Cuenta regresiva

Sumario: Desde que era muy joven, Draco sabía que sólo sería cuestión de tiempo para que el Señor Tenebroso fuese a buscarlo.

Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.

Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Yule

—...Harry, Harry...¡Harry!

Pansy poseía una increíble capacidad para soltar un chillido aturdidor junto a su oído, y todavía lucir serena, como si no acabase de intentar destrozarle el tímpano. Cuando Harry dio un brinco, se cubrió el oído casi lastimado, y le frunció el ceño. Su mejor amiga sonrió, deslizando un brazo por debajo del suyo.

—¿Qué miras con tanta insistencia? —Inquirió, adoptando lo que suponía que sería una postura similar a la que él tenía un momento atrás, para ver en la misma dirección. Por el tumulto de Gryffindor que se apropiaba de la entrada al Gran Salón (el comedor transformado, en otras palabras), no creía que se fuese a dar cuenta. Pero sí lo hizo—. Ah, Malfoy. Se ve bien. ¿Vino con ese de Durmstrang? El Campeón-

—¿Qué? No —Harry volvió el rostro enseguida y vaciló, haciendo memoria de lo que le había dicho. Tenía con quién ir, aseguró, no dijo ningún nombre—, no —Repitió, intentando convencerse a sí mismo—. No creo —Otra vacilación. Pansy se reía por lo bajo.

—Oh, pero yo estoy completamente segura de que vino con él.

Cuando estaba por preguntarle a qué se debía su convicción, la chica señaló hacia adelante. El grupo de Gryffindor constaba de Longbottom, con la comadrejita, la Comadreja de su edad, Granger, dos chicos más, que reconocía del mismo año, y el niño-que-vivió. Con el de Durmstrang. El niño-que-vivió que, definitivamente, iba con el de Durmstrang, si la manera en que este le rodeaba los hombros con un brazo, atrayéndolo para hacer una pregunta junto a su oído, era una señal.

A la serpiente dentro de él no le gustaba.

No le gustaba en lo más mínimo.

Habría sido capaz de sisear y lanzarse a morder, si el agarre de Pansy no le hubiese recordado que era una persona, un mago. No una criatura, aunque se sintiese como una en ese instante.

Al obligarse a apartar la mirada, se percató de que Pansy lo observaba, tranquila, curiosa, de una manera casi afectuosa que lo hacía sentir más incómodo que si le hubiese hecho un comentario fuera de lugar.

—¿Qué? —Espetó, intentando que su tono duro la hiciese retroceder. Por supuesto que no funcionó.

No sería su mejor amiga si un estallido de mal humor pudiese alejarla.

Ella le acunó el rostro con su mano libre, un tacto cuidadoso, suave, contra la mejilla. Lo hizo mirarla y volvió a sonreírle, con dulzura.

—Si no quisieras verlo con alguien más, podrías intentar acercarte tú —Musitó, con un hilo de voz. Harry sacudió la cabeza con más fuerza de la necesaria.

—Sólo pienso que es extraño que venga con un chico, es todo.

Pansy era escéptica.

—¿Que tu padrino no sale con ese lindo profesor...?

—Bueno —Intentó corregirse a sí mismo, frunciéndole otra vez el ceño, para que supiese que era momento de dejar de insistir—, esos son ellos. Es diferente.

Su amiga contuvo la risa, negando. Harry resopló, dio un vistazo alrededor, y decidió que tenía más que suficiente.

Theo, como les dijo, estaba con la pequeña Astoria, que hablaba con Tracey sin cesar. Goyle aún esperaba a Millicent.

—Hey —Le palmeó el hombro para llamar su atención y cabeceó, en dirección al salón. Los demás estudiantes estaban entrando porque los Campeones abrirían el baile en unos minutos—, esperamos por allá. Búscanos, no te vayas a perder.

