Marinette bajó corriendo las escaleras, pero cuando pasó junto a la puerta de la panadería, la voz de su padre la detuvo:
–¡Marinette, espera un momento! ¿A dónde vas?
Ella se volvió para mirarlo.
–Es que Adrián... –empezó, pero su madre la interrumpió:
–¡Oh, así que ya lo sabes! Nosotros nos acabamos de enterar. Pobre chico, ojalá Ladybug y Cat Noir lo encuentren pronto.
–No pretenderás salir a buscarlo tú, ¿verdad? –preguntó Tom, frunciendo el ceño con preocupación.
–No voy a ir sola. Todos sus amigos vamos a colaborar en la búsqueda.
–No me parece buena idea... –objetó Sabine, pero Marinette la interrumpió:
–No vamos a enfrentarnos a ningún villano, solo intentaremos buscar pistas. Ya sabes que a Alya le apasiona jugar a los detectives...
–Esto no es un juego, Marinette.
–Lo sé, lo sé. Tendremos mucho cuidado. Si conseguimos averiguar algo sobre Adrián... habrá valido la pena el riesgo.
Sus padres cruzaron una mirada preocupada, pero finalmente suspiraron con resignación.
–Muy bien –se rindió Tom por fin–. Mantennos informados, ¿de acuerdo? Y sé prudente.
Marinette les prometió que así lo haría y salió corriendo hacia el parque.
Allí comprobó, conmovida, que se había reunido toda la clase, además de Luka, Kagami y Wayhem. La única que faltaba era Chloé, pero Marinette divisó a Sabrina un poco más allá hablando por teléfono precisamente con ella, a juzgar por el modo en que hacía reverencias mientras respondía.
También estaba Lila, y Marinette intentó no poner cara de asco cuando la saludó con una falsa sonrisa.
–¡Marinette, qué bien que has venido! Solo faltabas tú. Bueno, y Chloé, pero Sabrina dice que estará vigilando los tejados.
–Desde la tumbona de la terraza de su hotel, claro –añadió Alya, divertida.
–¡Se está esforzando mucho porque se preocupa por Adrián! –la defendió Sabrina, que lo había oído todo.
–Se está esforzando mucho por no juntarse con la plebe, querrás decir –corrigió Marinette. Se volvió hacia Alya, intentando ignorar a Lila–: ¿Qué vamos a hacer? En la tele han dicho que nadie ha visto a esa misteriosa villana. ¿Cómo sabremos por dónde empezar a buscar?
–Nino y yo hemos preparado un mapa de París dividido por sectores –explicó ella, mostrándole sus notas–. Nos organizaremos por parejas que recorrerán una zona cada una. Estaremos en contacto por si alguien ve algo extraño o encuentra alguna pista.
–¡Muy buena idea! –aprobó Lila–. ¡Marinette y yo iremos juntas!
–¿Qué? –saltó Marinette, alarmada–. ¿Por qué? No creo que...
–Marinette –interrumpió entonces Luka, acercándose a ellos–. Alya nos dijo que tenías un virus, ¿te encuentras ya mejor?
–¡Sí! –exclamó ella–. Sí, muchas gracias, Luka. –Lo agarró del brazo como si fuese su tabla de salvación–. Luka y yo vamos juntos –anunció de pronto.
Él la miró con cierta sorpresa. Alya alzó una ceja con curiosidad. Lila entornó los ojos.
–¿De verdad? Yo creía que ya no estabais... juntos-juntos, ya me entiendes. Aunque a lo mejor estaba equivocada –añadió con una sonrisa angelical.
Marinette abrió la boca para responder, pero Luka intervino antes de que pudiese hacerlo.
–Somos amigos –aclaró–. Y no tenemos problema en ir juntos a buscar a Adrián, que es nuestro amigo también.
Marinette le dedicó una sonrisa de agradecimiento.
–Muy bien, anotado queda –anunció Alya, escribiéndolo en su libreta.
Lila trató de disimular un gesto de rabia.
–No te preocupes –intervino Kagami–. Yo no tengo pareja todavía, puedes venir conmigo, Lila.
Marinette la miró sorprendida, pero entonces Kagami le dedicó a Lila una de sus extrañas sonrisas, las que componía cuando fingía una simpatía que no sentía en realidad, y ella comprendió que se había ofrecido como compañera para poder mantenerla vigilada.
Mientras Alya organizaba al resto de la gente, Marinette se quedó aparte, sin saber muy bien cómo actuar. Todos parecían muy preocupados, pero a ella le costaba fingir que sufría por Adrián, porque sabía que estaba a salvo.
Su dilema no pasó inadvertido a Luka, que se inclinó hacia ella y le preguntó:
–¿Estás bien, Marinette?
Ella se sobresaltó ligeramente.
–Sí... sí, gracias, Luka. Siento haberte puesto en un compromiso; si prefieres formar pareja con otra persona...
–No, no, está bien. No tengo ningún problema contigo, Marinette.
Ella le sonrió con calidez, agradecida. No se arrepentía de haber roto con Luka porque aún sentía que había hecho lo correcto, pero le habría gustado que las cosas hubiesen terminado de otro modo entre los dos.
