Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía

Solo para mayores de 18.

Yani, muchas gracias por ayudarme con la corrección de capis!

Las invito al grupo: Erase una vez... Edward y Bella en Facebook


Febrero, 2013.

—No creí que vinieras.

Su rostro se inclinó hacia arriba para mirarlo, llevaba un pequeño vestido negro de lentejuelas, estaba hermosa. Las rodillas de Edward casi se doblaron ante la necesidad que volvió claro el oscuro hielo de sus ojos. Ella quería esto tanto como él. Pero claramente no iba a ceder. De todas maneras, ¿cuándo ella había cedido en algo? Su corazón se apretó con tristeza, sus vaqueros se apretaron con anhelo. ¿Cómo llegaron a este jodido punto?

—Bueno… —Guardó las manos dentro de la chaqueta, evitando solo por poco que salieran disparadas para sujetarla entre sus brazos—. De verdad espero que te guste.

—Oh, algo me dice que lo hará —murmuró sonriendo mientras rompía la envoltura.

Y luego, ahí estaba. Enmarcada en un sencillo cuadro negro, la servilleta donde ella había anotado su nombre, su teléfono y sus labios impresos en rojo. Bella le lanzó una mirada vidriosa al instante, tampoco era su intención hacerla llorar, pero fue gratificante saber que el recuerdo aún perduraba en su mente igual de fuerte que en la de él.

—No puedo creer que guardaras esto —susurró apretando el marco contra su pecho.

—Hay cosas que solo… solo no se olvidan. —Ella asintió.

—Gracias otra vez. ¿Vas a quedarte? —Edward miró hacia sus zapatos, antes de suspirar.

—De hecho, creo que es mejor que me vaya, se ve que te estabas divirtiendo.

Ella miró alrededor, Victoria estaba cerca, mirándolo de una forma indescifrable, algunos de los chicos de la empresa también lo hacían, James y Emmett parecían entre aturdidos por el alcohol y solo curiosos.

—Sabes que puedes quedarte.

—Pasaré esta vez, que te sigas divirtiendo.

—Gracias por mi regalo es, bueno… —Había una sorprendente nota de tristeza en su voz que lo dejó fuera de equilibrio.

—Feliz cumpleaños.

Entonces se estaba yendo. Y mientras bajaba los escalones del lujoso bar, no podía dejar de maldecirse de mil formas. Pero algo tenía muy claro, esta vez haría las cosas bien. Iría lento, de la manera en la que ella dijera; de alguna forma estaban comunicándose de nuevo y no iba a jodidamente estropearlo presionándola, quedándose para intentar besarla o algo peor como observarla coqueteando con otros hombres...

—¡Edward, espera!

Él se detuvo en seco, y cuando se giró para encontrarla, cabello caoba quedó enterrado bajo su nariz cuando se lanzó a sus brazos, y nada nunca se había sentido más cliché y correcto en el mundo. Nada nunca se sentiría como tenerla de nuevo entre sus brazos.

—No sé qué estoy haciendo —dijo con una voz temblorosa que lo golpeó en el lugar más profundo que lo hacía hombre.

—Yo tampoco —susurró en respuesta.

—Todo eso con Quil, todo lo que… ha pasado, no soy yo.

Tenía una enorme idea de a qué se refería, además de imágenes de todo lo que ella estaba hablando, cortesía del imbécil que trabajaba también en su empresa, pero no importaba. Él había provocado eso, ¿no?, así que no tenía cara para reclamos, él no era nada. Muriendo por saborearla y alejarse de un tema increíblemente incómodo, bajó su boca a la de ella.

Había pensado que el beso fuera suave. Exploratorio. Casi como de redención, pero ella no iba a aceptar nada de eso. Se movió, plantando una cálida palma en su espalda, y su cuerpo se agitó a la vida repentinamente, excitándose. El deseo lo atravesó, convirtiéndose en un rápido palpitar en su entrepierna que se hizo más intenso cuanto más tiempo permanecían allí, en ese sórdido lugar, ambos frenéticos por lo que estaba sucediendo.

Él la deseaba. La había deseado desde el primer momento en que la vio, y nada había cambiado con los años.

Arrojando sus brazos alrededor de él, ella profundizó el beso, su lengua encontrando la suya en un choque violento. Sus piernas se levantaron y se envolvieron alrededor de sus caderas, haciéndolo sisear ante la sensación de su centro caliente moviéndose contra su dura verga. Ella se retorció salvajemente, sus firmes pechos apretándose contra la pared de su pecho. Hombre, se sentía bien. Tan bien que tuvo que parar la fricción que amenazaba con arruinar todo esto.

—Vayámonos de aquí —ronroneó ella contra su oreja.

—¿Ya no te van los lugares públicos? —Ella se rio.

—Ya no tengo veinticinco, solo llévame a algún sitio, Edward.

No a casa, claro, de eso no quedaba nada.

