Al final no pasaron los dos días que el sheriff recomendó para que volviera a ver a Stiles. Fue bastante menos tiempo.
Pero la menor espera no se debió a que Derek no pudo aguantar otra noche más durmiendo solo en una cama que le parecía enorme al no tenerle a su lado, y tampoco porque fue Stiles el que quiso verle antes de tiempo.
En realidad todo fue por culpa de un tercero en discordia.

Derek acababa de volver del trabajo. Hacía un día de perros y lo más inteligente habría sido quedarse en casa, intentando entretenerse de cualquier modo. Sin embargo, no soportaba aquella casa tan silenciosa (no tenía ni idea de cómo no se había vuelto loco el tiempo que estuvo viviendo solo en el loft), así que decidió obviar todas las recomendaciones del hombre del tiempo y salir a la calle cuando ya se había puesto el sol, para ir a correr por el bosque. Era la única manera que se le ocurría de no acabar destrozando los muebles que tan cuidadosamente había elegido Stiles o, peor aún, a la primera persona que se cruzara en su camino y le pillara con un humor de perros…

Llevaba dos horas corriendo sin parar, dejando que la adrenalina le calmara ahora que no tenía a su ancla a su lado, cuando su carrera se vio interrumpida por una inesperada llamada.
Paró en el acto y sacó el móvil del bolsillo, deseando que fuera Stiles quien le llamaba para decirle que volvía a casa.
Pero no fue su nombre el que apareció en la pantalla junto a la foto que tenía de él con el pelo revuelto, recién levantado y todavía sin café en la sangre, apenas consciente de lo que ocurría a su alrededor. Le había hecho esa fotografía una de las primeras noches que se quedó a dormir en su casa, resultándole adorable (y en nada parecido al Stiles de siempre), y desde entonces no había querido cambiarla. Era la mejor manera que tenía de recordarse que, aunque muchas veces no lo pareciera, Stiles seguía siendo humano.

Pero en lugar de esa imagen lo que vio fue un número increíblemente largo que no le sonaba de nada.
Estuvo a punto de no responder, pensando que sería un comercial llamando desde una centralita, pero al final descolgó. No quería arriesgarse a que Stiles le estuviera llamando desde algún sitio, por ejemplo el hospital, y se quedara sin poder ayudarle por una estupidez.
Al final no resultó ser su novio quien llamaba.
Pero tampoco era un comercial.

Nada más responder, desde el otro lado del teléfono llegó un torrente de palabras que tardó en reconocer como pertenecientes a su Beta.

- Espera un segundo… ¡Isaac! Habla más despacio. ¿Dónde dices que estás?

Isaac respondió, esta vez a un ritmo normal, y Derek abrió los ojos de par en par, sin creerse lo que le estaba contando.

- Estaré allí en cinco minutos –bufó-. Y por tu bien espero que tengas una buena explicación.

Al final tardó el doble en llegar junto a Isaac, pero no porque la distancia fuera más larga de lo que creía, sino porque quiso tenerle más tiempo allí dentro.
Siendo allí dentro, los calabozos de la comisaría.

Al entrar en el edificio, siendo ya noche cerrada y con nadie atendiendo en recepción, Derek recordó aquella lejana noche en la que Stiles y él discutieron en el coche, justo antes de entrar para rescatar a Isaac. O, mejor dicho, para rescatar al resto del mundo de Isaac.

El hombre lobo suspiró. No podía creer que estuviera ocurriendo otra vez lo mismo.

No esperó a que alguien viniera a atenderle. Si el novio del ayudante del sheriff y yerno del mismo no podía pasarse por la comisaría como si fuera su casa, no sabía quién podría hacerlo. Aparte del hecho de que gracias a la cantidad de veces que había ayudado al departamento cada vez que algo extraño ocurría en el pueblo, ya le conocían todos. Para él la comisaría era, literalmente, como su segunda casa.

No le hizo falta seguir el olor de su Beta para llegar a la zona que le interesaba. Puede que hubiera pasado bastante tiempo desde la última vez que visitó los calabozos, pero recordaba perfectamente el camino.

Al llegar comprobó que la celda de Isaac era la única ocupada.
Bien, pensó el Alfa… Así nadie le vería darle una paliza.

Se quedó a medio metro de la puerta de barrotes, observando con todo el desagrado que pudo reunir a su Beta. Y cuando éste sólo puso cara de pena, como haría un cachorrito que se encontrara en su misma situación pero en una perrera, alzó una ceja de advertencia. Eso era lo último que Isaac podía atreverse a hacer, a no ser que quisiera que cumpliera la amenaza que tantas veces le había hecho de arrancarle la garganta con los dientes.

