se lo pidió. — El asesino agarró la katana de mi tío y se lo clavó en la espalda. — Declara al mismo tiempo que hace lo mismo con el saco ignorando los jadeos o la arena que sale de los agujeros. — Para que pase por un suicidio, primero lo pone de rodillas, agarra las manos de la víctima, se las coloca sobre el mango y pone las propias encima para que se mantengan allí que de seguro ya andaban algo rígidas y así da la ilusión que hizo Sepukku en cuando lo vuelve a travesar pero está vez de frente, asegurándose de darle en el mismo agujero. — Vuelve a incrustar el arma en el saco y esta vez lo deja allí. — Pero, mala suerte, el asesino pasó algo por alto.

Hace girar el saco y le muestra a su audiencia que la parte que pasa como "espalda de la víctima" tiene algo peculiar bajo el filo de la katana: un corte.

—El asesino creyó que si lo atravesaba en el mismo orificio, saldría en el otro… pero no, no sabía que no tendría la misma longitud un ataque frontal que por la espalda. De seguro los forenses encontraron esto y así aceptaron mi palabra de que era un homicidio y no suicidio, ¿No? — Termina su discurso viendo al inspector.

—Exacto, como tú has dicho. — Admite de mala gana, no le gusta admitir la superioridad de inteligencia en una adolescente. — Lo que no entendemos aún es dónde ha terminado la sangre. Es obvio que el asesino debió mancharse las manos, pero no hay rastro de sangre ni de huellas en el arma homicida.

—No sólo los guantes pueden usarse para esconder las huellas. — Murmura Haine, llamando la atención de la gente que ya no se viera tan confiada, sino… negada. No quiere admitir lo que está por decir. — ¿No Bloom?

Todos miran a la susodicha sin creerse aún que la hayan oído bien. ¿Qué tiene que ver la inocentona de Bloom con respecto a los homicidios? En cambio, la chica sólo puede ver a su prima detective con miedo… hasta que alguien se puso frente a ella y así protegerla.

—¡¿De qué mierdas hablas?! — Es normal que Camilo ande enojado, pero jamás con el fin de proteger a otra persona. — ¡¿Estás insinuando que la torpe de Bloom es la asesina?! ¡Es ridículo!

—Camilo, vocabulario. — Reprende Alphonse. — Y deja que Haine termine de hablar, de seguro es un malen-…

—No. — Haine lo calla con una palabra igual de cortante que un cuchillo. Y no solo sus palabras cortan, también su mirada posada en Bloom. — Tú lo hiciste, mataste a tu padre… y al tío Esteban.

—Yo…

—Lo que encontré en la chimenea. — La interrumpe con rudeza sabiendo que diría alguna mentira que sonaría patética, así que mejor protegerla de ello. — No lo quemaste muy bien… el vendaje. — Bloom reacción en llevar sus manos a la espalda, sorprendida. — Por eso no hay huellas… en vez de guantes, estabas protegida por tus vendajes. Acabaste el crimen y las tiraste a la chimenea, luego encendiste un fósforo y dejaste que el fuego lo consumiera. — Enseña su evidencia encontrada. — No te salió bien, encontraron sangre de tu padre.

—Eso no prueba nada. — Reprocha Camilo. — Si no hay ADN de Bloom, pudo ser cualquiera.

—Entonces pregúntate: ¿Por qué los vendajes de Bloom están sueltos? — Pregunta mientras la señala y Bloom se asusta más. Los demás vieron que tenía razón, no estaban agarrando como se debe los dedos y manos dañadas de la chica. — John y Estela te fueron a buscar antes de tiempo a tu cuarto, no alcanzaste a cambiártelos e incendiarlos.

—¿Y eso qué? — Gabriela frunce el ceño en señal de molestia. — ¿Qué tiene que ver eso con el homicidio?

—Que el arma que usó la chica para matar a tu hermano Esteban es nada menos que esos vendajes. — Declara Kogoro. — Por eso no se ven firmes, debieron quedar en ese estado luego de haberlo ahorcado.

—Y si analizan esas vendas, encontraran rastro de Ryuuzaki Esteban. — Finaliza Eri sin ánimo pero manteniendo su pose de abogada superior. — El hombre forcejeo durante el ataque, así que de más hay ADN allí.

—¡No fue ella, fui yo! — Exclama Camilo más enojado aun. — ¡Yo los mate, simplemente no los soportaba! ¡Enciérrenme a mí!

Haine arruga la nariz y alza una ceja, aun no entendía ese comportamiento por parte de su primo desagradable.

—Haine… — La voz de Shinta la pone en alerta. — Ese chico está enamorado.

Su locutora abre los ojos de asombro, también su boca, contemplando a Camilo con otros ojos. Otra perspectiva.

—Está bien Camilo. — Bloom apoya sus manos en el brazo del chico y enfrenta a Haine. — Tienes razón, yo lo hice… mate a ambos.

—¡No digas nada!

