Ocho

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Las adopciones no son fáciles. Kaminari pensó que los Kinomoto solo vendrían un día a recogerlo y ya, pero no. Aún después de todo, el proceso que ellos tuvieron, de conocerlo y que luego aceptaran que les gustaba Denki, aún debían hacer más procesos.

Hasta el mismo Denki fue llevado a la pequeña salita y Haruka le habló.

—Ellos obviamente vienen a buscarte, y se les dará un mes de observación.

—¿Un mes de observación? —preguntó Denki. Haruka asintió.

—A pesar de haber pasado por todos los filtros, la teoría es diferente a la práctica. Te explico: Debemos observar el cómo te acoges a ellos, si en verdad van a ser buenos padres y pueden adaptarse a cuidar de un niño. Y sobre todo, si te sientes cómodo con ellos.

—¿Hinata ha sido devuelta en ese mes de observación? —preguntó Denki. Haruka asintió.

—Hinata ha sido adoptada tres veces. La primera vez, sus padres no pudieron adaptarse a cuidar de ella, dejándola a largos tiempos sola. Las otras dos veces, fue ella la que no pudo adaptarse, en una se devolvió sola, llorandome para regresar porque no se sentía cómoda, y la última vez fueron los padres los que la devolvieron.

—No sabía que eso se podía —murmuró el niño. Haruka rodó los ojos.

—Oh, Denki. A ti no sabré como creerte, porque es obvio que no quieres estar, dado que aun esperas a tu padre.

—¡Pero lo espero!

—Lo sé. Y por eso tuve que hacer una llamada. El detective viene esta tarde a darte un paseo.

Denki se sintió nervioso ante lo dicho por la cuidadora. En verdad no entendía a qué paseo se refería, pero no tenía más opción.

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Era la segunda vez que estaba en el auto del detective. Seguía sintiéndose demasiado grande para él.

—¿A dónde vamos? —preguntó Denki. El detective miró por el espejo retrovisor.

—Haruka me dijo que van a adoptarte —el niño desvió la mirada, molesto—. Y supongo que no quieres.

—Solo quiero a mi papá —dijo el niño, el detective suspiró.

—Ahí es donde vamos —el niño miró al detective con sus ojitos brillando—. Vamos a que veas a tu padre.

El corazoncito del niño se apresuró.

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El detective había pedido que no lo revisaran, después de todo venía con él y aún era muy pequeño.

—Usualmente no dejan entrar a niños pequeños, pero esta es una excepción.

—¿Cuando podré visitarlo por mi voluntad? —preguntó.

—A partir de los trece —vio de reojo al niño haciendo cuentas con los dedos y soltó una risa—. En cinco años.

—No soy bueno en matemáticas —dijo. Kaminari siguió al detective hasta un lugar en donde había varias cabinas, dichas cabinas habían personas hablando por teléfono con la persona que estaba detrás de un vidrio. La persona detrás del vidrio tenía un traje azul, demostrando ser prisionero.

El detective le dijo a Kaminari que subiera a la silla, y como él era bastante pequeño y sentado no alcanzaría, se arrodilló quedando apoyado en el muro de la cabina de él.

Del otro lado estaba vacío, y Kaminari pudo observar cuando una puerta se abrió y un sujeto con cabello rubio apareció esposado, siendo llevado por un policía que le empujaba el hombro.

Los ojos de Denki se llenaron de lágrimas y apoyó sus manos en el vidrio.

—¡Papá! ¡Papá! —llamó, pero el hombre no escuchó hasta que se sentó enfrente de él. Él le sonrió, sus ojos azules se veían un poco apagados, articuló algo con su boca que Denki no pudo escuchar y le señaló que tomara el teléfono que estaba anclado en la pared.

Denki tomó el teléfono al mismo tiempo que su padre lo hacía, y cuando se pegó la bocina en la oreja, pudo por fin escucharlo y sintió ganas de llorar.

Hola, campeón.

—¡Papá! —exclamó Denki— ¡Papá, te extraño mucho! —las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos— ¡Papá ¿Cuando sales?! —el hombre suspiró.

Ah, cariño. Me dieron varios años. El detective me dijo que estabas en un orfanato ¿no? —Denki asintió.

—Papá, quieren adoptarme. Y yo no quiero… quiero que salgas y… —sorbió en su sollozo.

Cariño… no te mereces pasar por más cosas malas. Cometí muchísimos errores y ya me costó la vida de tu madre, no dejaré que cueste la tuya.

