Cuenta regresiva

Sumario: Desde que era muy joven, Draco sabía que sólo sería cuestión de tiempo para que el Señor Tenebroso fuese a buscarlo.

Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.

Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Pasadizos

—...así que se me ocurrió que podía prestar un poco de atención a Fleur y lo que hacía, y aunque mi fuerte no sea el francés, sí llegué a captar lo suficiente como para enterarme de que Madam Máxime le recomendó sumergir el huevo en agua, por lo que pensé que...él no me está escuchando, ¿cierto?

—Está teniendo un momento de enamoramiento con Potter —Hermione se encogió de hombros, casi a manera de disculpa al chico, que exhaló y meneó la cabeza. Junto a él, Draco frunció un poco el ceño cuando se manchó la barbilla de mantequilla, por no despegar los ojos de la mesa de Slytherin.

Decidió que era suficiente de no disimular, apartó la mirada, se limpió con una servilleta y dio un vistazo a sus amigos, que lo observaban con expresiones entre divertidas e incrédulas, la última en especial de parte de Ron.

Sólo llevaban una semana desde la reanudación de las actividades, tras los días libres después del Baile. Draco había estado recargado contra una de las ventanas del segundo piso, cuando los estudiantes volvieron de sus casas por los caminos de césped que llevaban al Lago y la salida hacia el pueblo. Harry lo saludó desde abajo, antes de verse arrastrado por su amiga de Slytherin.

Era la mayor interacción de la semana. A pesar de que hizo ademán de acercarse cuando los Sly tuvieron su primer entrenamiento de Quidditch, en la biblioteca, cuando pasaba con Nott en busca de algunos libros para lo que fuese que hacía en su tiempo libre, e incluso entre los cambios de salón, ninguno tuvo buenos resultados. Era como si una fuerza superior le estuviese impidiendo acercarse lo suficiente.

Su padrino quería hablarle en la oficina, Ron y Hermione se metían en su camino, ajenos a sus intenciones, Neville se despertaba esa mañana con otra de las pesadillas que le evitaban prestar atención al transcurso del resto del día porque intentaba que su mejor amigo no se derrumbase a mitad de una clase, la profesora A lo llamaba, Leonis jalaba de su pantalón, lo que fuese. En una ocasión, incluso Fleur se detuvo frente a él para proponerle una tregua en que cada uno hiciese las cosas a su manera en la siguiente prueba, sin entrometerse con lo que el otro llevaba a cabo, lo que por supuesto, ella asumía que significaba que Blaise tampoco lo haría; aparentemente, la bruja tenía en claro que ellos se pondrían en su contra, antes de atacarse entre sí, lo que la dejaba en desventaja numérica.

Él en serio, en serio, quería hablar con Harry a solas.

—¿Draco? —Observó de reojo a Neville, que se inclinó por uno de sus costados. Le sonrió a medias y cabeceó en dirección a la mesa de las serpientes—. ¿Por qué no vas? Blaise y yo vamos a llevar los huevos dorados a ya-sabes-dónde, para probar su teoría sobre el mensaje oculto.

—Te avisaremos si conseguimos algo —Añadió Blaise, codeándolo.

Murmuró en agradecimiento, recogió sus cosas y se puso de pie, dejando su cena a medio terminar. Las prioridades eran otras.

Se aseguró de pasar por el corredor en el espacio entre las mesas de Slytherin y Gryffindor. La conexión fue de sólo un instante. Harry se distraía de la plática de su amiga, lo veía, Draco señalaba hacia afuera del comedor. Había dos asentimientos y una sonrisa que se le escapaba.

Estaba en el pasillo fuera del comedor, con la espalda recargada en la pared contraria a la entrada y las piernas extendidas, cuando él lo alcanzó. Batallaba con una de las correas del bolso, que pendía de uno de sus hombros. Levantó la cabeza de golpe al darse cuenta de lo cerca que estaba, una media sonrisa dibujándose en su rostro, cuando se despeinó más con una mano.

—Hey. ¿Es verdad que Skeeter tiene pensado escribir un libro sobre los secretos de tu familia? —Cuando Draco no hizo más que boquear, él se encogió de hombros—. Alguien la dejó entrar, otra vez. Estaba buscando entre los Sly a alguien que pudiese darle "detalles sucios" —Trazó las comillas en el aire con los dedos— sobre ti.

Tuvo que respirar profundo para contener la ola de indignación. Apretó la mandíbula y negó. Harry, por suerte, se le adelantó, dando otro paso hacia él.

