Pudo escuchar como ella aguantaba la respiración hasta que el médico hablo.

-Ha mejorado. - admitió el hombre y Bella soltó un suspiro de alivio.

Edward le dirigió una media sonrisa victoriosa a la castaña. Ambos habían sido cuidadosos con su herida y había dado resultado. Aunque debía admitir que el mayor mérito era de Bella.

- Creo que tienes talento como enfermera Bella. Me vendría bien un poco de ayuda en el hospital del Forks.

La castaña le sonrió educada.

Era cierto. Realmente se había esmerado por lograr una completa recuperación en él logrando elogios en cada visita que hacían al médico.

- Aunque creo que Jason no dejará que te vayas, escuche que eres de gran ayuda.

Edward no opinó. Sólo alejó la mirada de ellos sintiéndose incómodo, a veces escuchaba esa clase de comentarios y se indignaba. Ella era su novia a los ojos de todos pero aún así mencionaban la evidente intención de Jason hacia ella. Era irrespetuoso pero ya estaba acostumbrado a no ser el hijo predilecto del pueblo. En cambio Bella encajaba tan bien y era querida por las pocas personas que llegaban a conocerla, bueno realmente tenía toda la atención del pueblo y había sido masivamente aprobada.

Forks. El pueblo donde todo el mundo sabía la vida de cada habitante.

- Bueno, tienes que seguir haciendo los ejercicios que te recomendamos. La movilidad que solías tener en tu brazo llegará con el tiempo.

- Esta bien.

- Iré por tu receta médica. - le indicó mientras salía un momento de su consultorio.

- Me alegra verte mejor. - admitió su novia acercándose a él abrazando su cuello. Beso frente con cariño. Las muestras de afecto se habían intensificado desde que le había contado parte de la razón de sus problemas. Bella era más afectuosa y él aunque jamás admitiría que se sentía bastante feliz con ello. ¿A quién no le gusta despertar y encontrar una sonrisa adormilada? ¿O sentir unas manos suaves acariciando tus cabellos para adormecerte? Además cuando estaban en público ella aprovechaba cada instante que se veían obligados a fingir una relación para ser afectiva y cariñosa; besándolo tiernamente o tomando su mano siempre.

- Tú ayudaste mucho. - le recordó dándole una sonrisa sincera. - Has sido tú la que trabaja mientras yo sólo reposo el brazo. Puso los ojos en blanco.

- Hey deja de pensar así, un brazo roto y una herida bala no son cualquier cosa.

Bella suspiró para luego acercarse a sus labios por un breve beso.

A pesar de la alegría que ella sentía por su recuperación era obvio que algo la tenía muy decaída pero no se lo decía, lo cual era entendible por la poca comunicación que aún existía entre ellos.

- Aquí tienes tu receta. - se separaron cuando el médico ingresó a la habitación. Parecía un poco incómodo por como encontró a la pareja. Edward quiso reír ya que estaba seguro que todo el pueblo no tardaría en saber que tan cariñosos eran cuando se quedaban solos.

Al salir del lugar Edward flexionó su brazo feliz de poder volver a usarlo en su plenitud.

- Despacio. - susurró ella reprendiendo su comportamiento.

- El doctor dijo que esta bien. - le recordó abrazando su cintura con ambos brazos. Se sintió tan natural que se sorprendió de sus propias acciones.

- No sigas. - volvió a reprenderlo.

Edward la besó en ese instante. Eso también salió muy natural.

Ella era tan suave entre sus brazos además de parecer disfrutar cada segundo. Era increíble como influía en su disfrute el hecho que ella realmente quería ser besada por él. Sentirse deseado era algo poderoso.

Alguien carraspeó cerca a ellos por lo que se separaron.

Bella ocultó su rostro en su pecho.

- Dios. - gimió. - Ahora dirán que somos unos calenturientos.

- El doctor Wilson ya iba a crearnos esa fama de todas maneras.

- ¡Claro que no!

