Apenas llegar a su habitación se dejó caer sobre la cama. Ni siquiera se tomó la molestia de quitarse su saco. Transcurrieron algunos minutos antes de que Angel por fin llegará y lo viera con las piernas colgando al borde la cama.

Verlo así le causó mucha gracia.

—¿En serio estás tan cansado? —rió al decirlo para acercarse y sentarse a su derecha.

Alastor ladeo la cabeza hasta verle, le sonrió e hizo una seña con su mano izquierda para que se acercara.

—¿Qué te parece si te acuestas y me subo en ti? —bromeo cuando el chico estuvo lo suficientemente cerca, ya sabiendo el efecto que eso causaba en Angel—, tal vez eso responda tu pregunta.

El aludido sintió como sus mejillas se coloreaban un poco ante la picardía en aquellas palabras. Tranquilamente se subió a la cama y se quitó su camisa para dejarla caer en algún lugar, al tiempo que abría sus brazos, invitando a Alastor a dejarse caer entre ellos.

—¡Soy todo tuyo bebe! —exagero el tono ocasionando una gran sonrisa en Alastor—. Haz de mi un desastre —rió guiñandole el ojo.

Este se rió mientras con pereza se deslizó por la cama hasta quedar encima de Angel y dejarse caer sobre él, rodeando el torso de su amante, escondiendo su rostro en aquella mullida zona.

Angel entonces le abrazo y suavemente comenzó a acariciar la espalda de Alastor, sintiendo la suave respiración de este sobre él.

—¿Qué tal la visita con los padres de Charlie? —preguntó después de un momento sin borrar su sonrisa.

Alastor resopló al escucharle.

—Agotadora —respondió disfrutando de la caricia. Luego de semanas recibiendola, llegó un punto donde ya ni siquiera le importaba ese suave contacto—, creo... que malinterpretaron mis acciones para con su hija.

Una fuerte risa se le escapó a Angel ocasionando que una gran sonrisa se colara en el rostro de Alastor.

—¿Debo ponerme celoso? —cuestionó divertido al saber en qué sentido lo había dicho—, debió haber sido muy cómico de ver.

—Incómodo más bien —levantó la cabeza hasta recargar la barbilla en el pecho de Angel, para poder verle—, ninguno está de acuerdo con que se reabra el hotel.

—Bueno, es entendible luego de lo que pasó —apuntó Angel—, su niña tuvo un evento depresivo bastante largo, inclusive ahora no sonríe tanto como antes, ¡y ni hablar de sus bellas canciones!

Alastor simplemente rió al escucharle.

—Haré que cante en la reapertura del hotel, ya lo veras —comentó recorriendo con la mirada cada detalle del rostro de Angel—, habría querido esperar un poco más pero creo que ya es hora.

Angel le vio confundido al no entender a lo que se refería.

—¿Hora de qué corazón?

—Romperé el contrato que te hace de mi propiedad —le dijo mirando la sorpresa en el rostro de Angel.

—¿Me creerías si te dijera que no recordaba ese contrato? —preguntó risueño deteniendo sus caricias después de procesar las palabras de Alastor.

Alastor recargo los antebrazos a ambos costados de Angel, levantando un poco su cuerpo.

—Totalmente —rió al decirlo—, contaba con eso.

Angel suspiro al escucharle.

—Bueno, no afecta nada que sea de tu propiedad, no es como que me fueras a poner cláusulas —comentó rodeando con un par de brazos los hombros de su pareja.

—No, no lo haría pero sentir que soy tu dueño... no me gusta esa sensación —aclaró acercandose un poco más a Angel.

—Oh, olvido que eres todo un caballero —bromeó recordando las escenas de celos de Alastor—, pero no voy a mentir que adoro esos pequeños momentos tuyos.

Angel acercó más a Alastor hasta que sus labios se rozaron.

—Eres tan hermoso Angel —Angel al escucharle se sintió abochornado, aún no se acostumbraba a esos cumplidos espontáneos sin sarcasmo de por medio—, se siente extraño el pensar que antes no formabas parte de mi vida.