- ¿No vas a decir nada? –gruñó cuando Isaac siguió en silencio, visto que lo de los ojitos no había funcionado.

- Ya te he contado por teléfono lo que ha pasado.

- ¿En serio? –apretó los dientes-. ¿Por eso estás aquí? ¿Por agresión y disturbios públicos?

Isaac agachó la cabeza, perfeccionando su técnica de pobre lobo abandonado.
Derek entendía que Isaac estuviera dando clases de interpretación para convertirse en actor, porque el chico era todo un portento.

- Ya sabes que a veces me cuesta controlarme en luna llena.

La explicación sólo consiguió que el ceño de Derek se frunciera un poco más.

- Hace años que no tienes ese problema.

- ¿En serio? –preguntó de un modo tan exageradamente casual, que Derek estuvo tentado de sacarle él mismo de la celda… a través de los barrotes-. No sabía que había pasado tanto tiempo desde la última vez.

- Isaac –dijo su nombre como si fuera un insulto-. ¿Qué está pasando realmente?

- Eso me gustaría saber a mí.

La voz de Stiles resonó en los calabozos.

Derek dio media vuelta para ver cómo el ayudante del sheriff, con el uniforme impecable, entraba en la sala y se dirigía directamente a la única celda que tenía un inquilino dentro. No miró a su novio mientras lo hacia, pero en esa ocasión a Derek no le molestó. Ahora mismo Stiles no estaba allí en calidad de novio sino de ayudante del sheriff (de su sustituto en realidad, pues no parecía que hubiera nadie más en comisaría), por lo que el deber era lo primero.
Y para qué mentir, a Derek le encantaba estar presente cuando estaba trabajando. Era asombroso verle tan increíblemente formal, serio y responsable, en comparación con lo que le tenía acostumbrado cuando no estaba en comisaría.

Cuando le dijo que quería trabajar con su padre, hacía ya unos cuantos años, Derek estaba convencido de que no aguantaría ni una semana, debiendo acatar demasiadas órdenes para su gusto. Pero al final resultó que ese trabajo le venía como anillo al dedo; además de que Stiles tenía la capacidad de seguir siendo un buen agente de la ley, incluso en las ocasiones en que levantaba un poco la mano con eso de seguir las normas al pie de la letra.
Justo como estaba haciendo ahora:

- Sal –ordenó a Isaac, abriendo la puerta de su celda.

- ¿Has pagado la fianza? –preguntó Isaac a Derek, pues esa era la única manera que tenía de no pasar la noche allí. Al menos, eso era lo que le había dicho cuando le puso las esposas, nada más ver lo que había hecho.

- No –respondió Stiles por el hombre lobo- Pero no sonrías tanto, que el único motivo por el que te dejo marchar sin abrirte un expediente, es porque estoy cansado y no me apetece hacer todo el papeleo.

Isaac puso cara de pena, sin ser fingida esta vez, mirando el estómago de Stiles.

Y Stiles podía seguir cabreado con Derek por lo del otro día, o no entender por qué Isaac había sido tan retorcido sólo para conseguir que volvieran a hablar, ya que la noticia de que habían discutido se había propagado entre la manada como la pólvora… Pero jamás podría estar enfadado con él mientras le ponía esos ojitos.

En ese sentido jamás podría ser como Derek, quien había conseguido desarrollar la asombrosa capacidad de que no le afectaran los "Puppy Eyes" o, como habían comenzado a llamarlos, los "Isaac Eyes".

- No te preocupes, estoy bien –le dio un par de palmaditas en el hombro, animándole a salir-. Vete a casa, anda.

El Beta miró entonces a Derek de reojo, como preguntándole si podía dejarles solos o habría riesgos de que se mataran el uno al otro. Sólo cuando su Alfa asintió levísimamente pudo relajarse lo suficiente como para marcharse.

Aunque el hecho de que al salir de los calabozos, Derek viera que estaba sonriendo, terminó de confirmarle sus sospechas.

Maldito Isaac y su manía de meterse en asuntos que no eran suyos.

- Veo que no tienes problemas en hacer de Alfa cuando te conviene –dijo entonces Stiles, recordándole que ahora tenían entre manos una conversación más importante.

- Ha sido idea suya. No tenía ni idea de que fuera a hacer algo así.

Stiles se apoyó en la puerta de la celda que acababa de abandonar el hombre lobo, evaluando las palabras y la expresión corporal de Derek para comprobar si estaba siendo sincero.

