Hola de nuevo:
Lo primero, (y digo esto muy triste de que se haya convertido en la rutina de los últimos meses) pido disculpas por la tardanza en la subida de capítulo. Mis circunstancias no me lo han puesto fácil. En el trabajo no estoy bien, y sinceramente, acabo tan frustrada y triste, que la mitad de los días no tengo disposición mental de sentarme a escribir, sino de desconectar, hacer otras cosas... Cierto es que tengo muchas ideas y que sigo creyendo en esta historia, pero es complicado a veces hacer que fluyan en diálogos mínimamente dignos, encadenar situaciones y darles una coherencia. Por otro lado, he tenido viajes al extranjero y alguna rachilla de salud más regulera. Tranquilos, no he pillado nada grave. Eso espero, ya que soy una de las miles de personas en el mundo que guardan cuarentena estos días.
El capítulo me ha quedado, a falta de otra palabra más adecuada, raro y flojo, creo. He tardado varias semanas en tenerlo listo, porque de verdad que me ha costado sentarme a escribir, y creo que se ha notado esta vez. Hay muchas conversaciones que parece que no vienen a cuento, casi nada de acción, parece que no pasa nada, pero hay cambios que necesitan verse en varios golpes. Pido disculpas por la menor calidad, pero para la próxima, agarrarse que vienen curvas. El próximo epi ya vuelve a enlazar con las pelis, ya veréis de qué manera, y el círculo se cierra del todo. Y ya tengo el último interludio listo, una ventana al pasado que va a ser terrible de verdad. Y ese interludio vendrá después del próximo capi.
Una vez más, doy gracias por la fidelidad, por no desfallecer, por la paciencia. Gracias por vuestras opiniones, vuestros ánimos, vuestros comentarios… Como siempre, una historia crece gracias a ellos.
Hale, vamos al lío.
36
Fisura
- Así que las cosas están caldeadas.
- Por decirlo de modo suave.
- ¿Y cómo lo dirías de modo bestia?
- ¡Pues que el Republicano parece una bomba a punto de reventar!
Los troncos apilados en una cuidadosa pirámide a dos metros de altura sobre ella retemblaron y acabaron cayendo al suelo, haciendo que alumna y maestro dieran sendas zancadas hacia atrás para evitar el impacto. Se levantó arenilla y polvo y revolotearon briznas de hierba que se sacudieron de las ropas.
- Cálmate, Rey.
- Lo siento, profesor. Empezaré de nuevo.
- Estas cosas son las que debes evitar – añadió Skywalker con un suspiro – A este punto del entrenamiento, no puedes seguir dejándote llevar por la más mínima. Si no, nunca avanzarás. Debes controlar estos estallidos, mantenerlos a raya.
Rey, que estaba en ese momento agachada mientras recogía algunos troncos, se irguió, con la sorpresa y la tristeza pintados en el semblante.
- ¿En serio? ¿De verdad usted cree que no estoy progresando? – miró un segundo al vacío y la tristeza se intensificó en su mirada – Yo pensaba que estaba mejorando…
Luke se acercó a ella, recolocándose su amplia rebeca color café sobre los hombros.
- Bueno, jovencita, no te voy a negar que sí, estás avanzando, pero no al paso esperado. Tu luz se vuelve muy poderosa, eso es claro. Pero la oscuridad dentro de ti aún es turbulenta, no la controlas bien…
Por el rostro de Rey cruzó un flash de descontento.
- No puedo hacer más. Es parte de mí. Bastante tengo con lograr que no me desconcentre.
Skywalker la contempló, ceñudo, en sus idas y venidas, mientras la chica recolocaba los troncos en el claro del bosque junto al acantilado. Rey sintió sus ojos clavados en ella y paró en seco.
- ¿Qué?
El profesor la asaeteó con una mirada evaluadora y tomó aire antes de inspirar.
- Parece ser que pasar tiempo con el chico no te está haciendo bien. ¿Qué hay de ese viejo plan de traerle de vuelta? No he querido mencionarlo demasiado, pero ya empieza a preocuparme.
Rey, que en aquel instante estaba de espaldas a él, sintió un calambre en el espinazo de puro miedo. Era inútil disimular.
- Es… complicado, señor.
- Creo que te metiste en camisas de once varas (*) y que no sabes cómo salir.
- No es eso, es que…
- ¿Es que te estás encariñando con él?
Aquella frase lapidaria la hizo congelarse. Se giró como un rayo hacia el profesor, sintiendo cómo el aire se marchaba a trompicones de sus pulmones.
- Dime si no, cómo es que no has logrado nada aún. Ya te lo advertí. Él no se dejaría convencer…
- ¡No es eso! – saltó ella de repente.
- Ah, ¿no? ¿Entonces qué es? ¡Dame esa maravillosa razón por la que no hago más que detectar oscuridad en ti y no pareces tener ni la más mínima intención de sellarla!
Lo sabía todo, lo había sabido desde hacía tiempo. Ya no valían los juegos. Debió haberlo supuesto: Skywalker era demasiado mayor, demasiado sabio y demasiado experto como para creerse sus mentiras.
- Lo siento, profesor…
- Perdona que no te crea esta vez.
- ¡No sea así conmigo! Es complicado…
Skywalker avanzó hacia ella, hablando con acritud.
- Es complicado, es difícil, no me di cuenta… ¡Son las excusas favoritas de vosotros los jóvenes! ¡Sois incapaces de enfrentaros al alcance de lo que tenéis entre manos, incapaces de pararos a pensar en las consecuencias de cada acción, y ello os lleva al fracaso! ¡SIEMPRE!
Rey se quedó muy quieta, sintiendo el dolor atravesarla de medio a medio.
Fracaso.
Ella era otro fracaso.
Y Ben también lo había sido.
Ni se había dado cuenta de sus acciones, porque las palabras de Skywalker la sorprendieron de nuevo.
- ¿Y ahora huyes? Muy bonito, es la mejor solución a todo tu problema…
Huyendo. Estaba huyendo.
Estaba a varios metros del profesor, camino a su moto. Incapaz de defenderse, incapaz de hablar por Kylo, de repetirle que había visto la luz en él, que aún podía salir de donde estaba, que había ocurrido algo oscuro últimamente que le estaba haciendo sospechar y temer por él…
Pero lo único que pudo hacer fue coger su mochila, su casco y arrancar su moto casi sin pensar, acelerando como nunca había hecho por las peligrosas curvas de los acantilados de Ahch-To.
- Resumiendo, que no te fue a ti mejor que a mí.
- Hhhmmm.
Hubo un silencio.
- ¿Y ahora qué hacemos? – saltó la rubia de repente.