Angel rió para darle un rápido beso en los labios. Entendía perfectamente a lo que se refería; habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo que parecía mentira que antes ni siquiera conocían la existencia del otro.

—De no haberlo hecho te hubieras ahorrado muchos golpes y magullones —comentó risueño—, estoy seguro que disfrutabas más de tu soltería que esta monotonía.

Alastor al escucharlo nego con la cabeza.

—¿Bromeas? No me había divertido tanto en años —apuntó volviendo a recargarse en el pecho de Angel—, espero que ya hayas dejado de culparte por todo lo ocurrido.

—En parte —musito.

—Es hora de que dejes ir esa etapa de tu vida Angel —apuntó Alastor—, no te hace bien pensar en ello, sé que lo haces aunque no me lo digas. Puedo verlo en tu rostro.

Angel al escucharle, apreto suavemente los labios. No sabía si terminaba de gustarle ser tan transparente para su novio.

—No es tan fácil —dijo con un suspiro tras un breve silencio. Alastor lo vio con detenimiento tras escucharlo—, a veces me despierto a la mitad de la noche y se que por más años que pasen, nunca podré borrar lo que fui, en vida y en muerte; ni lo que me hicieron.

Ante aquellas palabras, Alastor se incorporó lo suficiente como para quedar sentado entre las piernas de Angel.

No le gustaba el rumbo de aquellas palabras.

—Posiblemente sea así, te tomara tiempo porque recuerdos como esos, toma tiempo olvidarlos; pero no debes preocuparte por lo que ya fue, puedes cambiar el rumbo de las cosas, tal como lo has estado haciendo hasta ahora —comentó mirando como una bruma se cernía sobre el chico.

—¿De verdad lo crees posible? —pregunto con duda en sus palabras—, no creo ser merecedor de ese perdón, no después de todo lo que he hecho.

Alastor se extraño ante aquellas palabras. Sabía de las inseguridades del chico, pero no pensó que estas fueran a orillarlo a decir algo como eso.

—Angel, no eres la misma persona... coqueta y loca que conocí hace un tiempo —dijo tras encontrar las palabras correctas—, debo decir que eras bastante descuidado con lo que decias y hacías; lastimabas aproposito a las personas que buscaban lo mejor para ti. Las alejabas sin motivo.

Angel se cruzó de brazos al escucharle. Una ola de recuerdos acudieron a él y no le hicieron sentír orgulloso en lo más mínimo.

—No me lo recuerdes —pidió mirando hacia algún punto de aquella oscura habitación—. Era una perra.

Alastor rió al ver que al menos lo admitía.

—Sabes, inclusive si era así, está bien, era tu forma de protegerte —dijo sonriendole tratando de que no pensará en ello—, ahora eres más sincero al hablar, eres una mejor persona ahora. Y yo estaré para protegerte del que quiera hacerte daño.

Angel al escucharle, sintió un vuelco en su corazón.

—¿Lo harás en serio? —inquirio dudoso.

—Sin lugar a dudas —dijo muy seguro de sus palabras—, estoy muy orgulloso de lo que eres ahora Angel.

Ante aquellas palabras Angel sonrió sutilmente. No sé creía merecedor de ello pero siendo Alastor quien lo decía, se estaba esforzando por creerlo.

—Alastor, ¿puedo hacerte una pregunta? —ante la formulación de la duda en su cabeza, sus palabras temblaron. Cierto temor comenzó a formarse en su interior.

Alastor, entonces adoptó una expresión más seria al ver miedo en la cara de su novio.

—¿Crees que es posible... redimirme?

Aquella pregunta que deseo jamás escuchar, le alcanzó sin piedad.

Alastor respiro profundo y por un momento deseó decirle un rotundo no, destruir hasta la mínima esperanza de que alguna vez pudiera marcharse, pero no pudo hacerlo. Verlo tan vulnerable solo para él, herido y usado por todos, le hizo pensar en lo mejor para chico.

Y lo mejor era alejarlo del infierno.

—Sin lugar a dudas —dijo tras un prolongado silencio.

Angel ante aquella respuesta comenzó a temblar. No supo realmente el porque pero su cuerpo ya no le obedecía.