—Pero les estaba diciendo que al que se le ocurriese hablar con esa perra, tendría que hacer de saco de boxeo para Crabbe y Goyle. Muchos sangrepura no tenían idea de qué era el boxeo, y creo que mi explicación detallada les dio a entender por qué no quieren ser ese saco —Ladeó la cabeza. La manera en que sólo alzaba apenas las comisuras de los labios lo hacía parecer como si le resultase divertido; no creía que fuese una simple broma.

—Gracias, Harry —Draco tuvo que morderse el labio para no reír cuando el Slytherin se enderezó de inmediato, carraspeando, cuando lo oyó llamarlo por su nombre de pila—. Me dijeron que uno de los Prefectos de Hufflepuff- Diggory, ¿lo conoces? —El chico negó—. Bueno, pues Diggory les estuvo pidiendo que no hablaran con ella y dejasen de extender rumores sobre Blas y sobre mí, y nuestra inclusión al Torneo...

Harry arrugó el entrecejo.

—Espera, ¿Diggory no es el Buscador de Hufflepuff? Ya sabes, ese- ese que- —Se llevó una mano al cabello, simulando echárselo hacia atrás con un gesto teatral. Arqueó las cejas después—. ¿Ese?

El Gryffindor asintió, aguantando la risa.

—¿Y por qué Diggory te ayudaría?

—¿Porque quiere? ¿Porque sabe que es absurdo que digan que entramos al Torneo por gusto? —El niño-que-vivió levantó las cejas cuando lo vio apretar los labios.

—Yo podría haber amenazado a algunos Huffies, no tenía que meterse...—Masculló, cruzándose de brazos.

—Puedes amenazar Ravenclaws —Draco se encogió de hombros—, pero no demasiado. Ayer Hers escuchó a unas chicas de ahí, en la biblioteca, que intentaban encontrar un hechizo que usar en mí para que dejase de "hacer trampas" en el Torneo. Piensan que alguien me metió para darme más fama, que recibí ayuda externa antes, o qué sé yo.

—No puedo hacer que Crabbe y Goyle golpeen chicas —Protestó, por lo bajo. Luego chasqueó los dedos—. Le pediré a Pansy que les cierre la boca. Puede ser muy convincente.

—Me imagino, consiguió que fueses al baile con ella.

Y yo quería ir contigo, pensó. Al menos, había bailado con él entonces, así que no se sentía tan mal al respecto como cuando lo invitó y Harry le dijo que ya tenía con quién ir.

—Y no con tu amigo —El Slytherin sonrió cuando Draco tuvo que desviar la mirada un instante—. Por cierto, qué curioso que ese amigo tuyo ni siquiera se me acercara en el baile. Es que lo estuve pensando, ¿sabes? Recuerdo haber bailado con Pans, recuerdo que me invitaste, recuerdo que luego estabas fastidiando a Longbottom. Pensé que los Gryffindor no hacían cosas como bailar con alguien que le gustaba a un amigo suyo.

Maldición. Draco abrió la boca, la cerró después. Cuando el chico tenía una sonrisa que anunciaba su obvia victoria, un ladrido que causó que ambos mirasen hacia un lado.

Leonis había ido al rescate. Nunca quiso tanto a su primo, hasta el momento en que le dio una excusa para agacharse, y al acariciar su cabeza, desviar la atención del muchacho frente a él.

Harry lo vio rascarle tras las orejas al can, girar el rostro para que no se lo lamiese, y reír cuando presionó una pata sobre su antebrazo, alzándose a su misma altura. Le llevó unos segundos darse cuenta de que se había distraído más de lo justo, por lo que lo observó con lo que esperaba que fuese una expresión de disculpa. Él le sonrió y negó, acomodándose la correa del bolso sobre el hombro.

Cambió su peso de un pie al otro, echó una ojeada a las puertas del comedor, volvió a fijarse en él.

—Debería ir a buscar algunas cosas a mi Sala Común. Tengo que llevar unos libros al castigo que tengo en un rato...

Aquello hizo que Draco se enderezase, levantando las cejas.

—¿Por qué te castigaron ahora?

—Un Ravenclaw idiota insinuó que Pans y Theo son unos Mortífagos, como sus padres, y —Una breve pausa, lo miraba por debajo de las pestañas, con un aura de fingida inocencia que debía convencer a cualquiera, excepto el ser sin corazón que le asignó la detención— me pareció que colgarlo unas horas de la Torre de Astronomía haría que le llegara sangre al cerebro, para que pensara antes de hablar la siguiente vez.

