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BirdsandStars
Alguien toca a la puerta desesperadamente. Abro los ojos, Christian está abrazado a mi cuerpo mientras duerme profundamente.
—¡Ana! ¡Acaba de salir de esa habitación de una maldita vez! —grita Kate.
Salgo de los brazos de Christian y me dirijo a la puerta. Ella vuelve a tocar y solo entonces me percato que está tocando la puerta de la habitación.
—Tienen cinco minutos para salir o voy a entrar y sacarlos con la ropa que lleven puesta. —dice hecha una furia.
Miro nuevamente hacia la cama donde Christian me mira entrecerrando los ojos.
—¿Quién grita tanto?
—Mejor ponte una ropa rápido. —le digo mientras salgo corriendo hacia el armario. —Si no estamos vestidos Kate nos va a sacar con lo que llevemos puesto.
—Pero es muy temprano. —dice mientras mete la cabeza debajo de la almohada.
Encuentro ropa de él y se la tiro hacia la cama para que se vista rápidamente.
—¡Vístete! No creo que quieras hacer enfadar a una mujer embarazada con hormonas revueltas. —le digo mientras comienzo a vestirme rápidamente.
—¿Y que hay del sexo matutino? —pregunta sentándose en la cama y pasándose una mano por el pelo.
—Creo que nos lo acaban de interrumpir. —le digo mientras voy hacia el baño.
Cuando salgo del baño, Christian está completamente vestido, pero aún sentado en el borde de la cama.
—Ven aquí. —me dice mientras yo camino en su dirección.
Me paro entre sus piernas y el enreda las manos en mi cintura. Pero rápidamente me gira y me carga haciendo que quede acostada en la cama y el sobre mí. Me sonríe perversamente. Y en ese mismo instante se abre la puerta de la habitación. Ambos miramos hacia allí. Kate camina con Elliot a su lado en nuestra dirección.
—Les dije que tenían cinco minutos.
Elliot llega donde estamos y literalmente saca a Christian de encima de mí. Christian no se resiste y puedo verlo reírse mientras somos separados. Elliot tira de él hacia afuera de la habitación.
—Sabes lo que tienes que hacer, adiós. —le dice Kate.
Camino detrás de ellos mientras Elliot abre la puerta y ambos desaparecen del apartamento. Bueno, eso había sido algo nuevo. Literalmente, Kate los acaba de echar a los dos del apartamento.
—Ni siquiera lo dejaste darme un beso. —le digo mientras me cruzo de brazos fingiendo estar molesta con ella.
—Ya tendrán tiempo de arrumacos durante la luna de miel. —me dice mientras yo pienso en lo que acaba de decir.
—Mejor esta noche. —digo muy bajito mientras planeo sorprenderlo de alguna forma.
—Lo siento Ana, pero Christian no regresa esta noche. —me dice mientras yo la miro horrorizada.
—¡Que! —le grito mientras ella me ignora. —¡Kate! —la llamo nuevamente.
—Necesitas descansar, y verte radiante para mañana. —me dice mientras busca algo en su bolso. —Y como tu dama de honor, me encargaré de que todo salga perfecto.
—¡Kate! Ya te dije que no quiero despedida de soltera. —le digo en tono cansino.
—Lo sé, pero no te vas a negar a esto. —me dice mientras saca algo de su bolso.
—¿Me vas a llevar a un SPA? —inquiero con curiosidad.
—Algo tengo que hacer. Tenemos a nuestra disposición todos los servicios que queramos durante toda la tarde. —me dice mientras la miro atónita.
—¿Has alquilado un SPA solo para nosotras? —no puedo creer lo que estoy escuchando.
—Considéralo un regalo de bodas, —me dice mientras me giña un ojo. —Ahora vamos. No querrás ver a una embarazada molesta, ¿cierto?
—¡Por dios no! —le digo mientras reímos a carcajadas.
Pasamos toda la tarde en el SPA. Debo decir que me han atendido como a una reina. Me han dado un masaje corporal super relajante, me han depilado, completamente, me han arreglado las manos y los pies y han exfoliado toda mi piel dejándola super sensible. Para cuando regresamos al apartamento me siento como si flotara, como si estuviese en una nube. Ya no recuerdo ni lo que Kate hizo esta mañana.
