Nota: Han pasado casi 3 años desde la última vez que actualicé este fic. Regresé para terminarlo, tal como ya lo hice con Casualidad. A los que recién se integran a esta historia recomiendo que la lean desde el comienzo, ya que tiene muchos personajes y acontecimientos relevantes para la trama, además todo estará altamente relacionado con la segunda parte de este fic.
El Legado
Capítulo XXXVIII
Venganza
parte dos
El rey Vegeta no le quitó la vista de encima a Koora. Estaba en pésimas condiciones, pero esas heridas no habían sido causada por los enfrentamientos con soldados draxon ni saiyajin. En su mejor momento, Koora podría haberle hecho frente a varios y a la vez sin mucho problema. Estas heridas se debían a enfrentamientos anteriores, eran lesiones tan severas, que ya no podría torturarla tal y como lo había planeado desde que escuchó la grabación donde ella confesaba su alianza con Alina y el desprecio hacia él. Él, que había llegado a confiar ciegamente en su palabra al punto de desarrollar fuertes sentimientos.
La aborrecía tanto. Había jugado con él tan bien, cada mirada, sonrisa, comentario complaciente, cuando cogían. Todo, absolutamente todo se había tratado de una mentira y él había caído como el estúpido más grande. Koora había logrado controlarlo para tomar las peores decisiones y seguir sus consejos al punto de casi llevar el imperio saiyajin a la ruina. Más humillado y estúpido se sintió ante su mirada, la cual debería ser de derrota, pero no, ella estaba ahí arrodillada en el suelo, vencida, acabada, con huesos rotos, órganos comprometidos y bañada en su propia sangre, pero su único ojo era capaz de expresar en una mirada desafiante toda la fuerza del odio que sentía hacia él.
Koora continuaba desafiandolo hasta el final y más la odió por eso. ¿Cómo pudo estar tan ciego?
Pero se vengaría, tendría su venganza. Ésta ya había comenzado y quedaba mucho para concluir, y si por su paupérrimo estado no podía torturarla, primero se encargaría de destruirla por dentro y luego, cuando ya no tuviera voluntad para nada, la ejecutaría.
El rey se le acercó hasta quedar a centímetros de su rostro con una pregunta silenciosa que perduró en sus ojos y jamás se atrevió a decir. No volvería a demostrar ningún tipo de debilidad e interés hacia aquella mujer.
Koora simplemente lo miró. No podía decirle que todo se originó por haber intentado asesinar a su hijo menor, y el rey ni siquiera sospechaba que ella lo sabía. No podía exponer a Tarble de esa forma y dejarlo en manos del demente de su padre que no dudaría en ejecutarlo ante sus ojos si ella le daba una razón.
El rey habló en voz alta, para que todos pudieran escucharlo.
—¿Cuanto pensaste que duraría esta farsa? —. Se encargaría que nadie volviera a burlarse de él otra vez—. ¿Acaso pensaste que nunca lo descubriría? Voy a cientos de pasos por delante de ti, mujer.
—¿Sí? ¿Por eso cediste el trono a Paragus en cuanto lo sugerí? —respondió Koora con una sonrisa victoriosa, mirándolo a los ojos. No se quedaría callada. Sabía que iba a morir y no se guardaría nada. Tenía derecho a disfrutar este momento que tanto le costó.
—De qué te sirvió tanto trabajo, si ahora mira en las condiciones que estás.
—Te aseguro, Vegeta que valió la pena cada segundo si con eso conseguí ponerte en tu lugar — dijo Koora sonriendo, dejando de lado el extremo dolor que recorría todo su cuerpo. Era la primera vez su vida que le dirigía la palabra de esa forma al rey, su esposo, como tanto había deseado los últimos años. Se daría el lujo de disfrutar la humillación en los ojos de Vegeta que tanto se esforzaba por ocultar con esa pose digna de rey—. No eres nadie, eres menos que nada y quedó demostrado cuando al primer inconveniente te refugias en el alcohol y corres en busca de alguien más poderoso para sacarte de la mierda en que yo te metí. ¿Porque eso fue lo que hizo, no Atlas? —se dirigió al emperador draxon que observaba la escena con interés desde su trono—. Fue con su pose altanera como si no ocurriese nada, ocultándose detrás de un título vacío y su falsa dignidad, pero deberías haberlo visto los días anteriores aferrado a una botella de vino, llorando y tratando de explicarse porque todo lo que intentaba le salía mal.
