Hace mucho tiempo que esta historia se quedó a medio terminar... Y os voy a contar porqué.
Este proyecto era una historia que yo llevaba en rol con una persona de mi pasado. Era una historia que llevabamos juntas y que nos inventabamos juntas. Pero todo aquello acabó. Las personas pierden contacto, dejan de hablarse, en fin...
Total que con todo lo que pasó, no pude terminar de transcribir todo el rol de forma decente y no sabia si subirlo o no. De hecho, os lo encontraréis incompleto y lo siento. Pero creo que, al margen de mi vida personal, estos dos personajes que tantas alegrias me dieron durante mas de dos años se merecían, por lo menos una especie de cierre a su historia.
Y aquí os traigo lo que pude rescatar antes de que tanto la persona con quien escribia como yo borrasemos nuestras respectivas cuentas de rol.
Quiero dedicar este capitulo y todo el fanfic por completo a las personas que siempre estuvieron leyendonos, atentos a nuestras tramas e historias. Gracias a los users de Alec B. Vulturi, Marie Anne Lavogue, Rosie, a mi amada Iris (no sé qué poner asi que pongo tu nombre jeje), a Vanesa, a Javi y a los muchos que habeis seguido esta historia, pero que ahora no consigo recordar. Y sobre todo quiero darle las gracias a la persona con la que, codo con codo, escribí esta maravillosa historia que ha llenado 28 capitulos. Espero que estés llenando folios y paginas de Word con esas maravillosas historias que se te pasaban por la cabeza cada día.
28
Noche de bodas
Autumn
Pero no todo fueron conversaciones intensas o furtivas en bailes privados. Tras la conversación de Bobby y la rubia, los cuatro terminaron bailando y dejándose llevar en la pista de baile. Las horas iban pasando y Autumn reía, sintiendo que, de alguna forma extraña, había encontrado una familia con aquellos tres hombres, y sobre todo con Dean. Él era todo lo que ella podía ver desde ese día hasta el final de ellos. Era todo cuanto le importaba, a decir verdad. Y esa mirada de boba enamorada no se apartaba de su rostro, acompañando a una sonrisa cuando Dean terminó por animarse a deleitar a los presentes con sus interpretaciones de algunos clásicos del rock hasta que Sam le tiró una servilleta para que se callara.
-Creo que con tu air guitar he tenido suficiente- reía el pequeño de los Winchester terminando por darle un trago a su cerveza hasta apurarla.
Pero no iba a quedar ahí, Dean y Autumn lo obligaron a cantar algún que otro tema en compañía del novio, hasta que el reloj dio la hora y se anunció que eran más de las tres de la mañana.
-Bueno…- dijo Bobby Singer poniéndose en pie y sacudiéndose las manos- Es hora de que este viejo lobo se vaya a la cama…- dijo. Y al final todos terminaron accediendo a volver a sus habitaciones y dar por finalizada la velada. Pero antes de que Autumn pudiera siquiera empezar a caminar, su maravilloso y estupendo marido la alzó en volandas, provocando un suave gritito de advertencia por parte de la rubia, que no se esperaba aquello, y que terminó por reír escondiendo el rostro en el cuello de Dean un instante.
-Estás loco… ¿Vas a cargar conmigo en el ascensor y hasta nuestra habitación? - preguntó ella obteniendo la respuesta que esperaba. En efecto, pensaba cargar con ella hasta la habitación. Así que cuando entraron al ascensor y ya que él tenía ambas manos ocupadas, fue la rubia la que tuvo que presionar el botón de su planta.
- ¿Estás seguro de que puedes conmigo…? - preguntó y decidió callarse, con una sonrisita en los labios al ver la mirada de Dean- Vale… -dijo colocando una mano en la mejilla de su guapo marido antes de besarle mientras las puertas del ascensor se abrían. Y el muy loco empezó a caminar a pesar de que estaba ocupado besándola.
-Mira al frente, mira al frente...- rio ella y enterró de nuevo su rostro en el cuello de él mordisqueando y besando su piel, ascendiendo al lóbulo de su oreja, llenando aquella piel de los besos y cariños de los que le había privado desde la noche anterior a toda aquella locura.
-Te quiero…- susurró en su oído antes de comenzar a dejar besos en su mentón, pero se detuvo al mismo tiempo que los pies de Dean lo hicieron. Giró el rostro y observó que Dean no sabía exactamente a dónde ir. -Ah. Nuestra suite…- rio- Es esa puerta de allí…- dijo, y el cazador se puso en marcha de nuevo- Déjame en el suelo… Puedo hacerlo yo…- pero él se negó, diciendo algo así como que quería entrar como dios manda en la habitación- Estás loco…- dijo ella todavía con ese tono risueño en la voz. Hasta que al fin llegaron a la puerta y Autumn sacó la llave – tarjeta del escote de su vestido y la pasó por el detector de la manilla de la puerta. Y esta se abrió dando paso a la enorme suite nupcial. Y entonces, sí… Una vez que entraron a la habitación, Dean la dejó en el suelo.
- ¿Te gusta? - le preguntó ella, ya que la única habitación que había visto él era la de Sam y Bobby- Quería que… fuera especial…- dijo la rubia tomando el rostro de Dean entre sus manos para luego dejar un cálido y tierno beso en sus labios.
Dean
El mejor momento de la noche se acercaba lentamente a cada paso que el cazador daba, por supuesto, con su esposa en sus brazos. Era una tradición, aunque aparentemente él no fuese de ese tipo de hombres a los que le hacía ilusión llevar a cabo dicha tradición con su esposa. Quizás, y a diferencia de lo esperado, nuestro cazador era más tradicional de lo que a simple vista se podía observar. Por eso mismo, y con una radiante sonrisa, caminaba en dirección al ascensor y cuando las puertas se cerraron, su atención se centró algo más importante, como eran los labios de su rubia y en ese cosquilleo que renacía en su estómago al saber que, no solo comenzaba una noche de pasión desmedida, si no que le daría ese regalo de bodas que cambiaría el futuro de ambos.
- Claro que puedo contigo... Por quién me has tomado... - Se quejó ante las posibles dudas de su recién esposa respecto a su fuerza y aguante al llevar a la joven hasta la suite nupcial. Lugar que desconocía el principiante marido y que observaba confuso el pasillo de un lado a otro esperando instrucciones por su querida mujer.
– Allá vamos... - Respondió con esa nueva sonrisa surcando sus labios y acabando en un gesto al morderse el labio inferior ante las travesuras continuas por Evangeline.
- Tengo envidia de la llave... - Musitó justo en el momento en que la joven echó mano a su escote para sacar la llave de la habitación que sería el lugar de una promesa y el inicio de una vida juntos.