Su compañero le dio una respuesta vaga, antes de que lo hubiesen dejado al pie de las escaleras. Pansy caminó todavía enganchada a él y miró hacia atrás por encima del hombro.

—Pobrecito, está nervioso. Le trajo flores y ya las arruinó de tanto apretar los pétalos entre los dedos —Y luego se fijó en él, con fingida indignación—. ¿Por qué tú no me trajiste flores?

Harry rodó los ojos.

—Porque no te las mereces, me hiciste probarme quince túnicas de gala, me tuviste en el baño tres horas para peinarme. ¡Querías cambiar mis lentes de contacto!

—Quería probar si otro realzaba el color de tus-

—Por Merlín, ¡escribiste a mi madre, Pans, para preguntarle mis tallas de túnica de gala y que te enviase algunas, sólo para combinar con tu vestido!

Ella formó pucheros.

—Me dijiste que vendríamos combinados, Harry.

Sí, era su culpa. Pero había aprendido la lección.

Nunca volvería a salir con una chica. Se quedaría solo el resto de su vida, como Peter. Peter aparentaba ser un hombre tranquilo que no se tenía que probar quince túnicas y peinarse durante tres horas, con todo tipo de encantamientos y pociones, por una fiesta que duraría un rato en la noche.

Aunque la serpiente dentro de él, desenroscándose, era una traidora que siseaba un nombre, una persona, por la que tal vez habría valido la pena el esfuerzo.

Sólo tal vez.

—¿Podemos bailar apenas terminen los Campeones? —Cuestionó, con una sonrisa tan radiante, que se tragó el resto de sus quejas acerca de cómo lo obligó a practicar en medio de la Sala Común durante la última semana, pasando de ella a Theo, que también sabía bailar pero se burlaba de él con gestos silenciosos, para que Pansy no se enojase.

Existían ciertas cosas que uno sólo haría por sus amigos.

0—

Harry observó la multitud que se congregaba alrededor de la pista, los Campeones que seguían el ritmo de la música. Zabini y Malfoy se turnaban para los giros, pero era el primero quien lo alzaba y lo hacía girar en el paso que lo requería. Draco se sujetaba de sus hombros y se echaba a reír.

No. A la serpiente en él todavía no le gustaba.

Cuando distinguió a Dumbledore, ofreciéndole la mano a la subdirectora para entrar a la pista, él sujetó a Pansy y la arrastró también. Siguiéndolo, su mejor amiga se reía por la reacción que tenía.

0—

—...están bailando, Merlín, están bailando. Es perfecto.

—¿Crees que puedan llegar a ser algo?

Draco se echó hacia atrás para darle un breve vistazo a su pareja de baile. Luego volvió a inclinarse sobre él. Se aprovechaba de la pieza lenta, lo cerca que debían estar y la escasa diferencia entre sus estaturas, para mirar por encima de uno de sus hombros, de la forma más disimulada en que era capaz de hacerlo. Blaise los guiaba a los dos, de acuerdo al ritmo, porque estaba más interesado en ver a Ron intentando no tropezar con sus propios pies y a Hermione, riéndose encantada y jurándole que no importaba.

—Ella podría ponerlo en su lugar —Opinó, en voz baja—, y Ron conseguiría que deje de ser tan estricta consigo misma.

—O podrían discutir y dejarte en medio, causando problemas a los demás Gryffindor.

Contuvo un suspiro y le atinó un débil golpe en el hombro, segundos antes de que lo hiciese apartarse para girar, y volviese a jalarlo hacia su pecho.

—¿Por qué tienes que ser tan pesimista?

Blaise se encogió de hombros.

—Soy capaz de matar cada veintiocho días, perdóname por no ver el mundo color de rosa —Draco le frunció el ceño y él suavizó su expresión. Cuando tiró de sus manos, para que volviese a colocarlas sobre sus hombros, levantó el mentón, y al seguir hablando, los labios rozaban su frente en cada sílaba, con algo que era casi un beso ligero—. Lo siento, princesa. Ignórame, es el lobo malhumorado que tengo dentro.