Atlas respondió con una carcajada. En otras circunstancias hubiera preferido hacer negocios con esta mujer en lugar del rey Vegeta, pero considerando la jugosa oferta del monarca no dudó en aceptar.
Vegeta no demostró sentimiento alguno ante las palabras de Koora. Había ganado y pronto su reino regresaría a su estado habitual. Paragus ya le había regresado su trono y la mayoría de los saiyajin traidores seguidores de Koora se encontraban muertos o encarcelados a la espera de su sentencia. Solo era cosa de tiempo para exterminar a todos sus enemigos y recuperar todo lo perdido y su lugar en el universo.
Mientras tanto, el príncipe Vegeta continuó en la entrada del salón completamente en silencio y observando la situación.
—Es hora de comenzar —dijo el rey estudiando a su mujer—. Ya me cansé de jugar... Tomen a la rubia —ordenó a sus hombres.
Dos soldados saiyajin reaccionaron enseguida ante el mandato del rey y se acercaron a las mujeres para tomar a Alina, pero Koora no tardó en ponerse en el camino de los guerreros. Solo bastó la mirada y presencia de la mujer para hacerlos dudar. Habían sido tantos años obedeciendo y respetando a la reina que era difícil pasarla a llevar por mucho que se encontrara sin rabo, en pésimas condiciones y sin su armadura de guerrera. Por el contrario: la sangre, heridas y mirada, junto con su porte la hicieron lucir más mortífera.
—¡¿Qué demonios están haciendo?! ¡Tomen a la mujer! —gritó el rey—. ¡Sometan a la traidora si se opone!
Los soldados volvieron a dudar, pero decidieron obedecer, aunque se les debió unir dos guerreros más para lograr someter a la reina saiyajin, que incluso ahora en el suelo y con una rodilla en su espalda y otra en su cabeza continuaba bufando, enfurecida por el atrevimiento de tocar a Alina, mientras que la otra mujer, no opuso resistencia cuando la levantaron del piso.
—Debo admitirlo, Vegeta —comentó Atlas desde su trono, muy interesado en Koora—. Puedo entender que te engañara tu mujer. Yo mismo aceptaría hacer de idiota ante semejante hembra. —rio de forma estridente—. ¿Le gustaba brusco, no?
En respuesta, Vegeta se acercó a Koora a paso decidido, harto de humillaciones y de que la mujer no aceptara su destino y se sometiera ante él.
—Levántenla —dijo a los hombres que la tenían sometida. Los otros que tenían a Alina se alejaron unos pasos con la mujer de cabellos dorados totalmente derrotada, sin intenciones de querer escapar, solo podía llorar en silencio.
Koora se soltó de los soldados cuando la pusieron de pie. Miró a Vegeta sin temor alguno y Atlas observó más que entretenido.
Vegeta la tomó del mentón y alzó para verla mejor. Inspeccionó su rostro, cuerpo y las heridas que podía ver por sobre la ropa. Koora, pese a no tener la fuerza para liberarse, se agarró de las muñecas del hombre para no sentir tanto al dolor al no poder tocar el suelo con los pies.
—No sé quién pudo haberte dejado en tan mal estado, pero se lo agradezco. Me encanta que te hicieran sufrir. Incluso se adelantaron y te castraron, que es lo que se merece una escoria traidora como tú.
El príncipe Vegeta, que no se había movido en todo momento no supo qué sentir. Él era el causante de aquellas heridas, del pésimo estado en que se encontraba su madre y no había sido capaz de confesárselo al rey. Tampoco había podido decirle la verdad y que él ya sabía con anterioridad de la traición de Koora. Había decidido callar y hasta ahora no sabía por qué. Estaba sudando, no se sentía bien ante los halagos del rey hacia el torturador de la traidora. Aquel sentimiento que su madre había dejado en él durante los 17 años de su vida estaba causando estragos en su interior, transformando la ira y el odio en culpa.
Si hubiese tenido la posibilidad de abandonar la nave y regresar a su planeta lo haría sin dudar. En estos momentos sentía que sería capaz de cualquier cosa con tal de borrar esa horrenda sensación que crecía en su pecho. Sin embargo su cuerpo continuaba inmovilizado, sin responder, sin otra opción más que quedarse, escuchar y ver a sus padres. Su mente continuaba repitiendo que Koora se merecía todo lo que le estaba ocurriendo, que esto era lo correcto y normal en este tipo de situaciones, pero su pecho le decía a gritos que hiciera algo al respecto.
