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El Legado
Capítulo XXXIX
La Reina
—¿Qué es lo que sigue ahora? —preguntó Paragus observando su copa de vino. Se sentía un tanto incómodo al llevar esta reunión en el salón donde solían celebrar las victorias. El rey había llegado al planeta hace un día, la reina y sus hombres estaban encarcelados y todos eran considerados posibles traidores ante los ojos de Vegeta, sin embargo el monarca había insistido en llevar a cabo esta pequeña junta en un ambiente festivo con comida, mujeres y alcohol.
En la reunión también se encontraban, Torn ( hermano del rey), los generales de los ejércitos más importantes, entre ellos Straw ( padre de Ginn), Gerk (soldado de confianza del rey) entre otros guerreros mayores y experimentados. Todos bebían, algunos comían y ninguno le tomaba atención a las esclavas que les servían con ropa de telas ligeras y traslúcidas.
—Lo que sigue es que recuperaremos los planetas perdidos, le daremos una lección al enemigo y utilizaremos a Alina para eso.
—Van a querer a su reina —dijo Paragus.
—Claro que la tendrán —intervino Torn—. Les llegara pedazo por pedazo de su reina.
—Todo a su tiempo —respondió el rey, contagiado del entusiasmo de hermano, pero más prudente—. Lo primero es el catastro de guerreros y su estado. ¿Regresaron los soldados de los planetas cercanos?
—Contamos con un cincuenta por ciento de los soldados de reserva y un cuarenta por ciento de los de élite —respondió Straw— Suficiente para una partida ambiciosa. —El saiyajin no tenía mayor nivel de jerarquía sobre los otros generales, pero le gustaba ser quien más hablara, en una forma de sentirse a la par con el monarca y sus hombres más cercanos. Era por eso su relación de cercanía con el hermano del rey.
—¿Y qué pasó con los castrados? ¿Cuál es su número?
—No trabajo con esos parias —respondió Straw, demasiado informal a la hora de dirigirse al rey.
—No fue esa la pregunta que hice —dijo el monarca, serio y mirándolo a los ojos , obligando a Straw con solo ese acto a enderezarse en su asiento y carraspear nervioso.
—Lo siento, su majestad.
—No quiero que den problemas —intervino Paragus—, así que los dejé bajo mi cuidado. Sé que podríamos sacar muy buen probecho a más de la mitad de ellos. No puedo confiar en los otros aún. Necesito trabajarlos.
—Ya veo —respondió pensativo.
—Podrías decirnos, hermano, que se supone que es esa alianza que hiciste con Atlas y de la cual no nos contaste absolutamente nada —preguntó Torn.
—Y no tenía que hacerlo. No confiaba en nadie en ese entonces, y aun continuo en esa posición. Sin embargo pronto Atlas estará aquí para cerrar un nuevo tratado y todos tendrán la oportunidad de conocerlo.
—¿Asumo que el pacto de no interferir en el territorio del otro acordado por sus abuelos ya no va más? —dijo Paragus.
—Eran otros tiempos, ahora podemos manejarlos y sacar provecho de esta unión. No voy a parar ahora que estoy a punto de recuperar mis planetas. —Bebió por completo el contenido de su copa. Todos los presentes en la mesa lo observaron en silencio. Era imposible no recordar que hasta hace no mucho el rey se la pasaba ebrio y derrotado.
—Hay otro tema que es necesario tocar… —dijo Paragus, notablemente incómodo, pero no podían pasarlo por alto—. Koora.
—¿Qué hay de Koora? —preguntó el rey mientras la esclava llenaba su copa de vino.
—¿Qué hay de Koora? —repitió su hermano, cínico—. Todo, Vegeta. Es la reina, y dejaste que te manipulara, se burló de ti y te tuvo agarrado de las bolas el tiempo que quiso.
—Para ser justos, Torn, Koora nos engañó a todos —dijo Paragus.
—Nunca confié en ella —murmuró cruzado de brazos—. Nunca me gustó, siempre se comportó de esa forma tan poco saiyajin.
—Pues si eres tan sagaz y no dijiste algo en su momento te recomiendo que omitas cualquier comentario —respondió Vegeta.
Antes que pudiera comenzar otra discusión sin sentido, Paragus se apresuró a hablar.
—Koora sigue siendo la reina, Vegeta y está encarcelada por traición. Tenemos que hacer algo al respecto.
—Me ocuparé de ella una vez que haya recuperado mis dominios. Mientras tanto continuará encarcelada con toda la tropa de traidores. El príncipe se encargará personalmente de comandar la vigilancia… ¿Dónde demonios está Vegeta? —preguntó mirando a los hombres sentados alrededor de la mesa y los soldados que custodiaban el lugar, entre ellos Nappa—. Debería estar aquí, participando en esta reunión.
—Vegeta, creo que lo más apropiado que hagas antes de abandonar el planeta es hacerlo habiendo escogido otra reina —dijo Paragus, ganándose la aprobación de la mayoría.
—Es lo más sensato que se ha hablado en días —respondió Torn.
—Eso podré hacerlo una vez que termine todo lo pendiente.
—Sería prudente escuchar la opinión de tu consejo, majestad —dijo Gerk. Tú mismo has hablado de dejar mensajes claros. Qué más claro que dejar una nueva reina en el planeta mientras te encargas de recuperar tus dominios. Necesitamos un imperio fuerte y completo.
—No tengo ninguna candidata en mente —murmuró cruzado de brazos. Contrario a lo que podría suponerse, no le hacía gracia pasar por todo el proceso de escoger una nueva mujer.
—Nosotros podemos encargarnos de eso, Vegeta —dijo Torn—. Tan solo tienes que decirnos qué es lo que quieres, te traemos las candidatas y la escoges. Así para cuando recibas a Atlas en el planeta ya estarás con una nueva reina y más fortalecidos que nunca… No podemos mostrar debilidad ni desesperación con el nuevo aliado.
—Te concedo eso, hermano… Está bien… No quiero una jovencita tonta, no quiero después sorpresas indeseables.
—Hay muchas guerreras jóvenes y poderosas lo suficientemente inteligente para saber lo que pasará con ellas si no cumplen con su deber. Necesitamos un vientre joven y resistente para que te den más príncipes —comentó un saiyajin mayor, lleno de cicatrices en su rostro.
—Ya tengo el mejor heredero que pudiese querer cualquiera, y no estoy desesperado en poblar el planeta de más príncipes por el momento, y si quisiera carne fresca basta con buscar una ramera de la reserva. Quiero una mujer conocida, de la élite y fiel a nuestro imperio, no una extraña a la que haya que enseñarle todo, no hay tiempo para eso.
—Nosotros nos encargaremos de eso, Vegeta. Mañana te tendremos las candidatas —respondió Paragus.
—Me parece… ¿Dónde está el príncipe? Que alguien vaya por él enseguida. —Exigió en voz alta, un tanto afectado por el alcohol.
Nappa no tardó en salir del salón en busca del príncipe Vegeta.
—No es posible que continúes así —dijo Vegeta molesto, caminando por la habitación de Tarble, revisando que las cortinas estuvieran cerradas y no se pudiera ver desde el exterior. Ginn se mantenía de pie, con la espalda cargada en la pared, junto a la puerta, observando en silencio—. Levántate y deja de chillar, que el rey ya regresó.
Tarble permaneció en posición fetal dándole la espalda a los dos jóvenes. De no ser por la insistencia de Ginn, hubiera estado todo este tiempo sin comer ni beber agua. Nadie más que ella se había preocupado por él, nadie más que ella había mostrado interés por el niño. Nadie más que ella parecía estar consciente de la existencia del pequeño dentro de palacio. Y ahora Vegeta había regresado, él que toda su vida se había encargado de menospreciar al niño, olvidó por completo la importante reunión a la que debía asistir por estar pendiente de la integridad de su hermano.
