Harry Potter pertenece a JK Rowling.

49: La Treta del Nuevo Ministro.

Cornelius Fudge, había decidido que James Potter lo sucediera, como nuevo Ministro de Magia, pero tanto él, como Amelia Bones (la segunda en la candidatura), dijeron que sería enfrentarse directamente a Voldemort, pues apenas, y habían logrado reconstruir el edificio ministerial, hacerlo funcionar no sería tan fácil.

Pero, rápidamente, Cornelius, James y Amelia, hablaron con Harry, sobre los peligros de que alguien tomara el cargo de ministro, pues desconocían los actuales actos de Voldemort, además de tener en cuenta que había hecho explotar el edificio ministerial, pero rápidamente, se vieron sus actos terroristas, había estado causando estragos: destruyendo edificios Muggles y mágicos, calles enteras, puentes, etc.

Pero, los magos que se consideraban "buenos", se mantenían alerta, reconstruían y usaban en Obliviate en los Muggles.

Los tres magos (con la ayuda de Harry), crearon a un mago, solo usando la Magia de Vida, a la cual Harry tenía acceso y, gracias a que Julius y su esposa, dejaron a su primogénita como futura señora Greengrass, en el acto de su muerte, a causa de que fueron atacados por los Mortífagos, enviando a Daphne tomó los 3 asientos Greengrass, Harry tomó los 9 asientos, que se sumaban entre Potter y Black, así mismo tenían a los Bones, Longbottom, Brown, Abbott, McGonagall, Brown, Patil, Weasley y Zabini, de su parte.

Ganaron incluso a las casas menores: Dumbledore, Thomas y Goldstein.

El Mago, Andreas Morningstar, tomó el control del Wizengamot, sacando de paso a Albus del poder, y tambien tomando el puesto como Ministro de Magia, este hombre era (literalmente), un títere de carne y hueso, controlado por Amelia y James, logrando la parte lumínica del Wizengamot, atarle las manos a la parte oscura, colocando con gran velocidad, una serie de normas, haciéndolas 100% legales y armando redadas, contra las familias oscuras, logrando quitarle a Voldemort muchos de sus soldados humanos.

Todo esto, era para que Voldemort perdiera los estribos, el control sobre sí mismo y cometiera un error, que les permitiera matarlo definitivamente.

Albus vio con pesar, como el supuesto lado lumínico del Wizengamot, ya no lo seguía, pero también vio como los actos tenían un mayor logro en el mundo, que las palabras.

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Voldemort estaba furioso, al ver como este sujeto, salido de la nada, acababa de llegar al puesto de Ministro de Magia, golpeando de forma rápida, y eliminando gran parte del poder que él necesitaba. Se suponía que sería SU plan, el que tumbaría a Dumbledore, se suponía que sería alguno de SUS Mortífagos, quien llegaría a ser Ministro de Magia. Ahora, solo le quedaba agazaparse y ver, como seguiría todo. Necesitaba saber qué clase de leyes sacaría este Ministro e investigar sobre él.

¿Quién demonios era, este sujeto?

―Mi lord, he descubierto algo ―dijo una voz masculina y susurrante.

― ¿De qué se trata, Severus? ―preguntó Voldemort, girándose para mirarlo.

―Hace unos dos o tres años, Dumbledore se reunió con varios simpatizantes y miembros de la orden del fénix, siendo atacados desde dentro ―dijo él.

― ¿Desde dentro? ―repitió a modo de pregunta, Voldemort, confundido.

―No sé de qué se trató, pero parecían estar planificando algo ―dijo Snape ―Fueron envenenados, con un somnífero y a Dumbledore le fue arrebatada la Varita de Saúco.

Ante tales palabras, Voldemort, tambaleante y lentamente, se aproximó a la biblioteca Nott, comenzando a buscar, entre sus volúmenes, hasta dar con un libro grande, de tapa roja, el libro era tan voluminoso y pesado, que cayó al suelo, con un ruido sordo, Severus vio al hombre realizar una mueca de enfado y agacharse, recogiéndolo con mucho esfuerzo, para luego colocarlo en una mesa y comenzar a pasar páginas, hasta una en específico ―Esto. Con esto, podremos saber quién tiene actualmente, en su poder la Varita de Saúco, pues nosotros aun poseemos ―se metió una mano al bolsillo, sacando una piedra negra pequeña ―La Piedra de Resurrección. Realiza este ritual alquímico, antes de que vuelvas a Hogwarts, Snape.

