Marinette y sus amigos pasaron el día recorriendo París, atentos a la posible presencia de la misteriosa supervillana y preguntando por Adrián a todas las personas con las que se cruzaban por la calle. De vez en cuando veían a Ladybug y Cat Noir corriendo por los tejados, patrullando incansables la ciudad. Pero ni rastro de Adrián ni de la persona que se lo había llevado.

Hicieron una pausa a mediodía para ir a comer a casa. Marinette puso a sus padres al corriente de las novedades y, cuando ellos volvieron a bajar a la panadería, subió a su habitación con una bandeja de comida para Adrián.

Lo encontró en su balcón, alimentando a Trixx. Se había transformado y destransformado varias veces a lo largo de la mañana para poder seguir generando ilusiones. Marinette dejó la bandeja sobre la mesita y ambos se fundieron en un abrazo.

–Te he echado de menos –dijo él.

–Solo hemos pasado cuatro horas separados, gatito –sonrió ella.

–Demasiado tiempo –se quejó Adrián, apoyando la mejilla sobre la cabeza de Marinette.

Ella se rió. Compartieron un breve beso antes de sentarse juntos para ponerse al día.

–¿Te ha visto alguien? –le preguntó Marinette mientras él devoraba la comida que le había traído.

Adrián negó con la cabeza.

–¿Estás seguro? –insistió ella.

–Segurísimo –respondió él, aún con la boca llena.

–¡Hemos tenido mucho cuidado! –intervino Trixx.

–Me alegra saberlo.

Marinette procedió a relatarles cómo le había ido a ella. Les habló de la presencia de Lila en el grupo, y de cómo había insistido en acompañarla, sin éxito.

–Más tarde la vimos hablando con Nathalie –les contó–. Bueno, hablaba con una persona que estaba dentro de un coche, pero sé que era Nathalie, o quizá tu padre, por la matrícula.

Adrián se quedó mirándola con gesto divertido.

–¿Conoces la matrícula de nuestro coche? –le preguntó, y Marinette se ruborizó.

–¡No es como si me la hubiese aprendido de memoria! –protestó–. Es que... de tanto fijarme en él... de cuando venías al colegio, o te ibas... se me ha quedado grabada en la cabeza. –Hizo una pausa y añadió–. Huy, puede que eso suene aún peor.

Adrián sonrió.

–Realmente has estado muy...

–¿Obsesionada? –completó ella.

–Iba a decir enamorada. –Le pasó un brazo por los hombros y la acercó más a él, y Marinette apoyó la cabeza en su pecho con un suspiro de satisfacción–. Y pensar que no fui capaz de darme cuenta...

–Bueno, tenías muchas cosas en la cabeza. Y, la verdad, no me extraña, porque la situación en tu casa era mucho más complicada de lo que parecía a simple vista.

Adrián asintió, abatido.

–Y aún tengo la sensación de que no sé ni la mitad. Por un lado me gustaría poder mirar a mi padre a la cara y preguntarle por qué... pero, por otro, creo que en el fondo pienso que prefiero no saberlo.

Marinette lo abrazó con fuerza, ofreciéndole su apoyo.

–Pronto terminará todo –le prometió–. Recuperaremos los prodigios y, al menos, no tendremos que preocuparnos porque akumaticen a nadie más.

Adrián cerró los ojos con cansancio.

–Siento que todavía falta mucho para eso.

–Solo unas horas más...

–Lo sé, pero... ¿y si mi padre no quiere esperar hasta la noche? Si Lila quería formar pareja contigo es porque sospecha de ti de alguna manera, ¿verdad?

Marinette inclinó la cabeza, pensativa.

–Es posible. ¿Crees que no basta con la ilusión de esta mañana?

Adrián abrió los ojos y se volvió para mirarla con una sonrisa pícara.

–Creo que ha llegado la hora de llevar la ilusión un poco más lejos.

Se puso en pie y llamó a Trixx. Marinette lo contempló mientras volvía a transformarse en Míster Fox, con mucha más soltura y seguridad que la primera vez.

–Estás disfrutando con esto, ¿verdad?

–La verdad es que podría acostumbrarme –comentó él, aún sonriendo.

Marinette suspiró.

–Yo, en cambio... te echo de menos –admitió a media voz.

Míster Fox se volvió para mirarla.

