Sora
Golpea la puerta y un muchacho que nunca había visto antes abre.
-Hola -dice el muchacho, sonriendo. Tiene un piercing en la nariz, ojos verdes y las cejas muy pobladas.
-Hola. Soy amiga de Yamato Ishida.
-Claro. Me dijo que esperaba la visita de alguien. Pasa.
Sora le sonríe. Es una de las muchas sonrisas ensayadas que tiene en su repertorio. El chico señala una puerta y Sora asiente. Se dirige hasta allá, toca dos veces, abre y entra. La habitación apesta a marihuana. Yamato nota su presencia, deja el cigarrillo que tiene en la mano y se quita los enormes cascos que cubren sus oídos.
-Sora - sonríe, relajado, y ella le dedica una de las sonrisas de su repertorio de falsedad, cuando no quiere exteriorizar lo que siente de verdad. Se pregunta cómo es posible que él se vea tan tranquilo, si ella está hecha todo un lío. Quizás él también miente como ella.
-¿Podemos salir y charlar en otro lugar? No quiero sonar grosera, pero el olor de este lugar me desagrada -dice, sonriente. Y Yamato se apresura en apagar su cigarrilo.
-Claro. Lo lamento -dice, y de verdad luce apenado. Sora le conoce tan bien como para saber cuando sus gestos son reales o no. -Hay una cafetería cruzando la calle. Te invito un café.
-Un té -corrige ella. -Acepto encantada -agrega con voz cantarina, y Matt le sonríe nuevamente. No es una sonrisa efusiva, es una sonrisa taimada donde sólo mueve los labios, y le sienta de maravilla. Sora se esfuerza por no odiarlo en ese instante.
Se despiden del muchacho que le abrió la puerta y salen del lugar. Bajan las escaleras en silencio, y se nota que él no está para nada incómodo. Ella, en cambio, sólo quiere irse.
Llegan a la cafetería. Tiene dos pisos y un área en exterior. Deciden sentarse en el segundo piso, junto a los grandes ventanales que ofrecen vista a la calle. Sora pide un té de manzanilla, para calmar sus nervios. Yamato pide un espresso.
-¿Cómo has estado? -él hace la primera pregunta, y ella se maldice por no haber iniciado la conversación.
-Muy bien. ¿Y tú? Me enteré que has hecho de DJ en un par de fiestas.
-Es sólo algo que estoy probando. Mezclar música de ese tipo es interesante.
-¿Es algo a lo que considerarías dedicarte?
-Claro que no. No podría cambiar mi bajo por nada -sonríe. Y Sora nuevamente se pregunta por qué él se ve tan bien.
-Te ves muy bien -le dice, casi sin querer.
-Gracias. Tú también te ves muy bien -y ella puede detectar el tono de coquetería impreso en su voz. Y lo detesta.
-Me sorprende -dice, y una parte de ella quiere morderse la lengua. -Mimi ha vuelto a hundirse en la miseria, pero parece que a ti no te ha afectado en nada.
Y el rostro de Matt se endurece tan rápido que Sora casi se da palmaditas en el hombro para felicitarse.
-¿Qué quieres, Sora? -le espeta.
Ah, se acabó don tranquilo. Ella no quiere admitirlo, pero ha sido un poco placentero borrarle la sonrisa de la cara.
-Sé lo que hubo entre ustedes -dice ella.
-Esa no fue mi pregunta -dice él. -¿A qué has venido?
-Quiero que arregles el desastre que has hecho.
-¡Yo no he hecho nada!
-Ha pasado tres días en cama, negándose a comer.
-Eso no tiene nada que ver conmigo.
-¿Cómo puedes decir eso? Mimi estaba bien. Estaba recuperando su salud y su ánimo. Sé que esta recaída tiene que ver contigo. Dime, ¿cuándo fue la última vez que se vieron? ¿O que hablaron?
Matt se muerde la lengua para no responder que había sido hace tres días. Sora lo sabe, no necesita que él se lo diga.
-No quiero volver a verla, Sora -dice él. Y ella está a punto de dejarlo en paz, porque suena desdichado, y ella quiere creer que es real. Pero entonces recuerda a Mimi, hecha una bola debajo de las mantas, llorando, negándose a vivir.
-Pues intenta vivir con tu consciencia. Ella está muriéndose en vida, y es por tu culpa.
-Yo no fui el que la trajo a mi vida -dice él, defendiéndose.
Y Sora siente una punzada de culpa. Pero lo disimula. Se levanta del asiento y se va, sin mirarlo.
Siente el rostro ardiente, por la vergüenza de saber que más de un par de ojos les miraron mientras hablaban. Sale de la cafetería y dobla a la izquierda sin mirar y choca con alguien.
-Sora -el corazón se le ubica en la garganta de golpe y ella quiere morirse ahí mismo. -Qué suerte encontrarte por aquí -y él le sonríe, tan contento por verla, que ella se siente un poco mal por no alegrarse de verlo.
-Hola, Tai -dice, mostrando una de las sonrisas de su repertorio. -¿Qué haces por aquí? ¿Vienes a tomar un café?
-La verdad es que vine a ver a Yamato. ¿Sabías que su estudio queda cruzando la calle?
-¿En serio? -y la mentira se deliza por su lengua con suma facilidad. -No lo sabía. ¿Pudiste verlo? -dice, apremiante, sintiendo pánico porque en cualquier momento Yamato podría salir de la cafetería.
-No. Es que no me atrevo -confiesa él, rascándose la nuca, un tanto abochornado. Sora quiere dejar de fijarse en lo atractivo que son sus gestos. -Vine aquí a tomar algo, a ver si me entra un poco de valor -él suspira.
-Ya veo.
-¿Y tú? ¿Qué haces por aquí? ¿Viniste a ver a Matt también?
-¿Qué? No, claro que no. No sé dónde queda su estudio -ríe, y ruega que su risa se haya escuchado natural. -Vengo de una cita, pero no ha ido muy bien.
-Oh, una cita -Sora no quiere fijarse en el atractivo de sus gestos. ¿Es decepción lo que acaba de ver? Decide que no. -¿Está tu cita en este café?
-Así es. Por eso prefiero irme pronto -dice ella. -No quisiera toparme con él aquí.
-Ya veo -dice él. -Pueees…
-¡Ya sé! Ven conmigo a otro lugar, y esperamos juntos a ver si te entra valor para ir a hablar con Matt.
-¿Estás segura?
-¡Claro que sí! Pero vámonos pronto, por el otro lado -le coge del brazo, y trata con todo su ser de ignorar su aroma y, por sobre todo, los gestos de él. ¿Acaso él se ha sonrojado? Ella decide que no.
Se alejan de la cafetería mientras ella le comenta que pronto participará de un torneo de tenis, para evitar sus preguntas. Él le pregunta si puede ir a verla, y ella se arrepiente de haberlo comentado. Le dice que sí, que estará muy contenta de saber que contará con su apoyo y él le sonríe. Y ella quiere salir corriendo, y a la vez quiere quedarse, continuar cogidos del brazo, observando el rostro de él y esa sonrisa tan llena de vida, tan diferente a como ella se siente.