- Me vio besarte. - le recordó. - Ahora todo el pueblo dirá que andamos toqueteándonos apenas tenemos oportunidad.

El saberlo lo hacía sentirse demasiado eufórico. Quizás porque reafirmaba que ella era su novia ante todos.

Bella le sonrió. No comentó nada. Su mente estaba en otro lado o realmente no le importaba.

Fue turno de Edward para suspirar. En la secundaria solía preguntarle hasta el cansancio que pensaba, no saberlo lo mataba, estaba siempre pendiente de ella. Ahora no quería presionarla en nada. No quería saber que pasaba por su mente. Quizás porque en realidad tenía miedo de la respuesta.

Caminaron hacia su auto que los esperaba húmedo por la lluvia en el aparcamiento. Bella tomó el volante distraída mientras él la miraba.

- ¿Vamos a casa?

- Si. - él aceptó sin dudarlo.

Admitir que estaba disfrutando convivir con su novia era difícil. Él como típico hombre soltero siempre creyó que vivir con una mujer incluía demasiado compromiso y no lo veía como algo que quisiera en su vida. Pero eso había cambiado. Bella realmente parecía disfrutar su compañía e incluso la de sus padres, eso hacía que él también apreciara tener todos los días junto a ella, disfrutaban el tiempo juntos cuando comían o cuando paseaban por el pueblo pero su intimidad había entrado en un estado de bloqueo ya que eran pocas las veces en que estaban solos gracias a ese pueblo lleno de chismosos.

Bella suspiró por milésima vez mientras manejaba.

Mierda no debería interesarle pero lo estaba matando la incertidumbre.

- ¿Qué sucede? - gruñó molesto consigo mismo por no guardarse esa pregunta.

Bella saltó al escuchar.

- ¿De qué hablas? - preguntó confundida.

- Estas molesta o preocupada. No sé qué demonios pasa.

- Ah. - respondió tensa. - Estoy bien.

- Dilo de una vez Bella, me estas poniendo nervioso.

Ella lo miró y torció el gesto.

- No quería molestarte. Yo sólo estoy algo triste porque hoy es cumpleaños de mi sobrina y es la primera vez que estoy lejos de ella.

Su cuerpo se relajó, esperaba otra respuesta. Una donde le decia que su pueblo y la vida simple que le daba la habían terminado de hastiar.

Alejó esos pensamientos y se concentró en sus palabras; Edward sabía lo cercanas que eran. Demonios viajo a Inglaterra por un recital, era obvio que adoraba a la niña.

- Llámala. No debe creer que la olvidaste. - le recomendó con un suspiro, era lo que ella necesitaba oír de él.

- Pero Jasper... - le recordó en voz baja.

- No importa tu hermano además estoy seguro que debe estar muy preocupado por ti. Te fuiste a vivir con un don nadie a un pueblo en medio de la nada. Llámalo.

- No eres un don nadie. - suspiró ella mirándolo con reproche.

- Llama Bella. Tu sobrina te necesita. - le indicó mientras alejaba la mirada.

Pronto los ojos de la castaña se volvieron cristalinos por las lágrimas que se acumularon.

- Es mejor que te estaciones. - él le indicó señalando una farmacia.

- Puedo llamar cuando lleguemos a casa.

- No, mejor ahora. Es probable que te sientas peor al ver donde estas.

- Edward debes parar. No haces más que renegar de nuestra vida.

- Llama. No quiero discutir. - la ignoró concentrándose en la pista.

Bella frustrada le hizo caso. Nerviosa buscó el número de su cuñada María. Edward notó el temblor en sus manos y tomó una porque se estaba empezando a irritar pero Bella lo agradeció porque se sintió apoyada.

- Hola María. - respondió en voz queda. - Si... estoy bien... no te preocupes Maria... lo estoy... - suspiró fuertemente mientras escuchaba a su cuñada. - él nos orilló a esto, no pienso dejar a Edward... - el cobrizo escuchaba en silencio. - Yo quiero hablar con Caroline. - su voz se rompió al mencionarla.

