Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía
Solo para mayores de 18.
Yani, muchas gracias por ayudarme con la corrección de capis!
Las invito al grupo: Erase una vez... Edward y Bella en Facebook
Mayo, 2013
Lo que realmente era estúpido, era que hubiera accedido.
Bella había pasado como en un trance los últimos minutos, mientras viajaba en la parte trasera del auto y escuchaba los quejidos de Tanya, y después cuando se había hecho a un lado al ver a un enfermero corriendo hacia ellos para ayudarlos apenas poner un pie en el hospital. La verdad se sentía un poco estúpida e incapaz de ayudar con nada.
Después, permaneció donde estaba, sentándose en la sala de espera observando el ir y venir de una cantidad absurda de personas, y ahí entre el bullicio de la gente pensó que no quería estar ahí para el nacimiento del hijo de Edward con otra. Su tolerancia tenía un límite, si lo iban a intentar, no empezarían por aquí. Quizás con el tiempo ella podía ver a esa bebé de otra manera, ¿pero justo en este momento?, no había palabras para describir cómo se sentía. La última vez que había estado en una clínica, había sido por motivos diferentes que justo ahora la carcomían de una manera que no tenía pies ni cabeza.
Le diría a Edward que se vieran después, y no lo haría sentir culpable con nada, estaba segura de poder manejar esto de forma madura. Así que, colándose entre los pasillos, llegó a la habitación de Tanya en busca de Edward, ya que con las prisas él no llevaba su celular.
Iba a tocar, pero por la pequeña ventana de cristal vio a Tanya desmadejada con Edward a su lado, a pesar de que la rasgó en pedazos, no pudo evitar seguir mirándolos a los dos juntos, la mano de Edward imposiblemente suave mientras alisaba el cabello rubio lejos de la cara de Tanya. Él le estaba diciendo algo, algo suave y tranquilizador, que la hizo asentir mientras continuaba respirando aceleradamente. Tan diferente la escena a como había sido cuando ella había estado también embarazada de él.
Antes de que Bella se diera cuenta, estaba fuera en el vestíbulo, caminando a alguna parte, cualquier lado fuera de todo ese lugar. Tenía la respiración desbocada y un dolor extraño en el pecho cuando llegó a la calle. Mirando hacia todos lados como un cervatillo asustado, optó por sentarse cerca de unas jardineras, intentando meter algo de oxígeno a sus pulmones, quizás a su cerebro también, sentía que iba a desfallecer en cualquier momento y no podía darse el lujo de morir por hipoxia. Tan difícil como era aceptar que Edward tendría un bebé… era absolutamente imposible presenciar cómo todo ese cariño era impartido a otra persona… incluso si se lo merecía más. La idea de que Tanya hubiese conseguido darle exactamente lo que ella le había negado, hacía que su pecho ardiera.
—¿Estás bien?
La voz de Edward fue un shock. Una podía imaginarse que el tipo se había quedado con la mujer que estaba a punto de dar a luz a su hijo. Bella se limpió las lágrimas torpemente, aunque de cualquier forma él ya las había visto.
—Sí, estoy bien. Solo imaginé que querrían algo de privacidad.
—Lamento mucho que… —Edward suspiró, pasándose una mano ansiosa por el cabello—. Gracias por estar aquí para mí, es un verdadero alivio… ¿Bella? —Se acercó hacia ella—. ¿De verdad te encuentras bien?, no debí pedirte que vinieras.
—No es eso...
Ella miró alrededor, los jardines brillaban demasiado junto con las flores iluminados por la luz que proyectaba el sol sobre ellos, haciendo que incluso el muro de cemento que rodeaba el hospital pareciera fosforescente. De pronto todo era tan verde. Contemplando el lugar, Bella pensó que había mucho que observar. Todo estaba preparado ya para la inminente llegada del verano: las jardineras cubiertas con llamativas flores, si no fuera por el olor a polen...
—Bella, ¿qué rayos sucede?
—Necesitas estar con ella. —Él parpadeó.
—Sí, lo sé. —Edward suspiró, con las manos en la cadera mirando hacia el suelo—. Pero aún no entrará en labor, todavía no tiene la dilatación adecuada. Esto puede llevar horas. Lamento haberte hecho venir, soy… bueno, soy nuevo en todo esto.
¿Cómo podía explicar lo que sentía?, se preguntó mientras buscaba las palabras correctas.
—No solo es eso —susurró pasándose el cabello tras las orejas—. ¿Sabes?, nunca te lo conté, pero mi papá… no estuvo en el último aliento que dio mi mamá, porque estaba de gira con un grupo.
—Eso es terrible, Bella. —Intentó tomarla de la mano, pero ella no se lo permitió.
—¿Entiendes lo que trato de decir? Deberías estar con ella, no conmigo. —Él frunció el ceño, bajando las manos y pareciendo ligeramente derrotado.
—Está bien, lo siento, yo… iré a verla. ¿Te veré en Portland?
—No, Edward, no. Tú tienes que estar con tu hija, ¿lo entiendes?, realmente estar con ella y para ella.
Hubo una larga pausa.
—Yo… no sé lo que estás queriendo decir.
Bella se encogió de hombros.
—Sí lo sabes... —Al ver que Edward se restregaba la cara como si le doliera la cabeza, Bella continuó—: Tienes que estar con ellas.