—¿Y funcionó?

Harry soltó tal suspiro resignado que sólo atinó a reírse.

—A la gente no se le puede quitar la estupidez, Malfoy. Pero hoy huyó apenas nos vio, y eso es todavía mejor —Su expresión cambió un poco cuando se aclaró la garganta—. Ellos no son...bueno, me refiero a que- tú entiendes, pueden andar con eso de la sangre limpia a veces y todo, pero no son malos. Necesitan alguien que los escuche.

—Lo sé —Draco se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia las mazmorras. Leonis lo siguió enseguida. Le dio un vistazo al Slytherin por encima del hombro—. Eres un poco pesado usando a Crabbe y Goyle, pero haces un buen trabajo manteniéndolos en paz. Y no he escuchado a ningún Sly decir "sangresucia" este año.

—Es un término ridículo —Juró, apretando el paso para posicionarse a su lado. Gesticulaba al hablar, quizás sin notarlo, y la correa del bolso se le deslizaba hacia abajo, por el brazo—. Mi mamá dice que no le importa tanto ahora, que hay cosas peores que una palabra y sólo la afectó cuando tenía mi edad, pero aun así, es algo tan- agh. Sólo puedo imaginarme que alguien se lo dice a ella cada vez que lo oigo y...esto no tiene nada que ver contigo, claro —Se interrumpió a sí mismo, carraspeando otra vez, al dirigirle una mirada avergonzada. Draco se encogió de hombros.

—Severus dice que mis padres creían que la pureza de la sangre era valiosa —Le restó importancia con un gesto—, pero la vida más. Y la familia. Una vez, me contó que tuvieron que retener a mi madre entre tres, cuando Voldemort y mi tía Bella atacaron a una familia con niños. Estaba furiosa. Después se batió a duelo con su hermana, donde los Mortífagos no la pudiesen ver.

—¿Le ganó?

El niño-que-vivió asintió, elevando la barbilla, con una sonrisa orgullosa.

—Casi la mata.

Cuando pareció que iba a contestarle, titubeó.

—Oye, estoy seguro de que vamos en la dirección contraria a tu Sala Común —Comentó, en un susurro más vacilante. Draco contuvo una nueva sonrisa y se encogió de hombros, otra vez, ganándose un débil codazo—. Vas a tener que devolverte la mitad del camino al menos, queda bastante le...

—¿Tú crees que queda lejos? —Harry arrugó el entrecejo al escucharlo.

Acababa de tener una idea. Se adelantó a él, dándose la vuelta para caminar de reversa, frente al Slytherin. Cuando estuvo por tropezar con una armadura, este le sujetó el brazo y no lo soltó; lo consideró una consecuencia agradable, no prevista.

—¿Dónde es tu castigo? —Colocó una mano sobre la que le sostenía el antebrazo. Él no la movió. El contacto era cálido, enviaba un hormigueo tibio por su cuerpo y una sacudida a su estómago. ¿Estaba mal querer tomar su mano, como era apropiado?

A Harry le llevó unos instantes reaccionar.

—Tercer piso, por las escaleras móviles, una de las aulas que no se usan.

Perfecto. Draco se detuvo cuando alcanzaron el tramo de escaleras que daba a las mazmorras.

—Te puedo llevar allí, desde las mazmorras, en menos de cinco minutos.

—¿En escoba o me vas a hacer levitar? —Se rio, negando.

—A pie —El Slytherin comenzaba a fruncir el ceño, dubitativo.

—¿Tres pisos y al otro lado del castillo, en menos de cinco minutos? No voy a correr ni saltar si las escaleras se giran.

—Apenas tendrás que moverte unos pasos.

Lamentó que lo soltase en ese instante. Ambos comenzaron a bajar las escaleras, despacio. Harry se cruzó de brazos cerca de la entrada al pasaje de las serpientes.

—¿Cuál es el truco?

Draco le sonrió ampliamente.

—Apostemos. A pie, sin prisas, menos de cinco minutos, tres pisos y medio castillo. Me llevas ventaja.

—¿Qué apostaríamos? —Había una chispa en esos ojos verdes, que causaba que le resultasen aún más fascinantes que de costumbre. Casi se felicitó a sí mismo por la idea, si lograba entretenerlo así y conseguir una oportunidad de un rato más a su lado.

