Aspik y Multimouse se detuvieron sobre el tejado de la casa más próxima a la mansión Agreste para evaluar la situación.

–¿Tienes idea de dónde han puesto las cámaras? –preguntó ella sin dejar de observar su objetivo.

–Seis sobre la verja –respondió él–. Cuatro en cada esquina y dos más en la parte posterior. Todas móviles, salvo una de las de atrás, que es fija y apunta siempre a la ventana de mi cuarto.

Multimouse lo miró con sorpresa.

–Qué profesional –alabó.

Aspik se ruborizó un poco.

–Me fijé bien el día que las instalaron –explicó–. Pero no puedo saber si las han cambiado, si han añadido alguna más... Cómo echo de menos mi visión nocturna –se lamentó mientras entornaba los ojos, tratando de ver mejor en la penumbra.

Multimouse se volvió de nuevo hacia la mansión.

–No vamos a entrar por la ventana de tu cuarto –explicó–. Pero necesitamos llegar hasta el tejado. ¿Crees que habrá algún ángulo muerto?

–Lo dudo mucho. La propia Nathalie supervisó la instalación, y es muy meticulosa.

Multimouse observó pensativa una de las cámaras de la verja, que rotaba lentamente sobre sí misma, y se le ocurrió una idea. Se volvió hacia su compañero.

–Sígueme –susurró.

Saltaron al suelo y cruzaron la calle en silencio, tras asegurarse de que nadie los veía. Se pegaron al muro de la mansión, tratando de pasar inadvertidos.

–¿Y ahora, qué? –preguntó Aspik.

Multimouse se desató la cuerda que rodeaba su cintura y clavó la mirada en una de las cámaras situadas sobre la verja.

–Atento, Aspik –avisó.

Cuando la cámara giró para enfocar la parte delantera de la casa, lanzó la cuerda contra ella. La enrolló en la base del aparato y tiró con fuerza, inmovilizándolo.

–¡Ahora! –exclamó.

Aspik y Multimouse saltaron a lo alto del muro, aprovechando el ángulo ciego de la cámara, y de ahí hasta el tejado de la mansión. Entonces Multimouse recuperó su cuerda con un ligero tirón, y la cámara reanudó su movimiento. Cruzando los dedos para que nadie en la mansión hubiese detectado aquel pequeño parón, se ocultó con Aspik detrás de una de las chimeneas.

–Vamos a hacer lo siguiente –le explicó–. Voy a utilizar mi poder para entrar en la casa y buscar a tu padre y a Nathalie. Les quitaré sus prodigios y volveré a salir.

–¿Cómo...? ¿Tú sola? –balbuceó él.

–No estaré sola. Seremos muchas, y lo bastante pequeñas como para pasar inadvertidas.

–Pero, aún así... ¡solo tienes cinco minutos!

–No. Tendremos cinco minutos... multiplicados por todos los intentos que haga falta –respondió ella, mirándolo fijamente.

Aspik entendió por fin.

–¡Ah! Podría funcionar. Pero, aunque vuelva atrás en el tiempo una y otra vez... tú no recordarás lo que ha pasado. Y no podrás aprender de tus errores.

–Pero tú sí.

Multimouse extrajo un pequeño transmisor del mango de su cuerda de saltar y se lo insertó en el oído. Aspik encontró uno similar en uno de los extremos de su arpa, y se lo colocó también.

–Estaremos en contacto en todo momento –prosiguió ella–. Te contaremos todo lo que veamos y todo lo que suceda. Tú tendrás que volver atrás en el tiempo si algo sale mal, o cuando estén a punto de cumplirse los cinco minutos. Cuando volvamos a empezar, me dirás qué salió mal la última vez y me indicarás los pasos correctos. Así, cada incursión será más rápida y certera que la anterior. Hasta que logremos nuestro objetivo a la primera y en menos de cinco minutos.

Aspik la contempló con admiración.

–Es un plan muy complicado.

–Los planes de Multimouse siempre lo son –respondió ella guiñándole un ojo–. Incluso más que los de Ladybug. ¿Preparado?

Aspik inspiró hondo y asintió.

–¡Multitud! –exclamó ella, y el chico contempló, admirado, cómo se dividía en una docena de superheroínas diminutas–. Cuando quieras –dijo una de ellas, y Aspik puso en marcha el contador de su pulsera.

–¡Segunda oportunidad! –exclamó–. Cinco minutos desde ahora –anunció.

–Muy bien –dijo una Multimouse–. Al entrar he visto un par de ventanas abiertas. No mucho, pero lo bastante como para poder entrar a través de ellas.

–Exploraremos la casa y te informaremos –añadió otra–. Toma nota de todo. Cuando reinicies el contador tendrás que decirnos cuál es el mejor camino.

Aspik asintió, aunque no las tenía todas consigo.

–Todo saldrá bien –le aseguró la primera Multimouse.