–¿Me echas... de menos? –repitió sin comprender–. Pero ahora estamos juntos, ¿verdad? Y seguiremos estándolo.

–Quiero decir que echo de menos a Cat Noir. Ya sé que eres tú, y que seguirás a mi lado, como Adrián o Míster Fox, pero simplemente... –Sacudió la cabeza–, la idea de transformarme en Ladybug y que Cat Noir no esté conmigo... me resulta muy extraña.

El chico sonrió y avanzó hasta ella para colocar las manos sobre sus hombros.

–Todo saldrá bien, Marinette. Volveremos a ser Ladybug y Cat Noir en cuanto recuperemos los prodigios que faltan.

Ella asintió, animada por el apoyo que él le brindaba. Inspiró hondo.

–Bien, pues no perdamos más el tiempo. Los dos tenemos cosas que hacer.

Se despidieron con un beso y, momentos después, Míster Fox se alejaba por los tejados con la flauta lista para crear nuevas ilusiones.


Marinette se reunió con sus amigos en el parque un rato más tarde. Todos parecían desanimados. Seguían sin noticias de Adrián, y al parecer Ladybug y Cat Noir tampoco lo habían encontrado todavía.

–No sé si sirve de algo todo lo que estamos haciendo –comentó Alix con cierto escepticismo–. No hay ni rastro de él en ninguna parte. ¿Qué sentido tiene que sigamos buscando?

–Nunca se sabe –replicó Alya–. Quizá veamos algo sospechoso...

–Y en todo caso –añadió Marinette–, ¿qué vamos a hacer si no? ¿Quedarnos en casa y esperar?

–Bueno, es lo que solemos hacer siempre que hay una alerta akuma –señaló Sabrina–. Esperar a que los héroes lo resuelvan todo.

–Pero no ha habido ninguna alerta akuma porque nadie ha visto a esa villana de la que habla el señor Agreste –hizo notar Kim.

–¿Insinúas que se lo ha inventado? –planteó Lila.

–Hay un 32% de posibilidades de que así sea, Lila –replicó Max.

–Pero ¿por qué habría mentido sobre algo así? –preguntó Nino desconcertado–. Y si lo ha hecho, ¿dónde está Adrián?

–¡Es lo que tenemos que averiguar! –concluyó Alya, poniéndose en pie de un salto–, así que... ¡a trabajar!


De nuevo recorrieron las calles en busca de alguna pista sobre Adrián. Marinette se sentía un poco culpable por tener que ocultarles la verdad, pero era necesario. Sobre todo porque Lila seguía al acecho, y ella ya no dudaba de que Adrián tenía razón, y estaba espiando para su padre. Si lo hacía porque sabía que él era Lepidóptero y trataba de confirmar sus sospechas sobre la identidad de Cat Noir, o si realmente creía que a Adrián lo habían secuestrado, o que se había escapado de casa y alguno de sus amigos podría estar escondiéndolo, eso Marinette no lo sabía. Pero, en todo caso, lo último que necesitaban era que Lila consiguiese cualquier información que la acercase mínimamente a la verdad.

Míster Fox siguió trabajando a lo largo de la tarde, de modo que Marinette y sus amigos divisaron a Ladybug y Cat Noir patrullando por los tejados en más ocasiones.

Al caer el sol, sin embargo, puso en marcha la segunda parte del plan.

Cuando ya regresaban al parque para reunirse con los demás, Marinette y Luka recibieron en sus móviles un aviso urgente de Alya.

"¡La han encontrado", decía el texto. "¡Están peleando contra ella en lo alto de la torre Eiffel!".

Luka y Marinette cruzaron una mirada y echaron a correr.

Llegaron a las inmediaciones de la torre justo a tiempo de ver cómo Ladybug y Cat Noir perseguían a Épona por toda la estructura de metal. Marinette contuvo el aliento y miró de reojo a Luka, pero él contemplaba la batalla con preocupación y al parecer no había reconocido a la misteriosa villana de la cola de caballo.

Se reunieron con sus amigos en la base de la torre.

–¿Dónde está Adrián? –preguntó Marinette–. ¿Lo ha visto alguien?

–No, parece que la villana está sola –respondió Alya mientras grababa la pelea con su móvil–. ¡Y no es de extrañar que sea tan escurridiza! ¡Tiene el poder de crear portales de viaje!