—Yo debería haber sido quien te dejara así, lamentablemente se me adelantaron, pero no te preocupes, que ya tengo algo en mente para ti.
Koora le respondió con un escupitajo de sangre en el rostro. El rey no hizo nada por limpiarse, ni siquiera pareció inmutarse ante su insolencia, y con total tranquilidad le quitó las vendas que quedaban de su rostro y cabeza y finalmente pudo ver el real daño que había sufrido. Era notorio que había sido recientemente sometida a una serie de operaciones para intentar reparar el inmenso daño, pero todas y cada una de los puntos en su cuerpo se habían abierto. El rey rio divertido y volvió a elogiar al guerrero que le hizo semejante herida. No cualquiera podía arrancarle un ojo a un saiyajin y mucho menos a la que una vez fue la reina. Koora apretó los dientes ante el dolor que le causaban sus graves heridas expuestas.
—Serás testigo de mi retorno —sentenció el hombre—. Volveré a construir todo lo que saboteaste y destruiste.
—No podrás, Vegeta —dijo la mujer riendo—. Trabajé tan bien en ti que no podías hacerlo, no tienes la fuerza. Fue tan fácil manipular tu pequeño cerebro, con adulaciones vacías y diciendo solo lo que querías oír. Hombre simple y mediocre que si logró algo fue solo porque yo y Alina te lo permitimos... Fue un placer verte derrotado y humillado, pero te lo aseguro, que si no soy yo, alguien más conseguirá derribarte, porque eres un simplón que en realidad no ha lograda nada. Eres un…
El rey no la dejó continuar. Ciego de odio y de sed de venganza, introdujo el pulgar donde ya no había ojo.
Koora aulló de dolor y luchó por liberarse, pero el rey la tomó del cuello con la otra mano y apretó, sin quitar el pulgar de la cuenca herida altamente sensible.
—¡Koora! —gritó Alina, llorando sin parar, desesperada por no poder ayudarla, muerta de terror porque sabía que le esperaba algo similar. No soportaba aquella escena. Aterrada, se cubrió el rostro con las manos, sin embargo, podía imaginar todo debido a los gritos desesperados de la saiyajin. Por más que apretara sus ojos, podía ver el guante impoluto del saiyajin manchandose de sangre, el deleite en sus ojos desquiciados ante la agonía de su mujer, el cuello de Koora y todo su cuerpo alcanzando el límite. Los presentes observando en silencio, acostumbrados a escenas así; algunos guerreros de aspecto indolente, otros gozando el sufrimiento de la mujer… Todo, absolutamente eso debió soportar.
Y el príncipe también.
Los guantes del príncipe Vegeta sonaron ante la presión ejercida de sus puños apretados. Los gritos de dolor su madre entraban por sus oídos y se grababan en su cerebro, incrementando los acelerados latidos de su corazón. Necesitaba que se detuvieran, no soportaba un segundo más lo que toda la situación provocaba en su interior. Él, acostumbrado a ese tipo de prácticas de tortura, él que hace unas semanas, enceguecido de ira, había sido capaz de agredir a su madre de manera brutal, ahora se sentía un niño inexperto, totalmente confundido sin saber qué hacer o decir. La culpa lo estaba carcomiendo por dentro y los alaridos de su madre no hacían más que hundirlo más.
Nadie que estuviera cerca del joven y le prestara atención podría decir que algo malo pasaba con él. Había aprendido a ocultar tan bien sus emociones detrás de un grueso muro de hielo, que parecía un espectador más. Solo sus puños continuaban apretados, pero el ruido de estos eran totalmente opacados por el dolor de la mujer.
Inconsciente de sí mismo, Vegeta caminó hacia el centro del salón donde se encontraban sus padres, no sabía exactamente qué pretendía hacer, pues su cuerpo se movió contra su voluntad, desesperado de borrar aquel desagradable sentimiento de culpa. Algunos soldados lo vieron avanzar y detenerse en seco cuando los gritos cesaron. Si hubieran prestado la suficiente atención habrían sido capaces de oír los latidos del corazón del príncipe por sobre la armadura.
