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BirdsandStars
No soy consciente de mucho. Por un segundo me quedo congelada asimilando todo frente a mí. Salgo caminando hacia el altar que han dispuesto al final de la piscina mientras Grace me sostiene por el brazo en el que llevo el hermoso ramo compuesto por rosas blancas y una negra en el centro. Sonrío porque sé quién está detrás de este arreglo floral.
Christian.
Alzo la vista y lo veo al final de la piscina. Está de pie vestido con un elegante traje. Está sonriendo. Justo detrás de él se encuentra Elliot, y al otro extremo Kate.
Bajamos los escalones frente a la piscina mientras suenan los acordes ahora a violín. Miro a un extremo de la terraza donde hay una plataforma en la que está el conjunto tocando la hermosa canción que suena de fondo.
Miro hacia el suelo. Frente a mí y hasta el final de la piscina, hay un pasillo de cristal lo suficientemente ancho como para que yo no caiga por el borde. Alzo la vista. Sobre mi cabeza hay un arco de madera torneada que cruza de un lado al otro de la piscina. Está decorado con enredaderas de pequeñas luces blancas. Los arcos se extienden a todo lo largo de la piscina, todos con igual decoración y separados a casi dos metros entre cada uno. Miro hacia los lados mientras camino por el pasillo, hay lámparas con formas de flores que flotan sobre el agua, algunas comienzan a encender a medida que el sol se pone.
Alzo la vista hacia el frente. De un arco al otro, cuelgan enredaderas de luces un poco más grandes. Y sonrió pues me hacen recordar por algún motivo a la suite de New York, específicamente la sala de Tv donde hicimos el amor.
Los árboles de la terraza también han sido decorados con enredaderas de luces blancas. A ambos lados de la piscina se encuentran las mesas de los invitados. Todos miran fijamente hacia mi. Sobre las mesas también cuelgan enredaderas de luces también. Llego al final del pasillo sin siquiera haberme dado cuenta. Grace me sonríe y le entrega mi mano a Christian.
Y por un momento me le quedo mirando fijamente. ¿Como es posible que luzca sexy de tantas formas diferentes? Su rostro luce una ligera barba. ¡Por dios! Con solo pensar lo que hará sobre mi piel depilada e hipersensible hace que todo mi cuerpo se retuerza de placer. Y por la forma en que me mira en este momento, puedo saber lo que está pensando.
—Si todos los presentes están de acuerdo, demos comienzo a la ceremonia.
La verdad es que no presto atención a nada de lo que dice el juez frente a nosotros. Solo soy consciente del calor de su mano junto a la mía y del latir acelerado de mi corazón. Hasta que llega el momento de intercambiar los anillo y de pronunciar los votos.
Ahí es cuando me percato que no he pensado en nada. ¡Mierda! Necesito pensar en algo rápidamente. Me giro hasta estar frente a él. Cojo su mano y el anillo. Pongo el anillo frente a su dedo y alzo la mirada hacia sus ojos.
—Christian Grey, prometo seguir amándote incondicionalmente cada segundo de mi vida. Y tanto en la salud como en la enfermedad, siempre estaré a tu lado, incluso cuando me digas que no me necesitas… —hago una pausa y en ese instante todos ríen. —…te protegeré y te seré fiel hasta que mi vida termine. —le digo con una sonrisa mientras termino de colocarle el anillo.
Christian me sonríe perversamente mientras coge mi mano y el anillo. No tengo idea de en que momento desapareció de mi dedo, ni como está allí.
—Anastasia Steele, prometo amarte y adorarte cada segundo de mi vida. Protegerte de quien intente hacerte daño, cuidarte en momentos de necesidad. Prometo no más secretos, ni mentiras. Siempre te seré fiel, incluso en mis sueños…—hace una pausa y todos ríen. —…pero sobre todas las cosas, prometo siempre, siempre hacerte feliz hasta el resto de mis días.
—Si ninguno de los presentes se opone a esta boda…—hace una pausa mirando a los invitados. —…los declaro marido y mujer, puede besar a la novia.
Christian levanta el velo por encima de la cabeza y lo deja caer hacia atrás. Sus manos acunan mi rostro y doy un paso al frente al igual que él para unir nuestros labios en un dulce beso.
Enredo mis manos en su cuello para atraerlo hacia mi. He extrañado mucho sus labios. No me importan los invitados, no me importa nadie más que él. Y el calor de sus labios contra los míos moviéndose lenta y sensualmente.
Todos los invitados estallan en aplausos y Christian se separa de mi a regañadientes. Sé que no quería hacerlo, y yo tampoco quería que lo hiciera. Y rápidamente nos vemos rodeados por los invitados felicitándonos por nuestra boda.