- Tranquila. - él susurró soltando su mano y puso todo su brazo alrededor de sus hombros, Bella se apegó a él de inmediato.

- Hola cariño, feliz cumpleaños. - suspiró fingiendo no tener el rostro bañado en lágrimas. - Te extraño muchísimo cariño. Todos los días pienso en ti y tu hermano... Pronto te visitaré... Si... Claro que si...

Edward se sintió culpable por su voz rota. Él la había condicionado a abandonarlos para irse con él. Por supuesto que era infeliz por su culpa y se odiaba por eso.

- Oh cariño yo no lo sé... - suspiró dolida a una pregunta de la niña.

Edward se sintió muy mal así que besó su cabeza con cariño buscando darle un poco de consuelo. Era un gesto cariñoso que también fluyó de manera natural.

- Esta bien. - aceptó tranquilizándose lentamente. - Hola María, por favor no le digas. - pidió. - No quiero discutir con él. Disfruten el día. Cuídense... Si... Lo haré... Adiós.

Luego de colgar se aferró a su pecho para deshacerse en lágrimas.

- Tranquila. - suspiró apretándola en su pecho.

- Me dijo que me extraña. - le lloró. - Su vocecita se rompió... Yo los extraño demasiado... Lo siento pero es la verdad.

- Esta bien. No te preocupes. - le susurró. - Era hora que hables con ellos. Son tu familia.

Bella asintió abrazándolo. No le gustaba verla tan devastada. La consolo hasta que su llanto se detuvo y pudo encender el auto para llevarlos a casa.

La culpabilidad de la situación lo estaba volviendo loco así que cuando se estacionaron fuera de su casa se encontró hablando.

- ¿Quieres acompañarme a un lugar? - habló demasiado rápido así que ella le dedicó una mirada confundida. - Preguntaba si te gustaría ir conmigo a un lugar que conozco, es cerca. No tardaremos. Quizás te servirá para distraerte y conocer Forks más profundamente.

- Uhm si. - susurró ella aceptando. - Vamos.

Se bajó del auto y la espero afuera en medio de la ligera lluvia.

- ¿Es cerca? - preguntó confundida.

- Si. - él le indicó el camino señalando.

Se adentraron en el bosque que estaba extremadamente verde debido a la ligera lluvia. Avanzaron entre la maleza hasta llegar al río.

- Bien. Ahora debemos caminar hacia... - Miro concentrado los alrededores. - la derecha.

Bella lo siguió sin cuestionar nada.

Cada vez se adentraban más y más pero él no estaba nervioso, había vivido en Forks muchos años y conocía bien la zona.

Una pequeña cabaña estaba en el camino.

- Cuando era niño, mi padre me comentó sobre este lugar. - le indicó mientras se acercaban. - Solía ser casa de un guardabosque. Mi padre solía decir que estaba embrujado y por eso muchos chicos no han venido o se han atrevido a pasar la noche aquí.

- ¿Tú si?

- Si. - le sonrió seguro. - No hay ningún fantasma aquí. No entiendo como pueden ser tan cobardes, ni siquiera los vagabundos vienen.

- ¿Es seguro? - preguntó dudosa.

- Si. Desde que hemos llegado he estado visitando este lugar. - se rascó la nuca incómodo.

La cabaña era bastante vieja pero estaba ordenada y limpia. Edward volteó listo para comentarle alguna historia de su niñez donde esa cabaña había sido protagonista pero se detuvo. No pudo hablar. Bella miraba todo el lugar con mucha curiosidad y en medio de todo parecía irreal. Era la mujer más hermosa que había visto en su vida.

- ¿Esto es una estufa? - ella preguntó curiosa.

Edward no contestó sólo podía mirarla.

-¿Lo es? - susurró ella mirándolo con esos ojos marrones lo habían vuelto loco a los dieciséis.

