La luna de miel terminó, aún si no habían logrado tener sexo tranquilamente ya que había mucha gente alrededor, la habían pasado bien y no cambiarían ese viaje por nada. El pasar tiempo con todos sus seres queridos había sido algo que les dejaba por completo felices, después de todo la distancia entre todos lograba que fueran incapaces de verse seguido, además de que era casi imposible lograr que estuvieran todos en el mismo lugar al mismo tiempo.
Se despidieron de los padres de Yuuri, los señores Katsuki cada vez más convencidos de que su hijo había encontrado una excelente persona para compartir su vida y sintiéndose por completo tranquilos al tener a Yuuri en buenas manos. Por otro lado, Nikolai se sentía de la misma manera, estaba feliz de que su nieto estuviera con una persona como el japonés, alguien que le brindara apoyo y amor y que se preocupara realmente por todo lo que tenía que ver con su Yuratchka y Vitya.
Víctor se despidió de sus abuelos asiáticos abrazándolos fuertemente y besando sus mejillas varias veces antes de que tuvieran que irse al aeropuerto, Hiroko le prometió que iría a visitarlos en sus cumpleaños y que podrían estar en contacto por video llamadas cada vez que quisieran. Otabek se despidió de manera educada, estrechando la mano de Toshiya y dando un beso en la mejilla a la madre de Yuuri, prometiéndoles que cuidaría bien de Víctor, ya que estos habían externalizado lo mucho que se preocupaban por su nieto.
Una vez en el aeropuerto, se despidieron de Nikolai ya que este debía volver a Rusia y ellos a Estados Unidos, Víctor se abrazó a su bisabuelo, exigiéndole que apenas tuvieran todo listo este se fuera a vivir cerca de ellos a lo que este le prometió que así sería— cumpliré con mi palabra, además Yuuri necesitara un lugar donde huir cuando este muchacho ande de malas pulgas —bromeó.
— ¡¿Ah?! ¿Y qué hay de mí? —preguntó el rubio, algo celoso de no tener la atención de su abuelo, ya había tenido que compartirla con Víctor y ahora con Yuuri. Era su abuelo.
Yuuri y Vitya rieron por los celos de Yuri y Nikolai se acercó a abrazarlo. Los últimos minutos antes de separarse, Yuri estuvo todo el tiempo abrazado del abuelo como cuando era pequeño, de verdad iba a extrañarlo, aunque sabía que sería poco tiempo, no entendía porque el hecho de saber que pronto vivirían cerca lo ponía más ansioso que cuando Nikolai le daba negativas para irse con él. No sabía por qué las personas se ponían mas ansiosas al saber que las cosas estaban más cerca, debería ser lo contrario, deberían sentirse más tranquilas, pero no era así.
La despedida llegó junto a la promesa de que pronto estarían juntos nuevamente y más cerca que antes.
El viaje fue tranquilo, todos se fueron durmiendo la mayor parte del vuelo por lo que no se les hizo tan largo. Víctor había tenido una muy buena experiencia al viajar con su novio y poder pasar tiempo con él, sabía que al llegar a casa volverían a verse poco, pero no le importaba porque su relación iba bien y sabía que ambos podían lidiar con aquella pequeña distancia, reemplazándola con llamadas y mensajes para no sentir tanto la ausencia del otro.
Los días después del viaje transcurrieron con normalidad, aunque tuvieron que re-acostumbrarse al horario nuevamente y volver a sus labores habituales como el trabajo y los estudios. Era como si el hechizo se hubiera roto, teniendo que volver a la realidad, pero nadie se arrepentía de ello, se tenían los unos a los otros y eso hacía más llevadera la rutina diaria de la semana.
Otabek se decidió a dejar los domingos exclusivamente para pasarlos con Víctor, acomodó sus horarios para poder trabajar, estudiar y hacer sus deberes con el único objetivo de dedicarle tiempo a su pareja, tiempo donde ambos podían conversar de su semana frente a frente, salir un rato e incluso dormir juntos. Yuri, gracias a una petición de su esposo, había dejado que Otabek se quedara a dormir todos los sábados, llegando a su casa después del trabajo para poder aprovechar el tiempo con Vitya.
Mientras tanto, los Yuris trabajaban y veían departamentos que quedaran cerca de su casa para que el abuelo pudiera vivir ahí. Ya habían visto varias opciones y tenían un par en mente que visitarían pronto para definitivamente comprar, querían apresurarse para que el abuelo pudiera estar tranquilo pronto y así saberlo cerca y bajo su cuidado. No iban a mentirse a sí mismos, Nikolai iba envejeciendo, por lo que tal vez pronto comenzaría a requerir de más ayuda para hacer sus cosas, además de los achaques que venían con la edad, también estaba el hecho de que si estaba solo no había nadie que pudiera auxiliarlo en caso de alguna emergencia, así que tenerlo cerca era tranquilidad para todos.
—Creo que este lugar es excelente para el abuelo —dijo Yuuri mientras recorrían el tercer lugar que habían visto por internet. Era un departamento pequeño, con una sola habitación pero se veía muy acogedor, además de que estaba en el primer piso y tenía una linda terraza— creo que le gustara porque podrá plantar lo que quiera, en Rusia tiene muchas flores y plantas.
