Alastor se sentía irritado y un tanto impaciente, con sus ayudantes volando de un lado a otro trayendo los decorativos de Charlie y con los gritos lejanos de Niffty -que seguramente eran a causa del desastre en la cocina-, no le permitian relajarse mucho.
En especial porque aproximadamente cada diez minutos escuchaba como algo se rompía a lo lejos. Y con cada objeto roto sus ansias por moler a golpes a alguien crecían.
—Alastor —llamo Vaggie con un jarrón de flores en mano cuando de fondo se escuchó como un plato explotaba contra el suelo.
Ella se encogió un poco en su sitio al ver a Alastor pasar su mano derecha por su cabello, peinandolo hacia atrás, visiblemente descontento.
—Cuanta incompetencia —murmuro molesto con una gigantesca sonrisa en el rostro, liberando un poco de estática. Sus ojos entonces dejaron de ver a la nada y bailaron hasta la chica, que se notaba, prefería estar en cualquier otro lugar que frente a él—, ¿decias lindura? —pregunto ladeando sutilmente la cabeza tratando de no prestar atención a lo que ocurría alrededor.
—Yo... Charlie te miro algo irritado... —comentó mirando de reojo como Angel cargaba una escalera y era seguido de cerca por Dazzle quien iba con una pequeña caja de herramientas—, y sugirió una noche de karaoke antes de la inauguración. Ya sabes, para aliviar los nervios y eso.
Alastor siguió con la mirada a Angel antes de ver de nuevo hacia Vaggie.
—¿Hoy dices? —inquirio frunciendo levemente el ceño observando un par de sombras pasar con telas doradas y negras, haciéndole señas para que les ayudará—. ¡Imposible! —Alastor comenzó a caminar siendo seguido por Vaggie.
—Bueno, pero podría ayudarte a desestresarte —insistió apretando un poco el jarrón.
Detestaba estar mucho tiempo cerca de él por sus constantes bromas pesadas y comentarios despectivos, pero lo hacía por Charlie y debía soportarlo por ella.
Donde me digas que no malparido
—Aprecio su preocupación pero me temo que tendré que pasar —dijo haciendo levitar las telas hasta el techo enganchandolas, las soltó y estas cayeron como una cascada decorando las paredes que no tenían cuadros ni ventanales. Alastor miro el gran salón comenzando a sentir que el lugar se miraba más como quería—, son libres de hacerlo y yo con gusto veré, sin embargo, no esperen que participe.
Vaggie sonrió triunfante ante esa vaga respuesta.
—Supongo que eso le bastará a Charlie —murmuró dándose la vuelta dando por terminada esa platica.
Alastor al verla marchar se rasco la nuca algo exasperado al tiempo que escuchaba como algo más era roto. Ante eso último, sintió cómo algo se corrompía en su interior.
Oficialmente se había acabado su paciencia.
—Voy a matarlas —musito disgustado.
Camino saliendo del gran salón hacia el pasillo principal, dobló hacia la derecha y llegó a la cocina, tratando de disimular su molestia.
Al abrir la puerta una bola de humo junto con un olor a carne quemada le golpeó de pronto. Dio un paso hacia atrás sin desaparecer su sonrisa esperando que el humo se disipara un poco para poder apreciar el desastre que había en la cocina.
Varios demonios al verlo corrieron en todas direcciones alejándose de su centro de atención, Niffty.
La chica ni siquiera se había dado cuenta de la presencia del demonio de la radio pues sonreía con soltura caminando de un lado a otro ignorando los esfuerzo de Molly por apagar el incendio sobre la estufa.
Ante esa escena, frunció el ceño de forma más notoria. Se esperaba algo así y debio suponer que ni siquiera la hermana de Angel podría ayudar, tal vez si tendría que pedirle a Husk que viniera a apoyar en la cocina, al menos en lo que la comida terminaba de estar.
Molly se llevó una mano a la boca mirando hacia Alastor, sorprendida de que hubiera tardado tanto en llegar.
—¿Podrías ayudarnos un poco? —pidió la chica tosiendo a causa del humo.
