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BirdsandStars
Christian me despierta cuando nos avisan de aterrizar en Barcelona para hacer escala. Nos vestimos con las ropas de la maleta y nos sentamos en nuestros asientos. No recuerdo haberme quedado dormida, ni siquiera recuerdo cuando Christian salió de mi interior y se acostó junto a mí.
En Barcelona cenamos algo antes de continuar nuestro viaje hacia las islas maldivas. Y el resto del vuelo pasa rápidamente mientras vemos varias comedias que no nos dejan parar de reír.
Christian lleva una mochila en la espalda y la otra en un hombro mientras enreda los dedos de la mano con los míos. Caminamos por el muelle hacia el yate. Esta vez no suelta mi mano mientras los dos saltamos hacia el yate.
Es de noche y lo veo que me conduce por las puertas traseras del yate. Me lleva hacia la cubierta inferior y hacia la puerta del final del pasillo. Abre y entra dejando las maletas en el suelo. Me quedo mirando la cama fijamente. Esta habitación me trae recuerdos excitantes. Siento a Christian abrazarme por detrás.
—Vamos a descansar, lo necesitaremos para mañana. —me dice mientras besa mi cuello y comienza a desnudarme.
—Acabas de decir que íbamos a descansar. —lo regaño mientras dejo que se deshaga de mi ropa.
—Y lo vamos a hacer, desnudos, piel contra piel. —me dice mientras continúa con su labor y yo río a carcajadas.
El movimiento del agua contra el yate y el sol en mi rostro me despierta. Christian no está a mi lado, por lo que supongo que está conduciendo el yate. Me siento en la cama y veo una nota en la almohada a mi lado.
Ponte algo para darnos un chapuzón, o no te pongas nada.
Christian
Me levanto de la cama y busco en la mochila algo que ponerme. Mientras reviso me percato quien fue el que preparó el equipaje.
Christian.
Dentro de la mochila no hay casi ropa, solo algunas bragas, más de encaje que normales. Y un solo conjunto de bikini. Lo cojo y mis cosas de aseo y voy hacia el baño y sin pensarlo me lo pongo. Afuera el sol esta bien bajo, así que debo de haber dormido más de 12 horas. Salgo en busca de Christian y lo encuentro sin camisa, preparando un aperitivo, no creo que le pueda llamar desayuno a esta hora.
—Buenas tardes. —me dice cuando llego a su lado y le doy un beso en la comisura de los labios.
El solo me mira frunciendo el ceño, pero no dice nada. Solo llevo el conjunto de bikini, nada más. Me siento a comer la merienda ligera que ha preparado mientras Christian me mira de reojo.
Esa mirada.
Cuando termino, él recoge rápidamente las cosas sin darme tiempo a nada y me coge por las manos.
—¿Me acompañas? —me dice mientras tira de mi hacia la cubierta superior.
Estamos en medio del océano sin nada más que mar abierto en todas direcciones. La vista desde aquí arriba es impresionante. El sol casi se está poniendo y estamos aún lejos de la isla. Pero el océano esta en calma. El agua choca contra el yate creando un ligero balanceo apenas imperceptible. Me acerco a la barandilla de la parte trasera y apoyo mis brazos mientras admiro en atardecer frente a mí. Entonces siento un dedo deslizarse por mi cuello y bajar por mi espalda lentamente y un momento después está tirando de la tira de la parte superior del bikini. Y este cae al suelo. No me puedo mover de donde estoy parada, no cuando el me esta seduciendo de esta forma. Coloca ambas manos en mi cintura y las baja hasta ambos lados del biquini y tira de las tiras de los costados.
Estoy desnuda, sobre la cubierta del yate.
—¿Qué te parece el atardecer Ana? —me dice en un susurro en el oído.
—Espectacular. —le digo con la respiración acelerada.
—Quiero hacerte el amor... —me dice mientras me gira entre sus brazos. —…con ese atardecer de telón. —me dice mientras desliza un dedo por mis labios entreabiertos.
No puedo hablar, no puedo pensar, no cuando me mira de esa forma tan sensual. Subo mis manos hacia su pecho, acaricio las alas del fénix mientras me pierdo en su mirada.
—No te he detenido. —le digo en un susurro.
Y rápidamente tengo sus manos en mis nalgas y sus labios contra los míos. Salto y enredo mis piernas en su cintura. Sus labios devoran los míos desesperadamente. La ansiedad que ambos tenemos es desesperante. Lo próximo que siento es que me está acostando sobre una de las tumbonas. Separa sus labios de los míos y comienza a bajar por mi cuerpo. Intento enredar las piernas en su cintura, pero ya el esta en mi vientre. Baja las manos y abre mis piernas para devorarme lentamente haciéndome gemir.
