Angel al escuchar la afirmativa de su pareja se acercó hasta quedar de pie delante de él.

La suave sonrisa de Alastor le indicaba que podía acercarse más pero no lo hizo. La sola idea de tenerlo solo para él y que nadie más pudiera verlo así, le hacía sentir único.

—¿Recuerdas que hace un tiempo éramos un caos al lado del otro? —pregunto tomando el borde de su camiseta para pasarla por su cabeza y quitarsela, dejándola caer a su costado con tranquilidad ante la calmada mirada de Alastor.

Al escucharle, el aludido enarco una ceja mirando las lineas rosas que recorrian el cuerpo de Angel, deseando tocar cada una de ellas que pasaban por su pecho y caderas.

—¿Éramos? —bromeo estirando su mano derecha posandola en la cintura de Angel, tirando de él hasta que esté terminó entre sus piernas. Lo suficientemente cerca como para poder recargar la cabeza en su pecho si quisiera.

—Si, éramos —reitero divertido inclinándose para pasar un par de brazos por los hombros de Alastor—, hubieras explotado medio infierno por tocarte.

Alastor rió al recordar todo eso.

—Y tú jamás me hubieras pedido permiso para esto —concordó después de un instante acariciando la cintura de Angel—, debo decir que ahora somos bastante diferentes —dijo recordando el largo camino que habían recorrido.

—¿Te molesta que hayamos cambiado? —preguntó mirándole con curiosidad.

—¿Por qué habría de molestarme si solo nos mostramos así el uno al otro? —Angel casi soltó un suspiro por escucharle. No podía mentir que adoraba la mayoría de las palabras que salían de su boca.

—Bueno, en ese caso... —dijo para sutilmente levantar su pierna derecha, rozando levemente su rodilla con la entrepierna de Alastor, quien se removió un poco en su lugar.

Con ese simple toque, Alastor se puso nervioso.

—Iremos lento —soltó de inmediato Angel enredando sus dedos entre el cabello de su pareja al ver como este se había tensado; hasta cierto punto le parecía adorable que fuera un primerizo—, en el momento que no quieras continuar, pararemos —murmuró acercándose al rostro de Alastor rozando sus labios con él—, pero hoy no será tu primera vez.

Alastor rió ante esa afirmación. De cierta manera se le hacía un lindo gesto que Angel quisiera darle su tiempo en ese tema.

—¿Es así? —cuestiono curioso sintiendo una de las manos de Angel descender por su pecho hasta el borde de su pantalón.

—No es el momento y si debo ser sincero, estoy... bastante nervioso —se sincero desviando un poco la mirada—, y no quiero hacer las cosas mal en tu primera vez...

—No lo creo, ¿tú haciendo las cosas mal por estar nervioso? —se burló Alastor levantando su mano libre para acariciar la mejilla izquierda de Angel, atrayendo su atención—, te mueves y hablas con tanta soltura que difícilmente puedo imaginarte en esa situación.

Angel jadeo un poco ante aquella sutil sonrisa que le brindaba.

—Alastor, te amo —dijo para besarlo, ya sin poder soportar una palabra más de su pareja.

Alastor le atrajo a él, haciendo que subiera sobre su regazo. Apretó sutilmente las caderas de Angel cuando la lengua de este recorrió su labio inferior.

Tembló ante aquel tacto y aún así lo dejó entrar. Apenas rozar su lengua con la contraria, una sensación que no había experimentado antes comenzó a recorrerle, haciendo estragos en su cuerpo.

Sentía como su cuerpo vibraba ante aquel beso, se sentía torpe e inexperto y posiblemente Angel ya lo habría notado, pero eso no le molestaba. Pues solo él podría verlo de esa forma.

Las manos de Angel que permanecían entre el cabello de Alastor, tiraron un poco de él cuando esté presionó más contra él, sorprendiendolo por el ímpetu repentino. Pronto Angel sintió como el temblor en el cuerpo de su novio se iba para dejar paso a un hombre con mayor soltura recorriendo su boca y cuerpo.