- Wow... - Exclamó el sorprendido marido al ver la habitación que se extendía ante ellos cuando los pies de la joven tocaron el suelo. La verdad es que la habitación no era demasiado excesiva en decoración, poseía cierta sencillez que le daba ese toque de intimidad y comodidad que el cazador agradeció. Constaba de un pequeño pero no por ello agobiante hall, una zona dispuesta para poder ver la televisión con un sofá de color crema y una televisión, que se encontraba a mano derecha. Por supuesto, contaba también con una pequeña barra de bebidas que se disponía en un rincón junto a unos amplios ventanales que les mostraban la ciudad a sus pies. Mientras que, de la sala principal, nacía un pequeño pasillo que llevaba a un dormitorio con una amplia cama, que a desde el punto de vista de Dean era más grande que cualquier habitación de motel en la que él hubiera dormido. La cama estaba decorada con pequeños ramilletes de guirnaldas en las columnas que guardaban las cuatro esquinas de la cama con unas cortinas con dosel que daban ese toque de intimidad y cierto secreto que cualquiera pediría en su noche de bodas. Al otro extremo de la cama, una puerta dirigía a un vestidor amplio para dos personas o, en circunstancias normales, para una familia entera. Otra puerta daba lugar a un baño tan acogedor como amplio, con un jacuzzi como protagonista, que seguramente el cazador querría probar en cuanto lo viera, y una ducha en la que uno podría dormir tumbado.
- Es una pasada... - Fue lo único capaz de decir cuando sus brazos rodearon la cintura de su mujer y la alzaron del suelo suavemente para besar sus carnosos labios. Y cuando los pies de ella volvieron a su lugar de origen, las baldosas de la habitación, sus ojos recayeron en una hielera en la que reposaba una botella de champán y un bol de fresas. Lo que le hizo esbozar una sonrisa picarona y asentir como si el encargado de dejar eso allí le conociese a la perfección.
- Ahora, señora Winchester, es la hora del brindis... - Dijo tomando la mano de la joven y haciendo que se girase sobre sus propios pies, para, justo después, colocar su brazo alrededor de la cintura de la joven y guiar a ambos hasta esa botella en la que Dean juraría que hasta ponía su nombre y que le llamaba a gritos. El momento de la verdad estaba tan cerca como sus dedos al coger una fresa y darle un pequeño mordisco que no finalizó ya que le ofreció a su esposa que mordiese el extremo que sobresalía de su boca y, así, compartir esa sabrosa fruta.
- Está deliciosa... Claro está, que no tanto como mi mujer... - Murmuró con un guiño y dejando un beso en los dulces labios de su mujer, justo antes de tomar la botella de champán para abrir esta y dejar que el tapón saliese disparado golpeando el techo cuando la espuma lo empujó al aire y una carcajada salió de los pulmones del cazador ante el nerviosismo de no saber cómo entregarle ese regalo a la joven. Por lo que, necesitando un poco de ese valor que parecía abandonarle en ese tipo de situaciones, para aparecer cuando se enfrentaba contra cualquier ser, tomó un par de copas y llenó ambas ofreciendo una a su esposa y quedándose una para sí.
- Por nosotros, amor... - Murmuró entrecruzando ambos brazos en un típico brindis y dando un sorbo antes de acabar con todo el contenido de la copa y dejar ésta sobre la barra del bar donde se encontraba las diferentes bebidas y ahora la botella de champán.
- Tengo algo para ti... – Murmuró con cierta seriedad y posando sus orbes en los ajenos en una especie de disculpa por todo el tiempo que había pasado desde que descubrió lo de la cura. - El caso es que lo encontré hace bastante tiempo... Y no he debido esperar tanto... Pero no sabía cómo decírtelo... - Comenzó a decir un cazador algo nervioso sin dar con las palabras que debía y dando demasiados rodeos, tal y como como le solía suceder en ese tipo de casos. - Solo que no quería que cambiase tu opinión sobre mí o sobre nosotros, o que tuvieses una idea equivocada de mis sentimientos... No quiero que te sientas forzada a nada... Aceptaré cualquier decisión que tomes y eso no supondrá ningún cambio respecto a nosotros... Pero es algo que podría cambiar todo... Nuestro futuro... - Continuó diciendo el rubio, mientras se llevaba la diestra al bolsillo de su pantalón para sacar una pequeña caja de madera.
- Lo encontré en casa de Mattheus hace cuatro años... Cuando pasó lo de... Cuando te mordió el hombre lobo... No solo esto, si no más... Pero el que más me importó fue éste cuando supe lo que era... Te debí contar todo cuando supe, gracias a Bobby, que era una cura para el vampirismo... Ahora es decisión tuya si quieres dejar de ser lo que eres y ser humana o no... Sea la decisión que sea se acabó la caza, los monstruos, los moteles... Solo tú y yo, tomes la decisión que tomes... - Terminó diciendo Dean entregando la caja a su mujer y esperando una respuesta por parte de ella.
Autumn
Rio suavemente cuando Dean la rodeó con sus brazos, alzándola en aquel beso en el que ella rodeó el cuello del cazador con sus brazos, acariciando su cabello con suavidad con las yemas de sus dedos. Pensaba que todo aquello le parecería una horterada, pero saber que le gustaba, hacía que la rubia sintiera que era capaz de hacer las cosas bien para él.
Besó su labio inferior cuando él la dejó de nuevo en el suelo y se mordió su propio labio inferior cuando Dean pareció advertir la heladera. Un detalle que no tenía nada que ver con ella, esa era la verdad. Era parte del pack de "recién casados", y dada la cantidad de dinero que la rubia había desembolsado para que todo aquello saliera bien ese día, qué menos que tener champán gratis…
Se dejó llevar por Dean hasta la botella, sin poder evitar sonreír como una chiquilla. Alzó las cejas, traviesa cuando Dean le ofreció aquella fresa, de sus propios labios. Y ella, no lo rechazó. No estaba loca. Le gustaban esos pequeños detalles que tenía. Eran pocos, y por eso eran tan preciosos para la inmortal. Posó sus manos en el pecho de él y mordió el extremo de la fruta por la mitad, acariciando la nariz de Dean en el proceso antes de separarse, saboreando la fruta, y el beso que él le dio después. Estaba de un humor excelente y aquello era buena señal. Una parte de ella temía que todo aquello le sobrepasara y saliera huyendo o… ¿Quién sabe? Pero Dean le había demostrado que realmente quería casarse con ella, que realmente quería aquello, que realmente se lo merecían después de tantos años.