—Basta Camilo, te agradezco lo que haces, lo que has hecho por mí todo este tiempo, pero los dos sabemos que no podemos engañar a Haine. Estoy segura que tiene más evidencias en la manga que, honestamente, no quiere decirlas, pero lo hará si no confieso… porque a ella le duele tanto admitir mi crimen como tú.

En efecto, Haine ya no podía soportarlo, desde que la escuchó admitir su crimen, las lágrimas cayeron de sus ojos como una estúpida que aún esperaba hasta el ultimo segundo estar equivocada. Pero no. ahí están las lágrimas y jadea por el nudo en la garganta, temerosa de desmoronarse.

—¿Por qué…? — Se limpia la cara con los dedos, se le oye quebrada. — Esta no eres tú.

—Estaba asustada, no pensaba, sólo… — Se interrumpe, evita ver a sus parientes pero no a su abuela, quien está igual de triste que ella. — Mi padre lo averiguó. Tu secreto… y tu pecado, abuela… y pensó en matarlo y yo… no podía permitirlo.

Ahora es Clarisse quien tiene el protagonismo. Se ve más cansada y mayor al escucharla, sabiendo a lo que se refería. Incluso le cayeron algunas lágrimas mientras se cubre los labios con una mano.

—Prometí protegerlo… y eso hice.

—Oh Bloom… no tenías…

—Igual iba a hacerlo… ya sea por mi promesa… o por el bebé que espero.

Como si las sorpresas ya no fueran suficientes, aquella bomba casi les provoca un infarto. Camilo es el único no afectado, solo mira el suelo, impotente de su inutilidad, acto que no pasa desapercibido por Haine.

—Es curioso, iba a abortarlo… y aún así, mientras mi padre iba a darme una paliza que me mataría, sólo… sólo pude pensar en mi criatura, que tenía que protegerla.

—¿Abortar? — Esmeralda no lo cree.

—¿Creíste que te abandonaríamos si nos enterábamos que estabas embarazada tan joven? — Pregunta Alphonse igual de exceptico.

—No, yo… este bebé… — Bloom cierra los ojos y se le cae unas lágrimas, sus manos acarician el vientre. — es hijo de mi padre.

Ni siquiera la policía, gente profesional, pudieron esconder la sorpresa de aquella revelación incestuosa ilegal.

—¿Y el tío Esteban? — Pregunta John saliendo del shock. — ¿Él también…?

—No, papá no alcanzo a decirle… más bien, no quería contárselo, se estaba volviendo muy paranoico… creo que incluso si pensaba matarlo y asegurarse que el secreto del tío Ryan se mantuviera a salvo. — Se encoge de hombros. — Lo mate porque no podía tolerarlo… de todas las veces que hizo la vista gorda en cuando veía a mi papá golpearme o… "haciéndomelo"… y cuando reveló que mató al tío Ryan… simplemente ya no pude.

Silencio… ya no había nada más que decir.

Mientras los oficiales se llevan a Bloom, Haine se dio cuenta de algo más y mira a Camilo, incrédula.

—El aborto que pagaste no es por una de tus ligues, sino por Bloom. — Su primo sólo puede responder con un movimiento positivo de cabeza, todavía se le ve abatido y enojado de que Haine haya abierto la boca y que Bloom haya tenido una vida de mierda y ahora estará en prisión. — La amas.

—Te dije que no me conoces.

—Sé… imagino que me odias más que antes, pero… si la sentencian a prisión, seguirá teniéndote, como a los demás, así que no tires la toalla. No va a estar sola.

—Debiste guardar silencio.

—No podía.

—¿Por qué?

—No es correcto.

—La justicia está sobrevalorada.

—Me refería a la consciencia de Bloom… algún día se volvería loca por la culpa. — Se cruza de brazos. Aún se le nota rojo los ojos. — ¿Es lo que quieres? — Su silencio da la razón a la chica. — Bueno… igual tendría que haberlo hecho, consciencia o no.

Porque es una detective.

Voltea y se acerca a la abuela.

Resulta que aún queda una pieza escondida en este rompecabezas.

—¿Qué es lo que ocultas al punto que Bloom terminara matando?

Clarisse, con la vista baja, despierta un recuerdo doloroso y culpable. La cruz que lleva en su espalda y seguirá teniendo hasta que la entierren.

—No soy diferente de mi hijo, también pague a mucha gente con el fin de ocultar mi mayor crimen.

Alza la vista y enfrenta… a Ran.

—Tu hijo nunca murió.


En la otra línea telefónica y continente, a Yatto se le cayó tanto la mandíbula como el cambiador de voz y el celular, llamando la atención de los adultos.

—¿Haine está bien? — Pregunta Shinichi alarmado luego de ver al chico perdiendo color.

No puede hablar. No aún. Aun está procesando esto.

Dios, si así se siente él, ¿Cómo lo estará pasando Haine? ¿La tía Ran?

—Alphonse está vivo. — Al fin puede decirlo, pero sigue aturdido. —Está vivo.