—¿Qué importa si el rey regresó o no? —dijo el niño en un hilo de voz—. Yo no soy nadie, te querrá a ti a su lado, no a mí.
—¿Es que no lo entiendes, Tarble? —respondió el príncipe molesto con su hermano y consigo mismo—. Estás en la lista de sospechosos. El rey no dudará en mandarte a ejecutar si le das una razón.
—Finalmente podría deshacerse de mí.
Vegeta se cruzó de brazos y lo miró unos segundos. Estaba a punto de golpearlo para obligarlo a reaccionar, pero no quería llamar la atención.
—¿Eso es lo que quieres que pase, Tarble? Porque entonces estoy perdiendo mi tiempo contigo.
—Lo que yo quiero es ver a mi mamá —dijo el niño e inmediatamente se irguió para ponerse de pie y enfrentar a su hermano. Vegeta y Ginn se sorprendieron al ver su rostro demacrado y pálido lleno de sombras y heridas que aún no terminaban de sanar. Pese a tratarse de un niño de solo 10 años, su aspecto era el de una persona que había sufrido demasiado con el paso de los años. Este no era el Tarble que conocían.
—Eso no va a suceder —dijo Vegeta tajante—. Koora está bajo custodia por alta traición. Nadie puede verla.
—Es nuestra madre, Vegeta. ¿Vas a permitir que la tengan así?
—Es su responsabilidad —murmuró molesto con su madre—. Ella fue la que se hizo esto cuando decidió traicionar al re…
—¡No me importa lo que le haya hecho al rey o al planeta entero! —gritó el niño fuera de sus cabales, sorprendiendo a su hermano que siempre fue el de carácter fuerte—. ¡Ella no se merece esto!
—No voy a discutir esto contigo, Tarble —respondió Vegeta mucho más sereno, pero la verdad es que no tenía cabeza para encontrar culpables, justificaciones ni para analizar nada—. Continuarás en este cuarto hasta cuando yo lo diga y saldrás solo cuando lo permita, y cuando lo hagas tendrás que cambiar esa actitud, de lo contrario…
—¿De lo contrario que? —Volvió a interrumpir a Vegeta por segunda vez—. ¿El rey querrá eliminarme?
—Si el rey considera que eres culpable no durará en eliminarte —dijo intentando sonar lo más frío posible.
—Toda mi vida he sido culpable, Vegeta. Soy culpable de ser un niño débil, soy culpable de no ser lo suficientemente saiyajin para el criterio del rey y el planeta entero. Siempre he sido culpable de traer la vergüenza a este reino. Tú y toda la gente me lo ha hecho saber toda mi vida. Hace mucho el rey ejecutó mi condena cuando intentó asesinarme, pero para su desgracia falló.
—¿De qué demonios estás hablando ahora? —preguntó Vegeta perdiendo la paciencia.
—Ese ataque que casi acabó con tu vida hace muchos años no fue un accidente, iba dirigido hacia mí por encargo del rey. Así que no pierdas tu tiempo intentando cuidarme, si me quiere muerto lo hará con o sin razón.
—Lo estás inventando.
—No, mi madre…
—Koora es una traidora, nos mintió a todos —exclamó Vegeta agotado. ¿Desde cuando tenía que preocuparse de todas estas cosas? Era el príncipe, maldita sea, su deber era hacerse fuerte, conquistar planetas y someter gente, no desvelarse por terceros que no deberían importarle en lo absoluto. Los sentimientos no eran algo digno en el futuro rey de Vegetasei—. No puedes creer nada de lo que haya salido de su boca.
—Ella jamás haría o diría algo para herirme. Nunca me lo dijo, yo la escuché hablar con Bardock sobre el tema… No entiendo por qué ahora te preocupas por mí, Vegeta, pero mucho menos entiendo cómo puedes estar tan tranquilo sabiendo el destino que le espera a nuestra madre. En lugar de estar perdiendo el tiempo conmigo deberías hacer algo por ella.
—No volveré a tener esta discusión contigo, Tarble. Ya dije cuales son las reglas desde ahora y las obedeceras. —No quiso esperar respuesta de su hermano y salió a paso raudo de la habitación con Ginn detrás de él.
Tarble cerró la puerta y se sentó en una silla con la mirada perdida. Sentía que ya no tenía más lágrimas para llorar, pero se sorprendía cuando éstas volvían a aparecer insistentes, gruesas y amargas.
Un suave pitido se escuchó desde el interior del cajón de su escritorio, el niño lo abrió y no fue necesario observar la pantalla de su scouter para saber quién era. Gure insistía en intentar comunicarse con él luego de que hace semanas le dijera que se iría a vivir a su planeta y llevaría a su hermana y mamá. No tenía valor de responderle la llamada y decirle quien era en realidad y porque los planes se habían arruinado. Era mejor que pensara que había desaparecido, o fallecido a que supiera que era un saiyajin con un legado de sangre y muerte a tan corta edad. Cerró el cajón casi sin fuerza y volvió a perder la mirada en la nada.
—Vegeta, espera. —Ginn corrió hasta alcanzar al príncipe en medio del pasillo.
—Tarble está loco, no puede estar diciendo la verdad, el rey jamás sería capaz de hacer algo tan cobarde contra su sangre —dijo Vegeta mirando a Ginn a los ojos, esperando que ella corroborara su idea.
—Muchas familias de clase alta mandan a sus hijos débiles a misiones a planetas lejanos con la esperanza de que no regresen, eso lo sabemos todos.
—Ni siquiera sé por qué te escucho. —Continuó caminando con ella detrás.
—Porque te guste o no confías en mí y te he demostrado que puedes hacerlo.
—No necesito a nadie.
—Necesitas a Tarble, de lo contrario no estarías así de desesperado intentando salvarlo.
—Un niño débil y mentiroso que no merece todo lo que estoy haciendo.
—Yo también idealicé a mi padre cuando era niña, a ti te ha durado más porque, claro, es el rey, pero es un hombre como todos los demás… Lo he escuchado hablar en reuniones, y creo que es incluso peor que mi...
Vegeta se volteó furioso para encararla por su atrevimiento. Ginn reaccionó a tiempo y se detuvo, de lo contrario hubieran chocado.
El joven príncipe no alcanzó a decir nada, ya que la voz de Nappa se adelantó.
—Principe Vegeta, su padre lo necesita con urgencia en la reunión. —El grandulón miró a la pareja y al juzgar por sus caras parecía que los había interrumpido justo en medio de una importante discusión. Era una lástima que no hubiese podido escuchar algo. No confiaba en la jovencita que rondaba al príncipe, y mucho menos al tratarse de la hija de Straw.
Ginn pudo ver la cara de molestia que puso Vegeta al escuchar sobre la reunión. Definitivamente había olvidado por completo el compromiso.
Vegeta le dirigió una mirada asesina a Ginn antes de retirarse con Nappa.
La joven frunció el ceño y regresó al cuarto de Tarble, tenía algunas preguntas que hacerle.
(...)
El rey Vegeta llevaba un rato trabajando en el escritorio dentro de su cuarto cuando golpearon a la puerta. No respondió, estaba tan concentrado preparando su próxima estrategia de ataque que recién atendió cuando llamaron por segunda vez.
—Adelante —dijo sin dejar de mirar su tableta electrónica.
Un soldado quiso ingresar para presentar a la visita, pero ésta se adelantó al protocolo y entró.
