Fragmentos


Cuerpazo


Imagen 138


—No —dijo Vegeta mientras bajaba hacia el primer piso con dirección a la cocina con Bulma pisándole los talones.

—¿Por qué no? —insistió la mujer pegada a él. Se le había metido en la cabeza que Vegeta los acompañara a la playa y ella siempre conseguía lo que quería.

—Porque simplemente no —respondió con el ceño fruncido, especialmente cuando vio a Trunks y Goten corriendo por la sala con estúpidos flotadores amarillos de forma de pato alrededor de sus cinturas. Fue tanta la indignación que se detuvo para mirar a su mujer a la cara —. Pueden volar, podrían destruir el planeta entero si quisieran y llevan puesto eso para meterse al agua —exclamó apuntándolos, esperando una explicación satisfactoria de parte de su mujer.

—Son niños —dijo Bulma encogiéndose de hombros, para ella eso era suficiente justificación, pero al parecer para Vegeta no.

El hombre le hizo una mueca antes de reanudar su paso a la cocina y por supuesto Bulma lo siguió, mientras los niños continuaban corriendo y saltando sobre los muebles, imaginando que el suelo era el mar, y todo lo demás rocas.

—¿Qué es lo que quieres a cambio? —preguntó ya en la cocina, a su lado.

—Absolutamente nada —respondió atento al interior del refrigerador. Sacó una botella de jugo de fruta y la bebió ahí mismo de pie, esperando que la mujer se cansara de molestar.

—¿Estás seguro? —susurró coqueta y miró hacia la sala en caso de que los niños estuvieran demasiado cerca para escuchar—, porque podría… —Se acercó y le susurró al oído algo que definitivamente podría interesarle para hacerlo cambiar de opinión.

Vegeta la miró con la cara roja, pero rápidamente se compuso y atacó de vuelta.

—Eres peor que yo, tarde o temprano querrás hacerlo aunque no vaya a ese estúpido paseo.

Bulma se cruzó de brazos y frunció el ceño. El muy astuto tenía razón, pero ella era más inteligente, tenía que encontrar otro punto débil.

—¿Vas a dejar que vaya sola a la playa con los niños? —dijo haciéndose la desprotegida—. Una mujer tan atractiva como yo en un lugar lleno de hombres corre muchos peligros.

Vegeta terminó el jugo y se cruzó de brazos.

—Vas con dos niños que pese a estar jugando con esos horrendos patos inflables podrían destruir el mundo, y ciertamente tú podrías hacer lo mismo con esa lengua que tienes. Estarás bien sin mí. —Se encaminó hacia la sala, satisfecho con su victoria. Bulma se molestó, pero contra atacó en seguida.

—¿Ya se acerca tu viaje espacial de entrenamiento, no Vegeta? Todavía no alisto la nave y mi papá está muy ocupado como para trabajar en ella —dijo sonriendo.

El hombre se detuvo enseguida y la miró a los ojos, molesto por aquel chantaje.

—Eres una tramposa.

Bulma lo abrazo del cuello y besó su boca antes de retirarse a su cuarto para preparar las cosas.

—No te preocupes por la ropa, tengo listo tu traje de baño, te verás guapísimo.

Vegeta también fue hacia el segundo piso, pero al pasar por la sala se detuvo justo cuando Trunks y Goten hacían ruidos de pato o algún horrendo animal alado.

—¡Ustedes dos no van a ir con eso a la playa! —Ordenó, y luego continuó con su paso.

Decepcionados, los niños miraron a Bulma en espera de una solución.

—Tranquilos, pueden llevar los otros flotadores, tu padre solo dijo que no a los patos.

Los niños corrieron también al segundo piso a inflar la docena de flotadores de diferentes tamaños y formas que tenía Trunks en una caja.


Ya en la habitación de la pareja, Vegeta se había acomodado en la cama, con las manos detrás de la cabeza, esperando que Bulma escogiera un maldito traje de baño. Ya se había probado más de diez y aún quedaban unos veinte más repartidos de forma desordenada sobre el tocador, mientras que el traje de baño de Vegeta (un short azul largo y una camiseta negra) esperaban por el en la cama.