Me aferro fuertemente al borde de la tumbona mientras abro más mis piernas para darle mejor acceso. Su lengua se desliza deliciosamente por mi clítoris. Y en ese instante se me ocurre alzar la cabeza un poco. Y lo veo, su mirada fija en la mía mientras desliza la lengua por mi sexo.
Recuerdan que dije que la imagen más erótica había sido al cruzar nuestras miradas en el cristal panorámico mientras me poseía. Me corrijo. Esto es mucho más erótico. Ver sus ojos oscurecerse de placer mientras desliza la lengua lentamente por mi sexo hace que rápidamente comience a convulsionar.
—¿Te gusta lo que te hago? —me pregunta haciendo una pausa.
—No te detengas. —le digo mientras el me sonríe y vuelve a hacer lo que estaba haciendo.
Esto es demasiado y llega un momento en que no puedo tener los ojos abiertos. Pero los abro rápidamente cuando introduce un dedo en mi interior a medida que sube por mi cuerpo. Mientras mueve el dedo lentamente en círculos y lo presiona contra la parte frontal de mi vientre yo gimo audiblemente. Al pasar por mis senos los devora, tirando de los pezones con los dientes, haciendo que me retuerza de placer debajo de él. Sus labios llegan a los míos, tira del labio inferior y después del superior antes de introducir la lengua en mi boca.
A cada segundo aumenta aún más el deseo en mí. Me aferro a su espalda fuertemente mientras entierro las uñas. Entonces dejo de sentir el dedo en mi interior. Christian separa sus labios de los míos, me mira fijamente mientras entra en mi interior. En ningún momento deja de mirarme. Y cuando se introduce hasta el fondo se queda quieto en mi interior.
—Quiero quedarme así por siempre… —me dice mientras roza su nariz con la mía. —…enterrado profundamente en tu interior, sin hacer nada más que mirarnos a los ojos.
—Suena tentadora la idea. —le digo con una sonrisa.
—Pero sé que eso no es lo que deseas. —me dice mientras se retira brevemente y entra lentamente en mi arrancándome un gemido. —Deseas que me entierre en ti una…—se retira y vuelve a entrar. —…y otra vez. —vuelve a salir y entrar en mí. — Aumentando la intensidad de mis movimientos… —me dice mientras comienza a acelerar las embestidas. —Haciendo que poco a poco comiences a perder el control. —enredo mis piernas en su cintura mientras me aferro fuertemente a sus hombros y su espalda. —Hasta que te olvides de todo y en lo único que puedas pensar es en mí, llenándote completamente.
Justo en ese instante Christian une sus labios a los míos y yo dejo de pensar coherentemente, mis paredes se aprietan a su alrededor mientras gimo contra sus labios. Puedo sentir cada roce, de su cuerpo contra el mío, el calor de su miembro en mi interior y como se pone a cada segundo más duro. Christian gime contra mis labios mientras se aferra a mis hombros fuertemente.
Sus movimientos de vuelven incontrolables mientras lo siento llenarme completamente y me dejo ir también. Sus movimientos comienzan a bajar de intensidad con los últimos gemidos que escapan de nuestros labios y Christian se deja caer junto a mi cuerpo con la respiración tan acelerada como la mía.
Le acaricio el pelo mientras veo el cielo naranja y violeta mostrar los restos del atardecer.
—Este es el mejor atardecer que he visto en mi vida. —le confieso con una sonrisa.
Christian ríe a carcajadas mientras se incorpora brevemente.
—Se cuanto te gusta mirar los atardeceres, y quería que vieras uno que no olvidaras jamás.
—Créeme, este nunca lo voy a olvidar.
—Quisiera que nos quedáramos así por siempre, pero debo llevar el yate hasta la isla. —me da un beso en los labios y se separa de mi.
Christian recoge su ropa del suelo y se la pone rápidamente antes de desaparecer por la escalera. Me siento y observo los restos del atardecer. Me levanto y recojo el bikini del suelo antes de bajar hacia la cubierta inferior. El yate comienza a desplazarse lentamente por el agua mientras me pongo nuevamente el bikini y me siento a ver como el agua rompe contra el yate. Voy tan entretenida que ni siquiera me percato cuando este se ha detenido, hasta que veo a Christian con la mochila al hombro.