- La verdad es que, viniendo de Isaac, me lo creo perfectamente…

- ¿Qué es lo que ha hecho?

Al ayudante del Sheriff, que en esos momentos no tenía nada más que hacer, no le importó darle todos los detalles. Hacía demasiado tiempo que no veía a Derek y le valía hablar de cualquier cosa sólo por seguir teniéndole a su lado. Y si eso significa que estaba abandonando su función de sheriff durante unos minutos para quedarse solamente en el papel de novio, tampoco es que hubiera nadie por allí que le fuera a llamar la atención por ello.

- Darle una paliza a unos matones que estaban molestando a un par de chicas –explicó-. Pero no te preocupes, que nadie ha acabado muerto. Eso sí, les ha enviado directamente al hospital con unos cuantos huesos rotos –sonrió de medio lado, relajándose visiblemente-. Aunque no diré que no se lo merecían esos capullos. Al menos ha sabido elegir a las víctimas adecuadas para conseguir llamar nuestra atención.

Derek acabó contagiado por la sonrisita de Stiles. Que éste entendiera los motivos por los que Isaac había hecho aquello y que quisiera seguir hablando con él, pese a la encerrona, era bueno.

- ¿Cómo estás? –preguntó. Físicamente parecía estar bien, sólo un poco cansado. Pero eran las doce de la noche, por lo que eso era comprensible. No obstante, la última vez que le vio acababan de llegar del hospital tras un desagradable incidente, así que prefería asegurarse.

- Bien.

- ¿Y el bebé?

La nueva pregunta sirvió para que la expresión de Stiles cambiara, al recordar el motivo por el que decidió irse a casa de su padre.

- ¿Ahora te preocupa cómo esté?

Derek suspiró. Se estaba muriendo por no poder abrazarle y besarle como deseaba, siendo la primera vez en años que había pasado tanto tiempo desde la última vez que pudiera hacerlo. Lo último que quería era volver a discutir con él. Y encima por algo que todavía no entendía que pudiera haberle molestado tanto.

- Siempre me ha preocupado -susurró.

- No era eso lo que parecía el otro día…

No dejó que el tono molesto de Stiles, buscando guerra, le desanimara. Ya intuía que pasaría algo así, como había ocurrido en las pocas discusiones que habían tenido como pareja… y en las muchas otras que habían tenido cuando todavía no lo eran; por lo que ya tenía listo un plan B.

- ¿Recuerdas cuando el Kanima nos tenía acorralados en la piscina y lo primero que hice fue pedirte que corrieras? –preguntó de repente-. ¿O cuando Peter te iba a atacar en el hospital y me enfrenté a él, aun sabiendo que no tenía ninguna posibilidad de vencerle? –Stiles no respondió, sorprendido porque sacara a colación esos recuerdos-. Estaba dispuesto a dar mi vida por ti. Todavía no estábamos juntos pero no podía permitir que te hicieran daño. Al igual que hice con Erica, Boyd, Isaac e incluso Scott, porque ellos eran parte de la manada. Mi deber era protegerles, aun a riesgo de mi vida –dejó caer los hombros en gesto desolado-. ¿En serio crees que no haría lo mismo por mi propio hijo?

El humano recapacitó.
Lo que decía Derek tenía todo el sentido del mundo porque, bueno, era Derek… El mismo hombre que permitió que su ex novia psicópata le secuestrara y torturara para salvar a un chico recién convertido en hombre lobo al que odiaba y cuyo sentimiento de "aprecio" era mutuo.
Pero no podía quitarse de la cabeza lo que le dijo cuando acababa de vivir los minutos más terroríficos de su vida.

- Pero me dijiste que yo era más importante que nuestro bebé.

La queja fue menos agresiva, indicando que Stiles tampoco quería discutir. Sólo comprender por qué había dicho aquello.

- Porque sin ti no tendría nada... ¿Tan difícil de entender es eso? –la mirada lastimera de Derek hizo que Stiles no supiera qué responder-. ¿Sabes lo que pasaría si te ocurriera algo? ¿Si te… perdiera? –se le quebró la voz sólo de pensarlo-. No quiero volver a vivir algo así…

- Siempre has sido el más fuerte de todos –le recordó, odiando verle tan dolido sólo de pensar en la posibilidad de quedarse solo-. Al final podrías seguir adelante, como ya hiciste en el pasado.

- Tal vez pude hacerlo antes –admitió-. Cuando no tenía nada que perder salvo mi vida.

