Capitulo nueve
Edward POV
Los días iban pasando, Emmett intentaba hacer de todo lo que se podría hacer cuando se tenía tiempo libre, a mí solo me apetecía estar en mi habitación... o mejor, ver a Bella. Pero tenía todo en mi contra, Alice no permitía que se acercase a la mansión Cullen porque los preparativos para su fiesta estaban ya muy avanzados y según sus palabras "A Bella le daría un ataque si se entera de esto", y no me sentía con fuerzas para llamar a su puerta, además que no se me ocurría una buena excusa. Indagué un poco y descubrí cual era la cafetería donde trabajaba, y un par de veces me quedé mirándola por la ventana, pero fui incapaz de cruzar la puerta y pedirle un simple café.
No me reconocía a mí mismo, con Tanya las cosas no habían sido más fáciles. No es que fuese un seductor nato, pero sabía que esperar de ella, con Bella era diferente, ella era diferente. Cada vez que esperaba que actuase de un modo, hacía totalmente lo contrario. Además que la veía tan frágil y delicada ante el mundo que me daba miedo poder causarle algún daño.
Era sábado, la tarde anterior Alice arrastró a Jasper y a Emmett hasta Seattle para ir de compras, así que me pasé la tarde solo componiendo en mi piano, y cuando llegó la noche estuve conduciendo por Forks… realmente cerca de la casa de Bella, pero fui tan cobarde como para no llamar a su puerta. Todavía le daba vueltas al regalo que quería comprarle, quería algo que no fuese demasiado ostentosa y que a la vez le recodase a mí… pero no se me ocurría nada.
– ¿Qué pasa tío? –preguntó Emmett sentándose a mi lado en el sofá de la sala
Suspiré y lo miré de reojo, Emmett me conocía desde hace mucho tiempo, era una de las personas que mejor me conocía y sabía que no podía ocultarle algo así.
– Me gusta Bella –murmuré.
Emmett abrió mucho los ojos, así como su boca y me miró fijamente. De repente cambió su expresión por una divertida y me golpeó el hombro con su puño.
– Dime algo que no sepa ya –y sonrió.
– Quería comprarle algo por su cumpleaños y no se me ocurre nada.
Cuando Emmett iba a contestarme un torbellino entró en la sala y se sentó entre los dos, Alice nos pasó un brazo por los hombros y puso su mejor cara de niña buena.
Suspiré…
– ¿Qué quieres que hagamos? –pregunté con desgana.
– Que vayáis al aeropuerto a buscar uno de mis regalos para Bella –dijo con una enorme sonrisa.
– ¿Vas a regalarle uno de esos llaveros de publicidad que te regalan al facturar las maletas? –Le preguntó Emmett– Yo tengo un montón, si quieres puedo darte alguno.
Alice lo miró como si le quisiese arrancar los ojos con una cuchara y yo reí.
– Una de sus amigas de Arizona viene a Forks, se ha matriculado en la universidad de Seattle y ha venido unos días antes para sorprenderla por su cumpleaños.
– Alice… no podemos ir al aeropuerto… cuando llegamos hace unos días había más de doscientas niñas esperándonos… si volvemos sin seguridad somos hombres muertos –la cortó Emmett.
Alice se llevó un dedo a su barbilla y alzó la mirada pensativa.
– Pues esperáis en el coche mientras Jazz va a buscarla a la terminal –dijo después… eso ya no me parecía tan descabellado.
– ¿Por qué no vas tú? –le pregunté.
– Porque va a torturar a Bella durante toda la tarde –murmuró Jasper entrando desde la cocina.
– ¿Torturar? –pregunté alzando una ceja.
– Bella odia las compras… y todo lo que tenga que ver con sesiones de belleza y ese tipo de cosas que suelen gustarle a las chicas –continuó Jasper–, pero tu diabólica hermana va a someterla a todo eso esta tarde…
Miré a mi hermana interrogante… ¿si a Bella no le gustaba, por que se dejaba hacer cuando se trataba de Alice? Suspiré y me puse en pie. Mi hermana me envió una de esas miradas en las que utilizaba todo el poder de convencimiento que poseía, esas imposibles de evitar, esas que enternecían el corazón del mismísimo Dar Vader… y comprendí porque Bella no podía negarle nada…
– Edward… irás a Buscar a Rose… ¿Verdad? –me preguntó inocentemente.
– Iré –dije suspirando.