—Ese ya te lo probaste —dijo aburrido. Siempre era un agrado ver a su mujer desnuda, y posando frente al espejo, pero no cuando estaba obligado bajo chantaje a salir en lugar de hacer algo más provechoso en la cama.

—No, ese no me lo había probado. Es nuevo.

—Pues todos parecen iguales.

—No es así —dijo arreglando los tirantes de un bikini azul—. Tienen diferencias en el diseño y color que los hacen únicos y cada uno resalta algo diferente.

Vegeta puso los ojos en blanco ante esa respuesta, pero ella pudo verlo por el reflejo del espejo de cuerpo entero.

—Te recuerdo que no me dejaste tranquila cuando diseñé tu traje de combate y armadura. Estuviste encima de mí molestando todo el tiempo.

—Eso fue diferente. Es mi traje de combate y debe ser perfecto en todo sentido.

—Lo mismo pasa con mi ropa. No tienes idea los tratos que he cerrado por haber escogido el atuendo perfecto.

Vegeta se limitó a guardar silencio, de lo contrario perderían más el tiempo y ya quería terminar con el paseo que ni siquiera había comenzado.

Casi media hora después, Vegeta vestía su ropa para la playa y el traje de baño indicado para Bulma ya había sido escogido. Un hermoso bikini blanco que realzaba sus curvas y el color de sus ojos y según Vegeta, había sido el de los primeros en probarse.

La mujer se miró un poco más al espejo antes de salir. Le encantaba cómo le quedaba y para haber tenido un hijo no tenía nada que invidiar a las jovencitas que iban a lucirse a la playa. Estaba acostumbrada a acaparar miradas, ser el centro de atención. Los hombres morían por estar con alguien como ella y las mujeres darían lo que fuese para tener esa figura. Siempre había sido así y siempre lo sería.

—¿Nos vamos ya? —preguntó el hombre totalmente aburrido.

—Sí, tranquilo, solo tengo que peinarme, escoger los lentes de sol y nos vamos.

Vegeta respondió con un suspiro de resignación.


Afortunadamente para Vegeta, el viaje no fue largo y pronto se vio librado de viajar con Goten y Trunks detrás de él. Se instaló bajo la sombra de un quitasol con Bulma a su lado mientras los niños no perdieron el tiempo y corrieron hacia el mar junto con un ejercito de flotadores.

—Ves que no era tan terrible. A esta hora no hay mucha gente.

—Podría estar entrenando. Esos niños podrían estar entrenado en lugar de perder el tiempo aquí.

—El mundo no correrá peligro por descansar un día, Vegeta. —Se preocupó de poner bloqueador antes de recostarse en la toalla—. Disfruta el día, y come, que traje un cargamento de comida para los tres.

Eso si le gustó oír. Era maravilloso tener las cápsulas, de esa manera podían acarrear lo que fuese sin problema alguno.

Cuando Bulma estuvo completamente protegida de los rayos del sol, se recostó en la toalla y puso su mejor pose, mientras el hombre estaba sentado, preocupado de comer. Los niños se veían a lo lejos, felices en el agua arrojando una pelota inflable. Definitivamente eran simplemente niños, independiente del poder descomunal que corría en su interior.

Rato después, cuando el sol estaba en su punto más alto, los veraneantes comenzaron a llegar. Para suerte de Vegeta nadie se puso cerca de ellos, pero la gente transitaba de un lugar a otro.

Un grupo de jovencitas de no más de 25 años pasaron conversando con sus voces chillonas y alegres, vestían lindos y coloridos trajes de baño de dos piezas y se pavoneaban ante cualquiera que quisiera verlas. Bulma las observó a todas y definitivamente ella era la más linda. Si Vegeta no estuviera tan preocupado de la comida se daría cuenta de la suerte que tenía de estar con una mujer como ella, que sin ejercicios ni cirugías había logrado mantenerse tan bien.

