La primera noche durmieron varias horas, después de todo el viaje había sido largo y cansado, pero ya después de descansar lo suficiente todos estuvieron listos para comenzar con sus actividades. Aquel día lo utilizaron para ir a la playa, hicieron sándwiches y llevaron algunos bebestibles para tener una tarde cerca del mar.
Víctor pudo recordar aquel día en el parque acuático, se sentía feliz de que aquellos pensamientos estuvieran repletos de su novio aún si en esos días no eran pareja aún— Otabek, vamos al agua —pidió extendiendo su mano hacia el moreno y sonriéndole alegre.
Otabek tomó su mano, pero en vez de seguirlo, tiró de ella para atraer el cuerpo del platinado hacia el suyo— el bloqueador primero o tus padres me mataran —le dijo mientras le mostraba el frasco en su mano izquierda. Víctor infló sus mejillas como un niño pequeño, pero dejó que el moreno le pusiera la crema.
Por supuesto que para nadie pasó desapercibida la suavidad con la que Otabek delineaba el cuerpo del menor. Muy concentrado en su labor no se dio cuenta que los observaban, la verdad era que estaba preocupado de que aquella piel tan pálida no se quemara con el sol y en su mente no había ningún tipo de segundas intenciones a diferencia de la de Víctor.
—Mi turno —le dijo cuando terminó. El platinado si se dio el tiempo de tocar aquel cuerpo tan marcado, delinear cada musculo solo por el gusto de sentirlo bajo sus manos. Otabek podía ver en el rostro de su novio sus pensamientos ocultos, solo pudo suspirar y rogar porque esto terminara luego para poder tenerlo en la habitación y poder tocarlo a voluntad.
Por su parte los Yuris procedían a hacer los mismo, aunque se peleaban por quien sería el primero en aplicar el bloqueador al otro. Tanto fue el ajetreo que a Yuuri terminó poniéndole la crema su madre y al rubio su abuelo.
La tarde en la playa fue divertida, jugando en el agua, botándose unos a otros como si todos fueran chicos de diez años. Yuri se enojaba seguido y se vengaba cada vez que alguien le lanzaba agua o intentaba botarlo, el japonés solo reía de la poca tolerancia de su esposo mientras que los más grandes solo se dedicaban a observar y reír, recordando y hablando sobre anécdotas del pasado sobre sus pequeños (ahora grandes) chicos.
Cuando se cansaron fueron a tirarse sobre las toallas y comer algo de lo que habían traído, peleándose por quien cogía el sándwich más grande y logrando que Toshiya los repartiera sin dejar a nadie elegir. Definitivamente todos eran como niños pequeños.
—Abuelo —habló Yuuri, quien creía que ya era momento de comenzar a tocar el tema— con Yura queremos comprar un departamento —el mayor los miró extrañado puesto que Yuri ya tenía una casa— Yura pondrá la casa a nombre de ambos y creemos que es buena idea tener otra propiedad, por eso queríamos pedirle que se fuera a vivir a aquel departamento el cual estará cerca de nuestra casa.
Yuri no dijo nada, solo observó como Nikolai comenzaba a procesar aquella información, le estaban pidiendo que se fuera a Estados Unidos a vivir con ellos, pero no en su casa— abuelo —esta vez la voz del rubio fue la que se escuchó— sabemos que no quieres incomodar, es por eso que a Yuu se le ocurrió que podríamos comprar un departamento para ti. Uno que esté cerca y donde podamos visitarte seguido.
Víctor estaba expectante a la respuesta, quería que el mayor aceptara puesto que en su corazón siempre sentía que algo le faltaba al tener a Nikolai tan lejos y solo poder hablar con él de vez en cuando. Nikolai por su parte no se había esperado aquello y mucho menos que fuera Yuuri quien estuviera buscando una manera de traerlo a vivir cerca sin incomodarlo, ese chico era realmente amable y se preocupaba por los suyos.
El mayor sonrió tiernamente mientras sus ojos brillaban por la emoción— creo que sería una buena idea, gracias muchachos —les revolvió a ambos Yuris los cabellos para luego abrazarlos fuertemente— de verdad gracias por preocuparse.
La verdad era que Nikolai hubiese sido feliz desde un principio viviendo con Yuri y Víctor, pero no quería interrumpir sus vidas, su nieto tendría pareja y quizás más hijos. Nadie querría a un anciano en su casa, obligándolos a tener cuidado sobre lo que hacían o decían, pero al parecer a Yuuri no le importaría incluso tenerlo en casa , solo que se notaba que el japonés estaba buscando su comodidad y no la propia.
—Abuelo, estarás mas cerca y podre escaparme a tu casa cada vez que él se ponga gruñón —le dijo sonriendo y apoyándose en el hombro del mayor.
La idea de Yuuri había animado al abuelo, por lo que el rubio se sentía realmente agradecido de haber encontrado a alguien como él, alguien que lo apoyara y que amara a Nikolai y Vitya tanto como él los amaba.
