Los meses transcurrieron con normalidad luego de adaptarse a la rutina donde incluían al abuelo Nikolai en todo lo que hacían a diario, después de todo la idea no era que se quedara solo, sino que pudieran compartir con él tanto como les fuera posible y así lo hicieron, incluso Otabek iba en sus momentos libres a compartir un poco con él y el mayor había aprendido a llegar por su cuenta al café donde el moreno trabajaba, lo cual los había vuelto cercanos.

Nikolai le había tomado bastante aprecio al novio de su bisnieto, era un chico educado y algo serio, pero cuando hablaba siempre era de cosas importantes como los planes que tenía para el futuro, el como veía la relación con Víctor y que pretendía con él si es que llegaban a durar lo suficiente. Todas esas cosas el abuelo las apreciaba, ya que rara vez veía que Yuratchka dedicara tiempo a ese tipo de cosas con el muchacho.

Por otro lado, los Yuris estaban comenzando una nueva etapa en sus vidas donde planeaban tener otro hijo, adoptar una niña japonesa o eso era lo que habían creído inocentemente. La verdad era que las adopciones tardaban, además de que no era como ir de compras y de eso se dieron cuenta en el momento en que visitaron un orfanato. Había tantos niños y niñas que les daban ganas de llevárselos a todos.

Yuuri veía a todos esos niños esperando por una familia que ni siquiera podía pensar claramente, los ojos se le aguaban del solo pensar que ninguno de ellos tenía el amor que deberían tener, si bien los docentes del lugar los cuidaban todo lo posible, habían demasiados niños a los cuales prestarles atención. Yuri simplemente observaba con su rostro serio, pensaba en que ese hubiese el destino de su hijo si por su inmadurez no hubiese querido criarlo o si el abuelo no lo hubiera apoyado con todo; también quería llevarse a todos los niños, pero había que ser realistas y ya dándole hogar a un niño estaban haciendo algo por ellos.

Adoptar en Japón hubiese sido complicado ya que había que estar viajando constantemente por el papeleo, siendo demasiada carga porque ambos trabajaban y Víctor estaba en la escuela, además le habían pedido al abuelo vivir ahí para estar cerca, de nada serviría si estaban de idas y vueltas al país del azabache, por ello habían hablado y fueron a aquel orfanato, pero se retiraron antes de decidir algo concreto puesto que Yuuri comenzaría a llorar en cualquier momento.

Una vez en casa conversaron sobre la situación, habían hablado con muchos niños y todos tenían su historia que contar, al menos aquellos que podían hablar.

No quiero adoptar niños muy pequeños ya que ellos tienen más posibilidades de ser adoptados —explicó Yuuri a su esposo mientras estaban acomodándose para dormir, habían sentido aquel día bastante largo por toda la carga emocional que sentían sobre ellos.

¿Niños? ¿En plural? —preguntó el rubio alzando una ceja ante las palabras del azabache. Yuuri se sonrojo un poco al haber sido descubierto— tsk, apostaría a que ya escogiste y sin siquiera consultarme —su tono era de reprimenda, pero la sonrisa en su rostro demostraba que no estaba molesto en realidad, el japonés era al que más le había afectado ver a tantos niños sin familia por lo que si este tomaba la iniciativa de elegir, lo dejaría aún si era más de uno.

Es que… —no sabía cómo decirle que en realidad quería llevar a dos niños con él, unos gemelos con los que había hablado antes de irse— hay un par de niños, tienen siete años y son hermanos. Allá me dijeron que lo más probable es que los separen —explicó con un deje de tristeza en su voz.

Yuri lo entendió, él tampoco querría separar a una familia y menos si ellos solo se tenían el uno al otro, así que no podría rehusarse— pensé que querías una niña —respondió algo intrigado.

Son gemelos, un niño y una niña —respondió con alegría al ver que el rubio no se estaba negando, más bien parecía querer saber más de los niños.

Hablaron por varios minutos más, donde Yuuri le contó a su pareja sobre cómo mientras este hablaba con la persona a cargo antes de que se retiraran del lugar, la pequeña Sala se le acerco a preguntarle quien de los dos era la mamá, refiriéndose a los Yuris a lo que su hermano Michele la regañó por hablar con extraños. En ese momento una de las chicas que se dedicaba a asear el lugar le comentó que eran hermanos y que por su edad terminarían siendo separados, ya que las oportunidades de ser adoptados eran pocas y menos aún las de permanecer juntos, porque era mucho gasto tener dos niños.

Se fueron a dormir con aquella meta en mente, lograr realizar todo lo necesario para adoptar a aquellos gemelos que habían logrado captar la atención de Yuuri.

El proceso de adopción fue largo, tardó un par de años hasta que aquellos pequeños llegaron a la edad de nueve, supusieron que en parte así era el proceso y por otro lado también estaba el hecho de que eran una pareja homosexual, lo que si bien era legalmente permitido, causaba cierto rechazo en las personas que realizaban la tramitación, porque eso era al fin y al cabo. La adopción era un trámite, se debían llenar papeles y se hacían ciertos tipos de análisis para que estuvieran seguros de que la nueva familia del niño fuera adecuada para este.

El día en que Michele y Sala fueron adoptados, fue el día en que aquellos hermanos por fin se sintieron tranquilos sabiendo que nadie los separaría y que irían juntos a un nuevo hogar. En los últimos dos años, aquella pareja constituida por dos hombres, los habían visitado varias veces para conversar con ellos, escucharlos y jugar, por lo que con el tiempo les habían tomado un cariño muy especial aún si el varón no quería admitirlo.

Michele, sala. Estos son sus nuevos padres —había dicho el encargado del recinto cuando llegaron a su oficina tras ser llamados por él. Sala sonrió ampliamente para luego tirarse a los brazos de Yuuri y Michele simplemente agachó la cabeza murmurándoles un pequeño "gracias".