- Eh si. - contestó incómodo. - La encenderé para que el lugar se caliente.

Bella siguió investigando curiosa el lugar hasta que Edward la llamó para acercarse a la estufa.

- Hace años renové el lugar por completo, planeaba mudarme aquí luego de acabar la escuela.

- ¿Aquí?

- Eh si. - incómodo por confesar su propósito giró a ver la estufa. - Pensé que ser guardabosques podría ser buena idea.

Ella se había quedado en silencio así que él volteó a verla.

- Era mi sueño cuando tenía ocho años. Luego cambie mi forma de pensar y bueno a los diecisiete no pensaba mucho en realidad, quise cumplir un viejo sueño... - empezó a explicar nervioso.

- Puedes cumplirlo. - ella insistió. - Me encanta el bosque y no me molestaría vivir aquí.

Estaba sorprendido porque realmente le creía.

- Ya no es mi sueño. - admitió carraspeando.

La ligera llovizna incrementó por lo que Edward cerró las ventanas y prendió las lámparas que había.

- Tendremos que quedarnos hasta que la lluvia disminuya sino pescaremos una neumonía.

Bella se mordió el labio.

- Esta bien.

Un trueno hizo retumbar la pequeña cabaña haciéndola saltar. Edward se encontró acercándose a ella.

- Creo que traerte fue mala idea.

- ¿Qué? No, yo...

- No es el mejor lugar, no sé que estaba pensando. - siguió hablando sin escucharla.

- Sólo son los truenos. - le aseguró ella empezando a ponerse nerviosa. - Te juro que sólo es eso. Yo realmente agradezco estar aquí. Es lo más cerca que me has dejado estar de ti y tus pensamientos. No recuerdo la última vez que me sentí tan cercana a ti.

Edward suspiro al escucharla y se tiró de los cabellos.

- ¿Así que guardabosques? - le preguntó sonriente buscando desviar su atención.

- Si. - contestó devolviendo la sonrisa. - ¿Qué hay de ti? ¿Algún sueño sin cumplir?

- Queria ser modelo. Siempre me gusto ver pasarelas y revistas de moda.

- Yo creo que puedes serlo.

- No lo creo.

- ¿Por qué no? Eres bellísima. - admitió sincero.

- Gracias. - susurró sonrojada.

El cobrizo rió suavemente al verla.

- ¿Estas sonrojada? Eso nunca lo había visto.

- ¿No? Entonces no has estado prestando atención. - suspiró ella.

Edward volvió a sentirse incómodo. Era un idiota.

- Bueno. - tomó su mentón para que su mirada conectara con la suya. - Realmente eres hermosa y si quieres ser modelo yo también estoy dispuesto a cargar tu bolso por todo el mundo.

- Edward... - ella suspiró.

Antes de poder responder ella estaba besándolo con necesidad, tanta que tuvo que sostenerla para evitar que ambos cayeran. Pronto se sintió arder de deseo al sentirla tan apegada a su cuerpo.

- No te aceleres. - le recordó ella empujando sus brazos con suavidad cuando quiso desabotonar su bluza.

Con más tranquilidad su atención se dirigió en llevarla a la cama que estaba a un metro de distancia. Bella cedió y se apegó a su cuerpo cuando sintió el sonido de otro trueno.

- Tranquila. - él susurró besándola hasta que chocaron con la cama.

La recostó sobre ella mientras se quitaba el abrigo. Bella se veía hermosa en la cama algo destartalada que había en esa vieja cabaña. De pronto se sintió incómodo por querer tomarla en ese lugar, no era apropiado. Pero Bella no se sentía igual.

- ¿Qué sucede? - le preguntó confundida.

- Nada. - se había quedado mirándola fijamente.

Se acercó a besarla con más ímpetu. Pronto ambos se arrancaron la ropa entre truenos y el sonido de la lluvia. Edward besaba donde se le antojaba, dejó más de una marca en sus pechos y muslos.

- Ed... - gemía disfrutando sus atenciones.