Draco elevó las cejas, pero dejó que permaneciese así durante unos segundos, hasta que le tocó el hombro, para recapturar su atención,

—¿Qué estás haciendo? —Blaise se rio en el breve silencio entre el fin de una canción y la siguiente. Ya que llevaban el mismo ritmo lento, continuaron del modo en que iban.

—Te utilizo para ver a alguien que está detrás de ti sin parecer un acosador. No- no te voltees —Lo mantuvo allí con el agarre en la cadera y presionando una mano en su espalda. Draco entrecerró los ojos y él sonrió, divertido.

—A ver, gírame.

—No, ¿para qué?

—Quiero ver quién es.

—No.

—Blaise.

—No, princesa —Esa vez, sí le besó la cabeza—, no te lo concedo. Te vas a reír de mí.

—¿Es una chica? —Un sonido vago, a mitad de camino de ser una respuesta afirmativa o una negativa, fue lo único que obtuvo—. Blas, ¿te gusta un chico? —El ruido se repetía—. Dime, anda.

Sacudió la cabeza.

—No es- —Una pausa, sujetaba su muñeca y lo hacía girar, despacio. No lo suficiente para distinguir quién estaba cerca de ellos, además de sus amigos—. No es un gustar como gustar, es el olor. Me está volviendo loco. No sé qué hizo hoy, sólo huele...demasiado bien para mí.

—¿No seré yo? —Draco pestañeó de forma exagerada y rápida. Sintió la vibración de su risa cuando volvió a acercarlo—. Ya, en serio, Blas.

Otra vez ese sonido. Comenzaba a entenderlo como una forma de rehusarse sin decirlo.

—¿Sabías que tu madre está sacando a bailar a Snape?

Los dos ralentizaron aún más el ritmo y Blaise giró la cabeza, dando un paso lejos de él. En efecto, a unos metros y en un borde de la pista, la profesora A instaba a Snape a seguirla, moviéndose al ritmo de la música, y el maestro, con los labios apretados y ojos rabiosos, se mantenía tan inmóvil que debía ser una habilidad. A pesar de la escena que representaban, ni siquiera los Slytherin se atrevían a reírse en su cara, sino que se ocultaban para hacerlo. No fuese que tuviesen la mala suerte de que él los notase.

Draco aprovechó la distracción para voltearse lo justo y dar un vistazo por encima del hombro. Fleur estaba a unos pasos, con un chico de su colegio. Más allá, Seamus arrastraba a Parvati y Dean a Padma, riéndose, en un baile que estaba muy fuera de ritmo. Y estaban Neville y Ginny, conversando en voz baja, a medida que giraban.

Cuando se volvió hacia él, Blaise le sujetó la barbilla para que lo mirase, ceñudo. Draco le sonrió con presunta inocencia.

—Me hiciste trampa, debería morderte.

—Tú te despistaste —Se rio—. ¿Entonces? ¿Seamus, Dean, el de Beauxbatons? ¿Nev? —Arqueó las cejas.

Fue sólo un instante, un débil espasmo en el cuerpo, un segundo en que desviaba la mirada. Draco sonrió.

—Es Nev —Canturreó—. Sí, lo que debes estar sintiendo es su colonia. Lo vi cuando se la echaba en el cuello, bastante buena. Ya no la siento, pero supongo que tú sí…

Blaise arrugaba el entrecejo, en una expresión vacilante de indignación, que funcionaba más a manera de máscara que como verdadera. Él no se dejó engañar.

—¿Te gusta Nev?

—Su olor —Aclaró, entre dientes—, sólo hoy.

—Te gusta Nev —Claro que él no podía dejar de molestarlo, como el otro hizo cuando les contó que Potter ya tenía con quién ir al baile, y se ganó un débil gruñido desde el fondo de la garganta.