Víctor no había ido ni una sola vez a conocer a sus nuevos hermanos, pero tenía una buena razón para ello puesto que no quería encariñarse demasiado si las cosas no resultaban como querían. Aquel día en que sus padres salieron por fin a buscar a los nuevos integrantes de la familia, el platinado se encontraba muy nervioso, moviéndose de un lado a otro y haciendo varias cosas para distraerse. Otabek estaba ahí, pero no lograba que se sentara a esperar, así que decidió dejarlo hacer varias galletas, una tartaleta, jugo de frutas y chocolate caliente mientras los Yuris volvían a casa.

El abuelo Nikolai permaneció junto a Otabek, observando que Víctor seguía igual de hiperactivo a sus casi dieciocho años que cuando tenía quince, sonrió porque se notaba como el tiempo había hecho un buen trabajo haciéndolo más alto y lindo.

La puerta de la casa se abrió y por ella entró corriendo una entusiasmada señorita quien solamente se detuvo al ver que había más personas en la sala— hola, mi nombre es Sala y este es mi hermano Michele —les dijo sin avergonzarse por hablar con extraños— mucho gusto.

Detrás de los pequeños entraron los padres, al parecer no les sería difícil adaptarse a su nuevo hogar ya que la menor se desenvolvía bien y obligaba a su hermano a hacer lo mismo.

Hola, soy su hermano mayor, Víctor, pero…

¡Ah! Tu eres Vitya, eres muy hermoso —la chica lo abrazó y comenzó a acariciarle el cabello, por alguna razón casi siempre las niñas adoraban hacer aquello— ¿Puedo peinarte? —preguntó con emoción.

Víctor la alzó en brazos, no era tan pequeña, pero tenía la fuerza suficiente— ¡Claro! Pero en un rato más, ya que ahora debes conocer a los demás —le explicó para luego extenderle una mano a Michele a modo de saludo— bienvenido —le sonrió y el menor imitó el gesto, algo tímido, para luego estrechar su mano.

Presentaron a la familia, explicándoles que en una semana más conocerían en persona a sus abuelos japoneses. Hiroko y Toshiya pensaban que verlos por una video llamada sería muy informal, así que viajarían para conocer a sus nuevos nietos esperando poder verlos cada verano en el onsen.

Aquella tarde pasó muy rápido, los menores conocieron su habitación dándose cuenta de que solo tenía un camarote para ambos y el resto del lugar estaba vacío. Yuri les explicó que al día siguiente comprarían lo demás, pero querían que ellos escogieran lo que necesitarían, incluyendo ropa de vestir y de cama, además de juguetes y los implementos que utilizarían al comenzar la escuela ese año.

Michele y Sala comieron todo lo que preparó Víctor, halagándolo por sus dotes culinarios y pidiéndole que algún día les enseñara a cocinar también, a lo que el platinado accedió gustoso. El día terminó con Víctor dormido en el sofá junto a sus hermanos mientras veían una película y conversaban, los adultos tomaron varias fotografías, sobretodo Otabek, quien puso una como fondo de pantalla para su celular. Yuuri tomó a Sala y Yuri a Michele para llevarlo a su habitación, mientras Otabek se llevaba a Víctor a la que correspondía para que pudieran dormir ya que había sido un largo día.

Nikolai prefirió irse a su departamento ya que había demasiadas personas y quería un poco de tranquilidad después de un día ajetreado, así que Yuri lo llevó en el auto— me alegro de que por fin lograran tener a esos pequeños —le comentó el mayor en el trayecto.

Nuestra familia es más grande ahora.

Y lo seguirá siendo, en el futuro Vitya también tendrá sus propios hijos —Nikolai rio al ver la mala cara que puso el rubio, al parecer su Yuratchka aún veía al platinado como un niño pequeño a pesar de que ese año iniciaría la universidad. No podía culparlo, después de todo lo mismo le pasaba a él, Yuri podía tener un esposo e hijos, pero aún así, siempre lo vería como su pequeño Yuratchka.

Yuri volvió a casa encontrándose con su esposo esperándolo en la sala. Al igual que un niño pequeño que demanda atención, Yuri se acostó en el sofá apoyando su cabeza en el regazo del azabache para que este lo mimara un poco, después de todo ese día la atención había girado completamente en torno a los nuevos integrantes.

¿Eres feliz? —preguntó repentinamente Yuuri mientras le acariciaba el cabello a su esposo.

¿Estás loco? Tendré que soportar niños por lo menos once años mas —bromeó para luego ponerse serio—siempre que los tenga a ustedes, lo seré —respondió con tranquilidad mientras estiraba su brazo hacia arriba para acariciar la mejilla de su esposo— es increíble que aún sigas siendo un lindo cerdito —lo fastidió. Lejos de enojarse, el japonés sonrió ya que así era como Yuri demostraba su cariño.

Yo también lo soy —agachó su cabeza para besar suavemente los labios del rubio.

Eso ya lo sé, estás conmigo y no hay nada mejor —Yuri se levantó del sofá y sorprendió a Yuuri tomándolo en brazos al estilo princesa— y lo mejor para el mejor, es un buen katsudon ¿No crees? —dijo entre besos mientras se trasladaban a la habitación.

No podían pedir más, tenían una hermosa familia. Un hijo excelente y maduro para las cosas importantes, un abuelo apoyador que siempre estaba ahí con sus consejos y amor, un yerno que amaba por completo a su hijo, unos padres que por fin aceptaban las cosas como eran y ahora dos pequeños niños que les darían más de algún dolor de cabeza, así como también muchas alegrías.

࿂FIN࿂