Yuri examinó una última vez el lugar con la mirada, su esposo tenía razón, puesto que el lugar tenía una buena ubicación, estaba a unas cuadras de su casa, tenía un supermercado cerca además de locomoción justo en las afueras del edificio— además no tendrá que subir y bajar aún si es en ascensor —respondió a su pareja— es perfecto para él, ¿Donde firmamos? —preguntó a la corredora de propiedades quien se puso muy feliz de haber logrado aquella venta. El papeleo no requirió de mucho y en poco tiempo ya tenían el departamento a nombre de ambos, un par de semanas atrás habían puesto la casa a nombre de los dos también, ya que Yuri quería que el nombre de su esposo estuviera incluido en todo, aún si sabía que al estar casados legalmente compartían ya todo.
Yuuri estaba muy feliz de que por fin pudieran decirle al abuelo que se fuera a vivir con ellos, el gasto mensual aumentaría, pero aquello no era de importancia ya que el dinero era algo que iba y venía, mientras lo emplearan en hacer felices a quienes querían, entonces estaba todo perfecto. Víctor se enteró inmediatamente ya que su padre japonés lo llamó para contarle que ya tenían el lugar y solo faltaba amueblarlo correctamente.
—No quiero que lo hagamos aún, quiero que el abuelo escoja lo que quiere en su departamento —explicó el azabache al platinado mientras iba en el automóvil junto a su marido hacia el supermercado a hacer las compras de la semana— creo que eso es lo correcto ya que él vivirá ahí y debe gustarle a él, no a nosotros.
Víctor concordó con ello al igual que el rubio, como siempre Yuuri lograba que su pareja sonriera más de lo normal y es que era algo inevitable, ya que Yuri veía como su esposo se preocupaba mucho por la comodidad de Nikolai y eso para él era algo invaluable. Tomó la mano de Yuuri en el camino, sin quitar la vista de en frente, sintiendo como ese pequeño gesto aún tenía el mismo efecto el Yuuri que la primera vez. Estaba sonrojado.
La llegada de Nikolai trajo consigo una pequeña fiesta de bienvenida donde los adultos bebieron hasta la madrugada y al día siguiente tuvieron que ir con resaca a comprar todo lo necesario para el mayor. El abuelo, aún con un pequeño dolor de cabeza, se sentía feliz de por fin estar ahí con su familia y saber que no tendrían que separarse nuevamente, Yuratchka era su pequeño al que cuido con todo el amor del mundo, aún si cometió errores, los afrontó lo mejor que pudo y salió adelante con un hijo a cuestas, todavía siendo tan joven.
El ruso mayor le pidió su opinión a Yuuri en todo para poder comprar lo que necesitaría en el departamento, así que tal vez hubiese sido lo mismo si lo compraban ellos mismos, aún así Nikolai estaba agradecido de que quisieran esperarlo y tomaran en cuenta sus gustos para poder llenar el que iba a ser su nuevo hogar. También visitaron el departamento vacío, ambos Yuris mostrándole con emoción todo lo que tenía y hablándole sobre todo lo que podría plantar en el jardín y donde podría poner el columpio para terraza que habían comprado.
En menos de una semana ya tenían el lugar listo, el abuelo se había quedado esos días con ellos alegrándolos con su presencia, aunque sabían que este necesitaba su espacio también.
La primera noche que Nikolai pasó en su departamento, Víctor se quedó a dormir, aquello ya estaba previsto por lo que habían comprado un sofá-cama para que el bisnieto pudiera acompañarlo cuando quisiera, después de todo para el mayor no era un problema, más bien era un agrado tener a aquel chiquillo hiperactivo en su hogar ya que le alegraba verlo lleno de energía y ganas de hacer cosas.
Los siguientes días ya se fueron acostumbrando. No había día en que Nikolai estuviera solo, ya que después de la escuela Víctor pasaba aunque fueran solo unos minutos y los Yuris hacían lo mismo. El platinado le enseñó al abuelo como llegar a su escuela por si quería ir a verlo en los días que le tocaba taller de ballet.
En el siguiente recital de ballet de Víctor, este tuvo cuatro personas más asistiendo para poder verlo. Sus abuelos de Japón vinieron exclusivamente para aquel evento, Otabek pidió permiso y estuvo en primera fila grabando, mientras Nikolai se emocionaba de poder ver por fin en vivo y en directo a su bisnieto haciendo aquello que le gustaba. Ya no era una grabación, podía verlo por él mismo y eso lo hacía realmente muy feliz.
Víctor estaba demasiado alegre de que su familia fuera más grande, de tener a todos sus seres queridos ahí viéndolo en el escenario y animándolo desde el público, aún si le daba un poco de vergüenza que su novio estuviera presente. Otabek le dio un beso de buena suerte antes de que subiera al escenario, un beso en el que no fue nada discreto para demostrarle a todos los presentes que ese era su novio y es que el moreno había visto como algunas chicas observaban demasiado a su pareja y sentía la necesidad de dejar en claro las cosas. El chico se sintió algo tonto por tener esos pensamientos, pero era parte de la estupidez del enamoramiento, al menos eso le había dicho Yuri cuando se fue a sentar junto a ellos.
—Es normal que quieras demostrar que aquel puesto que ellas quieren ya está ocupado —susurró cuando comenzó el recital— no tienes que sentirte mal por ello.
Otabek solo asintió con la cabeza, no era de muchas palabras, pero realmente se sentía más tranquilo con las que el rubio le había dicho.
Ese había sido un gran día, con toda la familia reunida y habiendo recibido un beso que demostraba al mundo que eran una pareja. Víctor sentía que todo lo pasado había valido la pena si ahora podía ser tan feliz.
࿂Continuará࿂