Armitage se giró a contemplarla, un tanto sorprendido. No era usual ver a Anya dirigiéndose a él en busca de consejo. Normalmente solía saltarse a Hux como escalón para pasar a consultar a Kylo.
Aunque, dadas las circunstancias actuales, ese escenario ya no tenía mucho sentido.
Por eso, Armie estaba más que encantado de que ella acabase reconociendo que él era quien tenía la cabeza más fría para pensar en posibles soluciones.
- La cosa está clara: tenemos que dar parte de todo esto.
El brillo de hielo en los ojos de Anya hizo juego con los del pelirrojo, por una vez en su vida.
- ¿Y después qué? Kylo lo sabrá y correrá la sangre.
Los ojos de Armie se entrecerraron.
- ¿Acaso tienes miedo, querida Anya? Porque déjame que te diga una cosa: si mis sospechas son ciertas y Kylo nos ha mentido, dudo que tú y yo salgamos de ésta con poco más de un rasguño.
El joven se levantó enérgicamente de su asiento, mientras Anya le seguía, por una vez, en segundo plano. Por una vez, como segunda de a bordo.
- Además, aunque nuestro querido Kylo tenga otros temas en mente, tú y yo seguimos siendo miembros de la Academia y tenemos una guerra pendiente. En marcha.
Ya no hacía tanto frío, así que no le importaba tanto sentir las puntas húmedas rozarle los hombros y la espalda a través de la fina camiseta de pijama, mientras se tumbaba boca abajo en la cama y manipulaba su móvil, pulsando el botón de llamada.
- ¡Hola! – dijeron al otro lado.
- Qué hay, Marcus.
- Rey, ¡qué sorpresa! ¿Pasa algo?
- No, no, quería hablar contigo…
- Pero si hemos estado hoy juntos en clase…
- Sí, pero se me pasó preguntarte… Sigue en pie lo del cine, ¿no?
Hubo un silencio y Rey juraría que había oído a Marcus tragar saliva. Sonrió, algo colorada. Tenía ganas de desconectar de una santa vez, darle a Marcus por fin la oportunidad de la quedada, no posponerlo ya por más tiempo. Habían pasado muchas cosas esos días, pero Marcus era ajeno a casi todo y Rey pensaba que no era justo dejarle plantado. Ya le había dado largas en varias ocasiones y consideraba que Marcus estaba siendo muy paciente con ella. Muchos otros chicos la habrían dado por imposible. Y además, así ella podría salir de su rutina, hacer algo nuevo... Estaba casi ilusionada...
Por eso, le sentó fatal el fogonazo de poder oscuro cerca de ella.
Kylo se materializó a su lado, sentado en su silla de estudio, que quedaba a la altura de la mesa de noche. Tenía un libro en la mano y casi se le cae de la sorpresa, pero el joven lo sujetó con firmeza y se limitó a suspirar. Rey, concentrada como estaba en la conversación, vio que él iba a hablarle, pero cerró la boca de nuevo al verla ocupada.
- Claro… ¿Cuándo nos vemos entonces? – continuaba Marcus desde el otro lado de la línea, obviamente ajeno a todo.
- Pues… Eeeehhm…
Rey clavaba la mirada sobre Kylo, que, quieto como una estatua, también la taladraba con sus ojos castaños. No tenía ninguna gana de vérselas con él en este instante.
- ¿Pasa algo? – apremió Marcus.
- ¡No, nada! – Rey se irguió en la cama un poco, evitando la mirada de Kylo, que arqueó una ceja con una curiosidad que no pudo ocultar - ¿Viernes tal vez?
- Hecho. Comprobaré las horas y puedo comprar yo las entradas. Así ya no podrás echarte atrás, jajaja…
Lo lógico habría sido que Rey hubiese sonreído con la bromita, pero la muchacha notaba a Kylo a sus espaldas, clavándole la mirada en la nuca, y se sentó en la cama, de espaldas a él, intentando enfocarse en Marcus. No era justo que Ren llegase en este momento a desconcentrarla, con toda la vergüenza que le estaba entrando, dándole ganas de tirarle por la ventana de una buena patada en el trasero…
- ¿En serio? – oyó de pronto a Kylo decir a sus espaldas – Me gustaría verte intentarlo.
¡Joder!
Rey se giró para lanzarle una mirada asesina.
- ¡Sal de mi mente, gilipollas!
- ¿He dicho algo? – dijo Marcus, bastante confuso.
- ¡Nooo, no, no! ¡No es a ti!
- Pensaba que estabas en tu cuarto…
Rey hizo un esfuerzo ímprobo para no volver a lanzar una mirada de odio mortal a Kylo cuando le oyó soltar una risotada por lo bajo. Y lo peor, es que notaba que se estaba poniendo como un tomate. Horror.
- Es la tele.
- Pues se parece a tu voz.
- Ya, qué cosas…
- Bueno, hacemos eso, entonces… Compro yo entradas y ya me lo pagarás.
- Yo pondré las palomitas y cena.
- OK. Nos veremos en la puerta del Takodana. Te escribo en unos minutos con la hora.
- Vale, ¡hasta luego!
Ambos colgaron y Rey inspiró hondo antes de girarse hacia Kylo. Con aquel movimiento, la ligera camiseta de la chica se deslizó un poco hombro abajo y Rey sintió un escalofrío al notar el agua correr por su piel.
O a lo mejor el escalofrío venía por el modo en que la estaba mirando Kylo en ese instante. Indescifrable como siempre.
- ¿Quién era ese gilipollas? – espetó Ren, dejando a Rey patidifusa.
- ¿Eh? ¿De qué hablas?
- Se le oía hablar por el teléfono. Sonaba a gilipollas. Y el caso es que me suena la voz…
- Es un amigo.
- Con el que has quedado para ir al cine.
- Pues sí – replicó Rey, levantándose de la cama - ¿Algún problema?
- Ninguno, ninguno – replicó él con cierta suavidad, incorporándose también.
Vio cómo la chica avanzaba por el cuarto hasta coger una toalla que tenía colgada en la puerta y se frotaba el cabello con ella. Involuntariamente, su cuerpo actuó solo: la siguió, colocándose detrás de ella, girándose para intentar verle la cara.
- ¿Te gusta?
Rey, concentrada en su toalla, no se parecía haber dado cuenta de que le tenía casi pegado a ella. Se dio la vuelta y su cabeza casi rozó el torso de él. Con un leve "huy", dio un respingo y retrocedió un paso, genuinamente sorprendida de verlo ahí plantado.
- ¿Qué has dicho? – la toalla cayó por sus hombros, haciendo que el cabello se le quedara muy revuelto.