Rio sin poderlo evitar, sorprendida cuando escuchó el fuerte sonido del tapón del champán restallando contra el techo, rio acompañando a las carcajadas del que ahora era su marido. Ahora y para siempre. Porque jamás habría nadie después de él. Nunca.
Aceptó la copa que Dean le ofrecía y respondió- Por nosotros… -antes de entrecruzar su brazo con el de él y dar un corto sorbo a su copa. Pero para su sorpresa cuando terminó aquel brindis, Dean se había bebido de un trago todo el contenido de la copa. Solo hacía eso cuando estaba nervioso. Muy nervioso. Así que, la rubia frunció el ceño, preocupada. Miró atentamente al cazador, dejando también su copa junto a la de él, quería demostrarle que se lo tomaba en serio. Fuera lo que fuera. No sabía de qué estaba hablando ni porqué parecía temer que ella se enfadara o… que cambiara su opinión sobre él. ¿Cómo podría? Ese hombre lo había dado todo por ella. Lo había hecho todo por ella. Absolutamente todo. Jamás podría pensar nada malo de él.
Su mirada se desvió al bolsillo de él viendo como sacaba aquella pequeña caja de madera. Y ante la mención a Mattheus ella le miró algo asustada, porque cualquier cosa que tuviera que ver con ese nombre le ponía la piel de gallina. Pero si había guardado aquello durante cuatro años es que era algo realmente gordo… Y vaya si lo era.
Los ojos azules de la mujer se abrieron impresionados cuando Dean dijo las palabras "cura para el vampirismo". Ella llevó las manos a la pequeña cajita y la abrió solo para advertir el pequeño vial con aquel líquido carmesí en su interior que parecía brillar por si solo.
- ¿Dices… dices que Mattheus lo tenía…? ¿Es… real? ¿Es de verdad? - preguntó alzando su mirada hacia la de Dean- ¿Podré ser humana…? - dijo notando como una lágrima quería asomar de forma traviesa- ¿Podremos tener una familia? - preguntó notando una enorme esperanza crecer en su interior, cómo su corazón latió agitado, o algo así, si tenemos en cuenta que los latidos del corazón de un vampiro son casi inexistentes en comparación con los de un humano. Rio suavemente y se llevó una mano a los labios sin poder evitar que, ante la perspectiva de poder ser madre de sus hijos, de poder envejecer a su lado, un par de lágrimas de felicidad pura rodaran por sus mejillas.
-Dios, Dean… Es el mejor regalo que podrías haberme hecho nunca…- dijo cerrando la caja y rodeando el cuello de él con sus brazos besándole intensa y largamente. - ¿Lo dejarás todo… por mí? - preguntó al separarse de él- Yo no… No quiero que hagas algo que no quieres hacer. Yo no… Cielos, Dean… Acabas de regalarme una segunda vida, ¿lo sabes?
Dean
El cazador no entraba en si mismo del nerviosismo y la sensación de incertidumbre acerca de cómo se lo tomaría la rubia. Era obvio que le estaba dando un modo de escape a una vida entera marcada por la sed de sangre, a una eternidad en la que él no podría ser su compañero y a darle un fin a esa eternidad para un comienzo en una vida humana a su lado.
Jamás, jamás hubiese pensado que su vida fuese tan diferente a la de cualquier cazador. Que estaría en una suite recién casado con una de las criaturas de las que se supone que debía encargarse. Nunca se hubiese planteado algo así en ese bar (hace seis años) cuando le dijo esas primeras palabras a la rubia que solo buscaban una noche de desenfreno. Pero, después de todo ese tiempo y de todo lo que habían vivido, esa sola noche que deseaba pasar entre sus piernas se convirtió poco a poco en el deseo de desear cada una de sus noches.
Más bien, él había esperado arreglar las cosas con Sammy y seguir en la caza hasta que un día algo acabase con él. Ser un guerrero que caía en el campo de batalla buscando hacer del mundo un lugar mejor. Eso, y no dejar su legado en manos de Sammy para retirarse en busca de una vida normal como las de la gente que había protegido.
Pero así sucedió y no se arrepentía. Había sido preso del amor y de esa rubia que conseguía atraparle en el mar de su mirada una vez más y que logró que una sonrisa de alegría, al ver su reacción, apareciese en sus labios.
- Se acabó...
Fue lo único capaz de decir. Tampoco había demasiadas palabras que pudiese decir, más que alargar esa tonta sonrisa que ella le provocaba al ver la felicidad y la oportunidad que le daba a ella, a ambos.
- Esta oportunidad es nuestra... Nada de dejar para otro día nuestros planes por algún monstruo... Por la caza. Nos merecemos un descanso. Nuestra jubilación...
Y esas últimas palabras fueron una pequeña broma antes de volver a tornar su rostro serio, y, a la par, llevar su mano por detrás de su cabeza para coger la caja de las manos femeninas y dejarla sobre la mesa.
- Evangeline, por ahora, por esta noche, dejemos de hablar de la caza y de las posibilidades que tendremos a partir de ahora... Quiero que pienses bien todo antes de tomar la cura... Y te recuerdo que me debes una noche inolvidable...
Murmuró con una sonrisa tontorrona como traviesa que dejaba claro cuál era su plan principal y que esa noche no sería la que ella volviese a ser humana y se enfrentasen a ese futuro de demasiadas probabilidades. Por esa noche y en esa suite, Dean Winchester quería volver a ser ese cazador cazado por su vampiresa. Quería volver a perderse en ella una vez más, en cada suspiro que ella le robaba, en cada gemido y jadeo que se provocaban, en cada latido que él le daba.
Por lo que, con esa misma intención, sus manos tomaron el rostro de ella con delicadeza y dejando que sus pulgares se hiciesen cargo de hacer desaparecer esas dos lágrimas. Su mirada atrapada en la ajena, su labio preso de sus propios dientes antes de ser perfilados por los contrarios y él embelesado por la belleza, no solo física, de esa mujer que era su dueña. La sensación de que aquella era la primera vez que la veía, como si estuviese frente a una diosa e incapaz de poder procesar toda la belleza y luz que ella desprendía. Demasiado entregado a la mujer, desbordado por esos sentimientos a los que creía que nunca se acostumbraría y que le golpeaban cada vez que sus orbes se posaban en los ajenos.