En cuanto el rey Vegeta quitó el pulgar de la cuenca vacía, cortó todo contacto físico con Koora y la dejó caer al suelo. La mujer no se protegió de la caída, ni reaccionó. Satisfecho, Vegeta quiso retirarse, dando por terminado el espectáculo, sin embargo la mujer todavía tenía fuerza para no darle en el gusto.
Con las manos apoyadas en el frío suelo metálico, Koora pudo apoyarse y quedar arrodillada, tambaleando, a su alrededor el charco de sangre creció. No podía ver con claridad y el dolor no la dejaba pensar. En sus años de guerrera jamás había pasado por un calvario así, y sumado a su estado crítico no fue capaz de ver el puño del rey hasta que sintió el poderoso impacto en su sien que la lanzó lejos, haciendo que su cabeza rebotara un par de veces contra el metal antes de no moverse más. Ya no tenía claridad de lo que pasaba a su alrededor, ni con su persona, solo veía sombras borrosas y escuchaba sonidos sin sentido.
Alina intentó correr hacia ella, pero la detuvieron con facilidad. Lloraba y gritaba sin parar, pensando que Koora ya estaba muerta, pues no se la veía moverse ni respirar.
—¡Que alguien calle a esa bruja! —mandó Atlas aburrido de tanto llanto. De no ser que el trato con el rey Vegeta incluía dejar esas dos mujeres para él, ya la hubiera atravesado con su espada por escandalosa.
El soldado saiyajin que estaba a su lado golpeó la nuca de Alina con el dorso de la mano para dejarla inconsciente y así terminara tanto ruido.
—Las quiero en una celda en mi nave. ¡Ahora! —dijo el rey Vegeta, que no esperó y emprendió la retirada del salón para regresar a su nave. Cuando vio a su hijo le dirigió la palabra sin detenerse—. Te espero en mi cuarto, hijo, tenemos mucho de qué hablar.
El príncipe asintió con un simple movimiento de cabeza, incapaz de abrir la boca por no tener control de lo que podría decir. Permaneció en su lugar unos segundos más hasta que vio un par de soldados acercándose a Koora para tomarla. Decidió no mirar más y se obligó a reaccionar para comportarse como debía ser. Totalmente indiferente se volteó y siguió a su padre.
Koora no sintió cuando entre dos hombres la levantaron para llevarla a la nave del rey. En su mente continuaba tirada en suelo y balbuceando sonidos incoherentes intentando pedirle perdón a Alina. En un momento, en medio de tanta confusión e inconsciencia, creyó sentir el aroma de su hijo mayor.
(...)
Alina, arrodillada en el suelo dentro de la opresiva celda, tiritando de miedo y frío no se movió del lado de Koora, intentando brindarle algo de consuelo y al mismo tiempo a sí misma. Tan solo esperaba que su hijo Troy hubiese tenido la oportunidad de abandonar el planeta y que los ejércitos de los planetas aliados llegaran para rescatarlas. Estaba tan desorientada, que no sabía cuántos días habían pasado, por lo tanto no sabía qué tan lejos se encontraban de su planeta, pero pese al terror que se había apoderado de su ser, optó por mantener la fe, de lo contrario todo estaría perdido y terminaría volviéndose loca.
En más de una ocasión intentó llamar la atención de los guardias saiyajin que se paseaban de vez en cuando en medio de sus rondas. Les rogó por ayuda o por un vaso de agua para su reina que ardía en fiebre y sufría de espamos, pero lo más misericordioso que recibió de vuelta fue una mirada de duda por parte de uno de los soldados más jóvenes, el resto la insultó o simplemente hizo como que no existía.
Alina conocía la brutalidad de los saiyajin, ya era años luchando contra ellos y manteniendo la alianza en secreto con Koora, sabía de lo que eran capaces, pero no por eso podía lograr entender su actuar. Sí, Koora había traicionado a su esposo, al rey de su planeta, y eso no tenía perdón; ella misma condenaría una infamia de esa magnitud, pero jamás llegaría a este extremo. No podría tratar de una forma tan brutal a una persona que hasta hace unas horas ocupaba un lugar importante en su corazón… bueno, había que averiguar primero si el rey de los saiyajin poseía uno.
Pero no todos eran iguales, la prueba viviente era Koora y los cientos de guerreros saiyajin que decidieron seguirla y ayudarla pese a las terribles consecuencias que correrían en caso de ser descubiertos. Quizás cuántos más habitaban Vegetasei, diferentes y temerosos de expresar su verdadero ser con tal de encajar y no ser juzgados como débiles y traidores. Todos esos hombres y mujeres deseosos de vivir una vida alejada de muerte y destrucción sin sentido.