- Que si te gusta.
Rey, en el colmo de la incredulidad, le estudió atentamente. Misteriosamente, Kylo estaba cambiando su energía a una muy parecida a la que había exhibido durante su primer encuentro: aquella energía casi predatoria, intimidante, insistente. ¿Qué le estaba pasando?
- Pues mira, es un buen amigo y le mola el cine de superhéroes. ¿Qué hay con eso?
- Nada – él se encogió de hombros – A mí también me gusta.
- Ya, como Wonder Woman, ¿no? - replicó la chica, entrecerrando los ojos y atravesando la habitación, con Kylo involuntariamente pegado a sus talones - Y además, ¿a qué demonios viene esto ahora?
- A nada en particular. Aunque por cierto, tengo curiosidad por ver qué narices pasa con Steve en la peli de 1984. Me sorprendió bastante verle en el tráiler, después de ver lo que pasó con él cuando ella luchaba contra Ares en el aeropuerto…
Ahí estaba: la sorpresa manifiesta en el rostro de Rey, que se paró en seco junto al armario.
- ¿Desde cuándo eres un experto en DC?
- Desde el mes pasado – respondió él rápidamente, cruzándose de brazos.
Rey era incapaz de procesar nada y solamente alcanzó a sonreír frunciendo el ceño.
- Vale, gracias por el dato.
- De nada.
- ¿Pero qué demonios tiene eso que ver con mi quedada para cine?
- Nada, nada, no tiene que ver nada.
- Ah, muy tranquilizador – la chica se cruzó de brazos ahora - ¿Podríamos cambiar de tema?
- Hecho. ¿Cómo llevas la Física?
Rey pestañeó. Qué rápido era.
- Pues… - a la muchacha se le escapó una mirada a su escritorio, donde esperaban los apuntes de Skywalker. Un repunte de amargor al recordar su última conversación la invadió – Ahí voy.
- Al final estás salvando el pellejo en lo que va de curso, ¿no es así?
- Sí, estoy aprobando los parciales poco a poco. Skywalker me ha dejado un montón de apuntes y me ha explicado algunas cosas… Es muy bueno.
Ella sonrió, pero vio que Kylo no la acompañaba. Normal, no le haría mucha gracia estar hablando de su tío…
Pero no. Había algo más.
De nuevo, aquel resquemor de oscuridad. Aquella mentira subyacente sobre la cual Kylo había querido tranquilizarla.
- Tú no estás bien hoy – atacó ella directamente.
- ¿Cómo? ¿De qué hablas?
- Digo, que vuelves a estar un poco "ido"… Ya sabes, no estás en tu salsa hoy.
- Sigo sin saber a qué te refieres.
Hoy, Rey estaba muy perceptiva.
- Me refiero a Europa.
La sombra de la irritación planeó por el rostro de Kylo.
- ¿Otra vez? Ya te dije que no pasaba nada malo.
- Entonces, ¿por qué te cabreaste tanto?
- Te estabas poniendo muy pesada con lo del viaje.
- Es que no sé qué tiene de malo. Estábamos hablando tan normales y de pronto te encoges sobre ti mismo y te pones a ocultarme cosas… No, no, no, no me mires así, porque se te notó a la legua. Tú verás qué mierda tiene de malo ocultarme sepa dios qué sobre tu viaje. Porque no era nada malo, ¿no?
El corazón se le revolvió a Kylo de nuevo y el águila de luz en su pecho reaccionó a las vibraciones de ella. Su oscuridad no pudo retenerlo. El ave no hacía más que luchar: "díselo".
Díselo.
Díselo.
Díselo.
- Bucarest – escupió Kylo rápidamente, casi con arrepentimiento. Como el día bajo la lluvia, cuando después de gritarse, él de pronto le pidió disculpas y le ofreció el paraguas con palabras suaves.
- ¿Qué? – Rey retrocedió.
- Me voy a Bucarest.
Y entonces Rey cayó en la cuenta. Y Kylo deseó haberse mordido la lengua.
- Bucarest… Eso está en… - la joven retrocedió aún más hasta llegar a su móvil. Buscó en Google Maps y abrió ojos y boca con estupor – Está en Rumanía.
Le miró con el desconcierto tornándose en entendimiento.
Lo sabía, Rey lo sabía. Kylo sabía que ella era lista y que sabía hilar dos más dos. Y habría establecido la conexión.
De pronto, las vibraciones de la chica se tornaron oscuras y volubles. Una tormenta en formación.
- ¿Qué pasa en Rumanía, Kylo? – y el tono, inquisidor, acerado y solemne presagiaba un peligro, una Rey que pocas veces él había visto.
Él se sintió incapaz de contestar, y se sorprendió a sí mismo tragando saliva. Activó su sigilo, pero ella ya le había desenmascarado.
- ¿Qué hay en Rumanía, Kylo? – insistió ella, más enfadada que antes – No me vayas a dejar con la intriga, porque soy perfectamente capaz de coger un billete a Bucarest y seguirte a donde vayas.
Una flecha ardiente atravesó a Kylo. ¿Había oído bien? ¿Ella estaba dispuesta a seguirle al otro lado del globo porque él le había ocultado sus planes?
¿Qué clase de chica era la que tenía delante? No conocía aquella faceta oscura e insistente de la joven. ¿Qué estaba pasando?
- Rey, no es lo que te piensas.
- ¡Y una mierda! – saltó ella por fin - ¡Así que ése era el gran secreto! ¿Qué te crees, que me chupo el dedo? Mira qué coincidencia: los rumanos nos dejan tranquilos, tú tienes una reunión con ellos y de pronto tus planes universitarios cambian. ¿Qué pasa en Rumanía?
- ¡Maldita sea, no me grites! – se quejó él.
Ella, estupefacta, casi retrocedió.
- No estaba… gritando…
- ¡Sí que lo estabas haciendo! – ahora él se creció frente a ella, indignado – Tú siempre hablas de buenos modales y de tratar bien a la gente y me has regañado por eso. ¡Aplícate el cuento tú y deja que me explique!
- Lo siento.
Kylo tomó aire y empezó a pasear, intentando tejer las explicaciones que nunca hubiera querido darle.
- Me han ofrecido una beca para que la colaboración de Star Corp. y su empresa sea total. Podré estudiarles desde dentro.
- Te tendrán vigilado las 24 horas, ¿lo sabes?
- Sí, y no me importa.