Parecía pasar una eternidad mientras que el hombre permanecía embobado mirando a la mujer que creía que no se merecía, embelesado por su belleza y tomándose todo el tiempo del mundo para observar sus rasgos antes de inclinarse y apoyar su frente en la ajena. Soltó un leve suspiro de alivio al ser consciente de que todo aquello no era un simple sueño, aceptar que se mereciese algo realmente bueno y atreverse a ladear su rostro cuando sus orbes se cerraron y sus labios tomaron los ajenos. Pero no con pasión, sino con devoción. Con una calma y tranquilidad impropia en él al saborear los labios de ella, mientras su brazo diestro se deslizaba por el detallado vestido de la joven hasta rodear la cintura de ella y pegar ambos cuerpos cuando su boca suplicaba más por la ajena al profundizar su beso en busca de su compañera de danza, que era su lengua.
Autumn
"Se acabó".
Eso fue lo que dijo Dean. Eso fue lo que sus labios pronunciaron. Se acabó una vida de caza, se acabó temer por la vida del uno y del otro. Se acabó coser heridas de bala y lavar camisas llenas de sangre. No quería que Dean cambiase por ella, le quería por quien era, incluso con sangre, balas y criaturas sobrenaturales, pero si realmente él quería hacer eso por ella, Autumn no iba a negarse. Respetaba su opinión. Pero por el momento no quería pensar en eso, no quería pensar en el futuro. Quería y necesitaba pensar en el presente y en la sensación del hombre al que amaba sosteniendo su rostro con suavidad. Fijó sus ojos azules en su expresión seria, mirándole con la misma intensidad que tenía aquel momento entre los dos.
En esos días su vida había dado un giro de ciento ochenta grados y no se arrepentía. De nada en absoluto. De ser la mujer de Dean Winchester, de tener la posibilidad de ser humana, de poder darle un hijo, de poder darle la familia que siempre había querido. De poder tener ella misma la familia que siempre había querido. Dejó que le quitase la pequeña cajita de madera y le dedicó una sonrisa dulce ladeando su cabeza con suavidad sin poder creerse el sueño que estaba viviendo.
-De acuerdo… Lo pensaré bien…- sonrió antes de que las manos de él robasen esas lágrimas que aun rodaban por las mejillas de ella. La mujer, por su parte, acariciaba el cuello y la nuca de él con las yemas de sus dedos, con mimo. Sin creerse aquel momento, sin creer que fuera real, sin creer merecer a alguien como él. Los dos, perdidos en el rostro del otro, como dos idiotas enamorados. Parecía mentira sentirse así después de tantos años. Parecía mentira quererle más cada día… Pero esa era la verdad.
Cerró los ojos cuando él reposó su frente contra la de ella, respirando profundamente y estrechándose algo más contra él en el mismo momento en que los labios de ambos se encontraron. Un beso en el que se demostraban cada uno de los sentimientos que se profesaban el uno por el otro. Uno lento, tranquilo… Ella dejó escapar un suave suspiro sobre los labios de él cuando sintió el brazo masculino rodeando su talle con firmeza, como si no quisiera que se separase de él. Nunca lo haría. Ni en mil años. Las manos de la rubia se deslizaron hasta el pecho de él para comenzar a desabotonar la pajarita y los botones de la camisa de él, con tranquilidad, sin prisas. Quería disfrutar de cada tonto detalle, de cada segundo de esa noche, de cada gesto, de cada movimiento…
-Te quiero, Dean. Te quiero más de lo que nadie ha querido nunca a nadie antes. Te quiero con cada suspiro y cada latido de mi corazón…- susurró y volvió a besarle una vez más antes de tomar una de las manos de él, girándose hacia la puerta del dormitorio y caminando de espaldas hacia esta, sin dejar de mirar a Dean. Caminaba con pasos lentos, disfrutando de cada respiración de él, de la forma en que la miraba, del modo en que sus dedos apretaban su mano y de la sinceridad, determinación y confianza que leía en los iris de su marido.
-Quiero pasar toda mi vida contigo. Toda -sonrió ella al llegar cerca de los pies de la cama. Le quitó la desanudada pajarita dejándolo caer al suelo y volvió a besarlo mientras le quitaba la chaqueta disfrutando del sonido cuando esta cayó al suelo y deleitándose con la fuerza que se adivinaba en los brazos de Dean cuando ascendió de nuevo sus manos por los brazos masculinos hasta llegar a sus hombros para seguir con su tarea de desnudarlo. Esta vez, desabotonando la camisa con somera tranquilidad a la vez que besaba su cuello y mordisqueaba después su oreja. Las manos de Dean se aferraban a la cintura de ella, jugando a tratar de desabotonar los botones de la espalda del vestido, pero no podría hacerlo desde ahí, era demasiado intrincado como para poder hacerlo a ciegas.
Dean
Las palabras de la joven resonaron en los oídos del cazador arrancando una sonrisa que solo fue derribada cuando la boca de su esposa fue en busca de sus labios, una vez más.
Una nueva etapa de su vida se iniciaba y los primeros aleteos como pareja se daban en esos besos, en los dedos de la rubia enredados en la pajarita y en la mano, más tarde, de su mujer guiando a ambos hasta los pies de la cama. La testigo de los primeros pasos que darían en su matrimonio; en el primer encuentro de muchos otros a ojos de un supuesto Dios desaparecido que daba por consentido un matrimonio tan antinatural como lo podía ser la relación entre dos enemigos; cazador y vampiro.
Leyes naturales, normas sobrenaturales, la vida y la muerte, ese velo que era la línea en la que ambos caminaban uniendo dos mundos que habían luchado por separar.
Aspectos que dejaban de importar cuando lo único que le interesaba a ese cazador era esa habitación y su esposa. La mujer encargada de tirar la pajarita y su chaqueta al suelo, y a la que tendría que desnudar, si era capaz de hacerse cargo de ese maldito vestido.
- Cariño... ¿No te han dado instrucciones para quitarlo?
Preguntó, con esa sonrisa tontorrona y alzando sus cejas en un modo infantil que dudaba que no consiguiese sacarle una sonrisa a su esposa al saber que Dean no tenía ni la menor idea de cómo quitarle ese intrincado vestido que parecía estar hecho para todo lo contrario que para acabar la noches de boda en la cama.
Tampoco es que viniese mal un poco de humor mientras el cazador hacía girar a Evangeline entre sus brazos. Ahora que tenía delante ese hilo de botones que descendían por la columna vertebral de su mujer, la cual estaba seguro de que no borraba su perlada sonrisa ante la situación y ver a su marido capaz de salvar el mundo si hacía falta, pero incapaz de ganar la batalla a un simple vestido de novia. Igualmente, no iba a impedir que esos endiablados botones venciesen a su empeño de hacer de esa velada algo mágico y especial. Y unos minutos más tardes, los cuales se le hicieron eternos, consiguió ganarle la batalla a esa especie de corpiño que era solo, y para desgracia del cazador, la primera parte de toda una guerra que librar para disfrutar del cuerpo de su esposa.