—Ana, ha sido una boda hermosa. —me dice Kate mientras me abraza con lágrimas en los ojos.
—Recuérdame secuestrarte durante 24 horas en la tuya. —le digo con una sonrisa mientras ella finge inocencia.
Christian viene a rescatarme unos segundos después.
—Sra. Grey, están reclamando nuestra presencia para cortar el pastel. —me dice con una sonrisa.
Es la primera vez que escucho mi nuevo apellido en sus labios.
—Pues no hagamos esperar a los invitados Sr. Grey. —le digo tendiéndole mi mano.
Christian me lleva hacia el pastel. Cortamos entre los dos una cuña del pastel y la ponemos en el plato para después darnos de comer cada uno. Llevó el tenedor con una pequeña porción de pastel hacia sus labios. Y él la devora sin apartar su mirada de mí. Toma una porción con merengue y la lleva hacia mis labios. Y cuando acerca el tenedor a mi boca, puedo ver en su mirada y en su sonrisa, sus intenciones.
Efectivamente parte del merengue queda en la comisura de mis labios.
—Necesito arreglar esto. —dice mientras deja el tenedor a un lado.
Se pega a mí y acerca su dedo hacia mis labios. Y sensualmente, me quita el merengue que ha quedado fuera. Sé que lo hace a propósito.
—Listo. —me dice con una sonrisa antes de darme un ligero beso.
Después de eso nos sentamos en la mesa principal mientras todos los invitados comienzan a degustar el bufete que se ha preparado. Pero mientras miro el plato frente a mi, me doy cuenta que tengo el estómago demasiado hecho nudos como para comer algo. Y entonces anuncian el primer baile de los novios.
—¡Vamos!
Christian está de pie tendiéndome la mano que tomo rápidamente sin dudarlo. Christian me conduce hacia la pista de baile que han creado en un extremo de la terraza. La pista está rodeada por cortinas de luces blancas y sobre esta, al igual que sobre la piscina, cuelgan enredaderas de luces más grandes.
Christian coloca sus manos en mi cintura y yo enredo las mías en su cuello mientras los acordes de Say you wont let go de James Arthur suenan de fondo.
Mientras giramos por la pista, siento los dedos de Christian rozar ligeramente la piel desnuda de mi espalda baja.
—Nunca pensé que un vestido de novia pudiera ser tan sensual. —me dice mientras yo me estremezco ante su contacto. —Tiene mucho encaje.
—Eso ya lo sabías.
—Si, pero nunca imaginé que mostrara tanta piel también. —me dice mientras acerca sus labios a los míos. —En lo único que puedo pensar es en quitártelo. —susurra contra mis labios antes de alejarse sonriéndome.
—Esa era la idea. —le digo con una sonrisa mientras el me hace girar entre sus brazos. —Me encanta la decoración, me recuerda a New York. —le confieso con una sonrisa.
—Me alegra que te guste. —me dice mientras lo miro fijamente. —Le di unas fotos que hice en New York a la decoradora y le pedí que lo ambientara todo inspirándose en esa habitación.
No puedo creerlo. Pero tenía sentido. Ahí fue donde se dio cuenta que me amaba. Me pierdo en su mirada mientras nos movemos lentamente por la pista. Christian acerca sus labios a los míos y me besa unos segundos antes de que termine la canción.
Lo aplausos no se hacen esperar nuevamente. Elliot me pide un baile y Christian me ofrece a sus brazos.
—No dejes que nadie que no sea yo te saque ese vestido. —me dice en un susurro mientras va en busca de Grace para bailar con ella.
Bailo con Elliot sin perder la vista de Christian que baila con su madre. Y mientras lo hacen puedo ver que a ella se le salen unas lágrimas al recostar la cabeza contra su pecho.
Bailo con todo el que me lo pide, incluso lo hago con el Sr. Brown, el gerente del Drake que después de bailar conmigo pasa el resto de la noche bailando con Grace, mientras ella le sonríe muy alegremente.
Necesito beber algo. Me digo después de disculparme con la última persona con la que bailaba. Me dirijo hacia uno de los camareros y cojo una copa de champagne. Que llevo hacia mis labios.
—Sra. Grey, no creo que deba estar bebiendo con el estómago vacío. —me susurra en el oído mientras me abraza por detrás enredando sus manos en mi cintura.
—Necesito beber algo. —le digo mientras el me quita la copa de la mano antes de que pueda saborear el champagne.
—En ese caso, será mejor cambiar a esto. —me dice cambiándome la copa por la que él tiene en su mano.