Kylo observó a Rey, que respiraba entrecortadamente, mirando a todos lados y a ninguno en realidad. No había que ser un lumbreras para ver que la joven estaba intentando digerir todo aquello a gran velocidad. Buscando puntos ciegos. Algo que no encajase. Ja. Pues le deseaba mucha suerte: él llevaba meses aturullado con aquello y no le veía los tres pies al gato por ningún lado.
- Tengo una pregunta MUY obvia – dijo Rey - ¿Y Snoke? ¿Está tan contento de que te vayas? Me extraña que no le importe alejarse de ti. Después de todo lo que pasaste por irte con él… ¿Ahora te deja marchar así como así?
Joder, era buena. Kylo resopló.
- Efectivamente.
Fue entonces cuando ella explotó, y sus vibraciones oscuras y luminosas, todas a la vez, hicieron retemblar los cristales, el espejo, los lápices en el escritorio, las cortinas…
- ¿Y TÚ TE LO TRAGAS? – saltó de pronto ella - ¡KYLO, POR DIOS, AQUÍ HAY GATO ENCERRADO! ¡TÚ ESTÁS IDIOTA!
Brutal, absolutamente brutal…
De pronto, Rey parecía haber crecido unos centímetros. Y Kylo detectó rabia y miedo, mucho miedo.
- ¿Qué dices?
Rey acababa de convertirse en un huracán imparable, que caminaba hacia él.
- ¡ME LO ACABAS DE CONTAR Y LO VEO TODO CLARO! ¿Y TÚ QUE LLEVAS SEMANAS LIADO CON ESTO NO LO HAS VISTO? ¿TÚ TE CREES QUE TE VAN A DEJAR EN PAZ?
La conexión se cortó y Rey se quedó jadeando, mirando al vacío, intentando recuperar el aliento y asimilar lo que acababa de ocurrir.
Aquello se había liado hasta el infinito. ¿Cómo podía haberle dicho todo eso y encima preguntarse por qué ella se ponía así? ¿Así que era eso lo que le había estado ocultando? ¿Por qué? ¿Por qué pasaba ahora esto?
Las cosas se habían puesto muy, muy, muy feas de repente.
Y Kylo Ren, definitivamente, se había vuelto gilipollas del todo.
- Aún recuerdo cuando la señorita me pidió información acerca de la familia Solo – Organa… Admito que ciertamente, yo estaba sensible ese día y aporté más información de la necesaria, pero no me aventuraría a decir que ella aprovechó esa oportunidad. Sencillamente, necesitaba saber…
Maz asintió en silencio mientras P.O. continuaba su perorata, removiendo su café lentamente.
- … Desde luego la chica siempre se ha portado muy bien con nosotros y nunca ha querido cometer indiscreciones estando conmigo. Hasta nos trae galletas de vez en cuando, ¿a que sí, Arthur?
Su menudo compañero, que estaba sentado en una mesa anexa, estaba entretenido en trastear con un mini soldador y una pequeña placa base. Éste le miró significativamente, arqueando una ceja.
- ¡Hay que ver, te traes el trabajo al tiempo libre! ¡Eres un obseso, Arthur, ni siquiera nos das conversación! ¡Un día de éstos se te van a freír las neuronas de tanto soldar cables! Eres un adicto al trabajo.
Arthur suspiró, incrementando el nivel de sarcasmo en su mirada de modo significativo.
- ¡Vaaale, vale, ya lo sé! – se quejó P.O. manoteando en el aire con gesto desdeñoso – Que la señora Organa nos pidió que facilitásemos información a la joven Rey siempre que ella quisiese – alzó un pálido dedo acusador hacia el conserje - A ti nunca te extraña nada, mi muy cabezón amigo. Pero a mí sí, ya que al parecer soy una mente más preclara que tú.
Arthur resopló con exasperación, soltando el soldador en la mesa con un golpe algo más fuerte. Maz apenas pudo ocultar su sonrisa, mientras P.O. proseguía:
- Sí, indígnate, anda. ¿Qué culpa tengo yo de que necesiten explicarme algo más las cosas? ¡Tú siempre has sido el que estaba enterado de todo sin querer explicarme nada! – el señor rubio se giró hacia Maz – El día en que le conocí, casi nos matan por su culpa… Me hizo salir corriendo del lugar en que estábamos, hacer autoestop por el desierto diciendo nosequé de un mensaje secreto a un profesor y todo por proteger a la señorita Organa… ¡Si me lo hubiera dicho desde el principio, no me habría pasado media tarde enfadado con él en mitad del desierto! ¡Y luego aquellos despreciables chatarreros… Cada vez que lo pienso se me fríen los circuitos, ya sabes, Maz… - finalizó llevándose un dedo a la sien – Una locura. La vida a su lado es una locura.
- Y aún así, seguís juntos desde hace décadas – repuso Maz acodándose sobre la mesa, mirándolos con afecto – Y por cierto, te estás desviando del tema. Hablábamos de Rey.
- Tienes razón – aceptó P.O., bajando la vista y tomando aire para serenarse frente a su taza de café. A sus espaldas, la dueña del local comprobó cómo Arthur sonreía sobre su labor – La señora Organa confía mucho en la chica. Y ahora que tú nos estás contando esto, veo claro por qué. Pensar que esa muchacha tiene habilidades similares a las del señorito Luke, ¿eh, Arthur? Pero ya le prometimos a la señorita hace tiempo guardarle el secreto. Lo que no imaginábamos era que fuese realmente tan poderosa.
Hubo una pausa, en la que P.O. tomó un sorbito de café.
- Ciertamente, es para intranquilizar lo que nos cuentas de la chica. Para empezar, ya me supone suficiente sorpresa que ella haya logrado acercarse hasta ese punto al joven Solo. ¿Está enterada la señora Organa de esto?
- Creo que se huele algo, y además habla bastante con Chewie desde otoño, cuando él y Luke volvieron a recuperar el contacto – explicó Maz, acodándose sobre la mesa – Sí, sé lo que piensas… ¿Por qué Luke no se ha puesto en contacto con Organa? Pues por orgullo, por resentimiento y por miedo. No sé cuándo se van a dar cuenta esos dos cabezotas de que así no se puede estar.
- Lo sé… - P.O. miró distraídamente a su taza de nuevo, para alzar otra vez la mirada - ¿Y no crees que con esta nueva información acerca de las preocupaciones de la chica, las cosas podrían suavizarse entre ellos?
- No lo sé – repuso Maz – Es algo inusual, desde luego…
- Por supuesto… - corroboró P.O. - ¿Quién iba a imaginarse que esa muchacha iba a entablar tal relación con el joven Solo? Lo que no lograron sus padres ni su tío… - el conserje se interrumpió a sí mismo para suspirar otra vez – Desde luego, esa chica debe de estar hecha de otra pasta.