—Soy sensible a los olores, ¿de acuerdo? No es-

—Te gusta, te gusta...

—Sigue con eso y te muerdo.

—Te gusta, te- —Draco ahogó un grito, deteniéndose por completo, cuando se echó hacia adelante con brusquedad. Se inclinó sobre su cuello y lo paralizó, al sentir la presión en un lado de la garganta. No utilizó dientes, por obvias razones, sólo los labios. Cuando comprendió lo que hacía, se echó a reír.

Iba a golpearle la cabeza para que se quitase, cuando notó que Blaise lo acercaba más y musitaba un "sh, espera".

—Potter nos está viendo, aguarda. Oh, Merlín, qué cara. No me sorprendería que me lance una maldición desde allí. Se ve tan celoso que casi me da lástima.

Draco formó pucheros cuando lo escuchó. Por supuesto que Blaise lo notó.

—¿Por qué no lo invitas a bailar una canción? —Le peinó el cabello, quitándole un mechón que se movió por culpa del sobresalto, de la cara. El tacto era tan cuidadoso que le sorprendió un poco—. La siguiente, esta no. Esta me gusta y no quiero perdérmela buscando a alguien más para bailarla.

Draco volvió a sujetarse de sus hombros cuando retomaron el balanceo lento, acorde a la melodía que llenaba el salón.

Harry se veía demasiado bien esa noche. Apenas en la apertura del Baile de los Campeones, hubo un instante en que Blaise tuvo que guiarlo con más insistencia, porque lo halló entre la multitud que se reunía y entraba en la pista, y fue como si se hubiese olvidado de lo que hacía un segundo atrás.

Tenía el cabello un poco aplacado, peinado hacia atrás, de un modo que todavía le dejaba los mechones más rebeldes para enmarcarle el rostro y sobre las orejas. Daban ganas de enredar los dedos allí y ver si podía devolverle su aspecto desordenado. El traje era negro y plateado, el color oscuro en la camisa, en el saco, en el pantalón, el otro sólo para detalles en las mangas, cuello y cintura.

Lo convertían en una visión. Que el único color vívido y claro que tenía, fuesen los ojos verdes, verdes, verdes, atraía la atención de inmediato a su rostro.

Ni una Veela podría haber tenido tantas miradas encima. Pero un rato antes, había ido por unas bebidas y se había sentado en una mesa cercana a la pista, con sus amigos de Slytherin, dejando que su acompañante fuese arrastrada por un chico de Beauxbatons que se acercó para invitarla a una pieza, y esta se convirtió en dos, en tres, en cuatro. Harry no lucía apresurado por ir de regreso a la pista.

No la última vez que se fijó, al menos. Desde ese ángulo, Blaise podía verlo y él no; consideró que era una injusticia desmedida.

—Tengo una idea —Draco, que tenía la barbilla recargada en su hombro y veía, a unos metros, a Ron invitarle una bebida a una sonriente Hermione, durante un breve descanso de bailar, emitió un sonido vago para hacerle saber que lo oía—. Acércate y úsame de excusa. Nos está mirando así porque debe creer que te gusto o algo parecido, lo que sería completamente comprensible porque, mírame, vivo preocupado por no enamorarte demasiado y romper todos los corazones que quedan bajo mi...

Blaise ahogó la risa cuando le dio un golpe en el pecho.

—Bien, sí, entendiste el punto —Masculló acerca de un ego demasiado grande y Blaise le replicó con un "igual al tuyo, princesa"—. Lo que tienes que hacer es decirle que a mí me gusta alguien, no digamos quién, digamos alguien, e hicimos una apuesta. Si él acepta bailar contigo, yo me confesaré esta noche. Bailas con Potter, le muestras que no tiene que lanzarme una maldición porque ninguno está interesado en el otro. Todos felices. Matas dos pájaros de una mordida.

—¿No sería "de una maldición"?