Es por eso que siempre albergó la esperanza que, mediante esta alianza secreta, con la reina de los saiyajin y su ejército, tal vez algún día podría alcanzar la forma de llegar a un entendimiento y encontrar esa paz que siempre había querido para su galaxia. No podía ser que el mal fuese el vencedor.
Alina continuó acariciando con cuidado el rostro de Koora, en un intento de darle paz en medio del caos y dolor que vivía.
(...)
Raditz tenía solo 16 años de edad y aún le quedaban unos años más para seguir creciendo, por lo que si ahora encontraba incómoda y pequeña su antigua cama en la casa que era de sus padres, después ni siquiera podría intentar acostarse en ella. Podría haber dormido en el dormitorio del primer piso, esa cama sí era amplia, pero no encontró buena idea usarla, pese al tiempo transcurrido esa siempre sería la habitación de su mamá.
Desganado, se sentó y apoyó los pies en el suelo de madera observando la mano de su hermano que colgaba desde la cama de arriba del camarote. Kakarotto continuaba durmiendo, y pese a que también había crecido, el tamaño del colchón era perfecto para el niño de 11 años.
Se le hacía raro volver a dormir en su antigua habitación después de más de dos años desde que su padre los echó, luego de la muerte de su mamá. Todo a su alrededor lucía tal y cual lo había dejado, era perturbador. Sin embargo, él y su hermano habían cambiado tanto... Quiso levantarse sin hacer ruido, pero como cada mañana golpeó su frente con el armazón de madera de la cama de su hermano menor.
Mierda —susurró de mal humor. No se trató del dolor, era otro asunto importante que lo tenía así.
—Tengo hambre —dijo Kakarotto cuando el golpe de su hermano lo despertó. Él lucía tranquilo, como si fuese cualquier día.
—Vamos —respondió Raditz y partieron al primer piso, y como ya se había vuelto una rutina en las últimas tres semanas, se encargó del desayuno, mientras Kakarotto, esperaba impaciente a la mesa.
Mientras preparaba el desayuno (de una manera mucho más simple y con menos dedicación que su madre), Raditz volvió a culparse de lo sucedido con su padre. Si hubiera ido antes a ayudarlo a palacio, o si no hubiera dejado que esa saiyajin lo derrotara con tanta facilidad, él estaría muy lejos de este planeta, y no encarcelado en las mazmorras de palacio junto con todos los soldados de la reina Koora… Ni siquiera sabía si continuaba con vida y eso era lo peor de todo. Se sentía impotente al no poder hacer nada más que esperar en su antigua casa.
—Voy a salir —finalmente dijo después de llevar dos platos con un trozo de carne, un par de papas, dos salchichas y un pedazo de pan de hace más de tres días. Kakarotto comenzó a engullir a gusto, mientras que él observó su comida—. No puedo seguir esperando aquí.
—No nos ligaron con Bardock porque saben que no tenemos relación, pero si te pones a preguntar por él allá en el palacio nos van a agarrar.
—Ni siquiera sabemos si está vivo —dijo levantando la voz. Le molestaba que su hermano comiera con tantas ganas, pero Kakarotto insistía en hacer como si a él no le importara en absoluto lo que pasara con su padre.
—En algún momento lo sabremos —dijo encogiéndose de hombros—. Y sabes que no podemos salir del área hasta que digan lo contrario.
La situación continuaba muy tensa en el planeta. Luego de que el príncipe Vegeta le prometió indulgencia a los saiyajin castrados de la zona negra a cambio de atrapar y arrestar a los soldados que llevasen los colores de la reina, y que estos obedecieran y se les pasara la mano, Paragus, en el nombre del rey debió poner orden. Y ya que se acusaba a la misma reina y a una gran cantidad de saiyajin de traición, cualquier misión se detuvo y se ordenó a todos los habitantes no salir de sus áreas hasta que el rey y su hijo regresaran al planeta.
Se suponía que pronto regresarían, pero era una tortura no saber nada de su padre.
—No sé por qué estás aquí conmigo —dijo Raditz y por fin le dio un mordisco a la salchicha.