- Efectivamente. Pero hay un segundo hecho importante, y es que ella ha venido a mí con esa tristeza, asustada POR ÉL.
- Entiendo – y en el rostro de P.O. se dibujó un rictus de angustia. Porque, a pesar de los años y el daño hecho, P.O. y Arthur habían visto crecer a aquel chiquillo, lo habían visto jugar con Chewie, con Luke, con el señor Calrissian cada vez que venía a casa de visita… - ¿Y qué hacemos al respecto? La señorita Rey no parece muy dispuesta a contarlo a la señora Organa o al profesor…
- Chewie me ha comentado por WhatsApp que ha hablado con Luke y que él ya estaba enterado de una parte. Al fin y al cabo, es su profesor. Era de esperar que Rey acabase sincerándose con él. Le ha ido proporcionando detalles sobre su relación con el chico durante estos meses. Yo no le he dicho nada de que Rey vino a verme y estaba triste. No quiero levantar sospechas en él aún.
- De todos modos, ella no lo ha contado todo, ¿no?
- No. Y eso es lo que me preocupa – dijo Maz reajustándose las gruesas lentes - No solamente Rey está ocultándonos datos (ignoro la razón) sino que ni ella misma es poseedora de la verdad completa.
Hubo otro silencio, tras el cual Arthur dejó de soldar para lanzar la misma mirada interrogativa a Maz que P.O..
- ¿Tú crees que hay algo de peligro aquí? ¿Qué deberíamos temer por…?
- No sé cuánto de afecto os queda en el corazón para sentir miedo por el joven Solo, después de estos años, ni de cuánto le quedará a su madre y su tío después de haberse portado como lo ha estado haciendo – sentenció Maz – Pero desde luego, algo me dice que también deberíamos tener miedo por Rey.
- ¿Entonces a qué estamos esperando? ¡Hablemos con el señor Luke, con la señora Organa, citemos a Rey y que nos diga todo lo que sabe! ¡Quizás podamos hacer algo todavía!
- ¿Hacer qué? ¿Traer al joven Solo de vuelta? – la voz de Maz era repentinamente ácida – No, eso no le corresponde a la muchacha. El joven debería decidir por sí mismo. Y si no lo ha hecho hasta ahora, mucho me temo que la chica debería prepararse.
- ¿Para qué? Por todos los cielos, Maz, me descomputas cuando me hablas así…
La mirada de Maz se perdió en el vacío.
- Es que creo que estoy en lo cierto, P.O.. Va a ser duro para todos y para ella más que para nadie. Rey debe ser consciente de la verdad por su cuenta.
Estaba que botaba. Tenía el corazón acelerado, era incapaz de concentrarse ni en dónde ponía el pie y por pocas la atropella un coche en el semáforo del asadero de pollos Wookie. Había hecho bien en no traer la moto hoy a clase, porque estaba segura de que habría tenido algún accidente.
No se le iba de la cabeza la conversación con Kylo. Allí había saltado por fin algo que el joven debería de tener embotellado durante mucho tiempo. ¿Cuántas semanas llevaría callando aquella operación? ¿Por qué no le había dicho nada? Lo peor había sido ver que la conversación se había cortado de modo tan abrupto. ¿Y si le llamaba? No, esas cosas se hablaban a la cara… Quería ver sus reacciones, desbaratar sus argumentos y ahondar algo más en sus secretos, ya que sabía que podía penetrar en ellos.
Y sobre todo, el miedo, el miedo que parecía permear de Kylo, la estaba contagiando a ella. Porque, por encima de todo aquel rencor, de aquella ira, ella le había gritado por puro temor. Porque se lo había imaginado en Europa, encerrado en algún laboratorio, siendo analizado por tipos en bata. O peor aún, convertido en alguna especie de sicario con poderes psíquicos al servicio de un tipo oscuro… Robert Snoke era un hombre despreciable, pero ¿hasta dónde habría transigido en aquel plan de los rumanos de tomarlo como aprendiz / rehén?
De pronto, algo le pinchó en el pecho. Otra aguja más de las mil que llevaba ya clavadas esos días.
Si Kylo estaba tan asustado y nervioso por lo que haría en Bucarest, significaba que había alguien capaz de amenazarle hasta tal punto. ¿Qué clase de persona tendría que ser para tenerle tan acorralado? O a lo mejor... A lo mejor era alguien muy persuasivo, y Kylo sencillamente había experimentado un cambio de parecer. Podía ser eso.
- Siento que solamente he visto la punta del iceberg. Kylo está metido hasta las orejas en algo muy chungo. Quizás haya sido por decisión propia, pero no me cabe duda de que aquí hay alguien con razones de peso que lo está llevando por el mal camino... Que a lo mejor no es mal camino para él...
El "paaaaaanggg" de poder la traspasó del esternón a las tripas. Alzó la vista, intuyendo perfectamente a dónde tendría que mirar, y le vio, de pie, a varios metros, en el terreno de enfrente, al otro lado de una masa de estudiantes, policías y vallas de seguridad. En medio de todos aquellos rostros hoscos, recelosos… él era hoy el rostro menos agresivo.
Una perfecta máscara de oscuridad.
Mentiroso.
Caminaba con aquellas zancadas que daba, a paso seguro, tapado tras sus gafas de sol, portando su casco cromado bajo su brazo. Estoico, firme, sereno.
Pero la tormenta rugía en su interior.
Y pasó de largo, sin ni siquiera mirarla.
Era duro, después de lo que llevaban vivido. Recordó la semana del Espíritu, donde él le saludó con aquellos comentarios tan divertidos. También había habido algunas mañanas en las que él la había visto entrar a clase desde el parking y le había lanzado un simple "buenos días perdedora" mental, pero que le había puesto una sonrisa al entrar al insti. Y todo había acabado de repente. Porque el muy gilipollas se había replegado en sí mismo y se iba a lanzar en plancha al abismo sin paracaídas.
Supo entonces que sus quedadas de los domingos habían quedado suspendidas hasta nuevo aviso. Y el cielo se le oscureció de repente.
Había necesitado cada gramo de fortaleza mental para pasar de largo sin decirle nada, al contrario de lo que venía acostumbrando a hacer. Porque verla aparcar su moto con aquella cara soñolienta, medio gruñendo por las discusiones con Plutt de esa mañana, y lograr hacerle sonreír cuando le decía "buenos días pringada", le subía la moral. Veía cómo se le iluminaban los ojos, cómo se le alzaban las comisuras de los labios y sus vibraciones se volvían más brillantes, saludando a su oscuridad. Y su pájaro de luz esponjaba sus alas, batiéndolas orgulloso.