—Oh Alastor, tengo miedo... de dejarlos... de dejarte —murmuró abrazándose a sí mismo.

Alastor al verlo, se acercó tanto como pudo hasta tomar un par de manos entre las suyas.

—Angel, escucha, si en un futuro, es posible que te largues de este basurero, tú más que ningún otro merece una segunda oportunidad en Heaven —al decir esas terribles palabras, sin querer apreto a Angel.

Quería ser egoísta y desear que ese día no llegará nunca, porque realmente no quería verlo irse, pero no podía dejar que se quedará si eso implicaba que estaría siempre en medio de un peligro inminente a causa suya.

No quería admitirlo pero Vox tenía razón, Angel nunca sería del todo feliz si se quedaba a su lado y esa era una realidad que debía aceptar. Por Angel.

—Pensé que no creías en esta ridícula causa —bromeo sintiendo como una sensación extraña hacía estragos en su interior.

—Después de ver a varios demonios marcharse, no puedo seguir pensando así —obvio sonriendole sutilmente.

Para Angel aquellas palabras no solo representaban el apoyo de su pareja, si no un posible dolor que no podría olvidar así pasarán los siglos.

Alastor podía ser muchas cosas e inclusive nada, pero había elegido quedarse a su lado y luchar por él; eso era algo que no podía olvidar. Y era por eso mismo que no quería alejarse de él.

—Alastor... no quiero dejarte —dijo tan seguro de sus palabras que inclusive se sorprendió. Nunca antes había creído posible irse de ese lugar, solo pensaba conseguir un cuarto gratis por fingir ser una buena persona, pero ahora que en parte lo era, no sabía qué hacer al respecto.

Alastor, cuya sonrisa apenas era perceptible, acaricio con cuidado las manos de Angel.

—Eventualmente tendrás que hacerlo —musitó con tranquilidad.

Al ver hacia Angel y su duda, su propia voluntad amenazó con flaquear. Ese chico era su debilidad encarnada y la interferencia a todos sus planes por alguna vez querer aspirar a más poder. Sin darse cuenta, Angel le había cambiado y ahora tenía poder sobre él.

—No quiero olvidarme de ustedes —suspiro tras decirlo tirando de Alastor hasta apretarlo entre sus cuatro brazos.

Ante aquel acercamiento, escondió el rostro en el hueco de su cuello.

—Es algo inevitable —apuntó disfrutando de la calidez del cuerpo de Angel.

—¿Qué pasará contigo? —pregunto ahora preocupado por su pareja.

Alastor sonrió más abiertamente antes de separarse un poco de él y tomar sus mejillas entre sus manos, haciendo un inevitable contacto visual.

—Es imposible rehabilitarme Angel —solto mirándolo con detenimiento—, tengo muchos, muchos más demonios que tu encerrados en mi interior —al decirlo su sonrisa se hizo más grande—, y jamas me arrepentire por lo que hice y seguiré haciendo; esa es la diferencia entre tu y yo —Angel se sorprendió por aquellas palabras—. Eres un dulce chico que simplemente no tuvo la oportunidad de ser una mejor persona y yo, un hombre que pudo ser una buena persona, pero eligió destruir la vida de otros seres.

—Aún si me dices todo esto-

—Lo aceptaras a la larga — dijo con seguridad acercándose a él hasta besarle la frente—, mereces ser feliz, en un lugar acorde a ti. Y me temo que el infierno dejará de serlo dentro de poco.

Ante aquella seguridad, Angel solo bajo la mirada con tristeza. Eso era algo que no quería escuchar viniendo de él. Estúpidamente esperaba que el egoísmo de Alastor le pidiera quedarse y no irse; pero ya sabía que era imposible esperar algo así de él. Alastor era una persona extraña, con una moral extraña y por eso mismo, lo mandaría lejos de él aún si eso lo lastimaba.

—Te amo —soltó tras un momento mirándolo con tristeza.

Alastor le sonrió para acercarse a él de nuevo.

—También te amo —al decirlo unió sus labios en un beso agridulce para ambos.

En ese momento lo supieron. Debían de aprovechar hasta el ultimo de los momentos juntos.

El tiempo ahora corría en su contra.