- Primera fase completada...
Susurró en el oído a Autumn tras deshacerse del cierre que unía la parte baja con el corpiño. Momento, en el que por muchas ganas que tuviese de dejar a su pareja en ropa interior, decidió dejar que sus labios recorriesen el hombro desprotegido a la par que sus manos se colaban entre la parte superior y la piel en una lenta caricia. Gesto que provocó que el propio corpiño cayese a pies de su mujer cuando sus manos paseaban por su vientre y su boca ascendía por la línea de su mandíbula en busca de los labios de la rubia. Labios que proclamó como suyos al girar lentamente a su esposa entre sus brazos, quedando cara a cara una vez más.
Autumn
Ni siquiera intentó evitar la sonrisa que se dibujó en sus labios cuando escuchó a Dean quejarse en su peculiar forma del modo en que estaba diseñado su vestido de bodas. Ella misma sabía que aquel vestido era una trampa mortal. Había visto como una de las chicas del servicio del hotel se las veía y deseaba para abotonar todos y cada uno de los pequeños y endiablados botones que conformaban la espalda del corpiño del vestido de la rubia. Desde que se lo había puesto, había sabido que Dean vería aquello como un obstáculo. Aun así, le hizo gracia el modo de decirlo y la forma en que se curvaron sus labios cuando sus dedos toqueteaban a ciegas la larga hilera de botones. Así que al final rio divertida sacudiendo la abeza antes de dejar un beso en su labio inferior. Tras lo cual se dejó hacer por él, y giró suavemente entre sus brazos para dejar su espalda a la vista del cazador.
Curvó sus labios en una graciosa mueca mientras sus ojos miraban al techo de la habitación respirando suavemente, tratando de parecer paciente y de no reírse, por todos los medios. Aquella situación era, cuanto menos, ciertamente cómica. A pesar del erotismo adherido a cada uno de los segundos que pasaban en los que Dean lograba desabotonar un botón más. Poco a poco, notaba como su espalda era cada vez más libre, hasta que al final, notó que se había librado completamente de la prenda, o casi. Sus labios se entreabrieron dejando ir un suspiro mientras los labios de Dean recorrían la piel de su hombro con suavidad, con desquiciante y pasmosa tranquilidad. Provocando en la rubia un estremecimiento a cada roce de los labios contrarios.
A la par que una de las manos de Dean avanzaba por el abdomen de ella y la prenda caía al suelo, ella alzó un brazo echándolo hacia atrás para acariciar la nuca de él con las yemas de los dedos. Su rostro giró como si formasen parte del mismo perfecto mecanismo, buscándose el uno al otro, hasta que ella volvió a girar entre los brazos de su marido para llegar a besarle de nuevo. Sostuvo su mejilla con una mano, mientras la otra se aferraba suavemente a su camisa, en el pecho.
-Se te da bien enfrentarte a vestidos de novia…- rio sobre sus labios mientras ahora sus propias dos manos se enfrentaban y se dedicaban a desabotonar el resto de los botones de la camisa del cazador, hasta que toda ella estuvo desabotonada. Y de la misma forma que hizo con la chaqueta minutos antes, dejó caer la camisa al suelo, deslizando sus manos por los hombros y brazos de Dean al mismo tiempo en una caricia tranquila, desquiciante, hasta que la prenda estuvo en el suelo. Y por un par de segundos se deleitó acariciando el torso de Dean en sentido ascendente desde su vientre hasta sus hombros.
-Eres perfecto…- le dijo mirándolo directamente a sus orbes de color verde. Tras eso, puso sus manos en sus hombros y le hizo sentarse en la cama antes de colocarse de pie entre sus piernas. Llevó sus propias manos a su espalda, para bajar la pequeña cremallera que mantenía sujeta la falda en su cuerpo. Y una vez bajada, esta fue cayendo poco a poco al suelo para revelar la ropa interior de ella al completo. Ropa interior conformada por un sujetador de encaje sin tirantes, una especie de corpiño de gasa con varillas en la cintura, braguitas, los ligeros y unas medias que llegaban hasta medios muslos. Todo ello en color blanco inmaculado. Un conjunto de lencería que ella misma había escogido para hacer las delicias como regalo de noche de bodas. Sabía cuánto le gustaban a Dean ese tipo de cosas, y la verdad es que valió la pena ver la expresión de su rostro cuando se desprendió por completo del vestido. Era esa la cara que había querido ver.
- ¿Qué le parece, señor Winchester? - preguntó ladeando la cabeza una vez que sacó un pie enfundado en aquellos tacones, y luego el otro. Llevó sus manos al recogido en su cabello y se quitó las horquillas que mantenían sujeto su cabello para sacudir la cabeza con lentitud dejando caer su cascada de suaves rizos dorados.
Dean
Primera parte completada. O de ese modo lo veía Dean, quién consideraba que eso era una especie de pruebas a superar hasta poder llegar a la meta final; el cuerpo semidesnudo de su mujer y el pasaje a la paraíso enfundado a saber en qué conjunto de lencería habría elegido. Conocía de primera mano el buen gusto de su pareja por la ropa interior y su dulce tortura cada vez que debía deshacerse de ella para acabar... Entre las sábanas.
- Se hace lo que se puede... -
Respondió a la rubia, esa que ya permanecía entre sus brazos con solo la parte inferior. Esa rubia de la que no podía apartar su mirada, en la que se deleitaba observando cada perfecto rasgo de su rostro hasta acabar en la fina línea de su mandíbula y el inicio de su cuello. En la perfecta unión de su clavícula y el descenso hasta el valle de sus senos cubierto por un sostén tan delicado y sensual que hacía las fantasías de ese hombre realidad al disparar su imaginación al imaginar cómo sería el resto del conjunto envuelto en la falda que permanecía en el cuerpo de la mujer. Algo a lo que tendría que esperar, pues ahora le tocaba el turno de la vampiresa. Quien parecía estar dispuesta a tomar las riendas al desabotonar cada uno de los botones de su camisa, y para desgracia del cazador, tomarse su tiempo en deleitarse en cada segundo que iba pasando y su torso quedaba al descubierto para el deleite de su mujer. En como sus manos, tras dejar caer la prenda (al deslizarse por los brazos del cazador) al suelo, ascendían por su torso y él solo era capaz de seguir el recorrido de sus manos y acabar mirando, al tiempo que ella, los orbes contrarios cuando la voz de su mujer llenó la estancia y su corazón golpeó su pecho con fuerza al escuchar "eres perfecto..." y dejar al hombre mudo. Pues, aún después de su ego desmedido o esa fachada que mostraba, para él no había nada perfecto a excepción de ella. Y, sin embargo, aunque iba a responder, se vio de pronto y sin esperarlo, sentado en la cama al segundo después y con ella entre sus piernas. Acción que no se esperaba por parte de la mujer y que le dejó tan perplejo que tampoco podía pensar con claridad y fue una sorpresa al ver como el vestido descendía por sus piernas dejando al descubierto un conjunto que le dejó sin habla. Solo fue capaz de morderse el labio inferior ante la visión que tenía de ella. En como su cuerpo estaba en una perfecta armonía entre el erotismo del conjunto de encaje y la pureza del color blanco que realzaba su tez.