Stiles lo entendía. A fin de cuentas, era lo mismo que le había dicho unas cuantas veces el propio Derek cuando, en fechas complicadas como el aniversario de la muerte de sus padres o la de Laura, los recuerdos y remordimientos le llevaban a la necesidad de hablar de lo que el resto del tiempo parecía estar vedado.
Pero también necesitaba saber que, si le pasara algo a él, Derek no abandonaría a su hijo.

- ¿Y si tuvieras a nuestro hijo contigo? –preguntó. Cuando Derek ya iba a replicar levantó una mano para pedirle que esperara y que le dejara seguir explicándose-. No me enfadé porque pensé que no cuidarías de nuestro hijo, Derek. Sé que en ese sentido siempre estará protegido. Lo que me dolió… -negó, cerrando los ojos, pues no era exactamente eso lo que sintió-, lo que me dio miedo, fue ver que le ponías a él detrás de mí con tanta facilidad… ¿Y si me pasara algo a mí y tuvieras…?

- No –le interrumpió, temblando-. No digas eso.

- No digo que vaya a ocurrir. –Avanzó un paso en su dirección, viendo que Derek no estaba cómodo con esa conversación-. Sólo imagínatelo por un segundo… Que algo me pasa a mí y tú fueras todo lo que le quedara… como le pasó a mi padre. –Tuvo que parar y tragar saliva, animándose a seguir-. Cuando mi madre murió, el dolor de mi padre fue tan grande que el alcohol se convirtió en su única escapatoria. Tanto, que por un instante pensé que él hubiera deseado que muriera yo en lugar de ella.

- El jamás pensaría eso.

- Ya lo sé –le aseguró con una sonrisa triste-. Pero tenía ocho años y estaba asustado. Y enfadado. No entendía por qué vivía en un mundo que permitía que una mujer maravillosa que… -El peso de los recuerdos hizo mella en él durante un instante. Tuvo que respirar hondo para seguir, momento que aprovechó Derek para dar un paso más-… Por qué una mujer que habría dado gustosa la vida por su hijo se acababa convirtiendo en otra persona que no se parecía en nada a ella y al final moría de manera agónica sin que nadie pudiera hacer nada… -Inspiró profundamente, recuperando el control de sus sentimientos-. Después de aquello, ver que mi padre se olvidaba de su trabajo e incluso de mí por culpa del alcohol, era hasta comprensible…

- No sé olvidó de ti –le aseguró Derek. Lo último que quería era que, además de pensar que no cuidaría de su hijo, su padre tampoco quiso hacerlo con él-. Simplemente…

- Ya lo sé –repitió Stiles, más calmado, y esta vez la sonrisa que le mostró para asegurarle que estaba bien no era tan triste-. Esa es una conversación que tuvimos hace mucho tiempo y todo está arreglado entre nosotros… -Le miró entonces serio, pues ahora venía lo que realmente importaba-. Pero pensar que si se diera el caso tú podrías acabar haciendo lo mismo y que por un segundo nuestro hijo llegaría a sentirse abandonado…

- Jamás le pasará eso.

La seguridad de Derek consiguió que Stiles se relajara.
Eso era justo lo que necesitaba oír.

- ¿Me lo prometes?

- Te lo prometo. Por él sí me levantaría cada día. Incluso si el simple hecho de respirar se convirtiera en una tortura, sabiendo que tú no estás conmigo. Seguiría cuidando de él por ser lo único que me quedara de ti y por ser también parte de mí… -Recorrió la poca distancia que aún quedaba entre ellos y tomó una de sus manos-. Pero dime, ¿realmente desearías que eso me pasara? Que viviera una larga vida, siendo un buen padre pero sufriendo cada mísero día porque te había perdido.

- Encontrarías a otra persona…

- No.

Lo dijo sin dudar y Stiles supo que no había sido un farol para quedar bien. Si no estuviera con él, tenía bien claro que Derek jamás se plantearía siquiera compartir su vida con otra persona.
No pudo contenerse y acarició su mejilla con cariño. Era sorprendente ver a ese hombre tan fuerte sufriendo sólo de imaginarse que algo así podría ocurrir.
Y aun así le había dado la respuesta que necesitaba oír. La seguridad de que, en el caso de que una tragedia como la que tuvo que vivir su padre les pasara a ellos también, él seguiría cuidando de su vástago.
No podía pedirle más.

- Si te sirve de algo… -susurró Stiles al final-. Haré todo lo posible para que nada me ocurra y no tengas que verte en esa situación. No dejaré que te conviertas en el sexy padre viudo –añadió, para rebajar un poco tanto drama-, por mucho que me odien todas las solteras y solteros de Beacon Hills.