Cuando el grupo de amigas pasó cerca de ellos, la científica se preparó para ser objeto de admiración. Siempre había una mirada atenta, ya sea a la ropa o el cuerpo y las más animadas le preguntaban cuál era su secreto o comentaban lo linda que era su ropa. Pero esta vez no sucedió nada de eso, en esta ocasión, los susurros y miradas (bastante descaradas, para el gusto de Bulma) fueron todas hacia Vegeta que continuaba con la camiseta puesta, sentado y comiendo. Incluso para lo lejos que ya iban, los comentarios continuaron y casi podía estar segura de que no eran nada inocentes por la forma en que miraban a su hombre y cuchicheaban.

—Niñas tontas —susurró, y regresó a su postura para tomar sol. Cómo se atrevían a ignorarla y además poner los ojos en Vegeta.

Rato después, cuando ya sentía que el sol no estaba tan fuerte, vio a Vegeta levantarse.

¿A dónde vas? —preguntó la mujer ya estando boca abajo, ojeando una revista de moda.

—Al agua —respondió al tiempo que se quitaba la camiseta—. ¿No vinimos a eso?

—¿Y arruinarme el cabello? No gracias. Lo mío es tomar baños de sol.

El guerrero se encaminó al agua, pero evitó ir al mismo lugar donde su hijo y Goten jugaban montados sobre una orca inflable. Bulma continuó revisando la revista, disfrutando del calor.

Rato después, un grupo de hombres llamó la atención de la mujer. Por su figura bien formada y traje de baño similar supo que debían pertenecer a la marina o alguna rama similar. Iban corriendo por la arena, ejercitándose. No le interesaba que le dijeran algo, pero su ego si agradecería alguna mirada interesada hacia su figura, ya que no había recibido ni una sola desde que habían llegado. Por supuesto no quiso parecer ansiosa y simplemente permaneció en la misma posición atenta a su lectura.

Gracias a las gafas para sol podía mirar sin ser descubierta, y con gusto observó cuando todos los hombres se detuvieron para contemplarla. Eso era lo que necesitaba, un poco de alimento para su ego y podía continuar con su vida.

Al ver que los tipos continuaban ahí, y hablaban entre ellos, decidió prestarles atención, especialmente cuando apuntaron más allá de ella y luego a sus propios abdominales y bíceps. Definitivamente no la estaban mirando a ella.

Disimuladamente miró hacia la misma dirección para ver quien era el objeto de culto, y para su sorpresa vio a Vegeta caminar hacia ella. Estaba empapado y el short se había ajustado a su cuerpo y casi podía verlo caminar en cámara lenta con ese impecable cuerpo trabajado, esculpido a mano por los mismos dioses saiyajin que ya quisiera tener cualquier humano obsesionado con sus músculos.

—¿Qué pasa? —preguntó Vegeta cuando se sentó sobre su toalla e inmediatamente Bulma se puso sobres sus piernas y lo abrazó de forma posesiva.

—Nada, solo te extrañé. —dijo arreglando el flequillo que se le había ido a los ojos por culpa del agua. Miró hacia atrás y por suerte los hombres se habían retirado, pero algunos continuaban volteando para seguir viendo la musculatura del hombre, seguramente deseando algún día alcanzar ese tipo de perfección.

Ese día definitivamente sintió miradas de envidia hacia su persona, pero debido al cuerpo equivocado.


Fin.


Bueno, también casi 3 años sin actualizar y aquí estoy. Seré breve porque muero de sueño.

Estoy a punto de ponerme a trabajar en El Legado y la que lee ese fic sabe que es muy duro, por lo que antes quise hacer un one shot relajado para animarme (es lo que más necesitamos en estos periodos turbulentos)

Me costó mucho escoger una imagen, no se me ocurría nada alegre jajajaja, pero de repente vino la inspiración.

Espero que les agrade.

Dev.

27/03/20