- Muy... muy... sexy... -
Fue lo único capaz de decir con coherencia ante la pregunta de la mujer. Quizás fuesen otras palabras las que ella necesitase... Pero, y para ser sinceros, todo su riego sanguíneo se encontraba en camino a un lugar completamente opuesto a su cabeza. Lo que implicaba que fuese incapaz de pensar con coherencia o algo más elaborado que dos palabras tartamudeadas y que dejasen al cazador en una situación que no fue capaz de afrontar de otro modo que sus manos en las caderas de ella. Justo a un palmo del final, o inicio, de las medias de ella. Ascender hasta su cintura, pasando por parte de sus nalgas, a la par que se ponía en pie y como modo de compensar sus primeras palabras, dejar que una de sus manos acunase el rostro de ella. En esa posición se quedó unos segundos más, en los que aprovechó para que su pulgar definitiese la línea de sus pómulos y después sus labios. Sus orbes verdes se posaron en los ajenos y su mano diestra, la que estaba aferrada a su cintura, tomó la mano de ella.
- No tengo palabras, señora Winchester...-
Dijo a sabiendas que ella había tomado su apellido y lo que ello implicaba, y a modo de mostrarle lo que había logrado solo con su vestimenta perfecta para la ocasión, llevar su mano al bulto de su pantalón.
Autumn
¿Quién iba a decirlo? Dean Winchester sin palabras al contemplar a una mujer en ropa interior. Si no le conociera también y solo supiera de él acerca de la fama que le precedía hubiera pensado que estaba enfermo o que algo le ocurría. Pero conocía bien a su marido y sabía lo intenso que estaba siendo aquel día para él. Sabía que la vida de los dos sería diferente a partir de ese momento, al menos esa era su intención. Retirarse. Tener una vida normal, dos hijos y una casa con barbacoa. Dean había encontrado el modo de conseguir eso para los dos. Por eso, aquella forma de quedarse prácticamente sin palabras enterneció a la mujer que esbozó una sonrisa dulce en sus labios mientras deslizaba las yemas de sus dedos por el pequeño corpiño de gasa que daba al conjunto aquel toque de inocencia. No hubiera esperado otras palabras, ni siquiera una broma, consideraba que esas palabras, aunque no serían las más adecuadas, eran perfectas. Y es que las cosas entre ellos dos nunca habían sido convencionales. Pero dentro de la locura que eran sus vidas, lo que tenían era distinto y perfecto. Si Autumn creía en el destino, en aquella tontería sobre el hilo rojo, también creía que había una persona para cada uno. Y algo en su interior, durante siglos, le había dicho que su lugar no estaba con Mattheus, que había mucho más para ella que aquella casa en Virginia. Y con Dean sentía que lo había encontrado. Desde que se montó en ese Impala a su lado por primera vez.
Notó el tacto cálido de las manos de Dean en sus caderas, sintiendo que se derretía en cada roce de sus manos cuando ascendieron el camino hasta su cintura a la vez que él se ponía en pie. Ella mantuvo sus ojos azules fijos en el rostro de él casi conteniendo el aliento. Hasta que él estuvo a su altura y sostuvo el rostro de ella entre sus manos acariciando sus pómulos sus labios de una forma que hizo que ella tragase saliva de forma lenta notando un ligero vértigo en el estómago. En otro momento ya haría cuarto de hora que estarían metidos entre las sábanas, porque ellos no eran de largas esperas… Pero ese no era "cualquier" momento. Eran las primeras horas del comienzo de su nueva vida. Y los dos querían tomárselo con toda tranquilidad.
Entrelazó sus dedos con los de él, como movida por un perfecto engranaje, los dos encajando tan perfectamente como si estuviesen hechos de moldes gemelos. Perfectos el uno para el otro.
Al oírle llamarla "señora Winchester" ella se mordió el labio inferior porque la verdad es que comenzaba a gustarle ser esa mujer.
Y entonces dejó que él condujese su mano hasta que quedó posada en la entrepierna de él, pudiendo notar claramente las sensaciones que ella estaba provocando en el cuerpo masculino y lo mucho que Dean se estaba conteniendo para retrasar el momento. Aquello debía estarle costando horrores.
-Pobrecito…- dijo ella con voz mimosa antes de dejar cortos besos en los labios de su marido. Su mano se movió acariciando y presionando suavemente la entrepierna de él aun por encima de los pantalones, de forma lenta, cariñosa. Sin lascivia, sin posesividad. Solo acariciando una parte más del cuerpo de aquel hombre perfecto. Así que mientras le besaba entretuvo sus manos en desabrochar el cinturón del pantalón y también la propia prenda, que cayó al suelo por su propio peso, dejando al cazador y a la rubia en igualdad de condiciones. Los dos en ropa interior. Los dos semidesnudos.
No tenía palabras que decir. No había palabras que decir. Pero por otro lado quería pasarse el resto de su vida hablándole de lo mucho que significaba para ella. Decirle lo que albergaba su corazón, que cada apenas inexistente latido de su corazón de vampiro era solo para él, que no imaginaba la vida sin él… Era una sensación frustrante. Pero no iba a decir nada. Ahora solo quería actuar.
Se quitó los zapatos y cogió la mano de Dean antes de caminar hacia uno de los lados de la cama e irse recostando sobre esta con total tranquilidad. Como aun tiraba de la mano del cazador él no tuvo más opción que seguir a Autumn en su camino hacia la cama, incluso colocándose sobre ella.
La mano diestra de ella ascendió por uno de los costados de él, acariciando su torso después, su cuello, hasta colocarse en su mejilla y rodear su nuca al final, tirando de esta para atraer su rostro hacia sí y poder besarle en condiciones, con menos tranquilidad que antes, pues la verdad era que sentirse piel con piel contra él era una experiencia electrizante, siempre lo había sido. Movió sus caderas rozándose a propósito contra él. Dejando que su entrepierna rozase la contraria en una especie de juego preliminar. Como una muda declaración de intenciones Mientras se deleitaba en un beso tras otro descendió sus manos por la espalda de él desde los hombros hasta su espalda baja acariciando su trasero debajo de la ropa interior, apretándolas ligeramente con las manos, como si así pudiese estrecharlo aún más contra sí.
