Y así como Annabelle fue la que empezó aquel beso, también fue la que se separó primero.

Elsa aún tenia los ojos cerrados y los labios estirados a la princesa pero poco a poco fue abriendo sus ojos para relamerse los labios y mira de forma tímida a esos ojos azulados que la miraban con una sonrisa coqueta.

-Eres la cosa más tierna que he visto en mi vida.

La rubia platinada frunció el ceño molesta, odiaba que le digan tierna, ella no era tierna. ¡Está bien! tal vez no era muy alta, tenía los ojos azules, cabello platinado cómo lo solían tenerlo los niños pequeños, pero que a medida que crecían se iba haciendo más oscuro, cosa que a ella jamás le pasó; tenía una nariz pequeña y muy pero muy invisibles pecas sobre esta, aparte de tener gestos aniñados, pero ¡Vamos! no quería decir que eso la hiciera tierna, por lo menos eso pensaba Elsa.

Se soltó por completo de agarre de la princesa y le dio la espalda, para seguir su labor aun con el entrecejo enojado y las mejillas rojizas, Annabella habia invocado a la reina del hielo, aunque no habia de entender muy bien como lo habia hecho y no iba a insistirle a Elsa más de lo que le correspondía, así que soltó un suspiro de derrota y con las manos en los bolsillos se retiro de la biblioteca para ir al despacho real donde seguro su madre la estaría esperando.

Mientras caminaba por los pasillos pensaba en lo que había hecho con la chica de 17 años ¿había estado bien? ¿había estaba mal? tal vez confundió toda la situación, tal vez Elsa está enojada pero no reacciona de mala manera simplemente porque ella era la princesa, la futura reina, tal vez su posición social no dejaba que la rubia dejara ver sus verdaderas reacciones ante los acontecimientos que había vivido así sólo minutos.

Maldijo para sus adentros, se sentía estúpido, se sentía idiota, hasta incluso llegó a sentir que no merecía llevar el título de princesa. En su caminata al despacho real, su mente fue invadida de recuerdos de su difunto padre, el rey Prieto, de él contando la historia de sus abuelos, sus antepasados, de lo que ellos le enseñaron a él, lo que significaba pertenecer a la monarquía en Arendelle, ser honesto, sincero, valiente, amable y benévolo ¿Dónde estaban esas cualidades en ella? Las buscaba y rebuscaba en su ser pero no las encontraba y se odiaba por eso.

Al entrar al despacho real y no encontrar a su madre, su mirada se posó en aquellos retratos, en aquellos cuadros qué delineaban, por así decirlo, toda la historia de un linaje, de un Clan, y un clan enorme de Reyes, hombres y mujeres, caballeros y damas todos con una gran reputación, pero ninguna como la de ella, buenas como las de ellas, pero sólo una de ellas interesaba.

Se acercó al retrato pintado a mano por un pintor francés, ese cuadro, que vale una fortuna, ese cuadro que tenía más de 100 años en aquella pared, fue pintado en los 1800 y en aquellas pintura se encontraba la razón de su nombre, la reina Anna de Arendelle.

Su padre solía decirle que su nombre era por ella, porque al nacer fue muy exagerado el parecido que su pequeña princesa tenía con aquella reina y no podría estar más en lo cierto, Annabelle eres la viva imagen de aquella ya fallecida reina, y los sirvientes hasta llegaron a creer que habían visto el fantasma de la reina Anna por los pasillos deambulando en la noche, cuando simplemente era Annabella con sus típicos ataques de insomnio.

Mentiría si dijera que hasta ella misma no se asombraba del increíble parecido que tenía con su antepasada, pero solo la apariencia y la inteligencia académica era lo que ella tenia de Anna.

Las palabras, valentía, honor, orgullo, excelente desempeño, hermosa princesa, amada reina, espíritu libre, amable, humilde y muchas cosas más, iban tomados de la mano cuando alguien hablaba de la reina Anna de Arrendelle, aparte de que todo el mundo decía que fue una de las mejores gobernantes de su época.

Volteo levemente a su izquierda, donde estaba el retrato de su otra antepasada, no una tan directa, pero lo era, la reina Elsa de Arendelle, era considerada una de las reinas mas hermosas del continente, del mundo incluso, también conocida como la reina del hielo, pues se decía que era fría como un tempano de hielo, su mirada de un azul mágico, se decía que era capaz de congelar hasta a reyes en su lugar, tenia pretendientes pero nadie lograba acercarse a ella, para Elsa no eran importantes las relaciones amorosas, ella era calculadora y meticulosa por cada acción que tomaba, hacia un trabajo impecable en el mandato, pero su buena virtud también era su debilidad, pues el consejo real exigía un heredero a la corona y eso era algo que Elsa no estaba dispuesta a dar, por eso se dice que le paso la corona a su hermana, cosa que era una tonta mentira, todo sobre la reina de hielo era mentira y no era que ella lo dijera, si no que los viejos escritos de la reina Anna lo afirmaban, escritos donde la reina hablaba de una hermana mayor tierna, atenta, que a menudo su mente se perdía en las nubes, en sus pensamientos, una mujer tímida a la cual le costaba demostrar sus sentimientos y eso a menudo le traía problemas para sociabilizar, era buena, muy buena y Anna en más de una ocasión la sito como una persona avanzada para su época, pues Elsa era realmente el verdadero espíritu libre de la familia, o eso fue lo que entendió Annabella al leer que Anna decía que su hermana era un espíritu que era libre de las grandes cargas de la corona.

Annabella rio un poco, pues pesaba que Anna también estaba un poco loca.

Giro su rostro al ultimo cuadro en la pared, este ya no era una pintura, era una gran fotografía, de un hombre esbelto, de espalda ancha, piel blanca, pecas, cabello pelirrojo y cargaba sobre su cabeza una corona y en sus manos sostenía el cetro y la bombilla real.

"Rey Prieto de Arendelle"

-Padre- Susurro con tristeza. -No merezco este legado, ni este nombre o esta apariencia, lo siento…

Elsa bajaba del taxi que la habia dejado en la puerta de su casa y caminaba por el jardín de su hogar aspirado el delicioso aroma a menta que soltaban las plantas de menta gracias a que eran agitadas por el viento invernal que era próxima a su estación.

Entro y dejo su mochila sobre el piso, cerca de la entrada.

-Mamá se enoja cuando dejas tu mochila ahí- Dijo un pequeño rubio de 7 años en pijama Azul, decorado con dibujitos de renos.

-¿Ahora eres el mayor? Kristoff.

El niño sonrió y corrió a los brazos de su hermana mayor.

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