Después de almorzar algo ligero llevamos a Alice hasta el departamento de Bella, Jasper y Emmett la ayudaron a subir varias bolsas y cuando yo me disponía a coger unas cuantas para ayudarla también, ok, ok, lo reconozco, era una excusa para verla, pero Alice no me lo permitió, de un manotazo en mi manos me arrancó las bolsas y me amenazó con matarme lenta y dolorosamente si me atrevía a subir un solo escalón. Bufé y me metí en coche de nuevo. ¿Pero que se creía esa enana? ¿Por qué no podía subir yo a esa casa y ver a Bella como estaban haciendo ellos? Cuando ya estaba por cruzar la puerta, Emmett me llevó al coche de vuelta entre empujones, alegando que llegaríamos tarde y no llegaríamos de vuelta para ver el partido de esa noche.
Llegamos al aeropuerto de Seattle en poco más de una hora. Emmett sacó unas gafas de sol, unas gorras y unos bigotes falsos de una bolsa y me los extendió, alcé la vista para preguntarle para que me daba eso, pero las palabras murieron en mi garganta. Emmett ya se había "disfrazado" y parecía cualquier cosa menos una persona normal. No era fácil soportar la risa, ver a un armario empotrado, como lo era él, con un ridículo bigote pelirrojo y unas gafas de sol que lo hacían parecerse a una mosca atómica. Jasper y yo nos miramos, nuestros ojos ya estaban vidriosos y la comisura de nuestros labios temblaba ligeramente.
– ¿Qué? –preguntó Emmett inocentemente.
Ese fue el detonante para Jasper y yo estallásemos en carcajadas. Me puse la gorra que me tendió y saqué mis gafas de uno de los compartimentos del Volvo de Bella… no quería parecer el primo perdido de la mosca atómica con las gafas que me había dado Emmett. Tiré el bigote falso en una papelera y nos metimos en el aeropuerto. Emmett iba bromeando con Jasper, este intentando no reírse de sus locuras y yo con mi cabeza a mil por hora intentado adivinar que comprarle a Bella. Mi vista se perdió por las vitrinas de varias tiendas, hasta que se trabó en una pieza en especial. Me acerqué al cristal en solo dos segundos y me quedé mirando como embobado. Emmett palmeó mi espalda y yo me giré a mirarlo.
– ¿Problema resulto? –me preguntó sonriendo… intenté no fijarme en como su bigote estaba descolgado de un lado y caía cómicamente sobre sus labios…
Asentí con la cabeza sonriendo también.
– Nos vamos a la terminal y luego tú nos encuentras –dijo antes de desaparecer.
Entré en la tienda y compre el regalo de Bella, luego fui donde me estaban esperando. Cuando llegué una rubia escultural estaba junto a ellos con una expresión poco amigable, Jasper intentaba aguantar la risa sin mucho éxito y Emmett se sobaba uno de sus brazos y miraba en dirección a la chica con el ceño fruncido.
– E… Edward… –balbuceó Jasper intentando controlar la risa– ella es Rosalie, la amiga de Bella.
– Hola –nos saludamos mutuamente con un asentimiento de cabeza.
Comenzamos a caminar hacia la salida, Rosalie iba en cabeza seguida por Emmett que estaba extrañamente callado, Jasper y yo íbamos tras ellos, Jasper intentando no reírse y yo sin entender nada.
– ¿Qué ha pasado con esos dos? –le pregunté a Jasper en un susurro.
– En cuanto Rosalie apareció, Emmett se acercó y le llamó Roxy… por lo visto la chica tiene muy mal carácter y Emm se lo ha sacado con solo dos palabras –dijo entre risas– no hizo más que abrir la boca para que le diese un puñetazo en el brazo, y por lo que parece le ha dolido. No sé porque siente más vergüenza si por meter la pata o porque una chica le haya hecho daño.
Intenté no reírme… fue inevitable, pero la risa se me cortó cuando Rosalie miró en mi dirección y me dedico una mirada tan fría que daba miedo. Tragué en seco y continué callado. No entendía como alguien como Bella podía encajar con alguien como Rosalie, sus personalidades no se parecían en nada… eran extremos completamente opuestos. Aunque pensándolo bien, Bella tampoco se parecía a Alice y las dos se querían mucho.
El viaje de vuelta a Forks fue en silencio. Emmett iba en el asiento trasero junto a Jasper completamente callado y mirando el paisaje por la ventana. Jasper a su lado escuchaba música con su Ipod, Rosalie también iba en silencio y mirando por la ventana y yo conducía pensando si el regalo que había comprado le gustaría a Bella o no.
Llegamos a mi casa y, yo y Jasper ayudamos a Rosalie con su equipaje, mientras veíamos como Emmett bajaba del coche y salía a toda velocidad en dirección hacia la casa. No tardamos mucho en verlo salir del garaje en el porche de Alice. Cuando estaba así, conducir a toda velocidad era una de las pocas cosas que hacían mejorar su ánimo.