—Hemos llegado. —me dice tendiéndome la mano.
Se ha puesto una camisa blanca y veo que me tiende un short y una blusa. Me los pongo rápidamente y bajamos del yate.
El muelle esta iluminado y salto rápidamente hacia el mientras Christian amarra el yate. Me toma de la mano y me conduce hacia la isla.
—Estoy muerta de hambre. —le digo mientras me dirijo hacia la cocina.
—Dejo las mochilas en la habitación y regreso a ayudarte.
Abro la nevera y me sorprendo al ver que está completamente equipada. Saco unos filetes de ternera y los pongo a descongelar mientras continúo buscando ingredientes en la nevera. Cojo un pomo de caldo concentrado y un paquete de papas precocidas.
Christian regresa, me roba un beso y desaparece nuevamente.
Busco en las despensas y saco un pomo de aceite de oliva, sal, pimienta. Vuelvo a abrir la nevera y saco ají, cebolla y ajo.
—Perfecto, ahora solo me falta el vino tinto.
—Este vino. —me dice mientras pone dos botellas de vino sobre la encimera de mármol de la cocina.
—Me leíste el pensamiento. —le contesto con una sonrisa mientras comienzo a preparar la cena.
Christian abre una de las botellas y coge dos copas para servir el vino.
Saco una tabla para cortar y cojo un cuchillo, pero Christian me lo quita de la mano.
—Este cuchillo es un peligro en tus manos. —me dice con una sonrisa mientras lo pone a un lado y comienza a lavar los vegetales.
Cojo la copa y le doy un sorbo antes de poner una sartén a calentar con aceite de oliva para freír las papas y la plancha para los bistecs. Acaricio a Christian cada vez que paso por detrás de él, y el solamente se ríe mientras continúa cortando. Pongo los bistecs en la plancha y las papas a freír. En cuanto Christian termina con las verduras las pongo con el caldo en una olla. El se gira hacia mí, me quita la espumadera de la mano y la pone a un lado de la meseta, me coge por la cintura y me sienta sobre esta.
—¿Como se supone que cocine de esta forma? —le pregunto con curiosidad.
Christian coloca las manos en mis muslos y abre mis piernas. Se coloca entre mis piernas y pega su frente a la mía.
—Tu te sientas ahí mientras yo te beso. —me dice mientras une sus labios con los míos. —Y me dices que debo hacer. —otro beso.
—Se nos van a quemar las papas. —le digo con una sonrisa.
Lo observo coger la espumadera y revolver las papas antes de sacarlas y ponerlas a escurrir. Echa más papas y revuelve el caldo mientras le agrega un poco de aceite de oliva. Vuelve a dejar los utensilios a un lado y se coloca nuevamente entre mis piernas. Coloca sus manos en mis caderas y me mira fijamente.
—Nunca te he preguntado donde aprendiste a cocinar.
—Ayudaba a Elliot de vez en cuando, y me enseñó algunas cosas. —me dice con una sonrisa.
—¿Te enseñó a hacer el delicioso bizcocho helado?
—Creo que esa receta no se la va a enseñar a nadie nunca. —me dice riendo mientras vuelve a separarse de mí.
Le da la vuelta a los bistecs en la plancha, revuelve las papas y el caldo que ya está mermando y comienza a desprender un delicioso olor. Regresa nuevamente donde yo estoy y coge su copa dándole un largo sorbo. Después coge la botella, rellena la copa y vierte un poco sobre el caldo.
—No creo que necesites que te indique lo que debes hacer, se te da muy bien la cocina. —le digo con una sonrisa mientras lo observo sacar las papas.
Cojo mi copa y me quedo hipnotizada viéndolo cocinar. Le aumenta la potencia al fuego del caldo y busca dos platos que pone sobre la encimera.
Apaga la parrilla y cubre los bistecs. Revuelve el poco caldo que queda que se ha convertido en una salsa espesa y lo apaga también cubriéndolo.
—La cena está lista, pero creo que deberíamos esperar a que se enfríe un poco. —me dice con una radiante sonrisa. —Podemos bañarnos mientras tanto. — me dice mientras camina en mi dirección.
—Pues vamos a bañarnos. —le digo mientras llevo la copa nuevamente a mis labios, pero Christian me la quita antes de que el vino llegue a tocarlos.
—No más vino hasta la cena. —me dice con una sonrisa mientras pone la copa a un lado y me coge de la mano. —Vamos.