El tono jovial de Stiles, aunque todavía estaba un poco teñido por la tristeza tras recordar tantos momentos dolorosos, fue música para los oídos del hombre lobo. Poder oír su voz y ver esa sonrisa que por fin se reflejaba también en sus ojos sirvió para que todo el peso que había estado soportando desde el instante en que llegó a casa sin Stiles a su lado, desapareciera por arte de magia.

- Me sirve –susurró-. Y yo te prometo que nada ni nadie me separará de ti ni de nuestro hijo.

Sin poder aguantar más las ganas se refugió entre los brazos de Derek y enseguida éste le abrazó con todas sus fuerzas. Tras varios segundos en los que se dejó mecer por el hombre lobo, Stiles apoyó la cabeza en su hombro, satisfecho porque todo hubiera acabado.
Y, ya de paso, aliviado porque hubieran tratado ese tema que le había preocupado prácticamente desde el momento en que supo que estaba embarazado y fue consciente de que el suyo no iba a ser un parto normal, por lo que podía haber riesgos de que algo saliera mal.
Negó para sí, disgustado consigo mismo.
¿Cuándo iba a darse cuenta de que lo mejor era hablar las cosas cuanto antes, en lugar de esperar a que acabaran estallando?

Menos mal que tenía a su padre a su lado, que le conocía tan bien como si le hubiera parido, y éste se había encargado de ir dejando miguitas de pan para que fuera él mismo quien se diera cuenta de que no podían seguir enfadados. Así lo había hecho cuando, casualmente, aquella mañana mientras desayunaban le recordó los últimos instantes que compartieron junto a su madre en el hospital y todo lo que sus vidas cambió en cuestión de días; o cuando decidió volver a casa tan pronto como vio que Isaac estaba detenido y no tuvo más que sumar dos y dos para hacer mutis por el foro y que así estuvieran solos cuando llegara Derek.
Quién iba a decir que el mismo hombre que casi tuvo un infarto cuando supo que su hijo estaba saliendo con un hombre lobo, siendo ese hombre lobo Derek Hale "ex detenido y ex sospechoso de todo lo que ocurría en Beacon Hills", ahora se las había apañado para dejarle la comisaría vacía a ese hijo suyo y a ese novio hombre lobo.

Cualquiera diría que esperaba que…

De pronto Stiles rompió el abrazo.

- ¿Qué pasa? –preguntó Derek al fijarse en su rostro. Parecía avergonzado.

- Es que… Hacía mucho que no nos peleábamos.

- Es verdad. –Alzó una ceja de advertencia-. ¿Es que lo echabas de menos?

- Claro que no. Pero si algo bueno tiene discutir, es que luego podemos hacer las paces…

- ¿Estás pensando en sexo? –Su ceja subió un poco más, mostrando una sonrisa socarrona-. ¿Por qué te sonrojas? Ya lo hemos hecho unas cuantas veces.

- Pero no estando embarazado… No me siento muy cómodo sabiendo que el bebé…

- ¡Me estás diciendo que no vamos a follar en los siete meses que te quedan!

Stiles cruzó los brazos, mirándole con una mezcla de desagrado y ofensa.

- Oh, sí. Sigue diciéndome cosas románticas, cielo.

A Derek no le afectó el sarcasmo de Stiles. Ya estaba vacunado contra él.

- No me has respondido.

- ¡Claro que vamos a follar! –exclamó pero en un susurro, y eso que eran los únicos que estaban allí-. Pero ahora no me sentiría muy cómodo haciéndolo… todo.

Derek observó el lugar en el que se encontraban, viendo el escenario bajo una nueva perspectiva que hasta ahora jamás se habría planteado.
Pero estaban solos, acababan de resolver sus diferencias y, de paso, la discusión les había servido para afianzar un poco más su relación y sentimientos.
Y los calabozos de una comisaría, para qué mentir, era un escenario perfecto para "hacer las paces".

Al menos serviría para que su última visita fuera bastante distinta de las otras veces que estuvo allí, ahora que ya no era el sospechoso de asesinato, sino el padre del hijo que estaba esperando el ayudante del sheriff.

En opinión de Derek, tenían todo el derecho del mundo para hacer lo que estaban a punto de hacer.
No obstante, antes de pasar a la acción había que cubrir un último detalle.

- ¿Están las cámaras apagadas?

Stiles alzó las dos cejas, sorprendido, y acto seguido volvió a sonrojarse.