—Cuando gane —Harry rodó los ojos, pero su postura relajada quedó en el olvido cuando extendió el brazo, la mano cerca de su cuello, los dedos rozándole el costado de la garganta—, te vas a poner una bufanda de Gryffindor en el primer partido de este mes, el de Ravenclaw-Gryffindor.

Su expresión de horror lo obligó a contener la risa. No entendía por qué. Potter se veía bien con el rojo y dorado.

—Eso sería como una alta traición a los Sly, soy parte del equipo, ¡su mejor Cazador, Malfoy! —Pero torció la boca y se sujetó la barbilla, dándole otra mirada larga. Draco había dejado la mano contra su hombro, el índice presionado sobre la franja que separaba la piel cálida del cuello de la camisa—. Cuando yo gane, porque no tendría sentido que seas tú quien lo haga —Él se limitó a sonreírle—, te vas a poner mi bufanda de Slytherin —Utilizó un especial énfasis en la palabra. Draco tuvo que adoptar su mejor rostro solemne, para no dejar entrever que no le molestaba en lo más mínimo la perspectiva—, a sentarte en nuestra parte de las gradas, con mis amigos, en el primer partido de Quidditch en que Slytherin vaya contra Hufflepuff o Ravenclaw. Y me ayudarás en el laboratorio de Pociones la próxima semana.

El Gryffindor arqueó las cejas.

—Yo sólo pedía una cosa.

—No oí que dijeras que no se podía pedir más —Harry sonrió de lado, retándolo al estrechar los ojos, para que retrocediese. No pensaba hacerlo.

—Es un trato —Le tendió la mano. Él se la estrechó.

—Menos de cinco minutos, Malfoy —Le recordó, deteniéndose frente a la entrada oculta a su Sala—, y tardaré al menos dos buscando los libros en el dormitorio, allí, tan lejos...

Draco entrecerró los ojos. Pensó en decirle que no hiciese trampa, porque ese período de tiempo estaba fuera de la apuesta, pero luego recordó la imagen mental de Harry con su bufanda en el partido, y fingió su mejor sonrisa.

—No te apresures.

Él lo observó con cautela un instante. Luego recitó la contraseña en voz lo bastante baja para que no lo pudiese oír y se perdió dentro, sin dejarle echar más que un vistazo a lo que estaba más allá. Podría haberlo seguido o entrado después, incluso una vez que el pasaje se cerró, mas se encogió de hombros. No tenía por qué saber que su Sala Común no era un secreto para alguien que creció en el castillo.

Le tomó, como dijo, unos dos minutos. Cuando estuvo de vuelta, jadeaba un poco, manteniendo los libros contra su pecho. Draco tuvo que lidiar con el enternecimiento de que, pese a la apuesta, hubiese corrido para volver deprisa.

—Dame eso —Harry soltó lo que sonó a "no, déjalo", antes de que tomase los libros por él. Empezó a ruborizarse cuando vio a Draco llevarlos, en su lugar; el Gryffindor, en cambio, tenía que hacer un esfuerzo por sacarse de la cabeza esa idea de que era algo que hacían las parejas. Porque lo era, ¿cierto? Aun si podía levitarlos, cargarlos tenía su toque encantador.

—Otra vez vas por la dirección equivocada —Se demoró unos segundos en alcanzarlo, relajado por su aparente y obvia victoria—, las escaleras quedan hacia el otro lado, y jamás vamos a llegar a ninguna parte si lo que quieres es meterte más hacia las maz...

Draco lo silenció al jalar una de las antorchas apostada en la pared, en un punto determinado. El pasadizo se abrió delante de ambos, partiendo la superficie de piedra en dos.

Harry ahogó un grito y lo miró, los ojos abiertos de sobremanera.

—¿Qué...?

—Mi cuarto. Mi verdadero cuarto, no el dormitorio de Gryffindor. Creo que lo viste una vez, en segundo —Aclaró, frente a su expresión boquiabierta. Harry bajó, titubeante, después de él.

—¿Entonces en serio duermes aquí en vacaciones?

—A veces también unos días en la época de clases. Es más cómodo para Leonis.

El pasaje se cerró en cuanto los dos estuvieron descendiendo por las escaleras hacia el lugar pequeño y cálido. Notó que Harry señalaba hacia la cama extra.

—Neville —Draco no se detuvo hasta alcanzar la pared opuesta, en que presionó la palma para abrir un segundo pasadizo, mientras se cambiaba los libros de brazo y veía el ceño del Slytherin fruncirse.