Mientras las demás se dispersaban por el tejado, ella trepó por el brazo del muchacho. Estuvo a punto de resbalar sobre las escamas de su traje, pero él la sostuvo con la mano antes de que cayera y la alzó hasta su hombro.

–Tenemos que aprovechar el tiempo, así que solo lo haré una vez –dijo ella, y se puso de puntillas sobre su hombro para besarlo en la mejilla.

El chico sonrió.

–Ten cuidado, Multimouse –le advirtió.

–No tengo miedo –respondió ella, saltando al suelo. Se volvió hacia él para guiñarle un ojo–. Cuento contigo para volver al punto de partida si algo sale mal.

Aspik inspiró hondo, inquieto.

–Todo saldrá bien –insistió ella, y se alejó por fin sin mirar atrás.

Entretanto, las otras Multimouse descendían ya hacia las ventanas, colgadas de sus cuerdas, que, al igual que el bastón de Cat Noir o el yoyó de Ladybug, podían alargarse hasta el infinito. Aspik empezó a escucharlas a través del transmisor.

–Ventana cerrada, subo de nuevo.

–Esta también está cerrada, pero en el piso de abajo veo un hueco. Voy a seguir bajando.

–Estoy en el campo de visión de una cámara. Me escondo en la cornisa hasta que gire.

–¡Vía de entrada en el segundo piso! Una abertura de ventilación en la ventana del cuarto de baño.

Las otras Multimouse empezaron a hablar a la vez, y Aspik las interrumpió, mareado.

–¡Una por una, por favor! –suplicó. Trató de centrarse–. ¿Qué cuarto de baño es? –preguntó.

–El de tu habitación –respondió la Multimouse que se encontraba en aquel punto–. Voy a entrar.

–No es una buena idea –dijo Aspik–. Tendrás que atravesar mi habitación, y hay una cámara oculta en algún sitio. Buscad otra entrada.

–¡La tengo! –exclamó otra Multimouse–. Un balcón en el segundo piso, fachada frontal, a la derecha. La puerta de cristal está un poco abierta.

–Es la habitación de mi padre. Cuidado.

–No hay luz.

–Estoy a la altura del primer piso –anunció entonces otra Multimouse–. Veo a Nathalie en el despacho de Gabriel. Está trabajando en su mesa. Está sola.

–Hay luz en el comedor –advirtió otra–. La ventana está cerrada, pero voy a asomarme a ver.

–He entrado en la habitación de Gabriel. No hay nadie. La puerta está abierta. Voy a salir al rellano.

–Cuidado, Multimouse –murmuró Aspik, tratando de tomar nota mental de todo lo que le decían sus diminutas compañeras.

–Gabriel está en el comedor –informó otra Multimouse–. Se ha quedado dormido en un sillón, pero no hay manera de entrar.

–He salido al rellano. Veo la puerta del despacho desde aquí, está cerrada.

–Las ventanas también... ¡oh, no! ¡Nathalie ha mirado hacia aquí y me ha visto!

–¡Atrás! ¡Atrás! –exclamaron varias a la vez, y Aspik reinició su contador y retrocedió unos minutos en el tiempo.

Y de nuevo las tenía a todas ante él, preparándose para la incursión.

–Muy bien –estaba diciendo una de ellas–. Al entrar he visto un par de ventanas abiertas...

–Nathalie está en el despacho, mi padre se ha quedado dormido en un sofá del comedor –resumió Aspik–. Pero las ventanas y las puertas de ambas habitaciones están cerradas. No perdáis el tiempo intentando entrar por otro sitio, tardaríais demasiado en llegar hasta ellos.

Las Multimouse parpadearon con desconcierto.

–Oh –murmuró una de ellas–. ¿Cuántos intentos llevamos?

–De momento, solo uno –respondió Aspik, sonriendo–. Y ya hemos reunido bastante información. Sabemos dónde están y lo que hacen, pero no cómo llegar hasta ellos.

–Si Gabriel está dormido –dijo una Multimouse, pensativa–, podríamos quitarle el prodigio sin que se diera cuenta.

–A Nathalie habrá que inmovilizarla –añadió la Multimouse que llevaba prendido en el pelo el prodigio de la abeja.

–Para eso tendréis que llegar hasta ellos –señaló Aspik.

–Nos dividiremos en dos grupos. Ahora ya sabemos a dónde tenemos que ir.

A él se le ocurrió una idea.

–Podéis entrar en el salón a través de la chimenea –informó–. Nunca la encendemos, es solo decorativa porque tenemos calefacción central.

Las Multimouse le dedicaron una sonrisa radiante.

–¡Muy bien pensado!

Pusieron en marcha el plan. La mitad de las Multimouse entraron en la mansión a través de la ventana del cuarto de Gabriel y exploraron el mejor camino para llegar hasta el despacho. Descubrieron que ahorraban mucho tiempo si se deslizaban hasta la planta baja por el pasamanos de la escalera como si fuera un tobogán, pero una vez ante la puerta del despacho ya no supieron cómo entrar.