—No es necesaria tanta formalidad, puedes retirarte —dijo la mujer saiyajin, que al ver que el soldado esperaba confirmación del rey, insistió manteniendo su postura altiva y de desprecio ante el subordinado del monarca—. Vamos, retírate.
La situación llamó la atención del rey, que con una mano hizo un gesto para que el guerrero se retirara de una vez por todas.
—Rave —saludó Vegeta y le indicó con la mano que se sentara. La mujer obedeció.
—Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que estuve en esta habitación —comentó la mujer observándola con detenimiento.
—Dieciocho años —dijo el rey.
—Diecisiete —corrigió la mujer—, pero quién los cuenta…
Vegeta la quedó mirando. Ya no lucía tan joven como cuando eran amantes antes que se decidiera por Koora en lugar de ella, pero continuaba con el mismo porte altanero que siempre le fascinó, a sabiendas que era la mejor guerrera de su generación. La mujer de 45 años (igual que el monarca) aún conservaba la cicatriz cerca del ojo que se había hecho durante una misión estando juntos. En esa ocasión casi pierde el ojo y la vida al salvarlo, y él se lo pagó cambiando de opinión a última hora, escogiendo a otra mujer para ser su reina.
—No sabía que Sentt había muerto.
—Hay muchas cosas de las que no tenías conocimiento, querido Vegeta, pero sí, hace menos de un año murió defendiendo tus dominios.
El monarca hizo una pequeña mueca ante aquel comentario.
—Me estoy encargando para que eso no vuelva a suceder. Qué clase de rey soy si no estoy enterado de todo lo que pasa a mi alrededor.
—Confío en que saldrás victorioso, siempre he apostado por ti, Vegeta, no solo durante las épocas de abundancia… —dijo sonriendo con los labios, pero sus ojos se mantenían fríos como el hielo—. Vegeta, ya no tenemos veinte años para jugar a las indirectas. Ni Paragus ni tu hermano quisieron decirme a qué se debía todo esto, pero creo saber por qué estoy aquí, aunque preferiría que tú me lo dijeras sin rodeos.
—Te he escogido para ser la nueva reina de Vegetasei.
—Me hubiese gustado escuchar eso hace mucho tiempo atrás —dijo la mujer sin emoción alguna.
—Estoy dedicado a corregir mis errores, y uno de esos fue no haberte escogido como reina cuando tuve la oportunidad… No quiero una jovencita que haya que enseñarle las cosas o educarla para que sepa su lugar, no tengo tiempo para eso. Tú eres la mejor opción para mí.
—Siempre fui tu mejor opción, querido, hace dieciocho años y en este momento actual, pero la traidora de Koora te deslumbró con esa forma de ser poco digna de un saiyajin que algunos hombres encuentran irresistible… Esa mujer siempre fue una bomba de tiempo, me sorprende que algo como esto no sucediese antes.
—Por eso te quiero a mi lado. Muy pronto partiré a recuperar lo que es mio y necesito dejar a la reina a cargo del planeta.
—¿Y qué pasará con la traidora? Lo mínimo es enjuiciarla ante todo el planeta para que nadie quiera volver siquiera a pensar en rebelarse. No la quiero viva en mi planeta.
—Me encargaré de eso una vez regrese de mi viaje. Tengo primero que encargarme de la otra reina para chantajear a sus hombres, luego me ocuparé de Koora.
—¿Y quién se encargará de ella en tu ausencia?
—El príncipe.
—¿Realmente crees que puedes dejar a tu hijo custodiando a su madre? Esa mujer debió haber manipulado a los príncipes a su antojo durante todos estos años. ¿Qué le impide ahora volver hacerlo para escapar?
—Definitivamente no conoces a mi hijo Vegeta. Y tampoco ahora voy a comenzar a discutir mis decisiones contigo. —Se puso de pie y le dio la espalda para acercarse a los ventanales y observar hacia el exterior—. Te necesito en este planeta para mantenerlo fuerte, Paragus estará todo el tiempo contigo en caso de que necesites guia.
—Me preparé toda mi niñez y adolescencia para ser una reina digna. Soy la mejor, siempre lo fui, lamentablemente no fuiste capaz de verlo. No necesito la ayuda de nadie.
—Me gusta oir eso.
—En cuanto a mis hijos…
—¿Qué pasa con ellos?
—Son guerreros poderosos que traerán grandeza al reino, por lo tanto merecen el título de príncipe y princesa.
—No tengo duda del potencial de ellos conociendo a sus padres, sin embargo tengo que verlos antes de tomar una decisión sobres sus títulos.
—Como desees —dijo confiada—. No te traerán más que victorias y orgullo.
—Sin embargo no te equivoques, Rave, Vegeta es y será siempre el primer heredero al trono.
—Entonces necesito que me des algo más.
—Después de Vegeta, en la sucesión seguirán los hijos varones que me des.
—¿Y qué pasa con Tarble y Kyle?
—Tarble jamás ha sido considerado en la sucesión y Kyle es mujer, por lo que queda descartada. Los hijos hombres que me des tendrán inmediatamente el título de príncipe y serán los siguientes en sucesión, creo que es bastante justo.
—Creo que sí. Estaré encantada en cederte mis ejércitos para ayudarte. Ya vienen en camino para unirse a tus hombres.
—Sabía que no me equivocaría contigo. —Se volteó para mirarla. Ella sonreía levemente.
—Por supuesto que no... Entonces, ¿cuándo será la ceremonia?
—Lo más pronto posible. Una vez arreglado los problemas pendientes podremos celebrarlo como corresponde con un gran torneo en tu nombre, pero ahora tienes que ya tener tu titulo para recibir al invitado de honor.
—Invitado de honor —repitió levantando ambas cejas.
—Te pondré al día de los pormenores una vez que seas la nueva reina.
—No querido. No seré la nueva reina. Seré la reina.
Vegeta sonrió ante sus palabras.
(...)
En algún momento el cansancio y el hambre fueron más fuertes que el dolor y pese a la incómoda posición en que quedaba debido a lo corto de las cadenas que iban unidas a los grilletes en sus muñecas, fue capaz de dormirse arrodillado. La gravedad hizo lo suyo con la sangre que goteó al suelo desde la nariz, boca y otras heridas
Bardock no solía soñar, y si lo hacía no lo recordaba, pero ahora encarcelado y bajo el constante estado de la inconsciencia en que se encontraba las imágenes vívidas no se hicieron esperar. Por un lado vio a Gine con su eterna y linda sonrisa esperando pacientemente a que sus caminos volvieran a encontrarse, pero no hizo nada por acercarse a ella, avergonzado de su actuar con sus hijos, los niños de Gine que tanto amó y protegió y que él no dudó en rechazar cuando ella murió y más necesitaban contención... Vio a Raditz y Kakarotto, de 10 y 5 años corriendo y gritando, jugando a ser guerreros justo como su papá. Intentó ir hacia ellos, correr y corregir en lo posible su error imperdonable, pero jamás pudo llegar. Los niños continuaron cada uno por su lado, sin risas ni juegos, totalmente separados, sin nada que pudiera hacer él al respecto.
Una tercera aparición llegó para atormentarlo y llenarlo de paz al mismo tiempo. El encuentro fugaz que tuvo con Kyle, su hija con Koora, fue suficiente para quedar en su subconsciente. El momento en que abrazó su cuerpecito cubierto sólo de una manta y le entregó calor para despertar a la niña de 2 años no lo dejó en paz. La cola de la pequeña enredada en su muñeca, su aroma, el asombroso parecido a Koora.