Él se inclinó todavía más para hablarle en voz baja.
–Tú sabes dónde está Adrián, ¿verdad?
Marinette se sobresaltó.
–¿Cómo? ¿A-Adrián? No, no tengo ni idea, pero ¿por qué dices eso?
Luka sonrió.
–Si Adrián hubiese sido secuestrado por una villana de verdad, estarías muchísimo más preocupada –señaló.
–¡Estoy muy preocupada, preocupadísima! –se defendió ella–. ¿Por qué piensas que no lo han secuestrado de verdad? ¿Qué crees que le ha pasado, si no?
Luka dudó un momento antes de responder.
–Me he enterado de que ayer su padre le prohibió volver al colegio. Quizá no se lo ha tomado bien y se ha escapado de casa.
Marinette estuvo a punto de negarlo categóricamente, pero comprendió que habría resultado sospechoso. De modo que inclinó la cabeza, pensativa.
–¿Tú crees? –murmuró–. Pero, entonces, ¿por qué ha dicho el señor Agreste que lo han secuestrado?
–Quizá no era una secuestradora..., sino alguien que lo estaba ayudando a escapar.
Marinette tragó saliva.
–Eso es... una teoría interesante, pero... No veo a Adrián escapándose de casa, la verdad. Es muy formal y obediente.
–No sería la primera vez que lo hace –señaló Luka–. Recuerdo que solía dar esquinazo a su guardaespaldas para poder ver a sus amigos o hacer cosas que su padre le había prohibido.
–Bueno, sí, pero escaparse de casa está a otro nivel –hizo notar Marinette.
Luka pareció aceptar el argumento. Pero eso solo era, pensó ella, porque no sabía que detrás de la máscara de Adrián Agreste se ocultaba Cat Noir, y que el superhéroe era mucho más rebelde y audaz de lo que su alter ego sería jamás.
–Tenía la esperanza de que Adrián estuviese a salvo, contigo –murmuró Luka, preocupado.
Marinette tragó saliva.
–¿Conmigo? –repitió con un hilo de voz.
Luka asintió.
–No me cabe duda de que, si tuviese problemas, tú serías la primera persona a la que él acudiría –le dijo.
Marinette se ruborizó, sin saber qué decir.
En aquel momento las exclamaciones de sorpresa de sus amigos llamaron la atención.
–¡Mirad, son Ladybug y Cat Noir! –dijo Alya.
Marinette y Luka cruzaron una mirada y se apresuraron a reunirse con ellos. Con el corazón latiéndole con fuerza, Marinette alzó la mirada hacia lo alto. Y sí, allí estaban los dos superhéroes, corriendo por los tejados con la agilidad sobrehumana que los caracterizaba.
–¡Ladybug! ¡Ladybug, aquí! –la llamó Alya.
La superheroína se detuvo al oír su voz. Momentos después, ella y su compañero aterrizaban en el parque, frente al grupo de jóvenes.
–¿Estáis buscando a Adrián, tíos? –les preguntó Nino.
–Sí, hemos visto al señor Agreste en las noticias, y hemos salido a buscar a su hijo y a la supervillana que lo secuestró –explicó Ladybug.
–Por el momento no los hemos encontrado –añadió Cat Noir–, pero no os preocupéis: salvaremos a vuestro amigo y derrotaremos a los malos, como siempre –concluyó, con una sonrisa alentadora y un guiño que parecía especialmente dedicado a Marinette.
Ella se ruborizó. Tendría que decirle dos cosas a Adrián acerca de la actuación de su Cat Noir ilusorio.
Alya y Nino cruzaron una mirada.
–Podemos ayudar –se ofreció Nino, y no era una pregunta.
–¡Sí! –lo secundó Alya–. Si necesitáis más gente...
–Nosotros estamos preparados –añadió Kagami–. Para entrar en acción en cuanto lo necesitéis.
Hubo más personas que alzaron la voz ofreciéndose a colaborar con los superhéroes, y Marinette se dio cuenta de que la mayoría habían sido elegidos anteriormente como portadores de prodigios. Todos estaban insinuando a Ladybug que estaban dispuestos a volver a transformarse en héroes para salvar a Adrián.
Marinette se sintió conmovida ante la lealtad de sus elegidos. Pero no podía volver a confiarles un prodigio, porque Lepidóptero... Gabriel Agreste... ya conocía su identidad.
Esperaba que Adrián lo tuviese en cuenta a la hora de construir su ilusión.
–Os lo agradezco mucho –respondió entonces Ladybug–, pero por el momento no será necesario. Sin embargo, si os enteráis de alguna cosa...
–Os avisaremos –le prometió Alya.
Los superhéroes se despidieron del grupo de amigos y volvieron a elevarse hasta los tejados.
Marinette respiró hondo. La primera fase del plan ya estaba en marcha.
NOTA: Parece que el ritmo se ha relajado un poco en estos capítulos, pero tened en cuenta que es como una partida de ajedrez y los jugadores aún están colocando las piezas. ¿Qué bando sorprenderá primero al otro? ¡Misterio, intriga, dolor de barriga!