Dean
Una sonrisa algo tontorrona como encantada fue cortada al sentir su mano sobre su entrepierna. Ante esa leve caricia que distaba mucho de ser lujuriosa, no más que cariñosa, y que de todos modos, consiguió que todo su cuerpo se estremeciese bajo un simple contacto. Una simple caricia que podía desarmarle y dejarle sin habla hasta que ella fuese la que diese el primer paso al tomar su mano y guiarle hasta la cama. Lugar en el que, como no era de esperar de otro modo, ella le arrastró al tumbarse y él se dejó llevar gustoso con solo la idea de dejar que lo sucediese esa noche fuese el principio de una nueva vida para ambos. Su cuerpo se acomodo sobre el femenino, dejando que sus caderas quedasen presas entre las piernas de ella y que sus brazos reposasen a cada lado de la cabeza de ella apoyando todo su peso sobre estos. Justo en el momento en el que su boca era reclamada por la ajena en un beso en el que el cazador se entregó por completo. Un beso que sería uno de muchos entregados esa noche, tan inocente como lleno de todos esos sentimientos que esa mujer había sido capaz de hacer nacer y mostrarle. Pero bajo esa inocencia, y como punto de desacuerdo, las caderas de la mujer comenzaron a tentarle con esos movimientos que le provocaron soltar un leve gemido ronco a modo de queja por no ser él quien había iniciado ese juego. Como si de un modo infantil y juguetón que solo ellos dos comprendían a la perfección, él estuviese siendo ganado en esa guerra que se desarrollaría en la cama como su campo de batalla. Tras esa pequeña queja, no se quedó atrás y aprovecharía cada segundo de esa noche en poder disfrutar de lo que era el tener a tu media mitad, y con esas, una de sus manos fue a parar a su rostro dejando una leve caricia en su mejilla. Descendió hasta cuello y de ahí pasó a su pecho, el cual solo rodeó sin llegar a tocarlo más que lo necesario para hacer que sus dedos se colasen por la copa de sus sostén y dejar algo liberados sus pechos antes de que su boca pasase de sus labios para encargarse ellos.
Autumn
Sonrió suavemente al escuchar aquel ronco gemido vibrar en la garganta de Dean, conocía claramente cada uno de sus gemidos, de sus gestos y de sus intenciones… Y sabía que le molestaba no haber llevado la voz cantante cuando ella movió sus caderas rozándose de forma muy poco inocente contra él. Perfiló su labio inferior con la punta de la lengua antes de besarlo, succionándolo con lentitud, con parsimonia separándose para admirar su rostro como si no fuese a verlo, o como si fuera la primera vez que le veía. Seguía siendo igual de guapo, igual de perfecto. Incluso más que antes, si se le permitía la apreciación. Ladeó el rostro hacia su caricia cerrando sus ojos dejando que aquella sensación la embargase por completo, transportando todo aquel calor que solo la caricia de él podía transmitirle a cada uno de los resquicios de su cuerpo. Y conforme esa caricia descendió de su cuello hasta su pecho, ella inspiró de forma profunda mientras Dean terminaba por comenzar a besar ambos senos, logrando que ella acomodase su cabeza contra la almohada respirando de forma entrecortada. Jamás se cansaría de las atenciones de aquel hombre. No podía entender cómo mucha gente decía que las mujeres perdían el interés en el sexo después de la boda. Era ridículo cuando tenías a un hombre como él dispuesto a quererte, adorarte y amarte todos los días de su vida. Los dedos de ella acariciaban su espalda, su cabello, su nuca, impaciente por lo que esa noche les depararía. Sabía que Dean se tomaría aquello con tranquilidad, también como una especie de venganza por no haber querido entretenerse en la cama con él la noche anterior. Era como un crío a veces, pero le encantaba.
Dean
Cuando su boca se entretuvo el tiempo suficiente como para ansiar recorrer el resto de su cuerpo, sus manos viajaron al cierre entre sus senos desabrochando y apartando el sujetador de la joven. Y cuando sus pechos estuvieron por completo al descubierto, sus manos se cerraron en torno a sus caderas aprisionando estas solo por el placer de tener a esa mujer para él solo. De ese modo, también aprovechó para que las propias caderas del cazador se degustasen el placer de que sus entrepiernas se tentasen la una a la otra. Mientras que su boca comenzaba a descender por el valle de sus senos hasta su vientre. Con esa jugada empezada, sus manos aprovecharon para ocupar una nueva posición en la que descender por los muslos de la joven cuando su boca llego bajo su ombligo. Justo en ese instante ascendió su mirada al rostro y se quedó de rodillas para observar al completo, una vez más, el cuerpo de ella. La perfección de cada una de las curvas de la mujer, en cómo se había esforzado por dejarle sin habla con ese conjunto, y poder observarlo por última vez antes de comenzar en la labor de desprenderlo del cuerpo de ella.
Con ese objetivo, el cazador llevó sus manos a la pierna diestra haciendo que la media se enrrollase a su paso hasta llegar a su pie y dejar la piel al descubierto. Dejó caer la media a un lado para dejar que sus dedos recorriesen la fina piel de sus tobillos mientras su boca dejaba beso por su empeine, y así ascender hasta la mitad de su muslo para cambiar de pierna. Repitió la acción con la otra pierna y se inclinó sobre el cuerpo de ella, justo dejando que su boca se perdiese en el hueso de su cadera en su cintura delineando la cinturilla de sus braguitas mientras sus manos se colaban para hacer, que mientras él volvía a colocarse sobre sus rodillas, sus manos descender su ropa interior dejando el cuerpo de ella desnudo a su disfrute.