–Como Pegaso –murmuró Max con inquietud.

Alya lo miró.

–¿Crees que esa chica tiene el prodigio del caballo?

–¡Quizá solo esté imitando sus poderes! –se apresuró a responder Marinette–. Igual que Volpina imitaba los de Rena Rouge.

Todos asintieron, tratando de ignorar el hecho de que Lila estaba presente. Se consideraba de mala educación recordar a la gente las cosas malvadas que habían hecho cuando estaban akumatizados. Pero eso a Marinette no le importaba en absoluto cuando se trataba de Lila.

–Es posible –comentó Alya pensativa–. Ha creado ya varios portales, y si tuviese un prodigio se habría destransformado ya.

Conteniendo el aliento, el grupo siguió contemplando la pelea, que ahora se desarrollaba en el tercer nivel de la torre, a unos ciento cincuenta metros de altura. Épona era ágil y rápida, y se las arregló para hacer que Ladybug perdiera el equilibrio cuando trató de atraparla. La villana le asestó entonces una formidable patada y la arrojó al vacío.

–¡Nooo! –exclamó Cat Noir.

Se lanzó hacia ella temerariamente, y todos los presentes lanzaron una exclamación de horror.

Pero el superhéroe logró atrapar a su compañera al vuelo, enganchó su bastón a la estructura de la torre y, con una prodigiosa acrobacia, los puso a ambos a salvo.

Todos lo ovacionaron desde el suelo mientras Ladybug se abrazaba a él con un gesto mucho más tierno de lo que era habitual en ella.

"Cuidado, Míster Fox", pensó Marinette, pero sonrió. No podía reprocharle al pobre chico que, después de todo lo que había pasado, aprovechara la ocasión para lucirse un poco.

Desde lo alto de la torre, Épona los observaba con profundo desdén.

–¡Jajaja! –rió–. ¡Nunca conseguiréis atraparme, Ladybug y Cat Noir! ¡Y tampoco encontraréis a Adrián Agreste! ¡Es mío, mío para siempre!

Kagami cruzó una mirada con Marinette.

–Oh, no –murmuró con cierto hastío–. Otra fan.

Lila desvió la mirada, molesta. Toda aquella situación recordaba mucho a la primera aparición de Volpina, y Marinette se preguntó si Adrián no lo estaría haciendo a propósito.

Épona desapareció a través de un portal, y Ladybug y Cat Noir, que se habían lanzado de nuevo en su persecución, saltaron tras ella.

El portal se cerró, tragándoselos a los tres.

Todos aguardaron con expectación, pero ni los héroes ni la villana volvieron a aparecer.

–Y ahora, ¿qué hacemos? –murmuró Rose, desconcertada.

A Marinette se le ocurrió una idea.

–Creo que deberíamos volver todos a casa –sugirió–. Aquí no podemos hacer nada. Además, Ladybug y Cat Noir ya se están ocupando de todo, y si necesitan ayuda, sin duda sabrán a quién pedirla.

–Oh –murmuró Alya, y cruzó una mirada de entendimiento con Nino–. Tal vez... tal vez tengas razón.

–Estoy de acuerdo –asintió Kagami, y Luka también se mostró conforme.

Los portadores de prodigios habían entendido que, si los héroes necesitaban refuerzos, no podrían recurrir a ellos delante del resto del grupo. De modo que, de pronto, empezaron a farfullar excusas sobre cosas que tenían que hacer con cierta urgencia.

Marinette sonrió para sus adentros. Las ilusiones de Míster Fox habían alejado de ella todas las sospechas, porque Épona, Ladybug y Marinette habían sido vistas al mismo tiempo en el mismo escenario. Por otro lado, la pelea entre los héroes y la supuesta villana daría a sus enemigos algo en qué pensar.

Y, además, si Alya daba por finalizada la búsqueda, ella podría marcharse a casa para reunirse con Adrián y poner en marcha la siguiente fase del plan, la que daría comienzo en cuanto se pusiese el sol.

La más complicada y peligrosa de todas: el asalto a la mansión Agreste.


NOTA: Últimamente no puedo actualizar tan a menudo como antes, ni siquiera en el caso de los capítulos cortos. Os pido paciencia. Pero os puedo confirmar que la historia sigue adelante, sin prisa pero sin pausa. ¡Muchas gracias por seguir ahí! :D