Gine abrazando a Raditz recién nacido mientras dormía sobre su pecho. Gine amamantando a Kakarotto y este con su cola aferrada a la muñeca de la mujer. Los dos niños llenándose de la esencia de su madre, respirandola y creando ese vínculo que era indestructible. ¿Eso había pasado entre él y Kyle y por eso ahora no podía alejarla de sus sueños y pesadillas? ¿Sin saberlo la había condenado creando un lazo que jamás sería real? ¿Por qué aunque intentara hacer algo bueno terminaba arruinándolo?
—Bardock, ¿eres Bardock? Despierta, Bardock.
La voz más aguda logró arrancarlo del desvarío. Todas sus visitas se limitaban a guerreros grandes y violentos que se encargaban, a base de palizas, mantenerlo débil y al límite para no dar problemas. Por eso fue extraño ver una saiyajin tan joven y delgada fuera de su celda.
—Responde, maldición. ¿Eres Bardock o no? —preguntó Ginn, mirando hacia todos lados. A esta hora los guardias se habían retirado a comer, después de todo, los prisioneros fieles a Koora ya habían sido golpeados hasta asegurarse que no podrían ponerse de pie.
—¿Quién eres? —preguntó, o al menos eso creyó decir. Las heridas en su boca le dificultaron modular.
Ginn se sintió incómoda. Pese a tener 17 años ya era una guerrera experimentada y destacada que había logrado entrar al escuadrón de élite de Vegeta por mérito propio, aunque muchos pensaran que se debía a la "relación" que tenían, ya que su contextura delgada y delicada la hacía lucir demasiado frágil. Todo lo contrario. Sin embargo, el ver tantos guerreros saiyajin en pésimas condiciones la hizo sentir mal y apenada. Siempre se le inculcó respetar y sentir orgullo de su raza y ahora, solo en esta sección del calabozo, había más de cincuenta soldados saiyajin en pésimas condiciones. No tenía que olvidar el crimen que habían cometido, pero eso no hacía que todo lo sucedido fuese menos difícil de aceptar.
—No tengo mucho tiempo, tengo que hacerte una pregunta. ¿Me estás escuchando, Bardock?
Bardock pudo levantar la cabeza y mantener su mirada en la joven guerrera. No estaba seguro si la había visto alguna vez en palacio cuando trabajó cuidando a Tarble.
—¿Qué quieres, niña?
—¿Es cierto que el rey intentó matar a Tarble? —Fue directo al grano. No tenía tiempo que perder, ya que en cualquier momento volverían los soldados.
Esa pregunta sirvió para que Bardock despertara un poco más, y definitivamente él tenía tiempo de sobra como para no responder enseguida.
—Si el príncipe Vegeta quiere obtener información que venga él personalmente.
—¿Cómo supis...?
—Vistes sus colores, niña.
Ginn frunció el ceño. No le gustaba que la llamaran así.
—Sí, pertenezco a su escuadrón, pero él no me envió a preguntar nada. Soy yo la que quiere confirmar esa información.
—¿Es verdad que Koora está prisionera? —Ya no valía la pena mantener formalismos y llamarla por su título.
—Sí, pero no sé dónde está.
Bardock frunció en ceño. Qué impotencia que nada hubiese resultado, ahora él y Koora, junto con una gran cantidad de valiosos soldados morirían para que todo el mundo supiera que nadie podía meterse con el rey Vegeta.
—Mis hijos… —dijo y movió los brazos que se encontraban en una incómoda posición por culpa del largo de las cadenas. Sentía los músculos acalambrados y tensos.
—No sé quienes son tus hijos… Ahora responde la pregunta: ¿quería o no el rey Vegeta matar a su hijo menor?
—¿Qué piensas hacer con esa información?
—Necesito la verdad, nada más… A estas alturas no hay nada que se pueda hacer. —Al ver que el hombre no respondía insistió—. No estoy aquí por el rey Vegeta, es por los príncipes, es a ellos que soy fiel.
—Tarble conoce a mis hijos… —Debió hacer una pausa. Le dolía demasiado el abdomen cuando respiraba, pero lo ignoró y miró a la joven a los ojos para seguir—. Él te dirá quienes son, solo quiero que les digan que lo siento.
Ginn sintió una fuerte presión en el pecho ante la mirada y las palabras del saiyajin. Por mucho tiempo deseó desesperadamente tener una relación con su padre, tal como su madre la tuvo con su hermana y que ella no tuvo la oportunidad de disfrutar. Una relación afectuosa como solía suceder mayoritariamente entre guerreros de clase baja.
—¿Eso es todo lo que quieres que oigan?
—Nada de lo que diga arreglará lo que les hice.
—Eso no lo sabes.
Bardock levantó un poco más la cabeza, se sentía mareado.
—Es todo, niña… No tengo pruebas al respecto, solo la insulsa confesión del esbirro del rey que ordenó a Nappa acabar con Tarble y hacer que pareciera un accidente para no perder el apoyo de la reina, pero falló y en lugar de matar al niño hirió de gravedad a su hijo mayor… —y agregó en voz baja para él—, y ya sabemos todo lo que provocó ese maldito hecho… Ahora vete, antes que alguien te vea aquí.
—Buscaré a tus hijos, Bardock —dijo decidida. Se puso de pie y se apresuró en salir, intentando ignorar la horrenda exhibición de prisioneros y sus quejidos de dolor.
En solo unos minutos, pese al dolor, Bardock volvería a dormirse.
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Luego de asistir a una breve reunión con el rey en la cual se le informó los pasos a seguir en los próximos días y el nombre de la nueva reina, Vegeta deambuló con por los pasillos exteriores de palacio. No solía estar sin hacer nada, no le agradaba no mantener el cuerpo o la mente ocupados, pero su hastío había llegado a tal punto que solo tenía energías para fingir interés durante reuniones y ahogarse en la culpa cuando se encontraba solo, como ahora.
Apoyó las manos enguantadas en la fría baranda de piedra y perdió la vista en los guerreros de élite que entrenaban a lo lejos. Le dolía la espalda, los hombros, la nuca. La sombra de la culpa se aferraba con fuerza a él y susurraba atrocidades en su oído.
—Vegeta —susurró Ginn cuando estuvo lo suficientemente cerca del príncipe. Él siempre la notaba antes de que pudiera sorprenderlo, pero esta vez estaba tan distraído que ni siquiera la escuchó caminar hacia él. Sintió prudente avisar su llegada en lugar de tocarlo, como deseaba hacerlo desde que llegó al planeta. Lo había extrañado demasiado.
El joven pegó un leve respingo cuando la escuchó. No volteó a mirarla, pero tampoco le pidió que se marchara. No quería estar solo, pero no era capaz de entender que eso era lo que deseaba.
Ginn se puso a su lado, a punto de rozarlo, también apoyó las manos en la baranda, pero no usaba guantes. Sus finos dedos se acercaron tímidos al blanco de los guantes del príncipe. Decidió no hablar, siempre que hablaban terminaban discutiendo, él la reprendía y se alejaba, y considerando los últimos acontecimientos, deseaba desesperadamente estar junto a él.
Ya eran varios meses de una supuesta relación, en la cual en algunas ocasiones, él había tenido sexo con otras mujeres, sin embargo Ginn era la única estable, y la única saiyajin. Quería más. Quería una relación exclusiva como solían hacerlo algunos saiyajin, y no solo los de rango bajo, los clase alta también practicaban la monogamia cuando lo deseaban.
Vegeta continuó con la mirada concentrada en el entrenamiento de los soldados. Algunos combatían en parejas, otros en grupos para practicar ataques en equipo. De pronto se sintió un poco menos miserable al sentir el calor del cuerpo de Ginn a su lado, y por primera no intentó alejarse cuando sintió el rabo de la chica rozar el propio hasta que terminó convertido en una caricia con las colas entrelazadas.
