Vaggie caminaba con los brazos cruzados y la mirada seria; Angel ni siquiera necesitaba preguntarle el porque, él mismo lo sabía. Le dolía tanto como a ella ver a Charlie perdida en una inconsciencia total.
—Quiero que deje de llorar —murmuró Vaggie caminando por los oscuros pasillos de la mansión de Alastor.
Angel suspiro suavemente acercándose un poco a ella pero sin atreverse a tocarla
—Ella estará bien —comentó Angel mirando hacia el final del pasillo donde un enorme ventanal le permitía ver el oscuro cielo.
Ambos se detuvieron frente a una habitación a la derecha del pasillo. Al entrar los suaves sollozos de Charlie llamaron su atención; en la cama la chica se aferraba a Dazzle, quien al verlos entrar emitió un sonido lastimero indicando su preocupación por su ama.
Vaggie suspiro al verla así de nuevo, Angel a su lado solo cerro la puerta, no sin antes ver a Black colarse al cuarto y pararse a un costado de la cama de la chica.
—¿Black? —preguntó Angel en voz baja acercándose hacia la cama donde Vaggie ya se había subido y acariciaba el cabello de su novia.
—Alastor —murmuró mirando hacia la chica.
Para Angel eso fue extraño, pero si Alastor consideraba prudente mantenerla bajo vigilancia entonces el estado de la chica era más preocupante de lo que creía. Se sentó al pie de la cama y solo se quedo en silencio escuchando las dulces palabras que le decía Vaggie a Charlie.
Sonrió ante esa escena.
Ellas dos eran amor puro, se necesitaba estar ciego para no darse cuenta; Vaggie siempre apoyaba a Charlie en sus locuras pero al mismo tiempo le ayudaba a poner los pies sobre la tierra y Charlie a su vez, era la única que podía hacer que Vaggie sonriera genuinamente y mostrara un poco de vulnerabilidad. Ambas se complementaban.
—Vag no pude protegerlo —gimió Charlie, Vaggie miró de reojo a Angel y le indico que se acercara, cosa que Angel hizo de inmediato.
—Hiciste todo lo que estuvo en tus manos, cariño —repitió Vaggie sin detener las caricias.
—¡El hotel Vaggie! —sollozo apretando a Dazzle después de un momento.
—Eso no importa —interrumpió Angel preocupado por verla en aquel estado—, siempre podemos levantarlo de nuevo.
—Pero-
—Tiene razón, corazón —le dijo Vaggie haciendo que la viera—, temí tanto perderte, que importa un mugroso hotel.
Charlie al ver la cara preocupada de Vaggie derramando otro puñado de lágrimas.
—Se que no quieres escuchar esto, Charlie —comentó Angel—, pero es una suerte que no les haya pasado nada grave —dijo ya sabiendo que sus palabras podrían herir a Charlie—, Razzle lo hizo para protegerte.
—El te amaba tanto que dio su vida por ti —musitó Vaggie recostandose para abrazarla—, soportalo por él.
—Duele mucho —sollozo soltando a Dazzle quien gateo hasta Angel.
Este lo tomó y con cuidado bajo de la cama para dejar a ambas chicas solas, camino hacia la puerta y antes de salir le dedicó un última mirada a la pareja.
Sabía que estarían bien, solo era cuestión de tiempo.
Mientras caminaba por aquel gigantesco lugar miró hacia Dazzle, notando su cara larga.
—Hey amiguito —rió Angel apretandolo un poco—, gracias por proteger a nuestra niña —dijo para darle un beso en la frente, recibiendo una lamida en la cara en respuesta—, fueron muy valientes.
Y mientras caminaba agradeció que toda esa pesadilla por fin hubiera terminado. Era la primera vez en décadas que realmente se sentía libre.
Sin embargo una idea que había estado bloqueando resurgió con fuerza en su cabeza, ¿ya era hora de redimirse? Miro hacia la pequeña cabra que estaba entre sus brazos y de pronto sintió temor por recordar todo lo malo que había hecho en vida más lo sumado en muerte.
¿De verdad podía redimirse?