Después de dejar a Rosalie instalada en una de las habitaciones de invitados y en compañía de Esme, fui hasta el volvo y me metí dentro. Conduje durante unos minutos y cuando me di cuenta estaba otra vez delante del edificio de Bella. Cogí el regalo entre mis manos y estuve debatiéndome durante unos minutos con él en la mano, no sabía si dárselo esa noche, o esperar al día siguiente cuando todos le diesen el suyo. Finalmente lo volví a guardar y puse el coche en marcha alejándome de allí.
El domingo había llegado… me levanté algo tarde y todavía en pijama bajé las escaleras para ver como mi hermana se había convertido en una bola de energía que no dejaba de dar vueltas por todas las habitaciones de la casa, dando órdenes y supervisando todos los preparativos para la gran fiesta. Entré en la cocina y Esme ya había preparado el desayuno y ahora estaba guardando algunos comestibles en un armario. En la mesa estaba Rosalie desayunando tranquilamente, y en el extremo opuesto, lo más alejado de ella posible, estaba Emmett revolviendo sus cereales con la mirada clavada en ellos.
Le di una palmada en la espalda para saludarlo y él dio un brinco completamente asustado y me miró con cara de terror. Reprimí una risa y Rosalie pareció mirarlo con algo de remordimiento. Me senté y desayuné lentamente. Después conseguí escabullirme a mi habitación sin que mi diabólica hermana me encargase nada que hacer… no me apetecía estar bajo sus órdenes cuando se suponía que estaba de vacaciones.
A eso de las siete de la tarde me metí en la ducha, salí envuelto en una toalla y miré mi armario. Según Alice era una fiesta elegante pero informal… bufé, ¿Qué se suponía que debía ponerme ahora? Escogí un pantalón negro de vestir y una camisa blanca que no abroché del todo dejando ver parte de mi clavícula y el comienzo de mi pecho. Me miré al espejo una vez más y descoloqué un poco más mi pelo… "Soy un rebelde" pensé mientras lo hacía, bufé de mi propia mala broma, estaba nervioso y no sabía porque… ok, si lo sabía, hoy volvería a ver a Bella después de varios días. Suspiré mirando mi reflejo una vez más y me encaminé a bajar al piso inferior.
Cuando bajé ya se oía algo de música que venía desde el jardín… por suerte hoy no llovía en Forks y el clima era más bien algo cálido. Fui hacia el jardín y en cuanto puse un pie fuera de la casa me quedé petrificado. De verdad… Alice había hecho algo alucinante. El jardín estaba cubierto por una enorme carpa, en el techo de esta estaba, decorado con cientos de estrellas plateadas que brillaban de diferentes colores cuando alguna luz las alcanzaba. Al fondo había una pequeña tarima donde había chico poniendo algo de música. A los lados había varias mesas con bebidas y algo de comida y el suelo estaba cubierto por una alfombra roja improvisando una pista de baile. Los lados exteriores de la carpa estaban cubiertos por cortinas blancas y negras con mariposas plateadas sobre ellas, que ondeaban débilmente con una ligera brisa.
Tragué en seco y miré a mi alrededor totalmente anonadado. Alice no había hecho algo alucinante… ¡ella era alucinante! Ya había algunas personas allí, no conocí a nadie más que Jacob, el hermano de Bella, hablando con una chica rubia en el centro de la improvisada pista de baile. Me acerqué a Emmett y Jasper que estaba al lado de una de las mesas. Ellos hablaban animadamente y Emmett parecía que estaba de mejor humor.
– ¿Dónde está Alice? –pregunté.
– Ha ido a buscar a Bella. –contestó Jasper.
– ¿Y Rosalie? –pregunté tanteando a mi amigo.
Emmett bufó y miró el suelo.
– La "princesita de hielo" está en su alcoba esperando a que la llamen –masculló.
Así que Emmett ya le había puesto un sobrenombre a Rosalie… eso no era mala señal, sólo hacía eso cuando alguien calaba hondo dentro de él. Emmett era muy extrovertido y hablaba con todo el mundo, pero no dejaba que nadie entrase en su vida así como así. Solo alguien a quien odiaba o a quien quería a muerte era digno de una broma de Emmett… y Rosalie en veinticuatro horas ya lo había conseguido.
Los murmullos cesaron y cuando me giré para descubrir el motivo se me desencajó la mandíbula y llegó al suelo. Bella había entrado de la mano de Alice, tenía los ojos vendados pero parecía un ángel caído del cielo. Aquel vestido azul se amoldaba a su cuerpo marcando todas sus curvas y le daba un aspecto de terciopelo a su piel.