Alastor se apreto el puente de la nariz con su mano izquierda antes de chasquear los dedos de su derecha y que todo volviera a la normalidad. Camino hacia Niffty que vio confundida a su alrededor, topándose con la pesada mirada de Alastor.
Al verlo molesto, borró su sonrisa.
—Pequeña lindura —dijo sonriendo cada vez más—, o comienzas a hacer bien las cosas o te juro que te saco a patadas de aquí —amenazó haciendo temblar un poco la realidad a su alrededor—. No más tonterías. —advirtió.
Niffty retrocedió un paso asintiendo una y otra vez con la cabeza.
Molly al fondo se hizo bolita reconociendo la valía de la pequeña por no correr ante semejante demonio. Aunque debía admitir que tendría mucho que ver que se conocieran de años.
—Me da gusto que entiendas —sonrió más calmado a los presentes.
Se dió la vuelta y salió de la cocina confiado que todo estaba arreglado y que tendría unas cuantas horas de tranquilidad antes de que la ridícula noche de karaoke empezará; sin embargo apenas dar un par de pasos fuera de la silenciosa cocina, algo se reventó a sus espaldas acabando con su quietud.
Respiro profundo frunciendo el ceño y siguió de frente, volviendo al gran salón.
—No voltees —se dijo así mismo varias veces hasta llegar a su destino, mirando hacia Angel trepado en una escalera—, ve con Angel y simplemente no vuelvas. O le arruinarás la noche a más de uno.
Angel al terminar de colgar unas luces, noto la presencia de su novio, pero cierta expresión en su rostro le decía que no venía con el mejor humor.
—¿Todo bien? —pregunto descendiendo de las escaleras.
—Quiero matar a alguien —contesto tomando una de las manos de Angel, ayudándolo a bajar.
Una vez en el suelo, Angel le sonrió al tiempo que le abrazaba y acariciaba su cabeza.
—Ya, ya, no queremos causar otro genocidio —rió al decirlo palmeando sutilmente la cabeza de Alastor.
Este por su parte rodeó con sus brazos la cintura de Angel. Sintiéndose inmediatamente mejor.
—Charlie quiere una noche de karaoke, no estoy de humor para eso y siendo sincero preferiría irme a descansar —comentó separándose de Angel, acomodando su cabello ante la mirada divertida del chico—, entre la incompetencia de los presentes y mi afán por seguirle diciendo que si a todo a Charlie y Vaggie, no me queda mucho tiempo para pensar en nosotros.
Angel sonrió abiertamente al escucharle. Al menos no era el único que pensaba que últimamente no estaban pasando tanto tiempo juntos
—Eres muy dulce cuando quieres, abuelito —se inclinó y le dio un beso en la frente—, pero para mañana, cuando toda esta pesadilla termine, quizá quieras realizar esa conversación que tuvimos hace un tiempo —sugirió con coquetería, Alastor entonces enarco una ceja—, y pasar así ese tiempo de calidad que tanto ansias.
Alastor al escucharle comenzó a reír.
—No pierdes el tiempo, ¿eh? —se burló mirándolo de pies a cabeza.
Ante esa mirada, Angel se cruzó de brazos, resaltando su pecho en el proceso.
—¡Oh, vamos! No soy el único que lo ha pensado, ¿verdad? —Alastor se hizo el desentendido encogiéndose en su sitio. Disfrutando de las expresiones de Angel.
—Honey, —llamó con voz profunda, tomando la total atención del arácnido—, tus palabras están llenas de verdad —le guiño un ojo comenzando a alejarse.
Angel abrió la boca sorprendido ante esa respuesta.
—Comienza a gustarme que seas honesto —se rió dándole alcance—, así que, ¿sobre la noche de karaoke?
Alastor rodó los ojos sin borrar su gran sonrisa.
—Quiero verte cantar —comentó mirándolo de reojo, con un humor mejorado. Bastante deseoso de escuchar la melosa voz de Angel una vez más.
—¿Y gritar? —preguntó sugerente.
Alastor solo negó con la cabeza en respuesta.
Sip. Me encanta este chico