Hoy, el ave piaba oculta en su pecho, reprimida por una vez.
Basta de tonterías. Seguiría adelante con su plan.
Al parecer, se acababa de quedar sin aquellos tres meses extra con ella antes del verano. Evitando su presencia.
Pero, ¿cómo hacía uno para evitar ser atraído por un imán poderoso como un agujero negro?
- No hablarás en serio.
- Mira, no quiero ser agorera, pero mirad lo que pasó en Halloween, cuando yo dije que algo estaban cocinando los cuervos…
- ¡Ay, no me lo recuerdes!
- Pues entonces…. Hacedme caso.
Paige paró en seco en medio del rellano de la escalera, haciendo que su hermana pequeña se detuviese también, dos escalones arriba de ella. La joven capitana de baloncesto se giró hasta la aficionada a la informática, tomándola de los hombros y taladrándola con vehemente insistencia:
- Por favor, dime de verdad que hablas en serio.
Rose inspiró hondo antes de replicar con asombrosa calma:
- Hablo muy en serio, Paige. Algo se está moviendo en las redes. Los cuervos preparan una gorda.
- Pero… ¿cuál? ¿Qué pretenden liar? ¿Tendrán valor de hacerlo después de lo del campeonato? ¿Algo más grave?
- No lo sé, Paige. Lo de la batalla campal les sentó como una patada en el trasero. Creo que la muñeca dislocada de Poe y los demás heridos no les parecieron suficiente…
Paige, aún sujetando a su hermana de los hombros, resopló.
- Vale. A ver ese ordenador. ¿Qué has visto en los foros?
- No han sido foros esta vez – explicó Rose mientras ambas chicas bajaban al salón y, aprovechando que estaban solas en casa, tomaban asiento en el sofá – Ha sido por casualidad, en una página de compraventa online.
- ¿Jawapop?(**)
- Sí, esa.
Rose desplegó su portátil y movió su trémulo dedo por el ratón táctil del dispositivo, moviéndose rápido entre páginas.
- Aquí lo tenemos: un cruce de comentarios entre los usuarios AT_1977 y DestroyerBoi que nos lleva a… - Rose manipuló el ratón para llevarlas a otra pantalla de incógnito - … a una conversación privada en la que ambos hablan de un plan…
- ¿Y ya está? – inquirió Paige - ¿No tienes más pruebas?
- Espera que voy – le cortó Rose, molesta – Paciencia, hermanita…
Por fin, Rose abrió nuevas ventanas, introdujo nuevos usuarios y códigos y por fin se vieron en un espacio transitado prácticamente en su totalidad por cuervos. Conocían bien las fotos de perfil…
- Madre mía, Rose, esto es un nido de serpientes… ¡Como te pillen, te matan!
En el rostro de la aficionada a la informática se pintó una sonrisa satisfecha.
- Ja. Tú lo has dicho – e hizo clic en la letra Intro…
Ahí estaba, una conversación robada, un intercambio de correos entre ambos usuarios que hablaba de días, horas de reunión…
- ¡Esto es material incendiario! – siseó Paige, casi cayéndose del sofá - ¿Tienes pantallazos de todo?
- ¡Claro! ¿Por quién me tomas?
- Pues entonces, ¡a llamar a Poe, o a Starck, o quien pillemos! – Paige se levantó de un salto y tiró del brazo de Rose - ¡Vamos, en marcha!
Por pocas le da tiempo a Rose de cerrar sesiones, clausurar pestañas y apagar el portátil de modo seguro, antes de ser llevada casi en volandas por el vendaval en que se había convertido Paige Tico.
La foto le ardía en las manos. Casi notaba las marcas del grueso papel satinado hacerle las marcas al rojo vivo en los dedos, en el hueco de la palma. Como cuando sacas un papel de la fotocopiadora y está tan reciente, que la propia hoja te deja una micro herida que escuece durante días. Pero multiplicada por cien.
Y qué extraño verse él mismo en ella.
Ahí estaba, con doce años, casi irreconocible, cuando apenas había empezado a ser Kylo. Alto, demasiado alto ya a sus doce años. "Un espárrago de niño", como alguna vez le había oído decir a "él" en casa. Con el cabello aún no tan largo como lo solía llevar ahora. "A dónde vas con esas greñas de heavy, pide cita en la peluquería ahora mismo", siseaba "ella" cada vez que se quitaba la capucha al llegar a casa. Con aquella sudadera oscura, la primera que Robert le compró tras aquella noche catártica en la que todo cambió, la noche del fuego. La noche en que la oscuridad le llamó por su nuevo nombre.
Y Robert Snoke salía a su lado, con su gabardina de color verde botella y su aspecto permanentemente avejentado. Él no había cambiado mucho en aquellos seis años y conservaba aún aquel gesto protector hacia su nuevo pupilo, como el que se apreciaba en la foto. Les habían tomado la instantánea mientras caminaban por las calles de Bucarest, con Robert pasándole la mano por el hombro y con la otra sujetando un maletín plateado, que la difusa memoria de Kylo se empeñaba en pintar como uno de ésos protegidos con un sistema de código numérico. La foto había sido sacada en una tarde de lluvia y la calidad de imagen era borrosa, pero ahí estaba la prueba: ambos habían pisado la capital rumana antes.
Habían estado allí antes en su huida por evitar a Skywalker y aquello era todo lo que Kylo necesitaba saber para comprobar la importancia de Darek Maul. Por supuesto que aquel sujeto habría entablado relación con Robert durante esos días. Y Robert se lo había callado. Kylo no tenía recuerdos de él; bien se habría encargado Maul de ocultarse ante él durante su visita a la capital rumana. Pero ahora entendía en parte aquel interés en él. Años y años sabiendo de su existencia...
¿Y por qué Robert se lo había ocultado?
Alguna razón habría, seguro.
Estaba tan concentrado en su rabia, que las vibraciones de Rey lo pillaron de improviso.
Inspiró hondo y se dio la vuelta.
Curioso, ella también estaba de espaldas. Y no parecía tener ganas de girarse.
La joven llevaba puesta su mochila y unas gafas de sol. Iba agarrada a un asidero de algún transporte público, a la altura de su cadera. Autobús, probablemente.
Se abstuvo de intentar preguntarse a dónde iría hoy sin su moto. Ella ya no era de su incumbencia. No después de haberla tratado como la estaba tratando últimamente.
Si ella no hubiera sido tan perceptiva y sagaz, él podría haber prolongado aquellos últimos meses y…
- Haz el favor de callarte, ¿quieres?