§ § § § § § §

Edward no podía creerse su buena fortuna. Hacía una hora, había estado hundido, perdido, enfadado y un poco resacoso por toda la mierda en su vida, y ahora estaba tumbado sobre el cuerpo de su chica, observando con admiración su cuerpo curvilíneo desnudo.

—No, no, no… Sí, sí, justo ahí… Mierdanotedetengasjamás.

—No voy a hacerlo.

Y como si necesitara reafirmar su punto, Edward se llevó sus piernas a los hombros, sujetándose del cabecero de la cama, empujando más fuerte, más duro, como si de esa forma pudiera grabarse en su piel, enterrarse para siempre en ella, en su memoria, en su corazón, necesitaba estar dentro, muy dentro… Ella jadeó, arañando sus brazos como si lo odiara, quizás lo hacía.

Y mientras arqueaba la espalda, estaba hermosa en su entrega, después de todo, ella siempre lo había estado, solamente ella lograba sacarlo de su zona, robarle el aliento, las palabras, la cordura. Su sangre bombeaba como si estuviera en alguna carrera, la adrenalina le abrasaba las venas y la piel hasta que cada parte de él se sentía más viva de lo que había estado en años. Décadas. Sus bolas palpitaban y se tensaban, mientras jadeando se impulsaba más contra ella.

Con cada caricia y cada gemido, con todo el arqueamiento y los suaves jadeos, estaba completamente con ella y a la vez en otro lugar. En todo lo que Edward podía pensar, era que ambos estaban en un lugar intermedio, algo así como su propio limbo, y no había forma de saber lo que iba a quedar de cualquiera de ellos cuando todo este frenesí hubiera terminado.

¿Porque si ella decidía que esto en realidad era un cierre? Jesús, la demencia que había padecido en los últimos meses no iba a ser ni la mitad.

—Casi… —gimió, arañándole la espalda, trayéndolo de vuelta.

—Estoy en ello, Torpe, no te preocupes.

Ella, quien había mantenido sus ojos fuertemente cerrados, los abrió entonces, y algo ahí casi logró que desacelerara por completo para preguntarle qué rayos pasó, pero entonces, con las miradas trabadas y el cuerpo fuera de sí mismo, lo golpeó de la nada.

—Maldición…

Y entonces se estaba corriendo, tirándose al olvido, el torrente saliendo de él sin control, ella sonrió satisfecha, tocándose a sí misma y arqueándose lo mandó directo a otro espasmo, y entonces ella también estaba llegando, arañándole los brazos, envolviéndolo dentro de su calidez, colisionando con él. Minutos después, ambos se estaban riendo, en una maraña de cuerpos, respiraciones aceleradas, sudor y cabello.

—Dios, esto fue…

—El mejor-sexo-nunca-antes-visto —canturreó. Edward se soltó riendo, enterrando la nariz en la curva de su cuello, la vida no tenía ningún sentido sin ella, siempre lo había sabido, solo que ahora lo estaba reafirmando.

—Siempre ha sido de esta manera.

—Tienes que aceptar que he aprendido algunos trucos.

Lentamente, para no despertar sospechas, se movió a un lado sobre sus brazos rígidos, deslizándose fuera de su cuerpo. No podía ponerse celoso, no… no, solo… no. Sin embargo, un frío entumecimiento encapsuló su cuerpo entero.

—Sí, ya veo.

Se quedaron en silencio unos minutos, recuperando el aliento, él particularmente, recuperándose del golpe, hasta que no pudo soportarlo más y se inclinó hacia ella.

—Dime una cosa… ¿esto dónde nos deja? —Ella suspiró, evadiendo su mirada.

—La verdad no lo sé.

—Por favor… —Sujetó su mano—. No sé qué más hacer para que me creas y puedas perdonarme.

Bella lo miró, y había otra vez eso que no podía descifrar, un velo en su mirada…

—Creo que con esto, queda claro que te perdoné.

—¿Pero?

—Ese no es nuestro único problema.

—Bueno, al menos déjame entonces seguirte demostrando que esto puede funcionar —besó sus nudillos—, estos últimos días han sido muy buenos, Bella. Hemos platicado mucho, hemos incluso trabajado juntos, podemos funcionar.

Hubo un silencio, uno largo que se sintió como si le hubiera dado la vuelta al mundo, como una patada en el esternón, y con cada respiración era más y más complicado meter algo de aire en los pulmones, hasta que ella suspiró mirándolo.

—Supongo que… necesitaríamos verlo —dijo con una tímida sonrisa, que le calentó el corazón más que cualquier otra cosa.

—Gracias —susurró besándole suavemente la comisura de los labios. Su corazón latió con facilidad por primera vez en eones, su vida adquiriendo sentido de nuevo.

—Sin embargo, no te crees falsas expectativas… estaremos como a prueba.

—Lo sé —dijo apoyándose en un codo, sin dejar de mirarla—. Quizás… si pusiéramos toda esta situación en una perspectiva diferente… ¿crees que ayudaría?