—No en mi caso.

—No sé, Blas...

—Lo peor que puede pasar es que te diga que no. Entonces volverás conmigo y te buscaremos otro príncipe, uno que sí sea digno de ti. Hasta le puedo lanzar un hechizo de zancadilla, si quieres, para que veas que cuido tu corazón enamorado.

—Yo no estoy-

La canción terminó, llevándose sus palabras sin pronunciar lejos. Blaise dio un paso hacia atrás, sin haberle soltado las manos todavía, y ladeó la cabeza para permanecer dentro de su campo de visión cuando agachó un poco la mirada.

—Anda —Lo instó, con un murmullo—. Será un idiota si se niega, princesa. Inténtalo.

Draco tragó en seco, el corazón enloqueciendo dentro de su pecho, ante la simple idea. Dio un apretón a las manos de su compañero, sólo para infundirse ánimo y valor.

—Bien. Sí, bien.

Tenía razón, ¿qué era lo peor que podía pasar?

Blaise se colocó detrás de él para llevarlo los primeros pasos, en base a débiles empujones en la espalda, y después lo abandonó, alzando un pulgar en señal de que todo iría bien. Él vaciló, en el borde entre la pista y el área de las mesas.

Estaba a punto de optar por darse la vuelta y volver con su amigo, cuando su mirada recayó en Harry, de nuevo. Sentado, con un vaso en la mano, conteniendo la risa por algún comentario de su compañero Slytherin, que esperaba a que la chica que invitó volviese de una conversación aparentemente privada con otra, a unos pasos.

Como si se hubiese percatado de que tenía su atención, Harry parpadeó y giró la cabeza, buscando. Se detuvo al localizarlo, solo, a unos metros, y devolvió el vaso a la mesa, despacio, apenas cabeceando para responder a su compañero lo que fuese que acabase de decirle.

Valor, valor, valor.

Si no podía acercarse y pedirle bailar, con una excusa de por medio, tendría que decirle al Sombrero que cometió un severo error.

Merlín, iba a hacerlo. Sus pies se estaban moviendo, se acercaba, se acercaba, se acercaba.

¿El aire siempre fue tan difícil de tomar?

Se detuvo frente a él y Harry lo miraba desde abajo. Si estuvo molesto, como dijo Blaise momentos atrás, ya no existía rastro de la emoción en su rostro. El otro Slytherin se había quedado en silencio, aunque ninguno de los dos lo habría notado, incluso si seguía hablando.

Extendió una mano. Notó que temblaba un poco y suplicó porque él no se diese cuenta también.

Le explicó de la supuesta apuesta, en voz baja, vacilante, y lo observó fruncir el ceño.

—No deberías bailar con alguien por una simple apuesta si no quieres hacerlo, ni siquiera por una como esa —En cuanto se cruzó de brazos, las palabras atravesaron su mente y salieron, sin darle tiempo a medirlas ni sopesarlas bien.

—Mi parte de la apuesta eres tú porque Blas sabe que quería bailar contigo.

Oh, bien.

Se le escapó.

Ahí estaba la importancia de pensar mejor sus acciones, por lo que su padrino siempre lo reprendía. No sólo se delató, también podía hacer que llegase a la conclusión de que lo que le dijo antes, sobre un 'amigo' queriendo invitarlo, era mentira, y a partir de ese punto, estaba más que claro que sabría que él-

Sin embargo, Harry soltó una risa débil, titubeante. Y fue cuando se percató de que no era el único nervioso.

La realización lo dejó tan aturdido que se demoró unos segundos en reaccionar cuando puso su mano sobre la de él y se levantó, esperando que lo guiase hacia la pista para una pieza.

La primera canción fue por la falsa apuesta. La segunda porque Draco no soltó su mano de inmediato y ya estaban ahí, así que, ¿por qué no?