- Es lo primero que he hecho en cuanto has aparecido.

El Alfa soltó una carcajada, sintiéndose increíblemente liviano. Era estupendo volver a reír.

- ¿Tan seguro estabas de que íbamos a "hacer las paces"?

- No… -dijo apoyándose en los barrotes de la celda, queriendo parecer casual. En opinión de Derek, sólo consiguió que quisiera arrancarle la ropa-. Pero iba a tener a dos hombres lobo en un sitio cerrado y en luna llena. Toda precaución es poca… Y además…

- ¿Además?

Las mejillas de Stiles volvieron a sonrojarse. Fue verlas y Derek quiso dejarlas igual, pero por otro motivo muy distinto. Desde el mismo instante en que supo que iban a ser padres no habían tenido nada de acción, más pendientes de todo lo que supondría tener un hijo… La verdad es que, si lo pensaba bien, era normal que hubieran acabado discutiendo por un malentendido, porque ahora mismo los dos tenían una sobredosis de tensión sexual.
Y en el caso de Stiles, al parecer eso tenía mucho que ver con su actual estado:

- Hay otro síntoma del embarazo que he empezado a tener –comentó, bajando un poco la vista, sin atreverse a mirar a Derek directamente a los ojos.

- ¿Ah, si?

- Si.

- ¿Y puedo saber cuál es? –preguntó, acercándose a Stiles y colocando una mano sobre los barrotes de la celda, dejándole prácticamente acorralado.

Stiles se mordió el labio inferior pero miró a Derek con tal dulzura, como si realmente no quisiera hacer lo que estaban a punto de hacer, que si no fuera por lo rápido que le estaba latiendo el corazón y el fuerte aroma a deseo que procedía de su cuerpo, el hombre lobo se lo habría creído y todo.

- Que estoy bastante cachondo…

- Así que estás cachondo… –repitió Derek, llevando la mano libre hasta el pecho de Stiles-. Bastante –terminó la frase, mortalmente serio-. Pero todavía no te sientes cómodo haciéndolo… todo.

- Lo sé. Siempre te lo pongo fácil.

- No te preocupes –susurró. Si se trataba de Stiles, aceptaba todas las complicaciones que pudieran aparecer, pues la recompensa bien merecía la pena-. Seguro que también puedo ayudarte a aliviar ese síntoma… Agente.

El modo en que le llamó, y sobre todo el tonito con el que lo hizo y el hecho de que lo hiciera al mismo tiempo que delineaba con el dedo la estrella de su uniforme, apretando más de lo normal, hizo que Stiles mirara a su novio con sorpresa.

- ¿En serio? –rio-. ¿Vamos a jugar a eso?

- ¿Por qué no? Nunca hemos tenido la comisaría sólo para nosotros.

- ¿Porque si hiciéramos algo así y mi padre se enterara me echaría del trabajo y del pueblo?

- No va a venir –susurró en su oído, intentando convencerle jugando sucio-. Si no quisiera que pasara esto, no te habría dejado solo…

- La verdad, no quiero pensar en mi padre organizándolo todo para que me acueste con mi novio en los calabozos… Sería malo para mi cordura, ya de por sí delicada.

- Entonces piensa simplemente que lo ha organizado para que podamos hacer las paces… -Acarició con los labios el lóbulo de la oreja de Stiles-, y nosotros hemos decidido dar un paso más.

La explicación de Derek, por absurda que fuera, terminó de convencer a Stiles. Aunque en su decisión final más tuvo que ver el hecho de que tener a cierto hombre lobo apretándole contra los barrotes le estaba dando una idea muy interesante de lo que quería hacer allí y ahora.

Colocó las dos manos sobre el pecho de Derek, recreándose más de lo debido en su musculoso pecho, y le apartó de un leve empujón.

- Muy bien –dijo cuando le tuvo lo suficientemente lejos como para poder pensar-. Pero creo que lo primero que voy a tener que hacer es bajarte ese ego. Se supone que aquí tú eres el malo…

- Exacto –mostró una sonrisa depredadora. Al parecer iban a seguir con el juego, y esa era una estupenda noticia-. Soy el hombre lobo malo que le pone como una moto… -ladeó un poco el cuello, perfeccionando su pose de chulería-. No se sonroje, agente. A todo el mundo le gustan los hombres peligrosos que visten de negro…

- Cierto –admitió, llevando una mano a la porra que colgaba de su cinturón-. Pero lo que me interesa a mí… es lo que te interesa a ti.

