—Te regalaré mi virginidad —fue lo que un Yuri algo bebido, pero aún muy avergonzado le ofrecía a Yuuri en noche buena— así que tómame antes de que me arrepienta.
Si el japonés no hubiera bebido también, tal vez se habría negado, pero el alcohol lo desinhibía. Además de que ver a su esposo recostado en la cama, con solo una camisa que estaba abierta y unos bóxers de animal print ajustados, no ayudaba mucho a su poco juicio.
—Haré que no te arrepientas, lyubov' —la palabra "amor" en ruso se deslizo suavemente de los labios de Yuuri, haciendo estremecer al ruso frente a él. El que se dijeran frases o palabras en el idioma del otro, se había convertido en un fetiche a la hora del sexo. Ambos agradecían que Vitya hubiese querido pasar la noche buena con Otabek y los gemelos en casa del abuelo, nada les importaba lo que estuvieran haciendo ya que ellos querían un poco de tiempo de pareja esa noche.
Yuuri aflojó su corbata, habían salido a cenar por lo que ambos hacía una hora, habían estado bien vestidos por la ocasión. Se quitó la camisa lentamente para luego dejar caer sus pantalones, quedando solo en ropa interior. El sonrojo de Yuri lo incitaba a ir por él como un cazador que acechaba a su presa, quería devorarlo por completo, aún si nunca había ocupado el papel de "activo" en esta relación.
Subió a la cama, gateando hasta quedar sobre su esposo. Se acercó a besarlo, pero en vez de hacerlo, le mordió el labio logrando que este maldijera en voz alta haciéndolo reír por su travesura— Yuratchka, no seas exagerado —lo molestó para luego atacar su cuello, mordiendo y besando para dejarle marcas que indicaran que le pertenecía. Marcas que demostraran que Yuri se había entregado por completo a él… marcas que los hicieran recordar esa noche, porque seguramente Yuuri olvidaría todo al despertar.
El rubio comenzó a soltar suaves gemidos, intentando contener su voz lo mejor que podía, ya que la sensación de que Yuuri tomara el control completo de la situación se le hacía extraña.
Yuuri buscó los labios de su amado para luego separarse de él e ir por el lubricante al cajón del velador. Era la primera vez de Yuri y si bien, el japonés había bebido, no significaba que sería un desconsiderado. Dejó la botellita a un lado para poder alcanzarla luego y procedió a quitar la ropa interior de su pareja, lo cual hizo de un solo jalón ya que no podía esperar más.
Una vez teniéndolo solo con la camisa, procedió a aplicar sobre su mano una buena cantidad de lubricante y poner un poco sobre la erección de su esposo y la propia, utilizando sus dos manos para masturbarlos a ambos y dejar que poco a poco, parte del líquido se deslizara hasta llegar a la entrada de su rubio. El japonés se inclinó hacia adelante para besar a Yuri, mientras llevaba una mano hacia aquel lugar que debía dilatar, introduciendo lentamente un dedo y viendo como el ruso ponía rostro de incomodidad.
Yuuri calmó a su pareja con besos y mordidas mientras movía el primer digito, esperando el momento adecuado para meter un segundo y más tarde un tercero. Cuando ya tuvo tres dedos adentro, Yuri comenzó a quejarse porque le dolía un poco y Yuuri tuvo que pedirle que tuviera paciencia.
— ¿Paciencia? Mierda, hazme sentir bien ¡Ya! —le exigió a yuuri con los ojos medio llorosos.
Eso en vez de hacer sentir mal al japonés, sacó su lado sádico— ya verás cómo te sientes bien, Yuratchka —de la nada, dejó de ser cuidadoso y comenzó a sacar y meter los dedos, moviéndolos en el interior del rubio que comenzaba poco a poco a cambiar sus quejidos de dolor, por gemidos de placer— justo ahí —le dijo Yuuri con su voz ronca y su esposo gimió mas fuerte que antes, había encontrado ese punto en él que lo hacía ver estrellas.
Sacó sus dedos logrando que su pareja se sintiera vacía y se quejara inconforme, pero aquello duró poco, puesto que Yuuri no esperó mucho para introducir su erección completa y de una sola estocada en la entrada de Yuri. Al rubio le salieron unas lágrimas por el dolor, el miembro de su pareja era más grueso que los tres dedos, pero aún así no dijo nada, solo quería que Yuuri volviera a hacerlo sentir bien como antes.
—Apresúrate y muévete —le exigió mientras rodeaba el cuello del azabache con sus brazos y con sus piernas la cadera de este, empujándolo con los pies para que comenzara a moverse como él quería.
Yuuri lo torturó un poco, comenzando a entrar y salir con lentitud, hasta que escuchó al rubio llamarlo "cerdo", entonces dejó de sonreír y se enderezó para tomar las piernas del rubio y levantarlas, Yuri lo miró entendiendo lo que haría, esa posición la habían hecho varias veces solo que al revés. Ya sabía lo que se venía.
El japonés le dio media sonrisa para luego comenzar a embestirlo con fuerza, logrando llegar a su próstata nuevamente, haciéndolo gemir fuerte su nombre. Logrando que Yuri pidiera más una y otra vez, mientras él entraba y salía fuerte y rápido.
Yuri comenzó a masturbarse, puesto que se sentía cerca del final. Era una vista demasiado excitante para el japonés, con su esposo sonrojado, la saliva escurriendo de su boca abierta al no poder respirar adecuadamente y el sudor pegando el cabello a su rostro. No le molestaría repetir aquello.
Ambos llegaron al orgasmo al mismo tiempo, gritando el nombre del otro. Yuri ensuciando su estómago y Yuuri llenando por completo el interior de su pareja quien parecía sentirse bien con ello, al menos por ahora.
El japonés se inclinó y besó con amor a su pareja— ¿Estas bien? —le preguntó mientras con sus pulgares secaba un par de lágrimas que aún quedaban bajo aquellos ojos verdes que tanto le encantaban.
— ¿Tu qué crees? —Le respondió abrazándolo— no volveremos a hacer esto a no ser que vuelva a estar borracho —le dijo con sinceridad. La verdad era que le había gustado demasiado, pero no se creía capaz de hacerlo sobrio, puesto que había dolido al principio.
—Está bien —Yuuri rio para luego volver a besar a su rubio y decirle que fueran a tomar un baño.
Yuuri se levantó primero y fue a abrir la regadera, mientras escuchaba a su pareja maldecir. El rubio al levantarse sintió como aquellos fluidos que estaban dentro de él comenzaban a deslizarse lentamente por sus piernas— maldito cerdo, no volveremos a hacer esto ¡Jamás! —le gritaba desde la habitación, ni siquiera caminaba por miedo a que escurriera mas.