Aquella sensación para él era inigualable.

Ser tocado y hasta cierto punto deseado por su persona especial, lo hacía sentir cada sensación como si fuera la primera vez que la experimentaba. Su corazón latía con fuerza y sus manos temblaban, casi rió por la reacción tan infantil de su cuerpo.

Angel se separó de Alastor dejando un sutil hilo de saliva entre ambos, la respiración agitada y sus cuerpos ansiosos eran lo único que podían percibir del otro. Entonces Angel se dió cuenta de algo que le había pasado desapercibido. Meneo las caderas lentamente sobre el miembro despierto de Alastor, disfrutando de la sensación.

—Me gusta esta reacción —jadeó Angel tratando de recuperar el aire. Alastor le sonrió sujetando con fuerza sus caderas cuando este no paró de moverse sobre su creciente erección.

Una de las manos de Alastor lentamente subió por el vientre del chico detallando cada línea hasta llegar a su abultado pecho y apretarlo con algo de fuerza, deleitándose con el tacto.

—Adoro cada parte de tu cuerpo —dijo Alastor con voz ronca moviendo su mano izquierda por la espalda de Angel—, me gusta tu suavidad y tu aroma —musito para besarlo en la barbilla—, pero lo que más me gusta de ti, es tu hermosa voz —dijo mirándolo a los ojos.

Angel sintió su cara arder sin lograr comprender cómo es que el hombre frente a él siempre terminaba por sorprenderlo con sus solas palabras.

Un hombre de pocas acciones pero con una excelente labia, según su percepción.

—Ali —rió avergonzado poniéndose de pie para luego arrodillarse lentamente ante la penetrante mirada de su pareja—, haré que agregues algo más a esa lista —dijo juguetón guiñandole el ojo derecho.

Alastor apreto los labios cuando Angel abrió la cremallera del pantalón para bajarlo junto con su ropa interior, liberando su miembro erecto, sintiéndose inevitablemente expuesto y cada vez más nervioso por lo que venía.

Angel le dedico una sonrisa coqueta antes darle un suave beso al glande de Alastor, quien para ese punto ya apretaba las sabanas entre sus manos.

Ver a Angel entre sus piernas haciendo esa simple acción había disparado todos sus sentidos, si bien no le molestaba la sensación del tacto que recibía, era raro el como todo se sentía.

Muy nuevo para él.

—¿Cómo te sientes? —pregunto Angel para inmediatamente pasar la lengua por la punta del miembro de Alastor, haciéndolo temblar.

—Puedo manejarlo —contestó con voz profunda y temblorosa.

Angel se rió descendiendo por el tronco del pene con lentitud mientras una de sus manos acariciaba el glande de Alastor. Este entonces se llevó su mano derecha hasta su boca, callando un jadeo que estuvo a punto de escapársele.

Al verlo tembloroso y haciendo un esfuerzo por quedarse quieto, Angel se sintió un poco mal.

—¿Quieres que pare? —preguntó deteniendo el meneo de su mano—, si no puedes entonces-

Alastor, cuya respiración estaba agitada, negó sutilmente con la cabeza, desviando la mirada.

—Sigue... no me molesta...

—¿Seguro? —inquirio reanudando sus caricias, descendiendo su mano por su tronco apretando mientras subía y bajaba.

—Angel —jadeo Alastor ahora cubriendo parte de su cara con su mano—, no me veas —pidió sintiendo la mirada de Angel mientras le masturbaba.

El aludido rió sutilmente bajando la mirada hasta el miembro que estaba totalmente erecto y listo para recibir su total atención. Si su mirada incomodaba a Alastor, no lo vería pero entonces se esforzaría el doble para que él si lo mirara.