—Pero…

Denki. Una pareja, una familia te está dando una segunda oportunidad. Tendrás padres que te amarán. No te faltará nada, como pasaba con nosotros.

—Me sentía bien con ustedes. Yo los amo… no puedo con otros padres —los ojos azules del hombre se llenaron de lágrimas. Colocó una mano sobre el vidrio y Denki corrió para poner su mano también.

Cariño. Yo no saldré por ahora de aquí. Necesito que me prometas que intentarás ser feliz. Así sea con una familia diferente, una familia que va a amarte.

—¡No! ¡No, yo los quiero a ustedes!

¡Denki! Yo no saldré de aquí. Hijo, alguien más te va a amar, tienes que vivir tu vida, por favor, hazlo por mí, hazlo por tu madre. Ella hubiera querido esto para ti.

Denki estaba llorando, las lágrimas corrían por su rostro.

No quería, no quería abandonar a su padre. Simplemente no podía.

—No quiero…

Podrías hablar con tus nuevos padres para que te dejen visitarme cuando tengas edad —ofreció el hombre, con tal de convencer a su hijo de dejarlo, de apreciar esa oportunidad que se le ha ofrecido.

Kane debía admitir que le había dolido escuchar la noticia del detective, pero sabía que era lo mejor para su hijo. El niño no debería vivir con la mancha de haber sido el hijo de un villano. Él no tenía la culpa de sus malas decisiones. Ya Akiko había pagado por sus malas decisiones, no quería que Denki también las pagara.

Mi niño. Sé que estás muy pequeño para entender esto, pero necesito que vivas tu vida. Necesito que me dejes ir, yo ya no puedo cuidarte como deseo, estoy pagando por mis errores y no quiero que tú pagues por ellos. Quiero que aceptes a esa pareja que te hará feliz, porque es algo que tu madre querría, alguien que te ame como ella y yo te amamos.

Denki sentía que su corazón se iba a salir, no podía evitar que sus lágrimas bordearan sus ojos con todo lo que su padre decía. Él entendía, pero no quería soltarse.

Por favor —le suplicó su padre—. Acepta ese amor que te van a dar, ya que tu madre y yo no podemos hacerlo más.

—Papá…

—Denki, el tiempo se acabó —le dijo el detective a sus espaldas. Denki miró al detective y luego a su padre que le brindaba una sonrisa. Quiso hacer un berrinche, quiso explotar su quirk y atravesar el vidrio para abrazar a su padre.

Pero contempló la mirada azul en él y la sonrisa suave que tenía. Y Denki sabía que debía dejarlo ir.

Pero no quería.

No quería hacerlo.

Mamá y yo siempre estaremos en tu corazón, cariño. No lo olvides ¿Correcto? Te amo —Denki asintió. Fue difícil colgar luego de que su padre lo hizo. El hombre le dió una última sonrisa antes de que el guardia se lo llevara.

El detective tomó el teléfono de las manos de Denki y lo colocó en su lugar.

—Es hora de irnos —dijo el hombre. Y Denki, en contra de toda su voluntad, lo siguió.

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—Entonces ¿Sí van a adoptarte? —le preguntó Hinata. Denki frunció el ceño.

—Sí. Mi papá me pidió que lo aceptara.

—¿Y lo harás? —el pequeño rubio se encogió de hombros.

—Creo que sí —Hinata suspiró y le dió un suave puñetazo en el hombro.

—Extrañaré tus tonterías —le dijo la niña logrando hacerlo sonreír.

Él también la extrañaría.

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La casa de los Kinomoto era bastante grande, parecían una familia adinerada. Haruka le había dicho que había corrido con bastante suerte al haber sido escogido.

—Ven, Denki. Te enseñaré tu habitación —le comentó la mujer, su nueva madre. Los Kinomoto no habían firmado todavía los papeles de adopción, dado que eso se hacía luego del mes de observación. Durante ese mes, Denki viviría con ellos para comenzar a adaptarse, ellos no podían sacarlo de la ciudad o del país. Denki siguió a la mujer con su mochila al hombro, el hombre, su nuevo padre, entraba su equipaje.

La habitación era grande y bonita, tenía muchas cosas que a cualquier niño le habrían de gustar, incluso a él dado al brillo de sus ojos. La señora Kinomoto le pidió al niño que se sentara en la cama y ella se sentó en la silla del escritorio. La mujer era muy bonita, y tenía una sonrisa que parecía ser la firma de muchas mamás, muy tierna y amorosa.