Ginn no pudo evitar mirarlo, el príncipe continuaba con la mirada hacia el frente, en los guerreros, frío como siempre, pero permitiéndole un acercamiento que nunca había aceptado. Envalentonada, acercó los dedos hasta posarlos sobre su mano y pegó su costado con el de él.
—Vegeta… —No supo qué más decir. Lo había buscado para confirmarle la información de Tarble, pero estaba segura que no necesitaba de pruebas para aceptar que el rey sí había sido capaz de encargar la muerte de su hermano. Lo podía ver en sus ojos. No quería complicarlo más de lo que ya lucía.
—No digas nada —ordenó el joven y ella obedeció.
Nunca lo había visto así y estaba segura que cualquiera opinaría lo mismo. Sentía que lo amaba más ahora que podía ver a través de sus muros, pero a la vez un pesar profundo la invadió al entender que detrás de toda esa frialdad solo había dolor y soledad, de lo contrario no estaría aceptandola con tanta facilidad.
Ya que él continuaba inmóvil, Ginn decidió tomar la iniciativa una vez más. Siempre había sido una joven atrevida y de personalidad fuerte, pero con él tenía que tener un cuidado tremendo para no enfadarlo y alejarlo. Le tomó el rostro con las manos, obligándolo a dejar la baranda y encararla, no le daría tiempo para pensar ni arrepentirse. Vegeta jamás la besaba y cuando le respondía no duraba mucho, sin embargo sentía que esta vez lo necesitaba.
Los dos lo necesitaban.
Se besaron aun con los rabos entrelazados. Ella no tardó en abrazarlo y disfrutar de lo que tanto había deseado: su boca. Quería estar con él, quería cuidarlo y hacer que el dolor se fuera, pero sabía que nada de eso sería posible. Vegeta no era capaz de admitir nada, acostumbrado toda su vida a reprimir los sentimientos y eso era lo que ahora lo tenía al borde del colapso.
Vegeta tomó de la cintura a la joven y la aprisionó contra la baranda y su cuerpo. Desesperado por dejar de pensar y sentir y dirigir sus ideas a otro lado, alargó el beso, permitiéndose disfrutar del sabor de Ginn. Llevó la mano al comienzo del rabo de la chica y la hizo gemir cuando lo apretó. Inconscientemente Ginn aferró su cola en la muñeca de Vegeta para que no la apartara. Pronto los besos se hicieron más sonoros y las armaduras de ambos se hicieron innecesarias.
—Principe Vegeta.
La voz tranquila de una joven los obligó a separarse.
A Vegeta le tomó unos segundos reconocer a los hermanos que tenía ante él. Ya los había visto otras veces en reuniones formales entre miembros de clase alta y familias poderosas de Vegetasei. Sabía que desde ahora se toparía demasiadas veces con ellos, ya que la madre de ellos prontamente se convertiría en la nueva reina.
—Lamento interrumpir, príncipe Vegeta —dijo la saiyajin de 17 años, mirando con descaro el miembro de Vegeta que se marcaba en su traje azul—, pero deseábamos presentarnos formalmente.
—Podemos dejarlo para otra ocasión, si así lo desea el príncipe —dijo el hermano de 16 años prestando toda su atención en Ginn.
Ginn frunció el ceño ante los hermanos. Los dos eran particularmente atractivos, de tez clara y cabellos negros como la noche y aparentaban más edad. El joven abrazaba a su hermana posesivamente con un brazo sobre su hombro y lo que más le llamó la atención era la cola de ambos que jugueteaban entrelazándose y acariciándose. Ya estaban demasiado grandes para hacer algo así.
Vegeta se cruzó de brazos y los observó.
—Durante la ceremonia habrá tiempo para presentaciones —respondió de forma educada, como dictaba el protocolo, pero sin intenciones de entablar conversación con ellos.
—Vamos a ser muy cercanos desde ahora en adelante —dijo la joven de nombre Berry. Se acercó a Vegeta para mirarlo más de cerca y poner sus manos en su armadura, a la altura del pecho. Vegeta no se inmutó ante esa acción—. Deberíamos omitir cualquier formalidad entre nosotros.
—Será mejor continuar con la formalidad —dijo Ginn y de un manotazo en las manos de Berry hizo que la saiyajin dejara de tocar a Vegeta y retrocediera. No tardó en ponerse entre ellos.
Los hermanos sonrieron ante el comportamiento de Ginn, que al ser la más baja y delgada de los presentes no inspiraba mucho respeto entre los guerreros.
—¿Quién eres tú, pequeña? —preguntó Berry, observándola con el rabillo del ojo—. No te reconozco de las reuniones.
—Es la hija del general Straw, hermana. No la menosprecies así —respondió Rasp sonriendo. El joven era alto y musculoso, de cabello corto en la nuca y más largo y despeinado arriba, lo que provocaba que el flequillo se le fuera sobre los ojos.
—¿Solo eso? No sabía que gente como ella tenía permitido deambular por el palacio —mencionó despectiva.
—¿Gente como yo? —exclamó Ginn abriendo más sus grandes y lindos ojos oscuros— ¿Qué demonios quieres decir con..?
—Ginn, suficiente —dijo Vegeta con calma, frenandola solo con su voz e inmediatamente se dirigió a los hermanos, en especial a Berry—. Por el momento su madre no ha sido coronada, lo que significa que no tenemos nada que conversar. Una vez que la ceremonia se lleve a cabo nos dedicaremos a perder el tiempo con interacciones sin sentido. —No esperó respuesta y se marchó por el corredor.
Ginn no tardó en seguirlo, pero miró una vez más hacia atrás cuando sintió la mirada del joven sobre ella. Un incómodo escalofrío la invadió cuando volvió a ver los rabos de los hermanos entrelazarse.
Una vez que estuvieron lo suficientemente lejos, en los pasillos interiores de palacio, Ginn habló.
—Habrá una nueva reina… no lo sabía.
—Es lo lógico —respondió Vegeta—. El rey necesita una soberana que gobierne a su lado y dirija el planeta durante su ausencia. No tiene sentido esperar.
Ginn optó por guardar silencio. Esa respuesta parecía tan aprendida en la voz de Vegeta. No quería mencionar a su madre, Tarble o cualquier otra cosa que pudiese afectarle. Lo siguió hasta que finalmente llegaron a la habitación del príncipe. No tenía idea qué pasaría ahora, pero definitivamente odiaba a esos hermanitos por haberlos interrumpido en el mejor momento que había vivido con Vegeta.
El joven entró a su habitación y Ginn permaneció en en el marco de la puerta, viéndolo quitarse la armadura y arrojarla al suelo. Cuando Vegeta notó a Ginn ahí, de pie y sin hacer nada le habló.
—¿Qué estás esperando? Entra —dijo con calma, pero por dentro estaba ansioso por retomar el contacto. Quería perderse en lo que fuese para que el peso de sus hombros desapareciera aunque sea un instante.
Ginn entró al cuarto y en cuanto cerró la puerta tuvo a Vegeta sobre ella, comiendo su boca y agarrando su rabo.
(...)
—No me tenías que seguir, puedo hacerlo perfectamente solo —dijo Raditz que caminaba por las cercanías de palacio. Ahora que el rey y príncipe habían regresado al planeta, todo andaba medianamente tranquilo. Aún podía sentirse el aire tenso, todos actuando más cauto de lo normal para no ser acusados de traidores, pero al menos se podía mover con libertad dentro del mismo planeta y poco a poco las naves volverían a abandonar el planeta.