Mientras camino hacia la cocina veo una caja sobre la encimera.
—¿Y esa caja? —inquiero con curiosidad mientras Kate me sonríe.
—Esa, debe ser nuestra cena.
Kate tiene todo planeado. Al parecer no me va a dejar hacer absolutamente nada hoy. No sé de dónde saca tantas energías. Quizás el embarazo tenga ese efecto en ella. La ayudo a servir la cena mientras sonrío.
—¿Lista para unos strippers? —me dice cuando estoy sentada en el sofá.
—Kate, te dije que nada de strippers. —la reprendo.
—Ni siquiera si es Channing Tatum. —me dice mostrándome un DVD.
—Bueno, si es el no me molestaría verlo. —le digo mientras reímos a carcajadas.
En cuanto termina la película, Kate me ordena ir a dormir y yo obedezco sin protestar. Veo mi móvil sobre la mesita de noche. Tengo varios mensajes de Christian que no he podido revisar pues Kate me prohibió coger el móvil en todo el día.
"Te extraño"
"Esto es una tortura"
"Elliot ha decidido castigarme en la cocina cortando verduras"
No puedo evitar reír con este mensaje.
"Quiero que llegue mañana para poder tenerte solo para mi"
"Te amo, piensa en mí, sueña conmigo.
Su último mensaje había sido hace más de quince minutos. Y decido contestarle sus mensajes.
"Yo también te extraño. Mi tortura fue diferente a la tuya. Kate me llevó hacia un SPA, así que tengo todo el cuerpo hipersensible. Yo también deseo que llegue mañana. Te amo, sueña conmigo también…desnuda junto a ti."
Me acuesto en la cama con una sonrisa en mi rostro. Christian no responde lo ultimo que le escribí, así que supongo que Elliot le quitó el teléfono. Me acuesto y cierro los ojos, mañana va a ser un día importante. Me estoy quedando dormida cuando siento el sonido de un mensaje.
"Si te imagino de esa forma, no voy a poder dormir en toda la noche. Pero lo intentaré."
Pongo el móvil en la mesita y con una sonrisa idiota me acurruco en la cama mientras me abrazo a la almohada de su lado.
Despierto a la mañana siguiente con abundante energía. Ni siquiera sé que hora es, solo sé que necesito algo de entrenamiento matutino. Llevo más de 24 horas sin sexo y necesito con urgencia gastar estas renovadas energías golpeando algo, así que me cambio de ropa, me tomo un jugo de la nevera y me dirijo hacia el estudio-gimnasio.
Mi entrenamiento es interrumpido por Kate.
—¿No has mirado la hora? —me pregunta mientras yo dejo de golpear el saco y la miro fijamente.
—No. —la verdad es que he perdido la noción del tiempo.
—Sé que la novia debe llegar tarde y todo eso, pero son casi las 2:00 pm.
—¡Que! —grito mientras salgo corriendo de la habitación.
¡Mierda! Debía estar en casa de mi madre al mediodía para comenzarme a preparar. Me desvisto rápidamente y me meto en la ducha. Me baño tan rápido como puedo y salgo igual de rápido. Kate me mira y lo único que hace es reírse mientras me despido de ella y voy hacia mi auto.
Cuando llego a casa de Grace me encuentro con dos mujeres furiosas que me miran el pelo asustadas. Sí se que lo traigo aún mojado y echo todo un desastre.
—¡Por dios! ¡ese pelo es un desastre! —dice una de las mujeres que examina me cabello.
—Al menos durmió anoche. —dice la otra mientras analiza mi rostro.
Y tiran de mi hacia la habitación de mi madre Cuando la estilista termina, sale de la habitación y regresa un rato más tarde. Y así transcurren cerca de dos horas. Me estoy poniendo el vestido cuando alguien toca a la puerta. La estilista que ha terminado con mi cabello va hacia allí.
—Si es el novio, no puedes entrar.
