Caía ya la noche sobre la mansión Agreste cuando Nathalie entró en el despacho de su jefe. Lo encontró absorto en la pantalla de su ordenador, observando el mismo vídeo una y otra vez.

Ella carraspeó para llamar su atención, y Gabriel Agreste alzó por fin la mirada.

–Señor –dijo Nathalie–, he estado hablando con Lila Rossi.

–¿Y bien?

–Ha pasado todo el día con los amigos de Adrián, que han estado buscándolo por toda la ciudad. No ha visto nada sospechoso.

–¿Estaban todos? –preguntó él, sin cambiar de expresión.

–Todos los que teníamos en la lista como héroes ocasionales, sí –respondió ella, consultando su tableta–: Nino Lahiffe, Alya Césaire, Kagami Tsurugi, Luka Couffaine, Kim Le Chien y Max Kanté.

–¿Y Chloé?

–Al parecer estuvo "vigilando los tejados" desde la azotea del hotel Le Grand Paris.

–Humm –murmuró Gabriel, pensativo.

–¿Sospecha usted de ella? ¿Cree que Ladybug le habría confiado otro prodigio, después de todo lo que pasó?

–Barajábamos la posibilidad de que Épona fuese una nueva heroína elegida por Ladybug para sustituir al portador del prodigio del caballo, o incluso la propia Ladybug, pero lo que ha sucedido esta tarde en la torre Eiffel me hace dudar. Ven, mira.

Intrigada, Nathalie avanzó hasta situarse a su lado y observó en silencio el vídeo que se reproducía en la pantalla, y que mostraba a los héroes de París luchando contra Épona en la torre Eiffel.

–Lila me lo había contado –dijo ella al fin–, pero aún no lo había visto con mis propios ojos. Sin embargo, esta Épona no es una villana akumatizada.

–Obviamente, no –coincidió Gabriel–, pero tampoco parece ser aliada de Ladybug.

–¿Por eso ha pensado usted en Chloé Bourgeois? ¿Porque puede que Ladybug le haya confiado un prodigio y ella lo haya utilizado para sus propios fines una vez más? –Nathalie negó con la cabeza–. Ni siquiera Ladybug volvería a cometer el mismo error con Chloé.

Gabriel apagó el ordenador, irritado.

–¿Qué está pasando, entonces? Si Adrián no es Cat Noir, y si Ladybug no se lo ha llevado, directa o indirectamente... ¿quién es esa Épona? ¿Dónde está mi hijo?

Nathalie contempló la pantalla del ordenador, pensativa.

–Tal vez las cosas no sean exactamente lo que parecen –murmuró.

Gabriel le dio la espalda, molesto.

–Me he cansado de esperar y de trabajar con hipótesis que no podemos confirmar –declaró–. A estas alturas, y si no lo han secuestrado, Adrián debería haber vuelto a casa por voluntad propia. Así que vamos a tener que empezar a buscarlo de forma más... activa.

Nathalie abrió la boca para replicar, pero finalmente decidió permanecer callada y se limitó a asentir en silencio.


El Gorila estaba sentado en uno de los sillones del recibidor, con la cabeza gacha, los hombros hundidos y gesto desconsolado. Había perdido a Adrián y ahora no sabía qué hacer con su tiempo. Se sentía confuso y culpable, pero sobre todo... se sentía inútil y vacío, como si su propia existencia no tuviese ya sentido.

Había pasado todo el día dando vueltas en coche por París, atento a cualquier pista que pudiese conducirlo hasta su protegido. Había visto a los héroes corriendo por los tejados, se había cruzado con algunos de los amigos de Adrián, que también lo estaban buscando... pero nada más.

Ahora había vuelto a la mansión Agreste, hundido y derrotado, sin saber qué más hacer. Su jefe no le había dado instrucciones, ni siquiera se había enfadado con él. Se había limitado a encerrarse en su despacho e ignorarlo durante todo el día, y el Gorila se sentía un cero a la izquierda. Habría preferido que el señor Agreste le diese alguna orden, aunque fuese a gritos. Pero su silencio era incluso peor que sus accesos de ira.

De pronto, una pequeña mariposa de color púrpura se fusionó con el móvil que aún sostenía entre sus manos, con la vana esperanza de recibir alguna señal de Adrián. El Gorila alzó la cabeza, atento a la presencia que acababa de percibir en su cabeza.

"Gorilator", susurró una voz. "Has vuelto a perder a tu protegido, pero yo te daré el poder que necesitas para encontrarlo de nuevo. La villana que se lo ha llevado es astuta y escurridiza, así que tendrás que moverte con rapidez y sigilo. Pero podrás seguir su rastro igual que la última vez, y podrás encontrarlo dondequiera que se esconda, incluso si se oculta tras una máscara, incluso si utiliza portales para viajar de un lado a otro."

El guardaespaldas se alzó, decidido, mientras el poder de Lepidóptero lo transformaba. Gorilator era una criatura muy similar a Gorizilla, pero mucho más ágil y pequeña. Su pelaje era de color gris oscuro, para camuflarse mejor en la penumbra. Cuando alzó la cabeza y husmeó en el aire, sin embargo, comprobó con satisfacción que su sentido del olfato volvía a ser sobrehumano.

Salió por la ventana y trepó por la fachada de la mansión sin la menor dificultad. Momentos más tarde corría por los tejados como una sombra, en busca del muchacho que había perdido.