—La última vez que viniste para acá tuve que sacarte inconsciente, no voy a volver a descuidarte —respondió Kakarotto.
A Raditz le causó gracia que su hermano hablara de esa forma tan sobreprotectora cuando le llegaba a la cintura, pero claro, no había que menospreciarlo por su tamaño, ya que era mucho más poderoso que él cuando se enojaba y hacía explotar su poder.
—Ahora no voy a ponerme a pelear con nadie. Solo quiero saber si puedo averiguar algo de papá . —Había llegado al punto donde no podía seguir avanzando sin que fuese sospechoso. Hombres y mujeres entraban y salían, pero todos vestían armaduras que los identificaba como alto rango.
—Está encarcelado por traición, como todos los demás soldados, no te enterarás de nada nuevo.
—Por eso no quería que vinieras —respondió con el ceño fruncido. No necesitaba esa actitud.
—Ya te dije que no voy a dejarte solo. Alguien podría reconocerte —insistió Kakarotto.
—No hay nadie que pueda reconocernos.
—Yo no estaría tan seguro.
Caminaron cerca de los muros de palacio hasta llegar a una de las entradas para observar uno de los tantos patios. Raditz sabía que no sería tan fácil como aquella vez que se comunicó con Tarble para informarle que la reina se encontraba escondida en su casa, pero no perdía nada con intentar. Se volvería loco si seguía encerrado en casa y tal vez, por azar del destino podría encontrar a Tarble para preguntarle por su padre. Era la única persona que conocía dentro de palacio que podía ayudarlo.
Entonces el azar lo hizo toparse con otra persona.
—Oye, tú —dijo Ginn cuando desde el interior del patio lo vio mirando hacia donde estaba ella.
La primera reacción de Raditz fue darse la vuelta y emprender la retirada. A su hermano le costó unos segundos entender qué sucedía y seguirlo.
—¿No que nadie iba a reconocerte? Esa guerrera estuvo esa noche que te saqué de palacio.
—Cállate y sigue caminando —dijo, y aceleraron el paso ante la prohibición de volar en las cercanías de palacio. Detrás de ellos la voz insistente de Ginn se escuchaba más cerca.
—¡Ya sé que me viste! ¡Eres demasiado obvio! —. La chica solo debió correr un poco más para ponerse delante de los hermanos y frenarlos. Captó la atención de algunos de los guerreros que merodeaban en lugar, pero pronto regresaron a sus asuntos—. ¿Qué se supone que estás haciendo aquí? —dijo cruzada de brazos, mirando hacia arriba para enfrentarlo a la cara.
—Necesitaba contactar a alguien, pero ya me iba —respondió complicado. Kakarotto quedó mirando la reacción de su hermano ante la presencia de la joven guerrera. Jamás lo había visto así.
—¿A quién? —preguntó ella sin una pizca de inseguridad, totalmente diferente al adolescente—. ¿Vienes por el príncipe Tarble, verdad?
—Sí —respondió descubierto y no alcanzó a decir algo más, pues ella se adelantó.
—Es muy sospechoso que estés aquí considerando lo que pasó la última vez que nos vimos. ¿Estás consciente que puedo delatarte con los guardias?
—No dejes que te hable así, Raditz —intervino Kakarotto y se puso entre su hermano y la joven.
En ese momento Ginn reconoció al niño. El encuentro entre ella y Kakarotto había sido tan confuso y fugaz que lo había olvidado por completo. Y hubo algo más, ya que el parecido del pequeño con Bardock era impresionante, no cabía duda que debían ser sus hijos.
Raditz ignoró la amenaza de Ginn y el comentario de su hermano y decidió arriesgarse.
—Simplemente estoy aquí para saber de mi papá. Pensé que Tarble podría saber de él.
—Tu papá está encarcelado por traición.
—Él no es un traidor —respondió Raditz.
—Claro que lo es —dijo Ginn, y agregó en voz baja para que nadie escuchara— Y deberías agradecer que no dije nada de lo que pasó esa noche, o su cabeza y la tuya ya estarían puestas en la entrada de palacio. —Si no lo acusó en su momento fue porque previamente lo había visto con Tarble y no quiso meter en problemas al príncipe.
—No vas a amenazar a mi hermano, bruja mechuda.
—Guarda silencio —dijo Raditz, y agarró a su hermano de la cabeza para moverlo y dejarlo detrás de él y no comenzar una discusión justo en los terrenos del rey.
—Controla a tu pulga del demonio, grandulón.
—No hará nada, lo prometo —dijo Raditz, calmado, mientras que Kakarotto asomado trás su hermano le dirigía una mirada amenazante a Ginn—. Sé que no me dejarás ver a Tarble, pero tienes acceso a palacio. Si pudieras…
—Vi a Bardock en su celda hace unos días —dijo en voz baja. Nadie más debía enterarse—…. Los mencionó.
—¿Cómo está? ¿Qué fue lo que dijo? —preguntó Raditz, ansioso y lleno de esperanza al saber que se encontraba con vida. Ni siquiera se preguntó por qué la joven conocía a su padre.
—No lo suavizaré. Está mal, igual que todos los soldados que fueron relacionados con la reina.
—Ya veo… —Toda la energía que tenía de pronto desapareció y la joven no pudo evitar sentir pena por él. Esos ojos eran similares a los de Tarble que no dejaba de llorar a la reina.
—¿Y qué va a pasar con él? —preguntó Kakarotto aún detrás de su hermano.
—En algún momento el rey dará una fecha para el juicio de los traidores. —No fue necesario decir más. Era claro.
—Gracias por la información —dijo Raditz apagado. Se sintió estúpido, ¿acaso había esperado un resultado diferente? Qué ingenuo había sido al mantener un poco de esperanza en su interior—. y gracias también por no delatarme. —Caminó con su hermano a su lado, ya no había nada qué hacer.
—Dijo que lo sentía —dijo Ginn en voz alta para que los hermanos escucharan. Los dos voltearon para mirarla—. Dijo que lo sentía y que no había nada que pudiera decir para arreglar lo que les hizo.
Kakarotto hizo una mueca y siguió su camino. Fue Raditz el que permaneció en su lugar con un nudo en la garganta… Estaba muy mal que un guerrero quisiera llorar.
—Lo lamento, mucho —murmuró Ginn.
Raditz simplemente asintió y siguió a su hermano.
(...)
Días después...
La ceremonia de enlace entre el rey Vegeta y Rave había sido hace solo un día, justo a tiempo para que los reyes de Vegetasei recibieran como correspondía a Atlas, junto con su comitiva y guerreros, luego de haber conquistado y sometido a dos planetas pertenecientes a la reina Alina. Aún quedaba mucho trabajo por hacer y decisiones que tomar con respecto al resto de planetas, pero dado la victoria aplastante y el nuevo tratado que debían negociar, era meritorio llevar a cabo una celebración a la altura de las circunstancias.
Debieron llevar el festejo a un salón más grande. Trabajadores y esclavos cargaron las mesas, sillas y todo lo necesario para atender a los saiyajin y cientos de invitados draxon que comían y bebían a la par de los guerreros dueños de casa. Las prostitutas casi no daban abasto con tanto hombre y mujer que requerían sus servicios, por lo que tuvieron que recurrir a las trabajadoras sexuales de burdeles alejados de palacio para satisfacer a todos los invitados. La comida y alcohol no paraba de ingresar al salón y era casi imposible llevar una conversación sin levantar la voz. Solo había silencio total en el lugar cuando el rey Vegeta o Atlas, el invitado de honor, daban un discurso con el pretexto de brindar. Las despensas de palacio estaban siendo puestas a prueba, por lo que los encargados de abastecer las despensas reales trabajaron como nunca para cerciorarse que nada fuese a faltar.