—¿Cómo harías eso? —preguntó elevando una ceja.

—Bueno, supongamos que me acabas de conocer. Ya sabes, un tipo treintón, soltero, con un hijo. ¿Me dedicarías una mirada? —Bella rodó los ojos, pero una sonrisa aún estaba instalada en sus labios.

—Se ve que los cuarenta te sentarán muy bien —murmuró tirando un poco de las mantas sobre sus pechos—. Tal vez me fijaría en ti, suponiendo que yo estuviera ya sabes, soltera, exitosa y sin hijos todavía, podría pensarlo, podríamos hacer nuestros propios hijos.

—Por supuesto —dijo sin poder evitar sonreír.

—Solo que ese no es nuestro caso. —Bella se incorporó en la cama, acomodándose el cabello tras las orejas, haciéndolo suspirar.

—Ya lo sé. —Edward se dejó caer en la cama, tomando una respiración profunda, miró el techo solo unos segundos antes de incorporarse de nuevo, y abalanzarse sobre ella, robándole un grito—. Bella, sabes bien que no puedo borrar lo que nos pasó, pero puedo asegurarte que eres lo más importante en mi vida, y que a pesar de que estuviste saliendo con Quil, incluso si lo amaras, yo… yo seguiría estando aquí para ti. Siempre. ¿Eso no sirve de nada?

—Supongo que sirve de algo —sonrió, empujando el cabello fuera de sus ojos—, supongo que sí. Pero me lastimaste muchísimo, me duele hasta respirar.

—Lo siento. —Su voz era tan áspera, que no sonaba como la suya.

—No lo hagas de nuevo.

—No lo haré.

Después de sondear dentro de sus ojos, Bella enterró los dedos en su cabello y lo atrajo a sus labios, Edward la besó de vuelta con todo lo que tenía, poniendo toda su alma, su corazón, su vida misma en esto, porque al final de cuentas, Bella sería siempre y para siempre el amor de su vida. Y no podía sacarse eso de la cabeza, incluso minutos después mientras entraba de nuevo en su cálido interior, y con cada embate profundo que daba contra ella, esperaba de alguna manera poder hacérselo entender, grabárselo en la piel.

Porque estar dentro de ella nunca fue el problema, nunca estaban mejor que cuando estaban dentro el uno del otro. Y sabía que no era algo precisamente romántico, sino… depresivo.

Porque cuando no estaban compartiendo esta intimidad, estaban sin ser consientes, haciéndose daño. Edward sabía que tenía que buscar en lo más profundo de su relación, aquello que lograba conectarlos como pareja, aquello que de alguna manera en el camino se había destruido. Nunca habían sido perfectos, se amaban incluso a través de los errores, él la había amado a través de los cotilleos de sus diferentes clases sociales, la había amado a lo largo de su pasión por el trabajo, la había amado en su furia y en su entrega. Ella lo había amado a través de todo eso también, más sus tropiezos y fracasos.

Bella siempre había sido mejor que él, quizás su único desliz fue mirarlo. Así que mientras ella quisiera, afrontaría las consecuencias, admitiendo culpas y dejándose de mamadas. Porque dentro de toda esta confusa situación, solo algo le quedaba claro: No concebía vivir en un mundo donde ella no fuera parte de su vida.


A lo largo de la historia me he topado con muchas opiniones, las respeto todas, son el punto de vista de cada quién, la manera en la que cada uno de nosotros actuaría si estuviera viviendo algo como esto, he crecido con ustedes respecto a perspectivas, así que gracias por permitirme conocer un poco de su mente, así como yo les abro la mía con cada historia que saco. Siempre es una aventura leerlas también, entonces dicho eso, les cuento que a estas alturas de la historia, me parece justo decirles que estoy por terminarla, espero disfruten lo que falta conmigo!

Gracias por comentar: Lya, Lidia, cada vez que leo tus rrs me muero de risa, muchas gracias por existir, creo que has dicho la esencia de la historia, eso fue lo que pensé durante todo este tiempo mientras la escribía, espero mi respuesta te deje comer a gusto, saludos!, liduvina, Vrigny, Geraldine, Tecupi, saraipineda44, NarMaVeg, OnlyRobPatti, Karla, Tata XOXO, Lizdayanna, Adriu, Esal, Leah De Call, Somas, Adriana Molina, Tulgarita, rjnavajas, paupau1, Santa, torrespera172, Vale Potter, valentina delafuente, Chiki, carolaap, Teffycs, esta historia es antes, durante y después de Resistance, jaja pero más concretamente en los inicios, cuando recién había conseguido la banda y comenzaba a catapultarlos al estrellato, no sé si recuerdes en Beautiful, cuando Dylan describe que conoció a Jeremy (que es Edward) dice que lo conoció en un bar de mala muerte, así que ya vimos esa parte, saludos!, injoa, angryc, Andre22-twi, Yenix304, LuAnKa

Gracias también a todas las personas anónimas y lectoras silenciosas por andar aquí.