Lo miró de nuevo, había tanto que decirle, tanto por lo que morirse un poco. Ese de ahí era el amor de su vida, nada nunca se sentiría como tenerlo alrededor; de su cuerpo, de sus brazos, era una presencia que necesitaba incluso para poder sentirse completa, casi desfalleció solo de pensar que iba a terminar algo que había sido tan precioso en un mundo tan duro y frío, pero tenía que hacerlo. Los ojos de Edward se cristalizaron, preciosos ojos como del color de un profundo bosque, llenándose de lágrimas no derramadas mientras la miraba, luego carraspeó, pasándose las yemas por debajo de estos.
Dios, Bella sintió que sus piernas se doblaban al verlo llorar. Quería desmoronarse ahí junto con él, porque no podía creer que su vida juntos estaba terminando justo en este lugar, en medio del ajetreo de personas ajenas a su colapso y con el zumbido de sirenas llegando como banda sonora. Tomó una fuerte inhalación. Tenía el resto de la vida para perder la compostura en privado.
—¿Te diste cuenta de que ya no me amas?, ¿es eso? —preguntó Edward.
—¿Cómo puedes decir eso?, ¡todavía estoy perdidamente enamorada de ti! Y esto no tiene nada que ver con que me engañaras, o con el hecho de que nos distanciamos, esto tiene que ver con que, te ame o no, vas a ser papá, y esa niña de ahí te necesita veinticuatro-siete, ¿lo entiendes? Debe ser tu mayor prioridad, no yo. Toda esta situación está terminando conmigo, Edward, me ha sobrepasado, estoy en un punto donde siento que nuestro amor está muy desgastado y a pesar de que todo iba, relativamente bien, en el fondo está deshecho. Una vez me dijiste que quizás no te conocía después de todo, ¡y tienes razón, no lo hago!, ¿cómo hacerlo si no me conozco ni yo misma en estos momentos?
Edward se quedó momentáneamente perplejo y lo único que podía hacer era mover los párpados. Luego cruzó los brazos sobre el pecho y la miró.
—No iba a funcionar, ¿verdad? —preguntó con la voz ronca.
El problema era… que ella ya había vivido eso con Edward. Bella tragó saliva ruidosamente, intentando con todas sus fuerzas no desmayarse o algo ahí frente a él, todo estaba tan claro para ella ahora. A pesar de despertarse con él, súbitamente algo dentro de ella le recordaba que no estaban funcionando y estaba tan cansada de intentar seguir adelante. Aunque para ser totalmente honesta, el problema también era que ella no sabía estar sola, sin la empresa, sin un padre, sin un marido o un tipo que estuviera guiándola.
—No pasa nada —carraspeó desviando la mirada—, yo nunca fui la persona que realmente necesitabas, en algún punto me convertí en una versión de Jacob, ese tipo que no daba un comino por lo que yo pensara o quisiera, por eso no se me hace justo estarte pidiendo que dejes de lado tus sueños por mí, otra vez, no quiero ser como él. No quiero que me antepongas con nada, ¿no puedes ver que nunca te voy a dejar crecer realmente a mi lado? Has hecho tanto por mí que ya no hay más por cubrir.
La forma en que los ojos de Edward se clavaron en los suyos llegó al fondo de su alma. Por eso el hospital, los pacientes y familiares, el bullicio de las sirenas, todo desapareció y lo único que veía era a Edward, con unos ojos tan atormentados que sabía que la perseguirían por el resto de su vida. ¿Y cómo no estar tan devastado?, saber que la persona a la que amas se encuentra en el planeta pero no formará más parte de tu vida, tendría a cualquiera lanzándose por un acantilado.
—Te amo, Bella, por siempre. ¿Lo sabes, verdad?
—Lo sé, yo también te amo.
Edward dio un paso más en su dirección y tiró de sus manos, engulléndola en sus fuertes brazos, la besó en la mejilla y se quedó ahí con ella, abrazándola fuerte en lo que sin duda era su despedida. Podría parecer absurdo que amándose tanto tuvieran que tomar caminos separados. Después del shock, de la negación y de todo el caos emocional, vendría la calma y sabía que había hecho lo correcto para los dos. Para ella misma.
Porque a veces el amor no es suficiente, incluso aunque lo quieras más que a nada en este mundo, y sin darnos cuenta podemos solo tener resultados negativos para nosotros mismos. Y ahí, mientras dejaba ir al amor de su vida, Bella supo que para seguir adelante, creciendo y aprendiendo, no tenía otra opción más que soltar a la otra persona, porque ahora sabía que una relación debía completar su identidad individual, no dañarla o destruirla. No era que ya no lo amara con cada fibra de su ser, era que lo que tenían estaba transmutando, y ahora lo que necesitaba, era reconectar consigo misma, aprender más sobre su soledad y aceptarla.
Después… quizás en otro momento de su vida, en otro lugar, llenos de amor propio y con toda la dignidad, Edward y ella podrían conversar de esa experiencia tan maravillosa que compartieron por años.
Enterró el rostro en su pecho una última vez, lista al fin para dejarlo ir.
Aun así, solo quizás, Bella albergaría la esperanza de que si algo era para ti, estaba destinado a volverse a encontrar.
Y con suerte, esta vez quedarse.
Mil gracias por llegar hasta aquí, ha sido un trayecto lleno de aprendizaje y crecimiento, tanto para mí como para mis personajes, con altas y bajas, un camino que puede gustarles o no, la vida solo es así, de todas maneras como soy romántica a muerte y esto es ficción, acompáñenme al epilogo, un fuerte abrazo para todas y en estos tiempos de cuarentena, nos sirvan para reflexionar como estamos llevando nuestra vida, y a qué le estamos dedicando más importancia de la que merece.
¡Nos leemos!