—¿No se supone que él no fue el asesinado?

—No… no me refiero al tío de Haine… me refiero a su hermano…

Shinichi queda igual de desconcertado que Yatto. Recuerda la mirada horrorizada que tuvo Ran al enterarse que estaba embarazada de Conan, confesar su pasado traumático y andar tan histérica mientras esperaba al niño y a Tomoyo, miedo de perderlos como a su hijo Alphonse.

Pero nunca hubo necesidad.

Nunca perdió a su hijo.

En un ataque de rabia hacía cualquier persona o ente responsable del sufrimiento de su esposa, agarra el celular del chico, aun en el suelo, y sin prestarle atención a su queja, pone en altavoz el celular. A punto estuvo de gritar y poner en evidencia a Yatto pero algo lo impide.

La voz de Ran.

Rota y furiosa.

—¿Cómo pudiste?

No la escuchó así desde que se enteró sobre su mentira de Edogawa Conan.

—¿Quién te crees que eres para hacer lo que hiciste?

—Si no lo hacía, tu hijo habría tenido el mismo destino que Ryan. — ¿Esa no es la voz de Clarisse?

—¡No me vengas con eso! ¡¿Crees que es la primera vez que me enfrentó a estúpidos psicópatas?! — Hubo una pausa y luego se escucha la voz de Eri pidiéndole que se calme. — ¡Mi hijo está vivo! ¡Mi hijo está vivo y Ryan jamás lo sabrá porque esta muerto! ¡Su padre Clarisse! ¡Su padre murió sin saber que está vivo! ¡Murió sin poder tenerlo en brazos, sin enseñarle su vicio por la historia y la arqueología! ¡Sin…! — Luego, todo lo que pudo oír fue un lloriqueo.

—Shinta, tengo que colgar. — Se oye a Haine igual de triste que Ran, aún creyendo que el chico sigue en línea y corta la llamada.

De seguro para cuidar a su madre.

Nadie habló durante un tiempo desconocido, aturdidos como si estuvieran allí y no separados por un océano.

—Tus reuniones familiares Kudo son cada vez más emocionantes. — Quizás la broma de Hattori es de mal gusto y fuera de contexto pero es lo que paso por su mente con el fin de romper la tensión.

—Cállate Hattori. — Devuelve el teléfono sin nada de cuidado y sale del dormitorio dando un portazo.

Pues vaya historian van a contar al matrimonio Kudo cuando regresen… ideal para que Yusaku escriba un libro de drama.


La casa en donde dejaron a las tres generaciones de Mouri es una que Clarisse compró para Haine como parte de su herencia y pase a su propiedad en cuando tenga veintidós. Luce como la típica casa grande que presumen las familias con dinero en las películas americanas.

Allí se encuentra el hijo de Ran y Ryan.

Ran es la primera en bajar del auto, ignorando el jardín, el interior de la casa y hasta a los criados contratados públicamente para mantener el lugar limpio. Secretamente tienen el deber de cuidar al príncipe de la casa.

—¡Alphonse! — Grita el nombre de sus pesadillas, ansiosa de tener por fin un final distinto. — ¡¿Alphonse?!

Escucha apenas a un mayordomo que el pequeño juega en el jardín. Corre a las puertas de vidrio que dan al exterior y casi las rompe por su brutalidad.

En el patio hay una cancha de básquet que le hace pensar en Ryan, en como todas las mañana salía a practicar dicho deporte en la cancha personal que tenían en su vieja casa. Aquello le provoca una sonrisa y casi llora otra vez al percibir a un preadolescente jugar dando clavadas.

—¡Alphonse! — Lo llama otra vez, corriendo lo más rápido que podía, sólo pensaba en estrecharlo en sus brazos y nunca soltarlo.

Ryuuzaki Alphonse, viva imagen de su padre con el corto cabello rubio y ojos azules, pierde la concentración al escuchar y pierde la anotación. Pero no le importa. Conoce la voz. La ha escuchado tanto en audios y videos que es capaz de reconocerla aún si está rodeado de toda clase de ruidos en una feria. Gira su cabeza en dónde proviene la voz y por fin, por fin, ve a la mujer en vivo, corriendo hacía él tal como se lo imagino.

—¡Alphonse! — Cada vez más cerca y con sus brazos extendidos.

—¡Mamá! — Corre hacía ella y la abraza apenas Ran se puso de rodillas. — ¡Estás aquí! ¡Por fin estas aquí!

Ran lo abraza como si otra vez se lo fueran a quitar si se descuida. Es más, iba a matar al que se atreva a meterse y arrebatárselo.

Lo toma de las mejillas y analiza cada detalle: su pelo, su piel poco bronceada, algunas vendas en su cara, brazos y rodillas… es un niño perfecto. Suyo y de Ryan. Lo besa en la frente.

—Vas a estar con tu madre a partir de ahora, ¿Vale?

—He esperado mucho a que vinieras y me dijeras eso.

Ella lo abraza en respuesta.