―Sí, mi lord ―dijo el hombre de negros cabellos, tomando el libro y la piedra, y retirándose al segundo piso de la casa, sin ver como Voldemort caía casi sin fuerzas, en su silla.

El pálido y calvo hombre de ojos rojos, miró su mano derecha y una mueca de espanto, apareció en su rostro, al ver como la piel de su mano derecha se arrugaba ―Estoy perdiendo. Estoy perdiendo, muy rápidamente. Necesito elegir y decidir, qué haré a continuación. Antes... antes de que ni siquiera, sea capaz de emplear mi magia.

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En una casa ubicada en la ciudad de Múnich, Alemania, se encontraba una pareja muy joven, conviviendo como lo que eran: recién casados. La joven rubia de ojos azules, abrió sus ojos, cuando la luz del sol, la alcanzó, el movimiento que hizo, tratando de protegerse del sol, causó que su esposo despertara y le abrazara, acercándolo a ella.

― "Obscuro" ―susurró Harry, una gran cortina negra se formó en la ventana.

― "Gracias por intentarlo, amor" ―susurró Daphne, girándose y besándolo en los labios― "Pero ya estoy despierta" ―Harry gruñó, algo enfadado con el sol, por interrumpir su sueño, envió magia por su cuerpo, y al de su esposa, activando las runas de anticoncepción, antes de entrar, de la forma más delicada que pudo permitirse, en su esposa, haciéndola gemir.

Ambos lo sentían, ambos podían notar perfectamente ese presentimiento de que algo muy malo, iba a pasar. Pero, al mismo tiempo, la calma política, colocada por Andreas Morgenstern era algo que se necesitaba este año de 1996, pues para Harry, estaba más que claro, que Voldemort intentaría algo. Sabía que aún no se había rendido, sabía que seguiría intentando algo.

Eso lo tenía intranquilo, pero podría ir, contra aquello que viniera, solo necesita mantener la calma.

Daphne, Hermione y él, eran un equipo al cual no lograrían tumbar.

Siempre y cuando, Daphne y Hermione, pudieran mantener la calma mental de Harry, entonces todo saldría muy bien.

La pareja se levantó de la cama, se bañaron juntos, no intentaron caer en la pasión, estando en el baño, el día anterior se habían resbalado y Harry se llevó la peor parte, cuando su espalda golpeó contra la pared del baño, salieron, se vistieron con la ropa de estar por casa, fueron al comedor, donde Daphne besó a Harry ― "Yo prepararé el desayuno" ―Harry asintió, escuchó un ululato, caminó hasta la ventana y sonrió, cuando un par de lechuzas, dejaron caer al suelo, sus cartas de nuevo año de Hogwarts.

―Amor, ya llegaron las cartas de Hogwarts ―anunció el rubio, abriendo la suya― "Libro Reglamentario de Hechizos 6° Grado"

―Eso era obvio, amor ―dijo Daphne, mirándolo ―Te apuesto, a que está el libro: "Enfrentarse a lo indefendible"

―Sí. Sí lo está―dijo Harry, para luego reírse del título de uno de los libros― "Plantas Carnívoras del Mundo". Encantamientos, Pociones, Transformaciones, Herbología, Defensa, Historia y Astronomía.

Daphne frunció el ceño― ¿Y tus optativas y extracurriculares? ―preguntó extrañada. Harry solo compraría los libros de las materias obligatorias.

―No tengo. Jamás tomé alguno. ―reveló, dejando de piedra a su esposa, la cual lo miró un segundo, sirvió sus desayunos y los colocó en la mesa.

―Flitwick va a matarte ―le acusó ella.

―Es elección del alumno, si toma clases optativas o no lo hace ―le recordó su marido.

―Sí. Eso ya lo sé, pero... ―el periódico llegó, Harry se paró y lo pagó― ¿Y qué les dirás a tus padres, cuando se enteren, de que solo asistes a las clases obligatorias, sin ninguna optativa o extracurricular?

Harry se encogió de hombros, volvió con el periódico y solo leyó el titular ―Continúan las leyes anti-Mortífagas del nuevo ministro Morningstar. ―Marido y mujer, se sonrieron. El plan iba viento en popa o, en palabras más entendibles, y sin modismos: Todo iba muy bien.

Todo aquel que fuera Mortífago y que no hubiera muerto en el cementerio, durante la última prueba del Cáliz de Fuego, tendría que ocultarse.

Los magos de bien, podrían seguir sus vidas tranquilas.