El cobrizo moría por penetrarla pero quería asegurarse de satisfacerla primero ya que estaba muy cerca y no quería hacer el ridiculo. Desde que habían empezado a pasar tiempo juntos las cosas entre ellos habían ido más lento, no habían tenido sexo en meses y en parte era debido a que tenían a sus padres en la habitación de a lado pero principalmente parecía adecuado no acelerar las cosas pero en ese instante realmente la necesitaba. Iba a enloquecer sino la hacía suya.

- ¡Dios! - gritó ella cuando mordisqueó su coño con suavidad. - Te necesito ya...

Edward sonrió arrogante parándose otra vez para quitarse el pantalón pero sólo logró bajárselo ya que Bella tiró de su cuerpo para subirlo sobre ella. Necesitada tiró abajo su boxer mientras lo besaba acelerada.

Había pasado demasiado tiempo y ya no podían más. El cobrizo acercó su miembro para mojarse en sus jugos volviéndola loca.

- Edward. - lloriqueaba ella buscando sus labios y acariciando toda la piel que podía. - Apúrate.

Y la penetro. Fue tan fuerte que Bella lanzó un gritó que se confundió con el trueno que afuera retumbaba.

Pronto empezó a moverse a un ritmo demente, no fue delicado ni espero a que su canal estrecho termine de adecuarse.

Ella lloriqueaba casi inconsciente su nombre, mientras dejaba marcas en el cuello al cual se aferraba.

La necesidad que él sentía junto a la desesperación de ella lograron un orgasmo agónico que los dejó tan destrozados que él la aplastó por unos segundos mientras dejaba su semen salir en chorros tibios que la marcaban por dentro.

Semiduro siguió moviéndose por unos minutos disfrutando los espasmos de su coño. Bella temblaba por la intensidad de lo que acababa de sentir y se aferraba a su cuerpo con fuerza.

- ¿Estas bien? - él le susurró ya que estaba muy callada.

- Si. - susurró limpiando las lágrimas que se le habían escapado. - Sólo fue muy intenso.

- Si. - sonrió él. - Demasiado.

Estaba orgulloso de su desempeño. Ella parecía realmente impresionada y considerando la cantidad de hombres que tuvo en su cama su ego tocó el cielo.

- Edward. - gimoteó cuando su erección hizo su aparición.

Más puntos para su ego. Sonrió engreído antes de impulsarse profundo en ella.

- Te amo. - su voz quebrada rompió su concentración. - Realmente te amo Edward.

Se quedó sin palabras. Aunque antes ella ya se lo había dicho en esta oportunidad algo dentro de él se removió.

Ella sólo sonrió triste mirándolo.

- No es necesario que digas algo. - ella admitió acariciando su mejilla. - Yo hace tiempo decidí amar por los dos.

Incómodo por sus palabras prefirió enterrar su rostro en su cuello evitando así ver sus ojos tristes. Sus caderas se movían buscando su placer pero su cabeza ya no estaba en el momento. Se había transportado a su primera vez con ella, cuando le dijo que lo amaba y realmente le creyó. Había sentido algo similar en esta ocasión. Era increíble como su interior estaba alborotado y se encontró deseando escucharla decirlo de nuevo.

- Ed... Ed... - empezó a lloriquear.

El cobrizo aumento la fuerza de sus embistes hasta lograr que ella se dejara ir con un orgasmo que lo forzó a acompañarla.

Agotado y lleno de sudor se alejó para evitar aplastarla. Ambos dirigieron su vista a la unión de sus cuerpos pero cuando el líquido blanco empezó a emanar de ella sin control dejaron de respirar.

- No... - susurró ella incrédula. - No puede ser.

- Yo...

- No puede ser. - insistió ella recogiendo con sus dedos la prueba del desastre.

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Miles de disculpas por la confusión del otro día. Hice un esfuerzo por lograr este capítulo. Espero que les guste e imaginen la reacción de ambos.

Nos leemos pronto!