– Edward –murmuró Emmett a mi espalda– Cierra la boca si no quieres hacer el ridículo.
Cerré la boca de golpe pero fui incapaz de quitarle la vista de encima…
Bella POV
Eran las tres de la tarde del domingo cuando el timbre comenzó a sonar insistentemente. Abrí la puerta ya sabiendo quien era. Y esa pequeña enana entró en mi cosa arrasando con todo a su paso. Me arrastró hasta la ducha y antes de que pudiese darme cuenta ya me estaba desnudando mientras el grifo dejaba salir el agua tibia. Me di una ducha rápida y salí envuelta en una toalla, Alice me esperaba sentada en la cama con todo un arsenal de maquillaje y productos de belleza extendidos a su lado.
Con cara inocente me extendió una bolsa de Victoria Secret, al ver lo que contenía enrojecí al momento. Un conjunto de encaje azul, que era tan pequeño que me sentiría desnuda con él puesto.
– Es mi regalo… –susurró– aunque eso es solo el billete… el viaje debes emprenderlo tú.
La miré alzando una ceja porque no entendía sus palabras…
– Ya lo entenderás… sólo te diré que esta noche te acordarás de mis palabras.
– Alice –protesté– Me da miedo saber lo que has hecho… pero solo te garantizo que te voy a odiar.
Después de varias horas de chapa y pintura, Alice dejó que me mirase por fin al espejo y cuando lo hice abrí los ojos totalmente sorprendida. El vestido ya lo había visto el día anterior, pero aún así me parecía precioso, y mi pelo estaba recogido desordenadamente con rizos que caían por mis hombros sin ningún control. Un maquillaje suave enmarcando mis ojos y con un toque de gloss en mis labios… Alice había hecho magia conmigo una vez más.
Cuando llegamos al a mansión Cullen Alice se bajó del coche antes que yo y en cuanto puse un pie en el suelo colocó una venda tapando mis ojos.
– ¡Alice! –Grité enfadada– esto no te lo pienso perdonar… ¿se puede saber que has hecho?
– Calla Bella y camina –dijo tirando de mi brazo instándome a andar.
– ¡No! –dije cruzándome de brazos y haciendo un puchero.
– Está bien… le diré a Edward que venga por ti –murmuró a lo que yo palidecí– o mejor… le diré a Emmett
Comencé a caminar apresurada… no quería que Emmett que se burlase de mí… o peor, que Edward me viese tropezar y caerme.
Caminamos lentamente a través de la mansión Cullen, podía oír voces y música de fondo. Y comencé a decir varios improperios de los que mi pequeña amiga era la única beneficiaria. ¡Me había preparado una fiesta! Iba a matarla… iba a resucitarla y luego rematarla… iba a destrozar su colección de zapatos... iba a coger sus mejores vestidos y meterlos en la lavadora con lejía… mejor… ¡iba a depilarle la ingles pelo a pelo con unas pinzas mientras la veía retorcerse de dolor!
El bullicio cesó de repente y solo se oía una suave música. Alice me quitó la venda de ocultaba mis ojos y tardé unos segundos acostumbrarme a la luz. Parpadeé varias veces y abrí la boca sorprendida… Alice se había pasado, todo era perfecto, pero demasiado para mí.
– ¡FELIZ CUMPLEAÑOS! –gritaron todos de repente.
Mi mirada vagó por todos los rostros de los presentes e inevitablemente me trabé en dos ojos verdes que me miraban desde una cierta distancia. Sonreí y Edward me devolvió una sonrisa torcida que me quitó la respiración. No pude evitar reparar en el resto de su cuerpo, su pecho bajo aquella fina camisa que marcaba algunos de sus músculos, su pantalón ceñido en las caderas… madre mía… me mordí el labio acallando un gemido al imaginarme lo que habría debajo de esos pantalones "Bella contrólate si no quieres saltarle encima" Parpadeé un par de veces más y le dediqué una mirada de disculpa antes de girarme hacia Alice que no dejaba de parlotear algo a lo que no le estaba prestando atención.
– Bella, este es mi regalo –dijo extendiendo su mano hacia atrás como una azafata de un concurso de televisión.
Pude ver la silueta de una persona acercándose, a medida que estaba más cerca pude ver que era una mujer. Mis ojos se achicaron intentando ver algo ya que el reflejo de las luces no me dejaba. Cuando aquellos ojos azules se cruzaron con los míos se me hizo un nudo en la garganta. ¿Qué hacía ella aquí? Me lancé a sus brazos y la estreché con fuerza mientras no pude evitar llorar.
– ¡Rose, Rose, Rose, Rose, Rose! –murmuraba entre lágrimas mientras continuaba abrazándola.