—Así que Longbottom se queda contigo. En vacaciones. ¿Desde primero?

¿Sonaba molesto o era su imaginación?

—Desde el año pasado —Sacudió la cabeza, pero su rostro no volvía a relajarse. Draco suspiró—. Tú te preguntabas qué pasaba con los estudiantes huérfanos en vacaciones. Esto —Cabeceó en dirección a la segunda cama— es un buen ejemplo.

Harry se mordió el labio inferior.

—No sabía que Longbottom...tú entiendes. Creí que salía con su abuela porque era más cómodo o algo.

—No la menciones frente a él. Por favor —Fuese lo que fuese que encontró en su expresión al verlo, lo hizo asentir. Draco procuró olvidarse del tema y sonrió al señalar el pasadizo recién abierto. Se había concentrado en la dirección que le dio cuando hablaron al respecto, y el agujero de la pared mostraba el pasillo cercano a las escaleras móviles, en el tercer piso.

El Slytherin también sonrió un poco al pararse junto a él.

—Tienes que estar bromeando.

—Casi nunca lo uso, pero...—Se encogió de hombros y llevó a cabo una teatral reverencia, ofreciéndole una mano, equilibrando sus libros en el otro brazo. Harry la tomó, causándole un ligero cosquilleo agradable por todo el cuerpo.

Draco avanzó primero. Atravesó la barrera gelatinosa que servía para conectar un punto del castillo al otro, tiró de su mano y lo sacó en el extremo opuesto. Justo frente al aula donde se realizaba el castigo.

Escuchó su risa. Aún tenían las manos unidas.

—Espero no verme tan raro con la bufanda de Gryffindor —Mencionó, con exagerada resignación, al verlo de reojo.

Te verás muy bien, quería decirle, pero se abstuvo a duras penas. Entró con él, dejando sus libros sobre uno de los escritorios en desuso, y no se despidió hasta que McGonagall llegó, mirándolo con confusión.

—¿Puedo ayudarlo en algo, señor Malfoy?

Él le sonrió al negar.

—Ya tengo lo que quiero, profesora, gracias. Estaba por irme.

Frenó bajo el umbral de la puerta, se despidió del Slytherin sacudiendo una mano. Harry rodó los ojos y sonrió desde el escritorio, antes de que la profesora reclamase su atención, para comenzar.

0—

"Donde nuestras voces suenan, ven a buscarnos,

que sobre la tierra no se oyen nuestros cantos.

Y estas palabras medita mientras tanto,

pues son importantes, ¡no sabes cuánto!:

Nos hemos llevado lo que más valoras,

y para encontrarlo tienes una hora.

Pasado este tiempo ¡negras perspectivas!

demasiado tarde, ya no habrá salida.

Ya ha pasado media hora, así que más vale que te apresures,

porque lo que se queda aquí siempre se pudre"

Draco tomó una profunda bocanada de aire, brusca, cuando sacó la cabeza del lavabo. Neville estaba a un lado, para tenderle una toalla, en cuanto lo hizo. Agradeció con un murmullo, se secó el rostro y la dejó sobre sus hombros, reteniendo las gotas de su cabello, mientras se giraba para encararlos y se secaba los mechones con un encantamiento sencillo.

—Sea lo que sea, me suena a que una burbuja de aire será una buena idea. Me dará libertad de movimiento —Blaise, recargado contra la pared opuesta del baño, se encogió de hombros. Él asintió, distraído.

—Pero tienes que reponerla cada cierto tiempo, no tendrás aire para una hora al primer intento...—Su mirada pasó hacia Neville, que ladeó la cabeza, una pregunta no formulada en sus ojos cuando lo señaló—. ¿No hay nada en tu libro de plantas acuáticas?

Aquello lo hizo saltar, ahogando un grito.

—¡Hay unas algas- pueden- pueden ayudar! ¡Te darán branquias y...!

Asintió a todo lo que le decía, simulando que le interesaba la composición de las plantas en el Lago Negro, hasta que se cansó y le espetó que, en verdad, sólo a él le importaban esas cosas. Neville formó un puchero, pero como lo conocía bien, no se sintió ofendido.

—Déjalo, era interesante —Draco no hizo más que arquear las cejas, cuando Blaise se adelantó para recoger el par de huevos de oro que les correspondían, y preguntó al otro chico acerca de una de las flores acuáticas que acababa de mencionar.

Pensó que sucesos interesantes tenían lugar en Hogwarts por aquellos días.