Meneó la cabeza, como espantando a las moscas del sueño. Contempló la nuca de la chica, que bufó indignada.
- No he dicho nada.
Otro resoplido de la joven. Definitivamente, no estaba sola, pues hablaba en su mente sin mover la boca.
- Sí que lo estabas diciendo. Y yo no puedo evitar escuchar. No quiero que vuelvas a quejarte de que oigo demasiado.
- ¿Ahora quién está a la defensiva?
- Ni se te ocurra acercarte más.
Iba a preguntarle por qué, pero en ese instante se dio cuenta de que, desde que la había visto, su cuerpo, involuntariamente, había caminado varios pasos a sus espaldas hasta llegar a pocos metros de ella.
La oyó respirar trabajosamente. Y seguía sin mirarlo a la cara.
- Mira, estoy intentando contenerme, como me pediste, ¿vale? Así que intenta no joderme con ningún comentario. Esperaré a que el enlace se termine y punto pelota.
- Haces bien.
Contempló cómo la barbilla de ella temblaba. Y sus vibraciones también se volvieron convulsas, oscuras, pesadas…
Le dio la espalda a su figura. Ahora estaban solamente a un par de metros de distancia. Pero se sentía como un abismo. Uno muy diferente al que habían salvado el día aquél en que meditaron juntos.
- No sé si te importará saberlo, pero tu madre ha salido ya del hospital.
El latigazo de dolor fue tan brusco como inimaginablemente potente. Necesitó tener él también un asidero al que sujetarse, porque casi pierde pie.
- ¿A qué viene eso ahora?
Apretó los labios, frunciendo la barbilla en el intento, un gesto que "ella" siempre había considerado muy de "él"…
"Ella", sobre la camilla de hospital, con aquellos seis puntos, entubada, quieta…
Quieta. Fría. Sola.
Tan sola.
…
Mentirosa.
…
Tan sola.
…
No me quería.
…
Tan sola.
…
- Solamente quería que lo supieras.
- ¿Pretendes desestabilizarme con esa mierda? ¿Pretendes conmoverme? ¿Hacer que te pregunte por ella? A estas alturas deberías saber que no voy a hacerlo.
- Lo sé, capullo. Pero esto te dejará huella. Como todo lo que te lleva pasando desde hace tiempo conmigo.
Aquello dolió también.
Ella bajó un par de escalones y cruzó una puerta para echar a andar hacia la derecha.
Y una vez más, Kylo fue a seguirle, pero la conexión se cortó.
- ¡Buenas! ¿Qué? ¿Planeando contraataques? Después del bombazo que nos soltó Rose el otro día, imagino que ya estarás dándole a la patata para pensar algo que… ¡Eh, tío! ¡Despierta!
Finn tuvo que agitar la mano varias veces delante de las narices de Poe antes de que el apuesto capitán pudiera despertar de su trance de reflexión. Pestañeó lentamente un par de veces, negó con la cabeza y por fin pudo dedicarle su atención a su amigo.
- Perdona, dime…
Finn se puso en jarras frente a él.
- Te preguntaba si vamos a hacer algo al final. Rose dejó las cosas claras el otro día y Starck y Tubbs hablaban de una estrategia para contraatacar. Kaydel está diciendo algo de hablar con la policía, pero… ¿tú crees que deberíamos dar ese paso? No sé, ya están por aquí todas las mañanas. Cuando les digamos lo que está por pasar, nos cuelgan del mástil de la bandera…
Poe asistió a su verborrea con un semblante tranquilo, pero con emoción contenida.
- No sé, Finn, no sé, de verdad.
Su colega se dejó caer en el banco de piedra junto a él, patidifuso.
- Qué me estás contando.
Poe suspiró.
- Que, por una vez, no sé a dónde voy. No sé a dónde va todo esto… Sé que el corazón me dice que debemos aguantar, que debemos atacar, pero… No sé. Tengo un pellizco cogido por dentro – se sujetó el jersey - … un pellizco que me dice que hay algo más. Algo gordo que va a pasar. No sé. Es como si estuviera esperando a algo… Vale, mírame raro si quieres. Pero tengo el presentimiento de que hay algo en toda esta movida que se nos escapa.
- ¿Pero el qué? – apremió Finn - ¿Acaso algún otro movimiento de Phasma o…?
Dameron negó con una suave sonrisa resignada.
- Mira aquí – y Poe le mostró una imagen en el móvil – Los pillé ayer por la tarde. No entiendo nada.
Cuando Finn vio la fotografía, frunció el ceño.
- ¿Y esto? ¿Qué hacen esos dos?
- Ni idea – repuso Poe, guardando de nuevo el aparato en su bolsillo – Pero, sea lo que sea, es motivo suficiente para dos cosas: primera, el pensarnos con mucho cuidado nuestro siguiente paso…
- Eh, eh, eh, un momento… ¿Piensas dejar que nos afecte? ¿En qué nos influye eso? - Finn miró al infinito - La verdad es que es difícil de creer. Nuca imaginé que pudiera...
- Algo me dice que deberíamos tener cuidado extra. No sé, me espero algo muy chungo de esto. Llámame loco, pero tengo una premonición, llámalo equis…
- Joder, Poe, no me vengas con ésas ahora… Tú estás muy raro desde que te fastidiaron el brazo. Por cierto, ¿cuál era la segunda cosa? Has dicho dos…
- Ah, eso… - comenzó Poe, cogiéndose las rodillas – Pues que estoy convencidísimo de que, a la vista de esto, Rey nos ha estado mintiendo desde hace mucho tiempo.
Veinticuatro horas antes, Rey bufaba de rabia en una esquina, dispuesta a coger el toro por los cuernos de una santa vez.
Se había portado como una gilipollas aquella otra tarde, hablándole a Kylo en ese plan. ¿A qué jugaba? Cuando su oscura presencia se desvaneció detrás de ella, se dio de cabezazos contra la pared. ¡Si lo que quería era justo lo contrario! ¡Pero había estado tan enfadada!
Y hoy, viéndole caminar a varios metros por delante de ella, sintió que tenía que ponerle remedio.
- Ni se te ocurra.
Claro, la había oído. Estaba ya demasiado cerca.
- Cállate idiota.
Cubrió en una breve carrera los metros que le separaban de él, mientras Kylo se paraba en seco, inspirando fuertemente, preparándose para el enfrentamiento.
- Por favor, déjame en paz.
- ¿Y esos modales? Qué fino te has vuelto.
Él seguía dándole la espalda.
- Mírame al menos.
- No.