Serían las nueve de la mañana, cuando Harry y Daphne, compraban los ingredientes de pociones, luego de comprar los libros de nuevo año, claramente Daphne llevaba un par de libros extra, ella había tomado Runas Antiguas y Aritmancia, desde tercer año.

― ¿Tienes todo? ―preguntó Harry.

―Sí ―dijo Daphne ―Aun creo que va... ―un forcejeo sonó cercano. Tan cercano, como la tienda de Ollivander, que solo eran cuatro pasos, ambos sacaron sus varitas y entraron, viendo a Ollivander desmayado y a un par de Mortífagos, aproximándose a él.

Harry saltó la barra y pasó a la trastienda, velozmente, los Mortífagos (pues llevaban túnicas y máscaras plateadas), se giraron para mirarlo― ¡DIFFINDO IMPERIAL! ―exclamó Harry, dejando ir una negra cuchilla mágica, los Mortífagos no alcanzaron a hacer nada, debido a los pocos metros que los separaban de Harry, resultando sus manos derechas y sus brazos izquierdos, separados de los cuerpos, haciéndolos a ambos, aullar de dolor.

¡Desmaius! ―exclamó Daphne rápidamente, causando que ambos cayeran al suelo― ¡Congelado! ―exclamó, mientras que un rayo helado cauterizaba de mala manera las heridas, de ambos sujetos enmascarados.

Harry se arrodilló ante Ollivander y le apuntó al rostro― "Rennervate" ―el fabricante de varitas despertó y miró a Harry, con sus ojos grises muy abiertos ―Tranquilo, Garrick. Estás a salvo. Lo hiciste muy bien, al provocar ese ruido, al luchar contra ellos ―miró hacia atrás, igual que el anciano, mientras que este era ayudado por Harry, a ponerse de pie ―si no hubieras atacado de la forma, en la cual lo hiciste y provocado ese ruido... quizás la historia hubiera sido muy diferente.

―Gracias, Harry, Daphne ―dijo el anciano, que apenas y estaba comprendiendo las palabras del Potter-Black ―O debería decir, Lord y Lady Black ―ambos se sonrojaron.

― ¿Sabe por qué intentaron secuestrarlo, señor Ollivander? ―preguntó Daphne preocupada, mientras que, entre ambos jóvenes, lo sacaban de la tienda y lo llevaban a la tienda de té llamada "Bolsa de Té de Rosalee", donde Daphne pidió un té negro, Harry un té verde y Ollivander un té de manzanilla.

― "Si Daphne, sé por qué intentaron secuestrarme" ―susurró el fabricante de varitas― "Si es que él sigue vivo, si es que Tom Ryddle aún está al mando de los Mortífagos, entonces solo puedo pensar y creer, que desea información sobre la Varita de Saúco"

― "Dumbledore se atrevió a atacarme, hace ya varios años, antes de iniciar mi cuarto año, más o menos" ―susurró Harry, Daphne ahogó un grito y el rostro de Ollivander, adquirió una máscara de sorpresa, asombro e incredulidad― "Me atacaron con Legeremancia, pero los contraataqué y los encerré dentro de mi mente, con mi Oclumancia, desarmé a Dumbledore, y, mientras tanto, envié un clon, creado con la Magia de Vida, para arrebatarle al anciano la Varita de Saúco, mientras dormía, la original ya fue destruida, ahora, solo quedan dos reliquias: la capa y la piedra"

― "¡Destruiste la varita de saúco!" ―le recriminó Ollivander, como si acabaran de confesarle, que habían sido ellos, los asesinos de Merlín o del Rey Arturo o de la Reina Isabel

― "¿Qué otra cosa pude haber hecho, al tenerla en mi poder, Garrick?" ―contraatacó el joven, mientras que bebía té y su esposa bebía, sin dejar de mirarlo, ¿era esto en serio?, Harry no quitó sus negros ojos, de los grises de Ollivander― "¿Permitir que más y más magos, lograran hallarla y asesinarse unos a otros, con tal de llegar a poseer la varita?" ―Harry negó con la cabeza― "Fue lo mejor para los magos del planeta entero; mientras que esa varita siguiera existiendo, otros vendrían por ella; solo Dios y Lucifer saben, cuanta sangre tendría esa varita encima" ―Ollivander suspiró, Harry tenía razón.

Ahora, Harry y Daphne, junto con los otros miembros de su generación, se preparaban para ingresar a Hogwarts.

Mientras que Daphne, por ser en parte la reina y madre de las hadas, por haber sido Morgana, la esposa de Merlín, tenía aquel presentimiento.

Un presentimiento que ella solo podía describir como: El fuego del caos.