Gabriel Agreste estaba sentado en uno de los sillones del salón, observando la pantalla de una tableta. Parecía relajado, pero por dentro estaba hirviendo de ira.
Había visualizado aquel vídeo más de veinte veces, buscando algo que pudiese haber pasado por alto. Pero no parecía haber más que lo que veía: un misterioso portal que aparecía de la nada en la habitación de su hijo y una heroína desconocida que emergía de él, tiraba de Adrián y se lo llevaba con ella. Las cámaras habían captado el momento exacto en que los dos desaparecían por el portal, y de hecho Nathalie lo había visto en directo. Pero, aunque se había precipitado escaleras arriba hasta la habitación de Adrián, no había llegado a tiempo de impedir que se marchara.
De modo que su hijo había desaparecido y ahora Gabriel no sabía dónde estaba ni con quién, ni siquiera si se había marchado voluntariamente o lo habían secuestrado a la fuerza. Se lo habían llevado con lo puesto: descalzo y en pijama, ni siquiera había tenido ocasión de recoger su móvil, mucho menos de hacer la maleta. Cada vez que visualizaba la escena, Gabriel se convencía todavía más de que Adrián no había esperado aquello en realidad, de que lo había sorprendido tanto como a ellos. Eso fortalecía la hipótesis del secuestro, pero Gabriel no quería darlo todo por sentado.
Alzó la mirada cuando Nathalie carraspeó a su lado.
–Ya he terminado de registrar la habitación de Adrián, señor.
–¿Y bien? –preguntó él.
Ella negó con la cabeza.
–Ni rastro del anillo.
–¿Has buscado bien? ¿Por todas partes?
–Sí, señor Agreste. No he encontrado el anillo, pero sí otras cosas curiosas.
Gabriel frunció el ceño.
–Explícate.
Nathalie inspiró hondo.
–Guarda fotografías de Ladybug por todas partes. Y también tiene... queso camembert.
Gabriel alzó una ceja.
–¿Queso camembert?
–Probablemente no sea importante, porque además hace tiempo que he notado que le gusta especialmente ese tipo de queso. Pero me ha parecido curioso que lo almacene en su habitación. Lo de las fotografías de Ladybug, en cambio...
–Hum –murmuró él, pensativo–. Podría ser simplemente un fan. Hay muchos chicos en París que admiran a ese insecto –concluyó con desprecio–. Sin embargo... es otro indicio más.
–Pero, si él es realmente Cat Noir, ¿qué ha hecho con su anillo?
–Puede que lo lleve encima –respondió Gabriel–. En un bolsillo, tal vez.
–¿Y no habría usado su poder para escapar en lugar de esperar a que vinieran a buscarlo?
Gabriel la miró fijamente.
–Si él no es Cat Noir, ¿por qué se lo ha llevado alguien que porta el prodigio del caballo? Alguien que tiene que haber sido elegida por Ladybug...
–Entiendo –murmuró Nathalie, inclinando la cabeza–. En ese caso, es posible que le entregara el anillo a otra persona esta mañana en el colegio. Pero no veo ninguna razón por la que hubiese hecho eso, salvo que...
–...Salvo que nos haya descubierto –completó su jefe.
Ella dudó.
–No podemos saberlo seguro, señor.
Gabriel se puso en pie. Se mostraba tranquilo, pero Nathalie lo conocía lo bastante bien como para saber que estaba furioso.
–Akumatizaré a alguien para que lo traiga de vuelta –anunció.
–Pero... –objetó Nathalie–. ¿Y si estamos equivocados? ¿Y si no nos ha descubierto en realidad?
Gabriel se volvió hacia ella.
–¿Por qué se habría marchado, si no?
–Quizá no sea Cat Noir después de todo –prosiguió ella, esperanzada–. Quizá todo sea una travesura. A estas alturas, sus amigos ya deben de saber que no volverá al colegio. Tal vez alguna de sus amigas tiene acceso al prodigio del caballo y...
–Hum. Podría ser. –Arrojó la tableta al sillón, frustrado–. Pero ¿cómo podemos saberlo?
–Deberíamos trabajar con las dos hipótesis –opinó Nathalie–. Y no dar por sentado que él nos ha descubierto, sea o no Cat Noir. Si tiene sospechas, no deberíamos confirmarlas. Y si no sabe nada, sería un error darle razones para pensar que usted tiene algo que ver con Lepidóptero.
–Cierto –admitió Gabriel–. Pero entonces, ¿qué sugieres? ¿Que me quede aquí sin hacer nada?
–No. Debe plantearse qué haría Gabriel Agreste, y no Lepidóptero, si su hijo hubiese desaparecido. De esa manera podemos buscarlo sin despertar sospechas.
–Entiendo –asintió él, pensativo.
–Mientras tanto, yo puedo hacer algunas averiguaciones –prosiguió Nathalie–. Hablaré con Lila Rossi y le preguntaré por los amigos de Adrián, y por lo que hizo ayer en el colegio. Si realmente tenía un prodigio y se lo dio a otra persona, ella podría darnos alguna pista.
–Muy inteligente –aprobó Gabriel. Le dirigió una mirada afectuosa–. No sé qué haría sin ti, Nathalie.
Ella sonrió, complacida.
NOTA: Estos dos no son tan lindos como nuestros ninios preshioshos, pero lamentablemente también están en la historia.
NOTA 2: Una de las cosas que más me chirrían del canon es que Adrien vive en la guarida del villano que está llena de cámaras por todas partes, tiene guardaespaldas, la gente entra en su habitación sin llamar a la puerta, está supercontrolado y aún así NADIE. LO. HA. DESCUBIERTO. NUNCA. Pero Ladybug se despista en Chat Blanc y él la ve salir y ahí nace la bola de nieve que provoca el fin del mundo. Cuando lo más lógico es que, si Gabriel ha de descubrir quién Cat Noir, sea porque alguien lo haya visto salir por la ventana de su habitación a pleno día, cosa que a estas alturas podría haber sucedido 186392 veces.
NOTA 3: El siguiente capítulo será más largo pero es posible que tarde dos o tres días.