El día siguiente fue el momento de ir de turistas al castillo de la grulla danzante, en aquel lugar se albergaba un museo bastante interesante donde aprendieron muchas cosas de Karatsu. Pudieron ver objetos antiguos y una hermosa exposición de artículos de cerámica, además de que desde el observatorio del lugar podían tener una hermosa vista del mar, el rio y los árboles de cerezo que ya había florecido. Todo se veía rosa desde su perspectiva.
Víctor estaba por completo maravillado con la hermosura de las flores de sakura, tanto que no pudo evitar salir al jardín a tomarse algunas-varias fotografías bajo el árbol. Con su familia, solo y por supuesto… con Otabek. Con este último casi acaba la memoria de su teléfono.
Los Yuris también se tomaron fotos en aquel lugar que les parecía tan hermoso— criar una niña japonesa no suena mal —le susurró Yuri al oído a su esposo justo cuando iban a tomar la última fotografía, logrando que Yuuri apareciera en la imagen con el rostro sorprendido.
De verdad él se había planteado el adoptar e incluso lo habían hablado, pero no había pensado que Yuri lo traería a colación tan pronto, no era que le molestara porque de hecho se sentía feliz, solo lo había tomado por sorpresa.
Ese día fue especial también, gracias a la confirmación de que apenas arreglaran todo lo necesario para que el abuelo comenzara a vivir en el mismo país con ellos, los Yuris se pondrían a trabajar en los papeleos necesarios para poder adoptar una pequeña. Sabían que no sería fácil, puesto que ambos eran hombres, pero tampoco era imposible.
El tercer día fueron a la pista de patinaje, si bien tenían varias a la mano donde ellos residían, acá podrían tener el lugar para ellos solos puesto que la familia era amiga de los dueños del lugar y habían reservado el sitio con anticipación. Pudieron patinar con total libertad, aún si no eran expertos en ello.
A Víctor parecía que se le daba natural, ante los ojos de Otabek este se veía hermoso sobre el hielo, como si bailara. Seguramente el platinado mezclaba su técnica en el ballet con su habilidad en el patinaje. Realmente parecía un ángel ahí. El moreno observaba embelesado desde fuera de la pista ya que a él le costaba trabajo mantenerse de pie en el hielo.
Nikolai se había quedado con los señores Katsuki en las aguas termales, aduciendo que estaba muy viejo para aquellas cosas. Así que los menores fueron al lugar.
Yuri también lo hacía bien, aunque debía ayudar a Yuuri a patinar ya que este al parecer había perdido la práctica— no vengo desde que tenía doce —explicó mientras se deslizaba con cuidado por el miedo a caer de manera repentina.
—Sostendré tu mano, no te dejaré caer —le dijo el rubio mientras le extendía la suya para que el japonés lo usara de apoyo. Sabía que Yuuri era bueno en muchas cosas, pero a veces necesitaba que alguien lo incentivara y le demostrara que no estaba solo.
Yuuri alegremente tomó la mano de su esposo, ahora deslizándose con más seguridad al sentirse a salvo con su amado. Su sonrisa era preciosa y hacía que todo valiera la pena para Yuri. Patinaron varios minutos tomados de las manos hasta que el azabache se decidió a ir solo, asombrándolos luego de hacer un pequeño salto sin caer, no era la gran cosa, pero para los demás era bastante.
—Yo también quiero —dijo Víctor imitándolo y lográndolo al instante— ¿Viste eso, Beka? —habló emocionado mientras patinaba a toda velocidad hacia donde estaba su novio y lo besaba para luego obligarlo a entrar a la pista diciéndole que él le enseñaría.
Otabek accedió, deslizándose torpemente, pero logrando mantener el equilibrio. A él de verdad no se le daba fácil, pero a Víctor no le importaba, solo quería que estuvieran juntos aún si tenían que "caminar" por el hielo.
Volvieron a casa felices después de aquel tiempo compartido, directo a meterse a las aguas termales. Después de todo no podrían disfrutar de ellas cuando volvieran a su país, así que debían aprovechar ahora. Solo les quedaban dos días y el último realmente seria para alistarse para el viaje.
El cuarto día lo disfrutaron paseando en familia, comprando artículos de recuerdo para sus amigos. Yuri aprovechó de comprar algo para Jean; podía ser un idiota, pero era su amigo, aún si no lo admitía en voz alta.
Yuuri llevaría algo para algunos de sus compañeros de trabajo y Víctor compraría algo para Chris y Minako, además de algunas cosas para sus suegros que aún no conocía, logrando que Otabek se enterneciera por ello.
Fue un día de compras por completo, bastante relajado mientras conversaban y aprovechaban su último tiempo con los señores Katsuki, ya que todos se devolverían menos ellos. Había sido una semana corta, pero la habían aprovechado al máximo, ya podrían volver en otra ocasión, sobre todo ahora que Nikolai se iría a vivir con ellos podrían utilizar sus vacaciones para ir a Japón en vez de Rusia.
࿂Continuará࿂