- ¿Y eso es?

Derek ya estaba llevando una mano al cinturón de Stiles, ansioso por bajarle la cremallera, cuando recibió un tremendo golpe. Sólo entonces se dio cuenta de la porra de Stiles… Y lamentablemente no se trataba de una metáfora, ya que acababa de golpearle con la de verdad.
Iba a gritarle que qué leches le pasaba, cuando Stiles alzó la porra para colocarla bajo su barbilla, obligándole a levantar la cabeza.

- Vigile esas manos, señor Hale –dijo con un tono de advertencia y tal mirada de superioridad, que ahora era Derek el que estaba bastante cachondo-. Estás a un paso de que te detenga por acoso…

- ¿Y tan malo sería eso? –Pese a la cantidad de neuronas que se habían ido directamente a su entrepierna, Derek consiguió meterse rápidamente en su papel... Y confiaba que pronto también lo haría en los pantalones de Stiles-. Ha sido usted quien me ha traído aquí. Y quien ha apagado las cámaras para tener un poco más de privacidad.

Stiles asintió con calma, para acto seguido bajar la porra desde la barbilla hasta su pecho y estómago, y de ahí a su entrepierna visiblemente abultada. Todo ello sin apartar la mirada ni dejar de mostrar una sonrisa de superioridad que se contradecía con su corazón acelerado. Derek dejó de usar su desarrollado sentido del oído para poder meterse más en su papel.

- Pero eso no significa que vaya a dejar que hagas lo que te de la gana –dijo Stiles.

- Entonces, ¿qué es lo que quiere que haga?

En lugar de responder Stiles se hizo a un lado para terminar de abrir la puerta de la celda. Señaló el interior de la misma con la porra, indicándole con una leve inclinación de la cabeza que entrara.

Derek no tardó en obedecerle.

Una vez dentro, Stiles no disimuló el placer que le producía tener a ese pedazo de hombre lobo sólo para él, y le escaneó de arriba abajo, relamiéndose los labios para dejar claro que le estaba gustando mucho lo que estaba viendo.

- De rodillas.

Derek tuvo que tragar saliva. Ya sabía que le encantaba ver a Stiles con su uniforme, a ser preferible llevando a cabo sus funciones de agente de la ley… Pero eso era demasiado.

Mientras obedecía la orden, sorprendentemente excitado porque un humano le estuviera controlando con esa facilidad cuando se suponía que él era el Alfa, rezó porque lo que estaban a punto de hacer no sirviera para que, a partir de ahora, cada vez que fuera a comisaría o, peor aún, viera el uniforme del sheriff, recordara aquel momento.

El hecho de que Stiles le agarrara del pelo tan pronto como sus rodillas tocaron el suelo no ayudó precisamente. Soltó un gemido sin darse cuenta cuando Stilinski tiró levemente de su peló, y tuvo que cerrar los ojos cuando le miró con tal deseo que estuvo a punto de correrse allí mismo.

- ¿Te gusta esto? –Derek sólo pudo asentir-. Veo que ya hemos perdido esa superioridad que teníamos, ¿eh?

- Aprendo con rapidez –consiguió decir, con voz increíblemente ronca-. Y sé cuándo es mejor estar callado y… hacer otras cosas.

- Otras cosas… -repitió Stiles, colocando la porra de nuevo bajo la barbilla de Derek, obligándole a dejar al descubierto su cuello. Definitivamente no iba a volver a ver esa porra con los mismos ojos a partir de ahora-. ¿Tiene algo en mente, Mr. Hale?

- No sé… Ahora mismo estoy viendo algo que tiene pinta de saber muy bien –bajó la mirada para centrarla en la entrepierna de Stiles, perfectamente enmarcada por los pantalones caqui.

Estaba tan concentrado en esa parte de la anatomía de Stiles, saboreando ya lo que estaba a punto de tener, que le pasó totalmente desapercibido la mirada de complacida superioridad y excitación por parte de Stiles. Y menos mal que fue así, porque de lo contrario Derek habría tardado mucho en recuperar su hombría ante el orgasmo más rápido de la historia.

Afortunadamente Stiles sí que vio el deseo dibujado en sus ojos verdes y se dijo que ya era hora de dejar de provocar al lobo… Y de paso a sí mismo, pues él también tenía muchas ganas de probar lo que Derek tenía en mente.

Se desabrochó lentamente el cinturón del pantalón y a continuación bajó la cremallera, advirtiéndole sin necesidad de decir nada, sólo con la mirada, que Derek se quedara bien quietecito.
Así lo hizo el hombre lobo, la vista clavada en su erección visible a través de los calzoncillos, y se relamió tan pronto como el agente Stilinski la dejó libre.