—Para cuidarte. La última vez tuve que sacarte inconsciente de palacio… De habernos agarrado estaríamos prisioneros… Deberíamos irnos de este planeta, tener nuestras propias misiones como habíamos pensado.
—Ni siquiera se puede abandonar nuestra zona —respondió Raditz frunciendo el ceño. Llevaba tanto tiempo insistiendo a su hermano trabajar juntos, y justo ahora lo lanzaba.
—Ya se me ocurrirá cómo llegar a mi nave.
—No voy a dejarlo.
—Bardock no nos debe nada, no tienes que arriesgarte por él. Además, ¿qué estaba haciendo metido allá en el palacio?
Raditz guardó silencio. No podía decirle que la princesa era en realidad hija de su padre, lo que la convertía en su hermana. Eso solo serviría para para que Kakarotto odiara más a su padre por "traicionar" a su mamá con la reina.
Ya que no hubo ninguna respuesta, Kakarotto volvió a centrar toda su atención en el desayuno. Raditz hizo lo mismo.
(...)
El rey Vegeta se quitó los guantes y los dejó en la mesa para poder tomar la carne con las manos y llevársela a la boca. Tenía una habitación especial en la nave con una larga mesa y todo lo necesario para comer como si estuviese en el palacio. Junto al plato principal tenía los cubiertos, pero era reacio a usarlos. La mesa estaba repleta de cosas deliciosas solo para él y para su hijo que se encontraba al otro extremo, con sus guantes puestos y usando los cubiertos para cortar sus alimentos, y a diferencia de su padre, no se encontraba muy apetente.
—...Una vez que Atlas y sus hombres se encarguen de tomar control del planeta, se nos unirán en Vegetasei —continuó el monarca hablando, ensimismado en su soliloquio, ajeno a la indiferencia de su hijo—. Tenemos que recibirlos como se merece. Esta alianza está recién comenzando, pero primero nos encargaremos de arreglar los problemas que nos causó esa maldita mujer. —Bebió de su copa e inmediatamente una esclava se encargó de llenarla—. Aún estás joven, Vegeta, pero en unos años más podrías prometerte a una hija de Atlas, haríamos la alianza más poderosa del universo.
El príncipe bebió un poco de vino para poder pasar el trozo de carne que tragó sin casi masticar. La esclava que estaba ocupada en servirle se apresuró en llevar la jarra a la copa para servir más, pero el joven puso su mano sobre la copa, impidiendolo. Observó a su padre que hablaba sin parar, haciendo planes y armando estrategias, más altanero y confiado que nunca, como antaño. El respeto y admiración que sentía hacia el rey se había perdido hace unos meses, cuando lo vio derrotado y ebrio, incapaz de tomar una decisión para solucionar el desastre de las últimas misiones de conquista a los planetas de Alina. (en ese tiempo ni sospechaban que Koora estaba detrás de todo esto). Así no era como se comportaba un rey, ya que los mejores guerreros demostraban su valor en los peores momentos y su padre no había dado el ancho. Pensaba que ahora que todo comenzaba a volver a la normalidad, su respeto por él también regresaría, pero no fue así.
—Paragus tendrá todo preparado para cuando regresemos en cuatro días… En un comienzo pensé que estaba aliado a Koora para quedarse con el trono, pero me equivoqué.
—Paragus siempre ha sido leal a ti —comentó Vegeta distraído.
—Tendremos que hacer una limpieza extrema en palacio. No volveré a confiar así como así en cualquiera. Todos tendrán que trabajar más duro si no quieren terminar en un calabozo inmundo —exclamó golpeando la mesa con el puño—. Todos, desde el simple soldado que patrulla hasta los mismos príncipes.
Vegeta levantó la vista hasta su padre y descubrió que lo estaba mirando a la espera de su reacción. El joven con el ceño fruncido abrió la boca para responder, pero la risa del rey se lo impidió.
—Si confío en Paragus, por supuesto que confío en ti, hijo… Los dos nos encargaremos de volver a Vegetasei a la gloria.
—Así será. —No fue capaz de contagiarse ni un poco de esa risa.
—Es en ese niño débil que no tengo ni una pizca de credulidad. Es la imagen de Koora y si quiero dar un ejemplo de verdad tendré que ser más brutal que nunca. Tarble tiene que…
—El príncipe no es cómplice de Koora —dijo Vegeta interrumpiendo a su padre con la máxima tranquilidad posible. El rey dejó de comer para prestarle atención—. Como te habrás enterado en los informes, he sido yo quien se dedicó a entrenarlo y guiarlo. Hace tiempo Koora dejó de tener poder sobre él.