Bebo un sorbo y frunzo el ceño. Me giro entre sus brazos sin separarme de su cuerpo.
—¿Estás bebiendo agua?
—Sí.
—¿Alguna razón por la que no bebamos champagne en nuestra boda? —le pregunto mientras el me sonríe misteriosamente.
—Quiero comenzar nuestra luna de miel sobrios. —me dice mientras me besa apasionadamente.
Pero como toda la noche, nuestro beso es interrumpido.
—Siento interrumpirlos pero es hora ya de que salgan hacia el aeropuerto. —me separo de Christian mientras miro a la organizadora de la boda. —Debes cambiarte antes. —me dice señalando el vestido.
—No, puedo hacerlo, le hice una promesa que el lo haría. —le contestó mientras Christian aferra más fuerte su mano en m cintura.
—En ese caso, será mejor que se despidan de todos.
Todos comienzan a rodearnos mientras caminamos hacia el auto que nos llevará hasta el aeropuerto. Algunos lanzan arroz y otros confeti mientras llegamos frente al auto. Me detengo mientras miro hacia la multitud que se ha reunido afuera de la casa. Me suelto del brazo de Christian y camino hacia Grace y la abrazo.
—Te quiero mamá. —le digo mientras se me salen las lágrimas.
—Y yo a ti hija. —me dice con algunas lágrimas en sus ojos.
Me separo de ella y me despido de Kate.
—Cuida a mi sobrina mientras no estoy. —le digo riendo.
—Deberías comenzar a trabajar en la mía. —me dice mientras ambas reímos.
Eso es algo en lo que aún no he pensado. Y de lo que Christian y yo aún no hablamos, pero sé que lo debemos hacer en algún momento. Pero por ahora, solo disfrutaré de mi luna de miel. Camino nuevamente hacia Christian y entonces recuerdo que aún sostengo el ramo en mi mano. Me pongo de espaldas y tras contar hasta tres lo lanzo y me giro. Para mi sorpresa el ramo lo atrapa Grace.
Christian abre la puerta del auto para mi y me ayuda a entrar antes de subir el también.
—¿Lista para comenzar una nueva vida?
—Si lo estoy. —le sonrío mientras el auto arranca.
Media hora más tarde está estacionando junto al jet privado en una pista lateral del aeropuerto. Christian me ayuda a salir del auto mientras alguien comienza a subir nuestro equipaje hacia el avión.
—¿Esta vez me dirás hacia dónde vamos? —le pregunto mientras entrelaza sus dedos con los míos.
—Creo que sabes hacia donde vamos. —me dice con su sonrisa enigmática.
Subimos al avión. Pero la decoración en el interior a cambiado algo desde la ultima vez. El espacio ahora es un poco más reducido. Solamente están los asientos. La cocina ahora es más pequeña y hay una puerta detrás que antes no estaba. Miro a Christian y el solo se encoje de hombros. Me siento en mi asiento y el a mi lado. El copiloto cierra la puerta y se dirige hacia la cabina nuevamente.
El avión avanza lentamente por la pista auxiliar hasta llegar a la pista principal y tomar velocidad para despegar. Media hora después de estar en el aire Christian desata su cinturón de seguridad y hace lo mismo con el mío. Se pone de pie, se quita la americana poniéndola en el respaldo del asiento y toma mi mano.
—Vamos. —me dice mientras tira de mi mano hacia el final del avión.
Se detiene frente a la puerta, me mira, me sonríe y después la abre haciéndome entrar. Entro en la habitación y me detengo junto a la cama. En una esquina se encuentra nuestro equipaje y en la otra hay una butaca. Siento a Christian cerrar la puerta detrás de mí.
—¿Una cama? —inquiero con curiosidad.
—¿Recuerdas cual era mi fantasía Sra. Grey? —me dice acercándose peligrosamente a mí.
—Unirte a un club del que no recuerdo el nombre. —le respondo mientras él me sonríe.
—El Mile High Club. ¿Nunca investigaste que era? —pregunta deteniéndose frente a mí.
—No. —se me había olvidado hacerlo.
—A ese club…—me dice mientras desliza un dedo por mi cuello y baja hacia mis hombros acariciando el tirante de encaje del vestido. —…pertenecen todos aquello que tienen sexo a más de 12 mil pies de altura.
—¿Y pretendes hacerlo ahora? —le pregunto con la respiración acelerada.
—Primero quiero sacarte ese vestido. —me dice mientras me da la vuelta. —Es en lo único que he pensado toda la noche. —me dice mientras yo rio a carcajadas.