—Es la madre de la novia. —dice Grace del otro lado mientras le abren la puerta y la cierran rápidamente.
Grace luce un elegante vestido y ya está completamente arreglada. Se queda mirándome mientras me cierran los broches de la parte trasera del vestido.
—¡Ana! ¡Estás hermosa! —dice mientras puedo ver lágrimas en sus ojos.
—Por favor no, que me harás llorar a mí. —le digo mientras intento contener las lágrimas al verla llorar.
—Te traje algo para que uses. —me dice mostrándome una caja de terciopelo negro que traen en sus manos.
No me había percatado que la traía. Me la tiende y yo la abro. Parecen antiguas, pero a la vez lucen sencillas. Dentro hay una cadenita de oro blanco con aretes a juego. De la cadena cuelgan tres piedras de forma cuadrada, la del centro un poco mayor que las otras, aunque todas lucen bastantes sencillas en conjunto. No son de tamaño exagerado. Los aretes son también tres piedras en forma vertical, todas de igual tamaño y un poco más pequeñas y sencillas que las del collar, engarzadas por oro blanco. La piedra del centro del collar y las que están en la parte superior de los aretes son de un ligero color azul mientras que las otras resplandecen.
—Parecen diamantes. —digo acariciando las joyas.
—Son diamantes y aguamarinas. —me dice Grace mientras yo aparto la mano rápidamente del collar. — Pertenecieron a mi madre, y ahora son tuyas. —me dice con una sonrisa.
—No puedo aceptarlo
—¿Cómo qué no? Mi madre me las dio a mi en mi boda, y ahora yo te las entrego a ti.
—Pero…
—Ningún pero Ana, tu eres mi hija también. —me dice acariciando mi rostro cariñosamente.
Y no puedo evitarlo esta vez. Una lágrima comienza a correr por mi mejilla.
—Dejemos esto que se te va a arruinar el maquillaje. —dice la maquillista mientras viene a retocarme.
Grace saca el collar de la caja y me lo coloca en el cuello.
—Te queda precioso. —me dice con una sonrisa. —Ahora si me disculpan saldré a ver si el novio llegó.
Dice ella mientras sale de la habitación cerrando la puerta. ¿Christian no ha llegado? ¿Cómo es esto posible? Comienzo a ponerme nerviosa y mientras me acomodan el velo en la cabeza ellas se percatan de mi nerviosismo.
—Iré a ver si llegó, no quiero que estés más nerviosa de lo que debes estar. —me dice Steph mientras sale de la habitación.
Unos minutos más tarde ella regresa.
—Ya está aquí, no debes preocuparte. —me dice con una sonrisa reconfortante y dejo escapar el aire abruptamente. —Pero como es tradición. —me dice guiñándome un ojo. —Dejemos que espere un poco por ti.
Veinte minutos más tarde Grace entra nuevamente avisando que es hora de comenzar. Me ponen el velo sobre el rostro y Grace me toma del brazo mientras salimos de la habitación. Las puertas que dan a la terraza han sido cerradas. Por lo que no tengo ni idea de lo que me encontraré afuera.
—¿No deberías sentarte con el resto de los invitados? —le pregunto mientras miro nerviosa hacia los lados.
—No cuando tengo algo muy importante que hacer. Me le quedo mirando sin entender a que se refiere. Pero entonces me percato que no ha soltado mi brazo.
—Fui tu madre y tu padre, así que pienso que quien mejor que yo para entregarte. —me dice sonriendo.
Mierda, creo que voy a llorar nuevamente. Pero me contengo.
—¡Listas! —pregunta la organizadora mientras llega a nuestro lado.
—Si. —le contesto firmemente.
—Solo debes caminar recto hacia el final. —me dice mientras me coloca en la mano el ramo y se aparta a un lado de las puertas.
Da la orden por el micrófono que tiene en un costado.
¿Qué camine recto? ¿Y que hago con la enorme piscina que queda frente a mí? Pero apenas y tengo tiempo a pensar cuando comienzan a escucharse los acordes de Halleluya de Leonard Cohen y las puertas se abren lentamente.