En la cabecera de la mesa principal estaba El rey, a su izquierda la nueva reina Rave, y a su derecha Atlas. Paragus, Torn el hermano del rey, otros saiyajin de confianza y hombres de Atlas completaban mesa con capacidad para veinte personas.
En la segunda mesa de importancia estaban los príncipes y guerreros jóvenes de trascendencia que algún día ocuparían la primera mesa. A medida que se avanzaba por el salón, los rangos e importancia de los guerreros iban descendiendo, por lo que los esclavos sabían perfectamente a quienes atender primero y mantener felices con comida, alcohol, sexo y lo que quisieran en el momento.
—Tengo que admitirlo, Vegeta, tú si sabes persuadir para cerrar tratados —exclamó Atlas bebiendo todo el contenido de su copa en un solo trago. Era tan grande y musculoso que la copa parecía perderse en su mano. La esclava tenía que estar constantemente sirviendo vino y dos más se mantenían ocupadas yendo y viniendo con un nuevo tonel cuando veían que comenzaba a escasear.
El draxon no poseía el mejor de los humores. Los presentes jamás habían tenido la oportunidad de apreciarlo malhumorado, pero ya que esta unión sólo había traído resultados positivos no tenía motivos para enfadarse.
La nueva reina de Vegetasei sonreía y bebía vino ante cada atrocidad que decía el monarca draxon. Le desagradó desde el primer momento en que lo vio, sin embargo no arruinaría la junta solo por su gusto personal.
Tarble, desde su asiento en la segunda mesa, no tuvo más remedio que presentarse a la ceremonia de unión de su padre y Rave, y ahora a esta vulgar bienvenida al hombre que terminó por sellar el destino de su madre, a la que aún no podía ver y ni siquiera sabía en qué lugar se encontraba prisionera. Solo por insistencia y orden de su hermano Vegeta se había presentado, de lo contrario continuaría en su cuarto.
Toda su vida había sido ignorado, lo cual ahora le jugaba a su favor, de lo contrario no hubiese sido bien visto aquella mirada llena de odio que le dirigía a los dos monarcas que celebraban, bebían y gritaban. Solo una criatura en aquel mar de soberbia captó a Tarble, pues los dos experimentaban sentimientos similares y eran igualmente ignorados a causa de su insignificancia: la consorte de Atlas, una pequeña y frágil mujer que estaba obligada a acompañar a su esposo mientras duraba la celebración (o hasta que el tipo se distrajera con alguna prostituta y pudiese retirarse a su habitación) cruzó miradas con el niño saiyajin, lo que causó que el odio en Tarble cesara por un momento y se transformara en lastima ajena. En estos momentos tormentosos era difícil pensar en la miseria de los demás.
Tal como había comentado Berry hace unos días, Ginn no hubiese tenido permitido compartir la misma mesa que los príncipes, pero de todas maneras estaba presente y se encontraba sentada entre Tarble y Vegeta que casi no habían emitido palabra alguna en toda la noche. Al frente de ellos, estaban Rasp y Berry, los nuevos príncipes, y también los hijos gemelos de Torn: Leek y Row (de casi 20 años). Estos cuatro jóvenes comían, bebían y conversaban a gusto, como todos los presentes.
Ginn no le quitó la vista de encima Berry, que pese a conversar con los hijos de Torn, miraba a Vegeta todo el tiempo e intentaba incluirlo en la conversación, pero solo recibía cortas y poco interesantes respuestas. Nuevamente la saiyajin se sintió incómoda cuando notó la mirada de Rasp sobre ella y todo empeoró cuando el joven acercó a su hermana para susurrarle algo que los hizo reír a ambos.
—Si tienes algo que decirme hazlo de frente y no estés secreteando con tu hermana—dijo a Rasp. Jamás se había preocupado por los rangos y puestos dentro de palacio, no era algo a lo que aspirara, pero no iba a dejar que unos creidos la miraran en menos.
—No te ofendas, Ginn —respondió Berry luego de beber de su copa de vino—. Rasp solo tiene palabras buenas para ti… aunque sinceramente no entiendo ese interés en tu persona.
—No te sorprendas, Berry —intervino Leek, (el gemelo menos comedido) que estaba sentado junto a la nueva princesa—. Yo también tengo interés en Ginn, pero ella aspiró en grande y solo tiene interés en los príncipes herederos, así que Rasp, pierdes tu tiempo.
—Es una lástima —respondió Rasp, mirando su jarra de cerveza—. Porque considerando la situación, soy mucho más interesante que los dos príncipes herederos... Había escuchado mucho de Vegeta, en verdad había pensado que esta reunión sería interesante, pero parece que me equivoqué.
—Es verdad —dijo Leek—. Esta reunión está más muerta que los guerreros de la reina.
El comentario ocasionó risas en el mismo Leek y los nuevos príncipes, pero Row, mucho más centrado que su hermano gemelo, guardó silencio.
Ginn miró a los hermanos esperando alguna reacción por parte de ellos, pero Tarble con la mirada perdida en la mesa de los reyes ni siquiera estaba prestando atención a la conversación y Vegeta se mantenía de brazos cruzados con la cabeza en otro lado, totalmente ausente a lo que ocurría en la mesa. Era ella sola contra los hermanitos y uno de los gemelos.
—Te reto a que vayas a la mesa del rey a hacer esa broma, Leek —dijo Ginn molesta.
—Iría solo si prometes irte conmigo esta noche. Te lo recomiendo, porque por la cara de tus dos príncipes no creo que vaya a pasar algo interesante. Dime, ¿han hecho trios?
—Leek, para ya —dijo su hermano Row en voz baja. No le tenía gran aprecio a Vegeta y Tarble, pero no quería seguir tentando la suerte de su hermano—. No corresponden tus comentarios en este momento.
—Hazle caso a tu hermano, Leek. —dijo Ginn, que no se detuvo y respondió las provocaciones de Leek y Berry.
Mientras eso ocurría, Vegeta miró por detrás de Ginn para comprobar que Tarble estuviera comportándose.
—¿Qué se supone que estás haciendo, Tarble? —le dijo en voz baja, inclinándose un poco hacia él.
El niño dejó de mirar a la mesa de los reyes para contestarle a Vegeta.
—Nada —respondió cortante. Le costaba controlarse, este no era él. Ninguno de los dos hermanos estaba siendo fiel a su forma de ser y eso los tenía enfermos y de mal humor.
—Deja de hacer eso. Te están observando.
—Solo tú está haciéndolo, Vegeta. Nadie jamás se ha preocupado de lo que hago aquí.
—Basta —respondió Vegeta en voz baja pero tajante.
—¿Ya me puedo retirar?
—No.
—¿Cuánto tiempo más tengo que estar en la celebración de la captura de nuestra mamá?
—Lo que yo diga —respondió levantando un poco la voz. No tenía paciencia para nada.
—¿También tendré que asistir a la celebración después que la ejecuten? —El niño que se caracterizaba por su suave temperamento tampoco estaba con ánimo de nada.
—Harás lo que yo te diga, te guste o no.
Como respuesta, Tarble se levantó de su asiento dispuesto a irse.
—Tarble, siéntate ahora —ordenó Vegeta en voz alta, interrumpiendo todas las conversaciones que se llevaban a cabo en esa mesa. Afortunadamente para ellos había demasiado ruido como para que el resto de los comensales en las mesas cercanas lo notaran.