—Esperamos que te adaptes aquí, Denki. Sé que puede ser difícil luego de todo el trauma que has pasado ¿Tienes algo que decirme? Es mejor aclarar las cosas desde un comienzo.

Denki miró a la mujer y asintió acariciando sus manos, tratando de calmar la electricidad que surgía de ellas por el nerviosismo, inhaló y exhaló.

—¿Tengo que decirles mamá y papá ya? —preguntó. La mujer sonrió.

—Cuando te sientas cómodo. Tómate tu tiempo.

—También… —él revisó su mochila y sacó un pequeño retrato— ¿Puedo…? —la mujer observó el retrato y asintió. Era una foto de Denki con sus padres biológicos. Ella la tomó de las manos del niño y la puso en el nochero. Observó la sonrisa que tenía el pequeño en la fotografía.

—Tu madre era preciosa. Y que encantadora sonrisa tienes ahí —ella lo miró y Denki estaba distraído en las facciones tan definidas y elegantes de la mujer—. Quiero ver esa misma sonrisa en ti, Denki. Quiero, en verdad queremos, hacerte feliz —el niño sonrió—. Denki, necesito que me des tu límite.

—¿Mi límite?

—Me lanzaste una descarga cuando intenté tocarte, así que necesito saber cuál es tu límite. ¿Puedo abrazarte? ¿Acariciarte el cabello?

—¡Lo siento tanto por su herida! —la mujer le hizo una señal con la mano de que no importaba— Solo… despacio. Que no sea por sorpresa.

—Entiendo.

¡Voy a pedir comida! —exclamó el señor Kinomoto en las escaleras— ¿Que quieren?

—¿Qué quieres, Denki? —preguntó la mujer. Denki se encogió de hombros.

—No comía mucha variedad en el orfanato o cuando vivía con mis padres, así que está bien lo que sea.

—¡Hamburguesas, cariño! —exclamó la mujer.

¡Hamburguesas será! —dijo y escucharon los pasos bajar. La mujer se acercó a la puerta y luego volvió arrastrando una maleta.

—Te ayudaré a desempacar —comentó ella, a lo cual Denki asintió y comenzó a desempacar junto a ella.

Algo se había instalado en su pecho, la sensación de que esa familia lo quería. Pero aún así, quería echarse a llorar, porque temía que en algún momento olvidara a sus padres.

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Los padres de Kyōka no eran los únicos que se volvían locos cuando Denki visitaba el orfanato, también sus amigos. Por eso, Denki no se sorprendió que al regresar, sus amigos ya hubieran llegado hace tiempo del campamento y Bakugō le hubiera preparado, aunque lo negara, un postre para hacerlo sentir bien.

Lo hicieron sentir bien, claro estaba, pero se le hizo aún más difícil decir la verdad.

Cuando estaba ya oscureciendo, el resto de compañeros terminaron de llegar, y Kyōka le cubrió la mano con la suya y le dió un suave mordisco al lobulo de su oreja.

Oye —le susurró—. Vamos a mi habitación.

Denki sonrió, y juntos lograron escapar hacia la habitación de Kyōka antes de que los demás se dieran cuenta.

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No supieron cómo comenzó, solo Kane estaba sintiendo que se ahogaba de un momento a otro.

El humo lo estaba ahogando y el caos en la prisión estaba haciendo todo peor.

Intentó buscar una salida, en dónde los guardias sin duda estaban llevando a los otros prisioneros. No iba a aprovechar esto para escapar, no cuando le faltaba tan poco tiempo para salir limpio de esto y volver con su hijo. No iba a sumergirse en una vida escondiéndose cuál fugitivo.

Sin embargo, tenían otros planes para él.

Los brazos lo cubrieron y la risa estruendosa de su compañero de celda resonó en sus oídos.

Oh, Kane. Te dije que teníamos un plan —le comentó el hombre—. Si no me dabas la información de la UA para darla a la liga, la conseguiría de otra forma.

El humo estaba entrando en sus pulmones, y Kane sentía que todo se nublaba más.

Ya no podía respirar.

Ya no podía mantenerse despierto.

Así que no pudo luchar más y dejó que se lo tragara la oscuridad.

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Nota: Bien, esta historia me está gustando mucho como está quedando y el rumbo que va tomando (?

Mi excusa de mi hiatus es lo que puse en mis otros fics: Estaba terminando mi novela y por eso, no pude continuar los fics hasta ahora. Pero no sé preocupen, todos tendrán final.

Este ya tengo varias cosas escritas.

Bueno, los quiero muchísimo, los leeré en la próxima actualización.

Besos.