—¿Estás seguro, Vegeta? Ese niño perfectamente pudo haberte engañado.
—Estás insultandome, padre. Conozco muy bien a los que trabajan para mí.
El rey sonrió ante la respuesta de su hijo. Le gustaba que el futuro rey fuese así de orgulloso.
—Está bien… mereces que te crea… pero haré que alguien siga a ese niño. Esta vez no voy a esperar sentado a que todo explote. No volveré a perder el control.
—Es lo que corresponde. Todos tienen que demostrar su lealtad —dijo el príncipe, y terminó de beber su copa.
Su padre hizo un brindis ante sus palabras y continuó comiendo con ganas.
En cuanto pudo regresar a su cuarto, el príncipe tomó su scouter para comunicarse con Ginn. Ya tenía un humor de los mil demonios que aumentó cuando ella tardó en responder.
—Vegeta... —habló la chica en cuanto respondió.
—¿Dónde está Tarble? —preguntó enseguida, interrumpiendo cualquier cosa que ella hubiese querido decir.
—En su cuarto, como me lo pediste. No ha salido de ahí.
—Quiero que lo vayas a ver—dijo sentándose en una silla y cruzándose de piernas y brazos. El scouter ya se agarraba firme en su oreja.
—Estuve con él hace unos minutos, estaba…
—Ve a su cuarto a revisar —dijo levantando un poco la voz—. Y no le digas que te mandé.
—Está bien, voy —dijo la chica con un tono de voz condescendiente—. Espera un momento.
En otra ocasión, Vegeta la hubiera reprendido por su tono de voz, pero ahora ni se dio cuenta. Cerró los ojos y movió su pie con impaciencia a la espera que la joven le hablara.
—Ya está —finalmente dijo Ginn—. Está tal como lo dejé hace cinco minutos. Acostado, sin moverse y llorando.
—Que no salga de su cuarto hasta que yo llegue y que no se le ocurra estar llorando para ese entonces —dijo molesto consigo mismo por estar preocupandose de un niño llorón de 10 años.
No solo la situación de su madre lo tenía mal, ahora debía seguir engañando y mintiendo con tal de proteger a su hermano, el mismo hermano que desde que tiene memoria había amenazado con eliminarlo por no comportarse como un verdadero saiyajin. Por culpa de Koora y Tarble debía traicionar la corona y mentirle al rey, que aunque lo hubiese decepcionado continuaba siendo el monarca de los saiyajin.
La culpa en Vegeta era tan grande que casi podía sentir la carga sobre sus hombros como una espesa sombra negra humanoide que con sus largas y filosas garras se aferraba en él y alimentaba de su pecado
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—No tiene nada de malo, Vegeta.
El príncipe volvió a la realidad cuando escuchó la voz de Ginn hablarle.
—No le digas a nadie de esta llamada. —Se limitó a responder, pero ella continuó.
—Por supuesto que no lo haré. Siempre he sido fiel a ti… Si yo tuviera a mi hermana viva haría exactamente lo mismo por ella si creyera que es lo mejor. Tarble es tu sangre, está bien preocuparse de él.
Vegeta hizo una mueca de desagrado ante ese comentario y también lo ignoró.
—Estaremos de regreso dentro de cuatro días. —Cortó la llamada antes de que ella dijera algo más.
Continuará…
Siento que ha pasado una eternidad desde la última vez que actualicé esta historia. Y vaya, si fueron casi 3 años y durante ese periodo ocurrieron muchas cosas.
No podía dejar inconclusa mi más querida y mejor historia. Creo que después de tanto tiempo no serán muchos los que la recuerden, ya que nunca fue tan popular como otras historias que he publicado, pero para mí siempre será mi mejor trabajo.
Reitero que si no la habían leído antes, es importante que lo hagan porque todo estará relacionado.
Para quienes la leyeron y no recuerdan mucho, hice este capítulo con el fin de refrescar su memoria, pero si tienen preguntas no duden en escribirme que yo responderé con mucho gusto.
Estoy emocionada y espero saber de ustedes, las lectoras que siguieron y vibraron con esta historia igual que yo. Espero saber de ustedes.
Pueden encontrarme en facebook buscandome como: Dev-Fanfiction.
Dev.
31/03/20
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