Las otras Multimouse se descolgaron con sus cuerdas por el interior de la chimenea. Llegaron hasta el salón y descubrieron allí a Gabriel dormido sobre el sofá. Treparon por su pierna y registraron su ropa y sus bolsillos en busca del prodigio. Sin embargo, una de ellas caminó imprudentemente sobre su mano y Gabriel notó el contacto. Cuando se despertó, sobresaltado, las Multimouse gritaron:

–¡Atrás!

Y Aspik, en el tejado, reinició el contador.

Por tercera vez estaban todas ante él, preparándose para asaltar la mansión.

–Muy bien. Al entrar he visto...

–Gabriel dormido en el salón, podéis entrar por la chimenea –cortó él–. No sabemos aún dónde tiene el prodigio, pero no está en sus bolsillos. No toquéis sus manos.

Multimouse abrió la boca para decir algo, pero finalmente decidió callar y asintió.

–Nathalie está trabajando en el despacho, puertas y ventanas cerradas –prosiguió Aspik–. Podéis entrar a través de una ventana abierta en el segundo piso y bajar deslizándoos por el pasamanos para llegar más rápido. Habrá que inmovilizarla con una Picadura. Pero primero hay que conseguir que abra la puerta.

Las Multimouse cruzaron una mirada.

–¡Entendido!

Aquella tercera vez todo fue mucho más rápido y fluido, porque sabían dónde tenían que ir y lo que encontrarían allí. El primer grupo de Multimouse encontró la manera de izarse hasta el pomo de la puerta del despacho, y una vez allí llamaron a la puerta. Pero eran demasiado pequeñas como para que el golpe se escuchase con claridad al otro lado.

El segundo grupo registró de nuevo a Gabriel Agreste mientras dormía y halló por fin el prodigio de la mariposa oculto tras su corbata. Pero, cuando una de las Multimouse estaba a punto de arrebatárselo, Nooroo salió de pronto del interior del chaleco de Gabriel y lanzó una exclamación de sorpresa al verlas.

Gabriel se despertó, y Aspik retrocedió en el tiempo una vez más.

Repitieron la operación una, dos, tres, cuatro veces. Las Multimouse aprendieron a golpear un portalápices contra la puerta del despacho de Gabriel, obligando a Nathalie a abrir porque pensaba que alguien estaba llamando al otro lado. Cuando lo hacía, una de las Multimouse estaba lista para saltar sobre ella. Lo repitieron varias veces hasta que salió bien.

Entonces, al inicio de la siguiente incursión, la Multimouse que portaba el prodigio de la abeja lo fusionó con el suyo propio para poder inmovilizar a Nathalie. Y las demás la registraron mientras estaba paralizada hasta hallar bajo su chaqueta el broche de Mayura.

Entretanto, el otro grupo de Multimouse había aprendido a bajar por la chimenea con rapidez, a advertir a Nooroo de su presencia para que no se sorprendiera y a desprender el broche oculto tras la corbata de Gabriel, y todo ello sin despertarlo.

La siguiente fase de la operación consistía en que las Multimouse debían volver a fusionarse en una sola para huir de la mansión antes de que concluyeran los cinco minutos que tenían de margen.

Después de diecisiete intentos, habían logrado ejecutar el plan hasta el momento en el que tenían que fusionarse. Pero aún necesitaban ganar unos cuantos segundos más para poder salir de la mansión antes de transformarse. Al comienzo de cada intento, Aspik repetía las instrucciones cada vez con más rapidez, claridad y precisión. Pero no era suficiente.

–Tenéis que ser más rápidas, chicas –les dijo al inicio de la decimoctava operación.

–Esta será la buena, ya lo verás –respondió Multibee, antes de descolgarse desde el tejado hasta la ventana abierta. La había atravesado ya diecisiete veces, pero para ella era siempre la primera.

Cuatro minutos y medio más tarde todas las Multimouse se reunieron en el recibidor de la mansión Agreste portando los prodigios de la mariposa y el pavo real. Nathalie las contemplaba impotente desde la puerta de su despacho, incapaz de moverse o de dar la alarma, mientras Gabriel seguía dormido en el comedor.

–Lo vamos a conseguir –murmuró Aspik, emocionado.

Y justo entonces sintió algo a su espalda. Se dio la vuelta justo a tiempo de ver una forma simiesca saltando hacia él desde la oscuridad.


NOTA: Perdón por el cliffhanger :D. Prometo no tardar mucho en traer la continuación.

¡Mucho ánimo a todo el mundo, en cuarentena y sin ella! ¡Y un saludo especial a todas las mamás que me estáis leyendo! Muchos besos desde la distancia y lucky charms para todo el mundo.