Autumn
Dejaba caricias inconexas en los brazos masculinos, en sus hombros, disfrutando del movimiento de cada uno de sus músculos conforme se movía para realizar cualquier movimiento, le gustaba sentir a Dean, en casi todos los aspectos de su vida, pues más de una vez lo había dicho: pero aquel hombre era magia, era poderoso, era fuerte… Se mantuvo a la espera mientras él desabrochaba el cierre del sujetador, y la mujer dio gracias a que aquel cierre estuviera en la parte delantera de la ropa íntima, eso les ahorraba al menos un par de molestos movimientos para tener que deshacerse de la prenda. Al ser un sujetador sin tirantes, la prenda quedó tendida sobre la cama sin mayor problema mientras ella miraba a Dean dejando ir un leve jadeo cuando las manos masculinas apresaron sus caderas de esa posesiva forma antes de rozarse deliberadamente contra ella, andas entrepiernas tentándose la una a la otra haciendo que ella se mordiese el labio inferior. Ver a Dean saboreando cada centímetro del cuerpo femenino, viéndole besar, acariciar cada centímetro de su piel era una experiencia religiosa, era lo más cerca que ella podría estar nunca del cielo. Se estremecía conforme él descendía por su cuerpo hasta terminar quitándole las medias de esa forma lenta, parsimoniosa, en la que besaba hasta sus empeines, adorando el cuerpo femenino por entero. Hasta que solo quedaron esas pequeñas braguitas de seda y encaje de color blanco, que incluso le hacían sentir calor en un momento como aquel. Pero esa sensación duró poco, pues pronto, de la misma erótica manera, aquella prenda fue apartada de su cuerpo dejando a la mujer completamente desnuda delante de su marido, ahora arrodillado sobre la cama, entre las piernas femeninas. Una de las plantas del pie de Autumn se deslizó por el muslo de él en una caricia traviesa desviándose ligeramente a la entrepierna masculina dándose cuenta de la presión que él debía notar en aquel momento. Así que se incorporó sentándose en la cama besando el cuello de Dean mientras sus manos descendían la goma de la ropa interior de él con tranquilidad, pero no iba a poder quitársela en aquella posición… Era obvio, por lo que habiendo descendido la prenda hasta casi el nacimiento de la base de su miembro ella tomó la nuca de él con una mano y mientras lo iba besando en los labios volvía a tumbarse en la cama para que así fuera más sencillo deshacerse de la prenda…
Dean
El recorrido del pie de la rubia por el interior de su muslo, el modo en que ascendió hasta acariciar su miembro atrapado por su ropa, pareció ser un castigo por el tiempo que él se había tomado en desnudar su cuerpo. Porque, aunque disfrutó ese leve roce que le pareció cuánto menos erótico, la presión que ejercía su ropa interior comenzaba a ser insostenible, hasta casi dolorosa. Algo que debió ver su mujer, o en algún gesto de su rostro, o en cómo tomaba aire lentamente para soltarlo del mismo modo, pues no tardó en reaccionar a él colocándose de rodillas y hacer que esa presión desapareciese al bajar su prenda.
Al igual que la mujer lo sabía, esa posición no ayudaría en que ambos quedasen en las mismas circunstancia, y pareció que ella reaccionó antes que el cazador al colocar su mano en sus nuca atrayendo en su caída sobre el colchón a su marido.
Una vez Dean quedó acomodado sobre ella, colocando uno de sus brazos al lado de la cabeza de Autumn, con su otra mano ayudó a su pareja a quitarse esa maldita prenda que ya no tenía lugar entre ambos cuerpos. Al fin cuando sus cuerpos podían estar piel con piel, cuando el cazador se colocó entre las piernas de su vampiresa, se atrevió, o más bien se deleitó, con la presión que ejerció su erección contra el sexo de ella. Es más, se movió con lentitud haciendo que la cumbre de su grande acariciase en su camino desde la entrada de ella hasta ese punto clave de su intimidad, lugar en el que aprisionó ambos sexos, uno contra el otro con la tensión de su pubis y así estimular ambos en un lento compás de sus caderas. Una acción que le trajo rápidas consecuencias al cazador al tener que dejar de besar a la mujer para centrarse en respirar, en mantener control sobre ese placer que se extendía a lo largo de su miembro en ese roce que le hizo gemir contra los labios de ella.
Autumn
Aguardó unos segundos mientras Dean se terminaba por deshacer de su ropa interior dejándoles a ambos, marido y mujer, completamente desnudos el uno sobre la otra, acomodado entre sus piernas, contra sus caderas. Acomodados en una postura tan íntima como común para ellos. Una de las manos de la rubia acariciaba lentamente el brazo que él tenía apoyado al lado de la cabeza femenina, la otra organizaba un paseo lento con sus dígitos sobre la piel de él, su pecho, su hombro... hasta llegar a su mejilla.
Suspiró de forma entrecortada debido a aquel crepitante placer que le recorrió de repente cuando notó el sexo del cazador rozándose sin vergüenza contra la intimidad de la vampira. Ella se estremeció. Había merecido la pena esperar para aquello… Aunque solo hubieran sido veinticuatro horas. Había merecido la pena esperar más de ocho siglos para casarse con el hombre adecuado, ¿a quién le importaba si era un cazador, un vampiro o un zapatero? Era el hombre por el que daría su inmortalidad sin pensarlo. Era el hombre por el que moriría si era necesario. Y era el único hombre al que quería en su cama desde hacía seis años. Y aquel hombre era capaz de provocarle sensaciones nuevas en cada encuentro íntimo. Jamás se cansaría de él, jamás desearía a nadie más cómo le deseaba a él.
Terminó por rodear los hombros de él con uno de sus brazos a medida que él se movía contra ella, rozándose contra su intimidad y haciendo que Dean tuviese que frenar aquel beso que compartían a causa de un gemido. Ella apoyó su frente contra él cerrando sus ojos, jadeando de forma entrecortada. Amaba cada uno de los gemidos de Dean, eran música en un momento como aquel. La más pura expresión de lo que producían ambos cuerpos juntos. Solo un acto como aquel conseguía doblegar al fiero Dean Winchester y eso a ella le resultaba entrañable. Porque ella era la única que podía disfrutarle así, la única que le veía como realmente era. Un buen hombre, alguien atento, cariñoso… Alguien que amaba con fuerza desmedida, alguien que lo daba todo por amor.
Ella movió sus caderas al mismo compás que las de él, logrando así que el tronco de él acariciase siempre su clítoris, incluso profundizó algo más el movimiento tratando de encontrar el punto perfecto del placer, y una vez lo encontró, se mantuvo rozándose contra este hasta sus gemidos se tornaron algo más intensos. ¿Veis lo que decía? Dean había sido el único capaz de hacerle gemir de ese modo solo en los preliminares.
Le había tocado la lotería, pensó ella en un arranque de picardía.
Y hasta aquí el fanfic...
Si queréis, aunque no tengo el resto del relato, os puedo contar lo que recuerdo.
Tras la noche de bodas, al día siguiente, Dean y Autumn simplemente decidían seguir juntos con sus vidas, ahora como matrimonio, con altas expectativas de un futuro brillante. Autumn tomaría la cura para el vampirismo y pasaría el resto de su vida humana con el hombre que amaba.
De nuevo, gracias por habernos leído.