- Adelante –gimió Stiles, pero consiguiendo que la orden sonara más grave de lo normal. Agarró de nuevo su pelo, acercándole la cara lentamente a su miembro hinchado-. Se ve que lo estás deseando.

Derek no lo negó y ni siquiera trató de disimular. A estas alturas ya había quedado claro que había perdido aquella batalla, pero ahora quería su recompensa por haberse comportado como el perfecto sumiso de una mala película porno. Y aunque en esas ocasiones solía ser el hombre peligroso quien acababa consiguiendo que el agente de la ley dejara de ser tan formal y recto, eso era porque los guionistas no tenían como inspiración a Stiles Stilinksi.

Y con semejante hombre los clichés nunca servían. Así que Derek se olvidó de su supuesto papel de macho Alfa y procedió a meterse la polla de Stiles en la boca, dejando que golpeara su garganta, y disfrutando tanto de su sabor en la lengua como del jadeo de Stiles.

No oyó nada más. Por un instante había esperado que Stiles siguiera con el juego mientras se la chupaba, diciendo absurdeces del tipo "eres un buen lobo" y esas chorradas que tanto le gustaba decir cuando se metía con él, incluso en esos momentos tan delicados.
Pero debía ser verdad eso de que estaba muy cachondo, porque fue sentir la boca de Derek y Stiles se olvidó de jugar. Llevó una mano hasta los barrotes de la celda para buscar apoyo, dejando la otra bien afianzada sobre el pelo de su novio, sabiendo que ese gesto les excitaba a los dos por igual. Y cuando sintió las dos manos de Derek en su trasero, indicándole que empujara, Stiles no se lo pensó dos veces.

- Dios mío. Lo que había echado de menos tu boca.

Fue lo único coherente que fue capaz de decir cuando comenzó a penetrar su boca, al principio tímidamente pues no dejaba de tenerle acorralado contra los barrotes; pero a medida que sentía más de esa boca, lengua, labios e incluso dientes sus caderas adquirieron un ritmo propio y acabó follándole con total abandono.

Y cuando vio que estaba cerca de llegar al orgasmo, increíblemente rápido comparado con otras veces, sólo pudo gruñir un "Derek" medio ahogado y que fue la señal que el hombre lobo necesitó para soltar la cintura de Stiles, que era donde había acabado dejando las manos para buscar equilibrio; y las llevó rápidamente a su entrepierna para desabrocharse los pantalones y comenzar a tocarse.

Pese a lo excitado que estaba, no había olvidado la petición de Stiles de esperar un poco más hasta hacerlo del todo. Y después de todo, poder masturbarse a la vez que Stiles se corría en su boca tampoco era algo que figuraba en la lista de cosas que no le gustaban a Derek.

Prueba de ello fue que tan solo hicieron falta un par de sacudidas, los jadeos de Stiles cada vez más rápidos y agudos y el control de sus caderas totalmente perdido, y sintió que estallaba en el mismo instante en que explosionaba en su boca el sabor de Stiles.

Tardó unos segundos en recuperar la consciencia. Justo los que necesitó Stiles para sacar con cuidado su miembro ya flácido de la boca de Derek, tras los que se dejó caer hasta terminar arrodillado y apoyando la cabeza en su hombro.

Todavía mareado por el explosivo orgasmo, Derek pasó una mano por la espalda del humano, sin preocuparle demasiado el hecho de que todavía tenían los pantalones desabrochados, por lo que no sería muy difícil que intuyeran lo que había pasado si alguien les veía en semejante situación.

De pronto oyó una risita nerviosa, directamente en su oído. No le extrañó y tampoco le preocupó demasiado. Si su orgasmo había sido tan espectacular como el suyo, y apostaba que así había sido por la ingente cantidad de semen que había tenido que tragar, era normal que a Stiles le hubiera afectado al cerebro y no supiera ni cómo reaccionar.

- ¿Estás bien? –preguntó, no obstante.

- De maravilla –Besó a Derek, larga y profundamente, queriendo compartir su propio sabor-. Pensé que decían que cuando uno era padre, lo primero que cambiaba en tu vida era que dejabas de tener sexo.

- Eso será a partir de que el bebé haya nacido... Todavía quedan siete meses.

- Entonces... –sonrió con picardía-. Supongo que habrá que aprovechar el tiempo que nos queda.

Derek no podía estar más de acuerdo.