Adrián y Marinette cruzaron una mirada y se volvieron hacia sus kwamis.

–Muchas gracias, Trixx –dijo el chico, y el pequeño zorro le respondió con una inclinación de cabeza:

–Ha sido un placer.

Adrián se quitó el colgante, y el kwami desapareció sin más. Marinette tragó saliva antes de mirar a Tikki.

–No puedo llevarte conmigo, Tikki –le dijo.

Ella sonrió.

–Lo sé, Marinette. No te preocupes. Tened mucho cuidado y, sobre todo, daos prisa. Recuerda que, si Lepidóptero akumatiza a alguien, no podrás purificar su akuma sin mí.

–Tendremos mucho cuidado –le aseguró Marinette–. Y volveremos pronto, y con los prodigios perdidos.

Tikki asintió y sonrió de nuevo. Se abrazaron, y entonces Marinette se quitó los pendientes, y Tikki desapareció.

Con un nudo en la garganta, la chica devolvió los pendientes y el colgante del zorro a la gran caja-huevo de color rojo que reposaba sobre su diván. Todos los compartimentos seguían abiertos, y Marinette contempló los prodigios, pensativa.

–Tienes un plan, ¿verdad? –murmuró Adrián a su lado, inquieto–. Por favor, dime que tienes un plan.

–Lo tengo, no te preocupes –respondió ella.

Inspiró hondo y alargó la mano hacia el prodigio del ratón.

–¡Multimouse! –exclamó Adrián, encantado.

Ella se volvió hacia él con una sonrisa mientras se ponía el colgante alrededor del cuello y Mullo se materializaba junto a ella.

–Veo que eres un fan –comentó.

–Multimouse es mi segunda superheroína favorita, por detrás de milady –respondió él, guiñándole un ojo.

Marinette se sonrojó un poco. Sacudió la cabeza, tratando de centrarse, y se volvió de nuevo hacia la caja de los prodigios. Tras dudar un poco, cogió también el prodigio de la abeja.

–No me digas que vas a contar con Chloé –soltó Adrián, estupefacto.

–Ni en broma –replicó ella, y se puso ella misma el pasador de pelo.

Adrián se mostró desconcertado un momento, pero luego desvió la mirada, un poco decepcionado. Marinette comprendió que había esperado que el prodigio fuese para él.

–No te preocupes –le dijo, con cariño–. Tengo uno mucho mejor para ti.

Adrián contempló con nostalgia el anillo del gato negro, pero sabía que su compañera, que había renunciado voluntariamente a su propio prodigio para mantenerlo a salvo, no iba a devolvérselo. Sin embargo, dio un respingo cuando la vio seleccionar el brazalete de la serpiente.

–Marinette, no –le advirtió.

Ella se lo tendió de todas formas. Él dio un paso atrás.

–No es una buena idea –le advirtió–. Acuérdate de lo que pasó la última vez.

–La última vez utilizaste el prodigio de la serpiente para vencer a Miracle Queen y a todos nuestros aliados hechizados –le recordó ella–. Y lo hiciste fenomenal.

–No es lo mismo.

–¿Por qué no? –preguntó ella sin entender.

–Porque también... porque no... porque... –tartamudeó él, enrojeciendo–. Porque no es lo mismo –concluyó–. Entonces yo no era solamente yo.

Marinette comprendió al fin.

–Oh. Crees que lo que te convierte en un héroe es el prodigio del gato, el hecho de ser Cat Noir. Y que, si le doy este prodigio a Adrián Agreste... y no a Cat Noir..., no podrá estar a la altura.

Adrián le dio la espalda, turbado. Eso era exactamente lo que le pasaba por la cabeza, pero no habría sido capaz de expresarlo de forma tan directa.

Marinette se acercó a él y lo abrazó por detrás, apoyando la mejilla en su espalda.

–Eres un gran héroe –le susurró con cariño–, independientemente del prodigio que lleves. O incluso aunque no llevases ninguno. Por eso te eligió el maestro Fu, y por eso yo volvería a elegirte una y mil veces sin dudarlo ni un solo momento.

Adrián tragó saliva, emocionado.

–Gracias, bichito –dijo con la voz ronca, aún sin atreverse a mirarla–. Sé que confías en mí, pero tengo que ser responsable. Si algo sale mal...

–Todos merecemos una segunda oportunidad, Adrián –cortó ella, ofreciéndole el brazalete de la serpiente–. Especialmente tú.

Él bajó la mirada hacia el prodigio que le ofrecía Marinette. Después se volvió para mirarla a los ojos. Ella lo contemplaba con tanta fe y cariño que fue incapaz de decirle que no.

Asintió y alargó la mano para tomar el brazalete.

–Siempre a tus órdenes, milady –respondió por fin, mientras Sass se materializaba junto a él.

Marinette sonrió y lo premió con un beso.

–Pero no hemos acabado, gatito –le dijo–. Tú también tendrás refuerzos.

Y le entregó otro brazalete: el de la tortuga.

Adrián saludó a Wayzz y se colocó la pulsera en torno a su muñeca izquierda, porque en la derecha lucía ya el prodigio de la serpiente. Alzó la cabeza para mirar a Marinette, que lo contemplaba con ternura mal disimulada.

–Te has propuesto protegerme a toda costa, ¿verdad? –le preguntó con suavidad.

Ella enrojeció.

–Yo... bueno, yo... ¿tanto se me nota? –balbuceó, cohibida.

Adrián sonrió y la abrazó con cariño.

–Estaré bien –le aseguró–. Los dos estaremos bien.

Marinette lo abrazó con todas sus fuerzas. Permanecieron un instante así, abrazados, hasta que ella suspiró y se separó de él con cierta reticencia, aunque sin llegar a soltar su mano. Los dos cruzaron una mirada, asintieron y pronunciaron las palabras mágicas, listos para la acción.

Momentos después, Aspik y Multimouse corrían por los tejados de París en dirección a la mansión Agreste.


NOTA: Me gustaría poder terminar este fanfic pronto porque tengo que centrarme en otras cosas, pero estoy en plena etapa de reorganización debido a las nuevas medidas contra el coronavirus que se están adoptando en mi país (está todo cerrado salvo comercios y servicios indispensables, se han suspendido las clases indefinidamente...). Tengo un hijo que tendrá que seguir estudiando desde casa y tengo que organizarme también con el trabajo, así que no sé cuánto tardaremos en adaptarnos a la nueva situación. Probablemente siga posteando capítulos cortos porque me resultará más fácil hacerlo así que desarrollar capítulos largos, pero no sé con qué frecuencia podré publicarlos. De todos modos, como digo, tengo intención de acabar esta historia en cuanto pueda porque, además, ya quedan pocos capítulos para el final. Pero, claro, debido a las circunstancias excepcionales no puedo anticipar un calendario concreto. Muchas gracias por vuestra comprensión.