Apretó la base del tronco mientras acercaba su boca y volvía a besar el glande, inmediatamente su lengua se enrollo alrededor de este para seguidamente introducirlo en su boca con lentitud, escuchando de fondo un jadeo por parte de su novio. Hizo acopio de su fuerza de voluntad para no subir la vista.

Lentamente descendió por el miembro de Alastor, deleitándose con el grosor y largo de este. Sin poder evitarlo introdujo un par de manos en su ropa interior, atendiendo su miembro que desde hace un rato pedía por atención.

Inició un lento vaivén con su cabeza, succionando el miembro de Alastor con maestría, disfrutando de los sonidos que provenían de su pareja. Un jadeo se le escapó cuando Alastor acaricio su cabeza al tiempo que gemía su nombre.

Aumentó la velocidad con la que introducía el pene a su boca, yendo cada vez más profundo; cuando sintió el miembro ajeno volverse más grande y palpitante lo sacó de su boca.

Alastor le vio confundido con el rostro enrojecido. Y antes de siquiera preguntar porque se detenía, Angel se puso de pie y volvió a subir sobre su regazo, esta vez con su miembro afuera.

—Terminemos juntos, bebé —rió para tomar el miembro de Alastor y unirlo al suyo, empezando a masturbarlos.

Al tenerlo al frente, Alastor detallo cada expresión de Angel, sintiendo su cuerpo calentarse cada vez más por verlo gemir y jadear su nombre, la imagen de él retorciéndose por su persona, lo llevaba todo a otro nivel. No podía comprender cómo alguien podía ser tan erótico.

—Angel —jadeo acercándose hasta los labios de este para besarlo.

Un par de brazos de Angel se paso por los hombros de Alastor atrayéndolo. Entre el beso que les robaba el aire y la creciente excitación entre ellos, pronto se sintieron al borde de un placentero abismo.

Los gemidos de Angel eran silenciados por la boca de Alastor.

Sus miembros se rozaban húmedos por el liquido preseminal, anunciando el final del acto.

Alastor sujeto las caderas de Angel con algo de fuerza cuando una creciente descarga eléctrica comenzó a recorrer la base de su cuerpo. Era la segunda vez que esa sensación acudía a su cuerpo y le confundía, sabía que significaba que lo disfrutaba, pero después de tantos años rehuyendo a eso, ahora que lo recibía y aceptaba, era extrañamente placentero.

—Al —gimió Angel recargando la frente en el hombro derecho del aludido—, me vengo, Al.

Alastor no respondió, ni siquiera fue necesario. Recargo la cabeza sobre la de Angel al tiempo que se venía entre ambos, sintiendo como su pareja lo hacía unos segundos después con un sonoro gemido.

La suave risa de Alastor saco un poco de su ensoñación a Angel.

—Angie —llamó Alastor viendo a Angel enderezandose—, te dije que podría soportarlo.

—A mi me pareció que lo disfrutaste —rió besándolo—, más que soportarlo.

—Fue toda una experiencia, no voy a negarlo —dijo bajando la mirada encontrándose con el desastre que habían causado—, todo muy nuevo.

—¿Con posibilidad de repetirse? —inquirio curioso siguiendo la mirada de Alastor—, oh, por eso es bueno tener pañuelos cerca, iré al baño y te traigo-

—No es necesario —dijo tomando los muslos de Angel para inmediatamente ponerse de pie, sacándose el pantalón para poder caminar—, nos daremos un baño.

Angel enredo la piernas en las caderas de Alastor cuando este comenzó a caminar.

—Son las tres de la mañana, Al —apunto con una enorme sonrisa en el rostro.

Alastor solo le sonrió divertido.

—Eso no nos detuvo —rió al decirlo—, por cierto, contestando a tu pregunta anterior —dijo viéndolo de reojo llegando al baño—, eso me encantaría.

Angel solamente sonrió dejándose llevar.

Llegado a ese punto, se sentía la persona más afortunada del mundo.

Definitivamente amaba a esa psicópata fresa con patas.