A la tercera, Harry murmuró un "me gusta esa canción" con una ligera sonrisa, y la cuarta, ni siquiera supieron cuándo comenzó, sólo que estaban muy cerca y se sentía bien. Cómodo. Correcto.

Dejarlo ir fue lo más difícil.

Harry tenía una pequeña sonrisa y los pómulos cubiertos de un rubor que no se podría distinguir, más que desde esa distancia, y a él no le quedaban ganas de soltar su mano. Lo hizo despacio, vacilante. Estaba tan feliz que podría haber gritado y saltado, pero una sensación de estupefacción, de tener la mente embotada, demasiado maravillada por los recientes sucesos, le impedía demostrarlo más que con la manera en que sus ojos brillaban al contemplarlo.

Contemplarlo era una buena palabra. Él no lo veía.

Draco lo contemplaba.

Alguien lo llamaba desde la mesa de los Slytherin, Harry daba un vistazo hacia atrás y volvía a fijarse en él, labios entreabiertos con la intención de soltar unas palabras que no salían y que ninguno estaba seguro de cómo decir o qué significarían.

Confirmó que la decisión del Sombrero fue la acertada, al fin y al cabo, cuando en un arrebato, no lo dejó decirle nada, porque se inclinó hacia adelante y besó su mejilla, a unos milímetros de la comisura de los labios. Harry lo observó con ojos enormes, como si fuese lo último que se habría esperado. Draco sólo atinó a sonreír, más ansioso de lo que pretendía, y recordarle que tenía que ir con sus amigos.

Entonces él se rio, cambió su peso de un pie al otro, y se desordenó el cabello apenas aplacado, balbuceando algo que no sonaba del todo a despedida. Draco lo vio prácticamente correr de vuelta con los Slytherin, y cuando echó una mirada por encima del hombro, él aún estaba donde lo dejó; Harry enrojeció y le dio la espalda, y el niño-que-vivió siguió sonriendo a la nada por unos instantes, hasta que un brazo le rodeó los hombros.

—¿Ya tenemos príncipe, princesa? —No golpeó el brazo de Blaise, sólo porque consideraba que debía estar agradecido con él por alentarlo. Miró por última vez hacia los Slytherin, a Harry negando a lo que fuese que Pansy le decía, y se dejó guiar hacia sus propios amigos.

Varios sucesos más tuvieron lugar esa noche de diciembre en el castillo. En las mazmorras, allí a donde sólo llegaría un estudiante que no tenía en sus planes bajar tan pronto, Regulus arrastraba a Severus a bailar. Pese a las reticencias, su sonrisa no menguaba incluso cuando el primero se mantenía rígido, testarudo, porque el segundo no recibía una negativa explícita. En una de las mesas, Ron acariciaba una de las mejillas de Hermione y le acomodaba un mechón detrás de la oreja; ambos se sonreían, pero ninguno estaba seguro de cómo dar el siguiente paso, y creían que lo que necesitaba ser explicado aún podía aguardar un poco, a que tuviesen las palabras adecuadas para lograrlo.

Draco se encontró a Neville sentado, agotado, y lo jaló de regreso a la pista, porque tenía que bailar con él. Le echó los brazos al cuello, crispando los nervios de su amigo, para mirar a Blaise por encima del hombro de este, y reírse de su expresión de "sé lo que intentas y no te va a funcionar, porque no tienes la razón".

Cuando tocaron las Brujas de MacBeth, el salón se convirtió en un caos de adolescentes cantando, gritando, saltando. Draco, que mantenía un brazo de Neville en alto y le insistía en que bailase con él, en medio del desastre, notaría la mirada de alguien más por un segundo, giraría la cabeza y sonreiría a Harry, que le devolvía el gesto, a unos metros y atrapado por el abrazo de su mejor amiga, porque era una noche de sonrisas, vistazos y no disimular bien.

Mientras se divertían, ninguno tenía idea de que más allá de esas paredes, ciertos engranajes eran puestos en marcha.