Y aquello dolió como un dardo helado que se le clavó a Rey en el esternón. Porque sintió perfectamente el maldito conflicto, aquella vorágine dentro del alma de Ren, que el joven se estaba empeñando en enterrar bajo capas y capas de tormenta oscura.
Era como si hubiera retrocedido… Con lo fácil que había sido todo aquella tarde en el claro, con ellos dos tirados en el césped. O la noche de su cumpleaños…
- No ha pasado nada, Rey. Todo está como siempre – y su voz era hueca, siniestra de nuevo. Había perdido aquel toque aterciopelado y acogedor que adquiría cuando hablaban de tonterías o bromeaban juntos – Mejor aún, todo está como debió haber sido.
- ¿A qué te refieres? ¡Pero por lo que más quieras, mírame! – acabó implorando Rey a gritos.
Kylo se giró y Rey vio perfectamente la máscara oscura de nuevo en su semblante. Parecía incluso más pálido de lo habitual. Juraría hasta que tenía más ojeras que antes. Mala cara en general… ¿Qué le estaba pasando?
- Lo de Budapest – respondió él con aquel aplomo cínico que sabía sacar muy bien en estas ocasiones – Va para adelante. Lo tengo decidido y debí haberlo hecho antes. Estar contigo me ha nublado las percepciones, sinceramente. Te has visto involucrada en este jaleo de los espías rumanos y nunca debió haber sido así.
Rey sintió un pinchazo de afecto. Al fin y al cabo, lo estaba haciendo por ¿protegerla?
- No te imagines cosas. Me estoy protegiendo a mí mismo. No necesito a gente como tú cerca.
Algo en el interior de Rey hizo "crash" y se resquebrajó sin remedio.
- ¿Qué?
La mirada de Kylo era acero y hielo. Aquellos ojos castaños que habían despedido cálidas vetas doradas al sol del lago Naboo, ahora volvían a ser los de un extraño.
- No es cierto, no te creo – musitó ella, negando con la cabeza.
- No tienes ni idea.
- Kylo, algo está pasando y lo noto en cada célula de tu cuerpo. ¡Estás mintiéndome, te escondes tras esta sarta de chorradas que me estás diciendo para que no pueda… para que no pueda ver lo que hay dentro!
Avanzó hacia él.
- ¡Kylo, sé que hay algo más! ¡Podría ayudarte! ¡No tienes por qué ir a Budapest! ¡Podremos encontrar una solución, y que le den a Snoke! ¡No vas a dejarme fuera así como así!
Pero él era un bloque de hielo. Demonios, y ella a punto de soltar el grifo, sin filtro ninguno, dejándose llevar por aquella sensación de abandono que la empezaba a rodear como una niebla tóxica.
- Sí que lo voy a hacer. A partir de ahora, olvida que existo.
Ella bufó. No, no le quitarían aquello con lo que había aprendido a ser feliz.
- Y una mierda – siseó.
Dio un par de pasos hacia él.
- ¡Me niego a hacer el numerito de la damisela ofendida! ¿Me oyes, cuervo? Me niego. A mí no me vas a dejar tirada como a un trapo porque no lo soy. No vas a marcharte haciéndote el duro y dejándome sin respuestas. Antes, te reviento la cara a leches.
- Eres incapaz de hacerlo.
Ahí estaba ese odioso tonito nasal, el de septiembre, el que usaba para burlarse de todos… Ahora ella estaba en el mismo saco.
- No me conoces, Kylo.
- Ni tú a mí. Por eso te pido que me dejes en paz. Ya has jodido suficiente.
- Pero… ¿qué te he hecho? ¿Desde cuándo te he hecho daño? ¿Quién te ha metido esas mierdas en la cabeza?
- ¡NADIE! ¡YO TAMBIÉN SÉ PENSAR POR MÍ MISMO!
- ¡Pues para ser tan independiente, destilas miedo por los cuatro costados!
- Eso es asunto mío.
- ¡Ni hablar!
Kylo se acercó entonces a Rey, mucho más que nunca. Destrozándola con sus ojos, su presencia oscura reconcentrada como una nube densa. Vestido con una armadura de noche, enmascarado por una turbia maldad.
- Oh, sí, Rey, créeme. A partir de ahora, sí que es asunto mío.
Sus ojos se cruzaron, sosteniéndose mutuamente las miradas, pero la cadena dorada que antes les había unido no existía ya.
Todo había sido un espejismo.
- ¿Te están molestando, hijo?
Rey ni siquiera pudo mirar hacia atrás (que era de donde había venido la voz) porque se sintió momentáneamente paralizada. "Dios mío, me han pillado hablando con Ren, se va a liar".
Kylo dio unos pasos hacia atrás, evitando mirarla.
- No, todo bien. ¿Ya has terminado? Podemos irnos entonces.
Rey notó una figura sobrepasarla por su derecha… Apenas le vio de perfil, pero la sensación de parálisis continuaba.
Era Robert Snoke.
Demasiadas sorpresas en un día.
- Vamos chico – y el anciano pasó un largo y delgado brazo por la espalda Kylo, mientras caminaban hacia un Mercedes que había aparcado cerca de allí – Estas transacciones bancarias me dejan con un hambre tremenda. ¿Encargamos algo de cena? Y ya después preparas la maleta para el avión.
- Sí, me parece bien – respondió el joven. Se alejó de ella, sin mirarla. Se metió en el coche, dejando que Rey sintiera su oscuridad, su turbia atmósfera alejándose y dejándola allí, quieta en la calle, parada como un poste, muda como una idiota, sin haber sido capaz de reaccionar. Ni siquiera Snoke parecía haberle prestado más atención que a una pelusa de la calle. Una doña nadie. Poco a poco, mientras el coche se alejaba, puso recuperar la movilidad plena. ¿Qué le había pasado en los últimos segundos?
No tenía ni idea, pero aquél iba a ser un asunto al que le pensaba dedicar un tiempecito de reflexión.
Y lo peor de todo era el detalle de la maleta. Que, parálisis y todo, no se le había escapado ripio…
El viaje de Kylo era inminente.
Las tripas se le pusieron del revés en aquel instante.
Y estaba tan asustada y confundida, que ni se dio cuenta de que les habían hecho una foto instantes atrás.
(*) meterse en camisas de once varas: en español castellano, significa meterse en un problema que te viene demasiado grande, buscarse complicaciones innecesarias.
(**) Jawapop: ¿necesita explicación? Lo tenía a huevo, ¡jajajaja!
Avances para el próximo capítulo: comenzamos el acto final. Rey necesita respuestas y va a ir a buscarlas al sitio más inoportuno, hay batalla campal en el Republicano y en la Academia y Luke se da cuenta de que no tiene poder de persuasión ninguno.