Tarble lo retó con la mirada. Jamás había sucedido algo así en toda su vida, pero ahora esos ojos oscuros y cansados tenían la energía para enfrentar a su hermano y sus estúpidas imposiciones.
—Siéntate —repitió Vegeta, con voz calmada, pero amenazante, pero su hermano no lo escuchó. Se dio la media vuelta y salió del salón. Ya había soportado demasiado y si escuchaba un discurso más del rey Vegeta o Atlas terminaría vomitando.
—¿Qué clase de futuro rey no puede controlar ese niño llorón? —preguntó Leek en voz alta.
Vegeta lo miró por un segundo antes de levantarse de la mesa.
—Quiero estar solo —dijo el príncipe al sentir que Ginn se ponía de pie con intenciones de seguirlo. Salió del lugar antes de que le dijeran algo.
—Te vas a arrepentir, hijo de puta —dijo Ginn a Leek y también hizo abandono del salón. No iría tras Vegeta, pero tampoco tenía motivos para continuar ahí. Rasp se puso de pie y se apresuró en seguir a Ginn.
—Eres un estúpido —dijo Row a su hermano—. Un día de estos Vegeta te va a dar una paliza y yo no voy hacer nada para detenerlo, te lo has ganado.
—Me gustaría estar presente ese día —dijo Berry divertida.
—No lo hará —respondió Leek—. No lo hizo antes cuando tenía un poco de personalidad, menos lo hará ahora que vive con la vergüenza de tener una madre traidora… ¡Cerveza! —levantó su jarra y su esclava corrió para llenarsela.
—No creo que sea vergüenza —dijo Row, pensativo.
—¿Entonces qué va a ser? ¿Me vas a decir que está triste por la reina traidora? ¡Por favor! Eso nadie se lo cree.
—Sea lo que sea, espero que se le pase pronto —intervino Berry—. No puedo creer que justo cuando voy a vivir en este lugar, al tan comentado príncipe Vegeta le da una crisis por culpa de una maldita traidora. —Se llevó un pedazo de carne a la boca y observó a su hermano a lo lejos saliendo del salón detrás de Ginn.
Justo cuando había abandonado el salón y ya se alejaba del ruido, Rasp alcanzó a interceptar a Ginn y como era de esperar, ella no se detuvo.
—No te vayas, quedan días de celebración —le dijo caminando a su lado.
—Pues diviértete en tus días de celebración —respondió molesta.
—No le hagas caso a mi hermana ni a Leek. Les gusta molestar a los inferiores.
Ginn se detuvo en seco para mirar al saiyajin que al darse cuenta de sus palabras intentó arreglarlo.
—A mi no me importa que no pertenezcas a ninguna familia importante.
—Vete a coger con tu hermana, imbécil. —Reanudó su paso rápido y afortunadamente el saiyajin no la siguió.
Luego de abandonar la fiesta, Vegeta se adentró en los túneles subterráneos de palacio y recorrió sus oscuros pasillos. Por un momento pensó que el mutismo total del lugar le haría bien, pero sus pensamientos y la culpa se dedicaron a llenar los vacíos del silencio con gritos ensordecedores. No sabía hasta cuándo podría soportarlo. ¿Tendría un límite? ¿Sería capaz de solucionarlo y volver a ser como antes? ¿Alguna vez había sido como creía?
Solo en breves momentos durante el sexo con Ginn lograba mantener su mente apagada, pero no era suficiente. Tenía que hacer algo al respecto, pero no estaba seguro de tomar las mejores decisiones.
Continuó avanzando y descendiendo, bajando peldaños de piedra y atravesando pasillos, puertas y habitaciones, hasta que finalmente pudo encontrar un poco de luz al final del camino. Cuando llegó al cuarto, encontró a dos hombres de otra raza vestidos de blanco. Uno estaba sentado en un banco revisando las herramientas dentro de su bolso de cuero, mientras que el otro se encontraba dentro de la pequeña celda, arrodillado en el suelo junto a Koora inconsciente y bañada en sangre.
—¿Alguna novedad? —preguntó Vegeta.
El doctor que se encontraba sentado, rápidamente se puso de pie e hizo una reverencia al príncipe. El otro, que acostumbraba a tratar las heridas de Vegeta, continuó revisando a la mujer y fue quien respondió.
—Aún no, príncipe Vegeta. La reina es muy poderosa, pero nos tomará mucho trabajo estabilizarla. —Con una tijera se preocupó de cortar su ropa para poder revisarla por completo y ver por dónde comenzar primero, aunque a simple vista, ese ojo era lo primero que debía ser atendido, sin embargo la orden había sido mantener con vida a la reina, no curar todas sus heridas.
—Recuerden cuáles fueron las instrucciones del rey —dijo frío. Aferrado a la idea de obedecer el mandato del rey, porque así es como debían ser las cosas.
Estaba en lo correcto, debía estarlo.
Por favor, debía estar en lo correcto.
Continuará...
Me atrasé un día en actualizar, pero es que pese a estar en casa encerrada tenía un millón de cosas que hacer. pero aquí estoy.
El pobre del príncipe Vegeta sigue cayendo, pero todavía no toca fondo, y si en Ginn encontró un poco de paz dentro de su caos, no es suficiente. Se siente mal por querer proteger a su hermano, por haber lastimado a su madre y por haberle mentido al rey y cree que lo mejor que puede hacer es seguir las reglas, ya que es lo que como príncipe tiene que hacer. Los próximos capítulos serán más duros para todos.
Tarble que siempre me encantó escribirlo porque es un amor, sin su madre que le era su fuente de amor, finalmente está experimentando con violencia lo que es vivir en un planeta como Vegetasei.
Ginn está haciendo lo posible por ayudar a Vegeta y Tarble. Todos están afectados por lo que ha ocurrido en el planeta, ya que la gran cantidad de guerreros encarcelados causó impacto.
Por fin presenté nuevos personajes que serán importantes en la segunda parte de El Legado. Ya conocieron a la nueva reina y su "romantica" conversación de negocios con el rey. También conocieron a sus hermosos hijos.
Raditz, ingenuamente tenía esperanzas de volver a ver a su padre, pero ya le pusieron los pies en la tierra. Al menos no está solo, Kakarotto lo acompaña, aunque el niño no se muestra muy interesado por su padre.
Y Bardock ya aceptó su destino.
Aclaraciones:
El rey Vegeta por supuesto que no sabe que Kyle es hija de Koora y Bardock, de lo contrario ya saben lo que hubiera pasado con la niña.
El personaje de Torn no tiene relación con Lee de Casualidad. Cuando lo inventé para Casualidad había pasado mucho tiempo que llevaba sin leer o escribir El Legado, por lo que no me acordaba de él jajajajaj. Me autoplagié.
Para las que no se puedan acordar de los detalles de capítulos anteriores aquí van nombres de capítulos relacionados con los sucesos de este capítulo:
-Aparición de los primos de Vegeta (Los gemelos Row y Leek): (Explosión)
-Capítulo en que Vegeta casi muere: (Sangre real)
-Capítulo donde sucede el vínculo entre Bardock y su hija Kyle: (Limpieza, parte 2)
-Capítulo donde Ginn enfrenta a Raditz y Kakarotto lo defiende: (Limpieza, parte 2)
-La visita del rey Vegeta a Atlas: (Alianzas)
Muchisimas gracias a quienes aun se acuerdan de mi fic. En serio, tenía miedo de que no lo comentaran ni lo visitaran, pero aparecieron y me hicieron eternamente feliz.
Espero con ansias sus rws para saber sus impresiones.
Pueden encontrarme en facebook buscandome como Dev Fanfiction.
Dev.
08/04/20
